La Dama del Invierno.
..
Disclaimer: los nombres propios así como los lugares aquí mencionados pertenecen a la Fantástica J.K Rowling.
..
Capitulo VI: Placer Culposo
..
..
—Me estás diciendo que ¡No te gusta el Quidditch!—, preguntó Peter Cold incrédulo, como si Hermione Granger acabara de decir una blasfemia.
—No—, dijo riendo ante la reacción de Peter.
—¿Nada?
—Sólo lo soporto porque mis amigos Harry, Ron y Ginny son GRANDES, con mayúsculas, GRANDES fanáticos. Sino fuera porque los tres están en el equipo de Quidditch de Gryffindor ni fuera a ver los dichosos partidos.
Ambos caminaban rumbo al castillo siguiendo el pedregoso sendero que bordeaba una de las orillas del lago. En el tiempo que llevaban de clases se habían hecho muy buenos amigos, aunque claro, ni a Ron ni a Harry les agradaba mucho la idea en un principio, pero después cuando Hermione los presento y los OBLIGO a convivir un rato, ambos chicos se dieron cuenta que Peter no era como todas las serpientes y comenzaron a aceptar su compañía.
—Entonces ¿Puedo conservar la esperanza de que vayas a verme jugar algún día? —, dijo deteniéndose de repente encarando a Hermione.
—Si, pero ni pienses que voy a apoyar a Slytherin—, contestó mirándolo burlonamente a los ojos.
—No aspiro a tanto, solo quiero verte ahí—, respondió mientras acariciaba lentamente la mejilla de la chica con el dorso de la mano.
—Aún no entiendo como fue que Malfoy te dejó entrar al equipo—, repusó moviendo el rostro hacia un lado liberándose del toque de Peter. Después continuaron su camino. — Si en estas tres semanas de curso a dejado muy en claro que te detesta.
—Entré porque soy el mejor cazador que ha podido encontrar en toda su vida—, dijo con orgullo e hinchando el pecho.
—Aunque ya entiendo porque quedaste en Slytherin. Eres un arrogante presumido.
—¡Oh no!, no soy nada de eso, solo soy….honesto. No puedo negar que soy buenísimo sobre una escoba.
—Aja, lo que digas. ¿Y que me dices cuando convives con ellos en tu sala común? Te deben de comer vivo.
—No te olvides que también soy serpiente Hermione, se como defenderme. No me dejo de nadie.
—Ni de Pansy Parkinson. ¿Aún no te perdona lo que le hiciste el en tren?
—No, y para lo que me importa. Le pedí disculpas solo por que sé que lo que hice estuvo mal. Es una mujer y no debí de agredirla, pero tampoco podía permitir que te dañara y mucho menos con el hechizo que pensaba usar. Era magia oscura—, se quedó pensativo un rato con la mirada perdida en la tranquila y cristalina superficie del lago. —Odio lo magia oscura—, dijo de repente. Hermione se sorprendió del tono en su voz. Realmente la odiaba lo podía notar en el modo en que sus ojos se ensombrecieron, en su mandíbula tensa y en sus puños fuertemente apretados.
—Peter, ¿Estás…?
—Sí—. No dejó que Hermione terminara la frase. Su cuerpo pareció salido de un trance, su voz volvió a ser la misma que conocía y su cuerpo se relajó mostrándole al Peter al que ella estaba acostumbrada. —¿Qué clase nos toca? — preguntó brindándole una sonrisa.
—Eh… Defensa, Peter ¿Seguro que estás….?
—¿Bien? Sí lo estoy no te apures. Te juego una carrera, si te gano tendrás que hacer mi redacción de Pociones para Snape, si tu ganas te regalo la barra de chocolate mas grande que hayas visto en tu vida. ¿Lista? —, dijo con una enorme sonrisa pintada en el rostro. Parecía un niño demasiado crecido, muuuy bien crecido. Pero no esperó la respuesta de Hermione porque salió corriendo como loco con dirección al castillo.
