Hola a tods! Como lo prometido es deuda, aquí les dejo el capítulo seis xD Gracias por todos sus buenos deseos, a todos aquellos que me han dejado reviews, a los que me agregaron a sus historias favoritas y los que me siguen; en verdad lo aprecio mucho. Esta ocasión, como ya les adelanté, llegará nuestro querido (y nefasto) señor Collins, además de otro personaje súper importante para la historia. La advertencia para este capítulo, es que hay una parte que es prácticamente un copy/paste, por lo que lo puse en cursiva. Los derechos de autor sobre todo xD! No voy a abundar mucho en esta nota inicial, solo recordarles que Harry Potter ni Orgullo y Prejuicio me pertenece, solo la loca (y no muy original) idea de unir estas historias ^_^ Dicho esto a leer!

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Hermione sacó un vestido color perla del baúl y unas zapatillas a juego. Se vistió a toda prisa y adornó su pelo con una flor de gardenia. Bajó las escaleras y se dirigió al comedor donde sabía que estaría toda la familia desayunando; empujó la puerta despacio y descubrió al señor Bennet de pie, leyendo una carta a sus hijas y esposa. Se apresuró a sentarse a la mesa, junto a Elizabeth, y escuchó atentamente al padre de esta.

«…espero que mi presente propósito de buena voluntad sea acogido de buen grado, y que la circunstancia de que sea yo el heredero de Longbourn sea olvidada por su parte y no le lleve a rechazar la rama de olivo que le ofrezco. No puedo sino estar preocupado por perjudicar a sus agradables hijas, y suplico que se me disculpe por ello, también quiero dar fe de mi buena disposición para hacer todas las enmiendas posibles de ahora en adelante. Si no se opone a recibirme en su casa, espero tener la satisfacción de visitarle a usted y a su familia, el lunes 18 de noviembre a las cuatro, y puede que abuse de su hospitalidad hasta el sábado siguiente, cosa que puedo hacer sin ningún inconveniente, puesto que lady Catherine de Bourgh no pondrá objeción y ni siquiera desaprobaría que estuviese ausente fortuitamente el domingo, siempre que hubiese algún otro sacerdote dispuesto para cumplir con las obligaciones de ese día. Le envío afectuosos saludos para su esposa e hijas, su amigo que le desea todo bien,

William Collins.»

—Por lo tanto, a las cuatro es posible que aparezca este caballero conciliador— dijo el señor Bennet mientras doblaba la carta—. Parece ser un joven educado y atento; no dudo de que su amistad nos será valiosa, más si Lady Catherine es tan indulgente como para dejarle venir a visitarnos.

—Ya ves, parece que tiene sentido eso que dice sobre nuestras hijas. Si está dispuesto a enmendarse, no seré yo la que lo desanime.

Hermione, que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo, se inclinó al oído de Elizabeth, y en voz bajá le preguntó:

—Lizzy, ¿qué está sucediendo? ¿Quién es este señor Collins que viene?

—Verás, Hermione, se trata de un primo nuestro cuyo padre tenía una gran enemistad con el nuestro. Al parecer fue ordenado durante la Pascua y ahora quiere visitar a la familia para sanar la antigua rencilla entre nosotros.

— ¿Alguna vez lo habías visto?

—No, esta será la primera vez.

Hermione aún no entendía por qué los Bennets estaban tan conmocionados con la llegada del señor Collins, así que de nuevo quiso aclarar sus dudas con Elizabeth. Ella le respondió que su primo heredaría Longbourn inmediatamente el señor Bennet muriera. Al ver la cara de sorpresa en el rostro de Hermione, Lizzy le explicó que ellas no podían heredar la propiedad ya que eran todas mujeres.

—Es difícil adivinar qué entiende él por esa reparación que cree que nos merecemos, es posible que sus intenciones sean nobles— observó Jane.

Elizabeth no pensaba igual que su hermana, ya que había quedado muy impresionada por las referencias que el señor Collins había hecho sobre Lady Catherine en la carta.

