"PRIMAVERA OTRA VEZ"

CAPITULO 6 DUDAS QUE TORTURAN

Eran alrededor de las 11 de la noche cuando Terry se libró de los reporteros, los despachó a todos y volvió a su mesa. La comida ya estaba fría y sus acompañantes se habían ido. Pero él esperaba a alguien más.

En seguida vio un papel visiblemente colocado en el lugar que él ocupaba. Lo tomó para leerlo:

Discúlpanos por habernos ido sin avisarte. Gracias por la excelente noche y por traernos a este lugar, la pasamos muy bien.

P.D Sé lo que tramas… Gracias. Después hablamos.

Greg.

Terry dobló el papel con una sonrisa en sus labios, no podía esperar menos de Greg, era un tipo muy intuitivo. Una dama se aproximó a él.

-¿sonríes satisfecho por tu logro?

-algo así… siéntate madre – dijo Terry que se levanto para acomodarle la silla a Eleanor.

-Gracias hijo. Déjame decirte que esta noche fue todo un éxito, todo salió como lo planeaste.

-no podría haberlo logrado sin tu ayuda. Gracias por haberme ayudado a servir de distracción para los reporteros en el teatro mamá. Y por tu ayuda aquí.

-no tienes nada que agradecer, lo hice porque te quiero hijo. No hay nada en el mundo que desee más que verte feliz… Y sé que no eres feliz con Susana, que ha sido como una tortura para ti, cariño, porque aun amas a Candy con todo tu corazón.

-si mamá, la sigo amando incluso mas...pero….

El semblante de Terry cambió, su mirada se perdía en el infinito y de pronto se llevó las manos a la cabeza y comenzó a llorar ante la sorpresa de Eleanor. A Terry no le importaba llorar en frente de su madre pues era la única en la que podía confiar sus sentimientos más profundos, a ella se le rompió el corazón al ver a su hijo así, se acercó a él para abrazarlo.

-hijo, ¿que pasa? – pregunto inquieta.

-Candy… Candy se ha ido a la guerra como voluntaria. Está en Paris. ¿Te das cuenta mamá? ella podría morir allá y ¡no quiero perderla!

Eleanor soltó un suspiro totalmente consternada. No podía creer lo que escuchaba y le dolía profundamente ver sufrir a Terry.

-¿pero quien te ha dicho eso?

-Elisa Leegan… después de la función fue a verme para decírmelo. Ya sé que esa chica no es de fiar, ella se ha encargado de arruinar mis esperanzas una y otra vez, pero esta ocasión algo me dice que es verdad, lo presiento porque conozco a Candy y sé que es algo que ella haría, su nobleza y su sentido del deber la rebasan.

Eleanor recordó que el camerino de Terry estaba desordenado y había cosas rotas.

-ahora entiendo el porqué del desastre que tratabas de ocultar en tu camerino, debes haberte sentido muy mal. Cálmate hijo, primero tienes que averiguar si es cierto lo que te dijo Elisa, ¿tienes alguna forma de confirmarlo?

Terry se quedó pensando unos momentos y enseguida vino a su mente su viejo amigo…Albert.

-tienes razón madre, conozco a alguien que de seguro me dirá la verdad. Él vive en Chicago y aunque hace tiempo que no lo veo creo que no será muy difícil localizarlo.

Terry recordó que algún tiempo atrás se dio a conocer en todos los periódicos de Estados Unidos la identidad del cabeza de familia de los Andry, él no podía creer que fuera su amigo Albert, el mismo que lo ayudó en una pelea callejera, el que trabajaba como conserje en un zoológico de Londres y que se ganaba la vida humildemente, como sospechar que era realmente un multimillonario, el jefe de una de las tres familias mas ricas de América, a Terry le costó trabajo asimilarlo.

-Tengo que ir a Chicago de inmediato mamá, si no todo esto es realmente en vano.

-sea como sean las cosas hijo, no creo que lo que pasó esta noche haya sido en vano.

-¿a que te refieres mamá? – pregunto desconcertado Terry.

-a que tu plan funcionó mejor de lo que esperabas. Parece que Susana se ha dado cuenta de que le gusta su amigo, y hasta es posible que algo más haya nacido entre ellos esta noche. – dijo con gusto Eleanor.

