¿Qué tal? Por fin su Charlotte tiene tiempo, y esta historia tomará el ritmo que debe.
Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen, son de Hima-papa ;; xD
Advertencias: Escenas subidas de tono, léanlo bajo su propia responsabilidad.
Una oscura y lluviosa noche, transitaban los aviones por el Heathrow, uno proveniente de China estaba aterrizando en suelos ingleses, con una persona en su interior que vendría a generar más de un conflicto. Una mujer de cabello oscuro, labios rojos carmesí, una nariz respingada y una sonrisa irónica tomaba su bolso de mano y salía del avión, preparada para ir por su objetivo de años.
…
Yao caminaba por los pasillos de la escuela con una sonrisa en los labios, estaba dispuesto a invitar a Anya a tomar un café para poder resolver todos sus problemas de una buena vez. Y no, no se refería precisamente a terminar copulando con ella, pero si eso ocurría, no era completamente su culpa. O eso quería creer él. Estaba mirando por las salas y no había rastros de la rubia por ningún lado, se inquietó y bajó al patio un momento, buscó en sus bolsillos y encontró un paquete de cigarrillos. Malditos cigarrillos, sólo venían a él cuando realmente se sentía miserable, y esta ocasión era para sentirse realmente un parásito. Fumó con quietud, y sin darse cuenta, una sombra se le acercó.
─Yao… ─una voz suave, difícil de no reconocer, pensó que estaba soñando.─
─X-Xue… ─musitó el chino mirando a la muchacha que tenía frente a sí, una alta y pálida mujer, con el cabello oscuro y los ojos grandes, una amplia sonrisa que no podría desaparecer con nada─. ¿Qué estás haciendo aquí?
─Ya hace mucho tiempo que no nos veíamos, ¿verdad? Me dijeron que estabas aquí, he viajado desde muy lejos para verte. ¿No me vas a dar un abrazo, primo?
…
Ya habían pasado muchos años desde que eso había ocurrido. Xue era la prima menor de Yao, era una niña preciosa, siempre lo había sido, y había viajado a Inglaterra para estudiar. Estaban en el mismo internado, o así estuvieron, hasta ese día, donde todo cambió de color para todos los presentes. No era un misterio para nadie que Xue estaba completamente enamorada de su primo Yao, pero que él nunca pudo corresponder a estos sentimientos. Lo que sentía ella era bastante obsesivo, por no decir enfermizo. Hasta unos cuantos besos le robó al muchacho en todo ese tiempo, todo era muy difícil para el chino, en ese entonces de unos 15 años. Un día, decidió decirle una mentira para salvar su pellejo de una buena vez, le confesó que era homosexual, cosa que nunca había sido ni entendía del todo bien qué era a esa edad, pero con eso ella con el tiempo dejó de molestarlo. Un buen día Xue se devolvió a China para continuar sus estudios ahí, el mismo día que llegó Anya al internado, para esa época todo el colegio sabía que Yao para todos los efectos era gay, excepto por Arthur, que siempre supo que era mentira.
Podríamos decir que la responsable de toda la mentira fue Xue, pero no podemos dejar exento de culpa a Yao, por no saber decirle a su prima que no sentía lo mismo que ella sin recurrir a una mentira.
…
─¿Por qué has venido? ─dijo el chino abrazando a la muchacha.─
─Te extrañaba muchísimo, y la última vez que nos vimos no terminó del todo bien… ¿Me extrañaste? No sabes cuánto te eché de menos… ─dijo ella acariciando su rostro.─
─Xue… No… Tú ya sabes lo que yo soy ─terció él asertivo.─
─¿De verdad crees que podría creer eso? Nunca lo creí, pero supuse que debía dejarte solo un tiempo hasta que tú entendieras que el corazón es más fuerte que la razón. Por favor… No me digas que en todo este tiempo no te acordaste de mí.
Él… Él no podía negar eso, se criaron juntos, pero no la quería de esa forma. De esa forma absolutamente no.
De improviso la china le robó un beso a Yao, él intentó soltarse, pero ella intensificó éste, sin importarle que se encontraran en el patio de una escuela. Justo en ese momento, porque al destino le gusta la crueldad, apareció Anya, que ese día entraba más tarde. La escena que se encontró fue de película de terror, pensó que realmente era un sueño. Primero que todo él le había mentido, no era gay, y bueno, si quería recomenzar su vida no era asunto suyo, y podía hacerlo con cualquiera, pero él se había mostrado con intención de retomar algo, de pedirle perdón… Entonces, ¿qué significaba eso? Estaba besándose con una mujer, que ella ni siquiera conocía, aunque eso no era lo importante, lo importante es que se una u otra forma se sentía traicionada. ¡Pero qué idiota se sentía! Tan idiota, tan usada, tan… parásito. El beso de ese par terminó con una sonrisa en el rostro de Xue y con un Yao histérico y enojado, miró hacia el lado y lo primero que vio fue el rostro medio muerto de Anya, con sus cuadernos agarrados y los ojos húmedos… Ella caminó lo más rápido que pudo hasta su gabinete para no verle la cara a Yao nunca más en su vida.
