HI! ¿Cómo están?

Alice D.K.W: sí XD pero yo después de escribir esa imagen olvidé que la llevaba (?) Dos personajes serenos... mmmmm cuales? XD irás viendo que Asami pierde bastante frecuente los estribos, por culpa de lo que le ha sucedido y que hoy entenderás. Este capítulo cuenta lo de las vendas (incendio) ;) sí! quise hacer pavo de navidad con asami (?) X'D y por cierto irás viendo que la excusa de hacer Asami me ha servido para hacer pruebas de sufrimiento a mis personajes de como reaccionarían a cada situación (?) sí, eso es lo que hice, porque estaba investigando de si le sucedía algo así a Shinichi o a Ran como los haría reaccionar... y así nació Asami (mezcla de los dos) XD Yui tiene 31 y aún no se ha casado con Shouta ni tiene hijos (?) Shinichi de 40 fue mucho más sexy en mi mente de lo que realmente escribo por aquí XDDDDD jajajajajajajajajajajaja espera sentada lo que sea lemon y lime, porque no empieza hasta la tercera temporada (?) o hasta el final de esta (?) a no ser que haga un especial con Shouta y Yui XD como que era un amor que le hiciste? ¬¬ sigue siendo un amor ¬¬ pronto se enterará (?) si sigues leyendo quizás se entere XDDD besos! amor! y pan! :3 (parecemos peeta (?)) XD encuentro extraña esta expresión en serio XD

0-Kisame: Bueno jamás dije que me olvidara de la uni. Me olvido de los nombres XD no te acuerdas de que Rof nos dijo acerca de ayudar a un amigo suyo a montar un restaurante en modo tintorería en paseo de gracia. Ni siquiera vi el restaurante, pero me lo imaginé y lo hice por mi historia XD valor añadido XD ya casi no me acuerdo, solo recuerdo el trabajo del Zara... cerca paseo eh? yo estoy unas cuantas calles más a la izquierda de eso XD

Bueno, mejor sigamos con lo que toca XD que disfruten la relación que une el pasado de Shin con el pasado de Asami ;)


Por los años: la herencia Black

Capítulo 06: Pesadillas

Asami se quedó mirando al techo de su habitación. Ese extraño día, la había llevado al insomnio de nuevo. Mientras respiraba con tranquilidad, su cabeza repasaba cada rincón de su habitación. Habían sido tantos años fuera… había sido tanto tiempo lejos de sus amigos, de su familia… no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido. Se había esforzado tanto en llegar hasta allí. Se giró de lado en la cama, poniendo sus brazos bajo la delgada manta. Estaba empezando a refrescar. Se quedó mirando su pequeño escritorio. Parecía no tener más espacio que para su ordenador portátil. Desvió los ojos hacia el reloj encima de su mesita de noche. Ni siquiera era medianoche y ella estaba más despierta que nunca. Las palabras de su hermana le pasaban una y otra vez por la cabeza. Que su padre no supiera que ella pertenecía al FBI, era exactamente lo que ella quería. Sabía que si su madre se enteraba la sacaría de allí a rastras, y su padre seguro les pediría que la echaran de allí. Ellos les harían caso. Que la vida de Yui fuera alrededor de la BO no era algo que ella conociera del cierto, pero sabía que la verdadera madre de ella había estado luchando contra su ex marido que pertenecía a esa gente, así que estaba claro que algo debería de haber. De no ser porque ella se alejó de la familia que ahora estarían todos muertos… eso no podía ser posible. Suspiró bajo las sabanas. Tenía que intentar dormirse. Por la mañana había prometido a su madre que iría a ayudarla. Cerró los ojos e intentó olvidarse de esas palabras. Debía de pensar en lo bueno que era estar de vuelta. Ya no tendría que aguantar a esos pesados de su instituto americano y menos ver día tras día una pistola apuntándola en la cabeza. Poco a poco, consiguió tranquilizar su cuerpo, y dormirse.

