Reminiscencia
El hogar que hasta hace unas semanas habían compartido se hallaba a oscuras. Desde los problemas que llegaron con la recaída de la madre de Haruki, era raro que ella estuviera mucho tiempo allí más que para sus horas de sueño. La cosa empeoro cuando los ataques contra los jóvenes Sagae inició. La casa donde había crecido con sus hermanos era nuevamente su hogar, se había trasladado de nuevo con sus allegados para poder protegerlos, o a los que quedaban al menos.
La única que aún residía en ese apartamento era Isuke. De todos modos comenzaba a entrar en decadencia. Cuando vivían juntas era Haruki quien se encargaba esencialmente de mantener el hogar presentable. Desde su partida esta tarea se había convertido de lleno en responsabilidad de Isuke, sin embargo motas de polvo comenzaban a acumularse sobre cuadros, fotos y rincones sin usar; los trastes se apilaban sucios en el fregadero adornados con larvas de gusano; la cama era un desorden a pesar de que rara vez era utilizada pues el sillón de tres piezas se había convertido en su lugar de descanso, por ello no era de extrañarse que alrededor de este hubiera prendas de ropa regadas.
Por supuesto no se había olvidado de pagar los servicios básicos, luz y agua, con los cuales aún contaba. Pese a ello cada habitación se hallaba a oscuras.
Eran entre la de la tarde, si alguien alzaba la mirada a aquellas ventanas el apartamento pensaría que no había nadie dentro, por ninguna ventana se podía ver el resplandor de una miserable bombilla. Pero se equivocarían al pensar en eso. En el medio de sala, sentada en un mueble para una sola persona se encontraba Isuke, mirando hacia la nada, ensimismada en sus pensamientos retorcidos.
Desde su regreso había mantenido un rostro inexpresivo que a cualquiera daría mala espina. No había encendido ninguna lámpara cuando atravesó el umbral de su hogar, tomo dirección hacia su sillón y en él se sumergió en sus pensamientos. Permitiendo que la oscuridad envolviera todo poco a poco, todo era silencioso. Allí podía pensar y tenía en que hacerlo.
Ese mismo día aproximadamente a las 12 del día había recibido una llamada de la persona que había llegado a amar. En un principio se había alegrado de recibir una llamada de ella en medio de sus pensamientos tormentosos, tenía la esperanza de que fuera con buenas intenciones, quizás para escuchar un te quiero que tan escasos se habían vuelto, pero se decía a si misma tonta por pensar eso.
El motivo de la llamada era alegre, al menos para Haruki pero para Isuke era como una condena. Misuki, su hermana que hasta el momento se hallaba desaparecida, la habían encontrado. Su cuerpo había sido localizado en las fueras de la ciudad en una de las orillas del río. Sus pulmones estaban llenos de agua y otras porquerías de minúsculo tamaño que se habían colado por su boca, pero estaba viva que era lo importante.
La noticia le golpeo de lleno, perdió el aire por un momento, casi deja caer el celular de sus manos sudorosas, fue un puño cerrado que le dio sin miramientos en el rostro. La niña se hallaba en el hospital general. La habían identificado como Sagae Misuki y habían notificado inmediatamente a su hermana mayor y tutor permanente. En el momento en que Haruki llamaba a Isuke, esta ya se hallaba en el hospital, no había perdido tiempo para correr hacia el edificio pintado de blanco para así asegurarse de la identidad de la chica encontrada, para deshacerse de ese pensamiento, que otro más de sus hermanos no se hubiera ido. Cuando Isuke contestó la pelirroja hablaba con una combinación palpable de felicidad y tristeza en su voz, para que viniera con ella al hospital. Isuke quedó atónita, pero claro que iría, necesitaba asegurarse de que era cierto, que era verdad que aquella chica se había salvado. SI era así, había sido una estúpida de la cual su madre estaría decepcionado.
