Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling, no existe ningún tipo de intención por mi parte de infringir copyright. Todo lo demás (trama, personajes originales) me pertenecen a mí. IMPORTANTE: en este capítulo hay varias escenas extraídas del tercer libro y modificadas por mi, por lo que no son 100% iguales aunque haya partes transcritas literalmente.
¡Hola de nuevo!
Aquí otro capítulo. Como ya dije el otro día, estoy más inspirada que nunca, y no he podido parar de escribir en mis ratos libres. Y ha salido un capítulo de 4300 palabras (el más largo hasta ahora).
Y Mrsmalfoy.722, ¡mil gracias por tu review! No sabes cuánto agradezco que se valore mi esfuerzo al escribir, y tienes toda la razón sobre Draco: él nunca se enamoraría de la noche a la mañana, o al menos no si soy fiel a la personalidad del personaje creado por J.K. Rowling.
Como siempre, ¡espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo!
Septiembre 1993, Expreso de Hogwarts
–¡Cedric! – exclamó Keilee riéndose. Su novio había ido a buscarla a su compartimento para que se escaparan juntos un rato. ¡Llevaba sin verla todo el verano! – si alguien nos ve…
Cedric, que se encontraba dándole pequeños besos en el cuello, dejó su tarea para mirarla a los ojos.
–Oh, K – dijo, poniendo los ojos en blanco – preocúpate por eso cuando estemos en Hogwarts. Ahora que nadie puede regañarnos quiero aprovechar el tiempo perdido este verano.
Keilee rio, dándose por vencida. Cedric tenía razón, en cuanto llegaran a Hogwarts sería mucho más complicado darse muestras de cariño sin el miedo de que un profesor les regañara.
Sin embargo, Keilee estaba muy confusa. Sabía que quería a su novio, porque su piel vibraba cada vez que él le daba un beso. Y si no le quisiera no sentiría eso – lo sabía porque le ocurrió con aquel chico que conoció el verano anterior. Después de unos días dándose torpes besos, ella dejó de sentir las mariposas en su tripa cuando él la besaba; no era el caso con Cedric. Ella seguía notando esa cálida sensación en su tripa cada vez que los labios de su novio la rozaban.
La confusión de Keilee se debía a los ojos grises pertenecientes a un joven mago que estaba en Slytherin. Había vuelto a soñar tantas veces con sus ojos que llegó un momento en el que perdió la cuenta. Eso unido al descubrimiento que hizo durante el verano sobre la amistad entre sus padres hizo que la joven pensase de manera habitual en Draco Malfoy.
Había tomado la decisión de intentar llegar a conocerle, de llegar a conocer a la persona que sabía que existía detrás de esa fachada suya. Y eso la tenía nerviosa, ansiosa por cruzarse con él. Y estaba confusa porque casi estaba más ansiosa por volver a ver a Malfoy que por pasar tiempo con su novio. Y eso no estaba bien. Pero, sacudiendo la cabeza ante la sonrisa que Cedric le dirigía, decidió que no podía dejarse confundir por los nervios. Ella no podía sentir NADA por Draco Malfoy, ya estaba enamorada de su novio, ¿no?
oOoOoOo
–¿Qué tal la sesión de besos con Diggory, tejona? – una voz hizo que girase su cabeza hacia la derecha. Cuando Cedric y ella corrieron por el tren en busca de un vagón tranquilo para poder encerrarse en el baño, no se fijaron en que era el vagón de las serpientes. Cedric se había ido unos minutos antes, pero debían de haberle visto.
–Parkinson – dijo Keilee, ignorándola – bonito colgante, ¿sabe Draco que se lo has regalado?
–¡¿Cómo te atreves?! – exclamó la joven Slytherin.
No era un secreto que Pansy Parkinson tenía un fuerte enamoramiento con Draco Malfoy, todo el colegio lo sabía desde primero. ¡Como para no saberlo! La joven serpiente morena le perseguía a todos lados y se pasaba el día hablando de lo guapo y maravilloso que era, besando el suelo que él pisaba.
