Primero que nada una disculpa, hechenle una leedita a la parte final del capie anterior estaba incompleto.
Cap. 06
El Tigre y la doncella
Mis mañanas son tranquilas y apacibles desde que me casé con la mujer a la que siempre he amado.
Aquella misma que me tomó entre sus brazos cuando yo no era mas que un cuerpo muerto que se descomponía a merced de los gusanos, y que tras la bendición divina de Athena comenzó a recobrar forma, hasta que aspiré mi primer aliento de una nueva vida, y lo primero que vi, fue a ella.
A ella, que tras mi primer bocanada de aire me abrazó llorando, me dijo en voz queda lo mucho que me amaba, y cuanto le había dolido mi muerte.
Me sentía débil, pero la abracé, la abracé con la poca fuerza que tenía y busqué sus labios, y me besó, como yo siempre soñé que la besaría, con ansiedad, con amor, dejando que nuestras bocas saborearan sus saladas lágrimas de felicidad.
Y de eso han pasado dos años.
Ella tenía solo trece años en ese entonces, pero la madurez de una mujer de veinte tantos, por eso es que no dudé en convertirla en mi esposa, que a sus quince años se desenvuelve con soltura en el hogar, me trata como a un rey, me reprende como a un chiquillo cuando me porto mal, y se convierte en una pantera durante nuestras pasionales noches.
Meto la mano en el bolsillo y extraigo un viejo anillo de oro, hacía tantos años que no lo veía.
Es un preciado tesoro de aquellos días de la niñez, cuando yo todavía no me enviciaba, y cuando Shiryu y yo corríamos felices por el bosque.
En una ocasión él cayó en una cueva subterránea, y cuando lo encontramos, dos días después, estaba sonriente y tranquilo, con este anillo en sus manos.
Afirmó haberlo encontrado en la oscuridad, y tras tocarlo por todos lados debido a la falta de luz, había encontrado las inscripciones "Todo va a estar bien" grabadas en la masa dorada. Aquél día, ese anillo se volvió su amuleto, y me prometió regalármelo cuando ya no necesitara de su protección.
Hace un mes que lo tengo.
Me lavaba el rostro tras un arduo día de trabajo en la tina que Shunrei colocó para mí, cuando escuché un grito bastante conocido, me erguí y miré a mi alrededor espantado, mas no encontré nada.
Cuando regresé mi mirada al agua, el anillo reposaba en el fondo de la vasija.
Un ruido me alerta de pronto y me giro hacia unos crecidos arbustos, de los cuales emerge un hombre de alrededor de veinte años, pero sus ojos verde azules revelan una edad mucho mayor, una experiencia y una sabiduría de cientos de años.
Maestro?
Hola muchacho.
No me doy cuenta de la velocidad de mis piernas sino hasta que ya estoy prácticamente encima de mi maestro, abrazándolo con todas mis fuerzas, y él me corresponde de igual manera.
Ha pasado tiempo, maestro.
Mucho.
Shunrei está furiosa, si no hubiera venido en estos días, ella seguro que iba hasta el Santuario a traerlos de una oreja.
Mi maestro sonríe y se soba el cuello, pero sus ojos están tristes. Observo rápidamente a su alrededor, y un peso cae en mi alma.
Maestro, donde está Shiryu…
Okho… hijo… por que no acudiste a la llamada del Santuario?
Frunzo el ceño y me alejo unos cuantos pasos, mi mano regresa al bolsillo para apretar el objeto que tan embobado me tenía minutos atrás, mi maestro observa cada una de mis reacciones.
No podía ir, Shunrei… ella se puso mal ese día, yo, tenía que decidir entre mi diosa y mi mujer.
Se que me va a regañar, se que la mano que ha colocado en mi hombro es para hacer mas llevadera la reprimenda, lo miro fijamente, no importa lo que él me diga, yo voy a defenderme.
Hiciste lo correcto.
Pestañeo.
Que?
El día que te casaste con Shunrei, le prometiste amarla, respetarla, estar con ella en salud y enfermedad y hasta que la muerte los separe…
Y mas allá todavía.
