Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero me tomé el atrevimiento de jugar un rato con ellos y agregar otros personajes de mi imaginación.
Puede haber escenas subidas de tono, así que si eres menor de 18 "NO" te recomiendo seguir leyendo. No me hago responsable.
Quiero agradecer a todas las que leen, y a las chicas que me tienen entre sus favoritos y alertas. A Melanea, bienvenida, nena espero que este capi sea de tu agrado.
Gracias Doc, tus comentarios me animan a continuar.
Gracias a mi beta Wanda, por su valioso apoyo en esta aventura.
Sin más cháchara, aquí el capi…
Ya no estarás sola.
Capitulo 5
La pizza
"Brindo por un amor sin fecha de caducidad, sin horarios, que esté disponible y que haga latir al corazón mas de la cuenta" Anónimo.
Llegue al JFK* a las 19:35pm, un vuelo bastante tranquilo.
La última vez que había venido a New York, hace siete años, era invierno y la lluvia hacía temblar el avión como la hoja de un árbol, al día siguiente habían suspendido los vuelos comerciales ocho días por el Katrina, quedándome atrapada por dos semanas en la gran manzana, fue horrible ¡Fue un viaje de mierda!
Aunque quería disfrutar la estadía no dejaba de pensar en todo el desastre y todas las víctimas que iba dejando a su paso. Una desgracia ocurriendo muy cerca de casa y yo a miles de kilómetros, ese día dije que no tomaría otro vuelo de nuevo para esa época, pero el clima y los huracanes eran impredecibles y el sólo recordarlo me estremeció.
Salí directo ya que mi único equipaje era una pequeña maleta de mano.
Allí se encontraba mi hombre, sí señoras y señores ¡MÍO!, por lo menos por todo ese fin de semana, con una gran sonrisa y su cartel en la mano "Hermosa Swan" no pude dejar de sonreír cuando lo vi.
Solté mi maleta colgándome de su cuello, él no perdió tiempo y me sostuvo en sus brazos agarrándome por el culo y alzándome a horcajadas en su cadera.
—¿Me extrañaste?—Preguntó, después de darme un largo beso.
—¡No!, es que me gusta dar espectáculos, bájame—Le dije sobre sus labios.
—Entonces andando antes que nos lleven presos por pervertidos y alterar el orden público—Dijo bajándome haciendo que me incorporara.
Se agachó tomando mi maleta con una mano y pasándome su otro brazo por encima de los hombros.
Llegamos al estacionamiento y le dio al control para quitar el seguro a un impresionante Buggatti Veyron. ¡Un increíble deportivo negro con vidrios polarizados!
!Mierda!
Como que ambos teníamos debilidad por un buen auto y nos gustaban los Volkswagen, aunque el mío sin dudas, no valía ni la cuarta parte de este. Conocía de vehículos por la obsesión que Emmett y Rose tenían por los autos deportivos, siempre comentando las similitudes, ventajas y desventajas entre unos y otros.
—Lindo auto—Le dije recordando sus palabras.
—¿Robándome la frase, Swan?
Levanté mis cejas sorprendida ¿Se acordaba?
—¿Qué? ¿Tuviste un deja vu?
—No, simplemente no pensé que te acordaras de eso.
—Si te dijera que me acuerdo de cada puto minuto desde la primera vez que te vi. ¿Me creerías?—Lo dijo rosando mis labios y encerrándome entre su duro cuerpo y la puerta del auto.
—Edward—Jadeé.
—Siente como me tienes nena—Tomó mi mano y la llevó a su paquete haciendo presión contra su dura polla, tallándola.
¡Bendita sea la madre que lo parió! Gemí.
Quise ser un poco arriesgada y le contesté.
—Tal vez lo mío no sea tan evidente pero te aseguro que me tienes en las mismas condiciones—Le dije haciendo más presión robándole un gruñido.
Volvió a besarme, esta vez disfrutando y tomándose su tiempo mientras yo seguía frotándolo como la lámpara de Aladino.
—Vámonos de aquí.
Abrió la puerta para mí y me deslicé en los cómodos asientos de cuero, quedando embriagada por el delicioso aroma combinado con el de su perfume ¿Olía a carro nuevo?, estaba divagando.
Condujo al rededor de una hora y conversamos de lo que habíamos hecho en esos cuatro días que teníamos sin vernos.
Edward tocaba mi pierna haciendo un poco de presión en mi rodilla, subía hasta la costura de mi vértice y tocaba mi coño por encima de la ropa.
Yo le acariciaba la mejilla con el dorso de la mano y la llevaba hasta la parte de atrás de su cuello jugando con el lóbulo de su oreja, disfrutando de como se estremecía a mi tacto o simplemente tomaba su mano y me la llevaba a la boca dándole leves mordiscos y chupando sus dedos.