Flashback

— Hashimoto, Inoue, Okuda… ¿qué hacéis aquí? —preguntó Asami llegando al rellano de la escalera entre el segundo y el tercer piso.

— Queríamos jugar a algo —sonrió Hashimoto Aiko, una niña de rasgos ingleses con el pelo muy rubio y los ojos azules.

— ¿Jugar? —preguntó Asami—. No deberíais de estar aquí a estas horas… y menos para jugar —añadió sabiendo que estas tres chicas no eran precisamente personas que se divirtieran en grupo si no fuera por meterse contra alguien de la clase, normalmente ella.

— Tú tampoco deberías de estar aquí —respondió Inoue Emi, una chica de piel morena, ojos marrones oscuros y pelo rizado.

— Vi las luces encendidas y vine a comprobar —sonrió ella.

— No mientas —respondió la última chica, de pelo castaño claro y ojos verdes—. Sabemos que has venido a encontrarte con Ronald para hacerle daño.

— ¿Qué? —preguntó Asami abriendo los ojos como platos.

Ya sabía del cierto que esas tres chicas eran de las más locas de la clase, pero su grado de locura había llegado al máximo si creían que ella se iba a ver a solas con él. Porque... ¿no era con él con quién se tenía que encontrar, verdad?

— No nos pongas esa cara de actriz, Kudo —susurró Hashimoto sacando unas esposas de entre sus ropas—. Sabemos que has venido a hacerle daño.

— ¿Hacerle daño? —preguntó Asami—. Si ni siquiera sabía que estaba aquí… ¿está aquí? ¿En serio? —añadió al ver como las tres chicas se miraban preocupadas—. Vale, además me hice bruja sin saberlo —se quejó mirando hacia otro lado para no reírse de la cara de enfado que empezaban a poner esas tres jóvenes.

— No te creas que eres mejor que nadie, Kudo —añadió de mala gana Okuda Keiko acercándose a ella—. No eres nadie por muchas actuaciones que hagas.

— Vale… os haré caso —respondió girándose—. Bueno, como estáis vosotras me voy a ir a casa.

— No tan rápido —respondió Aiko poniéndole una de las esposas a Asami en el brazo que tenía agarrado a la barandilla.

— ¿Qué haces? —preguntó Asami mirando como ponía la otra atada a la barandilla.

— No vas a irte de aquí, todo el mundo conocerá lo malvada que eres —respondió Inoue con una sonrisa malvada.

— ¿En qué parte soy malvada? —preguntó Asami mirándola de reojo.

— Les has lavado el cerebro a los Kuroba y a Miyano, pero no te va a funcionar con los demás —respondió la misma apoyándose a la pared con satisfacción.

— ¿Lavado el cerebro? —preguntó la joven Kudo sin saber de qué le estaban hablando—. ¿Por qué debería de hacer eso?

— Ayer escuchamos que Miyano había vuelto, solo para verte a ti —añadió Aiko apuntándole con el dedo con una sonrisa—. ¡Se te declaró! —alzó la voz.

— ¿Y? —preguntó Asami sentándose a la escalera y apoyando su mano libre en su barbilla con cara de aburrimiento.

— ¿Cómo que 'y'? —preguntó desesperada Keiko—. Has hecho que una buena persona como él te quiera.

— Puedes quedártelo —añadió Asami con un susurro y girando la mirada hacia otro lado.

— ¿Qué… que… que… quedármelo? —tartamudeó Keiko.

— ¿Ah, es que no lo quieres? —preguntó Asami cogiendo interés a la conversación—. Creía que él te gustaba…

— ¿A ti no? —preguntó Aiko.

— ¿Así que estáis las tres locas por tener a Miyano? —preguntó Kudo señalándolas con la mano libre y abriendo los ojos como platos de nuevo—. Os juro que yo no le amo en absoluto… os lo dejo tranquilamente.