- pero como…

-hace unos momentos presencie una escena muy romántica entre ellos. Elegiste muy bien todos los detalles hijo, eres todo un Cupido. Las luces tenues, el pianista que contrataste y este rincón acogedor hicieron su trabajo a la perfección. Ellos estuvieron a punto de besarse, y casi te puedo asegurar que Susana ahora mismo debe estarse sintiendo muy confundida. Solo falta darle un empujón más y después todo dependerá de Greg. Esto va por buen camino hijo. Creo que esta pareja tiene posibilidades de ser felices. Tú tienes que luchar por tu felicidad también.

-me da gusto lo que me dices mamá, yo nunca hubiera podido hacer feliz a Susana, y Greg es un buen tipo, me ha caído muy bien. Ojalá que todo salga bien entre ellos. Gracias nuevamente mamá, por haber enviado aquí a los reporteros, por dirigir la situación y encontrar el momento preciso para que todo saliera a la perfección. –le dijo Terry a su madre con profundo agradecimiento en su voz.

Terry había encontrado en su madre a la cómplice perfecta para llevar a cabo su plan. Eleanor había llegado al restaurante antes que los chicos gracias a que Terry eligió la ruta mas larga para llegar al restaurant para darle tiempo a su madre de atender a la prensa y luego acudir al lugar de la cita.

Ella se sentó en un lugar donde había una maseta que la resguardaba de la vista de los demás y desde donde podía ver lo que sucedía en la mesa de los jóvenes.

Se mantuvo alerta observándolos para calcular el momento oportuno para enviar a los reporteros y hacer que Terry abandonara el comedor dejando solos a Susana y a Greg, después, intuyó muy bien el momento idóneo para mandar que atenuaran las luces y enviar al pianista a tocar la romántica melodía, todo había sido fríamente calculado.

Al finalizar la velada, Terry llevó a su madre a su casa. Al llegar, le abrió la puerta del coche y la acompañó hasta la entrada de su residencia, cuando se estaban despidiendo Terry le dijo:

-recibí una carta de mi padre.

-¿tu padre? – se sorprendió Eleanor de que su hijo lo llamara" padre" y no "el Duque".

-si. Me pide perdón por todo lo que ocurrió en el pasado, dice que quiere ser parte de mi vida nuevamente y que esta orgulloso de mi.

-¡oh hijo, Es maravilloso!, me alegra tanto, pero… y tu ¿lo perdonarás?

-ya lo he hecho mamá. Siempre quise tener una buena relación con mi padre, que él me apoyara y se sintiera orgulloso de mí. Estoy feliz porque finalmente haya sucedido. Por cierto me dice que pronto vendrá.

Eleanor se quedó en shock al escuchar esto, todavía se le removían sus sentimientos por el único hombre que amó, y que aún amaba…

En París, Candy seguía visitando al joven que ayudó. Después de una semana, el joven se recuperaba satisfactoriamente de sus heridas pero aún estaba en coma.

Ella iba casi todos los días, por las noches, después que terminaba de ayudar en la cruz roja. Aunque cansada, no desistía de ir a verlo y leer un poco, pensaba que tal vez la escuchaba y eso ayudaría a que despertara pronto.

-hola, soy Candy, he regresado otra vez para leerte un poco – le hablaba al joven inconsciente.

-esta vez he traído un libro de poemas, espero que te guste, es de un poeta de tu país, Frederich Schiller.

Reminiscencia inmortal

Dime amiga, la causa de este ardiente,
puro, inmortal anhelo que hay en mí:
suspenderme en tu labio eternamente,
y abismarme en tu ser, y el grato ambiente
de tu alma inmaculada recibir.

En tiempo que pasó, tiempo distinto,
¿no era de un solo ser nuestro existir?
¿Acaso el foco de un planeta extinto
dio nido a nuestro amor en su recinto
en días que vimos para siempre huir?

...Tú también como yo? Sí, tú has sentido
en el pecho el dulcísimo latido
con que anuncia su fuego la pasión:
amémonos los dos, y pronto el vuelo
alzaremos felices a ese cielo
en que otra vez seremos como Dios.

Candy terminó de leer el poema y antes de leer el siguiente, se acercó para tomarle el pulso y sentir su temperatura. Cuando sus manos tocaron las del joven, este movió los dedos despacio. Al ver la reacción, Candy acarició su frente y le habló:

-Sabia que me escuchabas, despierta por favor, estás vivo y tienes que volver con tus seres queridos – dijo con lágrimas en los ojos.

