"La unión hace la fuerza."


Capítulo 5: La nueva canción del Sombrero


- Señores, por favor, no pierdan la cal…

Pero Harry no pudo terminar la frase porque un rayo de luz roja surgió de entre la multitud, directo a su pecho.

Y se hizo el caos.

º º º

El moreno reaccionó instintivamente, realizando un encantamiento escudo antes de que el rayo lo golpeara. Como si hubiera sido una señal para empezar el "espectáculo", hechizos comenzaron a ser lanzados de un lado a otro, dispersándose la multitud en grupos de duelistas.

- Encárguense de que nadie salga demasiado herido, no usen maldiciones fuertes. –les indicó Harry a sus dos compañeros, antes de esfumarse entre la multitud, dispuesto a bajar los humos de los manifestantes.

Ralph Velak, el tercer miembro del trío de Aurors asintió rápidamente, y en un instante ya se había puesto manos a la obra, inclinándose por una táctica más sutil de volverse invisible y hechizar desprevenidamente. Ron, en cambio, se decidió por una técnica más frontal.

- ¡Esto por los bollos que no me pude comer! –gritó, inmovilizando a dos duelistas. - ¡Por mi café! – Rayos aturdidores. - ¡Por mis panqueques! ¡Tostadas! ¡Jugo! ¡TOCINO!

Para cuando hubo terminado con el desayuno que no había podido tener, prácticamente la protesta estaba apaciguada. Harry no pudo evitar soltar una carcajada ante el método que estaba empleando su amigo para poner un poco de orden.

- No me quiero imaginar que habría pasado si te hubieras perdido la cena. –le comentó, una vez que estuvieron lo suficientemente cerca como para hablar.

Antes de que Ron pudiera contestarle, un encantamiento golpeó al moreno de lleno en la espalda, haciéndole caer de boca al piso. El pelirrojo apenas había levantado la varita, que otro hechizo, mucho más poderoso que el anterior, surgía de la nada, derribando al atacante y arrastrándole a varios metros de donde estaba parado, dejándolo inconsciente. Instantes después, Velak volvía a ser visible, acercándose a sus dos compañeros.

- Era esa mujer bocona que insultó a los Aurors. –comentó, aún visiblemente molesto por el comentario. - ¿Cómo está Potter?

- Estoy bien. –contestó el aludido, levantándose. – De hecho, creo que no me hizo na…-se interrumpió, asiendo con fuerza su estómago y abriendo mucho los ojos.

- Harry, ¿qué sucede? –preguntó Ron rápidamente.

El moreno sólo frunció los labios. Al parecer, lo que sea que le estuviera sucediendo le demandaba bastante concentración.

- Señor, ¿qué tiene? –preguntó el otro Auror.

- Harry… -lo volvió a llamar Ron. El aludido comenzaba a sonrojarse.

- Tengo que ir al baño… ya. –respondió con voz estrangulada.

El pelirrojo estalló en carcajadas, mientras Velak elevaba una ceja ante lo absurdo de la situación, pero no se notó porque estaba encapuchado.

- ¡No es gracioso! –se enojó Harry.

- Oh, te aseguro que lo es, Harry, sí que lo es –respondió Ron, todavía riendo.

"¡Desconsiderado! Me gustaría verlo a él en mi situación", se indignó Harry internamente. En voz alta sólo dijo:

- Tú y yo volvamos al ministerio, Ron. Tenemos que informar sobre esto. Velak, pide refuerzos y organiza los interrogatorios. –ambos asintieron, Ron aún sonriente. Harry se disponía a desaparecerse (todavía agarrando su abdomen), cuando recordó algo, al ver el cuerpo inconsciente de la mujer que lo había atacado. – Velak, la próxima vez tómatelo con más calma, con un aturdidor hubiera alcanzado.

El otro simplemente asintió, y segundos después, Harry y Ron se aparecían en el atrio. El moreno prácticamente corrió hacia los ascensores.

- ¡Maldita porquería! ¿Por qué tarda tanto? –se quejó, mientras cambiaba el peso de un pie a otro, inquieto.

Ron volvió a las risas.

