CENA EN LA MANSIÓN MALFOY

Hermione había agarrado a Draco de la cara y le besaba con una pasión poco habitual en ella. Perplejo y aturdido como estaba, no supo reaccionar con la suficiente rapidez que le hubiera gustado, y de la forma que le hubiera gustado.

La forma en que le hubiera gustado actuar en aquel momento, tan furioso como estaba, era separándose inmediatamente de Hermione y decirla que podía coger sus cosas e irse a dormir al otro cuarto ahora, si lo deseaba tanto, y ver como reaccionaba ante aquel rechazo. Sin embargo, su reacción fue muy diferente a como le hubiera gustado; no tardó ni dos segundos en corresponder aquel beso con la misma pasión. Se acercó un poco más a ella, presionándola algo más contra la pared y llevando una mano a uno de los muslos de la chica para acariciarlo con dulzura y suavidad, lo que hizo que, con una gran agilidad y de forma casi imposible, debido al escaso espacio del que disponía entre la pared y Draco, Hermione se enroscó de un brinco a la cintura de Draco, que se giró y la llevó hasta la cama.

-¡Por las barbas de Merlín! -exclamó Draco, momentos después, jadeante y entre risas- ¿Se puede saber qué demonios te pasa, Hermione? No me malinterpretes, ha sido... épico, de verdad. Pero es que no sé qué te pasa. Primero te enfadas tanto conmigo que quieres ir a dormir al otro cuarto, y al momento siguiente... bueno... -terminó Draco todavía entre risas.

-Ay -suspiró Hermione-. ¿Qué puedo decirte? Creo que estoy nerviosa, eso es todo -dijo tapándose la cara con la sábana.

-Ya. Nerviosa... -ironizó Draco divertido-. No me parece que esa sea la palabra adecuada para lo que te pasaba, Hermione.

-¡Bah! -exclamó ella riendo con todas sus ganas-. Lo siento, Draco -dijo finalmente, poniéndose algo más seria-. Realmente no sé que fue lo que me enfureció tanto. En serio, creo que estaba algo nerviosa.

-No te preocupes -repuso Draco, abrazando fuertemente a Hermione y besando la frente de ésta-. Creo que yo también te debo una disculpa. La verdad es que estos días hemos estado bastante tensos los dos. Y, en todo caso, me parece que te he dejado bastante claro que acepto tus disculpas -terminó con voz seductora y suave, alzando las cejas.

-Bueno... -dijo Hermione con tono de inocencia- Me parece que todavía puede quedar algo más claro... ¿no te parece?

Ambos rieron, y antes de que Draco pudiera decir una palabra, Hermione ya lo había atraído hacia sí, por el cuello.

La mañana había comenzado gris y lluviosa. Hermione estaba en el baño, terminando de secarse el pelo, cuando los recuerdos de la noche anterior vieron a su mente. "¿Qué es lo que me pasa? Cuando lo vi tan furioso, me acaloré de una forma inusual... No me puse así, ni aquel día en que me di cuenta de lo mucho que me excitaba tal cual es... Pero anoche... ¿Qué te pasa Hermione? ¿Desde cuando me pone tan frenética el peligro? Sí, pasé mucho junto a Harry y Ron. Pero recuerdo que a pesar de todo, sentía miedo, pánico en muchas ocasiones... ¿Porqué me resultó tan tremendamente sexy el lado más oscuro de Draco?" Pensaba Hermione, que apenas era consciente de lo que estaba haciendo.

Sin apenas ser consciente de lo que hacía, alzó la vista para mirarse al espejo. Era la misma Hermione de siempre; su pelo castaño alborotado, casi imposible de domar sin magia, sus ojos color miel... la misma. Salvo que ahora se veía más guapa, más alegre. Incluso había ganado un poco de peso, lo que la sentaba bastante bien. Sin embargo, a pesar de ser la misma por fuera, se sentía muy distinta por dentro. Cada día que pasaba sentía que cambiaba un poco más.

