Cambio de escena: —
Cambio de narrador: /
Flashback
Pensamiento: "..."
Sueño: [...]
El frío invernal era más que notorio aquella noche. La capa de nieve era grande y densa, las huellas se quedaban mucho más marcadas que otras veces, pero se desvanecían con rapidez por la nieve que caía, su respiración era entrecortada, el vaho que expulsaba por su boca se quedaba suspendido en el aire, y después de unos segundos desaparecía.
Sus temblorosas manos acariciaban sus brazos con cierta insistencia para poder calentarlos. Llevaba ya muchas horas caminando, no sentía la punta de los dedos de sus manos, mucho menos los de sus pies. Sus ojos estaban entrecerrados, buscando un camino para llegar a la ciudad, o un lugar para refugiarse, miraba de un lado a otro, pero solo veía árboles y más árboles. Sus piernas temblaban como gelatina, al igual que todo su cuerpo, lo único que podía escuchar era el susurro del viento.
―Maldita sea, ¿dónde estás Wirt? ―preguntó la pelirroja mientras continuaba caminando sin un rumbo fijo. Después de tanta búsqueda, sabía que no aguantaría mucho más, pero aun así no podía desistir, más bien, no quería hacerlo.
Le había dicho al pequeño de los hermanos y al leñador que se quedara en la cabaña del último nombrado por la ventisca que se avecinaba. Pero aun no podía volver, le había prometido a Greg que traería a su hermano, ella no tenía pensado desistir.
Día tras día desde lo sucedido, ella se echaba la culpa de todo había sucedido, si no hubiese sido tan irresponsable, si no hubiese sido tan estúpida, si no hubiese sido tan egoísta, nada de esto habría pasado.
El trato de Wirt con la Bestia, la casi transformación de Greg en un árbol de Edlewood, todo eso caía sobre sus hombros, si no la hubiesen conocido, simplemente no habrían sufrido tanto―. Idiota, idiota, idiota, ¿no podías quedarte quieta cierto? ―Se susurraba a si misma a la par que se abrazaba para tratar de menguar el frío en sus huesos.
Pero era imposible, este era más fuerte, sus pasos comenzaron a hacerse más pesados y su velocidad al caminar había comenzado a disminuir―. No, no, maldita sea ―dijo cuando comenzó a ver todo borroso a su alrededor, estaba cansada, había sido muchas horas caminando, sentía como se tambaleaba con cada paso que daba―. Aguanta, solo… un poco...-― y sin poder terminar la frase, ella cayó sobre la mullida y fría nieve, un quedo gruñido escapó de sus labios al darse cuenta de lo que le acababa de suceder, el frío carcomía cada ápice de su cuerpo, no sentía ya ni su rostro ante tales temperaturas, aun así, intentó volver a ponerse en pie.
En vano, pues sus entumecidos brazos, ante la fuerza que estaba ejerciendo habían comenzado a temblar y cuando menos lo esperó, volvió a caer y una vez más gruñó por ello, haciendo que frustrada, diera un golpe sobre la nieve―. Mierda, ¡vamos, arriba! ―Se decía a si misma intentando una y otra vez levantarse, pero aun así no lo conseguía, ya casi no podía moverse y sus párpados cada vez pesaban más y más―. "No, no..." – pensaba continuamente tratando de no caer inconsciente.
Entonces sorprendiéndola, sintió como su cuerpo era gentilmente levantado del suelo, pero no era el tacto de unas manos, sino más bien un toque más duro, como el de unas raíces.
Su cuerpo se tensó notablemente, y el miedo congeló sus venas y detuvo el bombeo de su corazón.
En un último intento por mantenerse despierta trató de abrir sus ojos lentamente. Su oscura mirada se topó con aquella brillante mirada tricolor que la estremeció. Sus párpados se abrieron sorprendidos, el frío parecía haber desaparecido, podía mover sus manos con mayor control, sus energías parecían haberse renovado y con todas las recuperadas, intentó escapar, pero ya era demasiado tarde, ahora, las raíces la habían inmovilizado por completo, obligándola a arrodillarse y a alzar la vista.
