Chapter 6: Confesiones
Lucy lloraba en su habitación.
Ella quería estar con Remus, sabía que él era diferente a sus amigos… pero había una razón por la que no podía.
Y no tenía nada que ver con el pequeño problema peludo de Rem, el cual ella conocía desde hacía siglos… sino de un pequeño inconveniente en forma de promesa que le prohibía estar con nadie.
La chica se sonrió a si misma con amargura, recordando aquel momento en el que le prometió aquello a Cathie.
FLASH – BACK
Una pequeña Lucy de ocho años corría por una pradera, persiguiendo dos mariposas de colores.
La niña reía y saltaba, intentando alcanzar con sus dos manitas a los dos bichitos, que se escapaban de su alcance.
Cuando finalmente se escaparon sin que ella no pudiera hacer nada para evitarlo, la pequeña rubita se echó a llorar con fuerza.
Una muchacha más mayor, también rubia, se acercó a ella abrazándola por detrás y consolándola.
- No llores, Luli, no merece la pena. Hay muchas mariposas en el mundo, algún día conseguirás atrapar alguna.
- P-pero, Cathie… yo quería esa… la podría haber cogido.
- Lilu… sé que querías esa mariposa. Era bonita… era preciosa.
Pero hay miles de mariposas diferentes, y tener a la más bonita al principio puede ser precioso… pero cuando la mariposa vuela cuando ya te has encariñado con ella… duele mucho, mucho.
Y esto no solo pasa con las mariposas, también pasa con las personas.
Si alguna vez quieres a alguien mucho, mucho, mucho… Déjale volar, déjale ir. Porque todo en el mundo se acaba, pero siempre hay algo nuevo. Diferente pero nuevo. Y aunque siempre te acuerdes de esa persona tan especial… dejarla marchar, como a esa mariposa, es lo mejor que puedes hacer.
FIN FLASH – BACK
En ese momento, Lucy no entendió muy bien qué quería decir Cathie.
Pero, oh, cómo le habría gustado seguir besando a Remus.
En otro lugar del castillo…
Meg corría detrás de su rápido compañero.
Finalmente, lo encontró tumbado en un sillón de una habitación que nunca había visto.
El chico estaba desparramado con las piernas extendidas en el sillón, un cigarrillo en una mano y una mueca en la cara.
- ¿Qué, te sientes mejor ahora, después de haberme seguido?- preguntó Sirius arrogantemente.
Ella simplemente se sentó en frente de él, en un sofá.
Ninguno de los dos habló en un buen rato.
Sirius le dio una calada al cigarro y se lo tendió a Meg.
Cuando el chico estaba a punto de retirar la mano, Meg lo cogió y se lo metió en la boca, aspirando fuertemente.
Sirius alzó una ceja y Meg rió.
- No me esperaba esa faceta fumadora tuya, Zabini- dijo, sonriendo.
- Pues yo de ti sí, fíjate.
- Oh, mierda, ya volvemos con prejuzgar.
Los dos bajaron la vista.
Sirius sonrió, y le tendió la mano a Meg.
- Hola, me llamo Sirius Black, ¿y usted?
Ella, entendiendo, le estrechó la mano y sonrió.
- Meggie Zabini, pero mis amigos me llaman Meg.
- Interesante… ¿yo estoy considerado en la lista de sus amigos?
Ella rió.
- Tendrá que ganarse el privilegio, señor Black.
Él sonrió.
- Muy bien, empecemos. ¿Tendría la amabilidad de acompañarme a un lugar?- dijo, tendiéndole el brazo.
- Por supuesto- sonrió ella, tomando su brazo.
Los dos se alejaron por las escaleras.
En los jardines…
- ¡Potter, bájame!- Lily golpeaba la espalda de su compañero.
- ¡Que me bajes, te he dicho! ¡Tengo frío!
Como Lily no quería seguir a James, éste la había cogido a la fuerza y se la había colgado al hombro como si fuera un gigantesco saco de patatas.
- ¡JAAAAAAAMEEEEEEEEEEEES POTTEEEEEEEEER! ¡COMO NO ME BAJES TE QUEDAS SIN DESCENDENCIA, TE LO ADVIERTO!
James siguió caminando unos metros más, y cuando Lily estaba a punto de perder la paciencia por completo, la bajó de golpe.
Ella le miró, con las mejillas coloradas y los ojos ardiendo de furia.
- Te juro que…- comenzó a decir ella, pero James la interrumpió.
- Deja de quejarte por primera vez en tu vida y sólo mira a tu alrededor.
Ella le hizo caso… y se quedó sin palabras.
Estaban es una cueva, de piedra oscura… pero, clavados en la piedra… había millones de cristales transparentes que reflejaban la luz del sol que se metía por un pequeño agujero que había en el techo, dándole a la cueva un tono multicolor maravilloso.
Lily, olvidando su enfado, sonreía y tocaba las paredes como si fuera lo más precioso que existiera en el mundo.
- James, esto… ¡esto es maravilloso!
Él sólo la miraba sonriendo.
- ¿Ves como te iba a gustar, cabecita loca?
Ella sonrió.
- Bueno… pero no hacía falta que me cogieras en volandas.
El simplemente alzó una ceja.
- Vale, vale, de acuerdo… a lo mejor sí.
Los dos se miraron, y se quedaron en silencio un buen rato.
- Bueno… ¿cómo encontraste este sitio?
- Estaba enfadado por… bueno, qué más da. El caso es que salía a volar, y llovía. La escoba se me resbaló y cayó aquí, haciendo un agujero al techo. Yo la busqué, y al encontrarla encontré el lugar más bonito de todo Hogwarts.
Ella asintió.
- Estoy de acuerdo.
James y Lily se quedaron toda la tarde en la cueva.
Cuando volvieron a la Sala Común de Gryffindor, cada cual por su lado pensó que había sido la mejor tarde de su vida.
Heyyyy chicas!
Aquí vuelvo de nuevo.
Bicho malo nunca muere
Perdón por actualizar tan tarde, pero he estado de exámenes y no he tenido ni un segundo para escribir… prometo subir capis más seguidos a partir de ahora.
Este no me gusta especialmente… pero no he podido hacer nada mejor.
No me tiren tomates, por favor
Un beso a todas
