— ¿Y a ti que te importa? Esto es entre Kotoko y yo. ¡No es de tu incumbencia! —

— Me meto donde se me plazca. — Posó su brazo alrededor de mi hombro. Me sentí protegida. — Me importa todo lo que se relacione con mi novia.—

¿Qué? ¡¿QUEEEE?!

— ¡Cómo! — Gritó encolerizado.

—N-Novia— Susurre. No supe que pasó después de eso, el poco aire en mis pulmones me hizo perder el conocimiento.

De pronto la imagen cambió a otra, no pude distinguirla bien, todo se encontraba borroso.

—Kotoko...— Su mano recorrió mi rostro, sentí escalofríos. Intenté apartarme pero mi cuerpo no me respondió, como si no fuera mío. Su rostro se encontraba distorsionado, no podía saber quién se encontraba frente a mi, pero su calor me resultaba familiar. Tan reconfortante, tan protector, no sentí miedo. Era como si nuestras almas fueran piezas de un puzzle que fueron creadas para encajar perfectamente una con la otra.

Mi cuerpo se movió por voluntad propia, como si unos hilos invisibles levantaran mis brazos y les hiciera rodear su cuello. Él respondió a mi gesto tomando mi nuca acercándome hacia él. Nuestros rostros se fueron acercando con lentitud, deseosos de cerrar la distancia que los separaba. Nuestras respiraciones se mezclaron, convirtiendo la esencia del uno y del otro en una sola.

La imagen se fue aclarando poco a poco. Pude observar a esos ojos observarme con deseo andes de cerrar los míos.

El color gris quedó grabado en mi memoria.

.

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— ¡Ah!— Un duro golpe azotó mi cara. Mi cabeza se encontraba torcida en el suelo y el resto de mi cuerpo aún permanecía en la cama. Me había caído mientras dormía. Dejé caer mis piernas al suelo quejándome en el proceso. — D-Duele.—

Me quedé mirando al techo por un largo tiempo, esperando a que todo dejara de girar. Noté como pesaba mi cabeza al sentarme. Me dolía todo el cuerpo, sobre todo mi cabeza que pulsaba con fuerza. También sentí entumecida la parte en donde recientemente me había golpeado al caer de la cama, sabía que me saldría un moretón ahí. Sobé mis sienes tratando de aliviar mi migraña, me estaba preocupando. Mis dolores de cabeza se hacían cada vez más frecuentes y estos eran precedidos por esos extraños sueños.

Me puse de pie y me senté en la cama al sentirme mariada. Observe a mi alrededor. La cama se encontraba al lado de la ventana, la cual me daba la vista al jardín trasero de la escuela. Una cortina separaba la cama del resto de la habitación. Reconocí este lugar como la enfermería, nunca había estado antes aquí pero el olor a alcohol me lo confirmaba.

Deslicé la cortina, el lugar se encontraba vacío. Gire mi mirada hacia el reloj de pared, eran las tres y media de la tarde. Supuse que la enfermera se encontraba en su hora de descanso y las clases ya habían terminado, por eso había tanto silencio.

Con facilidad encontré mis zapatillas. Con torpeza me las puse y comencé a caminar hacia la puerta. Al salir note que el pasillo se encontraba desértico, ni un alma deambulaba por ahí. O eso creí.

—Ese idiota... — Gruñí por lo bajo. Al girar a la izquierda se encontraba caminando hacia mí el culpable de los sucesos que ocurrieron antes de desmayarme. Recordé esa sonrisa burlona que se posó en sus labios mientras decía de forma descarada que era su novia.

— Vaya. Hasta que despiertas. Creo que te estaré esperando hasta que anocheciera.— Una botella de agua topó con la cima de mi cabeza. Sentí la boca seca, no había notado que me encontraba sedienta. La tomé con brusquedad y di unos largos tragos. Sentí como la frescura del agua bajaba por mi faringe. Solté un suspiro que no pude reprimir, él sonrió complacido. Me gustaría quitarle esa sonrisa de la cara con un muy bien merecido puñetazo. Si creía que iba agradecerle por esperarme y traerme una botellita de agua está muy equivocado.

