Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games no me pertenecen. Todo es de Suzanne Collins, yo simplemente los utilizo con fines de entrenamiento.

N/A: ¿Hola? Han pasado unos días desde que actualice. Es un poco raro, ya que por la emoción me puse actualizar todos los días seguidos XD. Y bueno, ya estoy aquí de regreso para continuar la historia.

¿Listos?


Katniss levanto el mentón y entro al despacho del Presidente Snow. Iba vestida como una persona normal, no como los del distrito ni extravagante como los del Capitolio, su uniforme de agente fue guardado. Su típica trenza caía sobre su hombro derecho, la liga sujetaba con fuerza su cabello. En su rostro no llevaba expresión alguna.

La silla principal estaba ocupada por el mismo Presidente, quién veía las grabaciones de los discursos que Peeta Mellark dijo durante la Gira de la Victoria. Ella era sincera consigo misma, y para nada se sintió complacida con las palabras que el joven vencedor dio. Lamentablemente ella no tenía ningún poder para controlar las palabras que decía ese chico.

—Presidente —Katniss inclino la cabeza levemente y Snow centró su mirada en ella.

Katniss descifro de inmediato la sonrisa que le estaba dando.

Era una sonrisa de orgullo; una felicitación ante el trabajo desempeñado que tuvo durante las últimas semanas en el distrito doce. Katniss se encargo de dar aviso a sus superiores cuando informo el asesinar al rebelde y de inmediato fue felicitada y un certificado por su labor fue enviado a la casa que compartía con la mujer que una vez fue la esposa de su padre.

—Señorita Everdeen —Snow no se movió de su asiente, su sonrisa fue borrada y su expresión cambio a una seria—, me complace volver a verla en toda una pieza, sin daño alguno.

—No son más que rasguños —señalo el brazo vendado—. Los culpables fueron castigados por orden de usted.

—No podía dejar que dañaran al equipo del Vencedor —Snow centro su atención de nuevo en las grabaciones—. Me temo que hubo una revuelta más el día en que partieron del distrito once. Debemos calmar las cosas, darles una lección. Te reunirás con Plutarch Heavensbee , para darle una estrategia de cómo controlar el once.

—Señor, le he dicho que no confió en ese hombre —Katniss no repitió el nombre y Snow sonrió—. Si no fuese porque es uno de los organizadores de los Juegos; le aseguraría que él es un rebelde.

—Plutarch nunca ha salido del Capitolio —Snow contesto con calma y eso hizo que Katniss pusiese los ojos en blanco—. Es uno de mis mejores hombres, recuerda que él nos ayudo a desmantelar uno de los grupos infiltrados aquí.

—¿Y ahora cuál es mi tarea, señor?

—Te vas a quedar durante el próximo mes en el distrito doce. Vas a seguir con normalidad, como si nada te hubiese dicho hoy. Tengo el presentimiento que nos acercamos a algo grande, y quiero que me mantengas informado —Snow se levanto de su asiento y se acerco hasta ella. Sus manos estaban cubiertas por los guantes, él iba bien vestido. Le paso una mano por su mejilla—. Eres la única mujer en quién confío, señorita Everdeen.


—Peeta, te ves adorable —chillo Portia ajustando el gran moño que Peeta llevaba sobre el cuello—. Eres la sensación en todos lados.

—Ya ni me lo digas —Peeta sonrió amablemente—. ¿En serio tenias que cortarme mi gran cabellera?

—No te quiero ver luciendo como Haymitch —Portia le paso una mano por el cabello recién cortado—. ¿Te encuentras preparado para asistir a la Mansión Presidencial?

—No, ni tengo ganas de ir —sus ánimos bajaron—, pero debo hacerlo. La vida de un vencedor. ¿Has visto a Katniss? Me temo que no la he visto desde que me dejo aquí tirado.

—No —Portia negó con la cabeza—. Nadie la ha visto en realidad, él que se encuentra custodiando la puerta es Pollux y no recuerdo el nombre del otro. Ahora debemos irnos, no queremos llegar tarde.

Una gran automóvil del Capitolio lo estaba esperando, entro y ahí mismo ya estaba Haymitch vestido con sus mejores galas y sobre sus manos ya un vaso de licor. Peeta entró, seguido por Portia y el resto del Equipo. Los agentes no subieron.

—Ellos irán en otro auto —Haymitch respondió antes de que él le preguntase—. Vas como toda una celebridad. Eres una celebridad.

—Es exagerado —murmuró—, deberíamos pasar desapercibidos.

—Eso es aceptable en el doce —Cinna habló—. No en el Capitolio. Está clase de vehículos son exclusivamente usados para los Vencedores y sus equipos.

—Hace años que yo no subo a unos —gruño Haymitch.

—No desde tu incidente con aquella enfermedad —Effie hizo un gesto de repulsión, de asco.

Y Peeta se dio una idea de que probablemente Haymitch habría tirado todo el licor sobre los lujosos asientos o, el pensamiento era un poco asqueroso pero era lo más aceptable, se habría vomitado y teniendo en cuenta esto, le retiraron el servicio.

