Capítulo 6
Nueva Luna
Ambos siguieron caminando, poco a poco el amanecer los recibió más cerca de la terminal de tren.
― Entonces ― dijo Rose ― el tío Fred y la tía Angelina se casaron.
― Si, fue una boda sencilla pero hermosa, bueno, como todas las bodas. ― Rose se levantó de hombros dando a entender que no le interesaba.
― Y luego se casaron el tío Harry y la tía Ginny ― declaró Rose inquisitiva
― No Rose, para su boda todavía falta.
― ¡Uffff! ― Exclamó Rose indignada ― Ya me estoy cansando de tantas vueltas.
― No son vueltas ― la corrigió Albus sonriente ― Es la historia de tu familia
― ¿Pero no podría ser más breve?
― ¿Tienes mucho apuro? ― Bromeo Dumbledore
― Y bueno… hay un mundo por ser destruido que me está esperando ― seguía bromeando ella sarcástica ― ¿Será por ello que se demora?
― Para nada Rose, simplemente te cuento todos los detalles porque son importantes, cada uno de ellos, cada uno encierra lo que eres, son tu esencia, tu real esencia.
La chica no dijo nada, meditó sobre lo que Dumbledore acababa de decir y llegó a pensar si era cierto, si entre tanta maldad era posible sacar algo de luz.
― Bueno, entonces continúa con la historia, me imagino que el tío George se debió haber sentido muy solo, toda la vida la compartió con su hermano y de repente se quedó sin él.
― Vuelves a equivocarte Rose, es verdad, en un punto, George llegó a pensar en la soledad, pero sólo por un instante ya que él hacia tiempo que también tenía planes. En realidad no se había dado cuenta de ello hasta que Fred anunció su compromiso, pero él estaba con Luna. Su relación era casual, ambos compartían gratos momentos juntos, la pasaban muy bien, pero ninguno de los dos se decidía a concretar una relación más seria.
El paso de Fred le hizo dar cuenta a George que él debía de hacer lo mismo, amaba a Luna, eso lo sabía desde hacía mucho tiempo, pero lamentablemente por comodidad nunca se había atrevido a comprometerse y le parecía que ahora era el mejor momento.
Rose se dejó invadir por los recuerdos de Dumbledore, pudo ver como si fuera una película en avance rápido el casamiento de Fred, todo envuelto en felicidad y emoción, los votos mágicos, el llanto de Molly acompañada por la madre de Angelina imitándola, sus esposos reconfortándolas, sus tíos Harry y Ginny tomados de la mano, esa imagen siempre le traía una sonrisa, se los veía tan dulces, luego el vals, la cena, el brindis por parte de George más cómico que ceremonioso y luego la fiesta, incluso sus padres parecían más distendidos, siguiendo los pasos extraños que hacía Fred, y luego bailando acaramelados una música lenta.
Luego reparó en su tío George, estaba bailando con Luna, se miraban a los ojos fijamente y sonreían, parecían estar ajenos a todo lo que los rodeaba.
Si Rose pensaba que Harry y Ginny eran empalagosos, se había equivocado, ellos lo eran más, pero había una extraña sensación cuando los veía, como si ellos fueran diferentes, como si fueran dos bichos raros, y no se equivocaba en eso.
Pasadas unas semanas, ya con Fred regresando de su luna de miel, regalo de Harry, y en completo control de la tienda, George le pidió un día libre.
― ¿Darás el gran salto? ― Se burlaba Fred ― Ya era hora
― No empieces ― Lo amonestaba George. Rose podía ver la diferencia entre ambos hermanos, quienes para los demás podían ser iguales, pero para quienes los conocían era muy fácil diferenciarlos; Fred era definitivamente más relajado y bromista que George, quien era más reflexivo, aunque juntos eran un caos.
― Suerte con Lunita ― Le despedía su hermano ― ¡Aguarda! ― De repente lo detuvo de marcharte ― ¡Cuídate! ― Y le lanzó un frasco ― No sea cosa que tengas hijos antes que yo, no se vale.
― ¡Púdrete! ― Le decía George pero disimuladamente guardo la poción en el bolsillo y Fred sonrió satisfecho viéndolo desaparecer.
Se apareció en una pequeña colina, cerca de la casa de Luna, incluso podía ver su casa, la madriguera, desde ese punto, inspiró varias veces dándose ánimos y caminó en línea recta hasta la casa de su novia.