Entonces, mientras pensaba en esto, se dio cuenta de que desde que vivía con Draco, se dejaba llevar más por sus instintos que por la lógica. Se cuestionaba cosas, que antes, hubiera dado por verdades irrevocables siempre que vinieran en un libro. Ahora ya no era así. También se dio cuenta de que la encantaba ser madre, de que la encantaba ser la mujer de Draco Malfoy, a pesar de no estar oficialmente casados aún. Sentía que los nervios que sentía, cuando se trataba de la boda, no eran por miedo, como había pensado en un principio; ni miedo a la boda, ni miedo a que le pasara con Draco lo mismo que con Ron, ni miedo a los padres de Draco, ni miedo a nada. Esos nervios solamente eran emoción por que todo saliera bien, emoción por convertirse oficialmente en la Sra. Malfoy y por compartir ese ansiado día con su familia y amigos.

Con los ojos humedecidos por la emoción que se había apoderado de ella, se miró al espejo y se dijo a sí misma:

-¿Quien eres tú? ¿Qué has hecho con Hermione Granger?

Nuevamente dejándose llevar, sonrió con felicidad a su reflejo en el espejo, y fue consciente de una cosa más; el único miedo que sentía era al cambio tan grande que se estaba produciendo en su vida y en su personalidad. Sintió pánico solo de pensar que, quizá, la esencia de ella misma se estaba perdiendo, pero al mismo tiempo se sentía totalmente liberada, desinhibida... Se sentía Ella misma.

-¡Hermione, date prisa! -escuchó que Draco gritaba desde las escaleras-. ¡Tengo que irme a trabajar!

Hermione sonrió.

-¡Ya voy! -gritó y, con un floriteo de varita, atajó el trabajo que estaba haciendo con el secador. En un segundo el pelo estuvo seco y en otro liso.

Se lo recogió en una coleta y se apresuró a vestirse.

-... y quiero que se sientan como en casa, ¿de acuerdo Pinky? Es la primera vez que se quedan a dormir con nosotros.

Draco estaba hablando con Pinky, mientras ésta daba de desayunar a Cissy y, él mismo terminaba de desayunar.

-Si, amo. No se ponga nervioso, todo estará listo -le decía con paciencia la pequeña elfina.

-Hola, cielo. Buenos días -lo saludó Hermione besando la mejilla de su prometido-. Hola, pequeña... Buenos días, Pinky -saludó Hermione Besando a Cissy y, después a la elfina.

Hermione siempre hacía aquello. Desde que llegara a la casa, Hermione siempre trataba a la elfina como a una igual, la ayudaba en sus tareas, y la abrazaba y la besaba como si fuera una hermana o incluso una hija. Era algo que a Draco le sorprendió mucho al principio, pero con el tiempo también él cogió aquella costumbre. La elfina, al principio no supo como reaccionar, estaba tan sorprendida como Draco, pero no tardó demasiado en acostumbrarse a aquel trato; estaba encantada de sentirse querida y de que la trataran como a un igual, y ella correspondía a aquel amor que sus dueños la mostraban con todo el amor que era capaz de expresar.

-Hola, nena. Ya está preparado el traslador en el que vendrán tus padres -informó Draco mostrando a Hermione una vieja radio que había encima de la mesa-. Llegarán a las doce. Intentaré estar aquí antes de que lleguen. Espero que esa dichosa reunión termine pronto. Pero si no estoy, por favor, discúlpate de mi parte y empezad a comer sin mí. ¿De acuerdo?

-Ajá -exclamó Hermione, como contestación, mientras se tomaba un bollito.

-Bien. Enones me oi a -dijo Draco con la boca llena de tostada y levantándose de la mesa apresurado.

-Vale cielo. Pero te he dicho mil veces que no hables con la boca llena. Un día te vas a atrangantar -lo regañó Hermione con tono severo pero con gesto burlón, mientras se levantaba y se acercaba a darle un beso-. Pinky, por favor, trae el maletín de Draco.