—Me encanta lo sexy y traviesa qué eres.
—Yo extrañaba tus manos de pulpo.
Estábamos ardiendo.
Llegamos al lujoso edificio donde vivía y luego de estacionar subimos al elevador marcando el noveno piso, estuvimos besándonos en todo el trayecto, salimos y dimos unos pasos parándonos frente al 9-C donde metió la llave en la cerradura para abrir la puerta, en cuanto la cerró detrás de sí, atacó mi boca con un apetito voraz.
La pasión se había apoderado de nuestros cuerpos y parecíamos un par de adolescentes ansiosos, no dio tiempo de llegar a la habitación, sin preámbulos desabrochó mis vaqueros, bajándolos hasta mis rodillas junto las bragas y me volteó dándome una orden.
—Inclínate un poco y apoya las manos en la pared.
Lo hice mientras escuchaba como bajaba su cremallera y posaba su punta en mi centro empapado, sujetándome por las caderas y susurrándome al oído.
—Ahora seré rápido lo necesito, pero te juro que te lo compensaré luego.
Yo solo asentí, susurrando un ok.
Me penetró solo un poquito, amoldándose en mi entrada y alargando mi agonía. Movía su cadera en forma circular.
Yo también lo necesitaba rápido y duro pero Edward siempre hacia eso, jugaba primero con la comida como los gatos y después lo devoraba de un solo zarpazo y precisamente para eso era que me estaba preparando, vacilando y jugando en mi entrada, empapándose con mis jugos, una, dos, tres veces y me penetró fuerte.
Una profunda y certera estocada.
—Arrrggggg.
Mordí mi labio para no gritar.
Volvió a salir a jugar una, dos veces y otra estocada fuerte.
¡Bendita sea la madre de las pollas!
—Oh, nena !Joder!
Edward juraba y maldecía a la vez que apoyaba su pecho en mi espalda, llevó una de sus manos a mi clítoris presionando de arriba hacia abajo, luego en forma circular llevándome a un viaje sin retorno.
Las embestidas ahora eran constantes, cuando salía yo me retiraba y cuando penetraba yo empujaba.
—Así, nena, levanta ese culo para mí—Decía penetrándome, con una mano jugaba con mi clítoris y la otra masajeaba mis pechos.
Desesperada como me tenía solo podía susurrar.
—Más, Edward, así más—Comencé a contraerme a su alrededor.
No sé cuánto tiempo duramos en esa danza, perdidos y explotando en una ola de placer.
—¡Cristo!, Bella como extrañé estar dentro de ti.
Yo extrañaba sus besos, sus caricias, su compañía. ¿Él solo extrañaba el sexo?
Deseaba escuchar un "Te quiero"
Expulsé ese pensamiento al fondo de mi mente, definitivamente no me podía ir por ahí.
Concéntrate Bella.
Disfruta el momento, sólo disfruta el momento Bella. Repetía mi mantra mentalmente.
Sentía su respiración agitada en mi cuello.
—¿Bella?
Salió de mí girándome y ubicando su polla aún erecta rosando mis pliegues y moviéndose lentamente. Con sus manos despejo el cabello de mi rostro colocándolo detrás de mis orejas y me tomó por las mejillas para que lo viera.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Bella estas muy callada, sé que te sucede algo ¿Dime?
—Es sólo el cansancio del viaje eso es todo.
Tenía que animarme o arruinaría el momento.
—Bésame—Le pedí.
—Tus deseos son órdenes.
Me dio uno de esos besos lentos que tanto me gustaban.
—Quiero comer cada centímetro de tu cuerpo—Me decía entre beso y beso.
—Y yo deseo que lo hagas.
Pase mis brazos por encima de su cuello, quería decirle que lo amaba pero no sabía cómo reaccionaría, solo lo abracé fuerte demostrándole mi entrega de esa manera.
—Tengo tres días para saborearte, estarás secuestrada hasta el domingo y creo que tendrás que pedir un asiento especial en el avión para poder posar este hermoso culo—Dijo presionando con sus manos los cachetes de mi trasero y rosando mí raja.
¡Mierda!, mi mente voló.
Quería probar, ya habíamos intentado con sus dedos disfrutando un montón pero ahora lo quería a él en mi trasero, me estremecí anticipando el momento.
—¿Tienes frío?
Se había dado cuenta, hablaba con su voz desaparece-bragas y ya tenía una hermosa sonrisa pícara, mostrando su blanca dentadura.
—Noooo—Dije alargando la o—Ahora lo que necesito es una ducha.
—Me encanta cuando haces eso.
—¿Cuando hago qué?—Me hice la tonta.
