Capitulo cinco

Arrobados

Escribir era lo que mejor se le daba, llenaba hoja tras hoja sin el más mínimo esfuerzo, las palabras fluian solas pero cuando se trataba de Laurens...

— ¿Cómo aún no logras escribir nada?.

Preguntó Hércules quién se encontraba sentado a su lado

— No, nada aún.

— Se que ya lo he dicho pero este lugar es un desastre.— Dijo Lafayette mientras miraba el lugar. Hojas por doquier junto con ropa tirada por cada rincón.— ¿No has ordenado desde que llegaste?.

— Ordenaré luego.

Contestó agitando una mano de forma despreocupada.

— Eso es que no lo hará.— murmuró Hércules a su amigo para luego dirigirse a Alexander de nuevo — No lo entiendo, se supone que eras bueno escribiendo.

— Lo soy pero cuando es John me cuesta plasmar lo que siento.— Miró hacía el mayor — Esto fue tu idea, ayúdame.

Hércules había sido quien le había sugerido que escribiera algo al ojiverde, Alexander concordó creyendo que sería fácil pero al parecer se equivocó.

— ¿Cuál es la gracia entonces?.

—Agh, no es justo, ni siquiera se si a él le gustan los hombres ¿Podrían decírme eso al menos?.

— Repito el argumento de Hércules — Respondió Lafayette — ¿Cuál es la gracia entonces?.

Alexander volvió a bufar, sentía que se había vuelto el entretenimiento de esos dos.

— Está bien, déjame escribir algo con lo que te guies.

Hércules tomó la pluma y el papel y comenzó a escribir pero algo en su sonrisa no le inspiraba confianza a Alexander. Al dirigir su vista a lo que estaba escribiendo comprendió porque.

Querido John, se qué no hablamos mucho pero debería decirte que pienso en ti cada noches, froto mis pezones y empiezo a gemir de placer.

— ¿¡Por qué escribirías eso?!.

Reclamó enojado con un ligero sonrojo mientras le quitaba la hoja.

— Sólo estoy tratando de decir la verdad.

Comentó divertido, Alexander lo ignoró y tiró la hoja a un lado, sacando una nueva.

— Tú podrías aportar algo también.

Dijo a Lafayette quien estaba leyendo la hoja que Hércules había escrito con una sonrisa divertida.

— Está bien — dejo la hoja a un lado y pensó un poco, luego de unos segundos chasqueó sus dedos en señal de que se le había ocurrido algo — ¿Qué opinas de esto? "Frío en mis profesiones, cálido en mis amistades, deseo, mi querido Laurens que pudiera estar en mí poder, por acciones más que por palabras convencerte de que te amo. Siempre tuyo. A. Hamilton".

Concluyó mientras sus amigos lo miraban estupefactos.

— Lafayette ¿seguro que no eres tú el que está enamorado de John?.

— Acordamos en que sería anónimo, poner mi nombre sería estúpido además eso es lo más cursi que he oído, nunca escribiría algo así.

— No se que pretendes escribir sin sonar cursi — Hércules se recargo en el respaldo de su silla — ¿Qué te parece "los odio a todos menos a ti"?.

— Ahora me queda claro que no conquistaron a sus esposas por medio de cartas.

Dió un largo suspiro, estaba frustrado, cosa que Lafayette notó.

— Tal vez hagas mejor esto solo — se puso de pie indicando a Hércules que hiciera lo mismo — Tomate tu tiempo.

— Lo haré.

Hércules y Lafayette salieron dejándole sólo.