—¡No Peter!, espera eres un tramposo—. A Hermione no le quedó otra mas que seguirlo pero cuando arrancó la carrera, —¡AY!—
Peter se detuvo de repente al escuchar el grito de dolor de la castaña. Cuando dio la vuelta para ver que sucedía encontró a Hermione tirada solo a unos metros detrás de él, sosteniéndose la rodilla y con un claro gesto de dolor en el rostro.
—¡Hermione!—. Corrió todo lo que sus largas piernas se lo permitieron hasta llegar junto a ella, se hincó a su lado. —Hermione ¿Estás bien? Perdóname fui un tonto, no debí jugar así. Yo…—, la cara de preocupación en su rostro era innegable.
—Calma Peter, no fue tu culpa. Fue mía, no recordaba que tenía la rodilla lastimada. Debí de tener más cuidado—. ¡Y vaya que estaba lastimada! Los entrenamientos nocturnos con Ron estaban acabando con ella, mas bien, el pelirrojo lo estaba haciendo. No le daba tregua, ni una sola noche de descanso. Tenía todo el cuerpo magullado, la espalda, los brazos, los muslos, y la cereza del pastel era esa rodilla casi fracturada. Todo porque el señorito quería que aprendiera a controlar los campos de fuerza ¿El resultado? Un diminuto tronco estrellándose contra su rodilla.
—No me importa. ¿Puedes mover la pierna?
—Yo creo que...—intentó moverla, —...no, no puedo. ¡Demonios!
—No te preocupes, yo te llevare.
—No, Peter creo que lo mejor es… ¡¿Pero que crees que estas haciendo? ¡Bájame! Peter.
Pero él no escuchaba. Con una habilidad increíble y como si la castaña no pesara nada, tomó a Hermione y la acomodó sobre su espalda, obligando a la chica que se abrazara a él rodeándolo con las piernas por la cintura y con los brazos alrededor de su cuello, mientras él la sostenía por las piernas.
—¿Estas bien agarrada?
—Peter esto no es necesario—, pero al escuchar el resoplido del chico, no le quedó otra que contesta resignada, —Si lo estoy.
—Bien.
Cargó con Hermione el largo trecho que los separaba del castillo, y aunque la chica sabia que no era ninguna plumita andante, él la llevó a cuestas como si lo fuera. Es mas, hubo unos cuantos metros en que el recorrido lo realizó muy, muy deprisa. Ni siquiera permitió que ella bajara una vez llegado a la enfermería. Entró al lugar aún con ella en brazos y lo más delicadamente posible la depositó sobre una cama quedándose a su lado hasta que Madame Pomfrey llegara a atenderla.
—Peter no tienes que quedarte. En serio estaré bien.
—Pero…
-La señorita Granger tiene razón, estará bien. Así que haga el favor de retirarse señor Cold—, dijo la enfermera que se acercaba hasta la cama de Hermione con vendas y pociones en brazos.
—Está bien. Le diré al profesor que estas aquí—, dijo tomando la mano de Hermione entre las suyas.
—Gracias Peter—, liberó su mano de la de Peter con la mayor sutileza que le fue posible. —Y no se te olvide…—le recordó cuando el chico ya estaba llegando a la puerta.
—Avisarles a Potter y Weasley—, terminó por ella.
—Y…
—Tomar apuntes. Lo haré, descuida. Descansa.
Dio media vuelta y salió del lugar para encaminarse a su próxima clase. Defensa Contra las Artes Oscuras.
..
..
—¿Puedo pasar profesor?
Bill Weasley levantó la vista de la larga redacción sobre hombres lobo que estaba revisando. El largo y pelirrojo cabello se encontraba peinado en una coleta baja a la altura de su nuca. Las pecas de su rostro empezaban a ser de nuevo notorias al estar regresándole la piel a su tono original y su robusta y fuerte complexión se dejaba notar através de la tunica azul marino que vestía.