Si su cuerpo antes estaba temblando por el frío, ahora, lo hacía de rabia al ver a quien tenía delante, no le fue difícil reconocerlo, pues, aunque de cierta manera aquella forma humanoide le había sorprendido cuando lo vio bien, el ver esos "cuernos" que se extendían como si de un árbol se tratase y esa fría mirada de diversos colores había hecho que ella se diera cuenta de quién era.
― ¿Q-Qué haces aquí? ¿Qué es esa forma? ―Dijo rechinando sus dientes al mismo tiempo que apretaba sus puños con tal fuerza que sus nudillos se habían vuelto completamente blancos. La ira y el miedo, se acumulaban en su cuerpo, uno de los creadores de sus peores desdichas estaba frente a ella y esa tenue, aunque malévola sonrisa no podía hacerla enfurecer más― ¿Dónde está Wirt maldito demonio? ¿¡A caso lo has absorbido para obtener esa maldita forma!?
Los ojos del azabache, recorrieron de hito a hito el cuerpo de la chica, como si estuviese inspeccionándola, ella solamente frunció más su ceño ante aquella mirada que el hombre le echaba y cuando intentó hablar para gritar en réplica por ello, las palabras se quedaron estancadas en su garganta―. "¿Qué?" ―Pensó la pelirroja sin comprender que era lo que estaba sucediéndole.
Comenzó a tratar de hablar, pero no podía, parecían haberle arrancado sus cuerdas vocales. Rendida a que pudiese hablar, bajó su mirada apretando con fuerza sus dientes, en cambio, al escuchar un susurro, alzó su mirada y se quedó en shock, después de unos instantes, sus pupilas se contrajeron y esta vez, su cuerpo tembló de puro terror.
Allí, frente a ella, solamente a unos metros de distancia se encontraba su amigo. Su cara estaba demacrada, como si sufriese de una desnutrición muy severa, podía ver algunas heridas por su rostro, su ropa por algunas partes destrozada mostrando así profundas heridas -las cuales algunas tenían sangre coagulada y otras seguían goteando aquel oscuro y carmesí líquido- y su mirada, la cual estaba completamente vacía, como si le hubiesen arrebatado la vida y solo quedase un suspiro de la misma en ese débil cuerpo.
No era posible, eso no era real, solamente era una maldita ilusión de aquel horrible monstruo. La pelirroja intentaba hablar, gritar, se movía errática tratando de librarse del agarre de aquellas raíces y salir corriendo para alejarse de esa pesadilla, buscar a Will, encontrarlo, llevarlo con Greg y así continuar con su aventura consiguiendo que ambos regresasen a su casa sanos y salvos.
Entonces, una respiración tan fría como el hielo acarició su mejilla derecha haciendo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo en simples instantes. Miró por unos segundos a Wirt quien no reaccionaba ni ante el frío, ni ante el estado en el que se encontraba. Y así, lentamente llevó su mirada hacia el lado donde había sentido aquel toque helado.
Antes de poder terminar su acción una mano con afiladas garras tomó sus mejillas y la giró bruscamente sin permitirle terminar de ver su rostro.
Lo poco que había podido ver cuando intentó girarse le estremeció en el muy mal sentido, una extensa y malévola sonrisa con dientes puntiagudos se repetía una y otra vez en su mente.
Justo en su oído derecho e incluso su cabeza una escalofriante voz resonó consiguiendo que temblase totalmente asustada―. ¿Le ves niña? ¿Ves como está por tu culpa? ―Le preguntó haciendo que el pecho de la pelirroja se oprimiera de dolor, no era cierto, ¡eso era mentira! ¡Sólo era una maldita pesadilla!