—Debe ser un poco raro —dijo—. No puedo imaginármelo. Su estilo es algo pomposo. ¿Y qué querrá decir con eso de disculparse por ser el heredero de Longbourn? Supongo que no trataría de evitarlo, si pudiese. Papá, ¿será un hombre astuto?

—No, querida, no lo creo. Tengo grandes esperanzas de que sea lo contrario. Hay en su carta una mezcla de servilismo y presunción que lo afirma. Estoy impaciente por verle.

El señor Collins llegó puntual a las cuatro de la tarde y fue acogido con gran cortesía por la familia. El señor Bennet se limitó a hablar mucho, pero sus hijas y Hermione estuvieron dispuestas a ofrecerle conversación, pues, al parecer, el señor Collins odiaba el silencio y siempre encontraba algo de lo que conversar. Era un hombre de veinticinco años de edad, alto, de mirada profunda, con un aire grave y estático, además de poseer unos modales en extremo ceremoniosos. A poco de haberse sentado, elogió a las Bennets y su prima, diciendo lo hermosas que eran, y que aunque había escuchado rumores sobre su belleza, la satisfacción de verlas en persona no podía compararse con la imaginación; diciendo, además, de que no dudaba que se casarían pronto. Hermione tuvo ganas de retorcer el rostro y pudo observar la misma contención por parte de Lydia y Elizabeth. La señora Bennet, sin embargo, encantada por los halagos, decidió contestar de manera armoniosa a tales galanterías.

—Deseo de todo corazón que sea como usted dice— dijo—, pues de no ser así quedarían bastante desamparadas, en vista de cómo están dispuestas las cosas.

— ¿Se refiere, tal vez, a la herencia de la propiedad? — dijo el señor Collins.

— ¡Exacto! No me negará que es algo muy penoso. No le culpo en lo absoluto, pero de todas maneras…

—Siento mucho el infortunio de sus hijas— dijo con voz grave—, seré cauto, y no diré mucho, por temor a precipitarme; pero he de decirle que vine con deseos de admirar a sus hijas. Tal vez cuando nos conozcamos mejor…

El señor Collins dijo esto último mientras paseaba la mirada entra las chicas, se detuvo un momento a admirar a Jane, a Elizabeth y Hermione. La última se percató de lo que este hacía y no pudo controlar el escalofrío que le recorrió la espina dorsal de tan solo imaginarse al señor Collins enamorada de alguna de ellas.

Les interrumpieron para que pasaran al comedor; y las chicas se sonrieron entre sí. El señor Collins no solo las admiró a ellas, sino a todo el mobiliario del hogar, apreciando con gran espíritu y pomposidad todo lo que le rodeaba. La señora Bennet tal vez se hubiera sentido más halagada, de no ser porque se mortificaba pensando que el señor Collins solo estaba viendo la calidad de su futura propiedad.

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—Nunca había visto unas patatas tan bien cocidas, o un pollo tan exquisito. ¿A cuál de mis primas tengo el honor de felicitar por tan deliciosa cena?

—Señor Collins— dijo la señora Bennet tajante—, tenemos los medios necesarios para mantener a un cocinero, ninguna de mis hijas o parientes tiene nada que ver en la cocina.

—Siento haberla insultado, señora Bennet— observó afectado—. No ha sido mi intención.

—No me ha ofendido— dijo la señora Bennet con voz suave. Aún así el señor Collins pasó los siguientes quince minutos disculpándose.

El señor Bennet, pensando que ya era momento de entablar conversación con su invitado, se dirigió a él diciendo que tenía mucha suerte de encontrarse bajo el patronato de Lady Catherine de Bourgh. Hermione rodó los ojos al escucharle repetir todos los elogios de la tarde, y para su deleite comprobó en los ojos del señor Bennet y de Elizabeth, el brillo inconfundible de la burla. Por alguna razón, el señor Collins le recordaba a Percy Weasley, con sus modales petulantes y cierto sentido de superioridad que solo la ignorancia podía otorgar a las personas. Hermione trató de suprimir sus ganas de reírse; y sus ganas empeoraron al escuchar que Lady Catherine le aconsejó al señor Collins poner unas repisas en los armarios de las habitaciones de arriba.

