Capítulo seis: "De miedos, peticiones y consentimientos"
Nunca, ni en sus sueños más locos, había pensado tener junto a él, al mismo cínico chico que tenía la habilidad de crear grandes y perfectas ilusiones, al gran ilusionista Rokudo Mukuro; eso era algo que Tsuna sabía muy bien que no se volvería a repetir, por lo que no se apartaría de Mukuro, nunca.
-No me dejes...-susurró entre el beso, sin abrir los ojos-Quédate conmigo... siempre-pidió, ahora entreabriendo su vista para encontrarse con la del mayor
-¿Por qué me dices eso?-preguntó con voz suave acariciándole el rostro con cariño, memorizando con sus manos cada mínimo detalle de aquel infantil rostro.-Sabes que estamos destinados a estar juntos y que, de alguna manera, pase lo que pase siempre lo estaremos-dijo depositando un beso en cada mejilla y luego en su frente-Si de mi depende, ten por seguro que jamás me apartaré de tu lado, tú eres la persona que hizo mi corazón humano...
-L-Lo sé, pero...-cerró los ojos ante el contacto y continuó-Si algo te pasara... no sé qué haría...-ahora lo que más temía, era que algo los separara, y peor si ese algo, era la muerte-No quiero que nada te separe de mi, Mukuro-una pequeña lágrima cayó por la mejilla del castaño, mientras le devolvía la caricia en la mejilla-Yo te amo, y lo sabes bien... mi Mukuro...- fue lo último que dijo antes de volver a unir sus labios en un profundo beso.
Secó aquella lágrima mientras sentía una extraña sensación en su estómago y corazón, él no le temía a la muerte, ya había pasado por ella seis veces, sin embargo, su pequeño no, ¿qué hacer si algo le pasara? Bastante mal se había sentido cuando en el futuro había sido asesinado por Millefiore, aunque claro, él no había estado ahí para ayudarle, ahora era distinto, jamás dejaría que a su castaño le llegase a pasar algo.
-No debes preocuparte por mí, yo ya pasé los seis reinos de la muerte-le dijo entre pequeños besos luego de responder al que el menor le brindaba-Te protegeré pase lo que pase.
-Lo sé...-susurró, correspondiendo los pequeños besos, y luego le abrazó del cuello, juntando sus frentes-Te amo-dijo cerrando los ojos y esbozando una pequeña sonrisa, sin separar sus frentes en ningún segundo. No tenía que preocuparse, ¿No? Después de todo tenía a una fuerte persona a su lado, que sabía que lo amaba y lo protegería, pero aún así... esa sensación de miedo no salía de su pecho.
-¿Qué debo hacer para que la preocupación se vaya y tu rostro me muestre esa hermosa sonrisa que siempre portas?-preguntó rozando sus labios de manera lenta, buscando relajarle.
-Pues...-dejó de lado el tema anterior y le besó la mejilla-Consiénteme-bromeó, mientras hacía un puchero, como si fuera un pequeño niño.
-Como el jefe ordene-aceptó sonriendo con malicia. En un rápido movimiento quedó sobre el menor, apoyándose en sus rodillas -una a cada lado de la cadera del menor- y sus manos, comenzó a besarle.
Profundizó el beso de forma lenta, disfrutando de ello; una de sus manos se coló bajo la ropa del otro y acarició todo su vientre con delicadeza y suavidad, queriendo causarle escalofríos. Su otra mano, apoyándose en el codo, se dedicaba a mimar el cuello del pequeño, jugando con sus cabellos y acariciando con la yema de sus dedos desde la mandíbula hasta la clavícula, y viceversa.
Sawada correspondió automáticamente el lento beso profundizado por el mayor, notando como el otro disfrutaba de cada segundo que sus bocas pasaban juntas, al igual que él. Se estremeció ante un escalofrío causado por el lento y suave contacto que la mano del mayor tenía con su piel; un suspiro se ahogó en su garganta, sintiendo las caricias a su cuello.
-"Esto si es ser consentido"-pensó cómicamente, mientras llevaba sus manos al cuello del peliazul, y una se desviaba a su nuca, acariciando y enredando el azulado cabello de Mukuro con sus dedos.
Abandonó los labios del menor de manera lenta, bajando por su cuello hasta la clavícula y dando un leve mordisco ahí, subió de nuevo repartiendo besos y lamidas por donde pasaba, haciendo suspirar al chico bajo suyo. Sus manos acariciaban todo con detalle, intentado descubrir los puntos más sensibles del menor para así lograr que disfrutara más. Con lentitud llevó sus manos hasta el borde de la playera y comenzó a subirla de manera suave, queriendo quitar aquel estorbo. Miró el rostro del menor buscando una respuesta que le indicara si continuar o no.
Un sonrojo se apoderó de las mejillas del menor al sentir como su playera era subida lentamente, y mirando al mayor, se encontró con la mirada heterocromática del otro. Tsuna sólo sonrió, en aprobación para que continuara.