- Te juro que es la maldición más original que vi… tendríamos que empezar a usarla en los duelos. –comentó risueño. Luego de una pequeña reflexión, agregó: – Aunque mejor no. No tengo la intención de tener duelos con olor a baño público.

- Cá-lla-te, Ron. –le espetó el moreno entre dientes.

Como si no hubiera tenido suficiente humillación, otro miembro de la familia de los pelirrojos se acercó en ese momento. De hecho, el miembro que menos le hubiera gustado encontrarse en ese … estado.

- Hola, amor. –lo saludó Ginny cariñosamente. Harry tenía una sonrisa forzada y la cara totalmente enrojecida del esfuerzo. Su amigo estaba que se destornillaba de risa, pero al mismo tiempo intentaba contenerla para no poner en evidencia a Harry. La pelirroja miró confusa a su hermano y a su esposo, alternativamente. - Harry, ¿te encuentras bien?

El moreno frunció los labios antes de contestar.

- Nunca mejor. –la voz no le salía del todo natural.

Ginny lo miró extrañada. En ese momento, se abrieron las puertas del ascensor, que, milagrosamente, estaba libre. Antes de que se cerraran las puertas, un grupo de empleados pasó y le dirigió una mirada apreciativa bastante descarada a la pelirroja, mientras Harry maldecía internamente. "Se meten con mi esposa justo cuando yo estoy hecho un dios de la seducción, gracias a esta maldición. Genial. Simplemente genial".

Ron lo notó y se tuvo que morder la mano para no reírse más de lo que ya lo había hecho. Su hermana, en cambio, miraba preocupada al moreno.

- Amor, ¿necesitas ayuda? –susurró, su intranquilidad palpable en el tono de voz.

"NECESITO UN BAÑO!!", se vio tentado de gritar el aludido, pero se lo guardó.

- No. –fue todo lo que pudo contestar.

Como si el mundo hubiera decidido que ya había sufrido lo suficiente, las puertas del ascensor se abrieron en su nivel, y Harry salió disparado como un rayo hacia fuera.

- Definitivamente estaba raro. –comentó Ginny. - ¿Qué le sucedía? –le preguntó a Ron.

- Creo que debe quedar entre amigos. –le respondió éste, antes de bajar con más tranquilidad que la de su cuñado.

Ginny lo miró algo molesta por haberle sido negada la información, pero decidió que ya tendría tiempo de preocuparse después. Se quedó en el ascensor dispuesta a volver a subir, ya que sólo había descendido tanto para acompañar a Harry.

"Parecía como si tuviera ganas de ir… no, no creo". –pensó, mientras las puertas del ascensor se cerraban nuevamente.

º º º

Ron golpeó dos veces antes de entrar a la oficina de la Directora del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, de quien dependía la Oficina de Aurors. O más sencillamente, Mione. O su esposa. O "sabelotodo", cuando tenía ganas de hacerla enojar.

Sólo una pequeña porción de cabellera castaña visible detrás de una montaña de papeles delataba el hecho de que Hermione se encontraba presente. La mujer sacudió la varita inmediatamente, enviando la mitad de los informes a una mesa, donde quedaron en un estado de equilibrio precario, de tal forma que le pudo sonreír, aunque agotada, a su esposo.

- Dime que tienes buenas noticias. –pidió, haciendo referencia a la revuelta que ella sabía que el destacamento de Aurors debía resolver.

Ron se sentó cómodamente y agarró el retrato de sí mismo con Rose y Hugo que se encontraba sobre el escritorio antes de responder.

- No se si buenas para Harry, pero te aseguro que divertidísimas. – Y pasó a comentar lo de la maldición… "laxante".

Hermione parecía dividida entre la diversión y la preocupación por su amigo. Ganó esta última.

- Ron, no es gracioso. –le censuró, mientras el aludido la miraba perspicaz. Luego de tantos años sabía que su esposa estaba mintiendo. Y que no lo admitiría ni que la amenazaran con quemar su biblioteca. "Bueno, en ese caso tal vez sí", se corrigió. – Sabes que podría ser el síntoma de cualquier otra enfermedad. Me extraña que no hayas leído "Enfermedades y dolencias mágicas frecuentes" con todas las veces que lo nombré, de hecho…

- Amor, dos cosas. –la interrumpió el pelirrojo. – Uno: que es gracioso. Mañana te saco un turno para que te revisen tu sentido del humor. –Hermione lo miró elevando una ceja, pero él no se dejó amedrentar. – Dos: no necesito aprenderme tantos libros de memoria. Para algo me casé contigo. –finalizó, internamente sonriente ante la futura reacción de su esposa.

