Capítulo 6. Miedo
Las delicadas medias de red negra trepan por mis piernas dándome un aire definitivamente sexual, aunadas al delicado encaje del suspensorio que rodea mis caderas y resalta la sugerente forma de mi pene al tiempo que deja al descubierto una generosa parte de mi bien formado trasero.
-Hermoso…- dice una de las chicas que está cuidando los últimos detalles del erótico conjunto que luciré en la pasarela de Chris a finales de mes-. Le queda perfecto, señor Eros…
Hermoso… le sonrío a la chica de forma fría y ella se aleja de mí con un gesto servil y también aliviado, supongo que se alegra de no haberme visto en uno de los arranques de furia que se han convertido más en un mito que pasa de una asistente a otra que en una realidad. Es cierto que no soy la amabilidad andando pero tampoco encuentro agradable tratar mal al personal que trabaja en las pasarelas. Si tengo que trabajar con alguien me limito a quedarme quieto, no me deshago en agradecimiento porque hacerlo sería hipócrita. Ellas no me tienen afecto y yo tampoco debo tenerlo hacia ellas. Quizá por eso todas dicen que soy una perra sin corazón y lo cierto es que lo que ellas tengan para decir de mí no es de mi incumbencia.
Suspiro un poco cansado mientras admiro mi reflejo en el enorme espejo frente al cual está parado un hombre realmente atractivo cuyos ojos marrones se llenan del brillo del poder que siempre me inunda cuando me doy cuenta de que es a mí a quien toda la ciudad querrá ver. Sí, mis ojos ven sin duda alguna al reflejo de Eros pero en el fondo sigo sintiéndome solo como un cerdo que intenta disfrazarse de algo que no es y de pronto siento unas terribles ganas de apartar la mirada de mi reflejo.
Espejito, espejito ¿de verdad soy Eros o sigo siendo solamente un jodido cerdito?
Mis labios se tuercen en una mueca agria cuando mis ojos se quedan fijos de nuevo en mi reflejo. Y es que de pronto la despampanante imagen de Eros usando delicadas prendas de encaje cambia para mostrarme la ridícula estampa del Yuri del pasado, ese Yuri que sigo siendo en el fondo de mi corazón. Siento nauseas al ver que las prendas que Chris ha diseñado se transforman ahora en la grotesca caricatura de un hombre gordo que pretende parecer sensual y que sin embargo no resulta sino asqueroso.
Mi corazón late con temor porque esa imagen es real, demasiado real y por un momento siento la imperiosa necesidad de cubrirme, de esconder mi cuerpo porque me resulta asqueroso, me causa un odio terrible que me hace pensar que quizá los chicos que me golpearon en el pasado tuvieron razón al hacerlo porque mi imagen me resulta aberrante, desagradable. Soy un cerdo otra vez, solo un cerdo, siempre seré no más que un cerdo.
Cierro los ojos y me digo que tengo que tranquilizarme, esto ha pasado antes pero no con tanta fuerza como ahora. No soy un cerdo, ya no, me digo pero la imagen en el espejo me está gritando otra cosa. Tengo que calmarme, si soy un cerdo ahora ya sé cómo remediarlo: reservaré más horas en el gimnasio. Nada de comida por unos días, al menos no hasta que pase el show de otoño de Chris y si nada de eso funciona, bueno… siempre puedo recurrir a los trucos para sacar de mí lo que sobra, lo que sea por no convertirme en un cerdo. No quiero ser un cerdo.
Soy Eros, soy Eros, maldita sea.
Un silbido extasiado que viene desde la puerta de entrada de la habitación de pruebas de Chris me hace abrir los ojos y siento que mi ataque de pánico se pasa al ver la sonrisa orgullosa de mi diseñador favorito en sus labios. Ok, todo está bien, si el exigente y maravilloso Christophe Giacometti me mira del modo en el que está haciéndolo ahora debo ser Eros y no el cerdo que mis ojos ven en el espejo. Todo está bien, Yuri, todo está bien…
-¿Te han dicho que eres como el buen vino?- dice Chris acercándose a mí, evaluándome con sus ojos verdes que aprueban de forma total la forma en la que su conjunto de lencería se pega a mi cuerpo-. Solamente te vuelves más delicioso y encantador con el tiempo…
-Deja de mencionar el paso del tiempo, Giacometti- digo con una sonrisa divertida-. Y bueno, señor diseñador ¿Lo haré ganar millones de dólares o no?
