Capítulo 6: Corazón roto
La mañana había avanzado con rapidez. El sol se mostraba en todo su esplendor sobre el despejado cielo azul. Los follajes de los árboles se mecieron con las suaves caricias de la fresca brisa, al igual que sus largos cabellos plateados. Cerró momentáneamente sus ojos y se dejó embriagar por el tranquilizador aroma que despedía la naturaleza, refrescante y esterilizada.
Todo su cuerpo se relajó y con ello, sus perturbados sentidos, que se habían visto afectados con el hechizo que llevaba encima esa mujer. Debía confesar, que se sentía sumamente avergonzado consigo mismo, por permitir que algo tan ridículo lo afectara, pese a ser algo realmente difícil de evitar.
Él, que siempre se sentía seguro de sí mismo, se vio obligado a mantenerse lejos de aquella aldea de humanos, al menos por ahora, hasta recuperar sus característicos instintos demoniacos firmes e inquebrantables. Sí, los grandes monstruos de raza pura también tenían sus incertidumbres, y él, no era la excepción.
Sabía que su sirviente Jaken y la pequeña Rin lo estarían esperando para marcharse en cuánto él lo dispusiera así; sin embargo, pensándolo detenidamente, no les haría daño esperar un poco más por él. Necesitaba tranquilizarse primero, y estar seguro que, la presencia de esa humana, no le volvería a afectar.
—¡Suéltame! ¡¿Acaso te has vuelto loco?
La chillona voz de una mujer y su atrayente aroma, distrajeron la atención del peli-plateado. ¿Otra vez? ¡Esto no podía ser cierto! Apenas se estaba tranquilizando y… ¡Un minuto! Con sorpresa, Sesshomaru vio como una figura de vestiduras rojas y cabellos plateados como los suyos, pasaba velozmente a pocos metros de él, cargando sobre su hombro a la joven del futuro. Ella parecía enfadada, pues no dejaba de patalear, aunque eso no detuvo a su secuestrador.
—¿Inuyasha? ¿Pero qué…?
Si bien sabía que su hermano podía ser un completo estúpido y cometer muchos errores —mucho más cuando de sus sentimientos se trataba—, estaba seguro que algo no andaba bien. ¿Pero qué? Oh, sí, por supuesto. ¡Ése no era Inuyasha! Lo cual quería decir que, ese hombre lobo, era el que se acababa de llevar a la mujer.
¡Maldición!
Su entrecejo se contrajo levemente, al sentir en su interior una inexplicable molestia y la necesidad de intervenir. En realidad, nunca le había importado nada relacionado con su hermano, mucho menos con los humanos con los que él viajaba; pero de todas formas, desde el amanecer de esa mañana, había dejado de ser el mismo. ¡Estúpido hechizo de duende que lo condenó a ser blando!
—¡Allí está!
Sesshomaru detuvo abruptamente sus pasos —y sus planes de perseguir al secuestrador de Kagome—, al escuchar aquella conocida voz chillona. Su tono era, curiosamente, demandante. ¿Cómo se atrevía?
La pequeña humana que acompañaba al alterado demonio de color verde, observó detenidamente la figura del peli-plateado, escrutando y analizando cada minúscula facción de él. Parpadeó un par de veces y con gran emoción, una extensa sonrisa se dejó ver en su infantil rostro. Pero cuando notó los deseos de atacar de su acompañante, se preocupó un poco.
—Eh… señor Jaken…
—¡Supongo que ahora ya estarás conforme! —reclamó el sirviente, duramente, encarando al demonio—. ¿Cómo pudiste hacerle esto al amo Sesshomaru? ¡Pudiste rendirte antes del tercer alba! ¡Él no se lo merecía! —Exclamó, enfadado, saltando sobre la afelpada estola blanca para pisotearla con coraje. Al parecer, no sabía con quién hablaba realmente—. Pobre de mí amo bonito… ¡Todo es tu culpa!