Una de las lágrimas le cayó en el rostro al muchacho que, al contacto con su piel, abrió los ojos, miró a Candy y sonrió.

-¡que alegría que has despertado!, espera llamaré al doctor.

Salió corriendo y volvió casi en seguida con el doctor Philippe DeGaulle, que esa noche estaba de guardia.

-¡no puedo creerlo! – se sorprendió el doctor –¡Candy has logrado algo extraordinario!.

-no fui yo, fue él quien tuvo el valor de despertar.

El medico revisó los signos vitales del muchacho y verificó que se encontraba bien.

-hola, soy el doctor Phillippe DeGaulle y ella es la enfermera Candy. ¿Puedes hablar? – pregunto el doctor al joven que solo parpadeó.

- debes tener la boca reseca, te daré un poco de agua –dijo Candy que al instante le ofreció a beber un poco.

-Gracias – respondió al fin el muchacho.

-oh, ¡puedes hablar! ¡Que alegría! – dijo con emoción la joven enfermera.

-esto es casi un milagro, aun no lo puedo creer. Despertar de un coma en tan solo una semana es algo insólito. Debes agradecerle a Candy que estas vivo muchacho y también que te haya ayudado a despertar del coma.

-no diga eso doctor que me apena.

Candy se toco su mejilla pues sentía que se había sonrojado. De pronto sintió que alguien le tomaba la otra mano.

-Gracias Candy- habló el joven apenas audible-

-muy bien, veo que te recuperas satisfactoriamente –dijo el doctor -Yo me tengo que ir, te dejo en buena compañía, mañana vendré a ver como sigues. Buenas noches.

El doctor se despidió y se fue a hacer su ronda de inspección. Candy se quedo con el joven.

-Ahora tienes que poner empeño en recuperarte y pronto podrás regresar a casa.

Cuando el joven escucho eso, una lágrima escurrió de sus ojos.

-la guerra…mi casa, mi familia…no sé que habrá sido de ellos. Antes de caer herido me enteré que la ciudad donde vivía fue bombardeada y casi toda la ciudad quedó en ruinas. No se si estarán vivos o muertos, no sé si habrán escapado o si estarán a salvo…¡estas dudas me torturan!

El joven empezó a llorar con profundo dolor, Candy tomó su mano para tratar de consolarlo.3

-no pierdas la fe, estoy segura que tu familia está a salvo, pronto podrás ir a buscarlos.

-¿Cómo? Soy un soldado alemán en Francia, en cuanto me recupere me entregarán a la policía o, si logro escapar, de seguro me atraparían al intentar volver a mi país, no hay salida – continuaba llorando –

-ya veremos, siempre hay una salida, no te des por vencido, yo haré todo lo posible por ayudarte. Por cierto ¿cual es tu nombre?

-Hanz Von Drateln.

-gusto en conocerte Hanz, yo soy Candice White, pero mis amigos me llaman Candy, tu también puedes llamarme así –dijo sonriendo.

-gracias Candy…por ayudarme a pesar de que soy alemán.

-ni lo digas, todos somos iguales, merecemos el mismo trato en donde sea y esta guerra no va hacer que eso cambie.

-eres una excelente enfermera Candy y muy cálida. Aunque no lo creas, escuche tus palabras en la sala de operaciones. Yo sentía que un frio recorría todo mi cuerpo, las ganas de vivir se me iban, y de pronto escuche tu voz y sentí que tomabas mi mano, entonces el calor empezó a regresar a mi cuerpo, y al pensar en mi familia volvieron mis ganas de vivir. Es gracias a tus palabras que estoy vivo Candy, tú me salvaste e hiciste que despertara del coma. Gracias de nuevo, no se como podría pagarte lo que has hecho por mi.

-vuelve a casa, busca a tu familia y sé feliz. De esa forma podrás pagarme.

-lo haré, te lo prometo.

Los dos se quedaron platicando un rato. Hanz le contó a Candy sobre su vida.

Tenía 20 años, vivía con sus padres en la ciudad alemana de Stuttgart y pertenecían a la clase media. Estaba estudiando filosofía en la Universidad cuando lo reclutaron para formar parte del ejército.