― Ya no puedes hacer nada por él idiota, pudiste haberlo hecho si hubieras sido menos, pero no lo hiciste... ―una queda y burlona carcajada escapó de los labios del azabache quien apretó un poco más el agarre en las mejillas de la chica, creando finas heridas que le hacían caer finos hilos de sangre. Ahora, la pelirroja, por la acción de La Bestia no podía apartar la mirada de la imagen de su demacrado amigo, haciendo que el dolor se instalara por completo en su pecho, consiguiendo que en los pensamientos de la chica solo hubiese sitio para su autocrítica, para culparse a sí misma de lo que le estaba sucediendo a Wirt.
―Ahora, por tus decisiones, él me pertenece, ya no podrás hacer nada por impedir que algo le suceda ―así, sin más, la chica sintió como el agarre en sus mejillas y cuerpo desaparecía y ella volvía a caer sobre la nieve haciendo que volviera a gruñir por ello. Trató de levantarse, pero le fue imposible. Su cuerpo ya no respondía y solo pudo alzar su mirada para ver en dirección a los dos chicos, viendo sorprendida como el más alto, sostenía al adolescente de la cintura y lo pegaba a su figura como si fuese de su propiedad.
Ella frunció su ceño una vez más por aquello y estiró su brazo como pudo en dirección a su amigo creyendo que este reaccionaría o algo parecido. En cambio, unas raíces volvieron a aparecer de la nada y atraparon cada parte de su esbelto cuerpo haciendo que mirara con ira al azabache, quien no podía estar más satisfecho ante lo que estaba viendo.
Una gran y escalofriante risa escapó de los labios de La Bestia, esta la miró con gran burla al igual que su sonrisa―. No sirves para nada, admítelo este es tu castigo por tu estupidez. Verás como todos los de tu alrededor sucumbirán ante la desgracia y todo, por tu maldito egoísmo. Jejeje~ disfruta de tu castigo pequeño pajarito~ ―Sin más, con un movimiento de su capa tapó por completo a Wirt, y en un simple parpadeo, ambos desaparecieron de su vista, las raíces ya no la sostuvieron por más tiempo, era libre, pero no podía moverse.
― "Es cierto, todo esto es... mi culpa. Este debe ser mí, castigo..." ―sus ojos comenzaron a pesar, mucho más de lo normal, sentía como todo empezaba a volverse borroso de nuevo, comenzaba a perder el sentido del tacto en sus manos, las cuales estaban tan o más frías que la nieve donde se encontraban, no escuchaba nada, ahora, no podía ver nada, no sentía nada.
Ese. Ese debía ser su castigo por sus actos. Al menos, eso era lo que ella creía mientras poco a poco iba cayendo en la inconsciencia dejando como último pensamiento―. "Perdóname Wirt, por todo."
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―Beatriz... ―susurró el moreno antes de abrir sus ojos, y una vez más -como tantas veces había hecho- mirar a su alrededor, encontrándose en lo que para él era una escalofriante prisión, miró hacia la ventana por la que había saltado quien sabe cuándo, desde que se durmió, bueno, más bien desmayó.
Ahora, la veía completamente tapiada por montones de ramas que le impedían su posible y única escapatoria.
―Ah... mierda ―dijo el adolescente quien al intentar levantarse para ir a mirarse al espejo. No pudo, en ese momento sintió una fuerte presión ante su intento, abrió sus párpados sorprendido por ello y cuando trató de tocar su cuello vio como las cadenas estaban apretadas con cierta fuerza, pero no demasiada para cortarle la circulación. Rápidamente, las llevó a su cuello, sintiendo que, en este, también tenía un collar, se giró mirando de donde provenían las cadenas, observando como de largas llegaban a ser, aunque ahora estaban acortadas para que no pudiese moverse demasiado. ― ¿Qué demonios es esto? ―No podía creerse lo que estaba viendo, era algo impensable, no podía haberlo hecho, debía ser una puta coña, se giró en dirección contraria y se tomó varios mechones de su pelo. ¿En qué estaba pensando ese maldito psicótico?