La mirada dorada, fría como el hielo, cayó sobre Jaken como un sable asesino, perforándolo despiadadamente. Jaken detuvo sus arremetidas y sintió un conocido escalofrío recorrer su espalda. Alzó su amarillenta vista al rostro de quien él creía un híbrido en su interior, y al reconocer su verdadera identidad, enmudeció. ¡Su amo! ¿Pero cómo? Del puro susto, ya ningún sonido salió por su boca, y es que, con tantos golpes recibidos en una fracción de segundo a velocidad luz, fue difícil moverse, mucho menos intentar hablar, disculparse y pedir clemencia.
—¡Qué bueno tenerlo de vuelta, señor Sesshomaru! —dijo Rin, abrazándose efusivamente a la pierna de su protector, y éste le correspondió, dando suaves palmadas en la cabeza de la niña.
Sí, todo había vuelto a la normalidad, salvo uno que otro rasgo en la personalidad del frío demonio, que a duras penas daba a notar, o de las que Jaken difícilmente se enteraría.
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Con la nariz pegada al sueño, el moreno de ojos celestes, fue avanzando su camino sobre sus cuatro extremidades. Cada centímetro a su paso fue cuidadosamente revisado con su agudo sistema olfativo. No estaba seguro de cuánto tiempo llevaba en la misma posición, pero presentía que estaba muy cerca. ¿Su objetivo? Seguir el rastro de su odioso rival, que había tenido la osadía de golpearlo en la cabeza, dejarlo temporalmente inconsciente y llevarse a su chica de la manera más tramposa y vil que pudiese existir. La evidencia del desconsiderado arrollamiento: Un redondo y visiblemente sobresaliente chichón sobre su cabeza.
—¡Maldito Kouga, me las pagarás! —gruñó Inuyasha, irguiéndose del piso para alzar su puño al aire, amenazadoramente—. Si ese pulgoso se atreve a ponerle un dedo encima a Kagome, le voy a… —de pronto, cientos de imágenes de él y Kagome llegaron a su mente, torturándolo de la manera más cruel, mientras imaginaba cosas poco decentes—. ¡Aahhh, lo haré trizas!
Le hervía la sangre de sólo pensar que, ese sarnoso, pudiera ponerle sus sucias manos encima a la azabache. Aunque, Kouga no fuese precisamente un pervertido como Miroku, conocía a la perfección la manera "empalagosa" que tenía para conquistar a las mujeres. Y, temía que, Kagome, en cualquier momento, pudiera flaquear ante sus promesas y frases cursis. Había tenido seguridad en ella, pero gracias a las conjeturas de sus colaboradores amigos, su seguridad fue puesta en duda.
—Estoy seguro que, la señorita Kagome, estará encantada con la agradable compañía de Kouga —indicó Miroku, con amplia sabiduría en materia femenina—. Ahora que está en tu cuerpo, con una personalidad encantadora y un toque romántico, ella no se podrá resistir.
—Uy, Inuyasha, a este paso, de seguro te la quitan —agregó Shippo, sólo para provocarlo—. Con el mal carácter que tienes, definitivamente, Kouga, te lleva mucha ventaja.
Sin discusión y sólo con un enojado gruñido, un agresivo puñetazo cayó sobre la cabeza del monje y el zorrito, y el moreno de ojos celestes los dejó atrás, viendo numerosas estrellas.
¡Tontos!
Todo su cuerpo se encrespó al recordar lo que esos dos le habían dicho. Pero de pronto, sus deseos asesinos, poco a poco, se fueron aplacando también. Su mirada se ensombreció, quedando oculta debajo de su flequillo negro. Sus pensamientos viajaron hacia Kagome y lo feliz que, probablemente, debía sentirse en brazos de ese idiota. Sabía que ella sentía algo muy fuerte por él, pero ¿cómo no preocuparse si ese miserable, seguramente, se estaría aprovechando del hecho de estar en su cuerpo? Ella, ¿se rendiría ante él? ¿Y si sus amigos tenían razón? En verdad temían que le rompieran el corazón…
¡Diablos! Ni siquiera cuando se intercambio con Sesshomaru se sintió tan inseguro. ¿Y para qué engañarse? Los celos lo estaban matando…
Lo mejor sería continuar con su búsqueda y dejar de perder el tiempo, pensando en estupideces. Sin duda, los encontraría y recuperaría a Kagome. Nadie le arrebataría lo que era suyo y ese sarnoso no sería una excepción. El hedor de ese lobo apestoso estaba impregnado en el aire. Cada paso que daba, se percibía como pisadas muy frescas.
