Little Star.
Se sentó en el piso mientras fumaba un cigarrillo, aun era sábado por la mañana, no había mucho que hacer, y tampoco estaba de humor para levantarse e irse haber al Decimo, bueno, por lo menos no en esos momentos, aparte de que suponía que este aún estaba dormido, como más de media ciudad; a las cuatro y media de la mañana, todos siguen dormidos, menos él.
Y podía apostar que hasta la persona en la que estaba pensando, también había caído en un sueño profundo.
Que envidia le daban todos los dormidos, el parpadeaba, dormitaba, pero al cerrar los ojos él aparecía en su mente, invadiéndola, inundándola con recuerdos placenteros y otros no tanto.
¿Por qué….porque demonios tenía que ser así?
—Hibari—pensó mientras miraba la ventana, y las cortinas moverse suavemente por el viento. — ¿Qué me hiciste bastardo?
Eso era lo que hasta ahora lo estaba molestando, y había pasado toda la noche pensándolo, ¿de verdad, Hibari solo lo había desechado como juguete?
Pero en sí eso no era lo que más le intrigaba.
— ¿Por qué me puse así cuando me dio esa respuesta? Lo más lógico sería que me diera igual…—de nuevo miro al cielo, estrellado—entonces, sí me importa lo que ese idiota piense sobre mí…entonces… ¿me gusta?—sus mejillas se tiñeron de color rosa— ¿realmente Hibari consiguió que me enamorara de él? ¡No, imposible!
Se tallo los ojos intentando borrar esos pensamientos, y dio otra inhalada a su cigarrillo, para después aventarlo al cesto de basura.
—No sé porque, ¿Por qué demonios me trato de engañar a mi mismo?...Me gusta Hibari, y lo sé…pero él…sus ojos—exhaló y abrazo sus rodillas—no estoy seguro de que sienta lo mismo, lo más probable es que solo se haya querido burlar de mí.
—No lo sé—
Las palabras resonaron en su mente y de nuevo pensó en los ojos de Hibari.
—Sus ojos no mostraban ningún tipo de emoción o sensación…solo fui un juego para ese bastardo—
—.—.—
—Me alegra que Gokudera-kun haya podido convencer a Hibari, sin tener que dar lo que le pidió—dijo alegremente Tsuna hacia Yamamoto, este solo le sonrió.
—Gokudera… ¿Qué fue lo que paso?
— ¡Gokudera-kun!—gritó Tsuna, llamando a su amigo que iba mas enfrente de ellos, el peliplata se volteo y sonrió, de una manera algo extraña, lo cual no paso desapercibido por sus amigos.
— ¿Sucede algo malo, Gokudera-kun?
— ¿Eh? N-Nada Decimo, ¿Por qué la pregunta?—cuestionó confundido.
—Bueno pensé que te habías enfadado por el dinero que te quito Hibari-san—rió, haciendo que su amigo desviara un poco la mirada.
—No, de hecho me alegra no tener que ver más a ese bastardo—le sonrió, y después puso cara de fastidio— Yamamoto, deja de mirarme o sentirás dinamita en tu trasero.
—Hahaha. Solo pensé que Gokudera se veía algo extraño—el albino lo miro con cierto asombro y molestia—pero solo son ilusiones mías, Mukuro debe estar cerca. Haha.
Ambos caminaron hacia la escuela, platicando de cosas triviales, hasta que reconocieron un auto rojo, estacionado frente a la escuela, y muchas chicas rodeando a Dino.
—Ese idiota, atrae la atención de medio mundo—gruñó Gokudera mientras caminaba al igual que los otros dos, hacia Dino.
—Tsuna, Yamamoto, y Gokudera—sonrió, acercándose a ellos— Me da gusto verlos.
—Hace veinte minutos nos vimos—pensó Tsuna con los ojos en blanco, pues el potro de nuevo se había quedado en su casa.
—Haha. Gusto en verlo Dino-san—saludó Yamamoto alzando su mano.
—Estas perturbando la paz en mi escuela—dijo Hibari mientras se paraba en la puerta, provocando que todos se metieran inmediatamente—lárgate de aquí, potro.
—Jaja, lo siento Kyoya, pero hoy no te vengo a ver a ti—la respuesta hizo que los demás prestaran atención, menos Gokudera, que para entonces ya estaba caminando en otra dirección.
—Hayato—llamó Dino, captando su atención.
— ¡Idiota! ¿Quién te crees para llamarme por mi…?—antes de completar su oración, fue jalado hacia el auto, y encerrado— ¡Bastardo quien te crees que eres! ¡Déjame salir! ¡Maldito potro salvaje!
— ¿Dino-san? —llamó Tsuna alarmado, Yamamoto parpadeo un par de veces, y Hibari oscureció la mirada.
—¡Déjame bajar! ¡Te pondré dinamita en…!
—Kyoya, ¿recuerdas la última vez que hable contigo?—el pelinegro le prestó atención—decidí no esperar hasta mañana, hoy mismo Gokudera será mío.
Los tres se sorprendieron ante tan declaración.
— ¡Dino! Déjame bajar caballo salvaje—claro está que Gokudera no lo había escuchado— ¡Si no me dejas bajar, volare tú auto en pedazos!
— ¿Dino-san?—el rubio le sonrió a Tsuna, haciendo que por extraña razón se tranquilizara un poco.
—Como si fuera a permitirlo—murmuró Hibari, desprendiendo un aura morada, antes de que Yamamoto o Tsuna se dieran cuenta, el coche ya había arrancado a toda velocidad, provocando que Hibari brincara de techo en techo para poder alcanzarlo.
Gokudera miro a Dino quien le sonreía bobamente.
—Gokudera, ahora mismo veras los sentimientos de Hibari hacia ti.
El peliplata se sorprendió, y dejo de reprochar, para después mirar por el espejo, y notar que Hibari ya no estaba, bajo la mirada—De verdad…yo dudo que venga.
Dino freno en un lugar con camuflaje y miro hacia arriba, esperando que Hibari los localizara, aunque Reborn le debía una, y una muy buena.
Gokudera suspiro, captando la atención de Dino, este la acaricio los cabellos.
—Veras que pronto ese tonto de Kyoya se dará cuanta que te quiere solo a ti. Dime Gokudera, ¿tu lo quieres a él?
El italiano no supo que contestar, y desvió la mirada haciendo que Dino sonriera por el pequeño sonrojo en sus mejillas.
Solo era cuestión de tiempo para que Hibari viniera, y mordiera hasta la muerte a Dino…¿o no?
¡Ciao-ssu!
Chicas ¿Cómo es que dicen estar?
Ojala que bien, aquí su querida escritora trayéndoles el nuevo capítulo de esta linda historia TTwTT se acerca el final, espero que lo disfruten como yo disfrute escribir esta historia.
Bien, ojala que les haya gustado esta pequeño capítulo.
Me despido-
MimiChibi-Diethel.