-Los millones de dólares no me importan en lo absoluto, Yuri- dice él sin dejar de sonreír-. Lo único que me importa es que tú y yo juntos seremos recordados siempre en la industria. Tú ya eres más que un dios, eres una leyenda viva de las pasarelas y este conjunto, bueno… tendremos que traer bragas nuevas para las damas y agua fría para los caballeros porque cuando te vean usando esto… de verdad voy a tener que contratar al ejército en pleno para contener la emoción del público…
-Exageras…-digo yo y de pronto el miedo de ser un cerdo se aplaca en mi interior.
-Claro que no lo hago, soy una reina del drama pero jamás desgasto elogios en quien no los merece- dice Chris parándose a mi lado-. Y tú querido, mereces todos los halagos del universo y si no me crees a mí, prepárate para la reacción que tendrá tu niñera, el pobre quedará adolorido la semana entera por la tremenda erección que vas a causarle…
-La niñera es fácilmente impresionable…-digo yo y de pronto mi corazón late de forma desaforada al recordar a Victor, a Victor y a las tonterías que él me hace hacer y cuando el recuerdo del beso que le di anoche me invade de nuevo, juro que de verdad desearía morirme.
Porque no lo olvidé, no pude hacerlo y considero este hecho como una traición de mi mente que tan bien ha olvidado antes otros sucesos. La sonrisa segura se borra de mis labios y me encuentro de nuevo perdido en todo aquello que sentí al besarlo, la felicidad alocada y salvaje que recorrió todo mi cuerpo cuando mis labios se unieron a sus labios. Quisiera poder olvidarlo porque lo que Victor me hace sentir también me da pánico, Victor y sus ojos azules me hacen recordar con dolorosa nitidez ese desastre que solía ser, el desastre que él puede convocar con sus palabras, con sus miradas, con el maldito recuerdo de sus labios en mis labios.
-Y que lo digas, acaba de confesarme que está enamorado de ti como un colegial…- dice Chris con el mismo tono con el que alguien te cuenta la broma más divertida del universo-. Ya le dije que debe dejarte en paz pero me temo que también debo hablar contigo seriamente…
-¿Conmigo?- pregunto yo bastante asustado, sintiendo que un rubor culpable se extiende por mis mejillas pero es que lo que Chris ha dicho me ha sacado de balance y maldigo a Victor Nikiforov por decir esa clase de estupideces con tanta ligereza.
-Mira, admito que el hombre es guapo lo mires por donde lo mires pero no vale la pena…- dice Chris colocando sus manos en mis hombros-. Tú eres un dios, Yuri, puedes tener las aventuras que quieras a nadie va a molestarle pero si te dejas llevar por tu corazón y por todas esas estupideces que la gente común y corriente hace por amor… tú estás más allá de eso, querido, tú puedes seguir teniendo al universo entero en tus manos ¿para qué perder eso por el amor fugaz de un hombre que después de tenerte y saciarse de ti te abandonará como lo hacen todos siempre?
Las palabras de Chris calan hondo en mi pecho y duelen un poco porque mentiría si dijera que la presencia de Victor en mi vida no me hizo soñar con todas esas cosas estúpidas con las que soñé siendo un adolescente, y aunque desearía que el mundo fuera otro, sé que lo que dice Chris es cierto: el amor es fugaz, el amor no existe, el amor no puede ser posible para alguien como yo. Quizá la visión del amor que Chris tiene sea descarnada y cínica pero estoy seguro de que es así. Las historias de amor no se hicieron para ser vividas, las historias de amor solo son parte de un deseo del alma humana que en la realidad jamás será colmado.
-Yo no estoy enamorado de la niñera- digo de forma suave, tan suave que incluso me parece sentir en mis labios el sabor amargo de mi mentira.