—Claro señor Cold, tome asiento—, dijo mientras señalaba un lugar vacío en uno de los mesabancos de enfrente. Una vez que Peter hubo tomado su lugar Bill se puso en pie y comenzó a caminar por entre la clase arrancando varios suspiros por parte de las féminas presentes y miradas de odio por parte del alumnado varonil. Pero ninguno estaba más fastidiado que Ron, quien tenía que soportar a su "hermanito" todos los días aparte de las burlas por parte de sus compañeros. Bill se detuvo muy cerca de la zona Slytherin, mas específicamente donde Draco, Pansy y Theo estaban sentados. — ¿Podría alguien decirme donde esta la señorita Granger? —preguntó en general.
—Hermione está en la enfermería señor—, respondió Peter desde su lugar.
—¿Qué le ha sucedido? —, preguntó Bill realmente preocupado, es por eso que no notó la tensión inmediata en el cuerpo de Draco al escuchar que Hermione estaba de visita con Mademe Pomfrey.
—Se lastimó señor cuando veníamos para acá. Tenía la rodilla muy mal, no podía caminar bien y al dar un paso en falso se cayó lastimándose aun más—. Ron se removió incomodo en su asiento. —La he llevado a la enfermería y me a dicho Madame Pomfrey que no es nada grave que se pondrá bien.
—Bien, ¿Qué hace señor Potter? Tome asiento—. Harry se había puesta en pie bruscamente. Aunque no dudaba de la palabra de Peter tenía que ver con sus propios ojos que ella estaba bien.
—Tengo que ir a ver a Hermione señor.
—Y yo—, intervino Ron poniéndose también de pie. —Tengo que ver que no sea nada grave—, el resoplido que dio Pansy se escuchó en todo el lugar ganándose con ello la intensa miraba de Ron y una fugaz de Bill quien no se perdía ni un detalle.
—Lo harán cuando se acabe la clase. Ya escucharon al señor Cold, la señorita Granger esta bien. No hay necesidad de todo esto. Así que tomen asiento y continúen con sus labores.
—Esta bien "profesor"—, Ron recalcó mucho la ultima palabra, dejándole muy en claro a su hermano que no estaba nada conforme con su presencia en el colegio. Tomó asiento con Harry a su lado, recordando uno de los peores días de su vida en Hogwarts, el día el que William Arthur Weasley entró a dar clases de DCAO.
..
..
—¡¿Es que no va a haber una clase que no compartamos con Slytherin?—, preguntó disgustado. Era la hora del desayuno y Ron, Hermione y Harry acababan de recibir sus nuevos horarios. —Miren, tenemos Pociones…—
—Como siempre—, intervinó Harry
—Encantamientos, Transformaciones y ¡DCAO!, será un fastidio—,resopló al tiempo que tiraba con desgana su horario y comenzaba a engullir su cuenco de cereales con verdaderos ánimos.
—Lo bueno que tanto coraje no te quita el apetito, hermanito—, se burló Ginny al ver como Ron comía cada vez con mas entusiasmo.
—Efff que…—, tragó con dificultad lo que tenía en la boca...—esto está buenísimo. ¿Te vas a comer el tuyo?—, preguntó viendo con anhelo el trozo de tocino en el plato de su hermana.
—No, adelante—, hizo un gesto con la mano invitándolo a comer todo lo que quisiera. —A todo esto ¿Quién es el nuevo maestro de DCAO?, ayer no anunció nada Dumbledore y hoy tampoco—. Terminó mirando con curiosidad la mesa de los maestros como esperando que el nuevo profesor saliera de entre el cabello grasiento de Snape quien conversaba muy seriamente con McGonagall.
—Bueno, sea quien sea lo conoceremos muy pronto—, puntualizó Hermione.
—¿Y como eftaf tan fefura?
—¡Chuks! Traga lo que tienes en la boca Ron y luego hablas.
Ron masticó muy rápidamente y no sin dificultad se pasÓ lo que comía. — ¿Y como estas tan segura Hermione?
—Porque tenemos DCAO a primera hora miren—, les señaló a sus amigos el horario, —DCAO 9 am, Slytherin-Gryffindor—, miró su reloj de pulsera. —No falta mucho, así que apúrenle.