Repasó mentalmente cada uno de los "actos" con precaria atención, cada uno perfectamente realizado gracias a una cosa y sólo una, ella se encargó de eliminarlos, no se confió en ninguno de estos, evitó el error estúpido de no asegurarse de su fallecimiento: la niña que hacía honor a su nombre, Mei, un corte en la garganta y sus ojos perdieron la chispa de vida con que la recibía al llegar a visitarlos. Se desplomo en el suelo y no había posibilidad de que se levantara, sus manos temblaron únicamente después de salir de aquel callejón, con esto empezaba el asesinato de los familiares de su pareja, volvía a poner en práctica las enseñas de un maestro de alto calibre, empolvadas de hacía años; no le permitió al azar ser parte de sus citas con los Sagae, hizo su camino a la habitación de aquella amable mujer para asfixiarla con la facilidad de sus días como joven aprendiz; el chico que desde sus catorce jóvenes años había sido amable con ella, atento, servicial, tal y como un joven flechado por una chica podría ser, un chico con todo el mundo por delante a sus 19 años, nadie sobreviviría a una puñalada literal en el corazón, el joven no lo hizo.
Se removió incomoda en el mueble, sus piernas se entumían y ella disfruto de la desagradable sensación de levantarse y caminar a la ventana con estas apenas reaccionando, no era extraño ya despertar con todo el cuerpo entumido gracias a la falta de esa pelirroja a su lado, perdió el lado cómodo de la cama y no lo había vuelto a encontrar. Era ya de noche, una noche de lluvia, a finales del otoño, el frío se hacía presente y ella no vestía nada que le protegiera, descalza con su típica falda solo que unos centímetros más larga y el sostén negro sobre sus pechos, era todo, pero no parecía afectada por la carencia de calidez, no tenía tiempo de pensar en otra cosa que no fuese en la chica acostada en una cama blanca en el hospital. Una de sus victimas había sobrevivido, ahora era una decepción para su madre y ella misma, una simple niña se había escapado de sus manos y ahora estaba entre la espada y la pared, la delataría
Allí tuvo que poner la mejor cara de felicidad y alivio, una cara que no engañaría a Haruki, pensó, pero ella estaba demasiado distraída para pensar en que algo raro le pasaba a su pareja, un alivio y desilusión sin duda, pero eso le daba algo de tiempo.
―Tsk…― ¿Cuál tiempo? El único que tenía era lo que tardara esa niña en despertar, perdió cualquier amor que le manifestó a su pequeña hermana cuando la empujo al rio, era sólo una amenaza ahora, una que debía erradicar a cualquier precio o todo se desmoronaría. Giro su cabeza a una mesita cerca del sillón, habían muchas fotos allí, los hermanos de la pelirroja le sonreían a la cámara en una abrazando todos a la pelirosa, Hikari abrazaba a su hija mayor y a Isuke en otra, Haruki le daba un beso en la mejilla en una más. Se fijó en la última, la mayor de los Sagae, rio en bufido pero a la vez se sintió asustada, atrapada, esa chica que tantas atenciones había mostrado con ella, todo el tiempo que habían pasado juntas, los momentos que compartieron y el irrefrenable deseo de estar con ella, era irónico que lo único que se interponía para llegar a su amada pareja era ella misma y su deseo de cuidar a los demás. Haruki no se despegaba ni un instante de su hermana, espera atenta a que algo sucediera dentro de la habitación que le habían asignado, el plan que resulto en su segunda actuación no daría buenos frutos en este; pensó que nunca volvería ver esas pupilas dilatadas, atentas a cualquier cosa fuera de lugar, pero habían vuelto, un solo error más y aquellos ojos apuntarían a ella.
Las tenía de perder, lo presentía.
El silencio fue roto por el timbre, sonido que no escuchaba muy seguido, pero le daba igual ya quien era, Haruki jamás tocaría al timbre, tenía sus propias llaves. Abrió, sin tomar en falta algo que cubriera su pudor, dándose la visión de su madre, tenía la mirada seria y entró sin siquiera pedirlo. Isuke no reaccionó a sus acciones, sabía de qué se trataba todo sólo con verlo. Cerró la puerta y camino donde su madre, este observaba el lugar con mirada inexpresiva, no se molestó en descalzarse, el piso estaba más sucio que la suela de sus zapatos, imaginó Isuke que pensaría su madre.