—Keh, te encontré, pulgoso —dijo triunfante, acelerando su marcha para llegar rápidamente a…— ¿la aldea?
El hombre de coleta alta parpadeó confundido, quedando momentáneamente estático. Observó el pequeño pueblo desde el cual había partido y se preguntó, si acaso su nariz no le había jugado una broma. Era algo desconcertante volver al lugar de origen, si se supone que el enemigo, había huido de allí para no ser encontrado. Tal vez, Kouga había vuelto para disculparse… pero entonces, ¿por qué no lograba detectar el aroma de Kagome en las cercanías?
—¿Inuyasha? —La voz femenina lo sacó de sus cavilaciones. Era Sango que, al verlo, se acercó junto con los demás—. ¿Qué haces aquí?
—Pensé que irías a buscar a la señorita Kagome. ¿Qué sucedió? —inquirió Miroku, igualmente curioso.
No estaba seguro de qué responder. Según él, había seguido el rastro correcto, entonces, ¿por qué sus amigos parecían más impresionados qué él? ¿Acaso no habían visto a Kouga volver y esconderse en alguna parte de la aldea? Estaba de acuerdo en que eran simples humanos, cuyas narices no servían para nada útil, pero aún así, tenían ojos para ver, ¿o no? Además, Shippo y Kirara estaban con ellos.
—Yo... Su olor me trajo hasta aquí —explicó Inuyasha en su defensa, refiriéndose al lobo ese—. Estoy seguro.
—¿Olor? —El pequeño Shippo olfateó el aire y al darse cuenta de algo muy importante, torció su boca en una mueca de preocupación—. ¿No me digas que viniste siguiendo el rastro de Kouga?
—Sí, ¿por qué? —respondió desdeñosamente, y todos se voltearon hacia él, atónitos.
—¡Ay, pero que tonto eres! —Exclamó el zorrito—. Se supone que debías seguir tu olor y no el de él. Ahora estás en su cuerpo.
El híbrido, en cuerpo de hombre lobo, abrió sus ojos como platos. ¿Qué había dicho? Una gota de sudor resbaló por las sienes de los presentes ante la torpeza de Inuyasha.
—En ese caso, no hubiese sido mejor que siguieras el aroma de la señorita Kagome? —sugirió, sabiamente, el monje, y todos asintieron a su favor.
¡Rayos!
Ahora sí que estaba encolerizado y fastidiado. ¿Por qué diablos todo parecía estar en su contra?
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Corriendo velozmente, atravesó los vastos bosques, sin detenerse, olfateando de vez en cuando el aire, sólo para cerciorarse que no lo estuvieran siguiendo. Sonrió satisfecho al darse cuenta que, de momento, no habría peligro de ser encontrado, por lo que decidió detenerse en un claro, junto a un cristalino riachuelo. Su presa debía tener mucha sed también, después del viaje de casi una hora. Su garganta había sido expuesta a un constante esfuerzo en el trayecto.
—¡Qué me sueltes! —exigió Kagome por enésima vez a su secuestrador, pataleando incansablemente sobre su fuerte hombro.
Kouga suspiró. Sí, así había sido durante todo el camino hasta aquí. Griteríos, golpes, jaloneos y hasta mordidas. Un reto sólo para machos rudos y temerarios.
Había tenido la esperanza que Kagome se calmara, pero por el contrario, ella nunca se rindió, demostrando su fuerte carácter, casi indomable. Esa mujer, realmente, tenía muchas energías. Le impresionaba. Era curioso pensar que, hace algún tiempo atrás, se habían conocido en similares circunstancias. Sonrió ante tan nostálgico recuerdo.
—Ven a beber un poco de agua —instó el platinado, después de bajarla de su hombro y caminar tranquilamente hacia el riachuelo, sin mirarla—, está fresca.
Debía admitirlo, no fue nada sencillo ignorar el inquietante cosquilleo en la boca de su estómago, que la simple presencia de la muchacha le provocaba. ¡Ni hablar de la delicada fragancia femenina que estuvo perturbándolo durante todo el camino! Estaba casi convencido, que debía tratarse de algún tipo de efecto secundario, causado por el intercambio con el perrucho de Inuyasha.
