Traición
Dos días: ese era el tiempo que llevo sola en la celda. La pelea que se formó entre Quinn y Adriana provocó que las detuvieran a las dos en una celda de castigo. Estos días no he salido apenas de la celda, tan sólo para los horarios de las comidas. Mercedes me ha estado insistiendo en ir al patio o hacer alguna actividad, pero, la verdad, es que no tengo ganas de nada. La chica se esfuerza en protegerme y cuidarme y lo más seguro es que fuese por petición de Quinn.
-6521, tienes visita de tu abogada- escuché al guardia decir tras la verja.
-Gracias- me limité a agradecer antes de salir acompañada por la agente Rose.
Seguí el camino que me llevaba de nuevo a la habitación dónde se recibían las visitas. Después de dos días de encierro, tenía ganas de ver alguna cara amable y conocida.
-Tenéis 15 minutos, ya sabes- me informó abriéndome la puerta.
-Entendido agente-.
Y allí se encontraba la fabulosa Santana, tan impecable como siempre, aunque esta vez iba más informal de lo que esperaba ver en ella. Vestía unos vaqueros, una camiseta blanca y su blazer negra, eso sí, sus vertiginosos tacones nunca podían faltar en su vestimenta; incluso cuando tenía que hacer deporte no iba sin sus zapatos de tacón.
-No me mires así Berry, he venido así porque me urgía enseñarte algo- exclamó enfadada.
-¿Ha pasado algo grave?- pregunté preocupada.
La cara que traía Santana sólo podía indicar dos cosas: la primera, que se habían metido con algún ser querido y, la segunda, que se le hubiesen roto sus Louis Vuitton.
-Rachel, siéntate- cerró los ojos y se sentó en la silla.
-Me estás asustando San- dije tomando asiento también -¿Le ha pasado algo a mi familia?-.
-¡No! Tranquila, ellos están bien. De hecho, vendrán el lunes en horario de visitas-.
-¿El Lunes? ¿Por qué tan tarde?-.
-Estuve hablando con los guardias, cuando me fui de aquí el otro día, y me contaron que el horario de visitas de los familiares y amigos son los lunes de cinco a ocho de la tarde-.
-¿Y tú puedes venir cuando quieras?- me extrañé.
-A mí, al ser tu abogada y al estar el caso aún en el aire, me dejan hacerte visitas para ir informándote del procedimiento-.
-Entonces… ¿Ha pasado algo con el caso?- me asusté.
-No he venido por el caso, he venido por algo peor- dijo mientras buscaba en su maletín.
-¿Algo peor que esto? No creo que me pueda pasar algo peor- me recosté en la silla cansada.
-No sé si será apropiado esto que estoy haciendo, pero… Toma- dejó una revista en la mesa.
Me quedé durante unos minutos observando la portada de aquella revista que me había traído Santana; mis ojos se abrieron de par en par y me quedé paralizada, allí, en la silla. Santana se quedó en silencio esperando mi reacción. Ahora entendía a qué se debía su enfado.
-¿No dices nada?- se desesperó.
-¿Qué es esto San? Dime que no es verdad- dije con lágrimas en los ojos.
-Me pediste que lo llamase y me encontré esto ayer en los quioscos. Me parecía justo que lo supieras cuanto antes-.
Con miedo, agarré la revista con mis manos y la acerqué más para leer atentamente. Aquella portada era de una de las revistas más importantes de la prensa del corazón; en ella salía Jesse St. James, mi amigo, mi confidente, mi compañero, mi novio.
Leí atentamente la revista: "Siempre venía con mucha energía al trabajo, ahora entiendo todo"; "Tenía muchos malos hábitos"; "Siempre estaba de mal humor"; "Nunca llegamos a formalizar del todo la relación, había algo en ella que me daba mala espina". Esos eran algunos comentarios de los pocos que pude leer en la primera página. Entre esas líneas, había un montón de fotos del que hasta entonces había sido mi novio.
-¡Será Cabrón!- exclamé al fin con la boca abierta.
-Hablé con él, le dije que estabas muy preocupada y que necesitabas verle-.
-¿Qué te dijo?- ya ni me importaba.
-Qué ya no quería saber nada de ti y que cuanto menos lo relacionasen contigo, mejor-.
-¿Cómo ha podido hacerme esto San?- intenté buscar explicaciones que evidentemente San no me daría.
-Ya te lo advertí cuando lo conociste, nunca me ha gustado ese chico-.
-Debería de haberte escuchado antes- dije derrotada.
-Yo siempre tengo razón Berry, ya lo sabes-.
-¡Que le den! Si no fuera por mí… nunca habría triunfado en Broadway- exclamé cabreada.
-Te dije que te utilizaría, pero…-.
-Ya, ya… Tu siempre tienes razón- volví a decir derrotada.
