Todos los personajes pertenece Rowling. La trama es de mi autoría.

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Seis.

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N/A: La vida de universitaria becada es difícil, pero sin importar que tanto lo sea, no voy a abandonar esta historia. Téngame un poquito de paciencia, que todo irá muy bien. ¡Let's read!

Lore, bonita, ¡gracias por tu review! Claro que no les olvido, siempre estoy trabajando en nuevas ideas para ustedes :3

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La mañana en el Gran Comedor de Hogwarts se iba avanzando con la tranquilidad del desayuno de siempre. Todos los alumnos y profesores tomaban sus alimentos con calma antes de iniciar sus tareas y clases del día.

Aunque en realidad, no todos lo hacían. Y dos chicos se habían dado cuenta de ello.

En la mesa de los Gryffindor, Harry Potter alternaba entre juguetear con una tostada y mirar la puerta de la entrada. Ron, sentado frente a él y comiendo panecillos de calabaza, ya había notado que a su mejor amigo le pasaba algo raro.

-¿Te sientes bien Harry?—le preguntó, sacando al aludido de sus pensamientos.

-¿Eh? Sí, todo está muy bien Ron.

Pero no lo parecía. Y Ron no le creyó en absoluto. Sin embargo, después de seis años de larga amistad, el pelirrojo sabía que no debía presionar a su amigo por información. Era mejor esperar a que Harry lo soltara todo.

-Hola chicos—saludó una voz detrás de Ron. Era Neville Longbottom. — ¿Han visto a Luna? Prometió que me daría un frasco ambientado para meter a Trevor. Dijo que sería tan cómodo que Trevor no querría escapar más. La cosa es que acabo de romper el último frasco que traje y necesito uno que-

-No, no la hemos visto. ¿Has visto tú a Hermione?—interrumpió bruscamente Harry.

Los otros dos Gryffindor se le quedaron mirando, perplejos. No podían creer que un chico tan bueno y amable como Harry hubiera respondido de ese modo.

-B-bueno… la verdad es que n-no…-tartamudeó en un susurro Neville.

Harry desechó su respuesta con un gesto de la cabeza y entre los tres, quedó flotando una tensión extraña. Ron no sabía que le pasaba a Harry, que se estaba comportando cada vez más extraño, pero prefirió dedicarse a romper el pesado ambiente.

-¿Y dónde tienes a Trevor ahora? Espero que no en tu cajón de calzoncillos—le dijo a Neville.

El muchacho sonrió ligeramente y abrió la boca para contestar, pero Harry desconectó de la conversación e iba a dirigir su mirada de nuevo a la puerta cuando sus ojos se trabaron con otros.

Desde la mesa de Hufflepuff, Cedric Diggory le observaba con calma.

Se quedaron así, mirándose sin emoción por algunos segundos. Harry no podía pensar en una razón por la cual Cedric se le quedara mirando. No estaban nada relacionados, a menos que Cedric pensara en lo que pasó en el cementerio entre ellos…

De pronto, Cedric entrecerró los ojos y a la mente de Harry llegó la certeza de que no tenía nada que ver con lo ocurrido la noche de poco más de un año atrás. Era otra cosa.

¿Y si Hermione le había contado a Cedric la manera en que la había tratado la noche anterior?

Pena e indignación subieron por su cuerpo. ¿Por qué Hermione le contaría algo así a un chico como Diggory? No era de su asunto. Pero, ¿quién podría culparla si lo había hecho? Harry había actuado como bestia, cerrándose a lo que fuera que Hermione le quisiera contar. ¿Desde cuándo él era tan bruto y grosero? Justo después de decirle lo que le dijo y dejarla hablando sola en la sala común, se había arrepentido y quería volver, pero la vergüenza por comportarse de un modo tan infantil no lo permitió.