—Cuando ronroneas como gatita.
Sonreí, negando con mi cabeza.
—Vamos a ducharnos.
Se agachó y me subió las bragas y los vaqueros, luego él hizo lo mismo ajustando su ropa.
Mientras me guiaba a su habitación dio un pequeño tour de reconocimiento enseñándome cada rincón de su departamento. Era muy masculino todo en tonos negro, grises y blanco, menos su estudio que tenía una gran mesa de dibujo en caoba y todo en tonos diferentes de café. Al lado de ésta tenía una cesta alta con varios tubos porta planos y en la pared un mueble con libros de arquitectura, tres maquetas y diferentes instrumentos de medición, a los que pude identificar, los conocía todos por papá: vernier, calibradores, tornillo de palmer, varios tipos de reglas y escalímetros.
Al fondo en el centro de la pared colgaban dos cuadros enmarcados; en el primero había una pareja, se veían muy jóvenes, estaban sentados en un parque o un puerto, ya que al fondo pude observar el mar, él era muy rubio de ojos azules y tenía en su regazo a una niña diminuta con trenzas cobrizas que lo miraba con adoración, la chica que estaba sentada a su lado, tenía el cabello oscuro no podía definir su color por el gran sombrero que lo cubría, pero podría apostar que también era cobriza de grandes ojos verdes, en sus brazos tenía un bebe pelirrojo de meses que alargaba su manito para tocarle el rostro, se veían felices y sonrientes, era realmente hermosa, parecía una postal; el otro cuadro tenía un hermoso dibujo a escala de un edificio en carboncillo, se parecía mucho a este donde nos encontrábamos.
—Ese cuadro es mi proyecto de grado, diseñé este edificio y en cuanto lo terminaron de construir me mudé—Edward habló sacándome de mis pensamientos—Fue uno de mis primeros trabajos y estoy muy orgulloso.
—Es hermoso, Edward.
—Gracias, aunque el original esta en los archivos de Ingeniería Municipal. Si puedes notar este no tiene las mediciones, no es más que un dibujo. En mis ratos libres me gusta dibujar.
—Dibujas muy bien.
—Bueno mi hermana me dice que eso no es dibujar, que es rayar con estilo—Lo decía con una gran sonrisa pero con una humildad desbordante, este hombre no dejaba de sorprenderme, no era para nada arrogante—Y ellos son mis padres y mi hermana—Dijo señalando la otra foto.
—Quiere decir que el gordito pelirrojo ¿Eres tú?
—Aja, el mismo.
¡Dios que hermoso era y sigue siendo!
—Eras un bebe muy hermoso—Dije posando mi mano en una de sus mejillas y le acaricié.
Él solo respondió dándome una de sus mejores sonrisas, jaló mi mano y continuamos con su tour.
Llegamos a su habitación la cual tenía una enorme cama King en el centro, cubierta elegantemente con un cobertor negro con diminutas rayas plateadas.
Las estancias eran amplias decoradas de manera exquisita y cada detalle exudaba lujo, podía apreciar algunas piezas únicas en ciertos lugares pero aunque era escasa su decoración cada cosa parecía estar en su justo lugar.
Me recordó mucho el estilo ostentoso de Victoria y James, pero obviamente la clase de Edward era innata.
Nos dimos un baño relajante en su jacuzzi que estaba cubierto con paredes acristaladas. Me comentó que lo colocaron de esa manera para evitar salpicaduras afuera, ya que la mayoría de las veces lo usaba como ducha y no como bañera, ahora sin duda conmigo lo usaría más.
—¿Tienes hambre, preciosa?
—Si un poco.
—Voy a pedir una pizza, si deseas puedes quedarte otro rato aquí mientras la ordeno.
—Si eso es perfecto ¿Puedes pedir Cocacola?
— Claro, pizza sin Cocacola no es pizza.
Me moví dándole espacio para que saliera ya que tenía mi espalda cómodamente apoyada a su pecho. Salió dándome un corto beso, se secó y se colocó la toalla al rededor de su cintura. Le di un buen vistazo sin perder ninguno de sus movimientos, yo seguiría disfrutando otro rato de las burbujas.
Lo escuché haciendo la llamada y luego como abría una puerta, pasaron unos minutos y no regresó así que decidí salir.
Me sequé y me enrollé en una toalla que había dejado dispuesta para mí, miré a mi alrededor en su habitación y no vi mi equipaje, lo había dejado en la sala. Sobre la cama sólo estaba tirada toda la ropa que nos habíamos quitado antes de bañarnos.
El timbre sonó ¿No creo que sea la pizza tan rápido?
Me asomé y esperé en el pasillo, no quería salir desnuda con el repartidor en la sala.