―¿Te sorprende? ―le preguntó la burlona voz del azabache, haciendo que el chico saltase asustado por la repentina voz del hombre. Giró su rostro al lugar de donde provenía la voz ajena, viendo como este tenía las piernas cruzadas, con su codo apoyado en su rodilla y su cabeza en la palma de su mano además de una sonrisa ladeada que no le daba buena espina al menor―. Es lo que te has ganado niño, todo por desobedecerme ―dijo con simpleza mientras apoyaba ambas manos en el mullido colchón al mismo tiempo que descruzaba sus piernas y continuaba mirando con aquellos fríos ojos al moreno.
―¿Estás loco? ¡Quítame éstas malditas cadenas! ¡Me están sofocando! ―Gruñó el menor quien, al intentar asestarle un golpe al hombre -en vano, pues no llegaba- sintió como caía sobre la mullida cama con el azabache sobre él, inmovilizándole otra vez. Ambas manos a los dos lados de su cuerpo, la rodilla del más alto entre sus piernas y su rostro demasiado cerca del ajeno―. ¿Q-Qué haces? ¡Aléjate de mí! ¡No me gusta esto!
―No pienso hacerlo niño, ¿recuerdas lo que te dije? ―su sonrisa se había extendido, su mano había atrapado ambas muñecas encadenadas del chico y las puso sobre la cabeza de este haciendo que temblara de miedo, pues esa mirada le estremecía en exceso― Si intentas escapar, lo pagarás caro. Y me importa una mierda que esto no te guste, lo vas a pagar.
―P-Pero, ¿cómo demonios quieres hacérmelo pagar? ―dijo temblando, pues aquella mirada y aquel hombre sobre su persona le intimidaban, además de que la rabia llenaba cada partícula de su cuerpo, ¡eran sentimientos demasiado contradictorios!
En cambio, contrario al chico, el hombre arqueó una ceja, incrédulo ante lo que estaba escuchando, el niño no podía ser tan estúpido.
Aunque, por su reacción, si lo era. Su sonrisa maliciosa se había esfumado por unos segundos, pero rápidamente volvió junto a una mirada aún más maliciosa―. ¿Qué acaso no te lo dejé bien claro? ―Le susurró rozando ambos labios "accidentalmente" al mismo tiempo que su mano libre acarició con cierta malicia la pierna izquierda del menor, la zona de su muslo interno, haciendo que inconscientemente el chico la levantara y rodease la cadera del mayor―. Es con tu cuerpo~ ―las mejillas del moreno no solamente se habían encendido al momento de ver la burla en los ojos del azabache, sino también por las acciones y sensaciones que su cuerpo estaba experimentando bajo las manos de este y sobre todo por la profunda, grave, varonil y seductora voz que acababa de escuchar.
No, así no podía sentirse en una situación así, era malditamente imposible, ¿¡Por qué se sentía así!?
― "¿¡Por qué demonios me tiene que pasar esto a mí?!" ―se preguntaba el adolescente sin saber muy bien cómo iba a acabar aquella noche.
Y realmente, no quería ni saberlo.
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Sentía como una tenue calidez se adhería a mi cuerpo, y me acariciaba como si se tratase de la suave luz del sol. El lugar donde estaba no era muy duro, estaba cómoda, pero quería abrir mis ojos y al hacerlo, miré a mi alrededor.
Una sonrisa se formó en mis labios, allí estaban todos, mi familia, Greg y su ranita, el leñador y su hija.
Allí estaban todos, todos menos―. Wirt ―dije mirando en todas direcciones para poder encontrarle, pero no se encontraba entre ninguna de las personas que estaban allí. No, no era posible, ¡debía estar allí! ¿¡Dónde estaba!?