La aludida le dirigió una mirada amenazante. Si hubiera estado sonriendo, al pelirrojo ya se le habría paralizado la risa.

- Tienes diez segundos para compensar lo que dijiste, Ronald.

"Algún día me tengo que plantear mi facilidad para hacerla enojar. Creo que no es muy seguro.", pensó él, mientras contemplaba una forma rápida y sencilla de calmar a la castaña en menos de diez segundos.

- Cinco segundos y será doloroso.

- ¿Lo dices en serio? –preguntó Ron, incrédulo, y luego tragó saliva ruidosamente. Hermione enojada no era algo que se tomara a la ligera.

Ella sonrió peligrosamente, y él decidió que era un hombre muy valiente para no haber huido a esa altura.

- Cuatro… tres…

"Piensa, piensa…. ¿cómo resuelves las cosas siempre que se te van de las manos?... Mmmm… ya sé."

- Dos…

Antes de que pudiera decir "uno", la castaña comprobó algo. Puede que Ron tuviera una facilidad asombrosa para poner a prueba su temperamento.

Pero besaba bien.

Oh, sí, señor.

La llamada a la puerta y el posterior ruido al abrirse ésta les pasaron desapercibidos.

- Ron, cuando te dije que le hicieras un reporte a la directora me refería a la manifestación, no a su boca.

Harry soltó una carcajada al ver que los otros dos enrojecían levemente. Luego le dirigió a su mejor amigo una mirada maliciosa del estilo "eso te pasa por haberte reído de mi".

La castaña recuperó rápidamente la compostura. Se aclaró la voz y luego contestó a la provocación.

- Estábamos… revisando algunos papeles. –dijo, mientras acomodaba innecesariamente algunos informes, algo nerviosa.

- Oh, ¿así le dicen ahora? –siguió divirtiéndose el moreno a su costa, mientras se sentaba al lado de su amigo. No todos los días se veía a Hermione avergonzada. Había que aprovecharlo.

- Cállate. –le espetó Ron, entre incómodo y molesto por la interrupción.

- Sí, tú haces lo mismo con Ginny. –le recordó Hermione. Harry suspiró y se cubrió los ojos en un ademán exasperado, sabiendo lo que se vendría. Maldijo internamente a su amiga por traer el eterno tema de discusión a la luz.

- ¿Perdón? –exclamó Ron.

"Y ahí vamos de nuevo", pensó el moreno, rodando los ojos, aunque no se viera.

- Creí haberte dicho que no me gustaba que anduvieras besando a mi hermana por ahí, en público.

En realidad no le molestaba. Simplemente Ginny sería eternamente su hermana menor y él consideraba un deber protegerla. El hecho de que estuviera casada y estuvieran hablando de su mejor amigo no venía al caso.

- No es en público. Normalmente entro a su despacho y cierro la puerta. –le corrigió Harry inconscientemente. Luego cayó en la cuenta de lo que había dicho y esperó el estallido de Ron, encogiéndose levemente y arrugando un poco la cara como para no escuchar el grito.

Hermione vio que los ojos de Ron brillaban peligrosamente y decidió intervenir.

- Amor, Ginny es una mujer adulta. Sabe lo que hace.

- ¡Por supuesto que no! ¡Mira con lo que se casó! –respondió Ron, sin desaprovechar una oportunidad para divertirse. Después de todo, había otras formas de devolver a Harry su "descaro". Hermione soltó una pequeña risa al escuchar el comentario de su marido.

- ¡HEY! –se indignó el aludido, finalmente levantando la vista. Luego pensó mejor su respuesta. Y agregó: - Al menos eligió mejor que Hermione.

Antes de que siguiera el intercambio, la directora del departamento los interrumpió.

- ¿No se suponía que me debían dar un reporte?

º º º

Victoire miró ceñuda su guardarropa. No tenía nada para ponerse. El hecho de que hubiera un centenar de prendas allí era irrelevante, por supuesto.

