CAPÍTULO 6: GOLPE

-Su majestad- exclamó el sirviente. El rey se volvió hacia él.

-¿Alguna noticia?- preguntó el monarca.

-Sí, su majestad- dijo el sirviente- acaba de llegar una carta para usted, proveniente de Arendelle…- el rey palideció, al parecer preocupado, pero el sirviente continuó- es de parte de su hijo, Hans-

El rey suavizó su mirada. Por un momento pensó que sería una carta de parte de la reina Elsa, llena de quejas sobre su hijo. Recibió la carta en sus manos y la abrió.

A su majestad el rey de las Islas del Sur

Querido padre:

Te escribo de manera apresurada de un asunto urgente. Elsa cree que el duque de Weselton está preparando un ataque contra Arendelle y, por extensión, contra sus aliados, Islas del Sur y Corona. Te pido por favor que tengas preparados tus ejércitos, en caso de un ataque.

Tu hijo

Hans, décimo tercer príncipe de las Islas del Sur

El rey releyó la carta y, en vez de preocuparse, se echó a reír.

"Menos mal que esos dos ya se están llevando mejor", sonrió el rey "espero que Hans se de cuenta pronto de lo que siente por la reina"

A pesar que a la vuelta de Hans el rey se encontraba muy molesto con el menor de sus hijos, no pudo evitar notar, cual buen padre que era, el brillo en los ojos de Hans cuando alguien mencionaba a la hermosa reina de las nieves. No esperaba que terminaran juntos, sin embargo, al rey se le ocurrió que sería buena idea que los dos se volvieran a enfrentar, y por esa razón propuso a Hans como embajador en el reino de Elsa.

x-x-x

Estaba a punto de caer la noche, y los tripulantes del barco de Arendelle avistaron tierra. Elsa y Hans salieron a cubierta. El segundo suspiró.

-Hemos llegado- dijo el príncipe, y miró de reojo a Elsa- no sé porqué, pero tengo un mal presentimiento-

Elsa le dirigió una mirada preocupada.

-¿Porqué lo dices?- dijo la reina- ¿crees que ella esté…?-

-No, no es eso- dijo Hans, sacudiendo la cabeza y encogiéndose de hombros- no me hagas caso, es solo un presentimiento…-

Elsa lo miró, igual de preocupada. El sol ya se había puesto, y era cuestión de tiempo para que la oscuridad se intensificara. Suspiró también y se dio cuenta que pronto tocarían puerto.

-Ya casi llegamos- dijo Elsa, dando la espalda a la cubierta y acercándose a la puerta que daba al pasillo de los camarotes.

-Creo que debería ir al camarote por mi capa- dijo Hans, abrazándose y mirando a la reina divertido.

La reina lo miró, interrogante.

-Bueno, este parece ser un asunto algo grave- explicó el príncipe con una sonrisa astuta- ¿qué tal si te estresas y congelas lo que tienes alrededor?- se echó a reír- es mejor estar prevenido-

Elsa frunció el entrecejo, lo que hizo que Hans continuara riendo. El príncipe pasó un pulgar sobre la mejilla de la reina.

-Te ves linda cuando pones esa cara- susurró el príncipe y, sin más, se apresuró hacia el pasillo de los camarotes. Elsa se quedó sonrojada y sorprendida, sin embargo sonrió ante la broma de Hans. Seguro estaba intentando animarla para que no se preocupe.

-Me las vas a pagar, Hans- dijo Elsa, riendo, y corrió por el pasillo tras él.

Elsa lo alcanzó pronto, en la entrada de su camarote. La joven reina sonrió de manera traviesa y "amenazó" a Hans creando unos copos de nieve con su mano derecha.

-Woa…- exclamó Hans ante aquella "amenaza", sin poder parar de reír- le ruego que me perdone, su majestad, no volverá a ocurrir-

Elsa no parecía dispuesta a perdonarlo. Tomó la muñeca de Hans con su mano derecha y la congeló, aunque solo de manera superficial. Ahora fue el turno de la reina de echarse a reír.