-No, claro que no…- dice Chris riendo divertido-. Mira Yuri, no puedo impedirte que hagas lo que te dé la gana hacer pero te digo estas cosas porque me importas, de verdad me importas y sí, también lo digo porque soy un jodido egoísta que solo está pensando en el negocio pero al menos soy honesto. No pierdas lo que te ha costado tanto trabajo ganar por Nikiforov. Juega con él si quieres pero nada más ¿lo prometes?
-Lo prometo…- digo yo sintiendo dolor en el pecho sin saber por qué.
-Bueno, entonces Eros, ve y embruja a un mortal como siempre lo haces, anda…
Chris sale de la habitación primero que yo después de darme una nalgada juguetona y reírse de su gesto y aunque yo correspondo a su sonrisa alegre, me doy cuenta de que sus palabras han dejado un vacío en mi interior, el vacío de saber que hay muchas cosas que no tengo permitidas. No podré amar a alguien jamás, no podré dejar que nadie me ame y aunque sacudo mi cabeza con ganas de olvidarme de esos pensamientos sin sentido, mi corazón sigue molestándome, sigue preguntándome por qué no podremos volver a besar a Victor Nikiforov nunca más.
Me rio de mí mismo, ok, no podemos amar a nadie pero Chris no dijo nada acerca de dejar de divertirnos con la tortura ¿cierto? Ese es el objetivo de este encuentro, no puede haber más, no puedo dejarme llevar como cualquier otra persona lo haría sencillamente porque yo no soy solo una persona: soy Eros, Eros es un dios cuyo corazón jamás tendrá un dueño.
Mis labios sonríen con confianza de nuevo y me preparo para salir repitiéndome una y otra vez que la reacción de Victor no va a importarme. Sí, él está enamorado de mí como cualquier otra persona lo estaría, lo que digan sus ojos azules no me importa. Me olvidaré de eso, me olvidaré de lo que una sola persona me hace sentir porque la verdad es que yo quiero seguir teniendo el universo entero entre mis manos. Para Eros no basta el amor de un hombre, Eros desea el amor del universo.
Sintiéndome ahora convencido de mi resolución y por encima de todo lo que sucedió anoche, abro la puerta dispuesto a seguir con la tortura. Quizá para mi corazón sea suficiente sentirse deseado de este modo por esos ojos azules que me miran con amor, porque hay amor en ellos pero es un amor que estaría mejor en otro lado y al pensar en que Victor puede mirar así a alguien más, el miedo vuelve a atenazarme acompañado de un retortijón en el corazón porque de pronto me doy cuenta de que no quiero que Victor mire así a nadie y aunque sea egoísta y terrible hacer eso, si no puedo tener a Victor al menos me robaré su mirada mientras pueda, me robaré sus ojos y viviré en ellos si con eso puedo evitar que su corazón se vaya a otro lado.
Con la sonrisa de un dios egoísta que ha trazado su plan de venganza contra los mortales que no lo han adorado lo suficiente, llego a la sala de la casa de Chris y en seguida noto el calor de la mirada de Victor sobre mi piel, desde el primer instante su mirada se queda fija en mi cuerpo y vuelvo a sentirme poderoso, un arma de seducción, un dios que puede encantar a aquel que le dedique una mirada de un solo segundo.
Los ojos de Victor me recorren de pies a cabeza, sus mejillas están sonrojadas y noto que sus labios, los labios que besé la noche anterior están entreabiertos como si hubiera perdido la capacidad de respirar normalmente y estuviera intentando inhalar aire por la boca. Sí, sin duda alguno lo vuelvo loco, definitivamente él no apartará sus ojos de mí pase lo que pase y eso me alegra, me alegra demasiado y mi corazón grita que eso es lo que quiere, él quiere que los ojos de Victor Nikiforov se queden por siempre fijos en mí, que él permanezca a mi lado.
-¿Qué opinas, Victor?- dice Chris indicándome que debo dar una vuelta para que el aludido pueda tener un ángulo de visión completo de toda mi figura- ¿Crees que Yuri es un Eros perfecto?
-Lo es, claro que lo es…- dice Victor mirándome directamente a los ojos y yo sostengo la intensidad de esa mirada aunque hay algo en sus ojos que me hace temblar de nuevo, esos ojos siempre hacen tambalear mi mascara de algún modo.