En ese momento se percató de que tenía demasiados vestidos. Y muy pocas cosas que se pudieran clasificar de verdaderamente "informales". Oh, sí, todo estaba a la moda, y le quedaba muy bien. Pero todo tenía un aire… mmm… digamos que no encajaba con lo de "chica rebelde sin ganas de comprometerse". Y tenía que convencer a Teddy de que ella realmente no quería casarse. Tenía que demostrarle que amaba totalmente la vida de solteros.

"Será divertido… pero necesito ir de compras. Urgente".

º º º

Ted tiró la última prenda de ropa que tenía sobre su cama y la miró con ojo crítico. Hoy a la noche tendría una cena con Victoire. Y estaba totalmente decidido a proponerle casamiento. Era cómico como se había acostumbrado a la idea tan rápido.

Pero tenía un leve problema.

Nada… pero nada de su ropa tenía el estilo "soy un hombre maduro, adulto, y quiero comprometerme". No, no le podía pedir matrimonio con esas zapatillas que no lavaba porque le gustaban tanto que las usaba ocho días a la semana. Ni con esos jeans que parecían decir "necesito que me jubilen".

No, necesitaba un cambio urgente para estar a tono con las circunstancias. Tenía que hacer compras.

"Esta noche tendrás un hombre con todas las letras Vic, te lo aseguro".

º º º

Sue y Tom se sorprendieron cuando, mientras entraban al Gran Salón con los demás alumnos, James se materializó a su lado de la nada. El chico, que al parecer ya había estado haciendo uso de los encantamientos desilusionadores que había aprendido el año pasado, tenía una mirada de inocencia que era difícil de creer. Sencillamente por un hecho. Rara vez James no era culpable de algo.

- ¿Qué has hecho? –le preguntó su novia sin rodeos.

- ¿Yo? Nada. –contestó él, mientras se encaminaban a la mesa de Gryffindor.

- James. –le llamó Tom, una vez que estuvieron sentados. – No es necesario que mientas. Sé a dónde fuiste.

El mayor de los hermanos Potter parecía sorprendido.

- ¿En serio?

Su amigo le sonrió.

- A veces eres tan ingenuo. –se burló. Sue sonrió, al ver la cara de molestia que ponía James al ver que había caído en la trampa.

Antes de que pudieran seguir hablando, las puertas del salón se abrieron nuevamente, dando paso a un grupo de chicos y chicas de once años y a…

No había una sola persona en el Gran Salón que no hubiera fijado la vista en la chica que caminaba al final de la fila, de aproximadamente trece años. La mayoría de las alumnas simplemente la miraba con un poco de envidia, pero entre los chicos había miradas… "interesadas". Las únicas dos excepciones entre la platea masculina eran James y Albus, demasiado acostumbrados a la presencia de su prima Victoire como para sorprenderse.

Incluso Scorpius había perdido un poco la compostura. La recuperó con un fuerte codazo de Alyssa, que simplemente odiaba que alguien llamara la atención más que ella.

Minerva McGonagall acompañaba una vez más a los alumnos, e instantes después, luego de que los alumnos estuvieran parados frente al Sombrero Seleccionador, éste comenzó a cantar.

Una vez más, la bienvenida les doy
a este único lugar, que Hogwarts se ha de llamar.
Y teniendo en cuenta lo viejo que soy
para hacer esta canción, la ayuda de un joven decidí aceptar.

En ese momento, James sonrió satisfecho desde la mesa de Gryffindor. "Al fin una canción decente". Sus amigos no pasaron inadvertidos ante la sonrisa del chico, y ambos creyeron adivinar qué había hecho un invisible James en su excursión.

Pero, a diferencia de lo que él creía, el Sombrero no había seguido sus consejos al pie de la letra.

Puedes quedar en Gryffindor,
la casa de los valientes,
a quienes todo el mundo quiere
aunque no sean inteligentes.

Toda la mesa Slytherin había prorrumpido en carcajadas, mientras Sue miraba enfurecida al sombrero. James estaba indignado. El era inteligente. Además de atractivo. Popular. Gracioso. Bueno, y demasiados etcéteras… El Sombrero siguió, cantando la canción más original de la historia del colegio.