—Yo ya termine—, dijo Harry poniéndose rápidamente en pie.
Ron lo miró con odio. —Yo también, ya que. Al rato pecas—, se despidió de su hermana. Y murmurando por lo bajo dijo, —Ni siquiera dejan comer a gusto.
—Hasta luego, suerte.
Así los tres se encaminaron hacia la clase de Defensa que se impartiría en el tercer piso. Cuando llegaron al aula solo estaban ellos y los demás estudiantes esperando al nuevo profesor.
—¿Qué hacemos?—, preguntó Harry.
—Supongo que entrar y esperarlo ¿No creen? —, dijo Hermione.
Ron se encogió de hombros mientras respondió, —Supongo—. Aún estaba dolido con sus amigos por no dejarlo desayunar en paz.
..
—Mione
—Mmmm
—¿Qué horas son?
La chica vio su reloj por tercera vez en diez minutos y contestó, —Son las 9: 20 Ron—, era claro el tono de fastidio en su voz.
Y no era la única. Todos y cada uno de los alumnos lo estaban. Se aventuró a echar un vistazo para ver que hacían los otros en espera del profesor.
—Que asco—dijo al tiempo que se giraba hacia sus amigo.
—¿Qué sucede?—,preguntó Harry sin moverse ni un solo centímetro de su posición. Tenía la barbilla apoyada en la palma de su mano derecha con la boca ligeramente abierta y la mirada perdida en la mosca que volaba cerca de él.
—Nada, es que acabo de ver a Goyle sacándose los mocos.
—¡Ah genial!—, respondió con desgana.
—Pero te parece…
—Déjalo Mione no tiene caso. Porque no mejor me hablas de ese Slytherin tan amigo tuyo, Cold—, le cuestionó Ron mientras daba un último vistazo hacia donde Peter estaba sentado detrás de Pansy y Draco.
—Pues…
—Buenos días. Disculpen la demora.
Muchas cosas pasaron en ese momento. El cuerpo de Ron se congeló, la mosca de Harry dejó de tener importancia, el cuello de Hermione tronó escandalosamente al girarlo tan rápido y Goyle siguió sacándose los mocos.
—No. Mione dime que no es cierto. Que esa voz no es de….
—Bill—, susurró Hermione.
El primogénito de los Weasley se dirigía con seguridad hacia su escritorio atravesando el largo pasillo del aula. La capa negra ondeaba a cada paso que daba abriéndose a la altura del pecho dejando a la vista sus fuertes pectorales enfundados en una camiseta roja. El cabello largo y rojo suelto hasta tocar sus anchos hombros y una inmensa sonrisa en el rostro.
Todas y cada una de las miradas de los presentes estaban sobre él.
—Lamento la demora—,explicó. —El traslador que se suponía me traería hasta acá se atrasó y tuve que venir en El Autobús Noctámbulo. Jamás lo hagan es una pesadilla. Bien, alguno de ustedes ya me conocen—, les lanzó una mirada elocuente a Harry, Hermione y Ron, éste ultimo todavía estaba pasmado por la conmoción. —Pero otros no. Mi nombre es Bill Weasley y seré su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—¡No!—, soltó Ron.
Bill no pudo evitar soltar ligera carcajada ante la expresión de su hermano. —Si Ronald, así es. ¿Alguna pregunta? —. Bill pasó la mirada sobre todos y cada uno de sus estudiantes deteniéndose solo unos segundos sobre el llamado "Trío Dorado" sentados al frente de la clase y después sobre el que se podría llamar el "Trío de Plata", es decir, los Slytherin Malfoy, Parkinson, y Nott quienes a diferencia de los otros, se sentaba hasta el final ocupando los asientos mas apartados. —Bien parece que no hay preguntas, entonces comenzaremos con la clase.
..
..
