Disclaimer: Saint Seiya no nos pertenece, todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.
Aclaración: Narrativa en tercera persona.
Sueños Deseados
Capítulo 6: Realidad
Esa interrogante, no era la que él esperaba escuchar de la boca de quien era su esposa. Retrocedió con nervio, la sorpresa en su mirada no se hacía extrañar.
— ¿Qué…? —fue lo único que pudo articular en ese momento.
Saori, quien aún parecía extrañada, se acerca a él y lo toma del rostro, preocupada por su reacción.
— Cariño, ¿qué te pasa? —le pregunta—. Estás actuando un poco extraño…
Seiya se suelta de las manos de Saori y la toma por los hombros, exasperado— Eso es lo que debería decir yo Saori, ¿qué te pasa? ¿Cómo puedes olvidar que tienes un hijo?
— ¿Un hijo? —le preguntó extrañada. Seiya asintió seriamente.
La joven dama lo miró algunos instantes, parpadeantemente. El muchacho pensó que al fin entendió lo que pasaba, pero…
Saori no pudo evitar soltar una leve risilla, lo que destanteó al joven caballero.
— Cariño, sé que tenemos planeado formar una familia, y créeme que no deseo otra cosa más que tener un hijo contigo… —comenzó ella—, pero apenas y llevamos un solo día de casados… No puedo tener un bebé de la noche a la mañana…
Ese argumento golpeó fuertemente a Seiya. ¿Cómo que 1 día de casados? ¡Si llevaban casi un año de casados! ¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Qué ocurrió? Se tomó la cabeza con su mano y se alejó de Saori otro tanto, no entendía bien qué pasó… Todo parecía una pesadilla, un sueño…
Un sueño…
Un… sue…ño…
El pegaso abrió los ojos enormemente y se quedó callado durante un largo lapso de tiempo.
— ¿Seiya…? —llamó Saori, viendo con consternación cómo es que el joven se quedaba petrificado. Esta vez fue ella quién lo toma de los hombros y lo mira fijamente tratndo de ponerle pies y cabeza a aquella extraña situación—. Seiya, no sé qué está pasando, pero esta no es exactamente la mañana que esperaba tener contigo como nuestro primer día de casados —lanzó Saori, comenzandose a sentir irritada por la cara de desconcierto de Seiya.
— P-Primer dia de casados… —murmuró Seiya atando cabos de la sospecha que se acababa de anidar en su mente.
Ella asintió— Si, eso dije Seiya, esperaba ver a mi esposo amanecer a mi lado pero cuando despierto lo único que encuentro es mi habitación vacía.
— ¿Tú habitación? P-Pero yo he despertado en mi habitación y esperaba verte ahí junto a mi, con nuestro hijo pero…
Saori soltó inmediatamente a Seiya al escuchar sus palabras.
¿Cómo que Seiya había despertado en su habitación?
¿Cómo que esperaba verla a ella y a su hijo? Nada de eso tenía sentido… Sin embargo, Saori escudriñó los confundidos ojos chocolate de Seiya, mismos que no le mentían; tal como ella, el joven no tenía la menor idea de lo que ocurria.
¿Qué había pasado? ¿Por qué todo estaba tan fuera de lugar…? Esas y mil preguntas más se creaban en la cabeza de Saori mientras seguía observando al confundido pegaso.
De pronto, al pie de las escaleras, Hyoga, Shiryu y Shun aparecen frotando sus ojos debido al evidente sueño que aún tenían. Los tres chicos suben unos cuantos escalones antes de detenerse frente a sus amigos.
— ¿Y a ustedes qué les pasa? —lanzó Hyoga bostezando—. Su plática se oye por toda la casa —les dijo, frotándose uno de sus azulados ojos. Después, fijó su mirada en los dos jóvenes protagonistas del alboroto, y se dio cuenta de que las expresiones de Seiya y Saori no eran las de siempre—. ¡Vaya caras que se cargan! Parece como si ambos hubiesen tenido una pesadilla —expresó Hyoga burlonamente.
— Te recomendaría que no hablaras, ya que mejor cara no cargas Hyoga —intervino Shun, evidentemente buscando apoyar a Seiya y a Saori, quienes aún no salían de su impresión.
— Creo que todos estamos igual —expresó Shiryu—, anoche nos fuimos a la cama algo tarde…
Anoche, tarde… todos. Esas palabras resonaban en las cabezas de los dos jóvenes que evidentemente no tenían planeado responderle a sus compañeros que se habían visto interrumpidos de su descanso.