No sabía porqué le costaba tanto, había logrado escribir cartas bastante largas a otras mujeres por las que no sentía más que una simple atracción
¿Por qué no podía escribir nada a un hombre? Tal vez porque una parte de él no podía olvidar que la sodomía era un crimen, un crimen condenado con la pena de muerte. Un escalofrío le recorrió la espalda con ese pensamiento, no sólo por imaginarse que eso le pasará a él, sino porque se imaginó que eso podría pasarle a Laurens y se imaginó la cantidad de vidas tomadas por esa ley

Eran leyes que fueron establecidas mediante el Buggery act, ley proveniente del Reino de Gran Bretaña, está definía como delito cualquier práctica sexual "antinatural contra la voluntad de Dios y el hombre" y lo penaba con la muerte por ahorcamiento, rodeó su cuello con su mano con miedo de sólo pensarlo, obviamente las relaciones homosexuales entraban en ese saco. Mientras esa ley estuviera vigente no podría estar con Laurens ni cualquier otro hombre sin alguna clase de riesgo y eso le gustaba en cierta forma. Le impulsaba a luchar, tal vez si lograban independizarse esa ley dejaría de existir y tal vez poder estar junto a Laurens sin limitaciones. Pero mientras tanto el simple hecho de desear a John era un delito, eso le gustaba aún más, una sensación de adrenalina que le encantaba acompañaría la relación que tanto anhelaba.

— Si no está prohibido, no es divertido.

Murmuró para si tratando de ser positivo, aunque desear a Laurens fuera un delito.

Tomó la pluma y comenzó a escribir.

Los atardeceres cada vez le gustaban más, al igual que eso de ser soldado. No era un hotel precisamente pero se lo había imaginado cómo algo mucho peor. Llegó hasta su tienda y encontró un sobre en la almohada de su cama.

Para mi querido J

Se leía en el, sintió curiosidad y lo abrió, obviamente.

Amar para algunos es un suicidio, para aquellos cuyo amor es considerado un crimen, aquellos que aman de una forma diferente a lo que la sociedad cree cómo correcto, aquellos cuya forma de amar es tomada como un crimen. Un crimen del que yo me creía inocente hasta que noté tus luceros verdes bajo el cielo estrellado.

"Enfermedad" lo llaman otros, pues si estoy enfermo ruego a Dios que tú seas mi única cura, que mi único antídoto sea ser la respuesta al misterio que eres, suplico que mi cura yasca oculta en tí y deba pasar el resto de mi vida a tu lado buscándola.

Buscas darle libertad a otros pero me la diste a mí al despejarme de mi ceguera Laurens, contigo comprendí que aquello era el crimen más hermoso, comprendí lo que era estar dispuesto a echarte la soga al cuello, comprendí lo que era aferrarte a tu verdugo, lo que era no tener miedo a morir cien veces pues crees que podrás renacer ciento uno.

¿Me dejarías ser tú delito? ¿Me dejarías poseer cada una de las pecas que hay en ti? ¿Me dejarías ayudarte en tu misión de dar libertad a quienes no la tienen? ¿Me dejarías ser parte de tu realidad? ¿Me dejarías darte la ventura que me das tú a mí? ¿Me dejarías ser lo que callas en cada silencio? ¿Lo que ocultas en cada sonrisa? ¿Me dejarías ser una de las espinas en la rosa que es tu existencia?.

Si esto es un crimen pues demosle un nuevo significado al termino "crimen pasional".

Si amarte es un delito John Laurens, se mi cómplice,
se mi juez, se mi, se mi fiscal, se mi cárcel, se mi verdugo, se mis cadenas, se mi inocencia, se mi culpabilidad, se mi condena, se mi redención, se mi anhelo de libertad, se la soga que la sociedad me quiere echar al cuello pues yo con gusto la aceptaré.

Se mi crimen, John Laurens.

Siempre tuyo.

A.

— Cursi.

La releyó un par de veces con una expresión inescrutable, finalmente guardo la carta en el sobre y este mismo bajo su almohada con una expresión indiferente.

— Ah, joder, ¿A quién engaño?.— A nadie, sus mejillas estaban de un color durazno y su corazón latiendo a mil por minuto, esa carta lo había hechizado.— Eso fue lo más jodidamente hermoso que he leído.