Desde ese día si vida se convirtió en un verdadero fastidio. Las chicas se le acercaba en los pasillos para preguntarle una sarta de tonterías con respecto a su hermano "Ron ¿tiene novia"?, "Ron ¿Crees que querría salir conmigo?","Ron ¿Cuál es su color favorito?" ¡Ahggg! Lo tenían ¡Harto!, ¡Harto!
El timbre que anunciaba el fin de la clase lo trajo de vuelta a la realidad.
—Por favor los que faltan de entregarme su redacción sobre Criaturas Nocturnas recuerden que mañana es el ultimo día, así que apresúrense—, se hacía escuchar Bill sobre el estruendo que causaban decenas de mesabancos siendo arrastrados. —¡Ron espera un momento tengo que hablar contigo!
El chico quien ya estaba a punto de salir se detuvo en seco y volteo a ver a su hermano. —Luego Bill, tengo que ir a ver a Hermione.
—No, será ahora
Ron resignado se giró hacia Harry quien lo estaba esperando junto a la puerta. —Ve tú Harry, ahorita te alcanzo.
—Esta bien Ron, hasta mañana Bill—, se despidió de él y salio apresurado.
—Tu hora de clase ya se acabó—, dijo Ron mientras cruzaba los brazos a la altura del pecho y se acercaba hasta su hermano.
—Lo se. Pero no es de la clase de lo que quiero hablarte.
—Entonces.
—¿Qué te traes con Parkinson?
El cambio fue minino, casi imperceptible, pero para alguien como Bill que había crecido junto a Ron, fue inminente. El desconcierto y la sorpresa se dibujaron en su rostro solo por unas milésimas de segundo, su cuerpo se tenso y se destenso casi al instante.
—Nada.
Bill no se lo creyó es por eso que preguntó, —¿Seguro?
—Seguro—. Su hermano seguía sin creerle así que agregó, —Además es una serpiente, lo único que podría tener con ella es lo mismo que con Malfoy, Nott o cualquier otro Slytherin, es decir nada.
—Bien—, volteo hacia su escritorio y comenzó a recoger sus cosas. En un claro signo de que la conversación había llegado a su fin pero Ron seguía inmovible en su lugar sin despegar la mirada de su hermano.
—¿Por qué me preguntas esto?—quiso saber.
Aún sin levantar la vista de lo que hacía respondió, —Porque te conozco.
—¿Y eso que significa? —. No tenÍa ni idea a lo que su hermano se refería. Él no, no…. ¿O si?
Después de lanzar un suspiro encaró a su hermano y dijo, —Nada Ron, nada. Ya puedes retirarte, Hermione te debe de estar esperando—. Ron solo asintió con un movimiento de cabeza, dio media vuelta y cuando estaba a punto de salir, —¡Ron!—, le llamó su hermano.
—¡¿Qué?—, preguntó sin voltear.
—No creas que porque eres mi hermano tienes privilegios sobre los demás, espero tu redacción, MAÑANA, sin falta.
—Ajá, seguro—, dijo aun sin girarse, mientras hacÍa un gesto despreciativo con la mano. —Lo que digas.
..
..
—¿A dónde crees que vas Hermione Granger?
—¡Harry!—. Hermione estaba apunto de salir de la cama cuando si amigo el pelinegro llegó impidiendo su huida.
—Hola Herms, ¿Cómo sigues?—, preguntó al tiempo que besaba su frente.
—Bien—, contestó haciendo pucheros. —Pero ya no aguanto seguir aquí, me estoy ahogando.
Harry se río ante su comentario, —No te preocupes, si estás tan bien como dices Madame Pomfrey no tardara en darte de alta.
—Así es señor Potter.
—¡Ahhhh!, me asusto—. Ni siquiera había visto acercarse a Madame Pomfrey. —No vuelva a hacer eso—, decía con una mano en el pecho.
—Lo tomare en cuenta.
—¿Ya me puedo ir?—, preguntó Hermione conteniendo la risa mientras pasaba la mirada de su amigo a la enfermera frente a ella.
