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Capítulo 6, Profesor particular
—Y después de esta formula se pasa a la siguiente... —Edward siguió hablando intentando explicarme el problema. Y es que desde hoy mismo se había vuelto mi profesor particular.
Después de que saliera corriendo de clase me fui directa a los baños, me hubiera ido del instituto, pero las puertas estaban cerradas para evitar que nadie hiciera pellas.
Inmediatamente entraron Alice y Rosalie preocupadas. Yo me había encerrado en un baño sin poder dejar de llorar y es que hacía mucho tiempo que no me sentía así de humillada. Era como volver al orfanato, donde las monjas siempre me estaban gritando porque para ellas yo lo hacía todo mal.
Pero no tardé en tranquilizarme y supe que Jasper había tenido mucho que ver, así lo confirmé cuando salí del baño con las chicas y vi a Jasper, Edward y Emmett en la puerta esperándome.
Todos intentaron consolarme diciéndome que no me preocupara, que esa profesora estaba loca, pero que se iban a encargar de que no me volviera a tratar mal.
Y así había sido, ese mismo día después de llegar a casa y contarles a Carlisle y Esme lo sucedido éstos llamaron al instituto y se quejaron ante el director sobre el trato que me había dado la profesora.
Yo les había dicho que no hacía falta, que lo dejáramos estar, no quería meterme en más problemas quejándome de la profesora, pero Carlisle y Esme me habían tranquilizado diciéndome que ahora ya no estaba sola, que ahora sí tenía quien me defendiera.
El director les prometió que iba a hablar muy seriamente con la profesora y les pidió disculpas a mis... padres. La verdad es que me gustaba llamarles así, porque eran como los padres que nunca había tenido.
Y luego de eso Edward se había ofrecido como mi profesor particular para ayudarme en los estudios. Me preguntó que qué era lo último que yo había estudiado y cuando se lo dije supe que se sorprendió, era de cursos muy atrasados, pero aún así no dijo nada y empezó a explicarme paso a paso todo desde el principio.
Sería duro, pero estaba convencida de que con su ayuda pronto podría estar a la misma altura que los de mi clase. Además, no podía haber mejor profesor que alguien que había pasado por el instituto tantas veces como él o el resto de sus hermanos, y es que la eternidad da para estudiar mucho.
º º º
—Bueno, traigo la merienda, tomad un descanso ¿sí? —dijo Esme mientras entraba y ponía una bandeja de comida delante de mí.
Fue entonces que me fijé en que ya estaba anocheciendo, llevábamos horas estudiando y estaba tan absorta que no había sido consciente del paso del tiempo.
—Gracias —le agradecí mientras empezaba a comer. Esme me sonrió y salió cerrando la puerta. Nos volvimos a quedar solos Edward y yo. Estábamos en mi habitación.
—Oye, muchas gracias por ayudarme —le dije sinceramente a Edward.
—De nada, Bella. Es un placer ayudarte. Fue culpa nuestra no caer en que estabas atrasada academicamente, nada de esto hubiera sucedido si nos hubiéramos dado cuenta a tiempo —dijo negando con la cabeza frustrado.
—Oye, no es tu culpa que yo sea tonta —solté de repente, no me gustaba que tanto él como los demás se sintieran mal por lo sucedido. La única culpable era yo por no saber más.
Edward me miró muy seriamente.
—No vuelvas a decir eso, Bella. Porque escúchame muy bien. Tú no eres tonta ¿me oyes? Todo lo contrario. A pesar de que llevas años sin estudiar estás entendiendo muy bien todo lo que te estoy explicando. No es tu culpa que no hayas podido estudiar más, tu vida ha sido muy difícil —me intentó consolar Edward.
Yo le sonreí tristemente sin saber muy bien qué responder a aquello.
Sin duda Edward se preocupaba mucho por mí y siempre intentaba hacerme sentir mejor.
º º º
Esa noche no conseguía dormir así que me levanté. Sabía que todos estaban despiertos, los vampiros no dormían. De hecho, en estos momentos, ya debían haberse dado cuenta de que me había levantado. Eran las tres de la madrugada.
Salí al pasillo y vi las luces apagadas, ellos no las necesitaban para ver, pero yo sí por lo que la encendí para no tropezar y fui al despacho de Carlisle, donde sabía que le encontraría.
Llamé a la puerta.
—Pasa, Bella —era asombroso como podían distinguirme sólo con el ruido de mis pasos.
Entré y le vi sentado detrás del escritorio. Estaba leyendo un libro, pero en cuanto me vio lo dejó de lado y me sonrió amistosamente.