–Bueno, no te enfades. Sólo preguntaba, cómo tiene su inicial…
–Pues no preguntes, tejona. Y no vuelvas a venir a darte el lote al vagón de Slytherin, no eres bienvenida – la miró con una mueca que era una mezcla de asco y superioridad, y añadió: – y no vuelvas a llamarle Draco. Es Malfoy para ti, Martín.
Keilee ignoró el comentario de Pansy y dándose media vuelta se marchó de vuelta al compartimento que compartía con sus amigas. No entendía por qué Parkinson se había dirigido a ella. En general, ella pasaba siempre desapercibida, e incluso después del escándalo que se formó el curso anterior cuando se hizo pública su relación con Cedric, la gente no le decía nada. Al fin y al cabo, aunque estuviera saliendo con uno de los chicos más guapos del colegio, la gente apreciaba tanto a Cedric Diggory que no querían ganarse su odio.
Iba sumida en sus pensamientos cuando, de pronto, el tren paró bruscamente haciendo que se tropezara y cayera en el interior de un compartimento. No le dio tiempo de mirar quién estaba dentro cuando las luces se apagaron y comenzó a hacer frío.
–¿Qué demonios ha pasado ahora? – dijo una voz adormilada que Keilee conocía de sobra.
En ese momento, Keilee se incorporó mientras se masajeaba el codo, que se había golpeado al caer. El compartimento estaba completamente vacío a excepción de una persona que parecía que había estado durmiendo hasta ese momento: Draco Malfoy.
–¿Y qué haces tú aquí? – añadió, aún con voz adormilada, mirándola brevemente – este es el vagón de Slytherin.
–Yo… eh… - no podía decirle a Malfoy que estaba allí porque había estado dándose el lote con su novio lejos de las miradas de sus amigas, ¡qué vergüenza!
De pronto, el tren se sacudió de nuevo, como si alguien hubiera subido al tren. Hacía mucho más frío a cada segundo que pasaba, y Keilee comenzó a sentirse muy triste de pronto.
–Hace frío… - apenas consiguió decir, temblando de frío y sin contestar aún a Malfoy.
Para su sorpresa, y por la cara de Malfoy también para la suya propia, él colocó su túnica de Slytherin, que unos minutos antes había usado como manta mientras dormía, sobre los hombros de Keilee. Y para aumentar la incredulidad que se apoderaba de la joven, Malfoy la ayudó a sentarse a su lado en el asiento del compartimento.
Keilee levantó la mirada para encontrarse con esos ojos plateados que llevaban colándose en sus sueños todo el verano. Draco la miraba confuso, sin entender su propio comportamiento. ¿Era esa la chica Hufflepuff que salía con Diggory? Se parecía muchísimo, tenía que ser ella.
Pasaron lo que a ellos les pareció una eternidad sin ser capaces de despegar sus miradas; Draco sentado cerca de la ventana, con Keilee pegada a él y uno de sus brazos sobre los hombros de ella. Ambos estaban confusos, sintiéndose increíblemente tristes de pronto, aferrándose el uno a los ojos del otro como si ese fuera su salvavidas para no romperse. Y, entonces, la luz volvió y el frío desapareció, sacándolos de su trance. El tren parecía estar poniéndose en marcha de nuevo.
Keilee se levantó de un salto, dejando caer la túnica de Malfoy sobre el asiento antes de salir corriendo. ¿Qué narices acababa de pasar? La situación había sido tan surrealista que solo intentar entenderla le daba dolor de cabeza.
En su rápido camino de vuelta al vagón de Hufflepuff, chocó contra un hombre alto y delgado, que llevaba una túnica de aspecto viejo y muy remendado. No parecía ser muy mayor, pero aún así, su cara reflejaba cansancio y tenía algunas cicatrices que le hacían parecer mayor. Keilee podía jurar que había visto entre las fotos de su padre a un adolescente que se parecía muchísimo a ese hombre.
–Lo siento, señor – dijo Keilee rápidamente.