-Yuri cerrará el evento usando esto, lo llamo "deseo de media noche" porque dejaremos lo mejor para el final- dice Chris dirigiéndose ahora a Phichit-. Los demás conjuntos no son tan atrevidos pero sin duda son sexys. Preparen una nueva cuenta de banco, señores, la necesitarán para guardar la nueva tanda de billetes que vamos a recibir…
-Recuerda gastar los billetes que me prometiste en la seguridad del evento- dice Phichit y yo sonrío porque supongo que ser la voz de la razón es siempre su trabajo y también me siento agradecido de que él se preocupe por mí de este modo aunque a veces sus medidas de seguridad se pasen un poco de la raya-. Si algo malo le pasa a Yuri…
-Nada le pasará- dice Victor atrayendo la atención de los tres en un segundo- yo estaré cerca de él, pero me gustaría hablar con usted señor Chulanont acerca de las medidas que debemos seguir el día del evento. Pude darme cuenta de muchas fallas en su sistema de protección durante la pasarela que vi antes así que…
-Claro, claro, hablaremos de ello ahora mismo- dice Phichit con una sonrisa que me hace notar que él y Victor serán un equipo invencible a la hora de unir sus esfuerzos para mantenerme seguro aunque todo este tema de la seguridad especial me hace sentir como alguien atrapado en una jaula.
-Opino que todo el mundo está preocupándose de más- digo con un suspiro cansado-. Eso del acosador es solo una mala broma de alguno de mis detractores. Sí, es una locura pensar que alguien pueda odiarme y por eso dudo que alguien se atreva a hacerme daño de verdad…
-Yuri, mi querido Yuri- dice Phichit con una sonrisa llena de disculpa-. Deja los asuntos serios en las manos de los mayores y tú solamente preocúpate por ser hermoso el día de la pasarela ¿quieres? Ya discutí demasiado contigo acerca de cómo debo protegerte y si a ti no te preocupa, a mí sí.
-Y a mí…- dice Victor convocando de nuevo mi mirada hacia sus ojos-. No podré vivir tranquilo si algo malo vuelve a sucederte por mi culpa…
Mis ojos se quedan fijos en los suyos una vez más. Él ha mencionado una referencia al pasado que los dos compartimos en voz alta por primera vez y me digo entonces que él no ha olvidado lo que hizo, que él de verdad quiere reparar ese daño pero la parte racional de mi cabeza sigue diciendo que eso no importa. Nada de lo que él haga ahora podrá cambiar ese pasado, nada de lo que él haga por mí en estos momentos evitará que alguien me rompa y me provoque esas heridas que siguen supurando en mi interior.
-Es tarde…- digo sin darme cuenta-. Es demasiado tarde…
-¿Cómo, Yuri?- dice Chris acercándose a mí, sin duda se siente preocupado por la distante voz que he usado para pronunciar mis palabras.
-Digo que se hace tarde y le prometí a Mila que la acompañaría a realizar algunas compras- digo aclarando mi garganta-. Debo cambiarme ahora, no estaré fuera de casa hasta tarde si eso te preocupa, Phichit, además, Victor vendrá conmigo después de que los dos armen su estrategia de guerra anti terrorismo o lo que sea. Les doy media hora, con permiso…
Sin decir nada más, caminando con rapidez porque siento que de nuevo he dejado que Victor vea más de lo que debería de mi alma, me pierdo una vez más en el vestidor de Chris quien no me sigue sino que se queda mirando a Victor Nikiforov con una extraña mirada y antes de cerrar la puerta lo escucho decir:
-Tú lo conoces desde hace tiempo ¿no es así?