Ante aquello me levanté, los susurros de las personas a mi alrededor comenzaban a hacerse más fuerte, no les prestaba atención, no quería. Pronto mis piernas sin motivo alguno y sin control comenzaron a correr como si su vida dependiese de ello.
Con una rapidez descomunal, me alejaba de todo lo que conocía, de esa luz que me producía oscuridad para detenerme abruptamente y mirar la oscuridad que se separaba de la luz, un lugar frío, nevado y desértico que le hacía temblar asustada.
Apreté con fuerza mis puños y negué con la cabeza para afilar mis ojos negros y comenzar a correr al interior de ese lugar abismal. Mi aliento volvía a mostrarse en forma de vaho, tuve que volver a abrazarme a mi misma por el frío que hacía. Lo busqué y lo busqué, pero no era capaz de encontrarlo.
―Debes estar aquí, ¡por favor dime que si! ―me gritaba a mí misma mientras le buscaba por todos los lugares que recordaba haber visto, pero nada, él no estaba por ninguna parte― ¡WIRT! ¡WIRT RESPÓNDEME!
Gritaba esperando que me respondiese en algún momento. Pero no parecía que hubiese nadie por allí a parte de mí, y antes de volver a gritar el nombre de aquel que buscaba, tropecé y caí sobre la mullida nieve.
Cuando fui capaz, me apoyó sobre mis codos y volví a mirar a mi alrededor molesta, pues todo lo que había alrededor era muy parecido―. ¡Maldita sea! ¡Sal de donde sea que estés maldita Bestia! ―Dijo dando un fuerte golpe al suelo, enfriando su mano para que al momento de mirar hacia delante su pecho volviera a encogerse y sus pupilas se contrajese― No, no... ¡NO!
Grité asustada, replicando y negando a gritos. Me dolía no podía hacer nada, no podía levantarme, el miedo se había apoderado de mí y no podía moverme.
Escuchaba los alaridos de dolor de Wirt, lo veía frente a mí, gritando, pidiéndome ayuda para que le salvase. Pero mi cuerpo no se movía.
Le veía fijamente, con mis ojos lagrimeando con fuerzas y sollozando adolorida por la imagen.
Las muñecas de este estaban siendo atravesadas por ramas que lo levantaban varios metros del suelo y lo dejaban colgado de las ramas más fuertes de los árboles, su rostro estaba completamente demacrado cubierto de heridas que sangraban y manchaban la blanca y pura nieve, sus ojos no mostraban nada, estaban vacíos, literalmente, sus cuencas estaban vacías y chorreando aquel oscuro líquido carmesí. Gritaba porque aquella horrible criatura parase y que liberase a mi amigo.
Entonces, vi como a su lado. Una figura de gran altura se mostraba, no me hacía falta ver su sonrisa, esos ojos tricolores, me dejaron completamente claro que iba a destrozarlo completamente.
Gritaba con más fuerza, porque aquella bestia se alejase de Wirt. Siendo que ahora, esta estaba clavando sus garras -que pasó frente a mis ojos- en el débil cuerpo del castaño una y otra vez, creando profundas y dolorosas heridas con sus zarpazos.
Podía ver todos los hematomas que tenía por su cuerpo semidesnudo, el cual ahora mismo, solamente estaba cubierto por un simple pantalón que estaba destrozado por algunos lugares donde se mostraban heridas abiertas que más que eso, parecían profundas cuchilladas que mostraban sus músculos.
Y luego, para ponerle guinda al pastel y arrancarme completamente la voz, vi como una escalofriante y enorme mano negra atravesaba la caja torácica del moreno, manchando la misma garra con grandes cantidades de sangre, la cual él escupió por igual por su boca y ante esa acción, ese oscuro líquido cayó sobre su rostro y frente a ella, haciendo que mi mirada pasara de hito a hito de su amigo al líquido carmesí que veía en frente de mí, así durante unos instantes.