En ese preciso momento todo comenzó a regresar a ellos, la celebración que le habían realizado a Miho por su cumpleaños, claro que todo siendo idea de Seiya y Saori, pues evidentemente la joven del orfanato se había rehusado tremendamente a que hicieran tal. No quería molestarlos.
A final de cuentas terminó perdiendo con las insistencias de Seiya y Saori, dos contra uno era una lucha sin mucho sentido.
Todo se había llevado a cabo en el orfanato. La celebración concluyó alrededor de la 1 de la madrugada, por lo que ya era realmente tarde y nada más llegaron a la mansión todos se fueron directamente a la cama, incluida Saori.
— Es cierto… Ahora recuerdo… —dijo para sí Seiya.
— Ayer* fue el cumpleaños de Miho… —pensó Saori.
—… y nos la pasamos todo el día con ella en el orfanato —comenzó Seiya a recapitular.
Saori comenzó a cubrir su boca— Llegó un momento en que Seiya y yo comenzamos a atender a los pequeños…
— Yo me la pasé jugando con los niños y ella atendiendo a uno de los bebes que recién habían llegado al lugar… —recordó.
Sus ojos finalmente se abrieron de par en par; ahora todo tenía sentido. Todo se veía más claro ahora…
Seiya posó sus manos sobre su cabeza— Me fascinó la simple imagen tan maternal que ella desprendía, que seguramente mi subconsciente creo toda esa historia fantasiosa dentro de mi cabeza…
— Me pareció tan paternal la forma en la que él los trataba… Que no pude evitar pensar que sería un excelente esposo y padre si se diera la oportunidad —empezó a analizar Saori—. Y egoístamente creé una historia dentro de mi cabeza… en la cual ambos… éramos los… protagonistas… —pensó para sí, sonrojándose al máximo, intentando cubrir sus rojas mejillas con sus manos.
— A decir verdad, más que una historia fantasiosa en mi cabeza…—pensó Seiya comprendiendo por completo la situación—, eso fue…
—… un sueño —concluyó Saori con los ojos muy abiertos y totalmente sonrojada.
Ambos jóvenes cayeron en cuenta de lo que sucedía al mismo tiempo y el peso de la realidad cayó en sus hombros, burlandose de sus anhelos.
— ¿Saori? ¿Te encuentras bien? ¿Sucede algo? —preguntó Shun preocupado al ver la expresión de asombro de la jóven.
— ¡Hey Seiya! ¿Qué te pasa? ¡Estas todo rojo! —exclamó Hyoga mirando extrañado a su amigo.
Ni Seiya ni Saori contestaron ante las insistentes preguntas de sus compañeros, en cambio sus miradas se buscaron con sigilo descubriendo al momento de encontrarse que ambos estaban más que sonrojados. En ese momento los dos estaban en igualdad de condiciones ya que su mente los había llevado por el camino que ansíaban en secreto, por sueños que siempre habían deseado.
— S-Saori… yo... —comenzó Seiya sin saber qué decir, aunque no tenía mucho caso porque ambos se habían contado sin querer lo acontecido en sus sueños. ¿Qué explicación podía darle ante ese sueño imposible? ¿Cómo iba a decirle que al verla cargar a ese bebé se le había venido a la mente lo hermosa que se vería teniendo un hijo?
¡Y de él para variar!
Saori se tapó la boca con una mano, incapaz de pronunciar palabra alguna. No había nada más que decirle a Seiya, nada que justificara el alboroto que habían armado cada uno por razones muy parecidas. Se moría de la vergüenza… ¿Cómo se le había ocurrido la brillante idea de llamarlo "cariño"?
En ese momento se arrepentía firmemente de haber siquiera mencionado su imaginario y falso pirmer día de casados. No soportaba la mirada de Seiya, no podía mirarlo ni un minuto más, así que incapaz de sostenerle más tiempo la mirada al castaño, salió corriendo en dirección a su alcoba.
— ¿Qué está sucediendo aquí? —cuestionó Shiryu a Seiya al ver cómo la jóven de cabello morado salía de ahí.
— N-No lo sé… —balbuceó el castaño mirando un tanto ido a sus colegas y volvió a llevarse la mano a la cabeza—. No lo sé —diciendo aquello Seiya imitó a Saori y salió corriendo del lugar.