— ¡Miyano no es un objeto que se pueda vender! —gritó Keiko.

Asami volvió a apoyar su codo en su rodilla y su barbilla en la mano, con cara de aburrimiento.

— Es mi esclavo nada más —añadió sacando la lengua.

— ¡¿Tu esclavo?! —se escandalizaron las tres.

Asami se asustó y se apartó mirándolas.

— No os lo toméis en serio, era una broma —respondió al ver su cara de enojo—. Una broma —repitió—. ¿Y bien? —preguntó rápidamente para cambiar de tema—. ¿Cuánto tiempo tendremos que estar aquí hasta que Ronald aparezca? Estamos al medio de una escalera y yo en media hora tendría que estar en casa, así que no dispongo de mucho tiempo.

Keiko se acercó a ella y la agarró del jersey levantándola.

— No te creas mejor que nosotros por ser actriz, niña —le dijo de mala manera.

— Niña… somos de la misma edad, Okuda —informó por si no le había quedado claro—. ¿Solo habéis venido porque Hanabi os había dicho que os iba a quitar a Miyano?

— Está claro que ya lo has hecho —respondió Aiko—. El corazón de nuestro héroe ha sido arrebatado por una niñata.

Asami suspiró mientras la miraba de reojo. ¿Qué era lo que le veían a ese tipo? Siempre se metía con todos o se mantenía frío con todos. Claro que era un poco más alto que todas ellas y que sus características de hombre guapo ya se habían notado, pero… Asami conocía de donde venía, conocía el pasado que Shiho-oneechan le había contado, así que era algo que no le atraía en absoluto. Era inteligente, pero utilizaba esa inteligencia para hacer cosas extrañas o malvadas. Nunca se daba por vencido, pero tampoco se arriesgaba a perder su faceta de chico 'cool'. Y a veces su mirada daba miedo. Parecía un gamberro guapo y con ganas de juerga, que no el típico chico que quisieras como amigo o como novio.

— ¿A qué viene esa cara? —preguntó Emi bajando un par de escalones para verla bien.

— ¿Qué cara? —preguntó Asami—. Es mi cara.

— No… estás aburrida…

— Entonces que empiece la fiesta —escucharon a la voz de Hanabi por el lugar.

Fin del Flashback

Asami abrió los ojos. Se había dormido con pensamientos que le habían llevado de nuevo a ese lugar. Su respiración se había agitado de nuevo y sus pulsaciones se habían acelerado. Sus orejas emitían un pitido extraño que le indicaban que su cabeza había forzado el final de esa pesadilla. Cerró los ojos con fuerza dispuesta a soltar un par de lágrimas, pero se incorporó de golpe. Con solo unos segundos de abrir los ojos había visto la ventana abierta. Ella nunca dejaba abierta la ventana. Abrió los ojos viendo delante de ella lo que se temía. Una mano le cubrió la boca y la empujó hacia abajo, apretando con fuerza en contra de su cama. Miró a su atacante. Pelo rubio y largo, ojos azules… definitivamente ese era el hijo de Ginebra, era idéntico a las fotos que su padre le había mostrado de ese criminal. Cerró los ojos con fuerza. Tenía que tranquilizarse y pensar rápido en cómo hacerlo para salir bien de allí. Era de noche, el silencio se notaba en el barrio, y no quería que sus padres se enterasen de eso… pensó en varias opciones. La primera, la de golpearlo y echar a correr, quedaba descartada, porque en ella quedaba implícito el grito de Ronald que despertaría a toda la familia. El segundo, tranquilizarse y esperar a que se cansara de intentar asfixiarla, aunque la dejara respirar por la nariz, también, ya que su pulso estaba aumentando con rapidez, y cada día tenía más miedo de ese hombre. La última opción era la valida. Asami levantó la mano hacia la cara del joven y acarició su mejilla. Él la soltó de su mano. Asami levantó la pierna con fuerza golpeándolo mientras le ponía la mano en la boca para ahogar su grito. Después de un leve forcejeo, las tornas habían cambiado. Esta vez Asami estaba arriba y Ron abajo. Pero su pulso no aminoraba y eso le hacía perder las fuerzas considerablemente. Eso era lo que ese tipo también sabía. Aprovechando el momento, hizo fuerza para tirarla al suelo. Un golpe sonoro. Dolor en la espalda y de nuevo su boca, y ahora también su nariz, era cubierta por la mano del chico que ahora sonreía victorioso. Pero su expresión cambió en cuanto escuchó que alguien se apresuraba por el pasillo. Se levantó mientras Asami cogía aire tosiendo. Shinichi apareció por la puerta de la habitación de la chica, justo en el momento para ver una figura yéndose de la habitación.