El no estaba de acuerdo en ir a la guerra, para él las causas del conflicto eran irracionales, aborrecía la política; pero las autoridades hicieron obligatorio el servicio militar para jóvenes de 16 años en adelante y si no cumplían su deber patriótico el estado embargaba las propiedades de la familia y les cerraba las puertas a la educación y el empleo, algo similar les ocurría a los desertores. Por estas razones Hanz no tuvo más remedio que enlistarse en el ejército.

Las horas pasaron sin darse cuenta, Candy empezó a bostezar y Hanz le dijo que se fuera a descansar.

-¿vendrás mañana? – preguntó con tristeza, no quería estar solo.

-si, y te traeré algo rico de comer. Tú también descansa para que te recuperes pronto.

-¿no te parece que ya he descansado mucho Candy? ¡He dormido una semana!

Candy no pudo evitarlo y comenzó a reír. Su risa contagió a Hanz que se empezó a sentir mucho mejor.

-tienes razón. Pero no hay otra cosa que hacer, así que espero que puedas dormir. Te veré mañana. –se despidió guiñándole un ojo.

Al día siguiente en el campamento de la cruz roja, Candy desde muy temprano se encontraba curando heridos. Unas horas después hizo un descanso para desayunar en el improvisado comedor que había en el campamento. Saludó a todo el personal del comedor, había hecho amistad con todo mundo fácilmente. Un chico le sirvió la comida.

-gracias – le dijo Candy – no te había visto aquí antes, ¿eres nuevo?

-si, llegue apenas ayer, mi nombre es Jaques Court.

-mucho gusto yo soy Candy White. Y que haces aquí Jaques, ¿no te da miedo todo esto?

-un poco, pero no tengo a donde más ir…

El chico denotaba tristeza en su mirada. Tenía 20 años, era rubio y fornido, se notaba que hacia mucho ejercicio. Candy percibió su tristeza y le preguntó:

-¿Cómo que no tienes a donde ir? ¿Y tus padres?

-Mi madre trabajaba en América de sirvienta, pero murió hace poco y mi padre y yo vinimos a vivir aquí pues mi abuelo estaba muy enfermo y mi padre quería estar con él sus últimos años, finalmente murió. Nos pusimos a trabajar en el campo, somos campesinos sabes. Después mi padre fue llamado al ejército y no he sabido nada de él. Nuestra pequeña granja fue destruida y yo no sabía a donde más ir; así que decidí venir aquí para colaborar como voluntario, no recibo paga pero a cambio de mi trabajo tengo un techo y comida, además puedo saber si mi padre llega herido…o muerto.

-es muy triste lo que me cuentas Jaques, lo siento mucho. Espero que tu padre regrese a salvo para que puedan empezar de nuevo juntos. Pero, y tu, ¿porque no te reclutaron en el ejercito?, eres joven y te ves muy fuerte…

-es que yo… perdí una pierna hace tiempo. Me caí de un risco y mi pierna quedó muy lastimada. Por falta de atención médica la pierna se me gangrenó y tuvieron que cortarla. Ahora uso una prótesis. – Se la mostró a Candy – el señor para el que trabajaba mi mamá me ayudó a conseguirla, es muy bueno. Debido a mi condición no resulté apto para el servicio militar.

-lamento lo de tu pierna, pero gracias a eso no tuviste que ir a pelear a la guerra. Dale gracias a Dios que estás vivo y que cuando esto termine podrás seguir adelante.

-si…. Tal vez alguien quiera contratarme para trabajar.

-claro que si ya lo veras – le sonrió Candy.

Después de charlar con Jaques, Candy se quedó pensando en la prótesis del chico. Casi no se le notaba, podía moverse bien y trabajaba, ¿y si Susana usara una prótesis también? Podría rehacer su vida y ya no le pesaría tanto que Terry la dejara.

Se sentía abrumada con tantas ideas en la cabeza y sentimientos contradictorios. Terminó de comer y volvió al trabajo donde estuvo a cargo de recibir a nuevos heridos. Después de un tiempo ya no le impactaba tanto ver esas escenas grotescas de hombres mutilados, con las viseras de fuera y la sangre que salía a borbotones.