Exacto, eso mismo dijiste en aquella ocasión, y me alegra ver que lo cumplas.
Me siento algo avergonzado, pero feliz de que mi maestro apoye mi decisión. Puedo sentir como jala mi mano fuera del bolsillo y abre mi puño sin que yo se lo evite para observar el anillo.
Maestro, donde está Shiryu?
Él me mira con detenimiento y baja la mirada, puedo ver que está como… como a punto de romper a llorar, y es una verdad demasiado dura para mi.
El… él falleció?
Lo asesinaron, Okho.
El mundo da vueltas de repente, estoy mareado, triste, enfurecido… como es posible que…
¡ANCIANO MAESTRO!!
¡Shunrei!
Y mi esposa sale de la casa con una gran sonrisa, corre hacia nosotros y mi maestro corre hacia ella para evitarle cansancio, la abraza con menor fuerza que a mi, por que ella es mas frágil, para después admirar esa pancita abultada que ha llevado consigo durante ocho meses, casi nueve.
¡Pero mira lo redonda que te has puesto!
Maestro! No sea grosero.
Ya, ya, Shunrei, a decir verdad te ves preciosa.
Usted lo cree?
Lindísima diría yo.
Mi maestro sonríe mientras acaricia el crecido vientre, para después arrodillarse y apoyar su cabeza en el vientre de mi esposa, lo veo reír cuando mi hijo o hija le patea el rostro.
Pero vamos adentro! Vamos, vamos, la comida está casi lista!
Lista?
Si, por que?
Okho, ven acá un momento.
Me acerco confiado y dos segundos mas tarde me doy cuenta de lo equivocado que estuve al hacerlo, por que una mano se estrella contra mi pobre cabeza.
Se puede saber que hace tu esposa cocinando en este momento de su embarazo??
¡Oiga, alguien tiene que cocinar, yo tengo que trabajar!!
Y luego??
Pues no nos vamos a morir de hambre!
De acuerdo¡Pero ve a poner la mesa!
Oiga, que esta es mi casa!
Ah, con que piensas poner al invitado a poner la mesa???
Gruño y camino hacia la casa, Shunrei se ríe, la muy pícara, pues ya veremos, por que esta noche ella me la paga.
Minutos mas tarde, y tras haber disfrutado la siempre deliciosa comida de mi amada esposa, ella ha ido a la cocina para traer el postre, y yo miro a mi maestro impaciente, pues el tiempo es poco y mi casa es pequeña, así que Shunrei podría escucharnos.
Quien fue?
El me mira unos segundos y baja la mirada.
Mu.
Mu de Aries??
Conoces a otro Mu?
E-esque… No puede ser!
¡Llegó el postre!
Ah, que rico, hija.
Es el favorito de usted Maestro, pero ya verá Shiryu, apenas nazca mi bebé e iré a buscarlo al santuario, Okho me dijo que había habido problemas, pero con usted aquí yo supongo que todo está bien ahora. Ahh, Shiryu nunca cambia, supongo que ya se le declaró a Mu, verdad? O sería al reves? Si se les notaba que se atraían, cuando estuvo aquí, en Rozan, me sorprendió ver como Shiryu se sonrojaba ante su presencia, es tan tierno.
Mi maestro y yo nos miramos unos instantes, no podemos guardarle la verdad para siempre, pero no dudamos en que nos gustaría mucho hacerlo.
Gracias Shunrei.
Si, gracias amor.
Comemos el postre en silencio, y ella puede notar que algo ocurre, pero mi esposa siempre ha sido muy discreta, y no pregunta nada, mejor así.
Pero el que ella sea discreta no significa que yo lo sea, y solo espero a que ella duerma esta noche para salir con mi maestro.
Como ocurrió.
Niega con la cabeza, Shiryu siempre fue como su hijo, si mi bebé o mi esposa murieran, no se como podría seguir viviendo.