—Déjeme ver esa pierna—. Tomó la pierna de Hermione empezando a hacer ciertos ejercicio, verificando la correcta movilidad de la articulación. Al no ver indicio de dolor en el rostro de Hermione ni dificultad al realizar los movimientos le dijo, —Si hoy mismo la doy de alta. La pierna ha mejorado todo lo que podía mejorar con la poción que le di. Pero tendrá que tener reposo.
—Lo tendrá, se lo aseguro—, dijo Harry.
—Bien, puede retirarse—. Se dio media vuelta y se encaminó hacia su despacho al final de la estancia.
—Vamos Herms, te ayudo—. Harry tomó a Hermione por la cintura, y como si se tratara de la peor de las enfermedades, la ayudó levantarse con sumo cuidado y muy despacio.
Hermione que se empezó a desesperar se soltó de Harry terminando de levantarse por si sola. —¡Merlín Harry! Estoy bien.
—Pero yo solo….
—Tú nada. Anda vámonos ya.
—Debes de estar mejor si ya comenzaste a regañar a Harry—. Ron iba entrando a la enfermería sin poder evitar reírse de la cara de niño regañado de Harry. —¿Cómo sigues? —, preguntó tímido, sabedor que si Hermione estaba así era por su culpa. La había presionado mucho la otra noche. Estaba entrenando a Hermione a controlar su magia, obligándola a crear campos de fuerza para repeler entre otras cosas, hechizos y uno que otro tronquito suelto por ahí. Pero no contó con que, al final Hermione agotada por tanto esfuerzo y con la nariz sangrando, bajaría sus defensas y ese tronquito pequeño se iría directo sobre su rodilla.
—Estoy bien Ron—. Sabía lo que estaba pensando su amigo. Se estaría culpando por su condición, cuando él no tenía la culpa de nada, solo hacía lo que debía de hacer. Si no fuera por toda la ayuda que él le había estado brindando todo ese tiempo, Hermione no sabría que habría hecho. Sin él a estas alturas Pansy Pankinson sería polvo.
De repente Harry dio un respingo, brinco justo en el lugar donde se encontraba parado y volteo a ver muy asustado a su amiga. —¿Herms?
—¿Si? Harry ¿Qué sucede?—, preguntó asustada.
—¿Qué horas son?
Hermione confundida miró su reloj. —Son casi las doce—. Nada mas terminó de decir "doce" Harry corrió despavorido hacia la salida. —¡Harry!, ¡¿Qué?
—Cuídala ¿Quieres?—, gritó Harry dirigiéndose a su amigo, mientas caminaba muy rápido hacia atrás
—Yo siempre.
—¿Que le pasa?—, preguntó Hermione jalando a Ron por la tunica para llamar su atención.
Ron se encogió de hombros y respondió, —Nada, es… Harry, eso pasa.
—Aaaa que bien—. Estaba confundida, muy confundida.
..
..
—Tengo que alcanzarla, tengo que…—, se repetía Harry Potter una y otra vez. Desde el momento en que salío de la enfermería no había parado de correr. Atravesó medio castillo, la mitad de sus terrenos y ahora corría la otra mitad en dirección a los invernaderos donde los alumnos de sexto curso estaban por salir de Herbólogia. —Tengo que… ¡Ginny! ¡Ginny!—, le gritó a la pelirroja quien se dirigía al castillo.
—Hola Harry.
—Hola, ¿Está….Lu…Luna en….en, ahí?—, dijo entrecortadamente al tiempo que hacia presión en su costado izquierdo con una mano.
Ginny solo rodó los ojos y riendo contestó, —Si Harry, pero apúrate.
—Yo, si… adiós—. Y volvió a emprender la carrera hacia su Luna.
Tenía casi una semanas que no la veía, era absurdo, si, pero así era. Ya no tenía ni idea de cómo hacerle para acercarse. Cada vez que lo intentaba ella huía de él, se escondía. Cuando iba a buscarla nunca salía y cuando se levantaba muy, pero muy temprano e iba esperarla a la salida de su sala común, ella jamás aparecía y por las noches era igual. No importaba que tan tarde dejara su trasero aplastado contra el frío suelo fuera de la entrada de los Ravenclaw, ella jamás llegaba. Ahora estaba empleando su última carta. Sabía que Luna saldría justo a las doce de su clase y él estaría esperándola afuera aunque llegara tarde a su próxima clase, pociones para variar.
