Aquel mediodía, cuando Trafalgar Law entró en el comedor del submarino, había un gran barullo en una esquina de la larga mesa. Un simple vistazo le bastó para comprobar que se trataba de Penguin, Shachi, Ban, Kujira e Ikkaku, como siempre. Aquellos cinco siempre tenían algo entre manos. Y esta vez era un pájaro marrón dentro de una jaula.

El capitán tomó asiento a una distancia prudencial, pero que le permitía mantener un ojo puesto sobre sus subordinados. Los gritos y carcajadas provenientes de aquel lado de la mesa apenas le permitieron escuchar el educado saludo de Jean Bart y Bepo.

—Buen provecho, Capitán —dijeron con una leve inclinación de cabeza—.

Tanto el oso como Bart tenían la mirada clavada en el muchacho del gorro azul marino, Penguin, que, en aquel preciso instante, reía como un loco mientras le ponía caras graciosas al pájaro.

La voz hastiada de Shachi llegó hasta el medio de la mesa.

—Por el amor de Dios, Penguin, que es un pájaro, no un niño pequeño.

Sin dejar de reír, Penguin levantó la cabeza.

—¡Pero mira! —se excusó—, ¡si le gusta!

—¡Qué le va a gustar! —negó Shachi— ¡Se está riendo de tu cara, so payaso!

Los fuertes brazos de Ikkaku interrumpieron la discusión colándose entre los dos jóvenes y alzando la jaula en el aire. Justo enfrente, Kujira se reía a carcajadas y Ban fumaba su cigarrillo con aire divertido.

—A ver —dijo el navegante colocando al pájaro frente a él—, callaos un poco, que le voy a enseñar a hablar.

Penguin ahogó un grito de emoción.

—¿En serio? —exclamó el joven, maravillado— ¿Puede hablar?

—¡Estos pájaros no hablan, Ikkaku! —protestó Kujira—.

El navegante hizo caso omiso de ambos piratas.

—¡Ikkaku! Ikkaku. Ik-ka-ku —repitió, vocalizando con claridad y mirando muy fijamente al confundido pájaro—.

Trafalgar Law suspiró y miró a su fiel primero al mando, Bepo. El oso parecía deseoso de acercarse a la esquina de la mesa y ver al pájaro más de cerca, pero su atención se centró de nuevo rápidamente en su capitán en cuanto éste abrió la boca.

—¿De dónde han sacado a ese bicho, Bepo?

Todo el mundo sabía que Bepo estaba colado por Law en el sentido más inocente de la palabra, y que la lealtad y la admiración del oso por su capitán eran infinitas. Por ello, el oso polar se sobresaltó y respondió a su capitán aturullándose de puro nerviosismo.

—¡No estoy seguro, Capitán! —balbuceó—. ¡Pero ya estaba aquí cuando atracamos el submarino ayer en esta isla!

Jean Bart intervino entonces, hablando despacio con su voz grave como un ronroneo.

—Ikkaku y Shachi lo cazaron el otro día —informó—. La jaula la compraron en la isla.

Law no estaba en absoluto sorprendido. Su mirada viajó de nuevo hasta la esquina de la mesa, donde el barullo continuaba. Esta vez, sus hombres estaban discutiendo sobre el nombre que debían darle a su nueva mascota. Ikkaku dudaba entre "Señor Cuac" y "Apestoso".

Al capitán de los piratas Heart no le importaba demasiado lo que hicieran sus subordinados, o con qué se divirtiesen, siempre y cuando no fuesen un estorbo para sus planes. Sin embargo, si esto sucedía, ya podían irse olvidando de lo que fuera. Bepo observó la mirada poco impresionada de su capitán. Con toda probabilidad, en aquel momento Law estaba pensando que una gallina ponedora hubiese sido más útil que aquel pájaro.