Hola y perdón por tardar tanto en actualizar.

Gracias por los reviews, a mcr77 por comentar en casi cada capítulo, al apoyo de Mike-chan7 y a Anece por el sufrimiento sobre la pobre cabellera de Squ-chan.

También agradecer a Riles Reckless por su labor de corrección.

KHR! y sus personajes pertenecen a Akira Amano.


El viaje se le hizo interminable metida en ese estrecho maletero y con la cinta pegada a la boca. Estaba molesta, eso era cierto, pero era algo demasiado estúpido intentar escapar de allí cuando ni siquiera sabía dónde estaba. Esperó y esperó hasta que un frenazo repentino la hizo rodar y chocar contra el extremo del maletero.

-¿Es que aquí no saben hacer las cosas de forma tranquila o qué?- pensó la chica mientras el maletero se abría.

Se incorporó y se sentó en el borde esperando a que Squalo le indicara que hacer, al fin y al cabo en teoría estaba siendo secuestrada. Este la agarró del brazo y la obligó a caminar dentro del castillo, en el no había mucha gente, solo alcanzó ver los que creyó que eran los acompañantes de Squalo en el almacén subiendo por la enorme escalera que había en el centro del recibidor. Antes de poderle echar otro vistazo a la sala en la que se encontraba para admirar su decoración o grandeza, su "secuestrador" se la llevó a empujones.

La obligó a subir las escaleras e hizo su camino a través de los laberínticos pasillos del castillo hasta que se paró delante de una puerta, la abrió y la empujó dentro de ella.

- Espera aquí hasta que vuelva. Ni se te ocurra salir para nada.- dijo él con voz autoritaria.

- ¿Y si tengo que ir al baño?- contestó ella con ganas de molestarlo un poco.

Ante la pregunta Squalo no se inmutó, señaló otra puerta dentro de esa habitación y cerró detrás de él con más fuerza de la necesaria.

Suspiró y recorrió la habitación con la vista. Las paredes eran de un azul profundo que hacían juego con el cubrecama de la cama de dos plazas, a cada lado de la cama había una mesita de noche de madera oscura, en la pared de enfrente de esta un escritorio y una silla del mismo tipo de madera. Al lado de la puerta por donde había entrado, se encontraba un gran armario que ocupaba el resto de la pared y en la pared contraria, había un sofá de dos plazas negro al lado de un ventanal que daba a un balcón.

- Joder, si que se lo monta bien.- pensó la chica mientras rozaba la suave colcha con los dedos.

Una vez terminó de examinar la habitación, abrió la puerta del balcón y admiró las vistas. Hasta donde se extendía su visión todo lo que podía ver eran bosques. Sacó un cigarro de la caja que tenía en el bolsillo, lo encendió y comenzó a fumar.

- Si tengo que huir a través del bosque casi prefiero tirarme por el balcón. ¿Cuántos metros habrá de aquí al suelo?- mientras la chica estaba perdida en sus pensamientos, la puerta se abrió sigilosamente tras ella.

Los pasos silenciados por la alfombra se acercaron al balcón.

- ¡Vroooooi!- gritó una voz potente tras ella.- Te dije que no salieras de la habitación.

- Estoy en el balcón a dos pasos del interior, exagerado.- contestó ella sin inmutarse.

- Eres incapaz de seguir las órdenes más sencillas- continuó él a grito pelado.

- A algunas personas les molesta el olor a tabaco así que he salido a fumar al balcón.- explicó ella sin perder la calma.- Perdón por ser considerada, a la próxima fumare en el armario si te parece mejor.

- Vamos.- contestó el chasqueando la lengua y agarrándola por el antebrazo.

Lo siguió sin oponer resistencia con el cigarro entre los labios. Abrió una puerta y entró en lo que parecía ser un despacho. Las paredes eran de un marrón rojizo con adornos dorados. En el estudio había un par de sillones una mesa y un hombre con aspecto peligroso apoyando los pies en esta. Estaba a punto de decir algo cuando decidió que en esa situación si quería conservar su vida, o en su defecto, una muerte rápida, era mejor quedarse callada.

Una pelea silenciosa de miradas se estaba llevando a cabo en la habitación que cada vez tenía un aire más tenso, se podría haber oído caer una aguja.

- ¿Para qué has traído a la mujer?-preguntó el hombre de aspecto peligroso mientras bebía un buen trago de vino.

- Para pagar una deuda.- contestó Squalo no muy contento por tener que hacerlo.

- No me interesa una mujer que puedas haber recogido de cualquier lado.- replicó el moreno bajando los pies de la mesa y acomodándose en su sillón.

- ¡Vroi! No es para ti.- gritó el hombre de cabellos plateados.

- ¿Entonces?- pregunto el de las cicatrices perdiendo la paciencia.

- Fue quién me recogió el día de la bomba y me llevó a su casa.- explicó Squalo.

- Será tu responsabilidad, que no se entrometa y no habrá problemas.- contestó el otro entendiendo por donde iba la cosa.- Escucha mujer. Si te conviertes en una carga, te mataré.

Dándose por satisfecho, Squalo la volvió a coger del brazo y la arrastró tan rapido del estudio como pudo.

- ¡Basura!- grito el moreno antes de que salieran del umbral y cerrara la puerta- ¡Tráeme más vino!- cuando terminó de gritar lanzó la copa de la que había estado bebiendo a la cabeza de Squalo rompiendola.


Me despido hasta el próximo capítulo.