—Todo eso está muy bien—dijo la señora Bennet—. Debe de ser muy agradable. ¿Vive usted cerca?

—Rosings Park, la residencia de su señoría, está separado solo por un camino de la finca en la que está ubicada mi humilde casa.

—Creo que usted dijo que era viuda. ¿Tiene alguna familia?

—No tiene más que una hija, la heredera de Rosings y otras propiedades.

—¡Ay! — se lamentó la señora Bennet— Está en mucho mejor condición que muchas otras jóvenes. ¿Es guapa?

—Es una joven realmente encantadora. Como le he hecho notar muchas veces a Lady Catherine, es una de las joyas más bellas de Inglaterra. Por infortunio es de naturaleza enfermiza, lo que ha privado a la sociedad y la corte Inglesa, de uno de sus más preciosos ornamentos. Estos cumplidos agradan a su señoría y yo me siento particularmente inclinado a prestarlos.

—¿Y acaso estos cumplidos surgen espontáneamente, o son el resultado de un ensayo previo? —preguntó Hermione, disfrutando la ridiculez de aquel personaje.

—Normalmente me salen en el momento, prima Hermione, y aunque a veces me entretengo en meditar y preparar estos pequeños y elegantes cumplidos para poder adaptarlos en las ocasiones que se me presenten, siempre procuro darles un tono lo menos estudiado posible.

Las suposiciones que tenía el señor Bennet fueron confirmadas. El señor Collins era tan absurdo como había previsto. Lo escuchaba con intenso placer, pero siempre manteniendo la más perfecta compostura; y, a no ser por alguna mirada que compartían Hermione, Elizabeth y él, no necesitaba que nadie más participara en su diversión.

Sin embargo, para la hora del té, el señor Bennet había tenido más que suficiente de la habladuría del señor Collins, por lo que lo invitó al salón para que le leyera algo a las señoras. Él accedió al punto y pidió que le trajeran un libro de la biblioteca; pero en cuanto lo vio se detuvo al instante, pidió que lo perdonaran pues él jamás leía novelas. Kitty le miró con extrañeza y a Lydia se le escapó una exclamación. Le trajeron otros volúmenes y tras algunas dudas eligió los sermones de Fordyce. No hizo más que abrir el libro y ya Lydia empezó a bostezar, y antes de que Collins, con monótona solemnidad, hubiese leído tres páginas, la muchacha le interrumpió diciendo:

— ¿Sabes, mamá, que el tío Phillips habla de despedir a Richard? Y si lo hace, lo contratará el coronel Forster. Me lo dijo la tía el sábado. Iré mañana a Meryton para enterarme de más y para preguntar cuándo viene de la ciudad el señor Denny.

—Lydia, guarda silencio— intervino Elizabeth.

—Continúe, señor Collins— dijo Jane—, le prometo que no volverán a interrumpirlo.

Pero, muy ofendido, el señor Collins cerró el libro y exclamó:

—Con frecuencia he observado lo poco que les interesan a las jóvenes los libros de temas serios, a pesar de que fueron escritos por su bien. Confieso que me asombra, pues no puede haber nada tan ventajoso para ellas como la instrucción. Pero no quiero seguir importunando a mi primita.

El señor Collins no volvió a decir palabra y se sentó con el señor Bennet a jugar una partida de Backgammon. La señora Bennet se deshizo en disculpas, asegurándole que de volver a leer no sería interrumpido. Pero él les aseguró que no estaba ofendido, pero que prefería sentarse a jugar.

Una vez retirados a sus habitaciones, Elizabeth se tiró a la cama riendo, y Hermione se sentó en la cómoda a hacer lo mismo.

—No sean impertinentes, las pueden escuchar— sentenció Jane, que sabía muy bien el motivo de la risa de sus primas.