— ¿Pero que…? —Hyoga siguió con la mirada a Seiya hasta que lo perdió de vista, segundos después un portazo les indicó que el caballero de pegaso se encontraba en su cuarto y que seguramente no quería vistas, al igual que la atormentada Saori.
¡Soy un estúpido, un idiota, un egoísta! ¿Cómo pude siquiera tener el valor de darme la oportunidad de pensar algo así y de decirle a Saori sobre lo que soñé? –¡Debí darme cuenta de todo cuando me desperté…!
El caballero de pegaso se daba leves golpes en la cabeza en forma de reprimenda mientras se dejaba caer en su cama. Posó su brazo sobre sus ojos y dejó que la obscuridad que su vista ahora percibía lo envolviera de nueva cuenta.
Pero es que fue tan real…
Maldición… Saori…
El tan sólo pensar en ella hacía que su corazón latiese con creces y que su cabeza le dejara recordar aquello que su sueño le permitió vivir por un mero instante.
Como añoraba que aquello pudiera ser posible… Realmente deseaba poder vivirlo…
Pero sabía que eso era imposible por varias razones; la más importante de todas es que ella era Athena, una diosa, y para variar: virgen. Si ya el amar a una deidad más allá de eso estaba prohibido y era considerado un crimen, el desear a una entidad divina tan pura como ella era un delito mucho mayor…
Sabía que no era correcto, estaba consciente de que estaba mal, pero…
— No puedo evitarlo… La amo… —susurra para sí, permitiendo que varias lágrimas salgan de sus ojos—. Perdóname… Saori…
El día pasó realmente lento para Seiya y Saori, ambos evitaron toparse el uno con el otro durante toda la tarde, incluso la heredera Kido decidió que esa noche ella cenaría en su alcoba, dando la excusa de que tenía muchos asuntos de negocios que atender. Naturalmente Seiya no objetó nada, como siempre solía hacerlo, y eso aumentó la incertidumbre de sus amigos.
Concluyendo su cena, que a decir verdad casi ni lo tocó, Seiya se levantó con la única intensión de irse a su cuarto, realmente el evitar a Saori todo el día lo cansó. Pero parecía ser que sus amigos tenían en mente otra cosa, pues uno de ellos detuvo a Seiya al tomarlo del brazo.
— Espera Seiya.
Seiya, confundido, voltea a ver a su amigo, casi hermano, de melena negra— ¿Qué sucede Shiryu? —preguntó el pegaso alado.
— Eso es lo que nosotros queremos saber —le dijo él, soltándolo finalmente mientras le hacia un mohín con su cabeza indicándole que lo siguiera y se sentara en la silla de nueva cuenta.
— No me pasa nada Shiryu, no sé por qué tienen esa idea… —comentó Seiya, acercándose a Shiryu, quien ya estaba sentado.
— ¿Será a caso porque Saori y tu han estado evitándose desde lo que ocurrió esta mañana muy temprano? —preguntó el rubio por detrás de Seiya, tomándolo de los hombros y forzándolo a que se sentara frente al más maduro del grupo en ese momento.
Ante tal comentario Hyoga pudo sentir cómo es que Seiya se tensaba, pues no había despegado sus manos de los hombros de su casi hermano. Río levemente, que fácil de leer era su líder.
El silencio continuó durante algunos minutos, todos esperaban que el moreno dijera algo al respecto, pero nada salía de su boca, este sólo se la pasó mirando sus puños, evadiendo completamente la mirada de sus amigos.
Finalmente alguien decidió romper el hielo.
— ¿Y bien Seiya…? —preguntó Shun, acercándose a ellos, pues se había mantenido alejado un poco—. ¿Qué sucedió con la señorita Saori? ¿Por qué estaban así en la mañana?
— Por nada Shun… —respondió Seiya, alejando las manos de Hyoga de sus hombros y poniéndose de pie.
— No nos mientas Seiya —comentó Shiryu al verlo ponerse de pie con la intensión de irse—. Vamos, no te vayas, somos tus amigos, queremos ayudarte.
Seiya suspiró con pesadez. Ayudarlo, cielos, si supieran cuáles son sus pensamientos y el por qué está así, seguramente no querrían ayudarlo, muy probablemente hasta se sentirían tristes porque él…
Porque… él…
— No pueden ayudarme chicos, lo siento… —fue lo que dijo en susurro, dirigiéndose a la puerta.