-No se vale usar poderes, Elsa- dijo Hans, ahora haciéndose el ofendido y quitándose el hielo de la muñeca.

Hans la tomó por las muñecas y giró con ella, de modo que Elsa quedó de espaldas contra la puerta de madera del camarote, y Hans enfrente de ella. Al parecer eso no incomodó a la reina, que seguía riendo. Hans la miró con adoración. El príncipe acercó su rostro al de la reina, y sus labios se tocaron por primera vez. Elsa se sorprendió un poco ante eso y miró a los ojos a Hans, quien se había separado casi inmediatamente. Él se preguntaba si la había asustado, pero Elsa volvió a sonreír. Sin despegar su cuerpo de la puerta, acercó su rostro al príncipe, y esa fue toda la señal que Hans necesitaba. Puso los brazos de Elsa alrededor de su cuello, y después puso sus manos en la cintura de la reina, acercándola a sí. Los labios de los dos se volvieron a unir, besándose por unos segundos. A pesar de la piel fría de Elsa, Hans sintió que se quemaba en su interior. Separaron sus labios, y Elsa miró los ojos verdes de Hans.

-Vaya, eso fue… cálido- dijo la reina, sonriendo y bajando un poco la mirada, ya que sentía sus mejillas calientes. Hans la tomó de la barbilla y la hizo mirarlo a los ojos de nuevo.

-¡Su alteza, su majestad!- se escuchó la voz del capitán desde la salida del pasillo- estamos listos para desembarcar-

Hans sonrió sin quitar la vista de los ojos de Elsa. La besó en la frente.

-Vamos- susurró el príncipe, y Elsa asintió.

x-x-x

Leo se había levantado de la cama con dificultad y, tras comer algo para complacer a su hermano y vestirse, caminó hacia su estudio y se sentó ante su gran escritorio. El estudio tenía el fuego de la chimenea apagado, y la reina sintió una brisa fría que la obligó a cubrirse con una capa.

No estuvo sola mucho tiempo, porque apenas encendió la última vela de su escritorio llamaron a la puerta, y vio que se trataba de su fiel guardia.

-¡Edvard! Por fin te liberaron…- exclamó Leo, levantándose y caminando hacia él. Tropezó y el guardia la atajó antes de que cayera.

-Su majestad, no sabe cuan feliz estoy de verla a salvo- dijo el guardia, con sus ojos un tanto llorosos- jamás me hubiera perdonado si…-

-Shhh, estoy bien, Edvard- dijo la reina, tomando al guardia por los hombros y, mirándolo bien, notó una hinchazón en su mejilla y brazo izquierdos- oh, Edvard, ¿estás bien?¿qué te hicieron?-

Edvard se cubrió el rostro con una mano, ocultando sus golpes de la reina.

-Nada que no me merezca por haber dejado sola a su majestad y haberla arriesgado de esa manera- dijo el guardia- no merezco ser llamado el guardia personal de su majestad-

-No digas eso, Edvard, eres la única persona en este lugar en quien puedo confiar- dijo Leo, y se dejó ayudar a volver a su silla. Una vez que estuvo cómoda, alzó las cejas- dime lo que sabes-

El guardia frunció el entrecejo.

-Madame Hilda estuvo con su hermano todo el tiempo, nunca se acercó a la cocina ni al despacho del médico. El doctor declaró que su gabinete estaba en perfecto estado, y que él podía asegurar que nadie se había acercado a su medicina- explicó Edvard, y suspiró.

-Tuvo que haber mando a alguien más entonces- dijo Leo, pensativa- no se como lo habrá hecho, pero tuvo que haber sido por órdenes de ella, porque…- y se interrumpió.

"Nadie me odia tan amargamente como ella", pensó Leo.

Edvard vaciló.

-En cuanto a los extranjeros, esperaba que haya captado mi señal- dijo Edvard- yo mismo vi que el barco hacia Arendelle se encontraba lejos en el horizonte antes de volver al palacio-

Leo sonrió, más tranquila de lo que había estado previamente.