Estaba… estaba cubierto de sangre… no pude llegar a tiempo, solo fueron…. Fueron segundos, pero él ya estaba muerto.
Maestro, pero Mu lo amaba…
¡Mu era un asqueroso cobarde!
Su grito repentino me congela, camina de un lado al otro como bestia enjaulada.
Él tuvo la culpa, y yo… yo… Okho… mi hijo… mi muchacho…
Cálmese maestro.
Si lo hubieras visto, en ese ataúd que bajaba a la tierra, él… él… tenía toda la vida por delante.
Maestro…
Y… cuando murió sus ojos estaban abiertos, su boca… dejaba escapar un hilillo de sangre, sus ojos… sus ojos estaban rojos, la galaxian explotion de Mu lo reventó por dentro.
Que?
Ambos volteamos cuando aquella voz es acompañada por un estruendo metálico, y vemos a mi esposa, la cual se cubre los labios horrorizada.
Maestro, que es lo que…
Shunrei, que haces levantada a estas horas.
Yo… yo… creí que darían un paseo nocturno y decidí unírmeles… yo… traía té.
Puedo ver que en su rostro se deslizan lágrimas silenciosas, sus labios se cierran para evitar que escapen sollozos de angustia.
Shunrei, no sabes como lo siento.
Maestro, Shiryu… por que él…
No me preguntes eso mi niña, por favor.
Shunrei está demasiado alterada, su auto control desaparece y cae al suelo en un llanto amargo y desesperado, yo le tomo entre mis brazos buscando consolarla.
Shiryu, Shiryu, él… ¡El no puede estar muerto!
El falleció Shunrei, lo mataron en la guerra…
¡ME ESTÁS MINTIENDO!
Shunrei!
Se pone de pié apoyándose en mi y encara al maestro, yo hago todo lo que puedo por detenerla, pero tengo miedo de lastimarla.
¡POR QUE NO ME LO DIJERON!!
Shunrei, tu bebé…
¡NO, BASTA, YO, YO….
De repente ella colapsa y se lleva las manos al vientre mientras emite un doloroso quejido.
¡SHUNREI!
Mi maestro y yo la sostenemos, coloco mi mano sobre el vientre que aloja a mi hijo y le siento duro y contraído.
Shunrei, por favor…
O-Okho… Shiryu no puede… estar….
Pero no puede continuar por que gime dolorosamente, así que la levanto en mis brazos y la llevo al interior de la casa, mientras que mi maestro dice algo sobre un doctor y sale corriendo a la aldea.
Me siento terrible, ella no debía enterarse de esa forma, la miro en la cama contrayéndose de dolor, mordiendo sus labios para no gritar y estrujando las sábanas entre sus finos dedos.
Shunrei, no me hagas esto…
Cierro mis ojos y coloco mi mano en su bajo vientre, no quiero abrir los ojos, no quiero verla sufrir, hasta que siento algo cálido que moja mi mano.
Es sangre.
Ella deja de moverse unos instantes, pareciera que la vida se le escapa, y con la vida de ella, la de mi hijo.
¡OKHO!
¡Maestro!
El doctor llega en ese instante, habla, dice cosas que yo no comprendo, veo que mueve la boca pero… ¡Pero que!
¡Okho, muévete!
Que?
¡El bebé ya viene, rápido, trae unas toallas limpias!
Eh, ah! Si.
Corro como loco, desesperado, mi mujer está a punto de dar a luz, está en peligro, y mi hijo también.
Por favor, ellos deben sobrevivir.
Llego con el encargo y trato de entrar a la habitación, pero mi maestro me detiene por el pecho.
Tu quédate afuera.
Pero…
He dicho que te quedes, es una orden.
No puedo rebatirle y me detengo, no sin antes alcanzar a observar a mi amada esposa bajo los cuidados del médico.
Me siento en la sala y doy rienda suelta a mis lágrimas, los gritos de ella, la voz de mi maestro y de ese hombre se entre mezclan de manera que parece una música de pesadilla.
Al estar sentado, el pantalón se aprieta contra mi pierna, y siento una fuerte incomodidad con el anillo en el bolsillo.