Al llegar la noche Candy estaba exhausta, pero no había olvidado su promesa de ir a visitar a Hanz al hospital. Fue al comedor a ver si quedaba algo de comida para llevarle. Jaques le ofreció una pieza de pan, mantequilla y una manzana que habían sobrado, no había mucho pues eran tiempos difíciles. Lo metió todo en una bolsa y se fue.

Cuando llegó al Hospital se encontró con Phillipe que ya terminaba su turno, se había quedado mas tiempo porque llegaron muchos heridos esa tarde, pero a él no le importaba trabajar unas horas más, le gustaba su labor de Médico.

Era un hombre algo solitario, pero muy agradable y de buen corazón. En la universidad siempre se la pasaba estudiando y casi no tenía amigos, solo un chico americano que al igual que él le apasionaba la medicina e hicieron amistad rápidamente pues se sintieron identificados, el nombre de él era Gregory McDowell.

Phillipe nunca tuvo novia pues no salía mucho y se la pasaba encerrado en su cuarto estudiando, aunque era atractivo y mas de una chica de la universidad querían conquistarlo, pero para él su prioridad era ser un buen médico, cosa que logró algunos años después y se especializó en ortopedia, era de gran ayuda para los soldados que resultaban con amputaciones o con algún miembro lastimado.

-hola Candy –la saludó alegre.

-hola Phillipe.

- vienes a ver a Hanz ¿verdad?, él esta ansioso esperándote.

-Si, le traigo algo de cenar. ¿Sabes cuando podrá ser dado de alta?

-pronto, sus heridas casi sanan por completo, ahora esta en observación para ver si la operación en verdad ha funcionado, su corazón aun esta algo débil, pero si sigue recuperándose tan bien como hasta ahora, yo creo que en una semana podrá irse.

-Phillipe, tu sabes que él es alemán y…

-No te preocupes, yo he hablado con el director del hospital, le he dicho todo lo que has hecho por él y que no es una persona violenta, por eso accedió a ocultar su identidad y dejarlo ir en cuanto se recupere.

-¿así que no lo entregaran a la policía? ¡Eso es grandioso!, gracias Phillipe, aparte de ser un gran médico eres una gran persona. Se lo diré a Hanz se pondrá muy contento.

-¡y tu si que eres especial Candy!, tu optimismo y alegría contagian. Salúdame a Hanz.

Phillipe se despidió.

Cuando Candy entro a la habitación de Hanz, el se alegró mucho pues se aburría estando solo.

-¡Hola Hanz! – saludó sonriente.

-¡Hola Candy! –se alegró de tener compañía y la de Candy le gustaba mucho.

-te he traído algo de cenar, no es mucho porque la situación es difícil como comprenderás, pero te caerá bien.

Candy sacó el Pan y la mantequilla y se lo dio al joven junto con un cuchillo para untar. Luego le dio la manzana. Hanz se comió todo, tenía mucha hambre pues no le daban de comer muy bien por la escases de alimentos en todo París, apenas una sopa con algo de verduras y un pedazo de pan.

-Gracias Candy, estuvo delicioso. Eres tan buena…

-debes comer bien, estas en recuperación. Por cierto ¡te tengo excelentes noticias!

-¿de veras?

-mhum, el doctor Phillipe dice que si sigues reponiéndote así de rápido te podrá dar de alta en una semana, y eso no es todo, también habló con el director del hospital y lo convenció de ocultar tu identidad y dejarte libre cuando estés bien. ¿No es grandioso?

-¡no lo puedo creer!, el doctor Phillipe…

-él es una gran persona.

-oh, es increíble que en tiempos de violencia y de odio aun haya personas tan buenas como tu y el doctor Phillipe – dijo Hanz con lagrimas en los ojos, conmovido por las atenciones que recibía.

-hay mucho mas amor en el mundo que odio, ojalá que la guerra acabe pronto…– dijo Candy con voz dulce.

-ahora solo falta pensar en como le haré para regresar a casa.

-tranquilo, en estos días algo se nos ocurrirá. Aún tenemos tiempo para pensar en algo.

-esta semana se me hará eterna. Si no fuera por ti me sentiría muy solo…y tu Candy ¿no te sientes sola a veces?, tu no eres de aquí se te nota por el acento, ¿eres americana verdad?