-Al menos Elsa ya debió haber recibido mi mensaje- dijo Leo- y debe estarse preparando-

Toc… toc…

-Su majestad- dijo el mayordomo Serge- la reina Elsa de Arendelle y el príncipe Hans de las Islas del Sur solicitan una audiencia con su majestad-

Leo miró a Edvard con una expresión de horror.

"Oh, no"

x-x-x

-¡Kaaaaaaai!- exclamó Anna por enésima vez.

Kristoff puso los ojos en blanco. Esto de suplir a Elsa era mas dificil de lo que parecía.

-¿Sí, su alteza?- dijo Kai pacientemente.

-No entiendo estas instrucciones- se quejó Anna- no sé como se pasa visita a los guardias del palacio, no se-

Kai le sonrió benévolamente.

-Para empezar, su alteza- dijo Kai, tomando la hoja de manos de Anna y dándole la vuelta- tiene la hoja de instrucciones al revés. Todo se volverá mas claro ahora.

-Oh, si, es cierto- dijo Anna- gracias, Kai-

El mayordomo se retiró, y los dos continuaron con su trabajo.

-¿Kristoff?- dijo Anna.

-¿Mmm?- le respondió el rubio, sin despegar la vista de su trabajo

-¿Crees que Elsa esté bien?- dijo Anna con preocupación. Kristoff dejó sus hojas y la miró a los ojos, sonriendo.

-¿Bromeas?- dijo el rubio- tu hermana es la reina de las nieves. Nadie se atreverá a meterse con ella-

-¿Porqué no?- preguntó Olaf inocentemente- ¿le tienen miedo? ¡Si es la persona más dulce del mundo!-

Anna sonrió y asintió. Claro que su hermana era dulce. Pero cuando se lo proponía, podía llegar a ser temible.

x-x-x

Leo se había puesto de pie de la impresión, y aún estaba temblando de horror cuando Serge hizo pasar a Elsa y a Hans. Edvard la ayudó a sentarse nuevamente en la silla más cercana al escritorio.

-¡Leo!- exclamó Elsa, entrando precipitadamente y acercándose a abrazar a su amiga- ¡que alegría verte bien! Llegué a creer lo peor…-

-Elsa…- dijo Leo en voz baja- ojalá pudiera decir que me alegro de verte. ¿Porqué viniste? Le dije a Anna que te dijera que no vinieras por ningún motivo. No tienes idea el gran peligro en el que estás en este momento-

-No podía dejar de venir, Leo- dijo Elsa, algo apenada- después de todo lo que me dijiste que Weselton hace en tu corte. Además, estaba realmente preocupada por ti. Tú hubieras hecho lo mismo, ¿no?-

Leo se relajó un poco y sonrió levemente. Desde hacía unos meses, Elsa se comportaba menos fría en general. Producto de su nueva relación con su hermana menor, seguramente.

-Probablemente- dijo ella, sin mirar a Elsa. La presencia de Hans llamó su atención.

-Oh, casi lo olvido- dijo Elsa, sonriendo y dando un paso atrás, para descubrir por completo a su acompañante- te presento al príncipe Hans de las Islas del Sur-

-Nos conocemos- dijo Leo, volviendo su tono un poco serio- al parecer le pagó a mi institutriz para que me dejara a solas usted, ¿no fue así, su alteza?-

Hans se puso rojo ante la mirada inquisidora de Elsa, y se inclinó, más para ocultar el color de su rostro que para otra cosa. Elsa, por su parte, no se esperaba ese giro en la historia, aunque sí le daba algo de curiosidad sabe como intentó Hans ganarse a Leo.

-Lo siento muchísimo, su majestad- dijo Hans- no me enorgullezco para nada de mi conducta previa-

-Y no creas que desconozco de tus aventuras en Arendelle hace unos meses- añadió Leo, pasando su vista de Hans a Elsa. Antes de que el príncipe pudiera intervenir, Elsa lo hizo.