Llevó su mano a su frente con una sonrisa digna de un idiota enamorado y la otra a su pecho, sintiendo su corazón latir desbocado, le había encantado.

Aprovecho la inspiración y abrió su cuaderno, tomó la pluma que tenía en él, plasmando lo que aquella carta había causando en él.

Luego de un rato salió de la tienda tarareando, motivado por aquella inicial traviesa que lo arrojó a un mar de posibilidades en el que con gusto se hundió.

Imaginarse a Alexander escribiendo eso... si sus sonrisas pudieran abarcar todo su rostro pues la imagen del pelinegro escribiendo aquello que acababa de leer sin duda provocaría una de esas sonrisas. Ahora estaba más seguro que nunca que no le importaría el destino y lo que dictara.

— ¿Crees que ya la haya leído?.

— Lo vi dirigirse a su tienda, es muy probable.— Contestó el francés al caribeño, quien se veía bastante nervioso, estaba inquieto, lo cual comenzaba a inquietarlo a el también.— Oye tranquilo, no pusiste tu nombre, no sabrá que fuiste tú si eso es lo que te preocupa.

— No es eso ¿Y si no le gusta? ¿Y si fue muy corta? ¿Y si le gusta pero cree que fue de alguien más?.

— ¿Y si te callas y dejas de darle tantas vueltas?. Además, no es como si pudiera darte una opinión, no me dejaste leerla.

— Es que me daba vergüenza — Decidió cambiar el tema, tal vez eso le haría despejarse — Oye ¿Dónde está Hércules?.

— Oh, fue a buscar algo — dijo con una sonrisa misteriosa, lo que puso en el otro una expresión curiosa — Créeme, lo agradeceras.

— Si tu lo dices.

Se formó silencio entre los dos amigos, aunque no era incómodo, se quedaron callados meditando sobre sus cosas a orillas del lago. Una sonrisa se coló en los labios del caribeño al recordar el día en que comenzó a enamorarse de forma tan sútil que debió esperar unas semanas para notarlo.

— Alexander.

— ¿Si?.

— Lo que decías de ayudarme a liberar Francia — vaciló un poco — ¿Era cierto?.

— ¡Por supuesto que lo era! — sonaba ofendido de que hubiera dudado de él — Y lo sigue siendo ¿Por qué no lo sería?.

— Porque apenas nos conocemos y-

— ¡¿Y eso qué?! ¡Sé lo suficiente! — Lo miró tratando de sonar lo más sincero posible — Quieres la libertad para tu país ¿Qué otra cosa necesito saber? Se lo que es querer libertad

No veía un ápice de duda o falsedad en los ojos de Alexander, sonrió sintiendose algo culpable por dudar.

— Tal vez si seas el indicado para ya sabes quien.

— ¿Para quien?.

Una nuevo sonó tras ellos.

— J-Jackie

Exclamó sobresaltado Alexander al ver al dueño de la voz sentarse a su lado, se había acostumbrado a llamarlo así, ni el sabía cómo.

— Vaya, alguien parece feliz ¿Puedo preguntar porque?.

Lafayette tenía razón, Laurens portaba una sonrisa llena de fulgor, cualquiera creería que le había tocado la lotería, esto lleno de confianza a Alexander, se acercó sutilmente al castaño.

— Si, Laurens ¿Algo bueno te ha pasado últimamente? Tal vez leíste algo que te interesó.

— Wow, — murmuró Lafayette para si mismo con sarcasmo — Sútil.

Y estaba muriéndose de nervios hace unos minutos.

— Tal vez — respondió misterioso el castaño — Pero algo me dice que que eso, tal vez, ya lo sabías Hamilton.

Se notó una sensación entre ellos que hizo sentir a Lafayette cierta incomodidad, casi deseando irse para darles privacidad.

— ¡Aquí están!.