Llevaba dándole mil vueltas al asunto y su única conclusión, era que se había puesto enojado y celoso. Hermione quería decirle que se apartara de Cho en consideración con Cedric, eso era seguro. ¿Por qué Hermione quería actuar en favor de alguien que apenas conocía en lugar de él, que era su mejor amigo desde hacía tanto tiempo ya? Ni siquiera se llevaban tan bien. Cedric le había gritado cosas muy feas y sabía que Hermione estaba realmente lastimada por ello. No era que Cho importara tanto, después del incidente en el salón de té de Madame Pudipié y la traición de su amiga al Ejército de Dumbledore, sabía que nada serio podía surgir ahí… ¡Pero de todas maneras! ¡Hermione era su mejor amiga y debía procurarlo a él, no al tonto guapo de Cedric Diggory!

Horas más tarde, Harry se había levantado con toda intención de disculparse con Hermione y escuchar lo que ella quisiera decir. Al final de cuentas, siempre podría decirle algo como 'Gracias Hermione, pero creo que puedo manejar esto muy bien…' o alguna cosa por el estilo. No tenía que ser tan malo y responderle groseramente.

Claro que el plan se había ido a pique cuando Hermione no pareció querer aparecer en el desayuno. ¿Estaría enferma? ¿Muy enojada?

De pronto, Harry se dio cuenta de que si su amiga le había contado a Diggory lo que había pasado, tuvo que ser ese día. La noche anterior todo había ocurrido después del toque de queda, y Hermione era muy buena como para arriesgarse a salir. Si todo era como suponía, Cedric ya había visto a Hermione esa mañana.

Hizo amago de levantarse para preguntarle por ella cuando Cedric se giró con brusquedad en su asiento y volvió a sus trozos de fruta.

Bueno, si eso no era una negativa a acercarse, entonces Harry no sabía lo que era.

Suspiró y se resignó a guardar en una servilleta algunos panecillos de chocolate para que su mejor amiga no tuviera el estómago vacío en clases.

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Cedric había notado el interés de Potter, y también que Hermione no estaba en el desayuno. No se alteró porque pensó que podría estar en la biblioteca. Todos cuantos habían escuchado de Hermione Granger, sabían que la biblioteca era su verdadero hogar y que si pudiera, pondría una de esas casas de acampar muggles en ella para vivir feliz.

Lo que le inquietaba, era que Draco Malfoy tampoco estaba en el desayuno. Pansy Parkinson llevaba lamentándose por ello desde que llegó. Supuso que extrañaba cumplir los caprichos de su pequeño bebé Slytherin.

Que chica tan patética.

Al desviar si mirada, se encontró con la de una Ravenclaw de largo cabello negro y facciones orientales. Cho Chang le sonreía como un gato que se ha comido al ratón y a su lado su mejor amiga, Marietta Edgecombe los miraba a ambos mientras soltaba lo que Cedric estaba seguro de que eran risitas tontas. Marietta estaba algo cambiada. Parecía que la etapa de la adolescencia no le había tratado muy bien, nada bien. Y menos a su rostro.

Cho lo seguía mirando muy sonriente y cuando ella le guiñó un ojo, un escalofrío recorrió la espalda de Cedric y un mal presentimiento lo golpeó. No le gustó nada sentir eso y se levantó repentinamente de la mesa para marcharse a clases. Con suerte, podría ver a Hermione y sus comentarios histéricos sobre los horribles libros de texto de Hogwarts lo harían distraerse.

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Mientras todo eso ocurría, Hermione se encontraba en el despacho de Dumbledore. Cuando bajaba a desayunar, Lavender apareció diciéndole que la profesora McGonagall le había dicho que Dumbledore quería verla.

Y ahí estaba, pero Dumbledore no.

Se preguntó que podría querer. Ni ella ni Harry ni Ron se habían metido en algún problema… aún. Y el verano en el ministerio había quedado bastante atrás.

No pudo seguir cavilando porque justo en ese instante al fin entró quien la había mandado llamar… pero no iba solo.

