Hola! De nuevo, quiero agradecer a la gente que lee este fic y les gusta. También, quiero avisar que porque estoy de exámenes y muy cargada de otras mil actividades, voy a pasar un tiempo sin actualizar. Por eso, esta vez voy a subir varios de los capítulos que ya tengo escritos.
Ahora que recuerdo, este capítulo les va a gustar mucho a los fans de Yi Jeong y Ga Eul. Ya van a ver.
Prueba de vestidos.
Ga Eul acababa de llegar a casa, completamente exhausta. Al menos ahora que vivía en su departamento y no con sus padres, podía estar un poco más relajada y hacer lo que quisiera en su espacio, así que ce sacó los zapatos y empezó a desabotonar su camisa para ir a darse un baño, y en ese momento...
- Buenas noches, Ga Eul.
- ¡AHHHH! - gritó, mientras un color rojo se extendía por su rostro y todo su cuerpo.
Inmediatamente se cubrió, pero durante unos segundos, él pudo ver perfectamente el torso de Ga Eul sin nada más que su brazier. Aunque algunas veces la había imaginado... nunca pensó que sería tan perfecta... tan deseable.
- ¿Por qué todavía me miras? - preguntó ella - ¡Date vuelta! - al oír el enojo de su novia obedeció al instante - ¿Qué haces en mi casa?
- Sólo quería darte una sorpresa. - se excusó – no sabía que tú llegarías y... bueno, ésto.
No podía estar más enojada que en ese momento. Pero contó hasta diez e intentó calmarse.
- Me esperas aquí, mientras voy a cambiarme. Que sea la última vez que me haces algo como esto, Yi Jeong, o...
- ¿O qué? - preguntó él, muriendo por acercarse a ella, pero temiendo más lo que ella podría hacer.
- O verás...
Se dio una ducha rápida y se puso un sencillo vestido rosa, se cepilló el pelo y en quince minutos estuvo lista. Entró a la cocina, y se encontró con la mesa servida para dos, y unas velas encendidas.
- ¿Y esto?
- Tenía ganas de cenar contigo hoy. Como estás demasiado ocupada en tu trabajo como recordar a tu novio, entonces parece que debo ser yo quien te recuerde que tienes uno.
Ella sonrió, y se acercó a él, muy cerca a su rostro, con las frentes tocándose.
- No puedo olvidarme que soy novia de Yi Jeong, es una pesadilla que me persigue todo el tiempo.
- Pero qué linda pesadilla, ¿verdad?
Y él sonrió. Esa sonrisa que nadie en el mundo debiera poseer. Cómo amaba esa sonrisa.
Él la hizo sentarse, y cenaron tranquilamente, contándose lo que había sucedido en el día, hablando de la próxima boda de sus amigos, y de Maya, la chica que debía atrapar a Ji Hoo sin saberlo.
- Ella es muy buena. En verdad creo que Ji Hoo podría enamorarse de ella.
- Ji Hoo no se enamorará por una razón tan sencilla como esa.
- ¿Y qué necesita entonces? ¿Acaso todas las chicas deben ser rechazadas, llevar al chico hasta su casa cuando se emborrachan, hacerle encontrar a su primer amor, soportar sus infantilismos, participar en citas falsas y luego, cuando se rinden, esperar por cuatro años a que el chico regrese?
- Pero funcionó para ti, o no.
- Ji Hoo es mucho más bueno que tú, Yi Jeong. Seguro que no todas las chicas necesitan pasar por eso sólo para conseguir un novio.
Yi Jeong suspiró, claro que él quería a Ga Eul para mucho más que para una novia. Pero aún no encontraba la forma de decírselo, aunque sabía que debía ser pronto, o cualquier otro se le adelantaría. Había esperado por Ga Eul demasiado tiempo como para estar absolutamente convencido de que ella era lo que él quería para el resto de su vida.
- Sabes que eres mucho más que eso. Sabes que en verdad te quiero, ¿lo sabes?
No supo por qué había dicho eso, pero quería estar seguro que ella conociera sus sentimientos.
- Regresaste a mi, Yi Jeong – dijo ella – no hay forma de que dude de eso.
Jan Di pidió permiso al abuelo para salir horas antes el jueves: iban a ver los vestidos de novias. Por supuesto, para esto Ga Eul y Maya debían acompañarla. Le costaba creer que todo era real, que en unas semanas sería al fin la esposa de Goo Joon Pyo, y no habría nunca más nada que pudiera separarlos.
Incluso, había enviado una invitación a Jae Kyung. Nunca podría olvidar lo que esa amiga hizo por ellos al final. A lo que había renunciado. Jae Kyung le envió un correo esa misma mañana, respondiéndole que por nada del mundo se perdería esa boda, que hasta se sentía la hacedora del cuento de hadas.
- ¿Qué les parece este? - dijo, era el segundo vestido que se probaba. Muy sobrecargado, para nada el estilo de Jan Di.
- No parecerás Geum Jan Di– dijo Maya.
- A mi no me gusta, pruébate otro – dijo muy directamente Ga Eul.