De repente escuché a Edward hablar con una chica.
—Hola guapo que bien te ves, me encanta haberte encontrado así todo mojado y acabado de duchar.
—¿Qué haces aquí?
—Quería verte, tenía más de dos meses sin saber de ti.
—Ahora no será Heidy, estoy con alguien.
—¿Con quién estas? ¿No me digas que volviste con Angy?
—No, no es Angy.
—¿Y esa maleta? ¿Estás llegando o vas de salida?
—Heidy ¿Podemos hablar en otro momento?
—Cielo ¿Quién te dijo que yo quería hablar? Te extraño, Eddy.
¿Eddy? Yo estaba echando chispas.
¡Joder! ¿Para qué coño me dice que venga a su casa?, para tener que enfrentar a su amante o novia o quien quiera que sea.
!Ya me va a conocer!
Respiré profundo, Bella tú no eres nada de él ¿O sí?
¡Mierda! ¿Qué hago?
—No me hagas molestar, Heidy te digo que estoy con alguien ¿Por qué no lo puedes entender de una jodida vez?
Caminé hasta la sala tenía que salir de dudas.
—Edward yo te amo... —La escuché decir pero se quedo paralizada en cuanto me vio, dejando la frase inconclusa y viéndome de arriba abajo con su cara perpleja.
—Hola ¿Interrumpo?, lo siento dejé mi maleta y quiero cambiarme—Dije con mi sonrisa más fingida.
Edward tenía los ojos como platos y la tal Heidy estaba… ¿Desnudándose en su sala?
¡Santa mierda!
La rubia platino tenía una sexy lencería con liguero incluido.
—Amor dame un minuto ya te la llevo ¿Me puedes esperar en la habitación?—Edward habló dirigiéndose a mí.
Estaba nervioso y contrariado nunca había visto esa expresión en su rostro, era molestia y algo más que no pude identificar ¿Vergüenza?
¡Espera un momento! ¿Me dijo amor?
Dios, esto era surreal.
Ok ¿Tendría que seguir su juego? ¿O qué?, pero de ahí no me movía nadie.
—Que carajos, Edward ¿Con equipaje y todo? ¿Qué acaso ella vive aquí contigo?
—No es de tu incumbencia, Heidy por favor ¿Podrías vestirte y retirarte?
—Tú nunca dejas que nadie se quede contigo—Decía alterada mientras ajustaba la gabardina que se había quitado y guardando todos sus atributos.
El momento me estaba superando.
—La situación, rubia, es que yo no soy "nadie"—Dije haciendo las comillas al aire con mis dedos—Te agradezco que por favor te retires antes de que llame a la policía—Le recalqué, ya me había sacado de mis casillas y Edward era mío
!Mío!
Él me vio y sonrió. Tremenda meada que le había echado.
—Bien, yo me voy pero esto no se queda así ¿Ella no sabe quién soy yo, Edward?
—Olvídalo, Heidy por favor retírate—Le dijo con la mano en el pomo y la puerta ya abierta.
La tipa se fue, y yo no sabía si reír o llorar.
¿Quién carajos era ella? y ¿Por qué le amenazó de esa manera? No estaba si quiera segura de querer saberlo.
Tome mi maleta y me fui a la habitación. En un segundo Edward estaba detrás de mí.
—Nena ella no es nadie importante, ella...
Lo interrumpí levantando mi mano restándole importancia al asunto.
—No importa quién sea ella, Edward lo digo en serio solo me importas tu ok, déjalo así no quiero enterarme de nada, si ella pertenece a tu pasado dejémosla ahí—Dije soltando todo de manera atropellada.
Dándole la espalda empecé a sacar cosas de mi maleta sin sentido, ni sabía qué coño estaba buscando.
—Isabella, mírame.
Me volteé con mi mejor cara de póker, él no tenía porque saber que me estaba muriendo de celos por dentro.
No quería seguir hablando del tema así que me concentré en sus labios y lo besé.
Lo besé y lo mordí, soltando mi toalla y luego la de él, empecé a acariciar su polla que ya estaba reaccionando a mis caricias, tenía que distraerme y darle a entender que todo iba bien y descargar la frustración que sentía en ese momento. Cuando ya estábamos entrando en calor, sonó el timbre otra vez.
—¡Joder!, ahora si debe ser la pizza—Habló sobre mis labios.
—Ok, déjame y yo atiendo no puedes salir así—Dije señalando su entrepierna con su enorme polla empalmada.
—Tú tampoco saldrás así, no voy a dejar que el repartidor vea a mi mujer desnuda.
Me iba a morir en ese mismo instante ¿Su mujer?, había dicho ¿Su mujer?
¡Tres bolas, cero strike y las bases llenas!**
—Bien entonces ¿Qué propones?