Para alivio del francés Hércules llegó a escena.

— Hércules ¿Qué haces con eso?.— Preguntó Alexander al ver al irlandés cargando una guitarra en su mano — ¿Tocas?.

— Yo no, pero John sí.

Tres pares de ojos se posaron en el ojiverde.

— ¿Yo? ¿Quieres que toque ahora?.— Algo en Alexander se iluminó con esa idea, debía ser eso de lo que hablaba Lafayette.— Pero hace mucho que no toco y...

— Será entre amigos, para pasar el rato — Lo animó Lafayette — y Alexander nunca te ha oído tocar.

Los avellanas de Laurens se posaron en Alexander, sus ojos se encontraron por unos segundos, segundos más que suficientes para que el aplomo de Laurens en seguir negándose desapareciera.

— Está bien — suspiró — dame esa cosa.

Hércules orgulloso de si extendió el instrumento hasta el ojiverde, luego se sentó en el suelo junto a Lafayette.

John rasgó las cuerdas de la guitarra para comprobar si estaba afinada, apenas oyó el sonido que hacían las cuerdas hizo una mohin de desagrado, no lo estaba para nada.

— ¿De dónde sacaste esta cosa? — preguntó a Hércules sin sacar la vista del instrumento — Estamos en un campamento militar, aunque eso explica que este tan desafinada.

— Tengo mis contactos.

Ignoró la respuesta que no respondía nada y se centró en girar las seis clavijas tratando de hacer que sonará decente, mirando de reojo a Alexander notando que parecía más expectante que sus amigos, esto le hizo sentirse algo más nervioso a la par que feliz.

— Bien — dijo luego de un minuto de estar girando las clavijas — ¿Qué quieres que toque?.

— Toca esa canción que tanto me gusta, hace años no la oigo.

Pidió el irlandés, John asintió y comenzó a raspar las cuerdas, con los dedos de su mano derecha, haciendo que la guitarra produjera un sonido calmo, relajado que parecía combinar perfectamente con el ocaso que teñia el cielo, aunque para sorpresa de los tres presentes también comenzó a cantar.

Recuérdame hoy me tengo que ir mi amor
Recuérdame
No llores por favor
Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás.
A solas yo te cantaré
Soñando en regresar
Recuérdame, aunque tenga que emigrar
Recuérdame
Si mi guitarra oyes llorar
Ella con su triste canto te acompañará
Recuérdame...

Finalizó la breve canción, sus iris verdes se dirigieron casi por inercia al inmigrante, este lo miraba cautivado con una sonrisa tierna que le contagió a él también, ambos ignorando las miradas de complicidad de Hércules y Lafayette, lucían satisfechos.

— No sabía que sabías español.— Comentó Alexander luego de unos segundos de cómodo silencio — O al menos lo cantas.

Rió ligeramente, al igual que Laurens.

— No es mi fuerte pero sé algo.

— Creí que ya hablabamos en español.

Comentó Hércules en un susurro a Lafayette para no interrumpir a sus amigos, quienes se veían de lo más distendidos compartiendo miradas.

— Estamos en Estados Unidos, hablamos inglés.

— Pues se parecen bastante...

— Claro que no, esto es inglés y esto es español, son completamente diferentes.

Aclaró Lafayette intercalando los mencionados idiomas, seguro de haberse explicado bien pero solo dejó a Hércules más confundido.

— Laurens — una nueva voz entró en escena, la de Lee — Lamento interrumpir tu improvisado concierto pero solicito tu presencia.

— Ah, de acuerdo — se puso de pie y ofreció la guitarra a Hércules — Ten.

— Quédatela, considerala un regalo.

— Pero... — intentó protestar pero descartó la idea, en el peor de los casos podría venderla — Está bien, al menos déjala en mi tienda, yo tengo que irme.

— Entonces ¿Eso significa que volverás a tocar?.

