nuevo cap, después de un año, pero no lo voy a descontinuar. Reviewa, recuerden que sin ellos la historia mueres.

Capítulo 5: La falsa Kikyo

Todos concordaban en que la sacerdotisa Kikyo y el gran youkai Sesshomaru se aliarán era todo un evento, aumentándole que eran exactamente como el fuego y el hielo. No lo pensaban como si fuese un plan romántico, aunque lo más seguro era que por la mente de más de uno zarpó esa idea, y con la misma se hundió al verle lo tan desquiciado que resultaba siquiera imaginarlo.

Kikyo era inteligente y calculadora, Sesshomaru era antiguo y sabio, mucho más que Kikyo en varias cosas, por lo cual resultaba alarmante saber que muy probablemente formaría una alianza para lo que sea que sus mentes estuviera pensando, y eso no dejaba fuera de la partida la Shikon no Tama, incluso aumentaba las posibilidades de que fuese esa la razón de dicha unión.

Inuyasha era el más sorprendido con la noticia, porque conocía a Sesshomaru y sabía a la perfección su intolerancia hacia los humanos, con mucha mayor razón hacia una sacerdotisa. Por otro lado estaba Kikyo, pudo haber creído eso de cualquier otra persona menos de ella, porque ella siempre había tenido su orgullo y no se rebajaría a pedirle ayuda a nadie, mucho menos a un demonio, su enemigo natural.

—Rompiéndote la cabeza pensando en el asunto no ganarás nada, Inuyasha, será mejor que te concentres en algo más—dijo Shion molesto por ver la misma cara de frustración de Inuyasha por más de medio día. El rumbo lo habían cambiado hacia el oeste tras la videncia de Mikoto, por lo que comenzaba a notar más y más como los nervios de Inuyasha se despedazaban intentando encontrar una respuesta lógica a todo ese asunto, por más que el medio demonio lo negara.

—Cállate, ni siquiera estaba pensando en eso—y esa era la parte que más molestaba a Kae de Inuyasha, que nunca fuera sincero, acaso esa fuera la razón por la que nadie lograba comprenderlo, mucho menos acercarse lo suficiente a él, todo pudo deberse al trágico incidente con Kikyo en el pasado, pero eso ya era algo que estaba fuera de su jurisdicción, que tampoco le importaba mucho.

Sora, por su lado, estaba lo bastante segura de que si Inuyasha fuera menos enojón sería alguien lindo y agradable con quien estar, porque según lo poco que Kae le había contado, la chica Kagome seguramente por eso se enfadaba constantemente con él, o eso suponían.

—Pero miren a estas jóvenes aldeas, acompañadas de unos cuantos humanos y un medio demonio—a mitad del camino, a unos cinco metros de ellos, estaba parado un hombre alto y sumamente fornido, bañado en sudor y desprendiendo un hedor que podría ser sangre—no puedo imaginarme la razón por la que ustedes estén aquí, pero de una vez les digo, no son bienvenidos, ni por mí ni por nadie—de atrás de su espalda sacó un enorme mazo que puso entre ellos y el camino, dándoles a entender que no los dejaría avanzar.

— ¡Yo soy neutral, no busco peleas!—chilló Takegawa ocultándose detrás de Shion.

Shion respiró hondo, en esos momentos era cuando anhelaba las clases de judo que sus mentores siempre le ofrecían y él amablemente rechazaba por paz.

—Ya me extrañaba que un viaje pudiera ser tan tranquilo—dijo Inuyasha desenfundando su espada, y ésta convirtiéndose en un enorme arma.

Shion y Sora, junto con el pequeño grupo de la aldea, se pusieron en guardia. Kae le dio sus pergaminos sagrados a su hermana para protegerse, mientras él deseaba internamente que Inuyasha pudiese solo con esa persona que a todas luces daba a entender que era otra aldea.

1

Kenshin les había dicho algo sobre una vidente con la que de seguro Shion iba a rastrear a Kikyo, y con esa misma vidente podrían rastrearlos a ellos, por lo que debían apurar el paso.

El tobillo de Kagome estaba mejor con todo lo que Sango hacía por mantenerlo estable, ya no necesitaba ser cargada por Shi, aunque se había vuelto costumbre verlos platicar por largos tramos de camino, pero a decir verdad era ella quien hablaba y Kenshin quien amablemente la dejaba ser sin interrumpirla.

Toru era el más afectado con el repentino afecto que Kagome le estaba tomando a Kenshin, porque ya no tenía oportunidad de ser él quien hablara con la aldea de cualquier cosa, sino que era esa chica quien le robaba tiempo contándole acerca de un mundo futuro donde no tendrían que caminar, podrían volar, etc.

—Joven Kenshin ¿tiene un momento?—preguntó cortésmente Toru, mirando de reojo como Kagome bufaba decepcionada, sabiendo de antemano que Shi accedería a prestarle tiempo a Toru, así como hacía con ella.

—Por supuesto—dijo rápidamente Kenshin desviando un poco su camino y acompasándose al paso de Toru.