-Tranquila, Leo- dijo Elsa- su padre lo mandó a mi corte en Arendelle para reparar sus ofensas, y hasta este momento lo ha hecho perfectamente y sin falta- sonrió- Hans es nuestro aliado también…-

-Bien- dijo Leo, mirando el reloj. Casi era hora de la cena, y ya había oscurecido en Oeste- cuéntame, ¿cómo llegaste aquí?¿tu barco…?-

-No tuvimos muchos testigos de nuestro arribo- dijo Elsa en tono tranquilizador, adivinando la preocupación de la otra reina- y tu mayordomo nos recibió por la puerta principal, pero no encontramos a ninguno de tus cortesanos en el pasillo. Muy probablemente no sabrán de nuestra presencia…-

Leo se tranquilizó.

-Tal vez podamos mantener esta visita secreta de ellos- dijo Leo- así quienes estén aliados con Weselton no sabrán que estás aquí y no intentarán nada. Nos encargaremos de eso- añadió, mirando a su guardia.

Elsa rió en voz baja.

-Relájate- dijo Elsa- recuerda que podemos defendernos- y alzó las cejas de manera significativa.

-¿Uh?- exclamó Hans. "¿De qué demonios están hablando? Elsa tiene sus poderes de hielo, pero ella…" y la miró sospechosamente.

Las dos reinas lo ignoraron, y continuaron con su conversación política. Hans bostezó.

-Leo, necesitamos firmar ese tratado lo más pronto posible- dijo Elsa. Estaba preocupada por lo que el duque pudiera hacer- quizá así te protegerías de Weselton…-

-Elsa, solo un tratado no servirá- dijo Leo, mirando tristemente sus papeles sobre su escritorio- me he dado cuenta que las fuerzas políticas de Weselton en mi corte son muy fuertes. Necesitamos otra idea para que ninguno de nuestros reinos caiga a merced del duque-

Elsa miró a Leo, y ya sabía que idea iba a resolver todos los problemas de las dos reinas. Se volvió a Hans y lo miró tristemente.

"Lo siento, sé que lo prometí, pero lo tengo que hacer, por el bien de Arendelle", pensó la joven reina de Arendelle.

Hasta ese punto Elsa no había pensado lo mucho que le dolería a ella.

"Hans… ¿porqué siento que no quiero cumplir con mi deber?", pensó tristemente Elsa "¿porqué me hiciste prometerte algo que no iba a poder cumplir?"

Al parecer había desarrollado algún tipo de sentimientos hacia Hans, aunque no estaba muy segura de qué se trataba. Tal vez solo era gratitud por su buen comportamiento, sobre todo por estar ahí cuando se sintió sola y preocupada. Pero no podía poner en riesgo a su país.

"Pero ese beso…", pensó Elsa, pero su mismo interior le contestó "ese beso fue un error. No debí permitirlo. No debí confundirme… ahora mi deber nos dolerá a los dos"

-Hans- dijo Elsa en voz baja, poniendo una mano en el hombro de él- ¿podrías esperar afuera? Tengo algo… importante que hablar con Leo-

Hans fue atrapado por el comentario de Elsa a medio bostezo. El príncipe observó su mirada culpable, y comprendió lo que Elsa estaba a punto de hacer. El toque de la mano de la reina sobre su propio hombro era frío. Su mano derecha tembló. No podía soportar ese sentimiento. No sabía que pensar, o que decir, o que hacer. Solo atinó a salir del estudio de la reina hacia el pasillo, con un fuerte dolor en el corazón.

Leo asintió a su guardia personal, y Edvard salió tras Hans y cerró la puerta.

-¿Qué sucede?- preguntó Leo con curiosidad-¿qué idea se te ha ocurrido?-

-La única opción de alianza lo suficientemente fuerte para salvar a nuestros dos reinos- dijo Elsa, cruzando los brazos y mirando al suelo tristemente- matrimonio-

-¿Qué dices?- exclamó Leo, sorprendida.