La mañana pasó rápido. Pinky y Hermione limpiaron toda la casa, arreglaron el cuarto donde se quedarían los padres de Hermione, y prepararon la comida.

Cerca de las doce menos diez, Draco llegó a casa. La reunión que tenía esa mañana, había terminado pronto, para gran alivio de Draco pues quería estar en casa cuando llegasen los padres de Hermione. Los señores Granger le caían muy bien. Eran buenas personas, tranquilos y agradables, que a pesar de todo lo ocurrido en el pasado entre su hija y él, los habían acogido a él y a su hija, en su familia con gran cariño.

-¿Crees que me dará tiempo a cambiarme? -preguntó a Hermione nada más aparecerse en la cocina.

-Hola, cariño. La mañana ha sido buena, Pinky y yo hemos terminado temprano, gracias -le dijo con sarcasmo, mientras se acercaba a él en jarras.

-Lo siento, amor -se disculpó Draco, dando un beso a Hermione-. Bueno... ¿crees, que...? -tartamudeó nervioso.

-Si te das prisa, creo que sí -concedió Hermione con un suspiro-. Aunque así estás muy bien.

Draco no esperó más y salió disparado de la cocina, subiendo las escaleras de dos en dos, para cambiarse de ropa. Sabía que estaba bien tal cual; con su traje negro, camisa blanca y corbata roja, y su capa. Pero no le parecía adecuado recibir así a sus suegros. Le parecía demasiado sobrio.

Cuando llegó a la habitación escuchó a Hermione decir emocionada:

-¡Papá! ¡Mamá! ¡Qué alegría! Os echaba de menos...

-Hola hija -saludó la señora Granger.

-Nosotros también te extrañamos, cariño -dijo el señor Granger-. ¿Dónde está la pequeñina? ¿Y Draco?

-Cissy está en la cocina con Pinky que la está dando de comer. Y Draco, ha llegado hace unos minutos de trabajar y ha subido arriba a cambiarse. Pero enseguida baja -escuchó que explicaba Hermione.

-Tranquila, cariño. Por nosotros que no se apure -dijo la señora Granger.

"¡Mierda!". Pensó Draco fastidiado. Al igual que la noche en que llegó Hermione para cenar con él, el tiempo se le había quedado justo. No podía creerlo, el quería recibir a sus suegros como era debido, y en lugar de eso, estaba en la habitación preocupado por su aspecto. Pero ya era tarde, no había remedio. Así que, pronunciando unas cuantas maldiciones e improperios, decidió que ya daba igual si tardaba un poco más. Hermione le había disculpado ante sus padres y, no parecían molestos, por lo que decidió darse una ducha antes de cambiarse y bajar de nuevo.

Quince minutos más tarde, Draco llegó al salón, donde se encontraban Hermione y sus padres junto a Cissy, la cual jugaba con los padres de Hermione. Había decido vestirse de forma informal, con unos vaqueros azules y un suéter beis, por lo que se sorprendió al ver la cara de ensimismamiento que puso Hermione al verle y se preguntó si había sido una mala elección.

-Hola, cielo -le saludó Hermione con una sonrisa pícara y un extraño brillo en los ojos. Se enfadó consigo mismo por no haber conseguido entenderla del todo aún-

-Hola. ¿Señores Granger? -saludó Draco a Hermione y después se dirigió con una sonrisa a sus suegros-. Espero que se encuentren como en su propia casa. Ya saben que así es.

-Hola, Draco -lo saludó el señor Granger, dándole un abrazo-. Por su puesto que nos sentimos como en casa, muchacho. Eres muy amable.

-Estás estupendo, hijo -lo saludó la señora Granger con otro abrazo fuerte, después de haber entregado a Cissy a los brazos de su hija-. ¡Mírate! Estás guapísimo.