-¿Estás bien? ¿Quieres que vaya a por él?-.
-No quiero que te metas en problemas, San-.
-Me refería a la vía legal, pero si quieres… voy y le doy su merecido- me sonrió.
-Prefiero no darle más bombo al asunto. Si nos metemos con él, le haremos conseguir más fama y ganar más dinero con las entrevistas-.
-En eso tienes razón, será mejor pasar del tema y olvidarlo- se cruzó de brazos pensativa.
-¿Qué están diciendo de mí en la prensa?-.
No sabía realmente si quería saber la respuesta a esa pregunta que le estaba formulado a Santana, pero la curiosidad era un don, o un defecto en algunos casos, que venía conmigo. Noté cómo Santana bajaba la mirada y cogía aire.
-La mayoría de medios se han ensañado contigo, no te voy a engañar, Rachel. Pero también hay otro pequeño sector que está contigo hasta la muerte, sobre todo tu club de fans-.
-He llegado al fin de mi carrera- dije sin poder creérmelo aún.
-Yo no tiraría todavía la toalla. Cuando salgas de aquí podrías retomar tu trabajo-.
-¡Y quién va a contratar a una actriz ex-presidiaria!- me alteré.
-¡No me grites Rachel!- se alteró también. –Todo sería hablarlo con tu representante, ¿no? Quizás él tenga respuestas o alguna idea, no sé, para eso le pagas-.
-Tienes razón, no quiero adelantar acontecimientos- intenté tranquilizarme respirando profundamente.
-Mañana tengo una reunión con él, ya te contaré algo-.
-Gracias, San, por ocuparte de todo-.
-No lo haría si no fueras mi mejor amiga- me agarró de la mano. -¿Qué tal tu estancia aquí?-.
-Pues un auténtico infierno. Hace unos días intentaron abusar de mí en los baños- cerré los ojos recordando el momento angustioso que había vivido.
-¿Quién?- vi la cara asustada de mi amiga.
-Una tal Adriana, pero Quinn le dio su merecido-.
-¿Quién es Quinn?-.
-Mi compañera de celda- contesté, sin más, a la cara extrañada de Santana.
-¿Se porta bien contigo?-.
-Es muy protectora conmigo. Si no fuese por ella, creo que no seguiría viva- tuve que sonreír porque Santana se quedó mirando mi cara, mostrando algo de sorpresa por mi contestación.
-¿Ha intentado abusar de ti?- me miró fijamente.
-¿Quinn? ¿Abusar de mí? ¡No!- exclamé sorprendida y algo avergonzada por la pregunta. -¿Por qué lo preguntas?- me puse un poco nerviosa.
-Por lo que se ve en las pelis típicas de las cárceles… cuando una chica te protege de esa manera es como si fueses de su propiedad, ya me entiendes- hizo un gesto juntando sus dedos.
-Para nada, yo no soy propiedad de nadie- me puse seria.
-¿Te gusta esa chica?- disparó de repente.
-¿Por qué dices esas cosas? Sabes perfectamente que me gustan los chicos y que, hasta hace unos minutos, tenía novio-.
-Lo digo porque te has puesto muy nerviosa cuando he preguntado por esa chica. Además, con los tiempos que corren no sería tan extraño que te gustasen las chicas, ya sabes lo que dicen de los famosos-.
-Yo siempre he respetado toda forma de amar y cada cual es libre para elegir a quien quiera, pero no creo que sea lo mío-.
-Lo que tú digas Rachel…-.
-Señoritas, se ha acabado el tiempo- dijo Marley al entrar en la habitación.
-Una lástima, me hubiese gustado saber más de tu compañera de celda- dijo burlándose de mí.
-No tiene ni puta gracia, San. Aun así, gracias por venir a verme, siempre es agradable ver a tu mejor amiga- le agradecí abrazándola.
-Vendré siempre que pueda y me permitan, claro. Buena suerte y cuídate Rach- se despidió de mí saliendo por la otra puerta que comunicaba con la habitación.
-Te olvidas esto Rachel- me dijo la agente entregándome la revista que estaba en la mesa.
¿Rachel? ¿Me ha llamado Rachel? ¡Qué extraño! Se nota cuándo una persona es amable y agradable con sólo un simple gesto, el tono de voz empleado… y Marley desprendía dulzura por todos los poros.
-¿Me puedo llevar la revista?- pregunté incrédula.
-No veo por qué no deberías- me sonrió.
-Gracias- cogí la revista y salí acompañada de la agente.
-¿Sabes cuándo van a soltar a la señorita Fabray?– pregunté de camino a mi celda.
-¿Fabray?- preguntó extrañada.
-Sí, la reclusa 6196. Lleva en la celda de castigo dos días-.
-¡¿Quinn está en la celda de castigo?!- exclamó algo sorprendida.
-¿No lo sabías?-.