La noche hizo su entrada finalmente, y con ella vinieron unos deliciosos vientos que traían consigo un toque de frescura, perfecto para salir a caminar un poco y despejar la mente.
El pegaso alado no soportó el llamado que la noche tan clara le hacía, por lo que decidió salir cuando menos al patio de la mansión, todo el día se la había pasado allí encerrado, pensando qué hacer para que la situación con Saori no fuera a mayores, ya que era imposible que se evitaran para toda la vida; algo que por supuesto él no quería.
Caminó durante algunos minutos por el amplio bosque que había detrás de la mansión, buscando que la paz de la naturaleza le brindara un poco de esta después de un día tan tranquilamente ajetreado.
No sabe bien qué tanto se adentro, pero eso careció de importancia cuando al llegar a uno de los claros que en éste había, bajo los rayos de la luna, que parecían sólo querer iluminarla a ella, se encontró a Saori, quien cargaba una expresión de mortificación extrema en su rostro, así como él la había traído todo el día.
Dudó un poco en llamarla, ¿qué tal si ella al verlo buscaba la forma de alejarse de él? Si eso sucedía lo podría entender, pero le dolería en el alma verla alejarse de él. La miró algunos segundos, no sabiendo qué hacer, cuando una voz lo sacó de sus pensamientos.
— Seiya…
Escuchar su nombre con su melodiosa voz lo trajo de vuelta a la realidad, cuando la vio, pudo ver en sus ojos la mortificación, la angustia, pero al mismo tiempo anhelo y esperanza…
— Ho-Hola Saori…
— Hola…
Ambos guardaron silencio nuevamente después del saludo, intentando concentrarse en algo que los distrajera de sentirse nerviosos.
— ¿Por qué simplemente no puedo hablar con ella con naturalidad? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo…? —se preguntaba Seiya, disimulando un poco mientras observaba el follaje de los altos árboles del bosque.
— Discúlpame por salir corriendo hace rato —dijo Saori con la cabeza gacha tomándolo por sorpresa.
— N-No Saori, discúlpame a mí también por el momento incómodo que te hice pasar cuando te dije lo de nuestro... —Seiya se detuvo sin terminar al darse cuenta de que estaba cayendo nuevamente en lo incómodo, lo cual provocó una pequeña risita en Saori y que cruzaran al fin las miradas—. ¿Qué sucede? —le preguntó el caballero sin entender el porqué de su sonrisa, ya que hasta hacía unos momentos la tensión entre ellos dos era descomunal.
— Es sólo que, bueno… —balbuceó ella sonrojándose en el acto, pero continuó—, por un breve instante en mi sueño y cuando nos encontramos en las escaleras por la mañana, me permití ser Saori y no simplemente Athena… y se sintió bien.
— S-Saori… —pronunció el castaño atónito con las mejillas encendidas. ¿Saori acaba de admitir que le había gustado soñar con él? Eso tenía que ser mentira, debía estárselo imaginando, pero no lo estaba… lo que ella acababa de decir era muy claro. Fue entonces cuando recordó algo que había sucedido con sus amigos horas antes.
— No pueden ayudarme chicos, lo siento… —fue lo que dijo en susurro, dirigiéndose a la puerta.
— ¡Seiya! —exclamó Shun intentando detenerlo pero el muchacho de playera roja no hizo caso.
— Dices que no podemos ayudarte —dijo alguien más, deteniendo al pegaso—, pero la verdad es que nunca nos has dejado hacerlo —sentenció con voz pasiva el caballero dragón, lo que hizo que Seiya se quedara estupefacto en la puerta—.
Seiya, parpadeante, se gira hacia su mejor amigo y hermano, el cual aún estaba sentado— Shiryu…
— Primero que nada debes tranquilizarte —le sugirió, mirándolo a los ojos con semblante serio, uno muy distinto al que usualmente dejaba ver. Aquello logró destantear a Seiya. El castaño obedeció y tomó aire para relajarse un poco, después de ello Shiryu prosiguió—. Seiya, creo que durante todo este tiempo has complicado las cosas tú solo.
Seiya se vio confundido ante aquella declaración— ¿Cómo que complicar más las cosas?