Tomó la sudadera que se había quitado antes de la ducha y me la puso, me quedaba a medio muslo y él se colocó la toalla de nuevo y la ajustó a su cadera.
Yo divisé su bóxer y sin pensar me lo puse.
—Vamos nena ya estas más presentable.
Me dio un corto beso, me tomó de la mano y salimos de la habitación.
—Me gustas con mi ropa, pareces una "pequeña yo" pero sexy—Comentaba mientras llegábamos a la sala y abría la puerta.
—¿Te parece?
—Claro que si nena, tú aunque te pongas un saco de patatas te verías sexy, sin embargo, yo te prefiero desnuda—Susurró en mi oído, erizándome la piel.
Mientras yo tomaba la caja y la bolsa con las Cocacolas, él le daba unos billetes al repartidor.
Nos sentamos uno frente al otro en los taburetes de la cocina.
—¿No te importa comer aquí? Casi no uso el comedor.
—No hay problema aquí está bien, me gusta tu casa es hermosa.
Asintió dándole un mordisco a su rebanada.
—Si a mí también me gusta—Dijo después de tomar un largo trago de su Cocacola—Mi madre ayudo mucho con la decoración.
—Está decorada con muy buen gusto. ¿Cómo haces para mantenerla tan pulcramente?, pareciera que no vive nadie aquí.
—Martha viene todos los lunes y jueves a limpiar, hacer la colada y a llevar alguna de mi ropa a la tintorería. Ella ha trabajado para mi familia por muchos años y junto con su esposo viven con mis padres.
Fruncí mi ceño, los celos peleaban por salir de nuevo a flote, Edward lo notó y me aclaró de inmediato como si adivinara mis pensamientos.
—Es como una segunda madre para mí. Es mi nana y, Walter su esposo, es el jefe de seguridad de Cullen & Masen Corp.
Seguimos hablando de tonterías mientras comíamos, ya nos habíamos olvidado de la fulana Heidy o eso quería pensar.
—¿Sabes?, se necesitan cuatro horas de sexo vigoroso para quemar las calorías de una sola rebanada de pizza. Todo esto se va ir justo a mi trasero—Le comentaba señalándole el trozo de pizza que llevaría a mi boca.
Se quedó pensando y mirando al techo.
—¿Qué?
—¡Joder, estoy dudando!
—¿Por qué?
—No sé si quiera que te crezca más o esperar que termines ese pedazo e irnos a la cama, las dos ideas son bastante tentadoras, soy un hombre de culos.
—¿Cambiaste de opinión?, la semana pasada eras el hombre de las tetas.
—Soy el hombre de las tetas y los culos y los coños y me encanta el tuyo—Decía mientras se paraba y se acercaba peligrosamente a mí pellizcándome una nalga.
—También de las bocas, y la tuya, Dios la creó para mi disfrute—Y dicho esto, me besó.
Al día siguiente me dejó en la cama y se fue a trabajar un par de horas. Me dejó un juego de llaves y me explicó el funcionamiento de algunas cosas, de todos modos aunque el portero nos había visto llegar anoche, él le indicaría que yo estaría en su departamento.
Yo salí y compré los ingredientes para prepararle algo de comer para cuando regresara. Típico apartamento de soltero tenía solo lo indispensable. Pero quería prepararle la pasta que tanto le había gustado y que ya le había preparado hace unos días atrás.
Al medio día ya estaba de vuelta.
El fin de semana fue excelente y sin ninguna otra sorpresa desagradable.
Ya era domingo y cuando desperté estaba sola en la cama, fui al baño me aseé, lavé mis dientes y salí en su busca.
Lo encontré parado en el ventanal de la cocina fumando.
—Nena disculpa tenía ganas de uno—Dijo al verme señalando el que tenía entre los dedos.
—No te había visto haciéndolo, sin embargo, si lo noté en el sabor de tu boca.
Me acerqué y lo besé.
—¿Qué te apetece desayunar?—Preguntó mientras apagaba el cigarro en el cenicero.
—A ti—Le dije y tomándolo de la mano me lo llevé de vuelta a la habitación.
POV Edward
Había pasado un excelente fin de semana, disfrutando del sexo y de su compañía.
El viernes Bella había cocinado para mí, me gustaba el hecho de que se preocupara de esa manera, le había comentado que traería comida y ella se negó diciendo que saldría hacer algunas compras, burlándose de lo poco que había en mi despensa.
Muy pocas veces comía en casa y cuando lo hacía, compraba comida para llevar. Otras veces simplemente llegaba hasta donde mamá y cenaba en familia. La verdad no me gustaba cenar solo, una hamburguesa para mí era más que suficiente.