― "¡No! ¡Espera, por favor déjale ya en paz! ¡NO LO MATES! ¡NO!" ―pensé estirando mi mano para que aquella horrible criatura se detuviese, en cambio, esta solamente me miró y haciéndome temblar en el suelo, una amplia y macabra sonrisa blanca y pulcra se mostró, haciendo temblar todos mis sentidos. Entonces, con un corte limpio le cortó la cabeza frente a mí, dejando que con rapidez la cabeza rodase hacia y susurrase.
―Esto es tu culpa ―susurró mientras me ahogaba en la sangre de mi amigo, asfixiándome.
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― ¡WIIIIIRT! ―Gritó la chica asustando al dormido Greg que se encontraba justo a su lado. Ella en cambio sin percatarse del pequeño niño simplemente se levantó de la cama y salió corriendo en dirección a la puerta. ¡No podía parar ahora! ¡Debía encontrar a Wirt cuanto antes! Ni los gritos del niño servían para detener a la pelirroja quien estaba decidida a salir en busca de su amigo.
Pero el comienzo de su búsqueda fue interrumpida, pues tal era su ceguera para salvar a su amigo que ni se había percatado de que el Leñador se había puesto frente a ella, y así cayó al suelo por el repentino choque contra el cuerpo del corpulento hombre.
Se acarició el rostro el cual estaba adolorido por el repentino golpe y miró a su alrededor, ¿ya no estaba en el bosque? ¿Cómo había vuelto a la cabaña? ¿Qué estaba pasando? ―Te encontré desmayada en medio del bosque, ya sé que nos dijiste a mi hija y a mí que no te siguiéramos, pero se avecinaba una tormenta cuando te estabas marchando, así que decidí seguirte ―dijo el viejo hombre haciendo que la chica comenzara a recordar cómo había llegado al bosque.
―Por un momento te perdí de vista, no tenía idea de donde podrías encontrarte y entonces, después de un par de horas buscándote, te encontré, bajó un pequeño manto de nieve. ¿Sabes el disgusto que le habría dado al pequeño si te hubiese traído muerta por el frío? ―volvió a replicarle ante aquella estupidez que había cometido haciendo que la adolescente agachara la cabeza avergonzada.
El hombre tenía razón, era una irresponsable, no podía cuidar ni de sí misma, ¿cómo podía rescatar a Wirt siendo así de idiota?
Sus ojos una vez más se humedecieron, la rabia, el dolor y el odio, todos se entremezclaban y creaban un torbellino de sentimientos en su interior, pero antes de que si quiera ella pudiese comenzar a llorar o si quiera sollozar unos pequeños brazos la rodearon por el cuello y sintió como en su espalda comenzaban a dar pequeñas palmaditas como si quisiesen reconfortarla.
Segundos después, reaccionó y sonrió tenuemente para abrazar a su pequeño amigo, el cual tenía una gran sonrisa en su rostro―. No llores Beatriz, ya verás como pronto tendremos a Wirt con nosotros, ¡lo salvaremos de las garras de la bestia! ―Dijo dando pequeños saltitos en su lugar, haciendo que la chica sonriera por la ternura de aquel pequeño niño.
Se deshizo de las lágrimas que estaban deseosas por caer de sus ojos y miró al pequeño con una gran sonrisa. Él tenía razón, no podía ser tan pesimista en el asunto, quizás si hubiera tenido gran parte de culpa en muchas de las cosas que habían sucedido, pero si no intentaba solucionarlas no conseguiría nada. Aunque en su interior la culpa jamás se iría, tenía que hacer algo al respecto y no preocupar de más al niño.
Ella se levantó tomando al pequeño entre sus brazos y comenzó a caminar en dirección a la habitación―. Tienes razón Greg, pero primero debemos descansar, ha sido un día muy duro y si no descansamos lo suficiente no podremos traer de vuelta a Wirt ―el niño asintió con una gran sonrisa y cuando la chica le dejó en la cama se deshizo de la tetera en su cabeza para dejarla en la mesita de noche y así tomar a su rana y meterse en la cama para mirar a su amiga por última vez.