— Si —asintió—. Nunca nos has pedido opinión alguna sobre la relación que hay entre Saori y tú, pero creo que hablo por todos cuando te digo que sabemos perfectamente lo que ambos sienten; desde hace mucho tiempo es obvio —le dice el dragón al pegaso, mientras ve cómo este último se sonroja a más no poder. Sonríe debido a eso pero prosigue—. Sin embargo, a nosotros no nos importa que el amor de Saori esté depositado en un solo hombre, siendo humanos eso es algo normal y entendible. Ella, como Athena, nunca nos ha negado su inmenso amor como sus caballeros que somos; al contrario, Saori siempre se preocupa por que estemos bien, y se lamenta al vernos heridos en batalla —le explica con calma—. Es por eso que no debes preocuparte, nosotros los apreciamos a ambos y no tenemos ningún tipo de problema al respecto.
Era evidente que era el más maduro del grupo, pues aquellas palabras dejaron que la sorpresa se apoderara del semblante de Seiya. Con la vista completamente abierta posó sus ojos color chocolate en cada uno de sus amigos. Por su parte, Hyoga y Shun asintieron con una sonrisa en el rostro, secundando así al dragón tan filósofo y profundo que tenían como camarada, amigo y hermano.
— B-Bueno es que yo… L-La verdad… —dijo sin saber muy bien qué más agregar.
— Seiya —llamó el rubio, logrando captar la atención del moreno mientras se acercaba a él con paso decidido—, sólo haz lo que tengas que hacer —le aconsejó él, posando una mano en el hombro del pegaso.
El aludido no pudo más que asentir.
— Debo hacer lo que tengo que hacer… Bien, eso es lo que haré Hyoga, chicos… Es ahora o nunca. ¿Sabes Saori? —empezó el caballero de bronce, logrando la atención de la joven—. Yo… siempre he pensado sobre tener mi propia familia, creo que desde pequeño me ha rondado esa idea ya que como bien sabes nunca tuve la mía, b-bueno tuve a mis amigos y-y a ti p-pero… —balbuceaba él, totalmente rojo.
— E-Entiendo... —lo ayudó Saori, ruborizada.
Pero como si hablar con ella no le bastara, Seiya se acercó a la chica, posando sus manos en los hombros de ella y reclamando así un total contacto con sus provocmente en la situaci
— Pero… —dudó un instante sobre lo que estaba a punto de decir. Pero, recordando a sus amigos, tomó fuerza y le dijo—. Pero, con la única persona con la que me he imaginado cumpliendo ese anhelo e-eres…
— Seiya —interrumpió Saori, sintiéndose incapaz de escuchar lo que el pegaso quería decirle—, t-tengo algo de frío, d-debemos regresar…
Con todo el dolor de su alma, Saori se soltó del agarre y comenzó a caminar de vuelta hacia la casa, pero se vio forzada a detener su andar cuando Seiya volvió a hablar:
— Sólo por esta noche, sin que importe lo que pase mañana, aunque nada cambie entre nosotros… sólo por hoy déjame ser Seiya y no el caballero de pegaso…
Saori se vio sorprendida por aquellas palabras, pero aún así, decidió no girar su rostro sonrojado e ilusionado hacia el más fiel de sus caballeros y amigos, aunque ellos fueran técnicamente más que amigos, ya que si lo hacía vería lo vulnerable que era ante él, y no podía permitirle eso.
Tan sumida estuvo en sus pensamientos, que no se dio cuenta de cuando Seiya por detrás rodeo con sus brazos los hombros de la joven y la pegaron a su fuerte pecho, posando su boca lo más cerca de su oído, y le dijo:
— Te amo, Saori…
Y ese fue el detonante al llanto de la joven Kido, la cual con tan sólo escuchar esas palabras se giró entre los fuertes brazos del muchacho y le plantó un cálido beso en los labios, logrando sorprender en un inicio al moreno, quien después fue dejando llevar por aquella sensación que la muchacha le producía con un simple roce, con una casta y pura unión de labios…
Ambos se dieron el beso con el que siempre habían soñado, desde siempre. Seiya rodeó la cintura de Saori con sus brazos, ella no opuso resistencia a la demanda de cercanía y rodeo con sus delgados brazos el cuello de su amado, buscando sentirlo lo más cerca posible de ella, entregándose por completo a él en cuando sus labios se tocaron.
Fue algo tierno e inseguro al comienzo, ninguno de los dos sabía bien a qué atenerse o a qué esperar. Ni uno de los dos sabía cómo reaccionaría el otro después de esta experiencia que estaban compartiendo juntos.