Draco Malfoy y su gesto de estar oliendo algo muy desagradable lo acompañaban. Aunque ese gesto cambió por sorpresa y luego por uno más malhumorado cuando la vio a ella.

Bueno, tampoco estaba contenta de que le arruinaran el día tan temprano.

-Muy buenos días, señorita Granger.

-Hola…-susurró ella, sin quitarle la mirada de encima a Draco.

-Ah sí. Veo que notó a mi otro invitado. Señor Malfoy, puede sentarse junto a la señorita Granger.

Estaba claro que él no encontraba agradable la idea, pero no se atrevió a reclamarle nada al director del colegio e hizo lo que le indicaban.

Dumbledore también tomó asiento detrás de su gran escritorio y los observó por un momento antes de hablar.

-Antes que nada, perdonen que haya requerido su presencia tan temprano, pero creo que es positivo que arreglemos todo este asunto cuanto antes.

Sería una mentira decir que Hermione no sabía a lo que se refería.

-Entiendo que siempre ha habido conflictos entre ustedes dos. Peleas y más peleas desde su primer año.

-No es que haya sido mi culpa—dijo Hermione sin contenerse. El gesto de Draco se hizo más hosco al escucharla.

-Lo sé, señorita Granger, no es mi intención culpar a nadie. Las cosas que han pasado debemos dejarlas en el pasado. El problema de esta vez parece ser que no pueden trabajar juntos en clase. Todos tenemos conocimiento y estamos orgullosos de la mente privilegiada que posee Hermione, pero el señor Draco no se queda atrás y como buen Slytherin, la inteligencia y astucia son su fuerte.

Hermione más bien pensaba que su fuerte—y del 99.9% de los pertenecientes a la casa verde—eran la crueldad y la maldad, pero en su lugar dijo:

-Eso quiere decir que, si Malfoy es tan listo, no me necesita. No necesita que yo esté detrás de él acarreándolo y yo no necesito perder mi tiempo.

Draco la miró, levantando una ceja y con una sonrisa cruel en los labios.

-¿Perder tu tiempo conmigo? Pero si sola lo haces muy bien. Te la pasas todo el día jugueteando con San Potter y la comadreja por todo el castillo. Estaría sorprendido si después de seis años hay algún sitio en el que no hayan hecho destrozos.

-Graciosísimo Malfoy. ¿Por qué no mejor vas a contarle tus chistes a quien le importe? Como a Parkinson, por ejemplo. Ella seguro se reiría las mil veces que le contaras el chiste muggle del perrito resistol.

-¿De qué demonios estás hablando Granger? Los magos decentes como yo no tenemos relación con esas porquerías muggles que a ti te han de parecer tan conocidas.

-¿Tú me vas a hablar de porquerías, Malfoy? ¿No te has visto en un espejo o qué?

-¿Porquería yo? Tus ojos tienen suerte de ver una belleza como la mía, Granger, algo que nunca tendrás oportunidad de poseer y menos con tu cara de-

-¡Es suficiente jóvenes!—los interrumpió Dumbledore apenas alzando el tono—No los cité para un enfrentamiento verbal.

Hermione tenía sus dudas sobre eso, a veces pensaba que a Dumbledore le entretenían en sobremanera.

-¿Entonces qué es lo que quiere?—gruñó Malfoy—Por su culpa no he desayunado nada y ahora me obligará a ir a clases con el estómago vacío. No tengo todo el día.

-Es obvio que quiero arreglar el conflicto.

-¿Pero qué necesita arreglar?—habló Hermione esta vez—No nos soportamos, nunca lo hemos hecho y las cosas no van a cambiar ahora. Usted nunca intervino, no entiendo este repentino cambio.