Su novia, esa palabra se le hacía tan solemne y a la vez tan común, Luna era su novia, nunca se lo había pedido formalmente, la relación se había dado de forma simple, un fabuloso beso la noche de navidad antes de la batalla final y luego encuentros más a propósito que casuales, pero ninguno se rotuló nunca, aunque él no veía a otras chicas y sabía por Ginny que ella tampoco veía a ningún muchacho.
Así, que era su novia, al menos él lo entendía así ¿Lo haría ella?
De repente se detuvo. ¿Y si ella le decía que no?
Giró, y comenzó a caminar en dirección contraria, volvió a detenerse ¿por qué le diría que no? Ellos pasaban momentos juntos maravillosos, hablaban durante horas de cuanto tema surgiera, reían y hacían bromas casi tanto como con Fred, giró sobre sus talones y retomó la marcha hacia la casa de Luna.
Ella lo entendía, lo complementaba. Volvió a detenerse ¿Eso significaba que lo quería como algo más o como un amigo?
Volvió a girar y a caminar en dirección opuesta. ¿Era un amigo o algo más? Se detuvo nuevamente
¡Claro que no era un amigo! Si cuando estaban en lugares íntimos y alejados la pasión que los embargaba era apabullante. Otra vez giró y avanzó. Juntos eran explosivos, no es que hubiesen tenido aún relaciones, no por falta de ganas sino porque él la respetaba.
¿Y si ella no lo deseaba? Se detuvo y volvió a girar avanzando, de repente chocó con alguien, y sin levantar la vista dijo
― Disculpe.
― No fue nada hijo ― la voz le resultó familiar y él levantó la vista ― Si continuas yendo y viniendo harás un surco en la calle George
El aludido se quedó sin palabras, frente a él estaba el padre de Luna, Xenophilius Lovegood, era a la última persona que esperaba encontrarse y peor aún que fuera descubierto en una situación más que ridícula.
― Yo… yo… ― Comenzó a balbucear. El caballero lo tomó de los hombros, lo giró y avanzó junto a él hacia su casa al tiempo de decirle
― ¿sabes? Cuando me le declaré a la madre de Luna, tarde toda una tarde en llegar, al igual que tú iba y venía. Las mujeres son complejas, no eran mis dudas las que me preocupaban, sino las de ella. Casi me vuelvo loco, no es que ahora no lo esté un poquito ― Apuró a aclarar en tono de broma
― Yo… yo… ― Seguía diciendo George, el hombre se detuvo, ya frente a la puerta de su casa lo giró hasta ponerlo frente por los hombros y sin soltarlo le dijo
― Si te le presentas balbuceando de ese modo será más difícil. Te lo digo por experiencia, entra, mírala a los ojos, díselo y bésala, si la dejas pensar, estas frito ― Le explicaba al tiempo de palmearle los hombros con ambas manos. ― Bueno, me voy a tomar algo al bar del pueblo, se alejó, luego regresó sobre sus pasos con pose pensativa ― Tú… tú… ustedes… ― George se puso rojo como un pimiento, entendía más que bien lo que él quería preguntar
― ¡No señor! Yo respeto a su hija y… no es que no tenga ganas ― Llegó a decir sinceramente ― Ella es muy hermosa. Pero… pero…
― ustedes son jóvenes, aún pueden disfrutar de la vida de casados sin hijos por un tiempo, hay opciones…
― ya las conozco señor ― Se resignó a responder George aún más colorado
― Claro que si ― Volvió a palmearlo el padre de Luna ― Claro que si ― Y se marchó dejándolo solo viéndolo irse silbando una canción.
Aguardó unos instantes hasta que el calor desapareció, si que era extraño el padre de Luna, no más que los padres de Hermione que eran muggles, pero simplemente extraño.
Tocó a la puerta y escuchó gritar
― ¡Pasen, está abierto! ― Ingresó lentamente Luna estaba en la cocina preparando la cena
― ¿pasen, está abierto? ― La retó él
― ¡George! ― Le dijo ella yendo a saludarlo, pero él la detuvo antes de que lo abrazara
― ¿Tu estás loca? ¡Claro que estás loca! ― Se respondía el mismo ― ¿Cómo es que dejas la puerta abierta? Aún quedan mortífagos prófugos y muchísimas criaturas peligrosas sueltas.
― Pero… pero…
― ¡Pero nada! ― La retaba ― ¿para qué te regalé el llamador mágico?