Por primera vez en todo el día, Saori pudo experimentar en su interior algo de tranquilidad al estar junto a Seiya, más de la habitual, y sentir el calor que despertaba en ella su sola presencia. Todo había desaparecido, quedando sólo el intenso deseo de Saori de que su pegaso nunca la dejara, que no la abandonara jamás, no importando si no podían profundizar más su relación aunque quisieran.
Pero hoy, sólo por hoy, se permitirían ser Seiya y Saori, no Pegaso y Athena, sólo dos seres humanos que se aman desmedidamente como hombre y mujer.
A pesar de ser un roce enteramente tranquilo, la necesidad de los pulmones de ambos por recibir oxigeno se hizo más fuerte, por lo que no quedó más opción que separar esa unión que tanto estaban disfrutando los dos.
Al separarse, buscando aún continuar manteniendo su cercanía, unieron sus frentes sin despegar su mirada del otro.
— Realmente te amo, Saori…
— Seiya… —susurra ella, sonrojándose más de la cuenta.
— Ya no temo decirlo, no me importa si esto está prohibido, tengo que expresarlo… —comenzó él—. De quien yo me enamoré, no fue de la Diosa Athena, sino de la mujer Saori Kido… Con la que desde niño, aunque no parezca creíble, siempre soñé estar… —aquella confesión sorprendió a Saori, ¿le había pasado lo mismo a él?—. Eres mi razón de ser Saori, la única persona a la que le soy fiel de forma incondicional, la que puede hacer con mi vida lo que quiera porque sólo a ti te pertenece…
Cristalinas lágrimas comenzaron a salir de los orbes azulados de Saori, tales palabras estaban clavándose profundamente en su corazón, realmente él sabía cómo llegar a lo más profundo de su ser.
Sonríe con ternura mientras lo escucha y lo ve sonrojarse cada vez más.
— Saori… sé que esto jamás sucederá… Pero realmente hubiera deseado que ese sueño que tuve, aquel en el que tu y yo, bueno… éramos familia, que teníamos un hijo, fuera realidad… —comentó en susurro, besando su mejilla y borrando cada rastro del camino de lágrimas que habían quedado ahí.
Debido a la sensación que surgió en ella al sentir los labios de él sobre su piel, Saori no supo cómo articular lo que en su corazón había, por lo que Seiya continuó con su confesión.
— Aunque el latir de mi corazón me esté asfixiándome debido a lo fuerte que está palpitando… tengo que decírtelo —comenzó él, abrazándola y haciendo que ella apoyase su cabeza en su pecho—. La única persona con la que siempre soñé formar una familia, aunque jamás llegue a suceder… fuiste, eres y siempre serás tú…
Saori hundió el rostro en el pecho de Seiya y éste volvió a abrazarla.
— A mí también me hubiera gustado mucho que ese sueño que tuve fuese posible… —admitió Saori, escondiendo aún la cara en el pecho del muchacho, buscando que no viera su avergonzado rostro…
Cosa que resultaba irónico pues ya hasta se habían besado…
Saori suspiró y continuó— ¿Sabes? Jamás he renegado de este destino que me fue concedido, de ser la reencarnación de la diosa Athena… —comenzó a decir—. Pero he de admitir que me hubiera gustado que pudiésemos estar juntos, cosa que por nuestras responsabilidades es imposible, y que en algún futuro pudiéramos casarnos y formar una familia, pues siempre soñé con hacerlo alguna vez… contigo —le confesó al fin, incorporando su rostro y mirando a Seiya a los ojos—. Te amo Seiya…, más de lo que alguna vez te pudiste haber imaginado.
La unión de sus labios no se hizo esperar, pues Seiya buscó la manera de que estos entraran en contacto de nueva cuenta, de forma un poco desesperada pero nada más allá de lo permitido. Pocos minutos después, se separaron y profundizaron su abrazo. Ninguno quería soltarse, ni que la noche terminara.
— Sé que de aquí en adelante… el llevar una relación normal va a ser difícil —comentó él—, pero me basta con que por fin sepas lo que siento por ti, porque se estaba volviendo algo difícil de ocultar —comentó—; incluso los chicos estaban enterados, y no tengo idea de cómo pudieron haberse dado cuenta.