Peeta se recargo en el asiento y miro al techo, pensativo. ¿Qué le pedirían que dijera durante la comida? ¿Conocería finalmente a los hombres y mujeres que lo patrocinaron en los juegos?

El viaje no duro mucho tiempo. Probablemente por la velocidad en que iban. Observo a la ciudad de noche, era extravagante y él estaba seguro que no podría acostumbrarse a estilo de vida. Él preferiría su distrito doce.

Al llegar no entraron por la misma puerta dónde los autos de las personas adineradas del Capitolio hacían fila, él fue llevado por otra puerta de la mansión Presidencial.

La puerta del auto se abrió y la cara de Katniss apareció.

—Peeta Mellark.

Peeta frunció el ceño, nadie bajo y todos se quedaron quietos, miro a Haymitch rápidamente quien asintió. Peeta se movió, tratando de no golpear a las personas que lo acompañaban, se inclino, tratando de no golpearse con la caratula del auto y bajo. Se sacudió levemente. El auto avanzo.

—Sígueme.

—¿Por qué no bajaron todos? —Camino a su lado—. ¿Hacen esto con todos los Vencedores?

—Sí —Katniss continúo caminando—. Iba a pedir a Effie, pero es una mujer que no tolero demasiado.

Los grandes árboles rodeaban unas escaleras ocultas, eran por lo mínimo veinte escalones y eso llevaba a una puerta no muy grande, de no estar iluminada él no se hubiese dado cuenta de eso. Antes de iniciar a subir, Katniss le puso una mano sobre su pecho y detuvo el paso.

—Peeta —Por primera vez Peeta veía los ojos de Katniss brillar, su tono no era una orden, y era la primera vez que se dirigía por su nombre, se había acostumbrado a que lo llamara Mellark—. Tienes que hacer lo que te diré.

—¿Qué es? —A Peeta no le estaba gustando el tono en que ella le estaba hablando—. ¿Me vas asesinar aquí?

—No —Katniss se sintió con confianza y le puso las manos sobre sus hombros. Retiro una mano y tomo una mano de Peeta entre la de ella. Ahí coloco un recipiente pequeño en forma de círculo—. Vierte esto sobre las bebidas que te den. Una vez que…

—¿Una vez que, qué?

—Hazlo, si se quieren propasar contigo.

Katniss se hizo a un lado y dejo el camino libre para que Peeta terminara de subir, la luz seguía filtrándose por el hueco de la puerta. A Peeta no le estaba gustando nada de lo que iba a ocurrir ahora. Guardo el pequeño cilindro en la bolsita que contenía el saco de color negro, tomo el picaporte y lo hizo cerrar.

Seis puertas estaban cerradas, la más llamativa era la que estaba al final del pasillo. Era la única que estaba abierta y Peeta pudo oler desde lejos el olor a cigarrillo, evito toser pero se llevo una mano a su nariz para no respirar el mismo olor, soltó el aire a través de su boca.

Camino a paso lento, ya con el conocimiento de lo que iba a pasar. Todos los vencedores pasaban por eso, dijo Katniss unos minutos atrás fuera.

A pesar de que la puerta estaba abierta, Peeta toco y una hermosa mujer con una peluca de color amarillo, un vestido extravagante y con el cigarro en mano, le sonrió. Era una mujer hermosa con tanto maquillaje encima. ¿Si se lo quitaba mantendría el mismo porte?

Él le sonrió por educación.

Y cerró la puerta tras de sí.


—Ni siquiera lo preparé para esto —La voz de Haymitch resonó en la oscuridad. Su mirada brillaba de enojo—. Debiste decirme.

—A ti no te tengo que decir nada —Respondió Katniss sin mirarlo—. Fueron órdenes del presidente.

—Tiene solo dieciocho años.

—Y Finnick Odair solamente quince. Peeta es lo suficiente grande como para ya tener una experiencia sobre el sexo.

—¿Y si no la tiene? ¿Has pensado en eso? Por favor, chica. Has vivido con Peeta durante más de diez días. Es claro que ya estás conociendo la actitud del chico.

—Tengo que obedecer —Katniss no flaqueo ante las palabras de Haymitch—. Tú nunca has tenido experiencias así, por tus trampas en los Juegos te excluyeron completamente de esto. Y te sumergiste en el alcohol.

—Me negué desde el principio. Y me sumergí cuando tu adorable presidente mando asesinar a toda mi familia y futura esposa.

—Debiste seguir el juego, Haymitch. No salir de él.

—¿Tu que puedes saber sobre esto, niña? No eres más que una lambe botas de Snow. Iré por ese chico y lo sacaré de ahí.

Haymitch avanzo y subió dos escalones. Katniss llevo su mano a su espalda y de ahí saco su arma y apunto a Haymitch en la frente.

—Un paso más y no dudaré en matarte.

—No lo harás.

—¿Por qué no?

—Te culparan de asesinato, Katniss —La voz de Peeta llego a oídos de ambos y ella se giro para verlo.

En el mismo estado que cuando le dejo. ¿Hace diez, veinte o media hora? Él no llevaba una expresión diferente en su rostro, pero en sus ojos sí.

—Vete, Katniss —su voz sonó dura, la sorprendió—, debo hablar con mi mentor.


¿Reviews?