~🍉Limones y sandias🍉~

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Beka Altin había nacido y crecido en Kazajistán, mudándose a Rusia una semana después de cumplir ocho,sus padres explicando que se debía a la mira de mejores oportunidades. Allí pasaron cuatro años y, dos semanas después de su doceavo cumpleaños, se fueron para Canadá, esta vez por motivos de trabajo y allí permanecieron durante cinco años, mudándose a Japón tres semanas luego del cumpleaños diecisiete de la que ya era una adolescente agraciada aunque no precisamente demasiado femenina.
Beka siempre había tenido una mirada tosca y una sonrisa rígida que pocas veces mostraba puesto que la seriedad era su característica distintiva. La muchacha se tomaba apecho cada labor que se le fuese encomendada y la llevaba a cabo con eficacia. Sin duda alguna sería una gran empresaria al terminar sus estudios. Ese era el consejo que siempre le habían dado: estudios y luego trabajo; ¨en las vacaciones está perfecto pero mientras estés en clases nada de negocios.¨
Beka se había apegado a la regla durante años, hasta que un día vio una oportunidad que bajo ninguna circunstancia podía dejar pasar: Invertir en las únicas aguas termales de un pueblito llamado Hasetsu.
Así que para allá fue, por su cuenta, preparada con lo que diría en su mejor japonés.

Pero no salió como esperaba. Oh,no, en lo más mínimo. Salió mucho mejor.

Beka llegó a la residencia de la familia Katsuki: Yuutopia; una soleada mañana, encontrándose con un rechonchito hombre de lentes que bien la recibió, saludando en un inglés muy malo y sonriendo, aliviado, cuando Beka le respondió en japonés.

No perdió pues tiempo la kazaja en pedir una habitación y empezar a hablar de negocios, aceptando sin problemas el pedido del hombre porque su esposa llegaría pronto con su hija y deseaba que estuviera presente para cualquier posible acuerdo. Beka aceptó, paciente, y entabló amena plática con el hijo mayor de los Katsuki: Mario.

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Una hora pasó antes de que la puerta corrediza que daba entrada a la estancia fuera corrida y por la misma ingresaran una menuda y delgada mujer, también de lentes mas de cabellera negra a diferencia de su esposo, quien la tenía castaña. Tras la mujer iba otra mucho más joven, de una contextura más bien gruesa y del mismo modo portando lentes, estos de montura azul y cuyo cabello, de semejante color al de su progenitora, era considerablemente más largo y caía con gracia a los lados de su blanco rostro.

Beka no lo identificó al momento, mas pronto se daría por enterada de la razón por la cual su corazón se aceleró en el interior de su pecho cuando los ojos de la hija menor de los Katsuki, del mismo tono marrón rojizo del padre y sonrisa por mucho más angelical, cinco años mayor que ella y de sumamente buena educación, se posaron sobre los propios, de un tono café más bien oscuro sin llegar a confundirse con el azabache de sus cabellos.

Tasha era el nombre de la esposa de Hikari Katsuki y Yuuri era el nombre de la más joven de sus hijas; el par de féminas se mostró encantada con la visita de la extranjera y agradecieron con reverencias su interés por el pequeño negocio que allí tenían.
Beka encontró muy agradable la modestia de aquellas personas, terminando por decidirse: haría lo que hiciera falta por convencer al matrimonio de trabajar con ella.

Mario y Yuuri se despidieron tras agradecerle una última vez a Beka y se retiraron, dejando a solas a sus padres y a la joven.

Tasha propuso tomar asiento y preparó té.

La conversación fue amena y llegaron a un acuerdo justo en menos de dos horas, los ojos de Altin brillando en demasía cuando estrechó su mano con el matrimonio al finalizar, satisfecha consigo misma y con posibilidades que se habrían ante ella y ante la pareja.

Aceptó cenar en compañía de los propietarios y nuevos socios y se encontró a sí misma viendo demasiado seguido –siempre fugazmente y procurando que nadie más lo notara– en dirección de Yuuri Katsuki.

La japonesa, por suerte, parecía ser totalmente ajena a la continua acción de la kazaja hasta que, por un mal cálculo o simple mala suerte, Yuuri elevó la mirada en el preciso momento en que Beka tenía la propia puesta sobre su persona.

Yuuri le sonrió y le ofreció rellenar su vaso, a lo que Beka no se negó, extendiendo así el recipiente de vidrio hacia la hija de sus anfitriones y agradeciendo por el favor. Yuuri le regaló otra pequeña sonrisa y se desentendió de ella.

Beka se sintió algo decepcionada por ello mas no le dio vueltas, centrándose en el hablar de Hikari, quien había decidido brindar por la llegada y las intenciones de Beka. La misma pidió perdón, alegando que aún no era mayor de edad mas Tasha se unió a la causa de su marido y aseguró que solo sería un vaso.

Y lo fue. Solo un vaso, para Beka.