—Jane, pero debes de ser justa— dijo Hermione mientras se secaba una lágrima del ojo––, el hombre es simple y llanamente ridículo. Tuve que armarme de paciencia y voluntad para no reírme en varias ocasiones durante el transcurso de la velada.

—Estoy de acuerdo contigo— dijo Elizabeth, acomodándose en la cama y dándole el frente a su prima—. ¡Cuánta pomposidad y vanagloria!

—Pero deben observar que tiene buenos modales, y al parecer sus intenciones de venir a visitarnos son buenas.

— ¡Oh!, mi querida hermana. Esos buenos modales que has visto son exagerados, ¿te fijaste cuánto se inclina cuando hace una reverencia? Creí que su nariz daría al suelo.

Hermione estalló en otro ataque de risa cuando escuchó esto último, y Jane las miró a ambas con una mirada de amonestación.

—El señor Collins me acuerda a alguien que conozco, su nombre es Percy Weasley y el chico parece un yo-yo.

— ¿Un qué? —dijo Lizzy, confundida.

— ¡Oh! Nada— se apresuró a contestar Hermione—, es una expresión de donde vengo para denotar a las personas que solo saben hablar de sí mismas.

—Pues definitivamente el señor Collins es un yo-yo— exclamó Elizabeth, y entre risas y cotilleos sobre el pobre señor Collins, se fueron a dormir.

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El señor Collins no era un hombre inteligente y las deficiencias de su naturaleza no las había ayudado en nada ni su educación ni su vida social. Pasó la mayor parte de sus años bajo la tutela de un padre avaro e inculto; y aunque fue a la universidad, no permaneció en los cursos suficientes para hacerse de una profesión y solo adquirió los conocimientos mínimos. La sujeción en la que vivía le había conferido humildad, que ahora se veía contrariada por la fortuna que de repente tenía y su corta inteligencia. Fue una casualidad que obtuviera el patronato de Lady Catherine, cuando la rectoría de Hunsford quedó vacante. Su autoridad como clérigo, además de pequeña fortuna, le convirtió en una mezcla de servilismo y orgullo, de modestia y presunción.

Ya que tenía una buena casa y unos ingresos suficientes, era su intención, y manera de enmendarse con la familia de Longbourn, conseguir esposa para su hogar entre las Bennets. El primer objeto de su deseo fue Jane, ya que su cara dulce y figura, le hacía dar preferencia a la mayor, como dictaba la costumbre. Sin embargo, cuando habló al día siguiente con la señora Bennet, antes del desayuno, ella le dijo que no tenía inconveniente a que fuera con alguna otra de sus hijas, pero que Jane era probable que muy pronto estuviera comprometida. Entonces, la señora Bennet le dijo que considerara a Elizabeth que le seguía en belleza y figura.

Durante el desayuno, el señor Collins evaluó con mirada crítica a las chicas de Longbourn, entonces posó la mirada en Hermione. Es cierto que no era una Bennet, pero admitía para sí mismo, que aunque fuera más joven que Elizabeth, ciertamente era más bella, y sus modales, aunque no eran del todo su agrado, podían modelarse con la instrucción correcta y cierta paciencia. Entonces, su mente, que trabajaba en una manera extraña, razonó que si se casaba con Hermione, aún se estaría casando con un miembro de la familia Bennet, y que al momento de la muerte del señor Bennet, sería lo suficientemente indulgente como para dejar que sus primas siguieran viviendo en Longbourn hasta que se casaran.

Con estos pensamientos en la mente, decidió cambiar el objeto de sus atenciones de Jane a Hermione. La señora Bennet no se dio por enterada de este cambio de sentimientos en el corazón de Collins, y pensaba que pronto tendría a dos hijas casadas. El hombre del que no quería escuchar hablar el día de ayer, ahora le parecía encantador a sus ojos.