Entonces la vio salir, tan hermosa, tan etérea. Maravillosa. Su corazón dio un vuelco y su alma renació. Era ella, solo ella podía causar ese efecto en él. Que importa horas de desvelo pensándola, añorándola, si con solo una mirada hacÍa que todo valiera la pena.
—¡Luna!
Su corazón se detuvo por un instante, solo para después empezara a latir a gran velocidad, lo sentía brincar en su pecho, bombear sangre a todo su cuerpo. Su respiración se acelero y el tiempo se detuvo. Era él, era Harry.
—Harry—, susurrÓ. Giró muy lentamente su cuerpo mientras al calido viento rozaba sus mejillas y alborotaba sus cabellos.
Se acercó hasta ella y sin mediar palabra, sin esperar un minuto mas, se fundieron en un abrazo, sin palabras, sin oraciones, solo sintiéndose.
..
..
—No sé porqué Ron arma tanto escándalo—, hablaba para sí misma encaramada sobre un banquito mientras estiraba todo su cuerpo intentando alcanzar un libro. Si ese libro, el mas grande, feo y pesado libro que se encuentra haaaasta arriba del estante. — Ni que él no fuera a salir beneficiado con todo esto. Ya lo quiero ver al rato, cuando YO haya terminado mi redacción de Criaturas Nocturnas, "Vamos Mione, ayúdame"—, dijo mientras imitaba terriblemente la voz gruesa y varonil de Ron.
—Hablando sola otra vez Granger.
Llevaba toda la tarde buscándola. A después de todo ÉL también tenía que asegurarse que estaba bien. Una estupidez y perdida de tiempo, si le preguntaban su opinión, pero a pesar de saber que NO debía ir a buscarla, la necesidad de verla, de hablar con ella aunque sea solo para discutir, era insoportable. Se había convertido en su placer culposo.
—¡Ahhhh!—, gritó asustada. —Eres un reverendo idiota, me has asustado imbécil.
—Que bien, no hay duda que cuando no se planean las cosas es cuando mejor te salen—, replicó con desfachatez.
—¿Qué quieres Malfoy?—. Bajaba muy lentamente del lugar donde estaba, no quería que por culpa de, de…ese se volviera a lastimar la pierna.
—Nada, bueno si, Pansy te envía saludos.
—Jajaja, chistosito. Bien ya recibí el mensaje, ¿Algo mas?—, puso los brazos en jarras mientras golpeaba el piso con el pie, de la pierna sana obviamente.
—¿Por qué vives con tu abuela?—, preguntó Draco de repente.
Hermione quedó en pseudo shock, no esperaba esa pregunta, por parte de él, cualquier otra pero no esa. —¿Por qué lo preguntas? —, se giró dándole la espalda a Draco, no quería que viera su turbación.
—Mírame cuando te hablo Granger—, dio un par de pasos hasta quedar detrás de Hermione, muy cerca de ella. No lo pudo evitar, muy discretamente, se llenó los pulmones de su aroma. Caramelo, olía a caramelo.
—Vete Malfoy, no quiero hablar—, dijo aún sin voltearse. Lo sentía muy cerca, demasiado para su salud mental, si se giraba, si lo hacia, sabría lo que pasaría, se lanzaría sobre él, sobre sus labios para saciar las ganas que tenía de él. Porque por mas que lo intentó, la sensación que dejó en su cuerpo no se iba. Además no le quería dar la satisfacción de hacer lo que él le ordenaba.
—Que bien la señorita no quiere hablar. ¡Mírame!—. Pasó una mano por un lado de su rostro y tomándola por la barbilla le hizo girar la cabeza y mirarlo. —Mírame—, susurró.