Pero al llegar de la oficina y encontrarla allí esperándome como toda una ama de casa, ese simple hecho, me cautivó.
De ahora en adelante, me preocuparía por llenar la despensa para cuando ella estuviese aquí.
Para mi desgracia ya era domingo, no quería que se marchara pero tenía que llevarla al aeropuerto. Me desperté temprano y la dejé cómodamente dormida mientras yo salía a la cocina a fumar un cigarro, tenía mucho que pensar.
Otra vez pasaría una semana sin ella, la próxima vez seria yo el que viajaría a Nashville. No me importaba tener que tomar un avión todas las semanas, Isabella, lo valía.
Recordé que el miércoles al salir de la oficina me había acercado donde Irina y había comprado un par de cosas que quería usar con Bella. Unos juguetes.
Quería jugar un poco, no caer en la rutina, ya había más confianza y estaba seguro que los dos disfrutaríamos mucho. Deseaba probar tantas cosas con ella, me gustaba ver como se entregaba a mí, sin inhibiciones, eso me volvía loco. Quería llevarla al límite y hacerla completamente mía.
Sin embargo, no me atreví.
La repentina aparición de Heidy me había acobardado, en realidad no sabía que podía estar pensando Isabella al respecto, ella no había querido tocar el tema diciendo que lo dejara en el pasado.
Por experiencia sabía que las mentiras u ocultar algo siempre traía problemas, quería aclararle y explicarle lo que Heidy había significado en mi vida, no quería que Bella sacara falsas conclusiones o pensara lo que no era. Tenía que contarle y hoy lo haría. Odiaba las mentiras.
Después de lo de Heidy dije que no volvería a enamorarme de nuevo, ella me había robado el corazón y lo había tirado en un contenedor de basura. A pesar de que la rechazaba continuamente, siempre me seguía buscando suplicando mi perdón, yo me sentía en paz al respecto y ya no sentía nada por ella, sólo un poco de empatía por todo lo que habíamos vivido juntos, por esta razón, aun seguía teniendo contacto con ella, aunque gracias a dios, ahora, con menos frecuencia, pese a que nos movíamos en el mismo circulo de trabajo y amistades, luego de creer que la había amado con toda mis fuerzas, se había convertido en una verdadera molestia, un perfecto grano en el culo, estaba consciente que por su culpa, ya no quería una relación seria con nadie.
Para colmo, posteriormente a mi supuesta ruptura con Ángela, Heidy se aparece de nuevo, ella seguía diciendo a los cuatro vientos que yo no tenía a nadie porque seguramente aun le amaba, por eso era tan irritablemente insistente, lo cierto era que estaba realmente equivocada.
Por ahora yo estaba bien así y tenía todo lo que quería. Hasta hace dos meses a mi perfecta novia Ángela, un grupito selecto y rotatorio de amiguitas para entretenerme, si quería hablar con alguien, simplemente me reunía con mis amigos. Y lo más importante una familia del que estaba orgulloso.
Yo no quería a la mujer perfecta, lo único que deseaba era a la perfecta compañera de cama.
Sin embargo, mi familia pensaba distinto, mi madre siempre me alentaba a que tomara las cosas más en serio y cuando le informé de mi ruptura con Ángela, lo atribuyó a mi falta de seriedad en las relaciones y que Heidy me había dañado irreparablemente, por ende no tenía ganas de organizarme.
Alice era otra cosa, demasiado intuitiva para mi gusto, a ella le parecía gracioso y me alentaba a que disfrutara de la vida, pero ya llevaba un par de años diciéndome que ya era hora de que sentara cabeza, obviamente ella adoraba a Ángela.
Papá, siempre estaba de mi lado, él era consciente de que me tomaría mi tiempo hasta encontrar la indicada, diciendo que era muy importante el escoger a la madre de tus hijos y a la persona que te haría compañía el reto de tu vida.
La fauna era muy variopinta, yo estaba feliz con mi soltería, no quería que ese estado cambiara por un buen tiempo, pero cuando había visto a Isabella con esos vestidos ceñidos, blusas transparentes y tacones sexys, me sentí como un niño delante de una pastelería. Ahora había aparecido Isabella en la ecuación y por extraño que fuera deseaba crear una verdadera relación con ella.
¡Estaba completamente abducido por esta chica!
Yo había estado roto, pero el tiempo me había hecho endurecer, sin pensar en el amor, simplemente disfrutar del momento y Angy había sido mi mejor coartada.
Pero Bella estaba rota de una manea diferente y me di cuenta de ese detalle la pasada noche.
Recibí una llamada de Esme y después de hablar con mi madre, Isabella me había preguntado cómo era mi relación con mi familia. Yo le dije que éramos muy unidos, noté tristeza en su mirada, aunque no me lo comentó y trato de disimular muy bien, sabía que esa tristeza era porque añoraba la suya, extrañaba a sus padres y hermano.