Los planes de Lydia de ir a Meryton aún seguían en pie, por eso después del desayuno decidieron que irían todas juntas a casa de su tía Phillips. El señor Bennet, que quería su biblioteca para él solo, le aconsejó al señor Collins que aprovechara la ocasión para conocer la vecindad y que acompañara a las chicas. Viendo la perfecta oportunidad para realizar avances sobre Hermione, accedió al instante y muy complacido salió con sus parientes.

El viaje a Meryton le resultó a Hermione de lo más insoportable, pues tuvo que soportar a Collins diciéndole halagos pomposos e insulsos cumplidos. Una vez allí, las menores se olvidaron de su primo, y solo tuvieron ojos para buscar oficiales en la calle.

Pero la atención de todas las damiselas fue al instante acaparada por un joven al que no habían visto antes, que tenía aspecto de ser todo un caballero, y que paseaba con un oficial por el lado opuesto de la calle. El oficial era el señor Denny en persona, cuyo regreso de Londres había venido Lydia a averiguar, y que se inclinó para saludarlas al pasar. Todas se quedaron impresionadas con el porte del forastero y se preguntaban quién podría ser. Kitty y Lydia, decididas a indagar, cruzaron la calle con el pretexto de que querían comprar algo en la tienda de enfrente, alcanzando la acera con tanta fortuna que, en ese preciso momento, los dos caballeros, de vuelta, llegaban exactamente al mismo sitio. El señor Denny se dirigió directamente a ellas y les pidió que le permitiesen presentarles a su amigo, el señor Wickham, que había venido de Londres con él el día anterior, y había tenido la bondad de aceptar un destino en el Cuerpo. Esto ya era el colmo, pues pertenecer al regimiento era lo único que le faltaba para completar su encanto. Su aspecto decía mucho en su favor, era guapo y esbelto, de trato muy afable. Hecha la presentación, el señor Wickham inició una conversación con mucha soltura, con la más absoluta corrección y sin pretensiones.

Aún estaban todos allí de pie charlando agradablemente, cuando un ruido de caballos atrajo su atención y vieron a Darcy, Draco y a Bingley que en sus cabalgaduras venían calle abajo. Al distinguir a las jóvenes en el grupo, los tres caballeros fueron hacia ellas y empezaron los saludos de rigor. Bingley habló más que nadie y Jane era el objeto principal de su conversación. Draco frunció el seño al ver a un hombre al que no había visto, pululando alrededor de Hermione, evidentemente queriendo atraer su atención.

Bingley dijo que en ese momento iban de camino a Longbourn para saber cómo se encontraba Jane; Darcy lo corroboró con una inclinación; y estaba procurando no fijar su mirada en Elizabeth, cuando, de repente, se quedaron paralizados al ver al forastero.

A Elizabeth, que vio el semblante de ambos al mirarse, le sorprendió mucho el efecto que les había causado el encuentro. Los dos cambiaron de calor, uno se puso pálido y el otro colorado. Después de una pequeña vacilación, Wickham se llevó la mano al sombrero, a cuyo saludo se dignó corresponder Darcy. ¿Qué podría significar aquello? Era imposible imaginarlo, pero era también imposible no sentir una gran curiosidad por saberlo.

Un momento después, Bingley, que pareció no haberse enterado de lo ocurrido, se despidió y siguió adelante con su amigo.

Denny y Wickham continuaron paseando con las muchachas hasta llegar a la puerta de la casa del señor Philips, donde hicieron las correspondientes reverencias y se fueron a pesar de los insistentes ruegos de Lydia para que entrasen y a pesar también de que la señora Philips abrió la ventana del vestíbulo y se asomó para secundar a voces la invitación.

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¿Qué tal el capítulo? ¿Qué piensan de nuestro amigo Collins, qué piensan de Wickham? Ya se está poniendo todo esto interesante, a decir verdad :D Me encanta, me encanta. Por cierto, la historia de Orgullo y Prejuicio en formato en pdf puede ser encontrado en Google y tiene 161 páginas, nosotros apenas hemos cubierto hasta la página 33, lo que quiere decir que tendremos de esta historia para mucho rato. Nos leemos!