-si, yo soy de Estados Unidos, vine aquí como voluntaria…

-¿Cómo? ¿Por qué querría una linda y joven chica como tu venir a arriesgar la vida en este lugar?, yo no quería enlistarme en el ejercito y ¡tu viniste a la guerra por tu propia voluntad! ¿Por qué?

-sentí que era mi deber como enfermera, aquí soy de mas ayuda que en América, además…

Candy se quedó dudando si decirle a Hanz sus verdaderas razones, lo acababa de conocer pero le tenía confianza.

-veo que hay una razón más profunda. ¿Quieres contarme Candy? soy muy bueno escuchando, pero si no quieres, yo lo entenderé no te preocupes.

Hubo silencio por un momento, después Candy sintió ganas de desahogar su corazón con alguien y comenzó a hablar.

-en realidad son dos razones. Una de ellas es que hace un año un muy querido amigo mío se enlistó como voluntario para ser piloto de guerra, a él le encantaban los aviones…

Su voz empezó a quebrarse.

-su nombre era Stear, era un chico muy simpático y alegre. Le gustaba inventar cosas aunque sus inventos casi nunca funcionaban – intentó reír pero las lagrimas empezaron a caer – su ultimo invento fue una cajita de música que me regaló y aún funciona, lo llamó "la caja de la felicidad" porque la música es tan bella que hace sentir felicidad. Era un chico encantador y me hacía reír con sus ocurrencias. Un día se fue a la guerra como piloto en apoyo al ejercito francés y el…

Candy no pudo contenerse más y se soltó a llorar. Hanz entendió lo que había pasado con ese muchacho y abrazó a Candy para consolarla.

-Stear… ¿Por qué, Stear?...te extraño tanto, me haces mucha falta –lloraba con profunda tristeza-

Hanz no hacia ni decía nada, sabía que cualquier cosa que dijera sería inútil, ella necesitaba desahogarse y la dejó llorar en su pecho un largo rato. Luego Candy empezó a calmarse y siguió platicándole:

-él era mas que un gran amigo para mi, era como un hermano. Aunque yo nunca conocí a mi familia, sentía una gran conexión con él, con Archie y con Anthony, ellos son primos. Stear tenía una novia llamada Paty, es una de mis mejores amigas. Todos estudiamos juntos en el Colegio San Pablo de Londres. Paty quedó devastada por la muerte de Stear, todos lloramos su trágica y repentina muerte, era tan joven y tenía aún muchas cosas por vivir. Por eso decidí venir aquí, quiero ayudar a todos los que pueda a regresar a casa a salvo con sus familias y que tengan la oportunidad de vivir y ser felices, así como yo, Paty y toda la familia de Stear hubiéramos querido para él.

-por eso nunca me abandonaste…aún cuando mis posibilidades de vivir eran escasas, tu nunca me dejaste. Creo que también debo agradecerle a Stear que yo esté con vida.

Candy se sorprendió de escuchar a Hanz decir eso.

-Stear estaría muy contento de saber que te ayudé.

-siento mucho lo que pasó con él, me hubiera gustado conocerlo. Es terrible que cosas así le pasen a gente buena…-sintió gran empatía por la perdida de Candy, se sintió intrigado por saber mas - y… ¿cual es la otra razón por la que estas aquí Candy?

-bueno esa es otra larga historia. – dijo enjugándose las lágrimas.

-yo no tengo nada mas que hacer y me gusta mucho escucharte.

-gracias Hanz. Como mencioné, yo estudié en Londres…

Candy esbozó una sonrisa que no pasó desapercibida para su amigo. Estaba muy interesado en la historia de Candy.

-primero, debo decir que soy adoptada. Me crié en un orfanato con dos amorosas madres y fui muy feliz. Luego me adoptó la familia Andry, y Archie, Stear y Anthony pasaron a ser mis primos, ellos son Andry.

-¡vaya! Que interesante, perdón por la interrupción, continua por favor.

-el jefe de la familia Andry, Albert, me envió a estudiar a Londres luego de que Anthony murió…- se llevó una mano al corazón y repitió su nombre con gran melancolía - Anthony….

Cerró los ojos al recordar a su querido Anthony, pudo distinguir el aroma de las rosas y sintió algo cálido en su corazón.

-con que nostalgia dices su nombre… debiste quererlo mucho también.