― Para utilizarlo si estaba ocupada y no podía atender la puerta para saber quién era ― respondió ella relajadamente
― ¿y dónde está? ¿Dónde está? ― Ella se levantó de hombros sin saber que responder ― ¡Así tomas en cuenta mis presentes! ― Ella iba a responder pero no la dejó ― ¡Y no es por eso! ¡Pones en peligro tu vida!
― Yo no soy nadie importante ― Llegó a decir Luna restándole importancia al enojo de George y sonriéndole
― Eres importante para mí ― declaró él ― Muy importante, en extremo importante ― recalcó.
Luna se puso seria, era la primera vez que George le decía algo como eso, no es que realmente fuera necesario que lo dijera, o que demostrara que ella era algo más que una amiga con beneficios, aunque tampoco eran muchos los beneficios, algunos besos fogosos, algún roce, nada más, pero nunca la había rotulado de ninguna manera; y si bien ella era ajena a esas cosas, en algún punto le importaba porque George le importaba, en extremo como había dicho él.
Pero a la vez no estaba contenta con la declaración, de algún modo sabía que eso sucedería, Fred se había casado, George estaba solo y sentiría esa soledad, y quería cubrirla con ella, era triste pero ella era una extensión de Fred, pero mujer. ¿Sería eso suficiente para basar una relación?
― Luna ― La voz de George la sacó de sus pensamientos
― Si ― dijo ella
― Te has puesto seria ¿Sucede algo?
― No ― Contestó
― Algo te sucede, si algo tú no eres es monosilábica ― Le dijo George. De repente salió humo de la cocina
― ¡Mi pollo! ― salió ella corriendo a la habitación siendo seguida por George quien rápidamente la ayudó a abrir la estufa y sacar la comida de la misma ― ¡Se arruinó! ― Se lamentaba observando el pollo quemado en su parte de abajo
― Tiene solución ― Le dijo él arremangándose la camisa ― Trae unos huevos, especias, tomates frescos. ¿Tienes queso?
― ¿de qué tipo?
― ¿cremoso?
― Si ― Contestó y fue en busca de los ingredientes mientras George deshacía el pollo, le sacaba las partes comestibles y las trozaba.
Luego juntos prepararon una especie de omelete.
― ¿Qué te parece? ― Le preguntaba George dándole de probar cerca de ella casi por primera vez en todo el día
― ¡es fantástico! ― Le decía ella mirándolo fijamente a los ojos
― ¡Cásate conmigo! ― De repente declaró él y la besó, Luna dejó caer el tenedor por la sorpresa y lo separó de ella
― ¿¡Que!? ― preguntó molesta
― Que te ca…
― ¡Te escuché! ― Lo interrumpió ― ¿Quién te crees que soy? ― preguntó molesta, era la primera vez que George la veía enojada ― Una suplente para apaliar tu soledad, pues ve sabiendo que no es así
― Yo…
― ¡No terminé! ― Volvió a interrumpirlo ― Nos llevamos bien, la pasamos genial, congeniamos en muchos aspectos y debatimos en aquellos en los que no lo hacemos. Pero yo no soy Fred, y no puedo llenar su vacío, lo siento George pero… ― De repente él volvió a abrazarla y besarla, un beso profundo, apasionado, que dejó sin aliento a Luna, al punto de desfallecer, la lengua de Fred se abría paso, jugando con sus labios primero y luego explorando su boca con maestría, la abrazó fuertemente apretándola junto a su cuerpo, sin darse cuenta se recostaron en la mesa de la cocina, George comenzó a acariciar su cuerpo, lentamente, disfrutando cada milímetro de piel que descubría.
Luna se dejó hacer, esas caricias la enloquecían, más de lo que ya estaba, y correspondió el beso y las caricias imitando a George en todo lo que hacía.
Él pasó una de sus manos por sus muslos, subiendo poco a poco por encima de la falda, hasta llegar hasta las bragas, sintió como Luna se tensionaba involuntariamente.
― te amo Luna ― declaró entre sus labios deteniéndose, pero sin alejarse un milímetro, ella lo miró sorprendida ― debí decírtelo hace mucho tiempo, debí decírtelo el día que lo supe, el mismo día que nos besamos por primera vez, te amo desde ese momento y lo haré por el resto de mi vida, aún si tú me rechazas; y no es por soledad o llenar un vació, es que cuando sabes que amas a una persona, y te das cuenta que has sido un tonto, debes enmendar rápidamente el error y decir lo que sientes, y no perder un segundo más alejado de quien amas. ¿Me amas Luna? ¿Podrías amar a un tonto distraído?