Dumbledore la miró intensamente por unos segundos y luego ignoró su pregunta

-Admito que fue un error ponerlos a trabajar juntos sin avisar nada y sé que está hambriento, señor Malfoy, así que mientras más pronto solucionemos esto, más pronto nos iremos a tomar el desayuno. Por mi parte, pensé en esto; Hermione seguirá tomando todas sus clases con Cedric Diggory y también las tutorías designadas, pero una vez a la semana se reunirá con Draco para repasar lo de la semana.

-¡Yo no necesito tutorías!—gritó Malfoy, poniéndose de pie, perdiendo el control.

Dumbledore no pareció impresionado.

-Lo hará.

-¿Qué no fue usted el que dijo que era muy listo y todas esas cosas?—intervino Hermione-¿Por qué quiere que hagamos esto?

-Draco Malfoy estará bajo mucha presión este año. Actividades… extracurriculares le han sido impuestas y no queremos que descuide sus estudios, ¿verdad? Simplemente me aseguro de que aproveche su sexto curso en Hogwarts.

La habitación se quedó en un pesado silencio. Un silencio que Hermione no comprendía. Y menos al girarse y ver el rostro de Malfoy; estaba más pálido que de costumbre, con los ojos grises muy abiertos con algo parecido al… ¿horror? ¿temor?

Parecía como si se estuviera perdiendo de algo importante. Muy importante.

Finalmente el usual Draco volvió; aventó la silla al otro lado de la habitación y gruñó un muy furioso 'haga lo que quiera' para marcharse azotando la puerta.

-Creo que eso no le salió muy bien—dijo Hermione al director.

-No esperaba que fuera de otra manera, pero no importa, Draco asistirá a esas reuniones y te pido, Hermione, que lo ayudes en todo lo posible.

No sabía porque, pero Hermione sentía que no se estaba refiriendo sólo a los estudios.

-De acuerdo… ¿Puedo marcharme ya?

-Sí, claro. De todos modos las clases iniciarán en… cerca de dos minutos.

Hermione se puso de pie y se marchó de la habitación mientras suspiraba por los alimentos perdidos.

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-Está bien jóvenes, todos a sus asientos ahora—dijo McGonagall, entrando al salón de clases. Harry llevaba ya un rato ahí, como casi todos.

Todos menos Hermione.

Estaba esperándola, pero el único en su escritorio era Cedric.

McGonagall cerró la puerta con su varita, sobresaltando tanto a Harry como a Cedric que habían estado mirando por si Hermione entraba.

La preocupación de Harry creció bastante más. Hermione nunca faltaba a clases y debió pasar algo serio para que ella no estuviera ahí.

-Hoy vamos a seguir con los hechizos de transformación de la página 187 y…-unos golpes en la puerta la interrumpieron. Todos se giraron para ver que, para el alivio de Harry, Hermione Granger se asomaba.

-¿Puedo pasar?

-Ah, señorita Granger. Si, adelante.

Hermione no lo pensó dos veces y entró prácticamente trotando hasta su asiento, sin mirar a nadie más.

-Vaya, ahora existen los privilegiados que pueden entrar a la hora que quieran—se escuchó la voz de Pansy Parkinson en la parte trasera del salón.

McGonagall giró la cabeza de inmediato a la chica Slytherin con enojo en la mirada.

-Si no va a decir algo inteligente, le sugiero que mantenga esa boca cerrada Parkinson.

Pansy no dijo nada más, simplemente torció el gesto y McGonagall simplemente volvió a dar la clase.

Esta vez, Harry no puso nada de atención. Miró a Hermione, que estaba acomodando sus cosas para tomar la clase, como siempre. Diggory desvió la vista de sus apuntes y miró a su mejor amiga por un largo rato. De pronto, mirarla perdió todo el interés y se acercó a Hermione (mucho para el gusto de Harry) y le susurró algo. La chica lo miró e hizo una expresión dudosa. Luego, ambos miraron abajo, entre los dos y Hermione levantó la mano con un panecillo de vainilla. La duda se volvió agradecimiento.

¡Maldita sea!

Harry lo había planeado todo y ahora Diggory tomaba la delantera.