― No debemos preocuparnos por Wirt, él es muy fuerte, aunque no lo parezca. Es sólo, que no podrá escapar solo ―dijo el pequeño cerrando sus ojos haciendo que la pelirroja ladeara su cabeza enternecida por lo que había dicho y cuando estuvo a punto de irse el agarre en uno de sus dedos la detuvo haciendo que se girara a mirar de perfil al chico que le estaba sosteniendo el meñique―. No te culpes por todo lo que nos ha pasado, tú no tienes la culpa ―susurró casi en la semiinconsciencia para que segundos después soltara el dedo de la chica y junto a su mascota cayese completamente dormido.
Beatriz se quedó por unos segundos en el mismo sitio, mirando durante ese corto período de tiempo al menor que ahora dormía plácidamente, ella sonrió tenuemente y negó con la cabeza―. Si tú supieses Greg... lo más seguro es que no fueras tan amable conmigo ―su voz poco a poco comenzó a apagarse, hasta que al fin decidió salir de la habitación para ir por aquel largo pasillo, llegó al final de este y bajó las escaleras y así al llegar a la planta baja, se dirigió hacia la ventana.
La tormenta había empeorado, lo podía notar con una sola mirada a través de la vidriera. Apoyó su mano en esta al igual que su frente, su ceño estaba tenuemente fruncido y con voz determinada dijo―. Tranquilo Wirt, te prometo que te rescataré de ese ser ―y de allí no volvió a moverse de aquel lugar, como si estuviese observando a alguien entre la inmensa arboleda.
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El azabache suspiró y moviendo su mano hizo desaparecer la imagen de la pelirroja del fuego― Un castigo no tiene gracia si alguien no sufre ―dijo bufando exasperado – Esa niña... puede traerme muchos problemas, si no me deja en paz, las ilusiones no serán lo que deberá temer y pesadillas no será lo que más debe temer ―una tenue sonrisa se formó en sus labios, al igual que un brillo perverso recorrió sus fríos ojos.
El hombre se giró a mirar al desmayado chico de la cama y suspiró―. Al igual que no tiene gracia si no puedo divertirme contigo y te desmayas nada más decirte lo que va a pasar ―rodó sus ojos y con lentitud comenzó a acercarse al moreno. Tomó las mejillas de este con sus garras y lo miró por unos segundos―. Ya estoy harto de tantas ñoñerías y gilipolleces mi paciencia se ha agotado.
Gruñó y soltó las mejillas del chico bruscamente―. Dulces pesadillas niño ―rozó con uno de sus dedos la frente del chico lo cual hizo que el chico comenzara a moverse molesto en la cama con su ceño tenuemente fruncido, un poco más pálido y mostrándose más asustado―. Si no puedo disfrutar de ti, déjame disfrutar de tus mayores miedos ―la yema de sus dedos acariciaron desde la frente hasta la mandíbula del menor, alzó su mentón con dos de sus dedos y luego chasqueó su lengua para soltarle.
Se separó varios pasos de la cama y volvió a dirigirse hacia la chimenea y así mirar como las llamas danzaban― Las cadenas son solo el comienzo de tu castigo... pero por ahora, ver como intentas escapar de forma inútil es suficiente. Un error más, sólo uno y mi bondad se acabará para dar paso al verdadero castigo―su mirada una vez más se dirigió hacia el dormido chico para sonreír ladinamente― Una buena tortura~.
N/A: Próximo capítulo: La tortura
Y a partir de aquí, ya comienzan los nuevos capítulos que ya no están editados, espero me tengáis paciencia y que disfrutéis de la historia, porque a partir de ahora TODO será nuevo. +w+