–No te preocupes, señorita… - dijo el hombre, ayudando a la joven a recobrar el equilibrio, esperando a que dijera su nombre.
–Keilee Martín, señor.
–No pasa nada, señorita Martín – el hombre se fijó entonces en el rostro de la chica. Era imposible. ¿Era ella…la hija de Gallagher? Tenía que serlo, era la viva imagen de su padre a excepción de por su pelo y ojos. Pero tenía la misma cara, incluso la misma mirada. ¡Albus le tenía que haber avisado de que la hija de Grogan Gallagher estaría en el colegio! ¿No vivían en España, con la familia de la mujer de Grogan? Si el convicto Sirius Black la encontraba, estaban en problemas. Sirius era el principal sospechoso de haber delatado la ubicación de la familia Potter, y por tanto, la Orden también le creía culpable de haber delatado ante Voldemort a otros muchos magos que colaboraban con la Orden – deberías ir a ponerte la túnica, acabo de hablar con el maquinista y dentro de poco llegaremos a Hogsmeade.
A Keilee le intrigó mucho aquel misterioso hombre, nunca le había visto en Hogwarts. Tal vez era parte del personal que trabajaba en el tren. Encogiéndose de hombros, corrió para llegar a su compartimento de una vez por todas para así cambiarse de ropa.
Septiembre 1993, Hogwarts
—¡Deberían despedirlo inmediatamente! —exclamó Pansy Parkinson, con lágrimas en los ojos.
—¡La culpa fue de Malfoy! —lo defendió Dean Thomas.
Crabbe y Goyle flexionaron los músculos amenazadoramente. Subieron los escalones de piedra hasta el desierto vestíbulo.
—¡Voy a ver si se encuentra bien! —dijo Pansy.
Ante todo el revuelo, Hannah, Susan y Keilee, que acababan de terminar de hacer un trabajo para el profesor Flitwick en la biblioteca, salieron para ver qué ocurría. Observaron como Hagrid llevaba a paso rápido a un chico que parecía tener el pelo rubio hasta la enfermería. Cuando escucharon los gritos lastimeros de Pansy Parkinson les quedó claro que el chico no era otro que Draco Malfoy.
Susan y Hannah pusieron los ojos en blanco y siguieron su camino de vuelta a la Sala Común de Hufflepuff, pero Keilee estaba clavada en el sitio. ¿Estaría bien Malfoy? Le había parecido ver sangre, y Pansy estaba muy alterada… Keilee no entendía por qué le preocupaba tanto lo que le pudiese haber ocurrido a esa sucia serpiente, pero no podía evitar que esa preocupación inundase su cuerpo.
Había decidido no contarle el pequeño incidente del tren a sus amigas, pues después de confesar el año anterior que Draco Malfoy había captado su atención, estaba segura de que sacarían las cosas de contexto y exagerarían todo lo ocurrido. Y bastante confusa estaba ya, como para añadir las alocadas teorías de sus amigas.
Septiembre 1993, Clase de Pociones
Malfoy no volvió a las aulas hasta primera hora de la mañana del jueves, cuando los de Slytherin y los de Hufflepuff estaban en mitad de la clase de Pociones, que duraba dos horas. Entró con aire arrogante en la mazmorra, con el brazo derecho en cabestrillo y cubierto de vendajes, comportándose, según le pareció a Keilee, como si fuera el heroico superviviente de una horrible batalla. Al parecer, un hipogrifo había atacado a Malfoy por no seguir las órdenes que dio Hagrid para acercarse al animal, por lo que realmente el único culpable de su herida era él mismo. Cuando Keilee supo que Malfoy se encontraba bien y dejó de preocuparse, pudo volver a sentir ese resentimiento que siempre sentía hacia su persona… ¡Él solito se había buscado que el hipogrifo le atacara!
—¿Qué tal, Draco? —dijo Pansy Parkinson, sonriendo como una tonta—. ¿Te duele mucho?
—Sí —dijo Malfoy, con gesto de hombre valiente. Pero Keilee vio que guiñaba un ojo a Crabbe y Goyle en el instante en que Pansy apartaba la vista.
