Antes que nada, lo lamento.

Planeaba reescribir este capitulo porque nunca me ha gustado pero todavia no puedo la musa se niega y por mas vodka que le ofrezco sigue sin animarse ¬¬

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Capitulo VI

Pasaron dos meses y Ángela comenzaba a dudar, pero Francisco no la había molestado así que tal vez sabía algo que ella no. De un día al otro no se le permitía hacer los quehaceres. Aunque eso era un alivio, al tener tanto tiempo libre por primera vez en su vida se aburría. Como ya otras veces tomó su capa y salió a la calle.

Saliendo del sombrío Knockturn llegó al mercado. Un vendedor riendo le coloco una flor en los cabellos cuando tropezaron por accidente. Continuando sin más accidentes decidió visitar a Martín. Arribando en unos minutos esquivando a la gente entró al local donde su amigo trabajaba, pero esta vez no estaba solo: una bonita joven de cabello rubio y ojos verdes hablaba con él.

"¿Martín?"

"¡Ángela¿Qué haces aquí? ehhee… Lo siento. ¿Vienes a comprar algo?"

"No, solo pasé a saludarte" Le respondió ella. Extraño, su amigo por alguna razón parecía muy turbado.

"¿No me presentas, Martín?" Interrumpió la joven de los ojos verdes.

"Claro Violeta. Ella es Ángela. Ángela, Violeta una amiga"

¿Y yo soy que? Pensó Ángela algo enojada pero no lo hizo notar.

"No sabia que estarías ocupado, es mejor que me vaya" -les dijo haciendo ademán de dejarlos.

"¡Fue un gusto conocerte!" le grito la otra muchacha.

Cuando ya la otra cruzaba la puerta y dándose vuelta veloz hacia Martín le habló apresuradamente:

"¿Es ella de la que hablaste¿Es ella una mujer de esas?"

Volviendo el rostro hacia ellos tan rápido que su cuello protesto del abuso miró sorprendida a Martín quien evitándola dirigió la mirada en otra dirección.

Avergonzada salió apresuradamente casi tropezando en el exterior.

¿Martín? Por primera vez se sintió avergonzada de su vida, de lo que era.

Así que por eso había actuado tan extraño durante los últimos meses, probablemente había adivinado la razón de su cambio en la posición de la casa. Su ropa evidentemente no era ya la de una sirvienta, si bien no podían llamarse lujosas eran en mucho distintas a las túnicas viejas y remendadas que usaba antes.

Entonces esto era lo que debía esperar de ahora en adelante. Miró a una madre y su hija comprando unas cucarachas dulces en la calle.

¿Su madre había sido así? ya no lo recordaba, hizo un esfuerzo para recordar su rostro. Una imagen borrosa acudió a su mente, no podía definirla, no era justo Pensó en toda esa gente ahora rodeándola: todos eran magos y brujas al igual que Ángela y sin embargo a ella le estaba prohibida la magia, no podía tocar una varita y aunque llegase a tener una ¿de qué serviría si no sabia como utilizarla? La vida no era justa.

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Las rondas a medianoche eran una costumbre de Severus, de todas formas no podía dormir así que por qué no aprovechar el tiempo. Con suerte tal vez atrapara al dúo maravilla en una de sus escapadas y los castigara de por vida, eso era algo por lo que esperar.

Ya eran dos meses sin ver a Ángela… eso es lo que deseaba. ¿Qué lo había hecho prometerle que volvería? Debía asegurarse que estuviera bien, eso era, no confiaba en el hombre que dirigía el lugar.

Con amenazas y soborno lo había convencido de que no le gustaba compartir sus cosas, el tal Francisco le había asegurado que solo lo atendería a él. No que pretendiera volver, tal vez pudiera convencerla de ir a otra parte. Debía haber lugares que protegieran a jóvenes como ella ¿cierto? Tal vez seria mejor si se tragaba su orgullo y acudía con Albus de una vez pero ¿como tomaría el director su obsesión por una adolescente? Como si su vida ya no fuera complicada.