O tal vez en Ravenclaw
donde los sabios están.
Pero cuidado, que si con ellos hablas
en poco tiempo te dormirás.

Esta vez los que habían permanecidos callados del asombro, se unieron a las carcajadas generales, que ya no venían sólo de la mesa de las serpientes.

¿Qué sucederá si quedas en Hufflepuff?
Pues mucho tendrás que trabajar,
porque rara vez a esa casa he visto
la Copa de las Casas ganar.

McGonagall estaba lívida ante lo que ocurría, mientras todos los alumnos festejaban la nueva canción. Incluso Sue, que al principio se había enojado, pensaba que después de todo no era nada malo mostrar un poco de los defectos de cada casa. El hecho de que algunos Ravenclaws estuvieran comentando la canción con los alumnos de la casa de los colores verde y plateado era algo realmente positivo, mirase por donde se lo mirase.

Pero a las serpientes también les llegó su turno.

Pero también puedes quedar en Slytherin,
y muy astuto deberás ser.
Porque allí parecen haber olvidado
lo que la tolerancia es.

Como era de esperar, se les paralizó la risa.

Pero la idea de esta canción no es ridiculizar,
oh, no señor.
Les quiero recordar que en todos nosotros
defectos siempre hay.

¡Y cuando tengan dificultades
nunca deben olvidar!
Las personas por separado
jamás han de triunfar.

Entonces téngalo presente en sus mentes,
en los momentos de adversidad.
La unión de todas las casas
siempre pudo más.

El alumnado tardó unos segundos en aplaudir, y el aplauso no fue tan efusivo como en otras oportunidades. Pero no se debió a mala educación o a que la canción no les gustó. Simplemente todos estaban ponderando en sus cabezas el significado de las palabras del Sombrero.

- No era lo que yo le dije. –les confesó James a sus amigos en voz baja.

- Ya lo sabemos. –susurró Tom. – No te da la cabeza para tanto…¡AY!

Un golpe decente en la nuca había sido la respuesta del James a la burla. Sue, extrañamente, no los había retado, sino que parecía todavía inmersa en la canción y lo que ésta había transmitido.

Luego de ese comienzo tan poco usual, la ceremonia de selección siguió su curso habitual. Esto es, hasta momentos antes de finalizar. Sólo quedaba la llamativa chica que James estaba seguro de haber visto junto a su hermana y a su prima Dominique. No sabía cómo se llamaba porque la mayoría de sus vacaciones la había pasado cerca de Sue, y las alumnas de Beauxbatons se habían vuelto con Bill y Fleur sin que él hablara mucho con ellas.

- Les presento a Camille D'aubigne, que ha sido transferida desde Beauxbatons este año. –dijo McGonagall en voz fuerte y clara. – Confió en que todos la harán sentir confortable en Hogwarts.

- Por supuesto que sí. –comentó Tom algo embobado. James lo sacudió con el mismo estilo de golpe que antes. - ¿Qué? –le preguntó, molesto.

- Estabas babeando y me da impresión. –Sue rió en esta parte.- Ni que fuera para tanto.

- Señor Potter, haga silencio. –le censuró la profesora.

Camille dirigió la vista hacia donde la profesora había hablado, y sonrió más embobada que Tom, pero claramente mirando a James.

- Tiene cara de idiota. –sentenció Sue, haciendo reír a su novio.

- Señorita D'aubigne, tenga la amabilidad de pasar adelante y probarse el sombrero. –No hubo respuesta. - ¡Señorita!

- ¿Qué…? Oh, lo siento. –se disculpó la chica, e hizo lo que le pedía la anciana profesora.

"Por favor, en Gryffindor, en Gryffindor…"

- ¡HUFFLEPUFF!

"Maldición".


¡Al fin apareció definitivamente mi personaje preferido!

Capítulo largo como compensación por lo que me tardé :)

Pero esta vez me retrasé por una razón importantísima, trascendental, increíble… Bueno, tal vez no tanto, pero sí que fue un poco de eso para mí…

Estrené mis 19 años :)

Y tengo sueño. Sé que no tiene nada que ver con lo anterior, pero bueno jaja. Me quedan cuatro horas para dormir y las voy a aprovechar.

¡Espero sus comentarios!