Luna comenzó a llorar, él se separó y comenzó a levantarse de encima de ella
― George…
― perdóname, si tú no me quieres, yo ― decía intentando reponerse al rechazo
― ¡ven aquí! ― De repente le dijo ella tomándolo del cuello de la camisa y atrayéndolo nuevamente ― ¡Claro que te amo! ¿Cómo no hacerlo? Eres el hombre más adorable que he conocido, eres listo, ingenioso, buen mozo, eres… eres George ― Le dijo sin poder dejar de llorar, él se acercó a ella y comenzó a secarle las lágrimas con sus besos
― No quiero que llores mi amor, le decía.
― Repítelo ― decía ella
― ¿No quiero que llores? ― bromeó él y ella lo miró haciendo un mohito con su boca ― Mi amor, mi amor, mi amor ¿Cuántas veces quieres que te lo repita?
― Toda la vida ― Le decía ella
― Mi amor, mi amor, mi amor ― repetía él besándola cada vez que lo decía, poco a poco los besos se hicieron más intensos, las caricias más apasionadas.
De repente, un estruendo los separó, habían tirado todos los trastos y la comida al suelo. Ambos miraron el desastre, George se incorporó
― déjame a mi ― Dijo él y con un sencillo movimiento levantó todo del suelo, lo arrojó en la basura y puso a lavar los platos, Luna lo miraba risueña y entonces declaró
― No debes demostrarme que eres colaborador en la cocina ― reía ― no hace falta que hagas nada más para que acepte ser tu esposa. ― George se detuvo y la miró apoyada en el borde de la mesa sonriente y con los brazos cruzados, soltó lo que estaba haciendo y la abrazó fuertemente
― Mira que no hay devoluciones ― reía él
― espero que no me haya tocado un producto defectuoso ― reía Luna y aún más al verle la cara de sorprendido
― te mostraré que no soy defectuoso ― Le decía él levantándola con sus brazos, subió las escaleras de la casa y la llevó a su habitación. Pero antes de entrar se detuvo ― Tú… ¿Quieres?
― ¡Desde hace meses! ― Declaró ella llevándose las manos a la boca. George se rió fuertemente
― ¡Entonces recuperaremos el tiempo perdido! ― Le dijo ingresando al dormitorio de Luna, era pequeño, muy parecido al de Ginny, pero con revistas del quisquilloso por todos lados, excepto la cama que estaba totalmente despejada.
Allí la dejó él y sin esperar se colocó a su lado besándola, acariciándola, poco a poco comenzó a sacarle la ropa, besando cada lugar que descubría, Luna se dejaba hacer, no tenía idea de cómo actuar, y recordó las palabras de Ginny alguna vez en Hogwarts, cuando le decía que cuando llegara el indicado, cuando el tiempo fuera el oportuno su corazón y su cuerpo le dirían que hacer y sin darse cuenta, comenzó a corresponderle a George, no es que realmente no supiera que hacer, hablaba a diario con las chicas, y si bien ellas eran muy reservadas en algún punto comentaban sobre sus relaciones, pero tampoco era que fueran demasiado expresivas en cuanto a ello.
Pero descubrió que su cuerpo y mente sabían exactamente qué hacer, sus manos recorrieron el cuerpo de George, desabrochándole su camisa, besó su pecho, pudo sentir que él se agitaba, luego comenzó desabrochar sus pantalones, y la respiración se hizo más agitada, aún más que en aquellos encuentros fugaces donde las caricias iban un poco más allá, no demasiado, pero más allá.
Su mano acarició el miembro de George y se detuvo, sorprendida, no entendía por qué, él era un Weasley, ya había escuchado a Fleur, Angelina, Audrey y por sobre todo a Hermione, aunque Ginny tampoco se quejaba, pero no se imaginaba que estuviera tan bien dotado y comenzó a tener dudas. ¿Le dolería?