—No tenías porque esperarme.— Susurré molesta. Con intención de dejarlo atrás, comencé a caminar de forma apresurada, pero el muy ingrato me alcanzó con facilidad. Sus largas piernas le permitían avanzar grandes distancias de forma rápida. Caminaba con una elegancia parecida a la de un príncipe que contrastaba con la torpeza de mis dos pies izquierdos que hacían un intento de ir más rápido que él. Maldito gigante.

—No tenía. Lo se.— Dijo con indiferente. — Pero estoy seguro que aún no te aprendes el camino de regreso. Y eres tan boba que te hubieras perdido. Quiero ahorrar el regaño de mi madre.—

Detuve el paso de golpe. Aún no puedo entender su extraño sentido del humor. Nunca pude diferenciar sus bromas de sus insultos. Aunque de todas formas yo salgo insultada. Ignoré sus últimas palabras, no tenía ganas de pelear ahora. Tenía una cuestión más importante y no me la iba a guardar.

—¿Porque hiciste eso? — Pregunte refiriéndome a lo que pasó hace unas horas. —Me refiero a lo de Kin. ¿Porque le dijiste... e-eso?—

No entiendo que es lo que pasó. Irie nunca se interesó por mi. Él siempre a tenido cero interés en todo lo que no se relaciona con él mismo. Y siempre ha intentado pasar desapercibido y alejarse de los problemas. No comprendo porque de la nada ya no intenta alejarse tanto de mí.

—Kotoko...— Dijo en un tono muy extraño, como si estuviera ¿preocupado?. No eso es imposible ¿Verdad? — Ese tipo, Ikezawa. Te ha echo algo ¿verdad?—

Abrí los ojos sorprendida. Nunca creí que Irie se diera cuenta. ¿Él lo sabrá?¿Irie sabrá que no soy la Kotoko que se supone que debería estar aquí? No. Eso es imposible. Nadie lo sabe. Nadie sabe lo que pasó en esa horrible casa en Osaka. Y mucho menos el primer Irie que conocí. Él estaba casado y a miles de kilómetros de Japón. Ese futuro ya está borrado de la realidad. Y en caso de que existan los universos alternos y que yo haya viajado de uno a otro de forma mágica, el Irie de ese universo jamás se enteraría de lo que me pasó. Solo de alguna forma u otra, Irie se ha dado cuenta que he estado evitando precisamente a Kin. Solo estoy sobreactuando, no hay ningún peligro que él sepa mi secreto.

Me tranquilice un poco, no me había dado cuenta de que estaba reteniendo el aire en mis pulmones. Miré a Irie, quien aún esperaba mi respuesta. Pensé en alguna excusa coherente, una imagen mental vino a mi mente como un rayo.

—No. Solo he estado molesta por el incidente de la colecta para mi casa.— Recuerdo que al día siguiente que se derrumbó mi casa, Kin realizó una colecta para ayudarme con la reconstrucción. Ese gesto se me había echo tan lindo, aún no entiendo como una persona pudo cambiar tanto. No sé cómo el Kin de este tiempo y mi esposo pueden ser el mismo.

—Pero ese día no fuiste a clases.—

—Y-yo.— Maldita sea, es cierto. Ese día estaba internada en el hospital después de ese horrible golpe que me di. Aún no comprendo que es lo que provocó que me ocurriera eso. Aún tengo terribles migrañas por ese accidente. Pensé en que podría decirle, a ese imbécil nada se le escapa. — Oh como si todo ese alboroto no hubiera llegado a mis oídos.—

— Um claro... — Dijo poco convencido.

— A-aunque de todas formas — Me apresuré a cambiar el tema. — ¿Porque le dijiste que que estábamos... Bueno, tú sabes .—

—¿A que te refieres? No estoy comprendiendo lo que me estás tratando de decir. —Dijo haciéndose el desentendido. Que maldito.

— ¡Sabes a lo que me refiero! No te hagas, tienes la inteligencia suficiente para saber de qué estoy hablando. — Se me esta agotando la paciencia con este hombre.