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Lucius Malfoy no había llegado a la posición que tenia ante lord Voldemort dejando que otros quedaran bien, y ahora su vista estaba puesta en Severus Snape. Su lugar entre los mortífagos se había elevado rápidamente, era hora de averiguar la razón.

Una de las ventajas del dinero es la facilidad con que se puede disponer de voluntades gracias a él y las gentes de Knockturn son especialmente susceptibles. Solo fue necesario mover ciertos hilos para averiguar que Severus había visitado un par de veces ya cierto establecimiento.

Vaya, vaya. Hubiese pensado que ese hombre era un eunuco, con que una mujer…. No era lo que buscaba pero podía funcionar, hasta los hombres mas callados pueden cometer el error de soltar la lengua en la cama.

Pensó en su esposa. El lugar de una mujer es en tu cama por unas horas pero en la de ella misma el resto de la noche. Confiar en ellas siempre termina mal.

Así que una visita a esta mujer misteriosa estaba en orden.

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Esta noche los alumnos no tendrían que cuidarse de la vigilancia del maestro de pociones durante sus escapadas nocturnas. Decidiendo que no podía posponer lo inevitable se había puesto en contacto de nuevo y ella lo esperaba como de costumbre.

Al llegar a la habitación repasó en su mente el plan ya trazado mil veces durante las últimas semanas.

¿Lo estaba imaginando o había una nota de reproche en los ojos de la joven?

Ciertamente no le estaría reprochándole la demora ¿verdad? Muchacha estupida ¿creía acaso haberlo convertido en un monigote atento a sus órdenes?

"Niña"- su tono calculado para remarcar sus posiciones – "Debes responderme con sinceridad ahora y, créeme" - menciono acercándosele –"sabré si me estas mintiendo. Qué es lo que te ordenó el idiota que dirige este lugar?"

"Me dijo que no te dejara ir."- bueno eso ya lo había imaginado.

"¿Que más fue lo que te dijo?"

"Nada."

Mirando sus ojos revisó sus pensamientos por rastros de mentira. Algo que lo había alarmado durante el último tiempo era la incertidumbre acerca de los verdaderos motivos de la muchacha, pero aparentemente no estaba al tanto de su situación como mortífago. Bien, eso lo haría mas fácil, si hubiese hallado la más mínima señal de desidia en ella entonces probablemente no hubiese tenido problemas en abandonarla a su suerte, pero la joven era sincera.

"He averiguado acerca de ciertos hogares que estarían dispuestos a recibirte" dijo adoptando el tono condescendiente con el que se sentía mas seguro.

La verdad es que esos lugares eran lo más lejanos posibles a él mismo.

"Luego podríamos encontrar a alguien dispuesto a enseñarte. No debes preocuparte por el dinero, de eso me ocuparé yo" - continúo hablando sin fijarse la tonalidad cada vez más pálida de ella.

Ángela dejo de escucharlo a la mitad del discurso.

¿Irse? "¿Pero por que haría tal cosa?" Esto último debió haberlo dicho en voz alta sin darse cuenta.

"¡Para dejar este lugar por supuesto!" - le contesto él ya perdiendo el delgado control de su temperamento.

¿Que clase de pregunta era esa? Esto no era el agradecimiento que había imaginado.

Así que eso era, las explosiones de ira del hombre generalmente iban unidas a la culpa hasta ahora. Se sentía responsable por ella y estaba tratando de sacarse el peso de encima. Extraño que eso no le afectara tan profundamente como hubiese creído unos días antes. Francisco estará desilusionado una parte de su mente pensó con tono ausente

"¡No me digas que piensas quedarte aquí para siempre!"- le gritó ya furioso.

La apatía de un comienzo estaba cediendo ante su ya más familiar carácter explosivo

¿Quien se creía que era¡Actuando como si fuera su dueño! ¡Ese arrogante!