Saori rió levemente ante dicho comentario, el cual realmente sonaba confundido— Bueno, creo que no hemos sido bastante discretos; además, somos muy cercanos y nos conocen bien, supongo que simplemente nos hicimos notar.
— Si, puede que tengas razón… —respondió en susurro.
El silencio volvió a inundar el ambiente, aunque en esta ocasión no se trataba de algo incomodo, como lo pudo ser hacía unas horas atrás, sino que ahora era todo lo contrario, pues Seiya y Saori tan sólo estaban disfrutando de la cercanía de sus cuerpos y de la sensación que ese contacto tan deseado les brindaba.
— Saori… —volvió a susurrar Seiya de forma suave y ella buscó sus ojos color chocolate—, siempre te protegeré, no importa de qué o de quién se trate, yo siempre lucharé por ti. Tenlo por seguro…
Asintiendo contra su pecho, Saori le responde— Muchas gracias, Seiya —agradeció la joven llena de alegría—. Sé que yo no puedo prometer lo mismo, ya que siempre te estoy poniendo en peligro pero siempre estaré a tu lado.
Poco después, separándose al fin de tan cálido abrazo, deciden que es hora de volver a la mansión, pues ya era muy tarde.
— Todo esto ha sido una locura, me refiero a los sueños —dijo Seiya sonriendo.
Saori también sonríe y asiente levemente, ruborizándose un poco.
— Fueron una locura, pero sin duda sueños muy hermosos… —le respondió a ella—. ¿No lo crees así? —le preguntó, viéndolo con una enorme sonrisa.
Seiya, quien había también tenido la grandiosa idea de voltear a verla, no pudo evitar sonrojarse ante la expresión de su dama y se sonrojó de igual manera; así mismo, de forma inconsciente, tomó la mano de la doncella y la apretó con delicadeza.
— Si, así es…
Cada paso que daban de regreso a la mansión era lento, intencionalmente ambos caminaban de forma muy lenta para lograr alargar aunque sea un poco más ese momento.
Más a pesar de sus intentos, la mansión estaba comenzando a hacerse visible, algo que logró que los ánimos de ambos bajaran un poco. Seiya logró notar el cambio en la expresión de Saori, y buscó la forma de hacerla sonreír o incluso molestarse, aunque fuera un poco, pues no quería ver algún tipo de sufrimiento en su perfecto rostro.
De pronto, una idea cruzó por su mente, y una leve sonrisa traviesa se hizo presente en sus labios.
Ya llegando casi a la entrada del patio principal de la mansión, este dice— Entonces… ¿me le escapé a mi esposa desde el primer día? Que poco control…
— ¡Se-Seiya…! —respondió ella en forma de reproche mientras escuchaba la sonora carcajada de su más fiel caballero, el cual ya había soltado su mano y se había echado a correr—. ¡Ven para acá, Seiya…!
— ¡Ni muerto! ¡Nos vemos Saori…! —contestó antes de perderse en la premura de la noche, dejando a Saori un poco atrás, la cual sólo suspira de forma resignada.
Se detuvo un momento y negó un poco con la cabeza, sonriendo levemente al hacerlo— Cielo santo, sigue siendo un niño….
Fijó su mirada por donde el ser más importante había desaparecido y la expresión de diversión fue sustituida por una llena de ternura y amor que, a pesar de siempre compartirla con todos sus seres queridos, en esta ocasión dedicaba única y expresamente al pegaso que nunca dejaba de asombrarla con su belleza y su implacable espíritu.
— Pero él es… el niño que siempre formó, forma y formará parte de aquellos sueños que son los más deseados y preciados para mí…
Y con un lento andar, la doncella de la mansión también se perdió dentro de la obscuridad, deseando muy en su interior, que algún día, aunque fuera poco probable, esos sueños pudieran hacerse realidad…
Seguramente, algún día...
FIN
Asaki: Y bueno, finalmente hemos concluido con este capítulo, el cual cierra una historia más que forma parte de las creaciones compartidas de Princesa Saiyajin y Suki90, su servidora en esta ocasión. Queremos agradecerles enormemente por el apoyo que hemos recibido en nuestras historias aquí en las que están nuestra cuenta individual. Esperamos traer algo nuevo pronto. ¡Nos vemos!
*Esa parte fue escrita el 6 de Abril, un día después del cumpleaños de Miho, 5 de Abril.
.
.
.
Asaki90, presentó.
Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?