Lo que más me sorprendió, y nunca pensé escuchar de sus labios, era que ella no deseaba tener familia, porque toda la gente que amaba moría. Comentándome que la única que había asistido a su ceremonia de graduación había sido Rose, con sus padres y su hermano muertos se había quedado prácticamente sola en el mundo, con una pequeña fortuna, una gran responsabilidad y en ese momento solo contaba con veintiún años.
Recordaba textualmente sus palabras:…"sé que todo en la vida tiene un principio y un final y nadie quiere morirse aun sabiendo que eso algún día va a suceder más tarde que temprano, pero ¿Por qué tenían que morir los tres a la vez?, nunca nos preparan para asimilarlo, nadie quiere morir y mucho menos ver morir a sus seres queridos y yo no quiero tener a más nadie a mi lado al que ame y muera, no lo soportaría"
¡Joder!
Eso me hizo sentir muy mal por ella, Bella merecía mucho más de lo que le había deparado el destino, francamente habían cosas muy injustas y nada de lo que yo hiciera podría cambiar esa realidad, yo no podía imaginarme sin mi familia y quería demostrarle a ella que no estaba sola, que ahora me tenía a mí, pero me dolió al pensar que tal vez yo nunca tendría una oportunidad con ella para formar una familia.
¡Carajo! Una familia ¿De verdad, Cullen? ¿En serio estaba pensando en eso?
¿Cómo podía presentarle a mis padres o a Alice, si ella pensaba de esa manera?, me hubiese gustado tanto ir a cenar con ellos anoche y que la conocieran. Sin embargo, les había dicho que tenía planes y que nos veríamos entre semana. Conociendo a mi familia la atosigarían y lo más probable es que saliera huyendo despavorida, así que estaba jodido.
Trataría de seguir disfrutando del momento, y me prohibiría hablar de amor con ella. Y evitaría en lo posible el tema de mi familia, no quería que se sintiera mal nuevamente.
Iba por mi segundo cigarro cuando la vi llegar a la cocina hermosamente enfundada en una de mis camisetas.
Me disculpé con ella por dejarla despertar sola, y como siempre me sorprendió llevándome de nuevo a la cama.
Tomé el valor y comencé a jugar con ella y tomando el control de la situación. Le besé todo el cuerpo, la acaricie, solo le pedí que se relajara. Después de darle un orgasmo con mi boca y tenerla bien mojada y excitada, le dije lo que quería.
—Quiero probar algo, si no te gusta solo dilo y me detendré ¿Está bien? ¿Confías en mí?
—Sí, confió en ti—Me contestó con sus ojos brillantes llenos de excitación.
—Ok, dame un minuto.
Me paré y fui hasta el guardarropa para sacar la bolsa con los juguetes que le había comprado.
Tenía un dildo de tamaño regular, un vibrador pequeño y dos potes de lubricantes saborizados.
—Solo relájate, vamos a disfrutar.
Saqué el vibrador de su empaque le puse una pila y lo encendí, vi como ella se estremeció. Sabía que tenía uno propio en su casa, lo había visto un día sin querer fielmente guardado junto a su ropa interior.
Destapé uno de los lubricantes con sabor a chocolate, empapé mis dedos y el vibrador. Ella estaba acostada boca arriba observando todos mis movimientos. Me acerqué y metí uno de mis dedos en su boca para que lo chupara, luego le di un beso invadiéndola con mi lengua, saboreando el dulce y algo picante del lubricante mesclado con el sabor de su sexo.
—Este es el plan nena, te lubricamos y jugamos un rato. Es lo único que quiero—Le susurre en sus labios.
Ella solo asentía.
—Te deseo y quiero probar todo contigo, Edward.
¡Joder, esta mujer me mataría!
—Abre bien las piernas para mí.
Tomé una de las almohadas, la coloqué debajo de sus caderas y me arrodillé en medio de ellas. Unté otro poco de lubricante en mi mano derecha y comencé a dilatar con mis dedos su ano, mientras que con mi pulgar izquierdo acariciaba su clítoris e introducía el vibrador en su coño empapado.
Así estuve jugando un rato, torturándola y llevándola al máximo de su resistencia.
Estaba con los ojos cerrados, disfrutando y quejándose de placer.
—Aguanta un poco, solo un poco, mírame.
Abrió sus ojos, los tenia completamente nublados de placer. Estaba cerca de otro orgasmo.
—Edward, no puedo aguantar más.
—Si puedes, nena.
Saqué mis dedos y el vibrador, dejándola perpleja y agonizante.