—Te refieres a nuestro noviazgo. — Soltó acercándose a mi rostro de forma peligrosa. Mi corazón comenzó a latir de forma violenta y mis mejillas empezaron a arder. Y aún así no retrocedí, no iba a permitir que supiera lo intimidada que estaba.

— S-si. Eso. — Maldije el tono tembloroso de mi voz. — Como te atreves a hacer ese tipo de cosas si explícitamente te dije que no me hablaras en la escuela. —

—Primero, yo puedo hacer lo que me plazca. Segundo, esta es una excelente manera de deshacerme de todas esas tontas fangirls. Tercero... — Se alejó de mí espacio personal tomando la botella de mis manos. Respiré más tranquila al tenerlo más lejos. Pero me puse nerviosa de nuevo al verlo dar un largo sorbo de mi botella. Un beso indirecto. — Esto es algo que siempre has querido. ¿No? O a caso te olvidaste de esa mal redactada carta. —

— ¡C-como!— Recordé esa condenada carta de la que me había desechó el primer día en que me fui a vivir con los Irie. Esa cosa había desaparecido del cesto de basura a lo largo de la semana, junto con todos los demás papeles que había desechado. — ¿Revisaste mi basura?. No, peor. ¡¿Entraste a mi habitación?!—

—Ni loco. — Dijo indignado. Su rostro adquirió una mueca burlona. — Por cierto, que mensaje más apasionado. "Gusto en conocerte soy Aihara Kotko de la clase F..." —Maldito, memorizo mi carta. Un flash pasó por mi mente, recordándome una escena similar. — "...Desde hace dos años te he admirado por tu inteligencia y por ser tan genial después de tu discurso en la ceremonia de inauguración..."—

— Espera.. — Tomo mi rostro entre sus manos y se acercó a mí. Intenté alejarme pero al topar mi espalda contra la pared, no tuve escapatoria. Cualquier persona que pasara por ahí pensaría que somos una pareja de enamorados, en lugar de un cazador y su presa.

—"...No tengo esperanza se estar en la misma clase que tú..." —

— Ya entendí. Ahora cállate y quítate de encima. — Mi furia era más grande que mi miedo. No iba a dejar que se aprovechará de nuevo de mi terror.

— "... Irie-kun, te am-" —

—¡Que te calles! — Estampé mi puño contra su rostro. Se alejó de mí con dolor. —¿Porque la leíste? ¡Es mía!— Grité. Unas lágrimas traicioneras salieron a causa del coraje que estaba sintiendo.

—¡¿Qué no era para mí?!— Me miró furioso.

—¡No tenías que repetirla otra vez!—

—¿Otra vez? — Dijo confundido. Caí en lo que había dicho.

—O-olvídalo— Choque mi hombro contra el suyo con fuerza. Camine de prisa alejándome de ahí.

—¿ A qué te refieres con "otra vez"? Kotoko — Seguí caminando, ignorándolo. — ¡Kotoko! —

Agradecí que no me siguiera.

Llegue a casa con el corazón saliéndose de mi pecho. Había corrido las últimas cuadras hasta acá con tal de dejar a Irie atrás. Cuando se tranquilizó mi respiración entré a la casa pasando de largo a mi tía que había ido a recibirme.

—Oh Kotoko-chan me alegra que llegaras, hice estofado de... ¡Ah Naoki! ¡Que te pasó!—

Mi tía a paso apresurado tomo el rostro de Irie, quien recién había llegado, examinando su hinchada mejilla.

— Fue un accidente. — Dijo mientras me miraba con una cara de pocos amigos.

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— Kotoko-Chan ¿Dónde te habías metido? — Jinko dijo con emoción, detrás de ella estaba Satomi. Oh chicas, las había extrañado. Me senté en mi asiento. Me había prometido ya no faltar a clases, necesitaba mejorar mi promedio. Así que a la hora del descanso salí de la biblioteca a mi salón de clase. Por algo se empieza ¿no?.