—Siéntate —le dijo el profesor Snape amablemente.
Los alumnos de Hufflepuff se miraron frunciendo el entrecejo. Si hubieran sido ellos los que hubieran llegado tarde, Snape no los habría mandado sentarse, los habría castigado a quedarse después de clase. Pero Malfoy siempre se había librado de los castigos en las clases de Snape. Snape era el jefe de la casa de Slytherin y generalmente favorecía a los suyos, en detrimento de los demás.
Aquel día elaboraban una nueva pócima: una solución para encoger.
Malfoy colocó su caldero al lado de Hannah y Susan, y frente a Keilee, para preparar los ingredientes en la misma mesa.
—Profesor —dijo Malfoy—, necesitaré ayuda para cortar las raíces de margarita, porque con el brazo así no puedo.
—Martín, córtaselas tú —ordenó Snape sin levantar la vista.
Keilee se puso roja como un tomate. ¿Por qué tenía que cortar ella las raíces de Malfoy?
—Yo puedo ayudar a Draco, profesor – dijo Pansy Parkinson, acercándose a la mesa de los Hufflepuff.
Malfoy le dirigió una sonrisita desde el otro lado de la mesa.
—Ya has oído al profesor Snape, Pansy. La señorita Martín tiene que cortarme las raíces.
–Señorita Parkinson, vuelva a su caldero inmediatamente. A diferencia de usted, la señorita Martín puede permitirse perder algo de su tiempo en ayudar a Draco.
Pansy Parkinson miró con odio a Keilee. ¡Esa tejona no se contentaba con tener en sus redes a Diggory, que ahora tenía que ir detrás de su Draco! No sabía qué tenía de especial esa niña buena para llamar tanto la atención de los chicos, ¡si era una simplona de Hufflepuff!
Desde que el año anterior comenzó a salir con Diggory, Pansy comenzó a prestarle más atención a la chica. Más de una vez escuchó a Blaise Zabini molestar a Draco porque "una de las chicas más guapas de nuestro curso te dejó sin palabras y ahora sale con el más codiciado de todo el colegio". Obviamente Pansy había descubierto esa información espiando a Draco, pues sabía que Draco jamás toleraría que nadie en público le dijera algo como eso – aunque sí es cierto que ahora Zabini y Draco se habían distanciado un poco, ¿tendrían algo que ver esos comentarios?
A Pansy no le hacía nada de gracia ver como esa niña usaba la actitud de ir de mosquita muerta para ligarse a todos los chicos del colegio. Tenía que conseguir que Draco fuera su novio antes de que fuese demasiado tarde. Porque Draco jamás saldría con alguien de otra casa y que no fuera sangre pura, ¿no?
—Señorita Martín – comenzó a hablar Malfoy de nuevo – necesito que me peles este higo seco —dijo con voz impregnada de risa maliciosa.
Keilee suspiró, rogando a su paciencia para que no se acabara. ¡Malfoy era tan insoportable algunas veces! Se aferró al recuerdo del momento que compartieron en el tren, pues era lo único que le hacía pensar que la actitud de Malfoy era pura fachada. Si había sido capaz de tener un gesto bonito con ella como lo fue el colocar su propia túnica sobre sus hombros para que no tuviera frío, el muchacho no podía ser tan malo como le hacía creer a todo el mundo.
–Si quieres te hacemos la poción entera – dijo Hannah Abbot usando un tono sarcástico.
–Oh, no – Malfoy contestó, poniendo cara de susto – no quiero suspender pociones, gracias.
Keilee aguantó la risa mientras preparaba tanto sus ingredientes como los de Malfoy. Ese año era la primera vez que juntaban a Slytherin con Hufflepuff para la clase de Pociones, y obviamente Malfoy no tenía idea de que Keilee era la mejor alumna de la clase. Pero a ella no le gustaba alardear, por lo que no dijo nada… aunque no decir nada no evitó que sus compañeros abrieran la boca.