Preguntó Alexander con cierta esperanza en su voz, tomando de sorpresa a Laurens.

— Tal vez...

Contestó misterioso mientras se marchaba junto con Lee, siendo consciente de que Alexander aún le sostenía la mirada, viendose encantado.

— ¿Quieres un pañuelo?.

— ¿Eh?.

Alexander no entendió el extraño ofrecimiento de Hércules.

— Por poco y babeas Hamilton.

Se burló Lafayette causando un sonrojó en Alexander.

— Gracias por permitirme ver eso.— Agradeció a Hércules asumiendo que fue su idea — Siento que empiezo a conocer a Laurens.

— Nunca dejas de conocer a John, Alexander, siempre tiene algo para sorprenderte.— dijo Hércules pero luego cambio el tema a algo que le interesaba más — Por cierto Alexander, se que no es educado preguntar pero ¿Tu marca...?

— Hércules, no se si...

— Está bien, Lafayette, no me molesta.— Aclaró Alexander — Bueno, seré honesto, lo de las marcas me parece una tontería, no creo que nadie este destinado a alguien, nadie más que nosotros deberíamos elegir con quien compartir el resto de nuestras vidas. No se si Laurens sea esa persona pero sin duda quiero intentarlo con él.

— ¿Así que lo que intentas decir es que te da igual lo que cualquier persona o fuerza superior en todos los sentidos, incluyendo sabiduría, diga tu harás lo que se te de la gana?

— Básicamente.

Contestó al irlandés encogiéndose de hombros.

— Definitivamente podrías ser el alma gemela de John.— Repuso Lafayette, robando una sonrisa a Alexander — Entonces ¿Está coloreada o no?

— ¿Mí marca? — se sintió algo nervioso — Pues, lo está pero...

— ¿Pero?.

— Bueno, digamos que es diferente a como esperaba que se viera

Hércules y Lafayette se miraron con una misma idea en sus mentes.

— ¿Nos dejarías verla?.

— ¿Ahora?.

Instintivamente se llevó una mano a su nunca, poniendo más alertas a sus amigos.

— No lo hagas si no quieres.

— No, no, está bien Laff pero por favor no le digan nada a John ¿Si?.— Ambos asistieron, Alexander volteó para mostrarles su marca, obviamente los dejó a ambos bastate sorprendidos.— No se porque tiene esos colores, tal vez sea alguna clase de error...

Siguió hablando aunque Hércules y Lafayette no lo escuchaban, se miraron el uno al otro estupefactos.
Era imposible que fuera una coincidencia, eso sólo podía significar una cosa.

— ¿Muchachos? — Alexander volteó extrañado de tanto silencio — ¿Qué pasa?.

— Es que tú marca y la de...

Hércules fue callado por Lafayette quien le tapó la boca con su mano.

— Nada, es sólo que también nos sorprendieron los colores, no cuadran para nada con el dibujo.

— Lo sé, raro.

— Pero sabes que si pretendes tener una relación deberás decirlo a John tarde o temprano, obviamente con el debido tiempo — miró a Hércules mientras decía esa última línea — ¿Verdad?

— Si, lo sé, pero me gustaría esperar un poco más.

— Si, eso es entendible.

— Oigan ¿y la marca de Laurens...?

— Pediste que no le dijéramos nada a él sobre la tuya ¿Crees que sería justo decirte algo sobre la suya?.

— Yo...— Meditó un poco sintiendose culpable — Tienen razón. Además ya dije que me daba igual, lo único que me queda es esperar a que me corresponda.

Comentó esperanzado mirando al cielo. Hércules y Lafayette acordaron, por su parte, no decir nada a ninguno de los dos, ya lo descubririan.

— ¿Señor?. — Laurens ingresó en la tienda del general — Charles Lee dijo que quería verme

— Ah, Laurens — Parecía que lo había estado esperando — Si, he oído de ti.

— Espero que hayan sido cosas buenas.