-Sí…- responde Victor con una voz llena de un dolor que no entiendo-. Es una larga historia…
-Bueno, tienes media hora para contármela- dice Chris y sé por el tono de su voz que no dejará en paz a Victor hasta que este le cuente todo-. Eres más peligroso de lo que pensaba…
-El verdadero peligro está allá afuera esperando atacar a Yuri si el señor Chulanont y yo no hacemos algo al respecto- dice Victor con una voz helada que me provoca escalofríos-. Y con el debido respeto que usted merece, señor Giacometti, mi pasado no es de su incumbencia así que no tengo por qué contarle nada…
Escucho el sonido del ruido que Victor hace al ponerse de pie para acercarse a Phichit, lo escucho hablando de logística y pidiendo planos del recinto en el que llevaremos a cabo la pasarela y puedo imaginarme la cara de pocos amigos que Chris debe estar dedicándole pero me alegra que él no haya dicho nada de aquel pasado porque todos en esta industria creen que he sido este dios que soy ahora siempre; ellos no tienen idea de que fui Yuri el cerdo y no quiero que nadie lo sepa, nadie lo sabrá, nadie…
Suspiro profundamente para cambiarme de ropa y me digo que quizá las compras con Mila me ayudarán a relajarme un poco, en los últimos dos días he tenido más emociones juntas que en lo que va del año. Necesito un respiro. Necesito volver a ser yo, es decir, necesito volver a ser el Eros al que nada ni nadie pueden alterar del modo en el que Victor Nikiforov lo hace…
La sesión de compras con Mila definitivamente ha conseguido calmarme, ha sido una tarde divertida en la que mi amiga y yo terminamos riendo de verdad mientras comprábamos miles de cosas caras y ridículas que ninguno de los dos necesitaba pero que de todos modos podemos permitirnos gracias a las abultadas cuentas que los dos tenemos el lujo de manejar.
Además, Mila es una chica divertida, me gusta salir con ella porque me hace reír y creo que de verdad necesitaba reír de cosas sin sentido aunque debo admitir que mientras caminábamos por el parque de regreso a casa, con los pasos de Victor siguiéndonos muy de cerca, ella dijo algunas cosas que hicieron que me volviera a sentir fuera de balance.
-Mañana es mi primer aniversario con Sara ¿sabes?- dijo ella con una sonrisa enternecida que me hizo sonreírle.
-Me di cuenta debido a la indecente cantidad de lencería sexy que compraste- dije haciendo que ella me dedicara una sonrisa traviesa-. Parece que fue ayer cuando le confesaste tus sentimientos…
-Tomar algunos riesgos vale la pena, Yuri querido- dijo ella sin dejar de sonreír-. Y Sara vale todos los riesgos que pueda tomar, ella es lo mejor que me ha pasado en la vida…
-¿En serio?- dije con la mirada perdida en la luz de los ojos de mi amiga- ¿Es mejor que el éxito y que ser llamada la diosa rusa de las pasarelas?
-Sí, lo es…- dijo ella sin dudarlo ni un solo segundo-. Cuando el glamour de las pasarelas se termine sé que Sara seguirá conmigo, siempre he sabido que el amor que el mundo siente por mí al verme modelar es falso, es solo un destello de lo que es el amor de verdad. Cuando todo este encanto se acabe, cuando deje de ser una diosa y vuelva a ser solo una mortal, la mujer a la que amo despertará conmigo y puedes reírte de mí todo lo que quieras, Eros, pero eso me hace estúpidamente feliz…
-Claro que no me reiré de ti, Mila- dije con una sonrisa triste en los labios-. Me alegra que Sara y tú tengan esa clase de relación, les enviaré un regalo enorme mañana por la mañana…
-Eres un encanto, Yuri querido- dijo ella riendo alegremente-. Aunque ¿sabes algo? Quisiera que tú pudieras encontrar lo mismo ¿Por qué Minami y tú no le dan una oportunidad a su relación de ser otra cosa? Él y tú son guapos, se llevan bien, él cuida de ti mejor que nadie, siempre te apoya y Yuri, estoy segura de que te ama y de que tú lo amas también…
-Minami me ha rechazado más veces de las que puedas imaginarte- dije y noté que Victor caminaba más cerca de los dos y que escuchaba mis palabras de forma atenta-. Además, él merece algo mejor que un modelo estúpido ¿No lo crees?
-Tienes una muy mala opinión de ti mismo, Yuri- dijo ella dedicándome una mirada de total desaprobación-. Créeme, eres tan guapo y dulce que yo me hubiera enamorado de ti si jugara para el bando que el mundo dice que es correcto jugar, te habría pedido matrimonio y habríamos tenido hijos hermosos de cabellos oscuros y ojos azules…
-Bueno, yo te habría dicho que sí- le dije haciéndola reír-. A mi madre le habría encantado la idea de que los dos llenáramos Yutopia de niños Katsuki ¿sabes?