- ¿Por qué no se prueban los vestidos ustedes también? - propuso entonces ella, ante las miradas de extrañeza que le dirigían sus amigas – Vamos, será divertido.
Insistió un poco más logrando convencer a Ga Eul. Entonces Maya decidió que ella también podía animarse. Se aconsejaron mutuamente, y encontraron el vestido correcto para cada una.
El vestido de Jan Di era de una fina seda, en forma de corazón en la parte superior, dejaba sus hombros libres y luego de una cinta en la cintura, caía libremente hasta sus pies. Era sencillo, pero hermoso y perfectamente Jan Di.
Ga Eul tenía un vestido que se ceñía a ella en la parte superior, con pequeñas perlas y cristales incrustados, y una falda de volados de tul. Parecía una princesa.
Tres hombres del F4 las observaban sin que ellas notaran aun su presencia. Woo bin sonreía, pero los otros dos miraban fascinados. Yi Jeong no era capaz de apartar la vista de Ga Eul.
Pero de nuevo, era Maya quien ofrecía el mayor contraste. Ella no parecía una princesa, como Ga Eul, ni un ángel delicado, como Jan Di. Su pelo suelto, como no lo había dejado nunca desde que llegó, caía hasta su cintura, pero aun podía verse la pronunciada abertura en la espalda, que acababa casi donde comenzaba la falda. Ésta era de tul, pero más larga atrás que adelante. Adelante, el vestido iba hasta arroba, en el cuello, donde acababa con un lazo. No era un áge ni una princesa, pero...
- Maya es hermosa, ¿verdad? - dijo Woo Bin dirigiéndose a Ji Hooo, codéandole para que dejara de mirar a la chica.
- ¿Qué hacen ustedes aquí? - preguntó Jan Di.
- Estábamos aburridos, y decidimos venir a ver qué se pondría la novia. Lo que no sabía era que habría tres novias en lugar de una. - contestó Woo Bin, el menos afectado de los presentes.
Porque Yi Jeong había decidido que quería ver a Ga Eul ir al altar con ese mismo vestido.
- ¿Y tú con quién te casas, Maya? ¿tal vez conmigo?
- ¿Es esa una proposición, Woo Bin? - preguntó ella, acercándose a él hasta que sus rostros estuvieron a centímetros de distancia, y luego echó a reír.
Los demás observaban asombrados el descaro de Maya.
- Bueno, creo que esto terminó, ése es el vestido que Jan Di usará en la boda, y aquí cada cual va para su casa – dijo Ga Eul, concluyendo el asunto.
Ji Hoo conducía de vuelta a casa, Maya iba sentada a su lado. En todo el camino no había dicho nada.
A pesar de lo que Woo Bin había dicho, parecía realmente interesado en Maya, y ella coqueteaba con él. Ambos se agradaban, así que tal vez... La úncia razón por la que esto le importaba era porque Woo Bin era un conocido Don Juan, y aquel hombre le había dicho que debía cuidar a Maya.
Como un tonto, él pensaba obedecer por segunda vez. Al menos ahora no confundiría las cosas.
- Estás muy silencioso, ¿tanto te afectó ver a Jan Di vestida de novia? - preguntó ella.
Ji Hoo le miró brevemente. Ni siquiera había pensado en eso: Jan Di se veía muy bonita, pero no era la primera vez que la veía de novia. Ver a la fuerte e independiente Maya vestida de blanco fue mucho más impactante.
Como una fuerte tormenta que causa estragos.
- No, no fue malo. - contestó.
- ¿Entonces?
- ¿Me contestarías una pregunta? -
- ¿Si?
- ¿Te gusta Woo Bin?
Como toda respuesta, se echó a reír.
- Woo Bin es muy agradable, y en otras circunstancias tal vez. Pero tal como es mi vida, jamás me permitiría enamorarme de él.
- Permitirte enamorar... entonces crees que tienes el completo control de tus emociones.
- Controlamos nuestros pensamientos, nuestros pensamientos controlan nuestras emociones, nuestras emociones a nuestros sentimientos. Y nosotros somos nuestros sentimientos, Ji Hoo, así que mi respuesta es sí. Controlo mis emociones muy bien.
- ¿Nunca te enamorarías sin proponértelo?
- No. Y sé lo que piensas, pero tú te propusiste amar a Jan Di. Debiste haber empezado sin apenas conocerla, pero te interesaste en ayudarla. Decidiste pasar tiempo con ella. Y al pasar más tiempo y conocer a una persona, eventualmente desarrollas un sentimiento.
Aun era bastante temprano cuando llegaron, y como no había aún nadie del servicio a esa hora. Así que Maya decidió preparar la cena, su plato favorito: pizza. Ji Hoo la vio ir y venir sacando los utensilios, recogiendo las magas de su camisa y poniéndose un delantal para preparar la masa.
- ¿Te gustaría ayudarme? - preguntó de pronto – Lo digo sólo porque estás mirando... si no quieres está bien.
- No, está bien, lo haré.