— ¿Asami? —preguntó acercándose a ella—. ¿Estás bien?

Ella afirmó con la cabeza. De nuevo las miles de imágenes del incendio le pasaban por la cabeza como agujas se apretó la frente con fuerza mientras su padre la abrazaba preocupado. Ran llegó en seguida a la habitación.

— ¿Qué ocurre? —preguntó la mujer viéndolos.

— Nada, no te preocupes —sonrió Shinichi—. Vuelve a la cama.

— Pero Asami… está llorando —susurró su madre preocupada.

— Vete, vete —respondió el policía sabiendo que luego debería de contarle lo que había visto.

Notó como su hija se agarraba con fuerza a su jersey del pijama. Le puso una mano en la cabeza para intentar tranquilizarla mientras notaba como lloraba en silencio. La acarició levemente. Asami notaba como poco a poco su pulso se normalizaba. Su padre siempre la había protegido de maravilla y en esos momentos eso era lo que necesitaba… que alguien la protegiera.

— ¿Quién era? —preguntó finalmente Shinichi.

— Papá… tengo… tengo que contarte algo —susurró la chica secándose la cara aún en medio del agarre del hombre.

— ¿Qué ocurre? —preguntó él.

— El incendio… en ese incendio… —susurró la chica sabiendo que le habían dicho que estaba allí por casualidad—. Yo fui a ese incendio sin saberlo…

— ¿Asami qué es lo que ha ocurrido? —preguntó Shinichi apartándose un poco de ella para ver sus ojos azules tan parecidos a los de Ran.

— Un chico de mi clase intenta matarme… —susurró Asami—. No… no quería asustaros y por eso…

— ¿Cómo se llama? —preguntó Shinichi.

— No… no puedo… decirlo —tartamudeó ella.

— Asami, por favor… —pidió su padre volviéndola a abrazar—. ¿Qué ha ocurrido?

— No lo sé… de… de repente la ventana estaba abierta… yo no sé qué ha ocurrido… —explicó.

— Está bien —sonrió Shinichi—. ¿Qué te parece si nos vamos a tomar un poco de té en el comedor?

Ella afirmó con la cabeza.

— Ve con tu madre un momento, ¿vale? —preguntó ayudándola a levantarse.

Asami afirmó con la cabeza y abandonó la habitación. Shinichi se acercó a la ventana. No parecía haber sido manipulada, pero tampoco podía ver algo que fuera lo contrario. Sabía que Asami nunca dormía con la ventana abierta, que siempre se aseguraba de cerrarla bien, estuvieran donde estuvieran. Miró al lado del pastillo de la ventana. Alguien había conseguido abrir la ventana por allí. Quizás sería hora de cambiar esas ventanas tan antiguas. Agarró un pañuelo y cerró la ventana. Se giró para irse, pero el ruido de la ventana romperse le hizo girarse de nuevo. Miró donde debía de estar el cristal, pero allí no había nada. Miró al suelo… los cristales y una piedra grande. Se acercó con prisas a la ventana y miró a fuera. Un joven de pelo largo y rubio lo miraba desafiante. Shinichi abrió los ojos como platos mientras Ran, Asami y esta vez Yoh llegaban a la habitación para ver lo que ocurría. Hanabi Ronald le hizo señas a Shinichi para decirle que los estaría vigilando.