George sintió su turbación y declaró entre sus labios
― Todo va a estar bien, yo te cuido. Te quiero ― Y la besó dulce al principio apasionado después. Luna retomó la caricia que había detenido y él gimió sin poder contenerse. Ella continúo el movimiento hasta que él la detuvo
― ¿está mal? ― Preguntó inocentemente
― ¡Oh no! ― exclamó George jadeante― Todo lo contrario, si no te detienes… ― declaró ― Bueno, hoy debes detenerte, luego veremos ― Rió y ella lo imitó entendiendo lo que quería decir. Él comenzó a besarle uno de los pechos por sobre el sostén, mientras acariciaba el otro haciendo que los pezones de endurecieran más, luego bajó los breteles, y, ayudado por ella lo desprendió, poco a poco besó toda la extensión de ellos, Luna tiró la cabeza hacia atrás, dejándose embargar por ese sensación novedosa y apabullante, nunca la había tocado sin mediar prenda alguna, pero si eso la enloquecía, ni siquiera podía expresar lo que la siguiente acción le hizo sentir.
George, recorrió con su mano, el muslo, tal cual lo había hecho en la mesa de la cocina, poco a poco metió la mano debajo de la falda, ella comenzó a respirar entrecortadamente, expectante, cuando los dedos masculinos rozaron su intimidad no pudo evitar exclamar
― George… - jadeante, caliente, extasiada, él introdujo los dedos por debajo de la prenda ― ¡George! ― repitió mordiéndose el labio inferior.
Él sonreía al observar como estaba descontrolando a su bella Luna, a una Luna que no conocía aún, su nueva Luna.
Exploró su intimidad, acariciándola por completo, pronto encontró el lugar donde haría que ella explotara, los jadeos se hicieron más intensos
― ¿Qué…? ― Comenzó a decir ella mirándolo extrañada, totalmente traspirada, gimiendo sin poder evitarlo ― ¡Por Merlín! ¡George, George! ― Comenzó a gritar al llegar al orgasmo
Él la besó dulcemente, esperando que ella se calmara
― George, George ― Repetía Luna
― vas a gastar mi nombre ― Reía él acariciándola
― Dudo que gaste tu nombre ― Le decía ella atrayéndole sobre su cuerpo ― Pero de lo que no dudo es que te gastaré a ti ― Y lo besó apasionadamente, George tardó en corresponderle el beso, sorprendido por la actitud, había desatado a la fiera, ahora debía averiguar si la podía domar.
Luna lo miraba, deseándolo pero a la vez temerosa, él comenzó a penetrarla lentamente, podía sentir su estrechez, a medida que la invadía, milímetro a milímetro. Luna se abrazó a él y George pudo sentir un quejido y se detuvo, lo último que quería era lastimarla, aguardó, y si tenía que retroceder lo haría, pero Luna comenzó a moverse lentamente, él avanzó unos milímetros más, ya podía sentir menor presión, menor tensión, pero la misma estrechez, caliente, abrasante, que lo abrazaba, y no sólo físicamente, su mente, su corazón, su alma estaban puestas enteras en ese momento, lo quería perfecto, sabía que era difícil, sabía que era doloroso, pero también sabía que podía cambiarlo en un instante, hacerlo fácil, gratificante, eso quería en ese momento brindarle todo el placer que podía a Luna, recorría sus pechos con las manos, acariciando los pezones, la besaba lentamente, lamiendo los labios con su lengua, parecía que el tiempo se había detenido, los movimientos eran apenas perceptibles, pero a la vez una vorágine interna estaba a punto de estallar; y no precisamente en él.
Luna comenzó a moverse con más soltura, George pudo sentir como la barrera ya había sido quebrantada, mantuvo un ritmo firme, constante, sin dejar por un instante de besarla, acariciarla, de decirle que la amaba, que era hermosa, que era suya, era enteramente suya.
Ella comenzó a jadear fuertemente, su orgasmo estaba cerca, él podía percibirlo, apuró el movimiento, quería correrse junto a ella, podría esperar pero quería sincronizarse , llegar juntos al paraíso, ya habría tiempo para más, para mucho más.
Y el clímax los encontró unidos, en todos los sentidos, cuerpo, mente, corazón y alma, uno solo, sin mediar absolutamente nada entre los dos.
Poco a poco las respiraciones se fueron acompasando.
― ¿Te encuentras bien? ― Preguntaba él
― De maravillas ― Respondía ella. ― De maravillas.
Rose fue saliendo de la mente de Dumbledore, por varios minutos caminaron sin mediar palabras. Hasta que ella declaró
― Un poco empalagoso para mi gusto.
― ¡Y espera ver la noche de bodas de Harry y Ginny! ― Llegó a bromear Albus y ambos riendo se detuvieron a ver la completa salida del sol.