Toru quedó en blanco, porque realmente no esperaba que aceptara a la primera y no tenía nada que decirle, y como si su karma ese día estuviera trabajando bien, miró a Kagome, luego a Sango y Miroku discutir más adelante, y la idea vino sola:

— ¿Qué es el amor?—soltó de lleno, y la caravana formada por todos ellos se detuvo un segundo, para el siguiente continuar como si no hubiera dicho nada, pero siempre al pendiente de la respuesta de Kenshin, ansiosos por saber lo que alguien tan viejo y sabio como él tendría que decir.

—Eso, Toru, lo sabrás cuando el momento y la persona indicada lleguen, mientras, sólo puedo decirte que nunca es igual para nadie, lo que para mí puede ser amor puede ser motivo de disgusto para ti—finalizó con su aire de sabiduría que siempre lo rodeaba, y Toru no quedó conforme con tal respuesta.

— ¿Cómo puedo saber si ya encontré a alguien o no?—preguntó nuevamente, y Shi aspiró hondo y lento antes de contestar.

—Haces demasiadas preguntas para ser sólo un niño, y yo no lo sé todo, Toru—dijo cruzándose se brazos, cerrando los ojos y manteniendo un andar rápido y a la vez tranquilo, dando a entender que no diría nada más y no deseaba seguir siendo molestado.

Toru se enfurruñó, como cualquier niño al que no le satisfacen su curiosidad, mientras que Kagome también, por ser ignorada y prácticamente olvidada en su interesante plática.

—No te ilusiones tanto, Kagome, puedes estar solamente deslumbrada—Sango llegó a su lado y le susurró por lo bajo aquello, aunque en el momento Kagome no lo entendió—me refiero a Kenshin, sólo estás molesta porque Inuyasha no te incluyó en sus planes para encontrar a Kikyo como siempre, y tu subconsciente te pide que le devuelvas la misma jugada de la forma que sea, y ves en Kenshin una oportunidad, pero no te dejes engañar Kagome, tal como Inuyasha lo hace, se tú quien piense más que le otro—Sango la sorprendía con esas palabras tan llenas de sabiduría, aunque más bien sonaba como algo que Miroku diría, puede incluso que él mandara Sango como mensajera del asunto.

—Yo…yo…yo extraño a Inuyasha—admitió finalmente—quiero volver a verlo, ya no soporto tenerlo lejos—dijo, y Sango tomó su mano en señal de apoyo.

2

La aldea con la que se toparon era una aldea sin nombre, conformada por forajidos y soldados que encontraron un buen lugar para trazar sus artimañas, aunque Shion aún no se explicaba cómo esa aldea era sumamente fuerte.

Inuyasha apenas y lograba atinarle unos cuantos golpes, aunque Nanashi (1), como hacía llamarse, nunca pudo acertarle uno. Era claro que Inuyasha llevaba la ventaja, pero Nanashi era obstinado y aunque sabía que iba a perder, quería al menos no hacerlo sabiendo que no pudo siquiera tocarle un cabello al medio demonio.

— ¡Estas aldeas me dan miedo, nii-san, vámonos!—lloriqueaba Sora prendida del brazo de Kae indispuesta a soltarlo.

—No podemos dejar a Inuyasha, no es correcto—dijo esquivando un mazo que iba dirigido, o a él o a Sora.

Finalmente Inuyasha clavó su espada en el enorme abdomen de Nanashi, dejándolo inconsciente en el suelo.

—Debemos irnos antes de que despierte, lo cual es en pocos minutos—dijo Shion tomando la mano de Sora y comenzando a correr, seguido de los soldados e Inuyasha saltando de rama en rama.

3

—Sabes que hago esto porque no tengo opción, no te aproveches de mi resolución—su voz, tan fría como su presencia, le helaba los sentidos a Kikyo sin hacerlo notar, manteniéndose estoica incluso en ese momento.

—No me estoy aprovechando, pero eres tú quien necesita de mí, no yo de ti—al decir eso la tomó del cuello levantándola unos centímetros del suelo.

—Escucha bien, humana, no permitiré que me hables así, no eres la única que puede ver esa perla—dijo despectivamente soltándola.

Kikyo se frotó el cuello, indignada pero sin decir palabra.

—Pero la única que realmente puede contenerla—contradijo, y el contrario sólo alzó una ceja—no te pido nada más, sólo que escondas mi esencia para no ser encontrada, y si me encuentran que seas tú quien los desvíe—ella sabía haría y eso y más si se lo pedía, no sin un poco de espectáculo como tomarla del cuello o incluso intentar atacarla, pero la razón de que su seguridad estuviera legible estaba acostada entre esas sabanas, delirando en fiebre.

—El inútil de Inuyasha no te encontrará, humana, me encargaré yo—desapareció detrás de la puerta.

Al poco rato regresó, y le puso toscamente una especie de pulsera con una piedra engarzada en un color bastante extraño.

—Nunca la quites, tu imagen aparecerá donde quieras, y desaparecerá a voluntad, con esa podrás perderlos de vista—escupió las palabras con desdén por tener que hablar con una humana, después de todo, era Sesshomaru con quien estaba tratando.

Nanashi: literalmente, sin nombre.