Bromeó tratando de disimular sus nervios, mientras colocaba ambos brazos a sus espaldas.

— Un poco de todo, el "pequeño león" se ha embargado de las partes buenas en su mayoría.

— ¿Perdone?

Frunció el ceño sin entender al general.

— Ah, disculpa, hablaba de Hamilton, es un apodo que le puse.

— ¿A Alexander le dicen "pequeño leon"?.

Trató de no reír, de repente "Jackie" no sonaba tan mal, iba a divertirse mucho con eso después.

— Si, pero eso no es por lo que te llamé. He oído que golpearste a alguien el primer día.

— Ah, eso... si.

Reconoció muy orgulloso.

— De verdad no me esperaba que fuera a pasar eso.

— Créame que el que recibió el golpe tampoco.

Trató de sonar gracioso pero por la expresión del general no lo había conseguido.

— ¿Puedo preguntar porque decidiste golpearlo ?.

— Estábamos discutiendo sobre cierto tema que se me hace sensible y me excedí, se qué no sirve de mucho decirlo pero me disculpé con él

— Ajá, he oído eso también. Tienes agallas suficientes para empezar una pelea y también para saber disculparte, eso no cualquiera lo tiene pero dime ¿Qué tema era ese?.

Sintió pánico, no quería mencionarlo pues sabía que Washington tenias esclavos.

— Esclavitud. — Contestó tajante, rogando que pudiera controlarse y no empezar una discusión con el general.— Yo estoy en contra y ya se imaginará lo que pasó.

— Sabes que estas prácticamente sólo en cuánto a eso ¿Verdad?.

— Si — apretó los puños — Lo sé.

— Si lo piensas bien les va mejor aquí que en África — comentó — Aquí la esperanza de vida es mayor, les estamos haciendo un favor. Hay muchas personas que viven bajo esclavitud que si esta se aboliera, no sabrían qué hacer con su vida. ¿A qué se dedicarían? ¿Quién les ofrecería trabajo? ¿Cuánto habría que pagarles? ¿Qué seguridad absoluta tendríamos de que todos conseguirían trabajo? ¿Cómo asegurarnos de que ninguno de ellos moriría de hambre? Es gracias a que hay esclavitud que hoy tienen trabajo y alimento. Porque la esclavitud es un prerrequisito para poder realizar cualquier actividad productiva.

"Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez" Laurens contaba mentalmente para calmarse.

— Quiero decir — continuó el mayor — últimamente la tasa de crecimiento natural de esclavos norteamericanos es mucho mayor que el crecimiento de la población de cualquier nación en Europa, y es casi dos veces más rápido que la tasa de crecimiento de la población en Inglaterra, por algo será. Además si hoy se aboliera la esclavitud, debido a todos los problemas que esto traería, volvería a surgir de todas maneras: ¿De dónde sacarían los amos suficiente mano de obra y a un precio accesible? La libertad impondría un incremento imposible en los costes de producción. ¿Cómo se puede asegurar que se seguirá produciendo lo mismo si se deja libres a todos los hombres a que cada uno escoja hacer lo que quiera, si trabajar o no? Sin esclavitud, cualquiera que encuentre a uno de estos desgraciados en la calle sería capaz de matarle. No tendrían la seguridad de la que ahora gozan. El tiempo que algunos invierten en decirnos que se debe abolir la esclavitud lo deberían utilizar mejor en pensar en formas sobre cómo limitar el poder del amo, para que no abuse de su poder, la esclavitud se instituyó desde hace siglos y no conocemos otra forma de vivir Laurens.

Laurens mordía su lengua para no decir nada mientras el general caminaba a su al rededor.

— ¿Sabías que hay textos pro esclavistas de Aristóteles? En sus palabras "La utilidad de los animales domesticados y la de los esclavos son poco más o menos del mismo género"*. Si me preguntas a mí...