—¡Noooo! —Se quejó poniendo cara de circunstancias.
—Voltéate y apóyate en tus rodillas, te quiero en cuatro.
—¡Dios bendito!
—Él no está aquí nena, él que te va a follar soy yo.
—Muy gracioso, Cullen.
—Espero que recuerdes que soy muy gracioso luego.
Le di una nalgada provocándole un respingo.
—Ahora relájate—Dije colocando el vibrador en su hueco trasero y haciendo presión para que entrara. Lo giraba y lo empujaba un poco dilatándola. Se tensó.
—No aprietes nena, relájate.
Coloqué mi polla en la entrada de su coño, solo amenazando por entrar, estaba disfrutando de la vista que me daba su hermoso culo apretado. Me gustaba ver como entraba y me perdía dentro de ella.
Cuando logré que el vibrador entrara un poco en su ano, penetré a su vez con mi polla su coño empapado, me movía en forma circular, así estuve unos segundos, dándole unas suaves estocadas, y empujando el vibrador con mi mano, ya estaba perdiendo el control solo con el espectáculo que tenia ante mí.
—¡Oh! , Edward.
—Dime nena, ¿Qué quieres? —Le pregunté mientras entraba y salía simultáneamente de sus dos orificios.
—Todo, quiero todo, por favor.
¡Joder!, casi me corro en el mismo instante que escuché sus palabras.
Retiré el vibrador de su trasero y me puse un preservativo, mi polla estaba más dura que una roca, como una granada a punto de explotar. Coloqué un poco de lubricante posicionándome en la entrada de su oscuro misterio. La penetré poco a poco, ya estaba bastante dilatada y ese era mi objetivo, porque no quería hacerle daño.
—Nena, pon tus manos en el cabecero de la cama—Pude decirle con dificultad.
La ayude a incorporarse pero sin salir de ella. No me movía, quería que se acostumbrara a mí y tenía que retardar un poco el momento. Sólo comencé a darle besos en su cuello y espalda.
Con una mano acariciaba sus pezones y con la otra la mantenía sujeta por la cadera.
—Tócate nena—La insté a que rozara su clítoris y se masturbara mientras yo comenzaba a moverme.
¡Mierda!, podía morir en ese preciso momento.
—Que apretada nena, dime si te hago daño—Le decía entre jadeos.
—Sigue, Edward no pares, no pares.
Embestida tras embestida, ya sentía como recorría el placer por toda mi columna y se concentraba en mis testículos contrayéndolos.
—Edward, no aguanto más.
—Dámelo nena, dámelo.
Allí en mi cama, nos consumimos y explotamos en un orgasmo arrasador. Sin duda, el mejor sexo que había tenido en mi jodida existencia.
Unos segundos después salí poco a poco de ella, me fui al baño y puse a llenar la bañera, desechando en la basura la evidencia de mi placer.
Regresé a la cama a por ella.
—Vamos a darnos una ducha nena—Le decía mientras la llenaba de besos.
Estaba desmadejada, la cargué sin dejar de besarla, yo me sentía pleno, satisfecho y feliz. Esta había sido la mejor demostración de que era completamente mía.
Duramos un buen rato metidos en la bañera entre besos y caricias, ella se encontraba apoyada con su espalda en mi pecho, era el momento de hablar.
—¿Cómo te sientes, Isabella? ¿No te hice daño?
—No, la verdad contra todo pronóstico me siento genial, tenía mis dudas al respecto por lo desconocido y aunque me dé pena afirmarlo, lo estaba deseando.
—Me hace muy feliz escucharte decir eso y no debes estar apenada, al igual que tú, yo también tenía muchas ganas de hacerlo, de hacerte completamente mía—Le dije mientras volteaba su rostro y me comía su boca.
Me quedé mirando sus ojos, unos hermosos pozos chocolate, que aun estaban dilatados por la lujuria que habíamos experimentado. La levanté sentándola a horcajadas sobre mí.
—Lo que quiero es que tengamos confianza y disfrutemos ambos de lo que nos gusta, y si en algún momento algo te molesta, quiero que me lo hagas saber.
—No hay problema, yo espero la misma sinceridad de tu parte, Edward.
—Ok, llegando a este punto, necesito contarte algo y quiero que pongas mucha atención sin interrumpirme.
Ella solo asintió.
N/A
JFK* Aeropuerto internacional John F. Kennedy de New York
¡Tres bolas, cero strike y las bases llenas!** Término usado en Baseball, si el lanzador tira otra bola más, haría que el equipo contrario haga la carrera.
¿Qué será lo que le va a contar?, este Edward como que tiene sus cuantos secretitos.
Gracias por leer mis amores, hasta el próximo.
Besos de a dos.
Cleo.