―Dos asesinatos con armas punzo cortantes y una asfixia con una almohada, supe que fuiste tú desde que asistimos al funeral y no me pediste ayuda para encontrar a quien lo hizo. ¿Por qué? Creí que amabas a esa chica―su madre se sentó en el mueble de una plaza, la observo a los ojos, parecía que no parpadeaba y aquella mirada le pesaba, sentía como cientos de kilos caían sobre ella con aquella mirada que la helaba; inconscientemente sus manos comenzaron a temblar, apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas, deseando no ponerse en evidencia.
―Precisamente por eso es que Isuke hace estas cosas―su madre la liberó de aquella presión y en un destello de distracción pensó en Haruki y en cómo se sentiría al liberarse de sus hermanos ¿igual que ella al liberarse de la mirada acusadora de su madre?―esa familia…enviaron a Haruki al hospital, las cuentas que tienen volvieron y ella apenas pasa tiempo con Isuke―volvió la vista a la ventana siendo azotada por la lluvia, el cabello de su madre estaba algo húmedo al igual que sus hombros―y ahora se mudó con ellos de nuevo...no cuidan de ella e Isuke quiere que se la devuelvan.
―Una de las reglas era…no mates a nadie cercano a ti.
―Isuke necesita tu ayuda, mama―dijo ignorando el consejo de su madre, tomando valor de la imagen de aquella sonrisa en el rostro de la pelirroja, quería que esa sonrisa volviese a ella―uno de ellos sobrevivió y…
―No―dijo el hombre levantándose, sus voz tranquila pero firme, Isuke tomó en falta su camisa al sentirse estremecer, pero estaba segura que aun usándola hubiera temblado―vamos a casa Isuke. Nada tienes que te retenga, deja a la chica Sagae, que se hunda con su familia.
Frio. Todo era frío sin Haruki. Estaba congelándose frente a las pocas cenizas que repiqueteaban en ese apartamento. Fuera de allí había más frio.
― ¿De qué estás hablando, mama?
La mente de Isuke no proceso lo que su madre le decía, salvo por pocas palabras, viajar, irse, abandonar un sinsentido, policía, investigaciones, todas esas palabras se vieron opacadas por su propia tormenta. Los rayos representados en gritos y el agua que caía el llanto. Forcejearon e Isuke hizo lo último que pensó que haría en su vida, golpear a su madre. El hombre que la salvó, la crio y sólo quería lo mejor para ella. La puesta en escena concluyo con un portazo y llantos ahogados en el sucio suelo del lugar.
Todo se derrumbaba bajo su propio peso y su mente no era la excepción. Luchaba contra el impulso de correr al hospital y rebanar esa garganta antes que pudiese pronunciar palabra alguna.
¿Cómo, maldita sea, cómo había sobrevivido?
De una manera u otra iba a averiguarlo, tuvo que contener el instinto asesino que saltó en cuanto vio a su presa fallida tumbada, tan vulnerable, en la cama de un hospital. Recordó cada palabra y detalle de su visita hace unas horas.
Se apresuró en su viaje hasta el edificio donde se reunían los restos menguantes de los Sagae. El rostro de los chicos reflejaba la desesperanza que sentían. Asustados, desconfiados, nerviosos, hace tiempo ya habían asimilado la tormenta que caía sobre sus cabezas, cualquiera de ellos podrías ser el siguiente.
De todas las familias reunidas en el hospital la suya era la que más lástima daba, debajo de ojos que habían perdido el brillo que hace tiempo había resplandecido como diamante y ahora eran tan opacos como vidrio viejo, se dejaban caer grandes bolsas producto de las noches de insomnio y el malestar general que inundaba su hogar, era una casa maldita pensaban ya, una casa maldita por la muerte.
Sus cabellos y sus ropas desalineados demostraban lo distraídos que sus mentes estaban, no tenían tiempo en preocuparse en cómo se veían sino para estar alertas en la siguiente sombra que se asomara en una esquina.
No era una locura pensar que el sentimiento de felicidad porque su hermana gamberra y carismática hubiera aparecido por fin en buen estado (estas últimas dos palabras rodeadas entre cínicas comillas), era opacado por la preocupación que sentían por sí mismos.