-Si, lo quise mucho, era un hermoso ser humano, murió al caer de un caballo, yo estaba con él y fue un gran impacto para mi verlo caer y morir, por mucho tiempo me quedó el trauma y nunca más quise montar un caballo… - lágrimas escurrieron nuevamente de sus ojos – tenia solo 16 años cuando murió. Yo estaba muy triste por su muerte y por eso Albert me mandó a Londres, quería que yo siguiera adelante y me preparara para el futuro.

Hizo una pausa para secarse las lágrimas y continuó.

- En el barco que nos llevó a Inglaterra conocí a un muchacho que, al verme, se burlo de mis pecas y a mi no me cayó nada bien… – suspiró –

-por ese suspiro podría jurar que terminaste enamorada de él… - dijo Hanz con una sonrisa.

Candy se ruborizó.

-si, Terry y yo nos enamoramos, resulta que estudiamos en el mismo colegio….pasamos muchas cosas juntos en esos tiempos…pero el destino no quiso que estuviéramos juntos.

-¿Por qué? ¿Qué pasó?

-una chica, Elisa, ella siempre me odió. Un día nos puso una trampa. Nos mando una nota a Terry y a mí para citarnos en el establo del colegio a media noche diciendo que era urgente. Los dos acudimos y entonces la rectora, que recibió un anónimo alertándola de lo que sucedería, nos encontró a Terry y a mi a solas, pensó lo peor de nosotros y decidió expulsarme, dijo que él y yo no podríamos seguir juntos en la misma escuela porque seriamos un mal ejemplo para los demás estudiantes.

-¿y te expulsó solo a ti? ¿Que pasó con tu novio?

-su padre es un Duque y, como era el principal patrocinador del colegio, la rectora no le hizo nada. Terry hizo todo lo posible por ayudarme pero fue en vano, así que… él se fue del colegio, se fue para que yo pudiera quedarme y no dañar mi reputación. El se sacrificó por mí. – una lágrima escurría nuevamente sobre su mejilla.

-se nota que te amaba mucho, y tu a él. ¿Lo sigues queriendo verdad?

-si – respondió en un sollozo

-y ¿Qué paso después?

-Terry siempre quiso ser actor y se fue a Nueva York para perseguir su sueño. Cuando me enteré de que se había ido del colegio yo decidí irme también, regresé a mi país resuelta a renunciar a todo, a los Andry y a convertirme en una dama de alta sociedad. Luego decidí hacerme enfermera y me fui a estudiar a Chicago. Un día vi un periódico que hablaba de un prometedor actor y había una foto suya, Terry se presentaría con su compañía teatral en la ciudad. Yo fui al teatro ilusionada pensando que nos reencontraríamos y que nunca nos volveríamos a separar, pero esa noche no pude verlo. De algún modo él se enteró que yo fui al teatro y que estudiaba en un hospital. Finalmente solo pude verlo unos instantes cuando el se iba en el tren.

Después seguimos en contacto por cartas. El ganó su primer protagónico en "Romeo y Julieta" y me invitó al estreno en Nueva York. Yo estaba feliz y muy emocionada de poder estar con él nuevamente. Cuando llegué a Nueva York noté extraño a Terry. Luego supe que la chica que interpretaría a Julieta le había salvado la vida al protegerlo de unas luces que cayeron desde lo alto del escenario durante un ensayo, y a ella le tuvieron que amputar una pierna. Susana también amaba a Terry. La madre de ella presionó a Terry para que se casara con su hija en pago por el daño que sufrió, él se sentía muy culpable y no tenía corazón para abandonarla. Susana intentó suicidarse al darse cuenta de las cosas, no quería ser un obstáculo entre Terry y yo. Pero afortunadamente llegué a tiempo para impedir que se aventara al vacio.

-¡Candy, tú la salvaste…!

-si, y al ver que su amor era tan grande como el mío decidí romper con Terry para que él se casara con Susana. Regresé a casa con el corazón roto y no lo he visto desde entonces. Pero no podía vivir con ese dolor tan grande, pensaba en él todo el tiempo y era inmensamente infeliz. Y esa es la segunda razón por la que vine aquí, para tratar de olvidarlo manteniéndome ocupada salvando vidas.

-es increíble. Has pasado por tantas cosas siendo tan joven….y él, ¿se casó con esa chica?

-aun no.