— Otra vez no… —se quejó el policía viendo como el joven se iba a paso decidido por la calle.

— ¿Otra vez qué? —preguntó Ran asustada por si se había hecho daño.

— ¿Estás convencida de que no sabes nada más Asami? —preguntó mirándola de reojo.

— Lo siento… no… no sé… —la chica se agarró la cabeza con fuerza, le dolía horrores.

— Está bien —suspiró—. Más os vale que os vistáis —añadió—. Voy a tener que llamar a Hattori.

— ¡¿Qué?! —se escandalizó la joven—. ¡¿Por… por… por… por qué?!

— Porque alguien acaba de romper la ventana de tu habitación Asami —sonrió Shinichi—. Eso es destrucción de la propiedad…

Asami bajó la cabeza.

— Lo siento… —susurró.

— ¿De qué? —preguntó Shinichi—. No creo que hayas hecho nada malo… más bien el que ha lanzado esta piedra —se quejó señalando al suelo—. Que podría haberme dado a mí perfectamente, pero no le ha dado la gana, así que más bien ha sido un aviso.

Asami miró el reloj de su mesilla de noche, con los números digitales en rojo. Solo eran la 1 de la madrugada… iba a ser una noche muy larga… En menos de una hora, Hattori Heiji estaba en el comedor de su casa. Ran y Yoh estaban sentados en el sofá mirando la televisión mientras Asami era interrogada por los dos policías, con una taza de té caliente delante de ella. La realidad era que la cabeza de la joven parecía que tendría que explotar en cualquier momento. Hacía menos de una semana que había vuelto a Japón y ese loco, que ella conocía a la perfección, la había seguido. De nuevo las imágenes de esa horrible pesadilla, que para ella era la realidad de hacía dos semanas, le pasaban como flashes recordando el porqué se había despertado. Fuego… la cara del chico le apareció de nuevo, recordándole porque se había quedado tanto tiempo en Estados Unidos. Apoyó la frente en la mesa de madera, había pensado en golpearla, pero así solo hubiera aumentado su dolor, no hubiera conseguido nada. Cerró los ojos e intento pensar en alguna pequeña mentira para decirle a su padre y que no la encerrara en la casa de por vida por tener un acosador.

— Papá, este chico me ha seguido desde América —susurró finalmente—. Nunca había hecho algo así, pero… —informó finalmente en un susurro levantando la cabeza—. No se me ocurre nada por el que debería de haberme hecho esto.

Shinichi miró a Heiji.

— ¿Qué ocurre? ¿Por qué te preocupa tanto que pueda conocerlo? —preguntó el moreno.

— Pelo rubio, largo hasta la cadera… —murmuró el padre—. ¿Te suena de algo?

Heiji chasqueó la lengua.

— ¿Por qué el hijo de… ese tipo quería hacerle daño a tu hija? —preguntó Hattori señalando a la chica que volvía a tener la cabeza encima de la mesa.

— ¿Y a mí qué me cuentas? —preguntó Shinichi—. Pero algo está claro y es que ese niño tuvo contacto con su padre.

— ¿Qué niño? —preguntó Asami levantando la vista y haciendo ver que no conocía la historia, ya que su padre se enfadaría si se enteraba de que había estado investigando.

Heiji frunció el ceño mirándola.

— ¿Qué padre? —preguntó Yoh poniéndose de rodillas al sofá y mirándolos por encima del respaldo.

— No es asunto tuyo —respondió Ran haciendo que el niño se sentara bien.

— No voy a decirte —respondió Shinichi mirando a su hija.