Isuke se encontró con estos cascarones de sus anteriores seres, esperando a las fueras de la habitación. La mayoría levanto la mirada al notar su llegada e intentaron saludarla de la manera más animada que sus demonios podían permitírselo, un intento bastante lamentable en opinión de la recién llegada, detrás de sus endebles sonrisas podía verse la realidad que sufrían.
―Hola señorita Inukai, bienvenida, Haruki nos dijo que vendría ―hablo Hayaka, el resto de ellos estaba sumido en un silencio que les impedía el uso de la palabra, las más amable y servicial de ellos demostraba estas cualidades, dándole el saludo que le correspondía a la conocida, defendiendo la idea de que los Sagae tenían modales.
―Espero no haber tardado mucho, Isuke vino lo más rápido que pudo.
―No, descuide. No hace mucho llegamos nosotros. Es nee-san quien tiene más tiempo aquí. Desde que se enteró de la noticia vino corriendo sin esperarnos. Solo nos comunicó lo que le habían dicho y se fue.
―Me lo imaginaba. Era algo de esperarse de ella tomando en cuenta la situación… ―por un momento dudo acerca de sus palabras, que tan hirientes podrían ser para los presentes, se detuvo y observo a los Sagae que se sostenían cabizbajos.
― ¿La situación que vivimos? Descuide señorita Inukai, sabemos muy bien lo que sucede ―una sonrisa amable, que intentaba quitarle la carga a su visitante de la compasión, se acentuó el rostro apacible de la segunda madre de la manada. Una sonrisa que a ojos de Isuke le pareció mera hipocresía desagradable aunque lo era menos que la que ella ponía en práctica al preocuparse por los sentimientos de esas personas. Le pareció un esfuerzo inútil, si te sentías mal debías llorar y gritar y no mostrar esa falsa e inmunda mascara que cubría su rostro, sus padres le habían enseñado la gran lección de no esconderse detrás de una, ellos mismos eran parte de un grupo que durante mucho tiempo las llevo. "Si tu no gritas, tendré que hacer que lo hagas" pensó Isuke en lo profundo de su ser retorcido y en decadencia.
― ¿Te encuentras bien?―recuerda que preguntó.
―Sí, me encuentro bien ― "No lo estarás por siempre" ―y sigo aquí ―"No por mucho tiempo".
―Isuke-sama―volteó a ver a esos chicos, parecían ser los menos afectados de todos, los últimos hijos varones de su segunda víctima, ellos eran su propia luz, Akira y Arashi, tormenta luminosa―por favor, entre a ver a nuestra hermana, no quiere salir de allí, los doctores aseguran que Misuki-chan no despertara por varias horas pero ella no quiere alejarse.
―Estamos preocupados por ella―esos dos también representaban algo para ella, se parecían mucho a Saburo―no ha comido y está pálida, hablamos con ella pero se niega a irse.
Observó el pasillo, conocía la habitación y el cómo llegar, las habitaciones en sima y por debajo de la misma ventana, los obstáculos y el tipo de cerraduras.
―Isuke hará lo posible―dijo caminando a aquella habitación.
―Gracias diosa―aquellas palabras la detuvieron, carentes del viejo entusiasmo pero con más cariño y devoción que en ningún momento antes. Levanto la mano para tapar su boca y no gritarles, merecían que les gritara. Estaban siendo muy idiotas.
Sus pasos la llevaron frente a la pelirroja, esta no se levantó al escucharla entrar, tampoco la saludo, sólo veía a su hermana, no despegaba su vista de ella mientras le daba la espalda a Isuke.
―Tus hermanos se están preocupando―nada, ninguna respuesta, el dolor que le provoco aquella diferencia la seguiría a casa, sumándose con el resto que ya tenía que soportar―Misuki no despertara hasta en unas horas, deberías comer algo.
―Isuke, luego de todo lo que ha pasado ¿crees que puedo irme de aquí? Me estoy debatiendo en este instante, quedarme aquí y cuidar de esta luna que creí no volvería a ver o ir con todos ellos y cuidarlos…sé que alguien los quiere y podría tomarlos en cualquier momento―Isuke fue acercándose, por vez primera desde que entró le dio una mirada a la chica tumbada en camilla, tenía muchos cortes en la cara al igual que golpes, respiraba con una mascarilla de oxígeno y tenía un suero en el brazo, dormía. Se mordió la parte interna de su boca, no podía hacer movimiento en ese instante, así que se centró en Haruki, arreglaría todo de alguna manera.