En cuanto McGonagall se dio la vuelta para explicar algo en la pizarra, Harry arrancó un trozo de pergamino y se apresuró a escribir una nota para ponerla en un panecillo. Después, con un conjuro simple que la misma Hermione le había enseñado, hizo desaparecer los elementos de su mesa y aparecerse en la de ella.

Harry rogó porque ella no estuviera tan enojada.

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Hermione engulló el último trozo de panecillo que Cedric le había brindado con mucho gusto y entonces aparecieron otros dos frente a ella.

Lo primero que hizo fue mirar a Cedric, pero él estaba mirando los nuevos panecillos con una ceja alzada.

-¿No son de tu parte?—articuló ella, temerosa de que McGonagall pudiera escucharla.

-Para nada—respondió Cedric del mismo modo que ella—El que yo te di era de vainilla. Creo que eres más una chica de vainilla que una de chocolate.

Hermione hizo un gesto. La verdad es que ambos le gustaban por igual. Con un movimiento de la mano, Cedric llamó su atención.

-Creo que hay algo en uno de los panecillos.

Ella tomó el que tenía algo sobresaliendo del borde. Un pedazo de pergamino.

Estaba muy preocupado por ti Hermione.

¿Estás bien? ¿Qué ocurrió?

Quería hablar contigo temprano, pero no funcionó.

Come estos panecillos, seguro no desayunaste nada.

¿Hablamos más tarde? Por favor.

Harry.

P.S: La idea del desayuno en clases fue mía antes que de Diggory.

Hermione no pudo evitar soltar una risita cuando leyó la última línea. Eso era tan poco Harry… generalmente Ron era el que reclamaba ser el primero.

Cedric la miraba interrogante y ella negó con la cabeza antes de girarse al asiento de su mejor amigo. Él la miraba ansioso por una respuesta.

-Todo está bien Harry. Muchas gracias.

Harry le respondió con una amplia sonrisa.

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-Así que… fue Harry quien te mandó los panecillos—dijo Cedric mientras recogían sus cosas para dirigirse a la siguiente clase.

-Sí. Lo mismo que tú, se preocupó por mi estómago vacío.

-Ah… genial.

Cedric se escuchaba medio disperso, pero eso empezaba a hacerse usual para Hermione.

-¿Todo bien, Cedric?

-¿Estabas con Draco Malfoy?

Hermione se detuvo de golpe y miró a Cedric que estaba muy serio.

-¿Qué?—preguntó ella.

-Lo que escuchaste Hermione. Tú no estabas por la mañana en el Gran Comedor, y Malfoy tampoco…

-¿Y eso te hizo suponer que yo estaba con el hurón?

Cedric lucía un poco avergonzado de pronto. Como si no supiera que decir.

-Acertaste, en realidad. Aunque no del todo—continuó Hermione. Cedric la miró fijamente, la mirada perdida se había ido—Estábamos con Dumbledore, nos mandó llamar.

-¿En serio? No me digas que es por lo que pasó entre todos nosotros. Las tutorías y eso.

-Fue por eso. Pero tranquilo, no hubo regaños, solo lo usual; Draco con mala cara, Dumbledore intentando conciliar todo y yo queriendo irme lo más pronto posible.

-¿Qué dijo Dumbledore?

-Estoy segura de que quería que aceptara estar con Malfoy todo el tiempo como contigo, pero sabía que no aceptaría, así que simplemente tendré una tutoría a la semana con él.

-¿Él estará con nosotros?—preguntó Cedric con enojo.

-No, claro que no tonto—se rió Hermione—Será un día en el que nosotros no nos juntemos.

-Hmm…-fue la respuesta del chico. No se veía muy complacido. —No creo que…

-Hermione—llamó alguien detrás de Cedric. Ambos chicos se giraron para mirar a Harry.-¿Vamos a clase?