— Papá no soy una cría —respondió ella—. Si es por uno de tus casos, enhorabuena, acabas de castigarme por doble porque mamá no quería que me metiera en ninguno.

Shinichi arqueó una ceja mientras Heiji la amenazaba con la mirada.

— No me hables en ese tono —respondió Shinichi amenazante.

Ella se cruzó de brazos y desvió la mirada.

— Lo siento… —susurró.

Estaba agotada y su cabeza ya no reaccionaba ni siquiera el cincuenta por ciento. Cerró los ojos mientras escuchaba las voces de los dos policías intercambiando palabras rápidas y silenciosas que no podía llegar a entender.

Flashback

— ¿A qué viene esa cara? —preguntó Emi bajando un par de escalones para verla bien.

— ¿Qué cara? —preguntó Asami—. Es mi cara.

— No… estás aburrida…

— Entonces que empiece la fiesta —escucharon a la voz de Hanabi por el lugar.

Todas se miraron entre ellas y se quedaron de pie. Keiko, Emi y Aiko se acercaron al rellano, para ver la parte de arriba de las escaleras. En ese momento todo quedó rodeado por llamas. Asami se agarró a la barandilla. Estaba atada en ella y no podía moverse, la mitad de las escaleras de subida estaban quemándose y la mitad de abajo. Por entre las barandillas de las escaleras pudo ver la cara de Jun con una sonrisa.

— ¿Qué haces? —preguntó Asami—. ¿Por qué haces esto?

— Me rechazaste —sonrió él mientras Keiko, Emi y Aiko se abrazaban entre ellas arrinconándose al lado de la chica Kudo—. Si yo no puedo tenerte no lo hará nadie.

— ¡¿Qué maldita excusa es esa, Jun?! —gritó ella buscando algo con lo que pudiera sacarse las esposas y salvar a esas tres chicas que estaban aterradas—. ¡¿Qué pretendes, matándome a mí y a estas pobres chicas que solo han seguido tus consejos ciegamente?!

— ¡No me grites! —respondió él gritando más que ella—. Sabes que no aguanto los gritos —se quejó bajando la voz de golpe y sacando una cámara por la barandilla—. Voy a llevarle a mi padre la prueba para él. La familia Kudo por fin destruida.

— ¡¿La familia Kudo?! —preguntó la hija—. ¡¿Tú estás loco?! ¡¿Te crees que mi padre, los Miyano o los Kuroba se quedarán de brazos cruzados después de esto?!

Asami finalmente encontró un clip en su pelo, con torpeza intentó abrirlo. Pero, parecía que lo que le habían enseñado las pocas veces que habían estado con ella Hiro y Takeshi, no le servía en circunstancias como esas. Puso el clip en las esposas, pero terminó al suelo en medio de las llamas. Se giró para ver a las tres chicas que se iban yendo hacia el cristal del rellano que daba al exterior.

— ¡Saltad! —gritó Asami—. ¡Así al menos podréis salvaros! ¡Hacedlo!

Las tres se miraron a la chica como si estuviera hablando en un idioma completamente desconocido para ellas. Aiko miró hacia la ventana.

— ¿Estás loca? —preguntó—. Esto es casi el tercer piso…

— ¡¿Prefieres morir quemada?! —preguntó Asami—. ¡Por favor! ¡Si saltáis encima de los árboles podréis parar un poco la caída y salir con algunos rasguños! ¡Hacedlo! ¡Contad lo que está ocurriendo! Decidle al mundo quien me ha hecho esto… —susurró mostrándoles de nuevo las esposas.

Keiko se asustó. Se acercó a ella corriendo e intentó sacarla de allí. Tiraba con fuerza de las esposas, mientras Emi y Aiko empezaban a toser por el humo.

— Arrodillaros, no respiréis el humo —susurró la chica tirando de nuevo de las esposas.

Asami se agarró a la barra y tiró para deshacerla. No parecía que fuera a ceder y el fuego ya las estaba alcanzando.