— Si le preguntará a usted, podría responder pero si le preguntará a cualquier esclavo, no. ¿Acaso eso es justo?.

— ¿Cómo?.

— ¿¡Y qué si es "la única forma de vivir"?! ¡También lo es ser una colonia inglesa y aquí estamos luchando por cambiar eso! ¿No es un poco hipócrita general? ¡Oh! Pero puedo decirle nada ¡Aristóteles le apoya! Saca los datos históricos qué le conviene y cuando le conviene olvidándose de algo llamado "contexto histórico" ¡Es lo que todos hacen!. Déjeme decirle que si la esclavitud se reinstatura cien veces ¡Yo la derrocaré ciento uno! Porque da igual si aquí la esperanza de vida es mayor aquí ¡Lo de esas personas no es vida! Y una última cosa Washington, usted dijo "Si le preguntará" pues le aclaro que nunca le pregunté y nunca lo haré ¿Sabe porque? ¡Porque nada me podría importar menos en la vida que la opinión de un esclavista!.

Silencio, Laurens se dio cuenta de todo lo que acababa de decir al ver la expresión atónita del general y sintió una terrible tensión caer sobre sus jóvenes hombros.

"Bueno, ahí va mi carreta militar" pensó para sí.

De repente el general estalló en risas, confundiendo al ojiverde.

— Así que era cierto, todo lo que oí era cierto. Pareces un chico tranquilo pero eres igual que Hamilton, incluso peor diría yo. — comentó de repente viendose más como un padre que un general — Sabes usar bien las palabras cuando quieres.

El castaño no sabía si debía relajarse pero aún así lo hizo, más por su bien que otra cosa.

— Me vendría bien alguien como tu Laurens, voy a hacerte una oferta que espero que aceptes.

— Primero Hamilton y ahora tú, están ascendiendo a todos como aves en vuelo.

Dijo Lee mientras veía a Laurens recoger sus cosas.

— Curiosa comparación pero si, a este paso seré Coronel el próximo mes.

— Si no te has matado para ese entonces — El mayor se ganó una mirada molesta de esos iris verdes — Estoy bromeando Laurens, hay que tener huevos para gritarle así al general.

— ¿Cómo lo sabes?.

— Algunos lo escucharon y empezaron a esparcir los rumores, es un campo pequeño.

— Alentador — dijo con sarcasmo mientras recogía su bolso ya lleno — Bueno, te libro de mi presencia Lee, buena suerte.

Saludo al mayor con un apretón de manos, se habían vuelto amigos, o algo así.

— Buena suerte siendo el secretario de Washington, intenta no apuñalar a quien no concuerde contigo.

John salió riendo encaminandose a la cabaña que se le había asignado, ya era de noche y no se encontró con Alexander por lo que debería esperar hasta mañana para decirle que el también era ayudante de campo ahora.

Al llegar a la cabaña recordó lo que le dijeron del espacio reducido y que se le había asignado un compañero. No debía ser tan malo, de seguro deberían compartir habitación y ya.

Al abrir la puerta lo primero que vió fue una hoja de papel tirada en el suelo, la recogió al entrar y entonces notó otra, luego otra, luego otra y otra junto a muchas más esparcidas por el suelo hasta que en el escritorio de la habitación notó al causante de tanto desastre, su pelinegro favorito escribiendo.

Sonrió mientras dejaba su bolso en el suelo y se acercaba, se lo veía tan concentrado en su escritura que no pareció notarlo. Por unos segundos contempló la idea de darle un beso en la mejilla para sacarlo de su trance pero la descartó.

— Hola "pequeño león".

Saludo haciendo sobresaltar al caribeño.

— ¿L-Laurens?

Preguntó confundido no sólo por ver a su amigo ahí, sino por llamarlo así.

— Parece que somos compañeros.

— ¿En serio?.

— ¿Has oído ya del tipo que le gritó al general al que ascendieron? — Alexander asintió — Heme aquí.

