Chicas les advierto que el capítulo es cortito pero prometo subir de 2 capítulos si el ff me deja...
como que ha estado fallando todo el dia por eso no habia podido actualizar.
Capítulo 6.
Isabel no tenía idea de donde había pasado la noche Edward. Lo único que sabía era que no había vuelto a la habitación que debían haber compartido.
Ella sabía que no había regresado porque había pasado casi toda la noche despierta. Estaba demasiado turbada como para dormirse.
Cuando se levanto y fue al cuarto de baño vio las secuelas de aquella noche en blanco. Tenía ojeras y estaba muy pálida.
Tendría que maquillarse para cubrir aquella palidez, si no, sería una dama de honor impresentable, pensó.
El solo hecho de tener que presentarse a Edward después de la intimidad que habían compartido el día anterior era algo que la ponía nerviosa.
Pero no tendría otra alternativa.
Edward había dicho que se quedaría, y lo haría.
Aunque sólo fuese para poder llevarse su parte del trato.
¿Qué clase de venganza planeaba Edward?
Aunque después de lo que le había dicho la noche anterior y el modo en que la había besado y acariciado, ¡realmente no tenía ninguna duda de qué tipo de venganza seria!
Su venganza seria hacerle el amor y demostrarle la poca fuerza de voluntad que tenia ella en lo concerniente a él. Él quería demostrarle que ella lo deseaba todavía.
Lo que no sabía era cuándo y dónde ocurriría aquello.
Momentos más tarde lo encontró en la cocina con su madre, probándose la pajarita que hacia juego con los vestidos de las damas de honor, algo que se esperaba que llevara puesto.
Era un poco enervante oír la risa de Edward y la risa juguetona de su madre cuando Isabel se había estado preparando para encontrarse con un hombre arrogante y exigente, como el de la noche anterior.
Edward estaba un poco ridículo con aquella pajarita encima de la camiseta negra, pero a Isabel no le pareció suficiente para que se estuviera riendo tanto.
Se quedo al lado de la puerta de la cocina, mirándolos, maravillada ante aquel Edward más suave. Parecía muy relajado.
Edward no solía bajar la guardia. Y la noche anterior había dejado muy claro que con ella no bajaría la guardia en absoluto.
De todos modos, era un poco irritante ver a Edward tan cómodo con su madre. A no ser que fuera todo una farsa.
¿Lo haría para convencerla de que él estaba cumpliendo su parte del trato?
-¿interrumpo algo? –murmuró Isabel finalmente.
Edward dejo de reírse inmediatamente y la miró burlonamente.
Su madre sonrió.
-Edward y yo estábamos pensando que él parecía uno de esos strippers, si se quitase la camiseta…
-¿Y cuándo ha sido la última vez que has visto un stripper masculino? –preguntó Isabel, mirando a su madre con el ceño fruncido.
-Nunca –suspiró su madre, decepcionada.
-¡Madre! –exclamó Isabel afectuosamente.
Rene agito la cabeza y les sonrió a ambos.
-Ese es el problema con vosotros, los jóvenes… ¡Pensáis que sólo vosotros habéis descubierto la atracción de un cuerpo desnudo!
-Yo, no –dijo Edward.
Edward se había dado cuenta aquella mañana de que le caía bien la madre de Isabel. Le estaba resultando muy difícil permanecer frio ante aquella familia feliz en el día de la boda de su hija menor.
-¡Es evidente que Charlie y tú lo habéis descubierto al menos cuatro veces en los últimos treinta años!
Rene se puso colorada.
-Supongo que me merezco una respuesta así… -dijo Rene, sonriendo-. Isabel, tengo que ir a llamar por teléfono al florista para ver por qué no han llegado las flores todavía. Así que dejo que le prepares tú el desayuno a Edward –Rene le acaricio afectuosamente la mejilla a su hija y se marchó-. No te olvides que dentro de media hora vamos a la peluquería –le recordó.
Edward e Isabel se quedaron solos en la cocina, aunque era evidente, por el ruido de puertas y voces a la distancia, que no eran los únicos que estaban en casa.
Edward se aflojó la pajarita y se la quitó. Luego miró a Isabel.
Ella parecía tener dieciséis años aquella mañana vestida con aquellos vaqueros y aquella camiseta verde ajustada. Hacia juego con los ojos de él. Llevaba el pelo con una coleta.
Ella lo miró también.
A su mente acudieron recuerdos de la noche anterior.
Eran recuerdos que lo habían atormentado toda la noche, que se había pasado bebiendo café en la cocina. Una parte de él había querido volver con Isabel para terminar lo que habían empezado, pero la otra parte había sabido que aquel no era ni el momento ni el lugar para hacerle el amor.
Lo que sucediera entre Isabel y él en el futuro tenía que ser en sus términos. Cualquier otra cosa era inaceptable.
Isabel lo había abandonado, y él no pensaba dejarla escapar nuevamente hasta que ella le diera una cuota de carne a cambio. Literalmente.
Hasta entonces él pensaba ceñirse a su parte del trato.
-Tu madre ha dicho algo del desayuno –dijo él.
Aunque tenía un montón de café en el cuerpo, no estaría mal comer algo, pensó.