—¡¿Pero qué es lo que pretendes, Kouga? —Reclamó Kagome, por su lado, después de salir de su estupor—. ¿Por qué me trajiste aquí?
En silencio, Kouga observó su nuevo reflejo en la cristalina agua, y vio a un hombre mitad bestia de cabellos plateados muy bien conocido, y ciertamente, odiado. En verdad, ese era él. ¡Estaba en el cuerpo de su rival! El horrible olor a perro que despedía ahora su piel, le desagradaba en gran manera. No obstante, no podía decir que todo ese desprecio se enfocara enteramente a Inuyasha. En realidad, no lo detestaba tanto como profesaba. De hecho, debía reconocer que, de no ser por el amor de Kagome que estaba en juego, ellos dos hasta se llevarían bien. Bueno, al menos mejor que ahora. Después de todo, ese pulgoso no era tan mal sujeto, y sólo luchaba por el mismo objetivo…
Las orejas sobre su cabeza se movieron instintivamente y su mirada dorada se tornó triste, adquiriendo a los pocos instantes, un brillo singular, lleno de esperanza y determinación. Sí, no se sentía nada cómodo con el intercambio, pero si ésta era una oportunidad para quedarse con la mujer que amaba, no renegaría de su actual apariencia. Tal vez, de esta forma, ella lo aceptaría por fin.
—Kagome…
Decidido, tomó una bocanada de aire, dispuesto a encarar a la muchacha, volteándose a ella con valentía. Fue algo involuntario, y magnético al mismo tiempo. En cuanto sus ojos dorados tuvieron contacto visual con los chocolates de ella, todo a su alrededor dejó de girar. Sus sentidos se turbaron, y como si fuese preso de un extraño hechizo, su cuerpo tomó vida propia, llegando junto a ella en un parpadeo.
Levemente asustada, Kagome intentó retroceder un paso, pero antes de lo esperado, dos fuertes brazos se aferraron vehementemente a su cintura, impidiéndole todo escape.
—¿Pe-pero qué estás haciendo? ¡De-déjame! —balbuceó inquieta, colocando sus manos sobre el pecho masculino para alejarlo—. ¡¿Te has vuelto loco?
—Me temo que sí... —dijo en un susurro, acercándose peligrosamente al rostro de ella—. Eres la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto. Te amo, Kagome, desde el primer momento en que nuestros destinos se encontraron...
El corazón de Kagome se aceleró precipitosamente, golpeándole cada latido enérgicamente como el tambor de una orquesta militar. Fuerte, y seguro, impactando cada pálpito en su pecho. Su respiración se volvió forzada y sus mejillas tomaron una tonalidad carmín, debido a la inquietante cercanía del hombre.
—N-no digas eso... yo... yo no... —la penetrante mirada dorada la estaba perturbando. Tragó fuertemente saliva cuando el platinado la acercó un poco más, permitiendo que sus pechos chocaran—. P-por favor... Kou-Kouga...
Apenas logró recordar quien verdaderamente era. Se sentía nerviosa, pero sobre todo, muy confundida. Las reacciones traicioneras de su propio cuerpo, ante el roce del de Inuyasha, la hacían flaquear torpemente... y eso, no era nada bueno. Necesitaba recordarse mil veces, que el que tenía casi sobre ella, no era su amado.
—Mi querida Kagome, no me niegues la dicha de ser mi mujer. Estoy seguro que, solamente yo, puedo hacerte realmente feliz —indicó el platinado, sumergido en una especie de trance—. Te amo...
La azabache sintió su aliento chocar tortuosamente contra su rostro, e involuntariamente, sus ojos chocolates se desviaron hacia los labios masculinos... ¡Oh, rayos! ¡Estaba perdida! Cuánto tiempo había esperado por una declaración similar del medio-demonio, y ahora, finalmente... ¡No! No podía confundirse de esta manera. Él no era Inuyasha...
—No, no puedo, no podría... yo... yo amo a Inuyasha.
Kouga se paralizó ante aquella declaración y sus ojos dorados se ensancharon a causa de la impresión. Las palabras de Kagome taladraron cruelmente en su cerebro, sacándolo, bruscamente, de su encantamiento. Y, de repente, como si la lava acumulada de un volcán ejerciera una incalculable presión sobre su cabeza para emerger, su ira se incrementó hasta estallar.