"¿Qué es lo que quieres de mi?"- le respondió ella sin amilanarse-"¡No soy un caso de caridad para aliviar tu conciencia, me las arreglé bien antes de conocerte y seguirá siendo así cuando te vayas!"

Sin acobardarse por la mirada asesina que el otro le estaba dirigiendo caminó con la cabeza en alto hasta la chimenea.

"Creo que debes retirarte" - dijo apoyando la espalda en la pared y cruzando los brazos sobre el pecho.

Tomando su capa con un fluido movimiento la coloco sobre sus hombros dirigiéndose a la chimenea sin mirar a la mujer de pie a un lado de esta tomó un puñado de polvos y los arrojó. Mirando fijamente a las llamas hablo con voz fría y sin tono:

"Si esta es tu decisión entonces no esperes que vuelva."

Ante el silencio que siguió a sus palabras murmuro el nombre de la escuela y entro sin volver la mirada.

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"No voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar" cerró los ojos y repitió en su mente deslizándose con la espalda a la pared hasta el piso.

Sandra, Sandra sabría qué decir, ella siempre sabia qué decir para hacerla sentir mejor

Ahora las cosas iban a volver a la normalidad, como antes de que viniera.

Las cosas serian más fáciles, había tomado la decisión correcta, no deseaba alejarse de su familia. Pero lo que Severus le ofrecía, un modo de vida normal, era lo que deseaba ¿cierto? Ojala tuviera algo mas tangible que brumosos recuerdos como comparación.

Con un poco femenino resuello se levanto trabajosamente del piso.

No es que alguna vez se sintiera demasiado joven pero en este momento se sentía positivamente anciana.

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La botella de whisky estalló contra la pared ¿acaso no había sido una propuesta perfectamente bondadosa y totalmente extraña por que no decirlo de su parte¡La desagradecida! Bien, que se quedara en esa pocilga, desde ahora dejaba de ser su problema, eso es lo que había estado esperando.

Entonces… ¡¿Por que no lo dejaba la maldita ansiedad en paz?!

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Calma cariño la consoló de nuevo una de las muchachas al pasar junto a ella en la cocina ¿¿es que llevaba un letrero pintado en la frente?? No es como si se hubiera largado a llorar o se mostrara miserable, entonces ¿que le pasaba a todo el mundo con eso de tratarla como si estuviera de luto?

Resistió el deseo de mirar hacia el cielo, de seguro solo provocaría mas de la nauseabunda atención por parte del pelotón femenino, comandado por Margarita.

Al parecer las chicas estaban más desilusionadas que ella misma del final de la situación con el huraño individuo, habiéndolo hecho el protagonista de una de esas llorosas y románticas novelas que Margarita leía y relataba con gran talento…o sobreactuación, al resto.

Severus como un héroe romántico y atormentado. El temblor de sus hombros por la risa reprimida fue confundido con sollozos lo que provocó más miradas compasivas y una barra de chocolate de Clara. Ángela recibió el preciado chocolate con la mirada mas patética que pudo conseguir ¿quién sabe? tal vez se juntaran y le compraran caracoles de chocolate. Delicioso.

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Francisco no estaba de buen humor, pero aun así no se atrevió a descargar su enojo en Ángela, después de todo el caprichosos profesor podía arrepentirse todavía.

Pensaba en las posibilidades disponibles ahora que había perdido al mortífago cuando las llamas verdes se prendieron para escupir un sobre.

Acostumbrado al sistema dejó de lado sus preguntas para otro momento.

Leyendo el breve mensaje sonrió sorprendido, parecía que no debía haberse preocupado en primer lugar

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La habitación había cambiado, el color sangre predominaba en esta. Sus vestidos habían sido igualmente remplazados: se le hacia difícil respirar con el apretado corsé y sentarse lo hacía aun peor.

Esta vez Francisco no le había llamado, solo le dio el mensaje a través de otra de las mujeres. Debía estar lista para esa misma noche.

¿Esperaba una disculpa¿O los dos fingirían que nada sucedió?