Los dos reímos como locos de mis palabras y seguimos imaginando la vida que los dos habríamos tenido de no ser las personas que éramos y me di cuenta de que riendo de ese modo, era sencillo olvidar que no tenía permitido encontrar lo que Mila tenía ya.
-No quiero que sigas estando solo, Yuri querido- dijo ella antes de despedirse de mí a dos cuadras de mi apartamento-. Quiero que alguien te ame como un loco, quiero que alguien haga que tu mirada deje de doler, sé que algo te duele desde que me encontré contigo y no sé qué es…
-Nada me duele, Mila, te lo juro- dije con toda la firmeza que pude-. No tengo un alma torturada o lo que sea, soy Eros, estoy feliz de ser Eros…
-Pues para ser el dios del amor estás muy solo- dijo ella besando mi mejilla antes de comenzar a caminar con destino al apartamento que ella y Sara han compartido desde que su noviazgo empezó-. Ya me encargaré yo de encontrarte un príncipe adecuado que cuide de ti y te adore como idiota, al menos ahora me alegra que tengas una niñera…
-A mí no me alegra tanto, pero gracias por alegrarte por mí, preciosa- dije sonriéndole a mi amiga-. Y ahora, ve a tu casa si no quieres que Sara se preocupe por ti…
-Sara no está en casa, es día de mellizos- dijo ella riendo divertida-. Michel Crispino es bastante estricto en ese tema ¿sabes? Dijo que no nos dejaría salir juntas si le negábamos el derecho a tener su día de mellizos así que…
Mila rio divertida de las extravagancias de su cuñado y yo le acompañé mientras ella me abrazaba una vez más y besaba mi mejilla antes de alejarse de mí, y justo cuando creí que empezaría a caminar a su casa, mi amiga desanduvo sus pasos y se dirigió a Victor con una sonrisa alegre que hubiera sido capaz de enamorar a cualquiera que tuviera ojos.
-Tienes que cuidar bien de mi Yuri- le dijo mi amiga con firmeza-. No lo dejes solo, no dejes que esté triste. Mientras encuentro a un hombre digno de él, te designo príncipe honorario ¿está bien? Cuídalo, adóralo, hazlo sonreír ¿estamos claros?
-Estamos claros, señorita- dijo Victor dedicándole una mirada enternecida a mi amiga-. No se preocupe, su Yuri estará bien conmigo…
-¿Palabra de ruso?- dijo Mila quien también es originaria de aquel país y cuya pregunta me hizo poner los ojos en blanco.
-Palabra de ruso- dijo Victor guiñándole un ojo a ella-. Vaya tranquila, todo estará bien…
Mila abrazó a mi guardaespaldas después de su pequeña plática y se alejó de los dos sin decir nada más, dejándonos a Victor y a mí rodeados del eco de sus palabras, dejándome de nuevo a solas con la persona que en tan pocas horas había puesto mi mundo de cabeza.
Comencé a caminar sin tratar de hablar con Victor, la verdad es que me sentía cansado, sigo cansado. El camino a casa jamás me había parecido tan largo, supongo que debió parecerme así porque mientras caminaba por la calle, el sonido de los pasos de Victor seguía sonando tras de mí y el viento frío de la tarde llevaba hacia mí su aroma dulce y maldito que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Y es que la cercanía de Victor me aterra, la cercanía de Victor me hace sentir indefenso pero no debo dejar que eso me afecte, no debo dejarle ver que el hecho de que él cuide de mí me hace sentir y desear cosas que no debo desear con tanta fuerza.
Suspiro cuando me doy cuenta de que he llegado a casa y saco las llaves del bolsillo de mi abrigo pero la mano suave de Victor se posa en mi piel y juro que siento un flujo de energía eléctrica atravesándome cuando él me toca y me pregunto si él siente lo mismo porque sus ojos azules me miran extrañados también.
-¿Qué sucede?- digo sintiéndome hipnotizado por la suavidad de su piel, por su cercanía.