Por suerte, Mario supo cómo terminaría aquello y se excusó, mandándole una mirada de advertencia a la kazaja para que huyera que, afortunadamente, comprendió y se excusó por igual, pasando a retirarse y alcanzando a Mario para preguntarle por la ubicación del retrete.

Tras atender aquella necesidad, Beka subió a la que sería su habitación por esa noche y suspiró, desvistiéndose y poniéndose su holgada pijama como acto seguido.

Se fue a dormir con pensamiento positivo y grandes expectativas.

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Beka despertó con ganas de ir al baño horas más tardes, captando que todavía había jarana en el primer piso y tanteando en busca de su celular para averiguar exactamente qué hora era.

Las 2:30 de la madrugada.

Resoplando, Beka apretó su teléfono y se deslizó fuera delas sábanas, calzando sus zapatos y apresurándose a ir a descargar.
Ya que Mario le había dictado la ubicación del baño inferior mas no del superior, optó por no tantear e ir a ocupar el inferior, suspirando de alivio al finalizar.

Estaba por volver a las escaleras cuando una fuerte risotada captó su atención, Beka estaba segura de que no se trataba de la risa de Tasha y sí no era el caso entonces solo quedaba una opción.

Curiosa, se aproximó sin hacer ruido al comedor, espiando por una pequeña rendija de la puerta corrediza que ella misma creo.

Se llevó una de las sorpresas más grandes de su corta vida al ver a la hija menor de los Katsuki y a la misma señora Katsuki sobre la mesa que hacía solo unas horas había tenido nada más que comida encima. Como si eso fuera poco, madre e hija no traían más que sostén de la cintura para arriba, el negro del perteneciente a Tasha contrastando contra la piel de la misma mas no tanto como hacía el rojo contra la dermis de su descendiente.

Le iría mejor el negro pensó Beka, parpadeando al captar su propia opinión interna.

—¡Yuuuuuri! —la voz de Tasha, ya nada suave como hacía horas, animó a su hija—, ¡mueve más esas lonjitas, hija mía!

—¡Siiiiiiiií! —chilló Yuuri a su vez, riendo y sacudiéndose, no de forma vulgar, mas bien todo lo contrario, meneando las cajeras y ondeando el vientre en un sensual baile improvisado.

El calor hizo su aparición en las mejillas de Altin y tragó saliva, sus ojos repasando el cuerpo de la japonesa más joven con descaro.

Beka, no. No,no, Beka mala. Mala. Pero de nada servían sus represalias mentales. Le gustaba lo que estaba viendo.

Hikari, quien presenciaba todo riendo y siguiendo el juego de las dos mujeres de su vida, suspiró y negó con la cabeza.

—Cariño, creo que ya ha sido suficiente —declaró, poniéndose de pie.

—¡De eso nada! —lo atacaron madre e hija, haciendo parpadear al padre.

—¡Que venga Mario! —exigió Yuuri—, ¡que baile conmigo!, ¡un reto de baile! —se me iluminaron los ojos—, ¡lo venceré!

—Eso ya lo has hecho infinidad de veces, hija —rio Tasha.

—Es verdad —confirmó Yuuri—. ¡Ah! ¡Entonces a la socia!

Beka se erizó.

—¿Una competencia de baile con Beka Altin? —se horrorizó Hikari.

—¡Fabulosa idea! —celebró por el contrario Tasha—, ¡todo un espectáculo!

—¿Verdad? —sonrió Yuuri, apoyando una mano en su cadera—, ella se veía como una buena rival. Además, es muy bonita.

El calor se incrementó en las mejillas de la kazajo.

—Su busto era bonito —comentó Tasha.

—¡Esposa, por favor! —increpó Hikari, exaltado y bastante menos mareado—, nadie tendrá un duelo de baile con nuestra nueva socia. Es hora de dormir.

—Pero yo quiero bailar con ella —se quejó Yuuri, inconforme—, ¡aunque me deje en ridículo con el tamaño de sus pechos!

—¡Yuuri! —exclamó el matrimonio Katsuki, con dos tipos distintos de tono de voz, más que opuestos: diversión y represalia.

—¡No es mi culpa tener pecho pequeño! —Yuuri posó sus manos sobre sus propios senos, que bien cabían en sus palmas ahuecadas y suspiró.

—Tu medida es por mucho mayor a la de una nipona común, cielo —sonrió Tasha.

—¡Son limones a comparación de las sandías que se maneja Altin!

Y eso fue todo. Beka se deslizó lejos de su puesto de espionaje, cerrando la puerta sin hacer ruido y dejando a la familia que riñera sola. Subió al segundo piso a la carrera y se arrojó en la cama, cubriendo su rostro con sus manos.

Limones y sandías no dejaba de repetir su mente, limones y sandias, limones y sandias...

No iba a poder volver a dormir.


*Chubby! YuuriFem es amor y vida. -corazón-
*En realidad los pechos de Yuuri y los de Beka van por ahí en tamaño pero ya saben cómo es Yuuri.~

Gracias por leer. 💙💚💙💚