Ya habían pasado 30 minutos y todavía ni señales de su caprichoso benefactor. Inhaló tratando inútilmente de llevar más aire a sus pulmones.

Tras ella sintió el ruido inconfundible de la chimenea al crecer.

¡Si ese engreído cree que voy a arrastrarme a sus pies luego de nuestro ultimo encuentro puede esperar sentado!

"Vaya" - una voz de timbre arrastrado musitó- "No creí que mi amigo tuviera buen gusto, después de todo he visto su hogar…"-sonrió de mala manera.

El hombre frente a ella definitivamente no era Severus.

De cabello rubio largo y fríos ojos grises estaba vestido lujosamente y usaba un pesado bastón de plata.

"¿Quién eres tú?" -se le escapó antes de poder contenerse.

"No la mejor de las educaciones ¿verdad?"-dijo rodeándola como un animal de presa-"Dime cuál es tu nombre" –demandó en tono imperioso.

Presintiendo la necesidad de mostrar un bajo perfil bajó su mirada en sumisión.

No era ninguna cobarde pero tampoco una tonta, estaba claramente en desventaja y sería mejor seguirle el juego.

"Ángela, señor"- musitó despacio.

"Al menos sabes bien cual es tu papel aquí"

Con el extremo de su bastón forzó su barbilla para mirar bien su rostro- "Nada fuera de lo común en ti."

La chica sintió sus mejillas enrojecer de ira con su ya conocido carácter.

"Pero supongo que puedo entender a Severus, irá tras cualquiera con el suficiente estómago para soportar mirarlo"- terminó con sorna.

Sus pálidos dedos se acercaron a su rostro, sin poder evitarlo Ángela retrocedió un paso sin ocultar la furia en sus ojos

"Creo que tienes una equivocada imagen mía pero estoy acostumbrado a ese trato…"

-con falso tono adolorido.

"De parte del ministerio, de mi hijo, de mi esposa…" –murmuró recogiendo un rizo escapado del elaborado peinado en sus dedos.

Su rostro…ya lo había visto antes. Conocía a la muchacha, la había visto antes de eso estaba seguro. Poniendo esos pensamientos a un lado por el momento le hablo.

"Se que el buen profesor te ha visitado un par de veces"

¿Profesor? Eso si llegaba como una sorpresa.

"Mi nombre es Lucius Malfoy, soy un viejo amigo de Severus. Nos desenvolvemos en el mismo circulo podría decirse"

"Y lo que ahora deseo saber es ¿cual es su relación contigo?"

"No confundas dije ya que lo considero mi amigo" -contesto a la mirada desconfiada de la chica.

"Estoy preocupado por el, ha tenido problemas últimamente en nuestra labor los errores son peligrosos" "Te ha dicho que es o que hace antes de venir aquí contigo?" -el brillo de interés en los ojos de la joven no paso desapercibido para el mago.

"Es un mortífago" – la miro de reojo.

Severus? Un mortífago…Circe! Por supuesto que conocía las historias de los mortífagos, no se vive en Knockturn sin estar bien informado de los que pasa en el bajo mundo.

Miedo, eso si es una reacción mas natural noto complacido Malfoy.

"Es comprensible que estés asustada" – continuo-"Puede ser un hombre violento lo he conocido por varios años se de lo que te estoy hablando"

Dirigiéndose a los tragos sirvió dos copas y acerco una a las manos de ella-"¿Te haz preguntado por que pago un precio tan alto por ti? debes al menos sospecharlo"

Un seguro, era práctica común si el cliente tenía la mala reputación de violencia ¿como no lo había pensado antes?

Casi podía ver los frenéticos pensamientos girando en los ojos de la joven. Su tono se hizo preocupado a fuerza de practica -"Dime muchacha ¿te ha golpeado alguna vez?"