–Creo que en todo caso tus calificaciones mejorarían, Malfoy – dijo Ernie Macmillan, que estaba en la mesa de al lado y había escuchado toda la conversación. Ernie, junto con Hannah, eran de los pocos que se atrevían a dirigirse a Malfoy sin miedo, pues debido al estatus de su sangre (ambos pertenecientes a los Sagrados Veintiocho) sabían que aquella serpiente no les haría nada. Lucius Malfoy, el padre de Draco, no toleraba las faltas de respeto entre los miembros de los Sagrados Veintiocho, a no ser que fueras un Weasley, claro – Keil…
–No he debido de ser claro cuando he dicho que se trabaja en silencio, ¿o acaso necesita que le dé una poción para quitarse la cera de los oídos, señor Macmillan? – Snape habló, causando que todos dejaran de charlar con sus compañeros – señorita Martín, cuando termine con su poción ayude por favor a su compañero el señor Malfoy a preparar la suya.
Keilee asintió y siguió trabajando en silencio. Sus amigas tenían un molesto gesto de indignación pintado en sus caras, pero ella no podía hacer nada. El profesor le había ordenado que hiciera aquello, no tenía elección si no quería tener una mala nota por primera vez en su vida. Por suerte, Malfoy no volvió a abrir la boca en lo que quedaba de clase, y cuando el profesor Snape evaluó las pociones, dio 10 puntos a Hufflepuff por la poción de Keilee y otros 10 puntos a Slytherin por la poción de Malfoy, que realmente estaba hecha por Keilee también. ¡Qué injusto!
Keilee se fue a paso rápido junto con sus amigas, no sin antes dar a propósito un golpe en el brazo herido de Malfoy. Draco apretó los dientes por el dolor y se quedó mirando por donde se había marchado la "señorita Martín". No era tonto, sabía que esos 10 puntos habían sido totalmente desmerecidos, él se había dedicado a hablar con sus amigos toda la clase mientras ella preparaba dos pociones a la vez. ¡Dos pociones tan perfectas que Snape había decidido premiar con puntos! Eso rara vez ocurría con un profesor como Severus Snape.
–Vamos, Draco – dijo la voz aguda de Pansy sacándole de sus pensamientos – es la hora de comer, si te duele mucho el brazo puedo ayud…
–¿Cómo se llama? – Draco cortó a su amiga, que se quedó sin habla ante su pregunta. ¿Se refería a la chica Hufflepuff?
–Quién, ¿la tejona? – dijo Pansy con cara de asco. ¡No! Draco no podía interesarse por esa niña.
–¿Quién si no, Parkinson? – dijo Draco molesto mientras comenzaba a caminar. A veces pensaba que su amiga era un poco lenta – ¿Sabes su nombre o no?
–Es Keilee Martín – dijo Theodore Nott, viendo que Pansy se estaba poniendo roja de la rabia – los de Ravenclaw dicen que en primero y segundo era la favorita de Snape. Dicen que es demasiado inteligente y habilidosa para ser una Hufflepuff.
–Solo he preguntado su nombre, Nott. No me interesa su biografía – dijo Draco molesto. No quería que pensaran que esa chica le interesaba.
–Oh, cierto. Lo siento – dijo Nott poniendo los ojos en blanco. Conocía tan bien a Draco Malfoy que sus intentos de intimidación no funcionaban con él – bonito collar el que le has regalado a Pansy, por cierto – dijo haciendo que Malfoy le mirara primero con extrañeza, para luego mirar el cuello de su amiga – no sabía que estabais saliendo. ¡Felicidades!
Pansy se puso roja, esta vez, de vergüenza. ¡Maldito Nott!
–Quítate ese collar, Pansy – dijo Draco en un tono frío. ¿Qué problema tenía su amiga? –. Sabes que no voy a salir contigo, solo eres mi amiga. No me gustas de esa manera.
Draco se alejó de su amiga para irse al Gran Comedor, se moría de hambre. Sabía que ahora su orgullosa amiga estaría molesta con el durante unos días, así que no iba a tener a nadie que le diera de comer, por lo que quería llegar cuanto antes al Gran Comedor para que la gente no se diera cuenta de que el brazo no le dolía tanto y que podía cortar y aplastar cosas sin ningún problema.