— Vete… —susurró la chica Kudo.

— No pienso dejarte aquí —respondió Keiko mirando hacia Ronald—. Y menos cuando este parece pasarlo tan bien, a nuestra costa.

— Por favor… tenéis que avisar a alguien, Okuda —susurró Asami empujándola hacia arriba de las escaleras.

— No voy a moverme de aquí —añadió pateando el cristal para que al menos el humo saliera de allí, y mientras Ronald empezaba a reírse sonoramente—. Aiko, Emi, saltad e id a pedir ayuda.

— Pero… yo no puedo… —susurró Emi—. Tú eres la que más probabilidades tienes de saltar de esta altura…

— ¡Saltad ahora! —gritó Asami al ver que las llamas con la entrada del viento habían avanzado con mucha rapidez.

Las tres se giraron para verlo, pero…

Fin del Flashback.

— Asami, despierta, Asami —susurraba Ran.

La chica se había dormido y se había caído de la silla. Temblaba y tenía un sudor frío, mientras murmuraba cosas que Yoh no podía entender. Shinichi y Heiji bajaron para ver lo que ocurría, mientras el niño pequeño miraba a su hermana extrañado y preocupado.

— ¿Qué le ocurre? —preguntó Heiji arrodillándose a su lado.

— No lo sé… —susurró Ran.

— Okuda… salvaros… vosotras… salvaros… saltad… —murmuraba la chica—. Jun… déjalas ir…

— Asami… —Shinichi la incorporó e intentó despertarla con suavidad, pero ella apretaba con fuerza los ojos y no despertaba—. ¡Asami! —gritó de repente asustando a Yoh, que no se lo esperaba—. ¡Asami despierta!

La chica abrió los ojos de golpe. Mientras miraba a su alrededor, intentando situarse en el lugar y reconocer las personas que estaban a su lado, su respiración iba acelerada y su corazón empezaba a dolerle.

— Papá… —susurró al reconocerlo.

— ¿Estás bien? —preguntó Ran con rapidez mientras Shinichi se mantenía callado y sorprendido.

Podía reconocer la cara que su hija estaba teniendo en esos momentos.

— Mamá… —susurró al verla preocupada.

Shinichi la levantó y la tumbó al sofá.

— Quédate con ella, Ran —susurró él mientras le hacía señas a Yoh para que se quedara con ellas—. Nosotros ya estamos, en seguida vuelvo.

Empujó a Heiji hacia fuera del comedor apartándolo de donde alguno de ellos pudiera oírlos.

— ¿Va todo bien? —preguntó Heiji—. ¿Qué ha sido eso?

— No tengo ni idea —susurró Shinichi observando cómo Yoh acariciaba la cabeza de su hermana—. Pero, Hattori, su cara…

—¿Su cara? —preguntó el moreno—. Parecía tener miedo de algo.

— Esa era la misma cara que tenía yo… —informó Shinichi bajando la cabeza y apoyándose a una de las paredes del pasillo—. No es miedo… es terror…

Heiji lo miró en silencio, mientras Shinichi cerraba los ojos.

—¿Quieres que averigüe algo, o que mi hijo haga algo por ella…? —susurró al cabo de un rato.

— Hablaré con mis padres, si me pueden decir exactamente lo que ha ocurrido… —susurró Shinichi—. Por favor… si veis al hijo de Ginebra, avisadme.

— Por supuesto —sonrió el moreno—. Nos vemos mañana —respondió con una sonrisa mientras abría la puerta para salir.

— Hattori —le llamó una última vez Shinichi mientras el claror de la mañana llegaba por la puerta abierta—. Gracias.

— No hay de qué —respondió él sin ni siquiera pararse.


Espero que les haya gustado y dejen reviews porfi! Que esto está muy triste sin sus comentarios o críticas TT : TT

Hasta otra!

^^Shihoran^^