Draco se sonrojó un poco al percatarse de que Hermione confirmaba las palabras de su madre, con una sonrisa picarona y hablando para sí sin emitir sonido alguno: "Ni que lo digas, mamá", le pareció entender a Draco.

El muchacho, algo nervioso, carraspeó para aclararse la garganta antes de hablar, y se sentó en el sofá al lado de Hermione, invitando a sus suegros a hacer lo mismo, con un gesto de la mano.

El resto de la tarde pasó de forma relajada pero a la velocidad del rayo. A las cuatro y media, mientras se cambiaban para ir a casa de los padres de Draco, los nervios y el pánico volvieron a apoderarse de Draco, que estuvo a punto de contagiar a Hermione.

-¿Sabes? No creo que sea buena idea ir a cenar con mis padres esta noche -gruño Draco con evidente mal humor-. Creo que será mejor inventar una disculpa, y decir a mis padres que no vamos. ¿Crees que sería una buena excusa el que me rompiera una pierna? -terminó con sarcasmo.

-¡No seas idiota, Draco! -le espetó Hermione, claramente molesta y enfadada, mientras se daba la vuelta para que Draco subiera la cremallera de su vestido-. No te vas a romper ninguna pierna, ni vamos a poner ninguna escusa estúpida para no acudir a la cita con tus padres solo porque temes que tu padre se comporte como siempre -el cabreo de Hermione fue en aumento cuando se giró para quedar cara a cara frente a Draco y ver que, ceñudo, se disponía a replicar-. Además, no me he pasado la semana preparando esta cena con tu madre, vía lechuza, y he pasado unos nervios casi agónicos, para ahora no asistir. Si no te hace gracia esta cena, menos me la hace a mí. Pero es lo que hay. Así que deja de decir idioteces y termina de vestirte de una vez. El trayecto en coche es un "poquito" más largo que la aparición, y ni sueñes con que vayamos a llegar tarde.

Voy a preparar a Cissy, te espero abajo. Y no se te ocurra partirte una pierna o imposibilitarte de cualquier otro modo ¿me oyes?, porque irás igualmente -añadió con un brazo en jarras, ceñuda y apuntándole con el dedo índice de la otra mano, adivinando sus intenciones.

"¡Maldita sea! ¿Será posible que siempre tenga que tener la última palabra en todo?", pensaba Draco enfadado mientras se abotonaba la camisa del traje. "Humm. No la soporto cuando se pone así... Bueno, en realidad se pone muy sexy... ¡Basta, Draco! No tienes tiempo ahora para pensar en esas cosas..." El humor se le había cambiado mientras pensaba esto, pero no se percató de que, inconscientemente, se había tomado demasiado tiempo para terminar de vestirse, hasta que casi se le cae el peine de la mano al oír el berrido que le soltó Hermione desde abajo.

-¡Draco Malfoy! Si no estás aquí en dos segundos, subiré y te arrastraré hasta la casa de tus padres en calzoncillos. ¿Me oyes?

Hermione parecía verdaderamente enfadada y pudo escuchar cómo les comentaba a sus padres los temores que él, Draco, tenía con respecto a esa cena. No dijo nada y se apresuró a peinarse y echarse algo de su perfume favorito. Pero enseguida comprobó que su silencio había sido un error.

-¡DRACO MALFOY! ¿CÓMO TE ATREVES A IGNORARME? -el grito de Hermione, de pie en el umbral de la puerta del baño, sobresaltó a Draco de tal manera que el frasco del perfume se le resbaló de las manos, cayó al suelo, y se rompió dejando el suelo regado de 212 sexy Hombre, de Carolina Herrera.

-No... no te estaba ignorando, Hermione -balbuceó molesto, mientras con un movimiento de varita recogía el destrozo-. Solo que estaba terminando...

-Ya, ya. Pues ya has terminado, así que ¡Mueve el culo, Draco Malfoy! Si no quieres que utilice métodos más siniestros para hacerte andar.