Isabel dejó escapar un suspiro. No había esperado que Edward le saliera con algo tan prosaico.
-Por supuesto –ella se acercó a un armario-. Me temo que hoy estamos más concentrados en la boda que en… ¿Tostadas o cereales? ¿O ambos?
-Cereales. ¿Qué te vas hacer en el pelo? –preguntó.
-Me van hacer rizos con flores color melocotón de adorno –respondió ella. Agarró una caja de cereales y la puso en la mesa. Luego se sentó frente a él-. Edward…
-No tenía idea de que había que planear tantas cosas y que organizar tanto para una boda –luego agregó, mirando los cereales-. Ah son de chocolate…
-Estamos todos un poco distraídos hoy.
-Es comprensible en estas circunstancias –asintió él, añadiendo leche a los cereales.
Edward revolvió la taza.
-Tú te perdiste todo esto, ¿verdad? –comentó Edward.
-¿El vivir en casa? Yo me mude a Londres hace años…
-No me refiero a eso, Isabel. ¿No te habría gustado que tu boda fuera como ésta? El entusiasmo y la excitación de una boda por la iglesia, con tu familia a tu alrededor… en lugar de habernos ido a Las Vegas…
-Bueno, sí. Habría sido bonito… pero no era lo que tú querías.
-Yo no hablo de lo que quería yo –respondió él.
-Es inútil hablar de esto ahora, Edward –ella terminó de beber su café.
-¿Por qué? ¿Es que Black ya te ha prometido el vestido blanco para la boda?
Isabel suspiró profundamente.
-Aunque Jacob sintiera algo por mí, lo que no es cierto, no tengo intención de casarme con él. Ni con ningún otro hombre –Isabel se puso de pie-. Créeme Edward, después del divorcio, tendré mucho cuidado antes de pensar siquiera en casarme.
Edward la agarró del brazo.
-El sentimiento es mutuo, te lo aseguro –le contestó con dureza.
-Sólo nos quedan doce horas juntos. ¿No podemos intentar ser civilizados? –razonó Isabel.
-Creo que estoy siendo extremadamente civilizado –respondió Edward.
Probablemente tenía razón. Edward era un hombre acostumbrado a tomar lo que quería cuando no podía conseguirlo de otro modo, y que ella lo hubiera abandonado debía de ser algo imperdonable para él. Su comportamiento debía de haber mermado su orgullo.
¡Qué tonta había sido de ponerse nuevamente en manos de él!
Le había dado a Edward la oportunidad para ejecutar su venganza.
¡Ni siquiera la felicidad que había visto en el rostro de su padre la noche anterior era suficiente para borrar la agitación que sentía por ello!
Isabel se retorció para soltarse de su mano, pero no consiguió nada. Al contrario, él la a garró más fuertemente.
-Me estás haciendo daño, Edward –le dijo ella.
Él sonrió maliciosamente.
-¡Tú no sabes lo que quiere decir eso! –exclamó y la soltó.
-¡Más que tú! –respondió Isabel, enfadada, reprimiéndose las ganas de frotarse la piel enrojecida de su muñ segura de que mis padres lo comprenderán si quieres excusarte y volver a Londres esta noche en lugar de marcharte por la mañana –comentó bruscamente-. Yo no tendré problema en tomar un tren mañana. Y así tú puedes volver a tu vida cuanto antes.
Ella quería que él desapareciera de allí, ¿no?, pensó Edward, frustrado.
Fuera de su familia.
Fuera de su vida familiar.
Fuera de su vida.
Durante los últimos cuatro meses él había pensado que eso era lo mejor para ellos también, que jamás debería haberse casado con Isabel, y que el que lo hubiera abandonado sólo era una confirmación del cinismo que siempre había sentido por la institución del matrimonio.
No obstante, la impotencia que había sentido frente a la marcha de Isabel había sido una de las cosas más duras que había experimentado.
Aunque no había habido la más mínima oportunidad de que él le hubiese pedido a Isabel que se quedara, pensó él.
Pero después de nueve meses de estar casado con ella, encontrarse nuevamente viviendo, comiendo y durmiendo solo había sido más duro de lo que se había imaginado.
Durante semanas había estado furioso con Isabel, con Jacob Black, y sobre todo consigo mismo, por sentir que aún la deseaba.
Pero se había dicho que había vivido solo antes de vivir con Isabel, y que sobreviviría sin ella.
Y había sobrevivido.
Pero ahora Isabel estaba otra vez a su lado. ¡Y él satisfaría su sed por aquel cuerpo suyo!
-No me voy a ir a ningún sitio, Isabel. Volveremos juntos mañana, como habíamos planeado.
Ella suspiró profundamente.
-Disculpa… tengo que arreglarme para ir a la peluquería –dijo sin mirarlo.
Y se marchó de la habitación.
No le gustaba nada el daño que se estaban haciendo, pero no sabía cómo evitarlo.
Y si la venganza que iba a infligirle Edward era la que ella pensaba, la situación iría peor.
Pues aquí el capitulo sé que es un poco corto pero así salió.
como les dije al empezar arriba tratare de subir de a dos...
Y ese Edward es un cabeza hueca que no se da cuenta de las cosas.