-Debo ser yo quien abra la puerta de ahora en adelante- dice él con firmeza, con la que debe ser su voz de guardaespaldas perfecto-. Si hay alguien extraño en tu casa, debo ser yo el que reciba el ataque, así que si algo de eso pasa, tú debes correr y llamar a la policía ¿está bien?
-Eres un paranoico ejemplar, Nikiforov- digo resoplando un poco antes de entregarle las llaves-. Ok, si algún terrorista está en casa correré, lo juro…
-Está bien…- dice él sonriéndome de un modo tan hermoso que me hace querer gritar de desesperación porque pretender que él no me afecta será de verdad difícil-. Quédate detrás de mí, no te separes mucho…
Yo asiento sin darle demasiada importancia a esta puesta en escena que me resulta de sobra innecesaria. Victor abre la puerta y los dos entramos a casa con pasos lentos y silenciosos, al tiempo que Victor vuelve a desenfundar su arma causándome unas terribles ganas de burlarme pero me quedo callado diciéndome que esto debe ser parte de las instrucciones de Phichit y de que al señor Nikiforov sin duda alguna le gusta aprovechar cada oportunidad de ser el héroe que sin duda alguna ha construido en su cabeza porque lo cierto es que estoy seguro de que en mi casa no hay nada peligroso y que jamás…
Mis ojos se abren de par en par cuando Victor y yo llegamos a la sala y nos encontramos con la terrible visión de los muebles hechos pedazos y un mensaje escrito en enormes letras rojas que está pintado en la pared y esas palabras me parecen tan irreales que tengo que cerrar los ojos como si quisiera que al abrirlos nada de eso estuviera ahí, pero cuando mis ojos se abren de nuevo el mensaje sigue ahí, así como el desastre de tela, madera y cuadros rotos que se esparcen por el suelo y que me hacen sentir un miedo enorme, un miedo real y terrible con el que no había querido enfrentarme pero ahora no puedo simplemente reírme de todo porque el acosador es real, el maldito acosador es real y sus palabras escritas frente a mí son la prueba irrefutable de ello.
"Desde que puse mis ojos en ti has sido mío, eres mío, me perteneces. Estoy cansado de que el mundo entero te mire, estoy harto de que sigas siendo de todos. Eres mío, Eros, siempre serás mío. No me provoques, no sigas mostrándote. No me obligues a demostrarte de una vez que aquello que es mío, no podrá ser de nadie más…"
Mis piernas tiemblan cuando leo ese mensaje. Siento que todo alrededor de mi da vueltas por el tono amenazador de esas palabras que me hacen sentir aterrado, de verdad aterrado. Quisiera huir de mi departamento pero no sé qué hacer. Mi mente sigue repitiendo las palabras y en el momento en el que siento que estoy a punto de desvanecerme, los brazos de Victor me rodean y el miedo remite un poco, solo un poco.
-Tenemos que salir de aquí, te llevaré a la casa de Kenjirou Minami después de llamar a la policía- dice Victor con un tono profesional que termina por tranquilizarme-. Necesito que guardes la calma, necesito que te mantengas fuerte al menos por unos minutos más, te prometo que después escaparemos de aquí ¿está bien?
-Está bien…- digo con un hilo de voz apenas.
-Sé que es estúpido decirlo pero no debes temer, yo estoy aquí- dice él sin soltarme-. No dejaré que nada te pase, estarás bien. Quien sea que haya hecho esto debe estar lejos de aquí pero no le daremos oportunidad de regresar y comprobar que te ha asustado. Iremos a tu cuarto, harás una maleta y después nos iremos, ya no estás seguro aquí, debo llevarte a un lugar seguro Yuri ¿entendido?
Asiento lentamente porque no me siento capaz de hacer nada más y Victor me vuelve a dedicar su sonrisa llena de luz de sol, esa luz de sol que es capaz de vencer incluso a las sombras más oscuras y aunque sigo sintiendo miedo debido al estúpido mensaje de la pared, un temor más pesado empieza a invadir mi alma cuando me doy cuenta de que estar así, en los brazos de Victor Nikiforov, se convertirá para mí en algo parecido a una adicción de la que jamás podré escapar haga lo que haga…