Draco se disponía a replicar que no le hablara de esa forma, pero al ver que los ojos de Hermione echaban chispas de lo furiosa que estaba, decidió que sería mejor no decir ni pío y evitarse una bronca de la chica con los padres de ésta abajo, y antes de la "cena del infierno", como la había calificado para sus adentros, con sus padres. Prefería mil veces, tener a Hermione del mejor humor posible a tenerla echa un basilisco, pues llegaba a ser realmente insufrible cuando estaba de mal humor.

-Vale, tranquila. No hace falta ponerse así, ya voy... -dijo entre dientes Draco, y con tono de fastidio, para que quedara patente que no aprobaba la forma de actuar de Hermione. Pero no tuvo éxito, pues ella solo soltó un bufido y, apartándose de la puerta para que Draco fuera delante, le dijo:

-No creas que me asustas porque refunfuñes, Malfoy. Vas a ir quieras o no, por las buenas o por las malas. ¡Tira! -añadió, empujándole levemente por la espalda para que saliera de la habitación.

Draco deseaba decirle que ya estaba bien de hablarle de ese modo. Estaba ansioso por recriminar a Hermione esa actitud para con él, y estaba furioso consigo mismo por permitirle hacerlo. Pero una vez más, se contuvo de gritarle y empezar una pelea con ella; ella no tenía ninguna culpa. No tenía derecho a pagar su mal humor con ella. Él era quien tenía que haber dicho a su padre, en el momento en que lo propuso, que no le parecía buena idea, aunque no hubiera conseguido nada.

Sin embargo no lo había hecho y ya era demasiado tarde. Volvió a darse cuenta de que caminaba con más lentitud de la que quería al sentir que Hermione le cogía del brazo y le volvía a hablar, esta vez con tono más suave y comprensivo.

-Draco -dijo Hermione suspirando-. No tienes porqué temer. Todo va a salir bien, te lo prometo. Además, tu madre no dejará que tu padre se comporte de forma incorrecta o maleducada. Ya lo verás.

Una vez más, Draco tuvo la sensación de que Hermione podía adivinar sus pensamientos. Pero esta vez no sintió fastidio, sino un alivio inmenso de no tener que verbalizar sus sentimientos. No le gustaba demostrar cobardía y en aquel momento se sentía terriblemente cobarde ante el inminente encuentro con su padre, aunque no sabía porqué.

-¿Todo bien, hijo? -le preguntó el señor Granger a Draco en cuento hubieron bajado las escaleras, poniendo una mano sobre el hombro de Draco, en señal de apoyo.

-Si. Si, eso creo -contestó Draco con un hilo de voz que le sorprendió a él mismo.

-Pues entonces vamos. Y no te preocupes por nada, muchacho. Todo saldrá bien. Tendrías que haber visto el miedo que pasamos mi mujer y yo la primera vez que tuvimos una cena así... -lo animó el señor Granger, mientras salían de la casa.

-Humm. Pero seguro que sus padres y sus suegros no eran ex mortífagos -susurró Draco, haciendo que los señores Granger rieran.

-Tranquilo. No pasará nada -le aseguró la señora Granger.

Sin decir más, se dirigieron al Mercedes CLS de Draco. Acomodaron en su sillita a Cissy, las dos mujeres se sentaron atrás, junto a la niña, y el señor Granger hizo lo propio en el asiento del copiloto.

-¡Menudo coche, Draco! -exclamó el señor Granger mientras se encaminaban a la Mansión Malfoy-. Es realmente precioso.