"¡No!" Claro que no – "Pero lo ha intentado" - susurro una vocecita en el fondo de su mente. No, recordó su reacción esa noche cuando regreso y luego cuando ofreció sacarla de la casa. Ambas veces había estado furioso si realmente hubiese pagado para tener el derecho de maltratarla sin preguntas entonces porque jamás lo había hecho?. No, si de algo podía estar segura es que Severus Snape era un buen hombre, Malfoy mentía.

"No volverá"- subió la mirada esta vez para enfrentarlo.

"Aunque volviera a contactarme, que no va a suceder, no serviría de mucho. Jamás me confió nada, nunca me dijo su nombre" – mintió con voz firme

"De que hablas"- dijo el rubio abandonando su mascara de amabilidad.

"Lo lamento"- le dijo Ángela con falsa dulzura- "¿es que tal vez francisco olvido mencionarlo? tuvimos una pelea se lo tomo a mal y no regresara a verme" - termino bebiendo con calma de su copa sorprendiéndose a si misma con la falta de temblor en sus manos.

"¿Con quien crees que juegas mujer?" acercándose en dos rápidas zancadas quedo frente a ella para tomar su cabeza bruscamente en sus manos y mirar en sus ojos.

"Supongo que dices la verdad"- murmuro tras unos instantes en tono resignado.

"Pero tal vez no me hagas perder totalmente mi tiempo"

"¿Sabes?"- comentó aferrando su larga mata de cabello, acercándose para observar mejor su rostro.

"Tienes una cara muy familiar, querida, podría jurar que nos hemos conocido antes."-musito.

"O talvez alguien más"- murmuro mas para si mismo- "Si, eso es. No son sus ojos, pero tienes el rostro de tu madre sin duda." -siguió hablando ignorándola totalmente- "Lo sabia, sabia que eran dos pero no pude encontrarte, cariño. Esperé que aparecieras en el profeta pero nunca volví a verte. Extraño encontrarnos ahora, pero no temas, no voy a terminar el trabajo"- dijo con seriedad.

¿De que rayos habla? El tipo tiene serios problemas pensó en sus posibilidades de escape él tapaba la puerta pero si solo lograba distraerlo un segundo. Sin pensarlo dos veces se lanzo sobre el mago para esquivarlo en el ultimo instante tuvo el efecto deseado durante escasos segundos parecía que podría alcanzar la puerta pero una mano aferro su vestido lanzándola al piso.

"Sí, modales sin duda es lo que necesitas aprender"- le sonrió el hombre con mueca burlona.

El primer golpe cayo sobre sus brazos alzados para proteger su cabeza el segundo en su espalda al caer de rodilla en la gruesa alfombra. Luego de ese ya dejo de contarlos y fue tal vez una suerte que uno de los golpes bien colocado del bastón la hiciera perder el conocimiento.

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Sandra veló al pie de la cama de la muchacha sin dejar que nadie la moviera de su puesto. Francisco había rehusado llamar a un sanador. La mujer sospechaba que alguien mas había influenciado esa decisión, Francisco podía tener muchas fallas pero esta crueldad era algo fuera de lo usual.

La espalda de la chica era un mapa de cicatrices y la respiración trabajosa le hacia sospechar de costillas rotas. Necesitaban ayuda pero ¿a quién acudir? Martín había sido su primera opción. Él era tal vez el único amigo que Ángela tenía fuera de la casona. El muchacho les entregó una gran variedad de hierbas medicinales cuando Rosa y Darla le contaron lo sucedido pero o bien no había creído la gravedad del asunto o no había querido actuar, de cualquier forma había dejado claro que no podía ayudarlas.

Eso dejaba solo una opción… él se había interesado en su amiga, incluso por lo que ella dijo quiso sacarla de la casa. Porqué la muchacha decidió quedarse era algo que todavía no dejaba de preguntarse, una rareza más de la chica.

¿Pero cómo contactarlo? No tenía un nombre para empezar la búsqueda, los únicos datos de clientes estaban en la oficina de Francisco por motivo de chantajes en caso de necesidad bajo guardas mágicas. No tenían manera de pasarlas sin una varita.