Una expresión de sorpresa se hizo presente en el menor.

— ¿Fuiste tú?. — Se puso de pie junto a Laurens — ¡Maldita sea! ¡Y me lo perdí! Eso debió haber sido genial.

Rieron y luego simplemente se miraron, claramente felices de ser compañeros de habitación.

— Entonces... — Laurens apartó la vista antes de que se sonrojara — ¿Dónde está mi cama?.

Parecía que Laurens no sabía lo de compartir camas.

— La estás viendo.

Señaló la cama que había ahí, frente a ellos.

— Oh, ya veo. Entonces ¿Dónde está la tuya?.

— La estás viendo.

Le tomó unos segundos comprender la respuesta en su totalidad.

— ¡Oh! Así que así de limitado está el espacio.

— Si...— Hubo el primer silencio que se pudo calificar como incómodo. — Pero si te molesta puedo dejartela.

Aunque la idea de compartir cama con John le encantaba no quería incomodarlo

— Pfft — rió — ¿Y donde vas a dormir tú? ¿En el suelo?.

— Yo...

— No me molesta compartir cama contigo, Alexander, somos compañeros de habitación y tenemos confianza — le sonrió — Eso significa que este desorden es mío también.

Pateó una de las hojas haciendo al menor notar el estado de la cabaña.

— ¡Ah! ¡Este lugar es un desastre! — Hubiera hecho caso a Lafayette, se agachó a recoger los papeles — ¡Lo siento! Si hubiera sabido que vendrías

— ...Habrías ordenado, lo supuse. Te ayudo a ordenar, no hay problema.

— Pero debes traer más cosas ¿No? — notó la expresión confusa de Laurens — No trajiste la guitarra que te dio Hércules.

— ¡Ah! ¡Cierto! Debería ir a buscarla.

— Hazlo, yo pondré este sitio en orden.

Dijo mientras seguía juntando papeles. John aprovechó la ocasión y decidió hacer algo. Fue hasta su bolso, sacó cierta hoja, no sin antes firmarla.

— Bien, ahora vuelvo.

Al salir "accidentalmente" dejo caer la hoja, cosa que el caribeño notó. Se acercó a levantarla.

Para A

Se leía en el papel doblado, al ser esa la inicial con la que firmó su nota se tomó la libertad de abrirla.

Lamento no ser tan bueno con las palabras, espero que esto sea suficiente

Se leía sobre el dibujo de unas rosas, acompañadas de unos corazones.

Conoces los inalterables sentimientos de querido Jackie asi como sólo yo conozco cierto apodo tuyo, pequeño león...

Terminaba la improvisada nota.

Fue más que suficiente para poner una sonrisa en el rostro de Alexander, ¿Acaso ya sabía que era él?. Él era el único que lo llamaba "Jackie" y así firmó y lo del león...

Suspiró rencargándose en la puerta suspirando el nombre del castaño.

No sabía si debía devolver el dibujo o no, sólo sabía que aquel chico se le estaba metiendo bajo la piel cada vez más y no tenía ninguna intención de detenerlo.

...

*Aristóteles, libro I, capítulo II

...

ღ • ◦ • ◦ • ◦ • ღ

Si, una canción de una película CGI en el siglo XVIII, ¡VIVAN LOS ANACRONISMOS :D!

Esto es una curiosidad que aprendí mientras investigaba sobre las leyes de sodomía pero la digo igual ¿Sabian que en 1778 Thomas Jefferson elaboró un proyecto de ley para Virginia que contenía la pena de castración de para los hombres sorprendidos en prácticas homosexuales? Sonará un poco extremo pero teniendo en cuenta que en ese momento se les daba la pena de muerte a los homosexuales era como un intento de suavizar el castigo. Macarroni, abusaste de tu esclava que era prácticamente una niña comparada con vos pero igual se aprecia el gesto.