─¡Anya, espera! No… No es lo que parece… ─dijo con poco aire el chino.─
─¡No vuelvas a dirigirme la palabra! ─gritó la rusa con vehemencia y se alejó.─
─¿Quién era esa? ─preguntó Xue intrigada.─
─¡No tendrías que haber hecho eso! Yo te expliqué que no te amaba, y que nunca podría hacerlo… ¿Acaso te has engañado todo este tiempo? Hay sólo una persona a la que yo soy capaz de amar, y acaba de irse corriendo por tu culpa… Xue, no sé dónde te estés quedando, pero ahora vete, este es mi trabajo.
─¿Dónde podemos encontrarnos?
─No tengo idea, porque hoy trabajo en la tarde… Tengo que ir a la Universidad ─dijo él bastante aturdido y molesto.─
─Te llamaré, querido primo ─dijo ella con una sonrisa en los labios y se marchó.─
¡Semejante bochorno! Yao no sabía qué hacer, ahora sí que la había perdido para siempre, completamente. Mentirle a alguien es una cosa, pero hacerla sentirse engañada y suplantada es algo mucho peor. La reunión en el recreo fue una tortura, ella no le dirigía la palabra y en sus ojos no podía ver más que odio, resentimiento y tristeza. Intentó hablarle al final del día y tampoco fue demasiado lo que consiguió.
─Miss Anya, su clase estuvo maravillosa, creo que con ningún otro profesor conseguía aprender tanto… Me siento muy feliz, you're amazing! ─musitaba un americano de manera intensa, mientras acompañaba a Anya a su gabinete a guardar las cosas.─
─Eres muy dulce, Alfred, en serio ─dijo ella mientras sacaba las llaves para abrir el gabinete.─
─Anouska ─era la voz de Yao.─
─Retírate antes de que me obligues a decir cosas que no quiero, Wang Yao.
─No puedes quedarte simplemente con lo que ves, Anya… ─dijo él.─
─"¿Con lo que veo?", ¿Crees que ha sido poco todo lo que has hecho en estos años? ¡Eres un imbécil mentiroso y traidor! No quiero que vuelvas a acercarte a mi nunca más, ni siquiera aquí. Si tengo que evitar participar en las reuniones para no oír tu voz es eso mismo lo que voy a hacer, no me interesa más esto. Ahora, aléjate que tengo cosas que hacer.
─Pero…
─Miss Braginskaya dijo lo que debía escuchar, mister Wang ─dijo Alfred intrigado en su discusión.─
─Usted no se meta en esto, joven Jones… ─dijo Yao.─
─Ándate, ahora. Y no le respondas a mi alumno de esa forma. ─dijo Anya.─
El chino finalmente se fue.
─Gracias, Alfred ─dijo la rusa con una sonrisa.─
─No es nada señorita Anya, a mí y a Matthew nos agrada muchísimo, no podríamos dejar que el señor Wang la pase a llevar. Aquí tiene sus libros, que tenga un buen día.
Alfred se fue y Anya ordenó sus cosas, para finalmente irse a casa.
Llegó la noche, fría, lluviosa, igual que la noche anterior, Anya ya había ordenado todo para el día subsiguiente, ya que para el otro día no le correspondía ir a trabajar. Abrió la despensa y se encontró con unas patatas, unos chocolates y un vodka. Sus ojos brillaron, miró la hora y no eran más de las 10 PM. Se sintió patética pensando en beber a esas horas sin compañía, entonces tomó su celular y buscó el número de aquella persona que nunca le daría un no por respuesta.
─¿Gilbert?, ¿estás ocupado? Necesito un favor…
─¿No te incomoda venir aquí? Estoy terminando algo para mañana.
─Por supuesto que no, salgo de inmediato.
La rusa tomó su abrigo, su paraguas, y se guardó la botella en un bolso que también tenía su teléfono, sus llaves, entre otras cosas. Tomó un taxi y salió hacia la casa de su confiable y adorado amigo alemán, el gentil Gilbert. Sintió que su teléfono sonaba, era Marianne, se impresionó, hace mucho tiempo que ella no la llamaba.
─¿Marianne?, ¿qué pasa?
─¿Estás ocupada?
─Sí, estoy terminando unos trabajos ─no era capaz de decirle que iba donde Gilbert.─
─¿Tienes algo que hacer mañana?
─Tengo el día libre ─dijo ella.─
─Te invito a comer, ¿está bien?
─Seguro.