—¿No puedes dormir? —me preguntó mientras me indicaba que me sentara y eso hice.
El motivo por el que había ido hasta ahí era porque aún había cosas que quería hablar con él, pero que hasta ahora aún no había tenido oportunidad de hacerlo.
—No. Me gustaría hablar contigo sobre una cosa.
Carlisle asintió indicándome que continuara, dándome a entender que tenía toda su atención.
—¿Por qué soy así? Es decir, ¿por qué puedo hacer lo que hago?
Y es que el principal motivo por el que había venido a la casa de los Cullen la primera vez era para tener respuestas sobre mi don, sin embargo el descubrimiento de que eran vampiros dejó eso de lado y nos centramos en otros temas. Pero yo aún quería respuestas.
—¿Por qué Edward puede leer la mente? ¿por qué Alice ve el futuro? ¿O por qué Jasper controla las emociones? —me contestó Carlisle con más preguntas, yo le miré sin entender muy bien a dónde quería ir a parar—. Lo que quiero decir es que no hay un motivo en concreto. Simplemente nacieron con un don. Al igual que tú.
Aparté la mirada de Carlisle y la centré en un punto de la pared, pero sin ver realmente nada.
—Pero a veces más que un don lo he visto como una maldición. Si no fuera por esto tal vez mi madre me hubiera querido.
Hubo un silencio.
Le miré.
—Bella, perdoname por lo que te voy a decir, pero es algo que parece que no te has dado cuenta aún—me dijo con un tono tan serio y triste que me hizo mirarle —. Tu don no fue el motivo por el que tu madre no te quiso. Cuando se quiere a alguien lo aceptas con sus cosas, con lo bueno y con lo malo. Si tu madre no te aceptó es porque no te quería realmente, pero el don no fue el problema en verdad, eso sólo fue una excusa para apartarte de su lado —me explicó seriamente intentando hacerme comprender.
Por primera vez en mi vida me pregunté si Carlisle tenía razón. ¿Sería posible que mi don no fuera el responsable de que mi madre no me quisiera después de todo? Y es que, lo mirarse por donde lo mirase, todo parecía apuntar a eso.
Mi madre nunca había mostrado quererme, el único que sí me había querido había sido mi padre, Charlie. Pero él se suicidó cuando yo tenía cuatro años, seguía sin conocer los motivos, pero la cuestión era que me quedé solamente con mi madre. Y ella nunca había mostrado signos de quererme. Nunca me abrazaba, nunca me sonreía, nunca me decía te quiero, nunca hacía nada que cualquier otra madre haría. Y, después, cuando le confesé que su novio abusaba sexualmente de mí eso no pareció importarle. Le pareció peor el hecho de que yo tuviera ese don.
Aún así...
—Pero... ella parecía tenerme miedo cuando me miraba —le expliqué tristemente.
—Obviamente había ignorancia respecto a lo que te sucedía —me explicó pacientemente y con tono paternal, él sabía muy bien lo duro que era todo esto para mí—. El ser humano tiende a temer lo desconocido. Y eso es lo que le sucedió a tu madre. Pero si de verdad te hubiera querido hubiera aprendido a conocer lo que te pasaba. Bella, perdoname que sea tan duro con mis palabras. Pero no me parece justo que sigas pensando que tú tienes la culpa de que tu madre no te quisiera. Ella es la única que ha salido perdiendo, porque ha perdido a una hija maravillosa.
Las palabras de Carlisle me conmovieron. Y sin poder evitarlo me levanté de mi asiento y fui a abrazarle, él, entendiendo lo que pretendía, se levantó y correspondió a mi abrazo.
Nos quedamos abrazados durante minutos y, después de tanto tiempo, me volví a sentir arropada por el cariño paternal de un padre.
º º º
Al día siguiente al despertar, a pesar de todo, me sentía feliz. Muy feliz. Y es que tras la charla con Carlisle me había dado cuenta de que los Cullen no eran mi familia adoptiva, sino que eran más que eso. Eran mi verdadera y única familia.
Me levanté y fui a ducharme. Cuando estaba secándome me miré en el espejo.
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Me quedé mirándome durante minutos. Comprendí que dentro de unos días, tras la operación, nada me ataría a mi pasado. Renacería como Bella Cullen, con una nueva vida por delante. Ya no habría nada que me recordara lo infeliz que había sido toda mi vida.
Tan sólo quedarían los recuerdos. Pero estaba segura que, con mi nueva familia al lado, dentro de poco no serían más que malos recuerdos que pasarían al olvido, tarde o temprano.