-Tu hermano y yo… deberíamos casarnos- dijo finalmente Elsa con el corazón roto.

Su voz surgió despacio, como si una parte de ella no quisiera que Leo escuchara su propuesta y como si otra parte de ella le doliera al decirlo. Pero tenía que hacerlo- con los reinos unidos, Weselton no intentará buscar seguidores en Oeste, y renunciará a atacar Arendelle-

Leo la miró.

-Elsa- dijo Leo con una sonrisa llena de comprensión- ¿porqué haces esto? Te conozco. Tú crees en el amor verdadero. Y tu no amas a mi hermano-

-Pero amo a Arendelle- declaró Elsa. Leo sintió que la temperatura de su estudio bajaba lentamente y, sin levantarse de su asiento, miró a la reina de las nieves- lo haré por mi país-

Leo bajó la mirada y sacudió la cabeza.

-Elsa, no puedo creerlo, esa es la solución perfecta- dijo Leo con un nudo en la garganta- la mejor opción para mi reino y para el tuyo. Y me encantaría que fueras mi cuñada. Pero…- hizo una pausa- pero no puedo aceptarlo-

Elsa se quedó helada.

-¿Porqué no?- preguntó Elsa, mitad decepcionada y mitad aliviada- ¿no crees que…?-

-Tú no amas a mi hermano. Y yo también creo en el amor verdadero- dijo Leo- mi hermano Jorgen está enamorado y comprometido. No puedo hacerle eso, no puedo alejarlo de su amor verdadero-

Elsa la miró en silencio.

"Dijo que no", pensó Elsa, y su corazón latió menos dolorosamente de lo que estaba haciendo los últimos minutos "dijo que su hermano no se casaría con ella. Soy libre. Hans…"

-Jorgen me obedecería si yo le ordenara casarse contigo, Elsa, tenlo por seguro- añadió Leo- también él lo haría, como tú, por su país. Todo el mundo envidiaría dicha unión. Pero entonces él y tú serían infelices por el resto de sus vidas-

-Está bien, Leo, yo solo…- dijo Elsa en voz baja.

Antes de que pudieran decir otra cosa, la puerta se abrió precipitadamente, y apareció madame Hilda, seguida de un apenado Edvard.

-Le pido disculpas, su majestad- dijo el guardia antes de que madame hablara- le dije que su majestad estaba ocupada y traté de detenerla, pero…-

Leo levantó su mano y Edvard se retiró. Madame Hilda no parecía dispuesta a salir de ahí, así que Leo pensó en averiguar que quería. Además tenía un asunto que arreglar con ella.

-Elsa, ¿me permites un segundo?- dijo Leo en voz baja, entrecerrando los ojos, pero sin quitar su vista de la tutora.

Elsa asintió, sorprendida, y salió al pasillo tras de Edvard.

-¿Se puede saber qué hace esa mujer aquí?- dijo madame Hilda bruscamente, una vez que se quedaron solas con la puerta cerrada- ¿qué asuntos la traen a perturbar la tranquilidad de nuestro país?-

-La reina Elsa de Arendelle es mi invitada personal- dijo Leo con voz débil, pero firme- le ordeno que se abstenga de molestarla o de reportar su presencia en el palacio a cualquier persona de la corte, madame, ¿lo comprende?-

-¿Le ordeno?- exclamó madame Hilda con tono irónico- vaya, parece que ya se está creyendo su rol, su majestad-

Leo frunció el entrecejo.

-Por más que trate de deshacerse de mí, yo soy la reina- dijo Leo orgullosamente- y tendrá que acostumbrarse a ello-

-No vine a discutir con usted de eso, majestad- dijo madame Hilda, moviendo una mano fastidiada- escuché la propuesta de matrimonio que la reina Elsa hizo para su hermano. Un matrimonio real y aceptable para el príncipe Jorgen. Su padre hubiera aprobado y hubiera estado feliz de que se realizara esa unión. ¿Porqué no la aceptó?-

-Yo tengo mis razones- dijo Leo seriamente- para empezar, Jorgen ya está comprometido con Violeta-

-Con una actriz y cantante de cuarta, que de seguro comparte sangre con la mayoría de los perros de su reino- dijo madame Hilda despectivamente.