Cuando llegó al Gran Comedor, se sentó en la mesa de Slytherin, agradeciéndole a Merlín que Potter y compañía aun no hubieran bajado a comer. Mientras se servía la comida, escaneó el Gran Comedor, inconscientemente en búsqueda de la morena tejona. La vio sentada junto a su amiga Hannah Abbot y con Diggory a su otro lado, con un brazo sobre sus hombros, casi de la misma manera que él lo tenía aquel día en el tren… sacudiendo esos pensamientos, comenzó a comer, aunque no pudo evitar levantar la mirada cada pocos minutos para observar a la muchacha. Una de las veces su mirada se clavó en la de la chica Hufflepuff, y tal como le ocurrió en el tren aquel día, no consiguió despegar su mirada de la suya hasta que Crabbe se sentó de pronto delante de él, impidiendo que pudiese verla más.
Octubre 1993, Dormitorios de Hufflepuff
Keilee dejó de escribir sobre aquel pergamino, guardando su pluma y la tinta en su baúl, para después hechizar el pergamino de manera que sólo ella pudiera leerlo. ¡Lo último que necesitaba era que alguien leyera su diario!
Sabía que se podían malinterpretar las palabras allí escritas, pues, aunque no decía a quién pertenecían los ojos de los que hablaba, estaba claro quien era el dueño. Y, además, en su diario había escrito que era una historia de amor. Claro, ella lo había escrito pensando en el amor fraternal, el amor que surge de una amistad, no en el amor en plan romántico. Pero si alguien leía ese pergamino no iba a saberlo, y por ello prefería encantarlo.
Se había dado cuenta que era mejor no contar a sus amigas sobre sus sentimientos por Malfoy, pues ellas no tenían muy buena opinión de él (no es que él ayudara a mejorar esa opinión, tampoco) y decidió que la mejor manera de desahogarse y dejar de confundir sus sentimientos era escribiéndolos.
Bostezando, Keilee se metió en la cama y se tapó con las mantas. Apenas iba a poder dormir 6 horas antes de levantarse para desayunar e ir a clase de Pociones. Por suerte Malfoy ya se había recuperado del todo y ella ya no tenía que ayudarle más a preparar las pociones.
Noviembre 1993, Visita a Hogsmeade
Keilee, Hannah, Susan, Ernie, Justin y Zach estaban sentados en las Tres Escobas, disfrutando de la deliciosa Cerveza de Mantequilla. Con aquella, ya iban 4 visitas a Hogsmeade desde que comenzó el curso.
–En realidad me da pena Harry – dijo Justin al ver como entraban en el local Ron y Hermione – no es culpa suya que sus tíos no quieran firmarle la autorización para venir a Hogwarts.
–Es cierto – añadió Ernie – he oído que McGonagall tampoco quiere firmarla.
–Hola, chicos – Hermione saludó, con una sonrisa incómoda. Parecía nerviosa por estar sola con Ron - ¿os importa si nos sentamos con vosotros? No hay más huecos libres.
El grupo de jóvenes Hufflepuff miró a su alrededor y comprobó que efectivamente, no había ni una mesa libre. Se llevaban bien con los Gryffindor, por lo que hicieron hueco en el banco para que se sentaran.
–Estábamos hablando de lo injusto que es que Potter no pueda venir – dijo Susan, tras dar un sorbo a su cerveza de mantequilla – ¿no hay manera de que le den autorización?
–No, sus tíos son unos estúp…
–Ronald – le regañó Hermione – los tíos de Harry se enfadaron con él y no quisieron firmar su autorización. McGonagall no puede firmar su autorización porque las normas dicen que solo un familiar o tutor puede firmarlo.
–Vaya putada – dijo Zacharías – ya me jodería.
Todos los ojos de la mesa se clavaron en Zacharías Smith, molestos. Ese chico no sabía mantenerse callado.