— ¿Porque no habías venido? ¿Te saltabas las clases verdad? ¿Cómo le hiciste para que se te hiciera con Irie? ¿Él te ayudo con los exámenes? ¿Nos puede ayudar a nosotras?— Una y mil preguntas salieron de la parlanchina boca de Satomi, haciendo que toda la clase nos mirara. Me hundí mas en mi asiento ¡Trágame tierra!. La noticia de mi supuesto noviazgo con Irie corrió como pólvora por toda la escuela. Esto va a ser incómodo. ¡Y todo por culpa de Irie!. Lo bueno es que mis amigas me entenderían si les explicara qué todo es una farsa.

—La verdad es que... —

—¡KOTOKO!— La sangre abandonó mi cabeza al escuchar la voz de Kin.— ¡¿Es verdad que estas saliendo con Naoki Irie?! — Todo el salón quedo en silencio. ¿Tan poco puede durar mi paz y tranquilidad? De verdad no quería encontrarme con Kin. Y mucho menos que se me acercara y me hablara. Sabia que no era buena idea volver a clases.

— ¡Oh por Dios! ¡También duermen juntos!— El grito de Jinko interrumpió el silencio. Mire un sobre blanco en sus manos, mi cara se volvió como el color del papel. Varias imágenes pasaron por mi mente, dándome una sensación de dejavú. ¡El amuleto! Había olvidado aquel incidente con el amuleto que me regalo mi tía para los exámenes. Aquel condenado sobre contenía montones de fotos mías y de Irie. En una de ellas aparecemos él y yo durmiendo sobre el escritorio. Si, dormimos juntos. ¡Literalmente!.

—Dime que no es cierto. — Kin tomó con brusquedad mis hombros. Quise vomitar.— Dime que todo es una broma. ¡Kotoko-Chan, por favor!—

— Kin... M-me l-lasti-mas — Ni siquiera yo misma me pude escuchar de lo bajito que hablé. No tenía la fuerza ni para respirar. Sentí que en cualquier momento me desmayaría.

— Ikezawa. Es la segunda vez que te veo cerca de mi novia. ¿Cómo lo debería de tomar?— Escuche de una voz conocida y miré con sorpresa que se trataba de Irie. Estaba parado en la puerta del salón con los brazos cruzados. Se acercó a paso amenazante.— Así que, suéltala o haré que la sueltes. —

Kin aflojo su agarre y me soltó los hombros. Me aleje de él como si fuera la peste. Irie se puso frente a mi, cubriéndome de Kin. Aprecie su gesto.

— A ti no te tengo miedo nerd. Eso es entre ella y yo. — Apretó sus puños acercándose de forma peligrosa a Irie. Comencé a temblar, no sabía que podría pasar. Tenía miedo de que golpeara a Irie aquí mismo. Kin lo miró con furia, sentía que en cualquier momento se lanzaría sobre él.

— Kin, por favor... — Susurré. El relajo su postura y ladeo su cabeza para poder mírame.

— Kotoko, dime que es lo que pasa ¿Hice algo que te molestará? ¿Porque ya no me quieres hablar? — Me dio tristeza verlo así, desesperado por saber que es lo que sucede. Él no tiene la culpa, aún no. Todavía no ha hecho nada. Pero la imagen del Kin con el que me case eclipsaba a la del inocente que tenía enfrente. Simplemente, aún no puedo enfrentarlo.

Abría y cerraba la boca tratando de decir algo, pero no pude. Las palabras se quedaron atorados en mi garganta por el nudo que se formaba en ella.

— Tal vez ella ya se dio cuenta que no vale la pena relacionarse con personas como tú. — Todos ahí soltaron un sonido de exclamación. Pude ver cómo le dolieron esas palabras, mi corazón se estrujó. Nunca creí volver a sentir lástima por Kin.

— Irie...— Lo tomé del brazo. Me molestó lo que dijo.

— Como sea. Vamos. —

Sin dejarme hablar tomó mi mochila y se la colgó en su hombro. Agarro mi mano y me saco del salón. Estuvimos caminando sin hablar hasta que llegamos a la azotea. Estuvimos callados unos minutos, aún con las manos unidas, hasta que él rompió el silencio.

— Se está haciendo una costumbre muy molesta el estar defendiéndote de ese tipo.— Se giró hacia mí para mirarme. Suavizó sus facciones. — ¿Porque le temes?