-¡No le permito que hable así de la futura princesa de este reino!- exclamó la reina, poniéndose de pie. Sentía dolor en su abdomen al hacerlo tan bruscamente y la cabeza le daba vueltas, pero utilizó toda su voluntad para disimularlo. Las cubiertas de cristal que cubrían las velas del estudio se quebraron ante su voz- ¡mi padre se casó con mi madre por amor, y así haremos Jorgen y yo, porque eso es lo que lo hubiera hecho feliz!-

-¡Usted debería aprender a controlar su temperamento, señorita!- exclamó madame Hilda, mirando reprobatoriamente los vidrios rotos en la habitación.

-¡Y usted debería aprender a comportarse delante de su reina!- exclamó la joven.

Hubo un minuto de silencio, y madame Hilda salió precipitadamente. Leo se dejó caer dolorosamente sobre la silla. Aquella discusión la había agotado.

-¿Se encuentra bien, su majestad?- dijo Edvard con preocupación, entrando una vez que salió la tutora.

-Sí, sí, no te preocupes, solo estoy algo cansada- dijo Leo, tratando de ignorar el agudo dolor en su costado- Edvard, haz pasar nuevamente a Elsa, y dile a Serge que llame a Jorgen. Quiero que mi hermano escuche la versión de Elsa, por si me pasa algo de nuevo y Weselton intenta convencerlo-

x-x-x

Elsa había salido del estudio de Leo un poco aturdida. Y una parte de ella estaba aliviada. ¿Acaso acababa de proponerle a su amiga casarse con su hermano? Aún no lo podía creer. Le temblaban las manos y unos pequeños trozos de hielo iban surgiendo de ellas.

"Contrólate, Elsa…"

¡Pero Leo había rechazado su propuesta! Y tenía muy buenas razones para hacerlo. La sola idea de que no se casaría con Jorgen le había quitado un gran peso de encima. Le provocó una sonrisa inconsciente.

-Vaya, felicidades, su majestad- dijo Hans detrás de ella, con el ceño fruncido, recargado en una columna al final del pasillo- si me permite preguntarle, ¿cuándo va a ser el feliz acontecimiento?-

Elsa lo miró alzando una ceja, y caminó lentamente hacia él. ¿De qué está hablando Hans? No eran solo sus palabras. Ese cambio de actitud en el príncipe no le había gustado para nada.

-Espero que su majestad me haga el honor de invitarme a su boda con el príncipe Jorgen- agregó Hans antes de que Elsa pudiera decir algo.

-No habrá boda, Hans. No es lo que piensas- dijo Elsa en voz baja, pero segura. Tonto Hans, había malinterpretado su sonrisa.

-Ah, ya entendí- continuó Hans con su viejo tono irónico, aunque una parte de su voz delataba que el joven se sentía herido- no va a invitar a la boda a su ex enemigo. Eso deshonraría su momento, ¿no es así?-

Elsa parpadeó varias veces, sin poder creer lo que escuchaba. ¿Qué rayos estaba pasándole a Hans? Elsa nunca antes había interactuado con un hombre que no fuera su padre o Kai, quien era otra figura paterna, y desconocía de que se trataba aquella actitud del príncipe.

-Hans, yo no…- dijo Elsa, nerviosa por la situación- ya te dije que no habrá boda, así que tranquilízate, lo estás malinterpretando todo-

Hans la miró con la misma expresión severa y, antes de que pudiera decir algo, Serge el mayordomo se acercó a ellos.

-Reina Elsa- dijo el mayordomo- su majestad la reina Leo solicita de nuevo su presencia en su estudio. Desea decirle algo junto con su hermano Jorgen. Con su permiso, iré a buscar al príncipe-

Elsa y Hans se quedaron helados al escuchar eso.