–Hey – dijo Keilee, de pronto - ¿y si le llevamos algo hoy? Un recuerdo de Hogsmeade, para que se anime un poco.
–¿No crees que le molestará? – dijo Hannah – quiero decir, el pobre no puede venir y nosotros le llevamos algo, ¿no va a ser como restregarle en la cara que nosotros sí que podemos y él no?
–Lo dudo – dijo Hermione – Harry nunca se molestaría por algo como eso. Es cierto que después de la primera visita estuvo algo molesto, pero el resto de veces ya no.
–¡Cierto! Yo creo que le fliparía que le lleváramos algo de Honeydukes. A nosotros siempre se nos olvida comprarle algo – añadió Ron.
De esa manera, tras pasar un par de horas más dentro de las Tres Escobas, aquel pequeño grupo formado por Hufflepuff y Gryffindor se dirigió a Honeydukes para comprar entre todos una cesta llena de productos de la tienda.
–¡K! – la voz de Cedric llamó su atención. El joven se encontraba con algunos de sus amigos de quinto curso en el interior de la tienda. Keilee miró a sus amigos, como pidiendo permiso para ir con él. Hannah le guiñó un ojo y así, la joven se acercó a su novio – qué bien que te encuentro. Estaba pensando en ir a buscarte para invitarte a una Cerveza de Mantequilla.
–Hola chicos – saludó Keilee al llegar junto a su novio y sus amigos – acabo de tomarme un par, pero si quieres podemos dar una vuelta – dijo sonriendo.
–Oh, genial – respondió Cedric – ¡os veo luego, chicos!
Cedric y Keilee salieron de Honeydukes después de que Keilee le entregara unas monedas a Hannah para que pagara su parte del regalo para Harry. Cedric agarró la mano de su novia y comenzaron a caminar por la avenida principal de Hogsmeade.
–He estado pensando – comenzó a hablar Cedric – que el año pasado no pudimos tener una cita en condiciones. Este año ya puedes venir a Hogsmeade los fines de semana, asi que… ¿qué te parece una cita para cenar el próximo viernes?
–¿Para cenar? – preguntó Keilee, incrédula – Cedric, soy una alumna de tercero. No puedo estar aquí hasta más tarde de las 6 de la tarde.
–Lo sé – dijo él – pero soy uno de los prefectos de nuestra casa, y puede que ya haya hablado con Dumbledore y la profesora Sprout para pedir permiso. Debo reconocer que me ha costado convencerles, sobre todo con la amenaza de Sirius Black; pero bajo la condición de que el profesor Lupin nos vigile, me han dado permiso.
–¿Es en serio? – Keilee sonrió ampliamente, ¡por fin iba a hacer algo más que esconderse en los pasillos para besarse con su novio! - ¡Eso es genial, Cedric! Aunque será un poco incómodo cenar sabiendo que un profesor nos está mirando.
–Y no te olvides del resto de alumnos que seguirán en Hogsmeade – bromeó Cedric – estoy seguro de que mis amigos disfrutarán mucho del espectáculo.
Keilee y Cedric siguieron bromeando mientras paseaban por Hogsmeade. De vez en cuando paraban para darse algún beso, cariñosos y ajenos a las miradas con una mezcla de envidia y admiración por parte de casi todas las chicas, que deseaban estar en el lugar de la joven tejona, y al mismo tiempo pensaban que eran la pareja más bonita que habían visto nunca. También algún muchacho deseaba estar en el lugar de Diggory, pues, aunque Keilee aún tenía aspecto aniñado, comenzaba a llamar la atención de los chicos, al igual que otras muchas de sus compañeras. Al fin y al cabo, todos estaban entrando en una etapa de la adolescencia en la que el romanticismo estaba presente en todo momento, y de pronto, todos tenían interés amoroso por el sexo opuesto.
Notas del autor:
Hasta aquí el sexto capitulo. Como mañana tengo clase de nuevo, no sé si podré actualizar antes del próximo fin de semana.
De momento no quiero romper la pareja de Keilee y Cedric, aunque ya empiezan a surgir dudas dentro de ella.