-Gracias. Está prácticamente nuevo. Apenas lo usamos -observó Draco con una sonrisa. Le tenía un cariño especial a ese coche. Hermione lo había acompañado al concesionario un par de días después de instalarse en su casa, antes de ir a ver el local que más tarde utilizaría para su trabajo para el ministerio. En cuanto ésta entró en el concesionario y lo vio, se quedó prendada de él. Todavía recordaba los ojos que le echaba mientras él observaba el catálogo que el vendedor le había entregado. No se lo pensó dos veces: dejó el catálogo en la mesa y le dijo al vendedor que ya se había decidido. La cara de asombro de Hermione y el posterior sonrojo de ésta, ante su elección, no tuvieron precio para Draco, que sin saber muy bien por qué en aquel momento, sintió una gran satisfacción.

El trayecto hasta la casa de los padres de Draco no les llevó más que una hora. Por lo que a las seis, ya habían llegado.

-¡Queridos míos! -saludó efusiva la señora Malfoy, cuando abrió la puerta -¡Vaya, que guapos estáis! Pero pasad, pasad por favor, no os quedéis ahí...

-Hola mamá. Tú también te has puesto muy guapa -saludó Draco, dando un beso y un abrazo a su madre, después de que ésta soltara a Hermione.

-Gracias, hijo.

-Mamá, te presento al señor y la señora Granger, los padres de Hermione -Draco presentó a sus suegros con cierto nerviosismo. Pero en seguida se relajó un poco, al ver a su madre sonreír a sus consuegros.

-Encantada de conocerlos. Yo soy Narcisa Malfoy, la madre de Draco -dijo de forma educada y tranquila.

-Mucho gusto -respondieron los señores Granger, de igual manera.

-Vaya, vaya -la fría voz que arrastraba las palabras de Lucius Malfoy, heló la sangre tanto de Draco como de Hermione-. Siento muchísimo el retraso. He tenido que atender unos asuntos hasta última hora y subí a adecentarme un poco.

Draco tuvo un mal presentimiento. Esa forma altanera y arrogante de mostrarse, como había sido habitual en él antes de la caída del Señor Tenebroso, había vuelto a él en los pocos días que llevaba fuera de Azkaban, y a Draco no le dio buena espina que hubiera decidido sacar a relucir su personalidad aquella noche. El pánico amenazó con volver a apoderarse de él, y la forma en que Hermione apretaba su mano no ayudaba demasiado; parecía estar teniendo el mismo mal presentimiento que él.

-Buenas noches, padre -saludó Draco a Lucius, cuando éste se acercó a él con los brazos abiertos para que lo abrazara.

-Hijo, mio. Veo que estás cada vez mejor -observó Lucius mirando a su hijo, después de que ambos se abrazasen.

"¿Porqué demonios todo el mundo me dice siempre lo mismo? Como si nunca hubiera estado bien..." pensó Draco fastidiado mientras su padre saludaba a Hermione.

-Querida... -dijo Lucius observando a Hermione, como lo había hecho anteriormente con su hijo, tras abrazarla- Estás realmente hermosa esta noche.

-Muchas gracias, señor Malfoy -contestó tímidamente Hermione, que se había sonrojado un poco ante el cumplido del señor Malfoy, al mismo tiempo que parecía sorprendida por la amabilidad de su suegro-. Usted también se ve mejor.

-Si. No hay nada como estar en casa. Narcisa siempre ha cuidado muy bien de nosotros -observó con amabilidad Lucius Malfoy-. Muy buenas noches, queridos consuegros. Soy Lucius Malfoy, el padre de Draco -saludó cordialmente a los padres de Hermione.

-Mucho gusto, señor Malfoy. Henry Granger y ella es mi esposa, Jane -saludó el señor Granger, mientras estrechaba la mano del padre de Draco.

-Encantado. Ya veo de donde ha sacado Hermione su belleza -observó el señor Malfoy cortés, mientras saludaba con dos besos a la madre de Hermione, que también parecía aturdida. Obviamente, no esperaba aquel comportamiento tan educado de parte del padre de Draco.

Draco no salía de su asombro, cuando su padre los condujo al salón con Cissy en brazos, y cada vez le olía peor todo aquello, un sentimiento que no mejoró en toda la noche.

