Hassels — Distrito de Düsseldorf, Alemania.
Edward estaba tirado en el suelo con la espalda apoyada contra un cubo de basura; su labio inferior estaba partido, al igual que una de sus cejas. Delante de él, Eleazar lo miraba con enfado y con los nudillos llenos de su sangre.
—¿Por qué? (...) Necesito que me respondas, Edward. Tengo que oír que tienes una buena excusa para lo que has hecho antes de que saque mi pistola y te vuele la cabeza por gilipollas. (...) ¿Tienes idea de lo que has hecho? EXNA ha colapsado, Carlisle por poco se vuelve loco, ha dado la orden de meternos en todas y cada una de las cámaras de seguridad del país. Tenemos Alemania mejor vigilada que los propios alemanes. Han detenido a gente, Edward. ¿Te acuerdas de Alice? Ahora mismo está en comisaría, también está embarazada de seis meses. ¿Y si va a la cárcel? ¿Qué será de ese bebé? (...) ¡Di algo, joder!
—En EXNA hay un topo.
—¿Te has ido por eso?
—¿Lo sabías?
—Por Dios, Edward. Es obvio que hay un topo. Es la única manera de mantenerte a salvo.
—¿De qué hablas?
—Piensa un poco; si el FBI ya sabe dónde estás dejará de buscarte, ahora solo están siguiéndote en la distancia, eso nos da la oportunidad de seguir operando en tu nombre en otros sitios.
—¿En mi nombre? ¿Qué?
—¿No lo entiendes? Ahora mismo hay un Edward hackeando el sistema de seguridad de un banco en Los Angeles, y pasado mañana habrá otro en España.
—...¿Coartadas?
—El FBI sabe dónde estás, y no te ha capturado porque quieren comprobar si eres el verdadero Edward o no.
—No..., no. Eleazar, no lo entiendes. Eso no va a funcionar.
—No seas pesimista, Edward. Claro que lo hará, y cuando el FBI vea que no eres a quien busca te dejarán en paz. Ellos quieren a Edward, el resto de hackers les dan igual.
—¡No, Eleazar! ¡Escúchame! (...) Mi padre está en el caso. Él... Él habló con la niña de los Aigner. Fue quien me avisó de que había un topo... Lo entiendes, ¿Verdad? Saben que Edward soy yo. No van a dejarme.
—...Levántate. Nos vamos.
—¿A dónde?
—A ver a Rosalie.
—Creí que estaba en Italia.
—No, eso es lo que Carlisle cree.
—¿Entonces...? ¿Un doble?
—Ya sabes cómo es Rosalie, no se fía ni de su sombra. Hasta yo pensaba que estaba en Italia, y soy su marido.
Eleazar ayudó a Edward a ponerse en pie y empezaron a caminar hacia la salida del callejón cuando de entre las sombras apareció un policía.
—¿Y tú quién eres?
—Eleazar, es... Es un policía.
—Eso ya lo he visto. ¿Quería algo, amable policía que nos apunta con una pistola?
—Lo he... Lo he oído todo... , ¡Manos en alto, quedáis detenidos!
Eleazar soltó una carcajada y metió una mano en su chaqueta para sacar su arma. El policía disparó, y la bala impactó contra el cráneo de Eleazar.
—¡No! Ele... ¡Eleazar!
Edward se inclinó sobre el cuerpo de Eleazar y le quitó la pistola. Se giró en dirección al policía y disparó, dos segundos después el policía yacía muerto delante de él.