Se despidieron y colgó, el taxi dobló y llegaron al destino. Anya pagó y sacó todas sus cosas, tocó el timbre y esperó a que el alemán abriera la puerta.
Más rápido que de costumbre, apareció el albino de ojos rojos con una sonrisa encantadora, recibió muy bien a su querida Anya y le preguntó el motivo de su visita… Anya realmente no estaba tan segura de decirle, así que le pidió que después de beber y comer un poco le preguntara sobre todo lo que le había ocurrido. Y así fue.
La rusa abrió el vodka, y el alemán puso un poco de comida en la mesa para que el alcohol no cayera tan mal, y porque en realidad le gustaba beber y comer a la vez. Empezaron a beber, y cuando ya iban en la mitad de la botella, Gilbert comenzó a cantar incoherencias con su guitarra, mientras la rusa se reía a más no poder, y comía un poco de los chocolates que también había metido en la cartera. No quedaba demasiado para beber cuando Anya, tirada en el suelo de la sala del alemán comenzó a hablar sobre todas las cosas que habían ocurrido, mientras que él, acostado a su lado y con los pies apoyados en el sillón la escuchaba atentamente.
─Me siento un parásito, Gil, no sabes lo mal que me siento en este momento. ─dijo ella rascándose la cabeza.─
─No digas semejantes barbaridades, eres un ser maravilloso. No sabes lo bella e inteligente que eres, cualquiera estaría loco por ti, y si ese imbécil no supo elegir entre ti y cualquier zorra realmente no sabe dónde está parado… ¡Me dan unas ganas de romperle la cara!
─Tranquilo, Gil… Yo estoy bien ─dijo Anya, con el rostro ruborizado y una sonrisa.─
Gilbert sentía como su corazón se disparaba, la sonrisa y el rubor en el pálido rostro de la rusa era algo que él no podía evitar, comenzó a acariciar el rostro de ella, quien a esas alturas no estaba con las fuerzas de resistirse. Se colocó sobre ella y colocó sus dedos en los gruesos labios de la rusa, que le regalaba una sonrisa inquieta.
─¿Qué estás haciendo, Gilbert? ─preguntó ella.─
─Demostrándote que hay alguien que de verdad te ama.
El alemán se comió literalmente la boca de la rusa, quien correspondió sin remordimientos, abriendo la boca para recibir la intrépida lengua del albino, que succionaba con fervor la lengua de la pálida muchacha, quien ya comenzaba a respirar con dificultad, mientras se movía debajo del pesado cuerpo del alemán. Entre jadeos, el alemán comenzó a quitarle el vestido que traía y despojarse de su camisa. Se deshizo de sus pantalones. Era un espectáculo de hombre, musculoso hasta donde corresponde, con un cuerpo blanco que era admirable, y en su bóxer se lucía un atractivo digno de aprobación. Retiró el sujetador y la ropa interior de la rusa, y la quedó observando, frágil, un poco bebida y sonriente ante él. Su miembro despertó completamente y se quitó el bóxer, se colocó nuevamente sobre ella, robándole besos, caricias y finalmente comenzó su maligna embestida.
Luego de un rato, el sudor se hizo presente, la falta de aire y un pequeño dolor, dolor que hace mucho que ella no sentía. A Gilbert no le interesaba mucho ser brusco o no en el estado que se encontraba, y se entregó de manera completa, con una vehemencia in extremis. Pasó su lengua por el cuello de Anya, quien se retorcía debajo de su cuerpo, con leves gritos. Pareció eterno, pero finalmente el cansancio venció al alemán, y la rusa cayó dormida al mismo tiempo que él.
Cuando amaneció, ella no se encontraba en la alfombra que recordaba haberse dormido, sino que en una cama, sola, con una nota sobre el velador. No recordaba muy bien lo que había ocurrido la noche anterior, tenía una cefalea dolorosa, leyó la nota y sus ojos se humedecieron… Qué había hecho.
¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!
Antes que nada, no quiero hacer alusión a lo que ocurrió la semana pasada, pero me veo en la obligación de hacerlo, en esta historia recibí un review de muy mala categoría de un anónimo que tenía un seudónimo y todo eso, luego de leerlo y sentirme miserable por ello descubrí que era un trolleo masivo de parte de unas personas que no mencionaré. Más allá de eso, sólo decir que si alguna persona que me lee lo recibió, sepa que es un simple trolleo. Espero que no tengan problemas con eso. Un abrazo.
Ahora, sobre la historia, algunas dudas que se pueden generar, es que el lugar que menciono es el Aeropuerto inglés, y que el personaje llamado Xue corresponde a Taiwán, no le sabía un nombre oficial, y quería innovar con nombres que busque, por cierto, ese nombre significa Nieve.
Los veo luego... ¡Hasta pronto!