―Estas echa una mierda―no quedaba nada de Haruki, pálida y con ojeras, su cabello parecía dejar de llamear en medio de esa blancura y debilidad, sus labios se veían secos y partidos. Sus ojos entrecerrados le apretaban el corazón―Isuke te promete que nada le pasara a esta chica, ve a comer algo y vuelve.
Haruki negó. Su novia suspiro y se acercó a ella, le abrazó por detrás, en medio de toda esa frialdad allí estaba su llama, siendo azotada por los vientos de la muerte al interponerse entre esta y sus hermanos. Haruki cerró los ojos y se apoyó en aquella chica, dejó salir lágrimas silenciosas que la peli rosa borro con sus dedos. No era producto de la hipocresía aquel abrazo, quería apoyarla, mostrarle que estaba allí por ella y siempre estaría allí. Al final sería la única que estaría allí.
―Eh buscado por las noches al maldito que nos hizo esto―negó con la cabeza―nada…es como si alguien que no puedo ver se acercara a ellos con un cuchillo―"sólo voltea" ―ayúdame Isuke…―"es lo que hago" la pelirroja cubrió sus ojos con una mano temblorosa y su cuerpo tembló por los llantos contenidos―cuídala…no tardare en regresar. Lo prometo―dio un beso en la frente de su hermana, Isuke la vio besando un fiambre y con la misma boca la besó a ella.
En aquel instante se había quedado a solas con el cadáver de Misuki. Los vistosos aparatos no la engañaban, esas alegorías no hacían más que distraer al ignorante. Ese chica estaba muerta desde el momento en que Isuke le puso el ojo encima y eso nada lo iba a cambiar, ni un ambicioso sujeto de bata blanca ni tampoco las lágrimas de su hermana.
Tuvo el cuerpo frágil y débil a su disposición. No había nadie que defendiera al próximo nido de gusanos que sería enterrado bajo tierra, al lado de las tumbas de sus familiares caídos, los que aún vivían se hallaban fuera de la habitación, derrotados, moribundos, y aquella que realmente podría plantarse como escudo frente a ella se hallaba derramando lágrimas en algún lugar del edificio. Era probable que nadie entrara en los siguientes minutos, no importaba, ella era una profesional, tiempo no le hacía falta. Antes de que alguien lograra advertirlo ya sería tarde para hacer algo.
Tuvo que contenerse. Controlar el cosquilleo que ardía en sus manos. Era una sensación implacable, como el adicto que no puede controlar sus extremidades, toma la aguja con el estupefaciente más cercano y la inyecta ya con la experiencia que ha ganado por la repetición.
Sus manos temblaban, los dedos se retorcían en movimientos lentos y entumidos. No podía terminar el trabajo, no era el lugar ni el momento, era ponerse la soga al cuello. La máscara del asesino desaparecería y quedaría expuesta frente a quienes siempre le habían demostrado su afecto. La traición se develaría, habría corazones rotos ¿Podría soportar ver el de Haruki romperse a traves de sus ojos? Probablemente no. No era el momento, actuar la dejaba en un callejón sin salida. Se arruinaría el plan.
O quizás sí podía ponerse la soga al cuello.
Y también a los demás.
¿Por qué no? Todos estaban reunidos a fuera, desprotegidos, a merced del monstruo que los acechaba. Con una esperanza menos viva que la llama de una vela a punto de extinguirse.
"Como corderos al matadero".
Podría empezar con Mizuki. No habría resistencia. Sus hermanos no serían gran diferencia. Con tan solo sus manos podía romperles el cuello antes del minuto, antes incluso, antes de que alguno pudiera escapar. Tendrían la suerte poética de morir en el mismo edificio, con algo de suerte serían una familia de espíritus atrapados en ese lugar, serían felices en la no vida.
Pero ¿Qué pasaba con Haruki? Sin duda ella correría hasta el encuentro en cuanto ollera los gritos de hermanos suyos y testigos.