—Y-yo no le temo— Mire directo al piso, evitando su mirada.

— Kotoko, sé que mientes. —

¿De verdad? En ese caso ¿Podría contarle toda mi historia? ¿Me creería? No. Quedaría como una loca y sería enviada directito al manicomio. Ni siquiera yo entiendo lo que está pasando. Puedo contarle la verdad a medias, es lo único que puedo hacer. Pero ¿Podré confiar en él? En la persona me ha hecho tan infeliz y a la vez tan feliz.

—E-El me aterra.— Susurré. Levante mi mirada a la suya. No pude contener más mis lagrimas. Me había prometido no volver a llorar nunca más. Pero estando Irie aquí, tomando mi mano y mirándome con esa intensidad que me hacia sentir que todo iba a estar bien, derrumba todas mis barreras. — El está obsesionado conmigo. De una manera casi enfermiza—

— He visto cómo te mira. — Limpió mis lagrimas con delicadeza. — Pero ¿Te ha hecho algo? Alguna cosa que te haga temerle tanto.—

—No. — Aún. No es una mentira del todo. — Pero tengo miedo de que me haga daño. —

— No te va a hacer nada. — Me jaló hacia el, pegando con su mano mi cabeza a su pecho. Aspiré con profundidad su olor, sentí mi pecho revolotear.— No si estás conmigo. —

— Gracias, Irie. —

— Sabia que seguías enamorada de mi, que aprovechada eres.— Dijo bromeando. Levante la barbilla para verlo, abrí los ojos con asombro. Acaso... ¿Irie estaba sonriendo? Nunca lo había visto reír. Su sonrisa era tan... bella. Tan llena de luz.

— Idiota.— Le sonreí de vuelta. De alguna u otra forma creo que nos hemos acercado más uno al otro, eso me llena de paz.

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— Te digo que yo tome el rosado.— Caminamos de vuelta a clases después del descanso, discutiendo. Qué raro ¿no?

— ¿Entonces porque apareció tu bento entre mis cosas? —

—¿Cómo quieres que sepa si yo me lo llevé y luego aparece mágicamente en tu mochila? — Lo mire desesperada. Nuestros bentos fueron cambiados de nuevo, y eso que esta mañana me aseguré de no confundirlos. No entiendo que es lo que está sucediendo.

— Estoy empezando a creer que los cambias a propósito. — Solté una exclamación indignada.

— ¿Porque yo haría algo así?— Giramos hacia el pasillo principal. La zona se encontraba vacía a causa de que las clases habían comenzado.

— No se. Tal vez es excusa para poder acercarte a mí. — Dijo burlón. Le quise golpear de nuevo el rostro.

— No seas idio- — Ambos paramos en seco. Una sensación de haber vivido esto me inundó.

En el tabloide de anuncios se encontraba un enorme cartelón con unos dibujos mal hechos. La frase

"La pareja que esta viviendo juntos" que decía hizo eco en mi mente. Recordé el desorden que se había hecho antes de salir huyendo de mi salón con Irie. Mil mente trabajó a mil por hora al imaginar todos los rumores que se estarán hablando sobre mi durante las siguientes semanas.

Di dos zancadas antes de llegar al tablero y arrancar con violencia a ese tonto pedazo de cartón. Lo arrugué hasta hacerlo bolita y se lo lancé con fuerza al culpable de este problema. Fallé por varios centímetros a su cabeza, maldije mi mala puntería.

—Baka, todo esto es tu culpa. — No sólo la cuestión del noviazgo sino que también ahora todo mundo sabe que vivimos juntos. Bueno, lo de las fotos es por su mama, pero aún así Irie tiene la culpa de todo.

—Pues tu aceptaste eso, ahora te aguantas — Respondió.

—Si fingiremos ser novios, bien. Te arrepentirás. — Dije con malicia.— Yo me encargaré de eso. —

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Espero que les haya agradado el capítulo. No olviden votar y dejar un comentario, se los agradecería muchos.

Tengo una página en face es MitcheLovePage/ ahí subo spoiler y avisos acerca de este fic y muchas cosas más. Muchas gracias y hasta la próxima.