-Si, seguro. Te veo en un momento Cedric—se despidió la chica mientras iba junto a su mejor amigo.

Los dos Gryffindor caminaron con calma a su siguiente salón asignado.

-¿Y Ron?—dijo ella.

-Lo mandé para allá antes con todos los chicos. Necesitaba hablar contigo en privado.

-Y aquí estamos, ¿qué quieres decirme?

El silencio se prolongó por unos instantes.

-Hermione, ¿no estás enojada conmigo? ¿Ni un poco?

-No realmente. Pero ahora que lo mencionas, también quiero hablar contigo.

-No, espera, yo primero—dijo Harry. Se detuvo y le puso las manos en los hombros. —Hermione, siento mucho haber sido tan patán contigo ayer por la noche. Yo… no entiendo lo que me pasó. Bueno, más o menos. Sé que es una estupidez, pero creo… creo que me puse algo celoso. Soy tu mejor amigo y seguro querías decirme algo de dejar ser feliz a Cedric con Cho porque es tu nuevo amigo y todo eso, pero… y-yo creo que fui tu amigo primero y no me quieres defender y-

-Basta Harry—dijo Hermione poniéndole los dedos en los labios. Él se quiso escapar de ellos pero la chica se puso firme. —No, déjame hablar a mí. Estás muy alejado de la realidad. Cedric es… bueno, realmente no sé qué es, pero no creo que 'amigo' sea el término correcto. Compañeros de estudio, quizá. No estoy preocupado por él, estoy preocupada por ti Harry. Eres mi mejor amigo, ¿crees que eso se olvida en dos segundos? Para nada. Te lo habría dicho todo si no te hubieras puesto como loco al instante.

Harry pareció avergonzado.

-Lo sé… perdona.

-No pasa nada. Ahora, ¿me dejarás decirte lo de ayer?

-Seguro.

-Harry, no estoy segura de lo que esté pasando entre tú y Cho, pero ayer ella y Cedric se vieron y… no sé, las cosas entre ellos lucían bastante sospechosas—no le iba a decir todo completo—Quizá quieren retomar lo suyo Harry. Y yo no quiero que mi mejor amigo salga lastimado de todo esto.

-Pero Cho me dijo que ella y Cedric ya no tenían nada que ver, que la odiaba. Quizá es él quien intenta recuperar…

-No, Harry. No creo que sea así. No es propio de mí conspirar contra la gente aunque esta no me caiga del todo bien, pero creo que tienes que hacerme caso Harry.

-Te diré qué; voy a pensar todo esto y a buscar respuestas de lo que no sabemos, ¿de acuerdo? Pronto entenderemos el asunto a la perfección.

Ella le entrecerró los ojos.

-¿Por qué siento que solo quieres tranquilizarme, Harry James Potter?—él se rió.

-Porque tú siempre buscas respuestas concretas, pero no esta vez, señorita Granger—ella no pudo evitar reírse con él.

-De acuerdo. Solo… Se cauteloso, ¿de acuerdo? Prométeselo a tu mejor amiga.

-Lo prometo por nuestra amistad.

-Genial. Ahora, ¡rápido que nos perderemos la clase!

Comenzaron a correr al aula asignada, riéndose como locos. Justo como su amistad.

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A la hora de la comida, Hermione estaba sentada junto a Harry y frente a Ronald en la mesa de Gryffindor. Los tres parecían muy alegres.

Cedric, como ya era usual, estaba sentado en la mesa de su casa comiendo sin poner mucha atención a nada. A nada más que a los Gryffindor.

Hermione había estado muy tranquila y muy centrada en las clases. No hubo comentarios listillos ni histeria cada vez que él hacía mal un encantamiento o hechizo a propósito.

¿Estaría enfadada con él por algún motivo?

No se le ocurría ninguno, pero desde hace mucho tiempo, había aprendido que las mujeres sacaban buenos argumentos de la nada. Iba a tener una buena plática con ella en las siguientes clases.