-creo que cometiste un error al decidir por los dos Candy, de seguro Terry también ha de estar sufriendo.

-si, ahora me doy cuenta que fue una decisión precipitada y errónea y quiero repararlo, pero no se si aun esté a tiempo.

-nunca es demasiado tarde Candy, ¿Por qué no vuelves a buscarlo?

-lo haré pero a su debido tiempo. El padre de Terry y yo acordamos que regresaré a buscarlo al cabo de un año, mientras me quedare aquí para seguir con mi labor.

- ¿y si él se casa durante este tiempo?

-el Duque me prometió que hará lo posible por evitar que él se case, y yo le dije que estaba bien, pero si veía que él y Susana eran felices juntos, entonces me avisaría. A veces me inquieta mucho pensar que tal vez él me ha olvidado y que es feliz con ella…es una duda que me tortura desde hace tiempo.

-no te angusties pensando en eso Candy, yo creo que él te sigue amando, su amor ha pasado por tantas pruebas que lo único que ha logrado es fortalecerlo mas. No pierdas la fe Candy.

-Gracias Hanz. Me siento mucho mejor ahora que te platique todo esto.

-de nada, a mi me agrada haberte ayudado a desahogarte un poco. Aun no puedo creer todo lo que te ha pasado, has sufrido mucho y sin embargo siempre tienes una sonrisa para regalar a todos, nos contagias con tu optimismo, ¡eres mejor que una psicóloga!

Candy rió a carcajadas cuando escucho la ocurrencia de Hanz, el chico se quedó maravillado de ese sonido.

-te ves mucho mas linda cuando ríes, que cuando lloras…

Ella no podía creer lo que escuchaba, al instante dejó de reír y recordó a Anthony y Albert.

-¿pero porque dejaste de reír así de pronto?, ¿dije algo malo?

-no, es solo que dos personas me habían dicho lo mismo anteriormente y me trajo bellos recuerdos.

- ¿ah si?, ¿quienes?

-Albert y Anthony. Sabes, ellos dos eran muy parecidos. Un día conocí a Albert y me dijo lo mismo que tu. Después conocí a Anthony y él también me dijo exactamente las mismas palabras, pensé que era la misma persona, pero no, Albert era tío de Anthony. ¡Eran idénticos!...Oh, Anthony…

- cada vez que dices su nombre lo haces con el mismo tono, lleno de nostalgia y amor…

-es que el era un ser maravilloso. Le gustaba cultivar rosas, un día cultivó un tipo único de rosa y la llamó "Dulce Candy" en honor a mí. Anthony decidió que el día que esa rosa floreciera sería mi cumpleaños, ya que yo nunca supe que día nací. Así que esa rosa única en su especie fue el regalo de Anthony para mí, mi primer regalo de cumpleaños en mi vida – cerró los ojos para recordar ese bello momento en que vio junto a Anthony como se abría el capullo de la rosa blanca.

- es muy lindo, ¿y que día fue ese?

-un 7 de mayo – respondió aun con sus pensamientos en otro lugar y tiempo.

-entonces, muy pronto es tu cumpleaños Candy, hoy es 4.

-¿Si? no lo había pensado – aterrizó a la realidad.

-tendremos que festejarte, te lo mereces.

-oh no, no estamos en tiempos de festejar nada, ni lo digas.

-esta bien Candy, pero no sería mala idea ¿no crees? para olvidarnos un poco de la guerra.

-tal vez… pero ya me tengo que ir, ¡mira la hora que es!, se nos paso el tiempo contándote la historia de mi vida.

-fue una noche increíble. Ha sido un placer conocerte Candy, ahora te admiro mucho más.

-¡vamos, no es para tanto! Hasta mañana Hanz, que descanses.

La noche había caído y Candy se fue por fin a descansar.

En Nueva York. El día que Susana y Greg fueron a cenar algo cambió. Greg llevó a Susana a su casa y se despidieron fríamente ya que ella se sentía totalmente confundida y quería estar sola para poner sus ideas y sentimientos en orden. Greg sintió temor de que Susana no le volviera a hablar, ¿y si había hecho mal? Se preguntaba una y otra vez.

Por su parte, Terry no dejaba de darle vueltas al asunto de Candy, ¿sería cierto o no lo que le dijo Elisa?

Todos tenían dudas que torturan.