Si tan solo lo sorprendieran, un accidente o algo, lo que fuera para distraerlo y hacerlo salir rápidamente, no tendría el tiempo de guardar la puerta. Necesitaría la ayuda del resto.

Media hora después y una pelea de gatas iniciada por motivos nebulosos, estaba agradeciendo al cielo por la manía del orden del hombre. Cada cliente estaba ordenado por la muchacha a la que era regular Ángela solo tenia dos entradas S. Snape y L. Malfoy y por las fechas de estas la ultima había sido el tal Malfoy. Furiosa recordó que no era momento para venganzas pero si ese hombre alguna vez se le cruzaba en el camino…

S. Snape, S. Snape, S...¡Severus! Severus lo había llamado Ángela. Severus Snape, contacto: Hogwarts ¿El colegio? Eso era nuevo.

Escribiendo una rápida nota lanzó una plegaria a la deidad de turno y envió el pergamino por la chimenea exclamando:

"SEVERUS SNAPE; HOGWARTS"

Ahora solo quedaba esperar

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Mientras tanto Severus Snape, maestro de pociones, disfrutaba del día de Hogsmeade libre de alumnos en la tranquilidad del "calabozo".

Las llamas de la chimenea frente a él se encendieron en fuego esmeralda unos segundos para escupir un arrugado pergamino a sus pies. Con la paranoia de un experimentado espía se dio los minutos para inspeccionar el papel en busca de portkeys y maldiciones.

Determinándolo inofensivo lo recogió finalmente del suelo.

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El mensaje decía mediodía, lo sacó de su bolsillo para leer el breve mensaje por milésima vez, mediodía entonces ¿Dónde demonios estaba¿Por qué había acudido?

Tal vez estaba harto de esto, harto de medias verdades, si algo le sucedía a ella y no saberlo… ¡maldición¿Dónde estaba? Tan difícil es seguir una simple indicación especialmente si ella puso la hora.

Recorrió con la mirada otra vez la multitud fuera del café, era el mismo donde la había visto ese día cerca de navidades.

Alguien lo estaba mirando y se acercaba pero no era Ángela aunque si familiar, la muchacha que la acompañaba ese día. Los ojos de la mujer se veían enormes en su rostro pálido y ojeroso, estaba asustada sin duda pero parecía determinada. Con un movimiento casi imperceptible le señaló la silla a su lado y esperó que la atemorizada bruja se decidiera a explicarle lo que sucedía.

El silencio pesó en el aire por unos largos instantes, por lo visto él tendría que empezar

"Qué es lo que tenias que decirme?"- preguntó fríamente.

Sin dejarse intimidar, Sandra recordó por quien estaba haciendo esto. Mirándolo fijamente comenzó a hablar, su voz tembló un poco pero fue tomando firmeza conforme avanzaba en su relato. Severus solo acusó su atención en la palidez que adquirió su rostro ¡Malfoy! varias maldiciones especialmente dolorosas pasaron por su mente.

"¿Dónde esta ella ahora?"- preguntó a través de dientes apretados.

"Francisco no me ha dejado verla, por favor señor si en algo le interesó alguna vez usted puede sacarla de ahí, por favor, se lo estoy rogando, ella no merece lo que está pasando." No, no lo merecía. Él había prometido protegerla y le había fallado.

"Será mejor que te vayas ahora"

La bruja lo miro incrédula, parecía que iba a decir algo pero la silenció rápidamente con una mirada. Sandra sintió la quemazón de las lágrimas: no iba a ayudarlas.

Viendo alejarse a la mujer Snape pensó en sus posibilidades, no importaba como lo pensara, Ángela no podía continuar en ese lugar, ya no estaba segura ahí. Tampoco podía pedir la protección de Voldemort, Lucius lo superaba en rango ante el señor oscuro y si él pedía por ella la obtendría. No había otra alternativa, Ángela debía ser presentada a la Orden del Fénix.

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Notas del Autor: Y al fin! desde mañana los nuevos capitulos ;)