"¿Madame Hilda la convenció?", preguntó Elsa, pero sacudió la cabeza. Su amiga no era convencida tan fácilmente, y mucho menos por una mujer que la había tratado de envenenar. Quizá Leo tuvo otra idea de como arreglar el problema. Eso debía ser.

Pero Hans pasó su mirada del mayordomo a Elsa, y la reina de las nieves volvió a ver esa mirada que había visto antes. La mirada que puso Hans antes de intentar asesinarla. Una mirada cargada de odio.

-¿Hans?- dijo Elsa, dudosa y asustada, dando un paso atrás.

-Así que no habrá boda, ¿eh?- dijo el príncipe- no hace falta que le mientas al pobrecito de Hans, Elsa. Puedo entender que no me quieres ahí. Así que si me disculpa, iré a pasar revisión a los soldados en el barco, su majestad…-

Y se retiró antes de que Elsa pudiera decir nada.

-¡Hans! ¡espera!- exclamó ella, pero Hans ya estaba muy lejos.

x-x-x

-¡Hans!-

El príncipe de las Islas del Sur aún podía escuchar la hermosa voz de Elsa en su cabeza mientras recorría los pasillos del palacio. Muchos de aquellos lugares ya los conocía, pues hacía unos años había estado ahí.

¡Qué tonto había sido! ¿Cómo había dejado que la reina de las nieves derritiera su corazón de esa manera? ¿Cómo se le había ocurrido besarla y, peor aún, haber tenido esperanza de que ella lo amara? La reina fría, incapaz de amar a nadie más que a su malcriada hermana.

"Y ahora, Elsa se va a casar con ese… príncipe", pensó Hans haciendo una mueca de disgusto "de seguro Leo le puso de condición que no me quería ver en la boda o algo así. No sé porque Elsa se esforzó tanto por tratar de consolarme, cuando…"

-Argg…- gruñó el príncipe, y pateó el marco de la puerta trasera del palacio, solo provocando un inmenso dolor en los dedos de su pie derecho. Un par de lágrimas escaparon de los ojos del príncipe, y no tenían nada que ver con el dolor de su pie.

-Ejem…- dijo una voz femenina- esa no es manera de comportarse de un príncipe, jovencito-

Hans se volvió, y se dio cuenta que se trataba de madame Hilda, la institutriz de Leo, con una mirada de fastidio y los brazos cruzados.

x-x-x

Leo esperaba pacientemente a Elsa y a su hermano frente al escritorio de su estudio. Miró las hojas desordenadas y suspiró. No esperó mucho tiempo, pues Elsa volvió a entrar.

-Elsa, ¿te encuentras bien?- dijo Leo al ver a su compañera regresar a su estudio alterada.

-Sí, perfectamente, todo bien- dijo Elsa, evitando mirarla a los ojos. Leo miró el hielo formándose en el suelo junto a su amiga, y alzó una ceja.

-Se nota… ejem… Elsa, estás congelando mi estudio- agregó, señalando el suelo. Elsa sacudió la cabeza y lo hizo desaparecer.

-Lo siento- dijo la reina de las nieves.

-No te preocupes, Elsa- dijo Leo, mirándola sospechosamente- ¿está todo bien? ¿Porqué te pusiste así tan de repente?-

Elsa sacudió la cabeza, tristemente. Por más que intentaba controlar sus poderes, la temperatura de la habitación estaba bajando. Otra vez se perdió en los pensamientos. En Hans. ¿Porqué Hans se había puesto así?¿Porqué no la había escuchado?

Elsa cerró los ojos. Recordó la sensación cuando estuvieron en la cubierta del barco, cuando estaba apoyada sobre el mástil del barco. El dulce vaivén de las olas. La brisa cálida del mar. La suave mano de Hans acariciando su mejilla, y su aliento tan cercano a ella. Sus labios casi tocándose. Recordó hacía apenas un par de horas, en la puerta de su camarote…

-Elsa, estás nevando- insistió Leo, sacándola de sus pensamientos otra vez- evidentemente no estás bien, no estás controlando tus poderes. ¿Qué acaba de pasar?-

Elsa sacudió la cabeza nuevamente.