El aliento mentolado dio de lleno sobre ella despertando terminales nerviosas y mandando descargas eléctricas por todo su cuerpo. Sin poderse contener un minuto mas, selló sus labios sobre los de Draco callando cualquier sonido que de ellos podía salir.
"¿Cuánto tiempo ha pasado?, no lo se. Solo se que lo necesito. ¡Merlín!, su cabello están… su piel, su cuerpo, sus labios. Quiero perderme en él. Quiero que me rapte, escaparnos juntos, quiero ser suya y que él sea mío. ¿Quieres ser mío Draco?, Mío, solo mío, como yo lo seré de ti…."
Fueron sus pensamientos quienes la trajeron a la realidad. Tomando fuerzas de donde no la tenía, empujó el cuerpo de Draco lejos de ella pero no si antes atrapar el labio inferior del rubio y morderlo hasta hacerlo sangrar. Aprovechando la confusión del chico que se tocaba el labio comprobando la sangre en él, salió de ahí intentado escapar de si misma, más que de él, pero antes llegar al final del pasillo la risa de Draco la detuvo.
—Ya se porque vives con tu abuela Granger. Es porque tu mamá no te quiere—. Las palabras salieron llenas de veneno de su boca. No tenía ni idea de porque lo hacía. Era su modo de defensa, su escudo contra ella, contra lo que le hacía sentir.
—¿Qué has dicho?—. Se olvidó el dolor de pierna. Se encaminó hasta Draco lo más rápido que pudo enfrentándolo.
—Que tu mami no te….
¡PLAF!
La bofetada que Hermione le propinó resonó en toda la silenciosa Biblioteca. Dejó todos y cada uno de los dedos de su mano derecha pintados hermosamente en la blanca mejilla. Era preferible eso a lo que realmente tenía ganas de hacerle. Se estaba controlando todo lo que podía. Quien diría que en algún momento Malfoy le debería la vida a Ron, porque si no fuera por los entrenamiento, Draco hoy… bueno ya no habría ningún Draco.
—¡No vuelvas a hablar de ella! ¡Que jamás tu maldita lengua vuelva siquiera a mencionarla! ¡Me escuchaste!, mi abuela es demasiado digna para que alguien como tu la nombre—. Se giró para salir lo mas dignamente posible del lugar pero se volvió mostrando en sus ojos castaños un brillo peligroso. — Y si tu problema querido Malfoy es que otros SI tengamos a alguien que nos quiera, pues… te entiendo. Porque dime ¿A ti quien te quiere? A mi, mí abuela, si, pero a ti ¿Tu papi el que se pudre en Azkaban?...
—Cállate…
—… O ¿Tu querida mamita, esa que dicen que se esta volviendo loca?
—¡CALLATE!— . Sin poder contenerse se abalanzó sobre Hermione, la tomó por la barbilla y bruscamente la estampó contra la estantería provocando que varios libros cayeran al suelo. —No…tu no tienes ni idea. No vuelvas a hablar de ellos. De mi di lo que quieras, trátame como se te de la gana me sabre defender, pero no ellos, no te metas con ellos —, soltó a Hermione y lo mas rápido que pudo salio del lugar.
Hermione pareció reaccionar.
—No, Malfoy—, pero el ya se había ido. —Draco, perdóname. Draco…—. Dejó caer lentamente su cuerpo hasta terminar sentada con la espalda recargada en la estantería. Las lagrimas brotaban libres de sus ojos y el dolor en su pecho se hacía cada vez mas grande. Sufría como nunca había sufrido. Por él. Porque la solitaria lágrima que surcaba el rostro de Draco, le había partido el corazón en mil pedazos.
..
..
N/a: Gracias a: Melissa Elizabeth Granger, laurayuli, noelhia, sakuhitomi , pabaji, ILMD, dArKaNgEl1911, velvet9uchiha, bestofcullen, y Amia Snape. por sus comentarios y por tomar en cuanta mi historia, la verdad me alegran el dia.
Gracias por leerme.
Hasta luego y nos leemos pronto.
Besos Gely :)