Esto me hace volver a pensar en Shiryu, no puedo imaginar esa escena, él, tirado en el suelo, sangrando, muerto…
Era como mi hermano, yo era el malo y él era el bueno, no me imagino el intenso dolor que tener que asesinarme debió provocarle, pero fui yo quien le obligó.
Sobo mi cabeza y paseo de un lado al otro, el ruido continúa, pero soy incapaz de comprender que es lo que están diciendo, hasta que todo a mi alrededor, toda la amargura, el miedo, la pesadez y el dolor son rotos por un canto de vida que penetra en mis oídos y aviva mi corazón.
No puedo dejar de escuchar esa música preciosa, la cual cesa lentamente.
Pasan minutos en los que yo no puedo mas que sostener el anillo que Shiryu me hiciera llegar, hasta que la puerta se abre lentamente, es mi maestro, sonriente y cansado, con la ropa cubierta de sangre, sosteniendo en sus brazos un bulto envuelto en una frazada blanca.
Shunrei está bien Okho, el doctor pudo estabilizarla, justo ahora está inconciente.
Gracias, maestro…
Creo que… hay alguien a quien debes de conocer.
Y me entrega su preciosa carga.
Unos ojos azules, idénticos a los de Shunrei me observan. Es una mirada profunda, llena de curiosidad, que no se mueve en absoluto de mi mirada, su piel es muy suavecita, del mismo color que Shunrei, puedo ver con una amplia sonrisa que tiene mi mismo color de pelo, apenas unas hebras castañas que adornan su cabeza, y aprecio embelesado que tiene mi nariz, y un lugarcito pequeño, en el espacio que queda entre el oído izquierdo y la barbilla, el mismo que tengo yo.
Es precioso, Okho.
Yo… gracias.
Han discutido como van a nombrarlo.
Mis ojos se encuentran con los de mi maestro.
Si, pero justo ahora no creo que sea conveniente.
Mi maestro acepta en silencio mientras acaricia el rostro de mi bebé recién nacido, que se ve tan gracioso aún cubierto de esa extraña gelatina relamida que no pudieron quitarle del todo.
Esta noche nos la pasamos en vigilia de mi esposa, mientras, tras una revisión del doctor, sabemos que mi hijo está sano, mas eso no impide que la mayor parte de la noche la pase en brazos de su abuelo, el cual no parece dispuesto a soltarlo.
Okho…
La voz de Shunrei llama nuestra atención de repente y nos acercamos enseguida, mi maestro me entrega a mi hijo con cuidado.
Los ojos de ella parecen desorientados mientras revisa toda la habitación, hasta que finalmente me mira, y pareciera que tarda un buen tiempo en enfocarme.
E-ese es…
Hijo, saluda a tu mamá.
Lo coloco en sus brazos y ella le mira, y mi hijo le mira a ella por unos instantes, para después acurrucarse en su calor materno.
Tiene tu nariz.
Y tus ojos.
Ella me mira y sonríe, para después besar la frente de nuestro hijo.
Es un niño muy bello, y muy sano.
Muchas gracias maestro.
Shunrei sonríe mientras acaricia su pequeño rostro, y el pequeño empieza a quedarse dormido.
Serás un gran hombre de bien mi pequeño dragoncito.
Mi maestro y yo intercambiamos rápidas miradas.
Shunrei, yo creo que…
Okho, respetaremos el nombre que habíamos decidido.
Pero…
Si antes fue en su honor, ahora será en su memoria… a él le habría gustado.
Suspiro, y se que es una batalla perdida. Me acerco y tomo a mi hijo en brazos para mecerlo suavemente, pues Shunrei aún está muy débil para seguir sosteniendo su peso.
Sus ojitos azules me miran intensamente, y su pequeña manita atrapa mi dedo cuando juego con él.
Bienvenido al mundo hijo.
Shunrei alarga su mano y la coloca sobre nuestro bebé.
Bienvenido al mundo, mi pequeño Ryu.