-Nada, Leo, en serio- dijo Elsa.

-Es Hans, ¿verdad?- dijo Leo, y Elsa levantó la mirada. La reina de Oeste miró a su amiga como si pudiera leer su alma- lo amas, ¿no es así?-

-No- dijo Elsa, cruzándose de brazos- bueno sí… no sé, no lo sé. Se enojó porque pensó… pensó que me iba a casar con tu hermano, que habías aceptado. Yo… yo le había prometido que no me casaría con tu hermano…-

-Lo cual me deberías agradecer- dijo Leo con una risita- ¿encontraste a tu verdadero amor? ¿Entiendes porqué tu matrimonio con mi hermano es mala idea? ¡Tú amas a Hans!-

"¿Esto es el amor? Esto no me gusta", pensó Elsa "¿porqué duele tanto?"

Leo le dirigió una mirada compasiva al ver la cara triste de Elsa, y sonrió.

-Tranquila- dijo la reina de Oeste- él te ama. Se le ve en los ojos. No pudo soportar la mirada de desaprobación que pusiste cuando te conté lo que le pagó a mi institutriz. No podía quitarte los ojos de encima-

Elsa se quedó callada.

-Oh, Elsa, eso es hermoso- comentó Leo.

-No, claro que no lo es- dijo Elsa- en este momento Hans me odia. No quiere verme, no quiere escucharme ni saber nada de mi. Y si llego a arreglarme con

él, y vuelvo a casa diciendo que me enamoré del hombre que casi acaba conmigo el verano pasado… Anna nunca me lo va a perdonar-

"Anna jamás me perdonará que me enamore de su ex prometido, sobre todo después de todo el daño que causó…" pensó Elsa "pero ¿porqué siento todas estas cosas? No tiene sentido"

Antes de que otra palabra fuera dicha, la puerta del estudio se abrió de golpe, chocando contra la pared de la habitación y causando un gran estruendo. La brisa fría de la noche recorrió todo el estudio y apagó todas las velas que se encontraban encendidas, ahora que estaban desprovistas de su cobertura de cristal después de que madame Hilda hubiera hecho que Leo se exaltara y las quebrara con sus poderes.

La reina de las nieves tuvo un mal presentimiento. No le gustó para nada ver que el pasillo fuera del estudio estaba tan oscuro como adentro, cuando hacía unos minutos, cuando había salido y tuvo esa discusión con Hans, las velas del pasillo habían estado encendidas. A oscuras, Elsa estiró los brazos, buscando a Leo que había estado sentada junto al escritorio. No logró encontrarla con su tacto, pero de pronto llegó a sus oídos un gemido ahogado y un golpe seco en el suelo frente a ella.

-¿Leo?-

No hubo más respuesta que un gemido de dolor. Elsa quiso acercarse a donde escuchó ese ruido, pero sintió que un par de manos la tomaron de los hombros, detrás de ella, y la lanzaron hacia un lado, haciéndola golpearse la cabeza con el borde del escritorio de Leo, para después caer al piso un poco aturdida. El mismo par de manos la obligó a levantarse, y entonces Elsa tuvo una sensación extraña en sus manos y en sus muñecas, como si éstas estuvieran en llamas, unas llamas invisibles. La joven reina de las nieves iba a gritar de dolor, pero las manos la obligaron a sentarse, al parecer en una silla, restringiendo su movimiento, y otra mano enguantada ahogó su grito.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?- dijo una voz masculina que heló el corazón de Elsa. La había escuchado hacía unos meses tratando de adularla, y después declarando que era una hechicera malvada.

"Weselton"

x-x-x

Hola de nuevo! No se muevan de sus lugares, no se coman los codos, y no desesperen. Espero que les haya gustado. Nos leemos pronto.

Abby L.