-He estado librando estos días- volvió a ponerse seria.
Marley me llevó hasta mi celda. Desde que le nombré lo de la celda de castigo, se quedó algo seria y no pronunció palabra alguna. Al final me quedé sin saber cuánto tiempo iba a estar encerrada mi compañera en ese sitio de castigo; las horas sin ella me estaban resultando eternas y aburridas.
Me tumbé en la cama y me puse a leer la revista que me había traído mi amiga Santana, y que la amable de la agente Rose me había dejado quedarme. Me quedé un rato observando las fotos de Jesse y volví a leer la entrevista detalladamente, analizando todas sus contestaciones.
Conocí a Jesse en la obra de Spring Awakening. Élera el coprotagonista ideal: era atento, dulce, respetuoso… Durante el montaje de la obra comencé a salir con él y la prensa se volvió como loca con nosotros, pues que los protagonistas de la obra de moda en Broadway estuvieran juntos en la vida real hizo que la obra recobrara más fama y más interés para el público. Por supuesto, esto fue algo que gustó mucho al director y al productor de la obra.
A mí me encantaba Jesse y él parecía estar bien conmigo… pero después de ver las duras palabras y declaraciones en la revista, y el hecho de que no quiera ni verme, me hace creer que sólo ha estado conmigo para conseguir la fama que él nunca tuvo cuando estaba en solitario.
Leyendo el resto de la revista, encontré una fotografía de mis padres que, al parecer, los periodistas habían realizado en la puerta de mi casa. Me quedé observando la expresión en sus rostros y no pude evitar preocuparme por cómo lo tendrían que estar pasando ellos. Echo mucho de menos a mis padres, en estos momentos los necesito más que nunca. Recorté con mi mano la fotografía de la revista y cogí un poco de cinta adhesiva que tenía Quinn en el escritorio para poder pegarla en la pared, cerca del cabecero de mi cama.
Nunca había visto esa preocupación en mi padre y, mucho menos, ese sufrimiento en la cara de mi madre. No era la mejor fotografía de ellos y tampoco era la manera en la que me gustaría recordarlos, pero por ahora era lo único que tenía y todo gracias a Marley. Estaré muy agradecida con ella; el que me haya dejado traerme la revista a la celda ha sido un gran detalle.
Suspiré hondo y me quedé un buen rato observando la fotografía en la pared. La vida me estaba yendo cuesta abajo, no sólo había perdido mi sueño y mi vida, también había perdido a mi novio y amigo. Ahora sólo me quedaba vivir y hacer todo lo posible por hacerme fuerte, se lo debía a Santana y a mis padres.
-¿Te ocurre algo?- me preguntó Mercedes en el comedor.
-No tengo mucha hambre- dije mirando el plato con mi cena.
-Si no comes vas a caer enferma y Quinn me va a matar si dejo que eso suceda-.
-¿Quinn te ha mandado a protegerme?-.
-Más o menos- dijo intentando ignorarme.
-¿Por qué?-.
-Se puede decir que ella ha hecho muchas cosas por mí y le debo al menos ese favor-.
-Yo no necesito niñera- espeté cabreada.
-¿Estás segura de eso?- me sonrió. –No sé qué les das, pero todas tienen la vista puesta en ti-.
-¿Por qué yo?- me desesperé.
-Aparte de que eres la novedad… El que Quinn te tenga bajo su protección hace que la gente te tenga ganas-.
-Quinn no es muy bienvenida aquí, ¿verdad?-.
-Digamos que, desde que llegó Quinn, las cosas cambiaron y eso a la gente no le gusta. Eso de que haya una chica que imponga tanto respeto, y que no se deje dominar por los grupos de aquí, no ayuda-.
-Pero si ella no hace nada malo y no se mete con nadie…- intenté razonar la respuesta de Mercedes.
-Se han dado cuenta de que atacándote hacen daño a Quinn. Estaban esperando que mostrara una debilidad y contigo la han encontrado-.
-¿Por qué Quinn me eligió a mí como compañera?-.
-Eso ya se lo tendrás que preguntar tú a ella. Yo ya he hablado demasiado y Quinn me va a matar cuando se entere de todo lo que te he dicho-.
-Tranquila no diré nada-.
-Más te vale, no quiero problemas con la rubia y me caes bien-.
-Gracias Mercedes, por todo-.
-Mira, por ahí llega Quinn-.
No dije nada, sólo me quedé observando cómo una desmejorada Quinn caminaba hacía nosotras con la bandeja de comida en la mano. Algo extraño le sucedía, no tenía ese brillo en la mirada que suele tener y tampoco esa sonrisa que tanto me gusta de ella. Al parecer, se ha quedado más delgada y las heridas de la cara, por la pelea con Adriana, están todavía recientes.
-¿Qué tal estás Quinn?- pregunté cuando se sentó a mi lado en el comedor.