"Ella los acompañara"
Haruki no podría perdonarle aquella matanza. El sentimiento que había sentido una vez por ella se extinguiría al contemplar el suelo adornado con la mórbida imagen, de cabeza humanas mirando en una dirección en la que no deberían mirar. Ese sería el final, perdería a sus hermanos y el amor que tenía por la pelirosada, se quedaría sola, sin alguien en quien apoyar la cabeza mientras es consumida por la depresión y la amargura. La muerte era el final perfecto, de esa manera, la liberaría por fin de sus ataduras. ¿Qué importaba vivir escondida, como una criminal, si podía salvar a su amada? Le parecía un buen plan, no le gustaba pero era muy bueno.
Sus piernas reaccionaron y empezaron a avanzar hacia la camilla del hospital. Era un buen plan y su cuerpo lo apoyaba, ya se encontraba reaccionando por sí mismo. Fue como estar dormida. Se acercó lento hasta llegar al lado de la luna que se estrelló en el mar. Todo iniciaría y acabaría de manera fugaz.
Sus movimientos se detuvieron de repente. El velo hipnótico se había levantado, sus intenciones se detuvieron cuando debajo de las mantas blancas se hizo un movimiento.
El fino envoltorio de la mortalidad, dentro del cual yacía el alma que luchaba por su vida, había comenzado a moverse.
El acto que realizaba era como observar a un durmiente que sufría de pesadillas, realizando movimientos esporádicos y veloces, dando la sensación de que no se sentía cómodo en el lugar en que se había quedado dormido.
De su garganta salían gemidos ahogados mientras la dirección en la que miraba su rostro cambiaba de izquierda a derecha, su cabeza no estaba quieta, ni en la forma física ni en la onírica. Isuke se preguntó con que estaría soñando en ese momento, sintió una gran curiosidad que nunca llegaría a ser saciada por conocer la razón del repentino jaleo que había armado. En el medio de sus pensamientos llego a concluir que su presencia tan cercana y amenazadora había sido captada desde lo más profundo del subconsciente, provocándole pánico y desesperación aún dentro de su inconciencia pero desecho eso al instante, no creía en cosas sobrenaturales del cuerpo.
Estaba sufriendo, era obvio por cómo se movía, igual a si el cuerpo le doliera. Era obvio que algo andaba mal con ella. Le dio lastima el estado en que se encontraba, ojala pudiera ayudarla.
Pero podía.
Ella era Isuke-sama después de todo. Una persona que estaba por el encima del resto. Hermosa, atlética, inteligente, misericordiosa. Si, ella era misericordiosa, mejor no prolongar el sufrimiento de esa pobre criatura, ya había pasado por mucho; perdiendo a su madre y dos de sus queridos hermanos, abandonada por sus amigos y traicionada por alguien en quien confiaba. Lo mejor sería que no despertara, que durmiera sin interrupciones. Y ella la ayudaría, Isuke quería ayudar.
Ayudar a que durmiera para siempre.
Pero Misuki se había negado para su sorpresa en aquel momento. El destino de la familia Sagae cambio en el instante en que sus parpados comenzaron a moverse, aún estaba viva y quería despertar "tienes fuerza de voluntad" pensó Isuke al contemplar su lucha por regresar con los vivos, malsanamente sonrió en sus adentros al verla hacer aquel esfuerzo. Su mayor temor en aquel instante era el mejor espectáculo que podía contemplar, el morbo fue más poderoso que la razón. Ya había disfrutado de su lucha por no hundirse en un abismo, ahora solo le restaba ver si era capaz de volver.
Los parpados se levantaron indecisos al principio, lento pero seguro se abrieron dejando ver las perlas opacas que se ocultaban detrás. Sus ojos azules posaron la vista sobre Isuke que la miraba con indiferencia, expectante, aguardando a de que hiciera algo más que actuar como quien despierta después de una noche de insomnio.
―Inukai… ―pronuncio con voz queda. Aquella chica se hallaba entre el despertar y el sueño, medio consiente de lo que sucedía, pero miraba a Isuke sin reproche, sin odio y sin rencores. Una idea recorrió la medula de su cuerpo al captar la ausencia de estos sentimientos. Una corazonada por la cual arriesgar todo ― ¿Dónde… están mis hermanos…?