Comenzó a estirar con ella la masa, y luego, conforme ella decía, cortaba esto y aquello, y lo mezclaban en una salsa.
- No le debes poner mucha sal, ¿sabes? En realidad, hace que no puedas disfrutar mucho el sabor de cada ingrediente.
Le daba consejos, y luego seguía, moviéndose en la cocina como si fuera suya. Cuando el servicio llegó para preparar la cena, ella los hizo esperar.
- A ver... prueba un poco de la salsa, a ver qué tal – dijo, sosteniendo la cuchara en su mano, y dándosela a probar como si de un niño se tratase. - ¿Qué te parece?
Ji Hoo tenía una expresión indescifrable.
- Está delicioso.
Ella continuó, satisfecha consigo misma.
- ¡Listo! - exclamó triunfal.
- ¿Qué es todo esto? - preguntó el abuelo.
Lucía muy serio, pero en realidad, estaba muy contento. Había visto la escena desde un principio, y le complacía ver que al fin su nieto y Maya empezaban a llevarse bien, a ser cercanos. Había esperanzas, por lo menos.
- Lo siento, abuelo. Pero hoy tendremos una cena a mi estilo. ¿Qué dice?
- Pues bien, creo que no me queda otra opción, porque has despedido a todo el servicio, ¿verdad?
Lo que sucedió fue muy inusual, pero Maya se sonrojó.
- Cásate conmigo, Ga Eul.
Yi Jeong la miraba a los ojos con una sonrisa, y sostenía en hermoso anillo de diamantes. Aun así, resultaba difícil creer que era real, y se quedó sin habla con unos instantes. Finalmente, logró articular la única palabra que necesitaba.
- Si...
- ¿Cómo? No oí bien.
- Que sí, quiero casarme contigo.
Entonces Yi Jeong le besó, y nada más existía en su mente que ese mágico momento, de ambos en la pista de patinaje, con las mismas luces artificiales que aquella cita que no fue real, y que sin embargo, les había conducido a este momento. A pesar de todo, había encontrado a su alma gemela, y logró estar con él. ¿Qué más podía pedirle a la vida para ser feliz?
La sonrisa satisfecha de Yi Jeong no se borró ni cuando ya habían llegado al departamento de Ga Eul.
- Antes de irme...
- ¿Si?
Él le volvió a besar, pero esta vez de una forma diferente a las anteriores. No fue sólo un beso dulce y lento. Fue un beso apasionado, demandante, que le hizo perder el aliento y sentir su cuerpo temblar. Por fortuna él la sostenía, abrazándola de la cintura, y atrayendo su cuerpo más a él. Una de sus manos bajó hasta su cadera, y la otra subió hasta rozar uno de sus senos.
Entonces ella lo separó abruptamente.
- Debes irte -anunció sin más – Buenas noches.
Y cerró la puerta sin esperar respuesta.
Ga Eul se tumbó con el cuerpo apoyado en la puerta, y la mano entre sus rodillas, mientras Yi Jeong estaba en una posición parecida del otro lado, aunque sabía que ella no volvería a abrir esa noche.
Maya decidió lavar los platos ella misma, a pesar de las protestas del abuelo y de Ji Hoo, diciendo que no era necesario. Había terminado, y estaba guardando los utensilios en su lugar, cuando sonó su celular.
Le sorprendió que no fuera ningún número conocido. No había conocido a muchas personas a parte de sus compañeros de trabajo, pues pasaba la mayor parte del tiempo o con los niños, o en la casa, o con el F4. Y esos hombres se mezclaban con muy poca gente.
- ¿Quién es? - preguntó.
- Al fin te encontré, hija. Se acabaron las escondidas.
Escuchar esa voz fue todo lo que necesitó. Arrojó el celular al suelo con tanta fuerza que lo hizo pedazos, y cerró la otra mano sobre la hoja de un cuchillo. Vio como la sangre empezaba a caer y machar el suelo. Sin embargo, no era capaz de moverse.
- ¿Qué sucede? - preguntó Ji Hoo, preocupado por el ruido. Ella no le respondió, y él sólo necesitó ver la sangre en el suelo para actuar.
Abrió la mano de Maya y le quitó el cuchillo, sacando el botiquín médico y limpiando la herida. En unos minutos vendó su mano y se sentó junto a ella, pero Maya seguía con la mirada perdida, sin hablar.
Entonces, rompió a llorar. Ji Hoo hizo lo único que se le ocurrió: la abrazó.
- Me encontró, Ji Hoo, finalmente me encontró. Mi padre sabe dónde estoy y no tardará en venir por mi.
- Estarás bien. Somos tus amigos, eres mi amiga. Nosotros te ayudaremos.
- Mi padre no es cualquier hombre, Ji Hoo, no lo conoces... no lo conoces...
Lo siguiente que vio fue oscuridad. Ji Hoo la sostuvo en sus brazos, y la llevó hasta su habitación. Sabía que tenía que hablar con su abuelo de esto cuanto antes, pero lo primero era asegurarse que Maya estuviera bien.