Furioso y completamente cegado, se abalanzó sobre la muchacha y la tumbó sobre el césped, apresándola con sus fuertes manos sobre la cabeza de ella.
—¿Cuál es la diferencia? Es a él a quién estás viendo ahora, y aún así… ¡¿no puedes aceptarme? —cuestionó encrespado, con su respiración pesada a causa del brusco movimiento.
Preso de sus sentimientos, buscó desesperadamente un indicio en la asustada mirada chocolate, que le indicara, que aún tenía una mínima esperanza de conquistarla. Bajó sus ojos a la boca entreabierta de la mujer, y tragó saliva, sintiéndose débil ante ella. Inconscientemente, le soltó una mano para acariciar la suave mejilla femenina, al tiempo que su rostro descendía magnéticamente al de ella. Por sólo una vez, quería probar aquellos suaves y sonrosados labios. La haría cambiar de opinión…
Inesperadamente, su acción se vio interrumpida, cuando los finos dedos de Kagome tocaron sus labios para detenerlo. Sorprendido, abrió sus párpados, encontrándose con una mirada triste, sintiendo al mismo tiempo, una delicada caricia sobre su mejilla.
—Pero tú no eres él…
Por alguna razón, el enloquecedor hechizo de amor perdió el efecto sobre él, permitiéndole ver nuevamente con claridad. Bajo su cuerpo, estaba la mujer que más amaba sobre la tierra, y sin embargo, después de aquella revelación, su mente logró razonar. Sintió su corazón fragmentarse en mil pedazos, y sin que lo pudiese controlar, sus ojos se humedecieron.
—Por favor… perdóname… —rogó Kouga, abrazándose fuertemente a ella, arrepentido por sus acciones, pero sobre todo, dolido por el definitivo rechazo.
La azabache, le acarició dulcemente la cabellera plateada, queriendo consolarlo, sin importarle que él la estuviera aplastando con su cuerpo. Aún no estaba segura de lo que había ocurrido exactamente, pero comprendía el dolor de un corazón roto a la perfección. No hubiese querido causárselo, pero supo que había hecho lo correcto.
Sin embargo, dentro de toda esta conmoción, nunca se imaginó, que ambos estuvieran siendo vigilados por un par de orbes celestes, que destellaban, llenos de ira y celos, detrás de varios arbustos.
Continuará…
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N/A: ¡Hola a todos!
Sí, bueno, Kouga me dio mucha pena a mí también, pero era necesario. No se preocupen, él estará bien, y resultará de mucha utilidad en el próximo capítulo ^^. En cuanto a la persona que los vio en el último momento, apuesto a que ya sabrán de quién se trata :P.
Muchísimas gracias por todo el apoyo que me han dado, no saben lo feliz que me han hecho con cada uno de sus comentarios *-*. No he pasado por muy buenos momentos, así que, cada palabra suya, ha sido una enorme sonrisa en mis tristes y estresados días ^^. Por eso, mis especiales agradecimientos a: Lady Paola Higurashi, Sexy Style, MikoAucarod, luniitaturksa, chibi. alexandra, Ahome23, Kagome Nekko, Marlene Vasquez, Hanabi. ness, Kira Rydle, lindakagome, Ranka Hime, hanniane, Sarys, AyaAndPame, SaKuRaKu, inuykag4ever, the-rasmus-live, Faby Sama, KaterineC, ELOWYN3, Iuskis y Gata de la Luna. Y, por supuesto, sin olvidarme de todas aquellas personas que prefieren permanecer en el anonimato.
Gracias por todo su apoyo y por agregarme a sus alertas y favoritos ^^.
¡Besos y hasta la próxima!
Con cariño,
Peach ^^
P.D.: A ver si Fanfiction ya deja de darnos tantos problemas, y permite loguearnos sin problemas. Justo cuando una tiene algo de tiempo, la página da guerra u_u xD. En fin, por ahora todo bien ^^.
P.D.2: Odio cuando la página me borra nombres en los agradecimientos, sólo porque llevan un "punto" en medio ¬¬.