Después de pronunciar estas palabras sus ojos volvieron a cerrarse y su cuerpo volvió a la quietud de una chica enfermiza y sedada. Era momento de regresar a casa y dejar todo, una vez más, a la suerte. Una vez hubiera regresado, se cuestionaría a si misma sobre los pensamientos que había tenido.
Allí estaba, mirando el sucio suelo del apartamento, recordando cada detalle salvo el momento en que salió de la habitación, recuerda haberse sentado a la espera de Haruki e irse luego de verla entrar a la habitación, se aferró a las gracias que la pelirroja le brindó y después nada, hasta ese momento presente en que buscaba una salida desesperada que la volviera a poner en el rumbo correcto y para eso existía sólo una mínima esperanza: que esos ojos no le hubieran mentido.
Cerró los suyos cansada física y mentalmente, no se molestó en levantarse, le daba igual donde es que dormía, hace años el frio piso era su cama. ¿Cuánta diferencia había entre esos y estos años? Pensó en la respuesta mientras su mente la enviaba a un mundo oscuro donde ninguna película se proyectaba.
Abrió los ojos otra vez, esperando ver el resplandor nítido del sol, tan ajeno y olvidado en el mundo de allí debajo pero encontró un brillante cielo azul con tintes amarillos, a su alrededor un suave pasto se mecía con el viento que flotaba a su alrededor, se irguió hasta quedar sentada, sin entender cómo o porqué estaba en ese lugar, movió su cabeza de un lado a otro pero no veía nada que no fuera pasto, valle o pradera, lo que fuese el lugar donde estaba no veía un árbol a la vista.
Se paró sobre sus pies con cuidado, sus ropas estaban echas girones, sucias y manchadas de verde pero ella las sentía suaves y re confortables sobre su piel limpia. Se tocó las manos, sonriendo cómo si descubriera su cuerpo por primera vez, descubrió el tacto de la punta de sus dedos y los pasó por su cara, sonreía ¿había sonreído antes? Seguro que sí pero no recordaba cuándo, tampoco recordaba una razón para no hacerlo. Soltó una risa, sintiéndose feliz, sintiendo el viento que jugueteaba a su alrededor, ninguna incomodidad, ninguna preocupación, se creía extasiada. Algo así como en el paraíso.
Puso un pie delante de otro y emprendió una caminata, tratando de ver la línea que dividía el cielo entre el azul claro del día y el amarillo al empezar a caer la noche, sus pasos se convirtieron en trotes y el trote en una carrera tratando de seguir las brisas, jugando con esta y corriendo en sus corrientes sin perderlas.
Se detuvo sin saber cuánto había corrido o por cuanto tiempo, no porque se sintiera cansada sino por el deseo de hacerlo, palpó el bolsillo de sus pantalones encontrando sus cartas arruinadas, sintió un poco de tristeza al tratar de barajarlas y ver cómo caían al suelo hechas añicos. "Misuki" creyó escuchar con la brisa, un susurró, una insignificancia quizás su mente o el movimiento del pasto, pero volvió a escuchar su nombre. Y otra vez y otra vez, le llamaban, corrió en contra del viento exigiéndole todo a sus piernas sin sentir que avanzaba de verdad.
―Misuki―se detuvo, se escuchaba muy claro, era la voz más familiar de su vida, volteó y allí, sobre una colina estaba su madre, vestida con una impecable bata de hospital, a su lado estaba su hermano que cargaba en brazos a su hermana menor, todos ellos sonreían con una paz jamás vista en sus rostros, Mei bajó de los brazos de su hermano y corrió a ella, Misuki hizo lo mismo, sentía las lágrimas recorriendo sus mejillas completamente feliz.
― ¡Máma, Sabu-nii-san, Mei!―su voz se rompía y ellos se difuminaban por las lágrimas pero estaba feliz, los había encontrado otra vez― ¡Los extrañe tanto!
