Capítulo VI

Encerrada en mi habitación oía el teléfono sonar y sonar. El reloj marcaba las nueve de la mañana y sabía con certeza que el que llamaba era David.

"No me llames más, por favor" me repetía como si le hablara a aquel fantasma,y con las sábanas me tapaba hasta el tope. Creí que yo no sentiría más esa sensación, no después de la vez en que David y yo recorrimos la plaza.

Pero ahora sabía que no importaba cuán maravilloso fuera, era un fantasma, y mi mente me alejaba de él. Me traía el dolor de la muerte otra vez allí, con una esperanza falsa.

Por eso no podía aceptarlo, porque ya había aceptado su muerte. Aún estaba tratando de superarlo, pero ahí estaba él otra vez, y me lo traía todo de vuelta.

Y yo era otra vez aquella mujer de Gondor, y veía mi vestido azul hermoso, arropando mis sueños.

Ese hombre era un misterio, pero un misterio embargado de pasión. Tal vez eso era lo que en realidad me alejaba.


Las diez de la mañana.

No soportaba más la desolación que se apoderaba de mí en esas horas de soledad. El futuro incierto y nada promisorio me agobiaba con más intensidad que lo normal.

Si eso era así, yo pensaba que aquello no podía ser mi vida.

El encuentro con David me estaba empujando hacia algo desconocido, era como si todo me indicara que debía dejar la vida que conocía atrás…


Cuando vi a David otra vez, estaba sombrío y preocupado. Una persona totalmente distinta a la de la vez anterior. Le dije mil veces que me encontraba bien, pero al día siguiente estaba otra vez allí enfrente de mi edificio.

Una figura solitaria y que resaltaba entre toda la gente y la sensación de que era él un fantasma no se alejaba de mi mente.

Había alquilado un automóvil recientemente y me preguntaba si eso tuvo algo que ver con el robo del mío.

-Hola-

Me le acerqué y cada vez era mayor la sensación de que lo conocía desde hacía muchos años. El miedo a los desconocido era lo que definitivamente me tenía en combate dentro de mí.

David estaba distinto, su mirada era severa, y estando parado junto al automóvil alquilado echaba mirada nerviosas a su alrededor.

-¿Qué pasó?- me preguntó.

-Nada en especial. Lo que te conté ya- me encogí de hombros.

-No, sí ha pasado. Te han atacado- dijo él.

-Me asaltaron y me robaron el automóvil, como le pasa a todo el mundo- dije paseando la mirada por el tráfico de la calle, que no era mucho, extrañamente.

David se me acercó y me miraba fijamente… y sentí un enorme deseo de desahogarme con él, porque tenía demasiado dentro de mí que sacar…

-Yo…- me salió involuntariamente un balbuceo.

-Marianne…- su voz serena y gesto gentil brillaban bajo el sol. Quería tocarme, que sus manos me confortaran.

Por Dios que mi amado Faramir había regresado. Allí estaba preocupado tal como aquellas veces en el pasado.

Respiré profundo, hicimos silencio. El ruido de la calle parecía muy lejos.

-No quiero que estés aquí- fue lo que dijo él.

Me encogí de hombros mientras David prestaba atención a unas ruidosas motos que pasaban, cargando a tres personas cada una, y una de ellas llevaba un bebé.

-Es un lugar mísero, peligroso… Es, es…- su voz titubeó –Es tal como me habías contado que era-

Nos quedamos mudos, recordaba la vez en que le había contado a Faramir sobre Caracas, el lugar de donde yo provenía. En los últimos días David había dejado de lado cualquier cosa extraña y su conversación se había vuelto normal y cotidiana. Pero ese día retomaba todo otra vez.

Cuando yo le conté sobre Caracas, estábamos en la biblioteca de Gondor, en donde Faramir creció bajo la tutela de Gandalf el mago, a espaldas de su padre.

¡David sabía eso también!

Me había salvado de los soldados, me tenía bajo su cuidado porque él mismo era diferente. Faramir pensaba que el mundo tenía misterios que iban más allá de su conocimiento, pero esas creencias estaban prohibidas, su padre, Denethor, le echaba la culpa a Gandalf por eso.

Pero Gandalf no era quien le metía esas ideas en la cabeza a él, Faramir ya las tenía por intuición propia, porque Faramir era diferente.

-Tú te acuerdas de eso ¿Verdad?- David fue directo –Dime, Marianne, dime que te acuerdas de todo eso- y había desesperación en su mirada.

-Esto no puede ser, David… ya te lo dije. Tú y yo debemos estar confundidos… No vuelvas con ese tema, por favor-

-Yo quiero saber por qué he vivido toda mi vida con esto. Marianne, toda mi vida he estado dividido, no sé cuál es mi realidad-

El estar parado en medio de la calle ya se hacía pesado, el sol calentaba, la gente estorbaba.

-Tu nombre es Marianne, lo sé ¿Ves que esto tenemos que hablarlo? Vengo para que almorcemos juntos. Nuevamente te lo pido, que hablemos-

Yo ya me encontraba hablando inglés con él con total naturalidad, como si fuera mi lengua natal. En la Tierra Media me eduqué para hablar el idioma de los Hombres… que era en este mundo: el inglés. Ahora me daba cuenta de eso.

Callados, nos quedamos mirándonos el uno al otro, y los pocos carros y la poca gente que pasaba a nuestro alrededor, era como si pertenecieran a otro mundo.