La noche se tornó en un ambiente relajado y caluroso en el cual todos charlaron amistosamente sobre diversos temas. Ésto hizo que Draco se sintiera bastante nervioso y desconfiado, pues su padre estaba extrañamente amable. Sencillamente no podía creerlo, por lo que estuvo alerta casi toda la noche, sin que el momento que estaba esperando, en el cual su padre saltaría con alguna de las suyas y arruinaría la velada dejándolos en evidencia, por lo menos a él. Pero ese momento no llegó, ni antes ni durante la cena, por lo que cuando pasaron, de nuevo al salón, Draco había bajado la guardia y volvía a sentirse en casa.

-Espero que haya sido de vuestro agrado la cena, Henry -dijo Lucius ofreciendo un wishky de fuego a su consuegro-. ¿Puedo llamarte así, verdad? Creo que no es necesario que nos tratemos de "usted", ahora que vamos a ser familia.

-Por supuesto, Lucius -concedió el señor Granger-. Y si, la cena a estado exquisita.

-Me alegro mucho, de verdad. Bien, Narcisa me ha dicho que la boda de los chicos será el primero de junio -dijo, dirigiéndose todavía al padre de Hermione.

Aquellas palabras hicieron que Draco casi se atragantase con la cerveza de mantequilla que estaba bebiendo. El momento que había estado esperando durante toda la noche, había llegado, podía verlo. "¡Maldita sea!", pensó enfadado pues le había pillado con la guardia baja.

-Draco... -exclamó Hermione, dando unas palmaditas en la espalda de su prometido- Draco, bebe despacio, te vas a ahogar.

-Lo... lo siento. Se me ha pasado por mal sitio... -contestó Draco tosiendo.

-¿Estás bien, hijo? -preguntó su madre, asustada y dándole también palmaditas.

Draco no podía hablar de la tos, así que se limitó a asentir, mientras tosía y dejaba el botellin en la mesa.

-Si... si, eso nos han dicho los chicos -contestó el señor Granger a su consuegro, mientras ambos hombres observaban a Draco con preocupación -fingida en el caso de Lucius, que sabía la causa por la que su hijo se había atragantado-, que ahora, se limpiaba la boca con la servilleta que la madre de Hermione le había alcanzado.

-Estupendo. ¿Y cómo van los preparativos? -continuó Lucius como si no hubiera ocurrido nada-. Lo digo, porque a Narcisa y a mí nos gustaría ayudar con ese tema.

Draco se quedó sin respiración. "Te odio con todo mi ser Potter", se dijo para sí. No podía creer que su padre hubiera sacado aquel tema, y no comprendía como Harry podía haber dado tan de lleno en la diana. Ya tendría unas palabritas con él la próxima vez que lo viera.

Hola a todos;

Me gustaría agradecer a todos los que leéis mi historia, que os toméis la molestia de hacerlo y, en algunos casos, de dejar vuestros mensajes. Me hace muy feliz que mi historia os guste y os entretenga. También quisiera pediros disculpas, si no contesto los comentarios (me he perdido, no sé los que he contestado y los que no), así que si veis que repito alguna contestación no os molestéis mucho, ¿de acuerdo? No lo hago a posta, simplemente es eso, que me he perdido y quizá mande algún mensaje repetido.

También me gustaría contestar a una chica que me preguntó si habría quinta parte, que le gustaría mucho (no recuerdo quien ahora quien fue, pero espero que se de por aludida). Que haya quinta parte, solo depende de vosotros; tengo pensadas otras dos partes, pero depende de si queréis que siga con el fic o preferís que cambie de historia. Yo siempre lo digo, si escribo este fic es por vosotros, los que lo leéis. Así que si queréis que siga, seguiré.

Bueno, muchísimas gracias a todos por leer y por dejar vuestros comentarios.

Muchos besos y abrazos fuertes a todos de;

Maribel, (Bluemoon)