Mei estaba a unas zancadas, su madre alzó la mano y la puso cerca de su boca como si gritara un nombre a lo lejos, la niña se detuvo, su rostro de infante mostró confusión pero volvió a sonreír corriendo otra vez con su madre y hermano. Misuki no entendía, apresuró más el paso pero no la alcanzaba. El cielo empezaba a oscurecerse otra vez, cómo si el sol hubiese detenido su marcha hasta ese momento en que volvió a verlos. Su hermanita llegó donde su madre que la cargó, sonreía abiertamente mientras la abrazaba del cuello. Saburo tocaba el hombro de su madre y los tres empezaron a alejarse.
― ¡No! ¡Espérenme! ¡Mamá! ¡Hermano, Mei!―tropezó y no pudo levantarse, lloraba por no poder alcanzarlos, por perderlos otra vez, estaba sobre sus rodillas y cubría su rostro con las manos.
―Aun no puedes venir con nosotros, mi niña―no veía nada, sus manos se mantenían sobre sus ojos pero sintió la calidez de un abrazo sobre su cuerpo, después otros brazos más fuertes y una cabecita sobre su espalda.
―Debes regresar con Haruki, Akira, Arashi, Hayaka, Fuyuka y Hana―una mano grande acariciaba sus cabellos.
―Cuídalos mucho, Misuki-nee-sam. Te queremos…―las voces desaparecieron poco a poco, bajó las manos y al abrir los ojos una luz cegadora los hizo parpadear. No estaba la brisa, el pasto o su madre con sus hermanos. Volteó a un lado viendo una ventana que daba a un cielo nocturno, tras eso movió su cabeza al otro lado, allí estaba su hermana, con los ojos cerrados y los brazos cruzados, meditaba sobre algo y sus ojos se anegaron en lágrimas al verla otra vez.
―Haruki-nee-san―llamó, su voz era rasposa pero el susurró era lo suficientemente alto para que su hermana lo escuchara. Fue como si la vida regresara de golpe a los ojos de su hermana. Misuki había despertado. Su hermanita despertó.
DamyD.: *prende la cama y le empuja con el codo. Saluda
Alex: Oh! Hola, Buenas noches chicos y chicas.
DamyD: Buenas noches a todos ustedes, aquí un capítulo más del pequeño, que opinan? les movió algún sentimiento o pensaron que era ya usado?
Alex: Primer capítulo del año y primera actualización del mismo. El anterior se fue rápido y ya llego un nuevo con nuevas historias que contar. Feliz año nuevo a todos, aunque un poco tarde.+ Tu qué piensas del capítulo Dark? Por una vez permítenos escuchar tu opinión.
DamyD: Oye es verdad...se me olvidó que ya había sido un año...feliz año nuevo* saluda con una sonrisa. Uno, no me llames así, dos, no creo que la modestia me permita opinar de mi propio capitulo *Alza un dedo recitando.
Alex: Joh Por qué no? Prefieres que te diga algo lindo y te llame Damy? Jeje, tambien tienes tu lado amable tal y como sospechaba
DamyD: *sape Baka, bueno si insistes, creo que no tengo opción, El capítulo...bueno que les digo? no no fue un truco, desde el inicio estaba planeado así y creo que mi parte favorita es el final, ese momento en que la chica encuentra un minuto de paz y felicidad en sus tiempos de desgracia...si conocen "Now we are free" en eso miso está inspirada la escena final.
Alex: eje, cuidado, tienes la mano pesada. Por mi parte opino que es un capitulo intermedio, tiene sus buenos momentos y su malos, en algunas sentirán que llevan horas leyendo y en otras partes seguro y se dirán "que mierdas estoy leyendo" Bueno, va siendo hora de retirarnos, el traje le aprieta a la pantera y se le nota el sueño en los ojos. Aún es un crío.
DamyD: Es verdad, bueno entonces aquí nos despedimos, esperemos les gustara y dejen sus opiniones, sus sinceras opiniones.
Alex: Descuida Damy, si los comentarios no son de tu agrado, sabes que estoy ahí oara apoyarte *guiño, guiño
DamyD: Luego lo discutimos *sonrisa que promete un infierno. Nos vemos chicos, esperen con ansias a su hermana, veré si puedo hacer que este se encargue de su hija
Alex: Jeje, te toca dormir al pequeño. Hasta pronto, nos vemos la próxima. Paciencia chavales, ella está en proceso. Disfruten el viaje.