Volvió al cuello del menor mientras sus manos se encargaban de eliminar el obstáculo de ropa, ayudando al menor a levantarse un poco para sacarla por completo. Ahora esa tersa piel estaba a su merced por completo. Dio un corto beso a los labios del otro antes de comenzar a bajar por su cuello y luego su pecho, donde se detuvo unos segundos para besar cada pequeño botón rosa con cariño. Continuó su recorrido hasta detenerse en su ombligo, donde besó y lamió el vientre del pequeño con todo el amor del mundo, a quien el sonrojo le había teñido las mejillas desde el inicio de aquel juego.
Un fuerte estremecimiento se apoderó del Vóngola al sentir los besos en su piel, pero un estremecimiento dulce y delicioso; los labios del menor formaron una sonrisa, a pesar de sentirse apenado.
-Eres lindo y delicioso-comentó sonriendo de medio lado. Subiendo hasta la altura del rostro del menor.
-Eres cruel...-susurró, mientras tomaba el rostro del mayor y lo besaba dulcemente, acariciando su pecho.
-¿Por qué?-preguntó divertido, sonriéndole con calidez.
-Porque me torturas de esa forma-le bromeó, mientras sonreía y reía un poco.
-¿Torturar? No sé a qué te refieres-contestó recostándose a un lado del menor, dejando que una de sus manos paseara libremente por el pecho desnudo de éste, acariciando con suavidad toda esa extensión de piel, haciéndole suspirar.
-Realmente te amo-dijo girándose y abrazando al otro con una enorme sonrisa, ocultó una vez más su rostro en el pecho del mayor, quien le envolvió con sus brazos y cogió un extremo de la colcha para cubrir el cuerpo de su pequeño, después de todo le había quitado su ropa.
-Así me gustas más, amo esa hermosa sonrisa que tienes-comentó acariciándole la espalda y sus cabellos.
-Y yo amo que me animes-le dijo en un susurro, besándole los labios y en un momento, volviendo a caer en el sueño.
-Duerme mi pequeño, estaré aquí cuando despiertes-le besó los cabellos y se dispuso a hacerle suaves caricias para relajarlo.
-H-Hum...-se acomoda más cerca del otro, deseando escuchar su corazón latir suavemente.
Continuó con sus caricias en el cabello y espalda del Vongola, mientras tarareaba una suave melodía, invitándolo a descansar.
Amaba las sensaciones que ahora tenía junto al menor que no se explicaba cómo es que había vivido sin ellas tanto tiempo, ahora que podía sentir aquello juraba que jamás las dejaría por nada del mundo.
La noche la pasó totalmente relajado al lado de Mukuro. A la mañana siguiente, se estiró mientras se frotaba un ojo, pero al querer mirar al peliazul, se dio cuenta de que éste no estaba.
-... ¿Mukuro?-preguntó levantándose y vistiéndose para bajar a la cocina.
-Buongiorno-saludó el peliazul entrando por la puerta con una bandeja en las manos, suerte que había alcanzado a subir antes que el menor bajara-Lo siento, rompí mi promesa, pensé que no despertarías aún-se disculpó yendo hacía él y dándole un beso suave en los labios a modo de saludo.
-Baka-susurró siguiendo al mayor-Pensé... que me habías dejado-comentó bajando el rostro y sentándose en la cama-Me asusté...-volvió a susurrar, con la mirada en el suelo.
-Dije que jamás te dejaría, ¿dudas de mi?-preguntó dejando la bandeja en el escritorio y tomándole del mentón para enfrentar esos grandes y hermosos ojos.
-¡No es que dude de ti!-exclamó y luego desvió el rostro-Sólo... me asusté. Sólo eso-agregó para luego abrazar a Mukuro-No lo vuelvas a hacer- le susurra en el oído.
-Te amo-dijo abrazándole-Eres el único que se ha preocupado así de mí...
-Con eso te demuestro que también te amo-le correspondió el abrazo inhalando el aroma del mayor, varonil y delicioso; seguido, tomó el rostro del mayor y lo besó tímidamente.
-Eres lindo kufufufu-sonrió con dulzura mientras le revolvía los cabellos-Será mejor que comamos, ayer sólo fue el desayuno-comentó besándole en la mejilla.
-Hai-respondió, empezando a comer lo que el mayor traía en la bandeja. Realmente era tierno, su actuar era tierno, Mukuro era tierno, y le era imposible negarlo ahora.
-¿Te parece si después de esto vamos al centro comercial?-propuso bebiendo un poco de té-Me bañé cuando me levanté, así que cuando termines toma un baño y salimos.-dijo sonriendo de forma natural, como hace mucho no hacía.
-Claro, sería genial-comentó a la proposición del más alto, mientras comía-Apenas termine me iré a bañar-le dijo, intentando no atragantarse con la comida.
-Bien-le dio un beso en la frente sonriendo.
Una vez que terminó, se levantó y alegre se dirigió al baño para darse una ducha.
Woo lamento tardar, recide ver, cuando me disponía a subir el cap 7 que el 6 no lo había publicado.
Subiré ambos ahora y en el otro dejo mis disculpas y comentarios xDén acabo