Sin nada más que hacer por ahí, se arrastró lejos de la mesa y del Gran Comedor, decidiendo dar un paseo por los pasillos hasta que tuviera que volver a encerrarse en un salón de clases.

-…llamar sólo por eso? No se Draco. Suena muy raro.

Cedric se detuvo abruptamente. ¿Draco Malfoy en el pasillo siguiente?

-Ya sé que suena muy raro Nott—gruñó el aludido.-¿Tú qué crees que pensé cuando dijo que iba a tener 'actividades extracurriculares impuestas'? ¡Creí que lo sabía todo!

-Imposible. Él es a prueba de errores, lo sabemos. No hay forma de que el metiche de Dumbledore sepa de esto. De tus nuevas tareas.

-Cállate, en este castillo las paredes escuchan.

-Lo que sea. ¿Qué vas a hacer ahora con tu nova Granger a rastras?

-Ella no tiene la suerte de ser mi novia, no digas estupideces.

-Lo voy a seguir diciendo y muchas más veces frente a Pansy. Como detesta que lo diga.

Ambos comenzaron a reírse como los idiotas que Cedric creía que eran.

-No voy a hacer nada. Se lo comentaré y él me dirá que debo hacer con esa sangre sucia inmunda—a Cedric se le erizó la piel al escuchar ese comentario—De cualquier modo, lo único bueno en ella es que me odia casi tanto como yo a ella, así que creo que va a mantenerse apartada de mis asuntos. Si sabe lo que le conviene.

Más risitas.

-¿Qué pasa si no? ¿La mantendrás ocupada? Yo podría ayudarte. Un poco de seducción y…

-¡Ewh! ¡Qué asco Theodore! El simple hecho de pensar en relacionarme con alguien tan repulsivo como ella…

-Bueno, no pienso beber su sangre impura.

-Aun así. Es desagradable que siquiera pienses en ello.

-A mí me parece que detrás de esa carita de mosca muerta puede haber mucha acción. Quizá solo necesita que oprimamos los botones adecuados y-

Nott se interrumpió bruscamente.

-¿Qué fue eso?—inquirió Malfoy en una voz alterada.

-Un ruido por este lado.

De inmediato, Cedric escuchó pasos que se acercaban a él. Fue como si despertara de un letargo y se dio cuenta de que justamente él había hecho un ruido cuando escuchó la manera tan vulgar en la que se estaban refiriendo a Hermione.

El pánico comenzó a hacerse presente en el Hufflepuff. Estaba en un pasillo largo y sin escapatoria posible. No temía a un enfrentamiento, porque era seguro que lo habría después de escuchar su conversación, pero de todos modos…

Las sombras se comenzaron a hacer visibles del otro lado del pasillo. A Cedric se le acababa el tiempo para pensar. Resignado al enfrentamiento, puso la mano en su varita, listo para defenderse, justo cuando un zapato negro y lustroso aparecía en la esquina…

¡Hola! Al fiiiiiiiiin pude terminar esto, ¡yay! Me da mucho gusto estar aquí de vuelta, con ustedes. Que capítulo tan raro, ¿no?

La verdad no quiero demorarlas mucho y creo que ni contesté reviews esta vez ): Perdónenme mucho, les juro que la siguiente vez lo haré y así, quiéranme mucho :3 De todos modos, muchas gracias a:

-Salesia

-KrazyMore

-Sardes333

-PrincesLynx

-Alessandra.12

-Smithback

-HelenaGreySaavedra

-lore

-Click-Clack

-elegv

-DanielaIztu

-tulsa

¡Pasamos los 45 reviews! ¡Gracias, ustedes son lo máximo y les adoro! Les juro por el Osito Bimbo que no recuerdo si respondí alguno o no, pero ahorita los leí de nuevo y los amé, en serio.

Sin demorar más este capítulo, espero que les guste. ¡Un beso enorme para todas (y si hay todos también)!