Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia o una referencia.


Alma en Pena.

06. Los fantasmas no existen… ¿Verdad?

Miroku y Sango invitaron a comer a sus amigos, Inuyasha quería hablar con Kagome sobre Mushin y los fantasmas, sabía que la chica no lo iba a creer, su novia siempre buscaba el lado lógico-racional de las cosas y por eso, necesitaba que alguien más lo apoyase para que Kagome aceptase ver a Mushin.

—Las niñas ya se durmieron— dijo Sango al volver al comedor.

—Se divirtieron mucho con el tío "perrito"— se rio Miroku, a las gemelas les gustaba jugar con Inuyasha.

—Kagome, quería comentarte algo— habló Inuyasha.

—¿Qué cosa?

—Hace tiempo, Mushin fue a mi apartamento, dijo que lo que había... Que quien mandaba los mensajes es un fantasma.

—¿Un fantasma? ¿De quién?

—De Kikyou— respondió algo inseguro.

—¿Es una broma?

—Solo piensa en esto, has hecho cosas que no harías comúnmente, comiste almendras, limas, te has desayunado jugos verdes y los odias, luego vas y bebes refresco para quitarse ese sabor. Y no me lo puedes negar.

—Las almendras fue un accidente, las limas las quise probar y los jugos... Yo, leí que son saludables.

—¿Qué explicación me das para los moretones y el frío que sientes?

—Ya te dije que es por mi sangre.

—Y eso lo vamos a ver el viernes, si no tienes nada ¿Qué explicación vas a dar?

—Ya el médico lo dirá.

—Kagome, deberías hacer el intento, no pierdes nada en visitar a Mushin— intervino Sango.

—¿Ustedes también lo creen?

—Admite que es extraño todo esto, puede ser una posibilidad.

—No, es una persona que quiere dañarte— miró a Inuyasha.

—Solo te pido que escuches lo que Mushin tenga que decir.

—No hay fantasmas, no existen— se levantó y fue a sentarse a la sala.

—No la obligues, lleguen a un acuerdo— aconsejó Miroku—. Nosotros vamos a recoger aquí, llévale el postre.

Inuyasha se sentó junto a su novia y le ofreció la natilla, Kagome la tomó y comenzó a comerla.

—¿Vas a seguir con lo del fantasma?— preguntó cuando estaba por terminarse su postre.

—Vamos con Mushin, por favor, ya no sé que más hacer.

—Esta bien, pero entiende que nada de lo que diga me va hacer creer otra cosa. Las personas mueren y es todo, no vuelven.

—Para ser alguien que creció en un templo, eres muy escéptica.

—Soy la normal de mi casa.

...

Pasar esa noche en casa de sus amigos tampoco resultó muy bien, Inuyasha no sentía tanto la extraña presencia, pero si se sentía observado. El cansancio le venció y terminó por dormirse, cerca de las tres de la mañana se despertó al sentir a Kagome inquieta, murmuraba cosas que no logró entender.

—Kag, despierta— le movió hasta que abrió los ojos.

—Lo siento— se disculpó por despertar a Inuyasha, sentía su corazón agitado y temblaba.

—¿Qué soñabas?

—No lo recuerdo— dijo al acurrucarse contra el cuerpo del chico.

—Vuelve a dormir, yo voy a estar aquí.

Su siguiente plan fue manipular los sueños de Kagome. Cuando ya estaba en un profundo sueño, le mostraba el día en que murió, la vida que tenía con Inuyasha, sus momentos románticos, intentaba darle celos, que al despertar lo cuestionase por todas esas cosas, pero ese mujer ¡No recordaba nada! Y ella, en lugar de separarlos los juntaba más.


Al día siguiente, Inuyasha y Kagome fueron a casa de Mushin en compañía de Miroku. Kagome ya no se había opuesto a ir, seguía sin creer en todas esas cosas de los espíritus, pero si con aquella visita Inuyasha iba a estar tranquilo, que así fuese.

Al llegar a casa de Mushin, Kagome observó el lugar, parecía el hogar de un antiguo monje, amuletos colgados afuera y pergaminos pegados en las ventanas, a pesar de que su abuelo y Mushin eran amigos, nunca había estado en ese lugar.

—¡Anciano! Llegamos— se anunció Miroku al abrir la puerta.

—Bienvenidos, pasen, ya estoy con ustedes— dijo Mushin desde una habitación al fondo.

—Sentémonos, seguramente prepara té.

—Prometiste tener la mente abierta— le recordó Inuyasha a su novia cuando la vio tomar un libro de quiromancia y rodar los ojos.

—Espero no les moleste, invité a una colega, ella es Midoriko, tiene más experiencia con estas cosas— Mushin presentó a una mujer de unos treinta años, vestía ropas de sacerdotisa y su largo cabello negro le llegaba abajo de la cintura.

—Claro que no, si puede ayudar es bienvenida— saludó Miroku—. ¿Por dónde quiere que comencemos a explicarle?

—No es necesario, puedo sentirlo— fue directo a Kagome y la examinó solo con la vista—. Tranquila, no te haré daño— dijo cuando la chica retrocedió un poco—. Los moretones son hechos por el espíritu, no te los hace apropósito, se generan cuando tu cuerpo rechaza la posesión, es porque tienes un alma fuerte... ¿Pueden dejarnos un momento?— pidió a los hombres.

—Vengan, ella estará bien— animó Mushin, al guiar a los chicos a la cocina.

—Provienes de un templo, largas generaciones de sacerdotisas muy fuertes ¿Cierto?

—Eso dice mi abuelo.

—Ojalá hubieses tenido un entrenamiento, tienes potencial para ser una muy buena.

—No es de mi interés.

—Sin embargo trabajas un museo, ¿Nunca has sentido una conexión especial con algún objeto?

—No más allá de mí interés profesional— mintió, en realidad había un objeto en particular, un arco, que según la leyenda, perteneció a una poderosa sacerdotisa.

—Si tu lo dices— no le creía, pero lo pasaría por alto—. Dime ¿Ya le dijiste?

—¿Decirle qué a quién?

—No lo sabes.

—¿Saber qué? No, yo no lo estoy— negó Kagome cuando Midoriko miró en dirección a su vientre.

—Veo su pequeña alma, lo estás.

Kagome llevó sus manos a su vientre, ella no podía estar embarazada, lo sabría, notaría un retraso y... ¡Lo tenía! De dos semanas. No era para alarmarse, el causante debía ser el estrés de los últimos días.

—No has dormido bien— Kagome negó—. Te atormenta en sueños, no los recuerdas y eso es porque eres fuerte, pero ella también adquiere más poder y eso me preocupa, si logra quebrar tu espíritu, podrá tomar posesión de ti.

—No creo en fantasmas.

—Lo sé y tal vez es bueno, esa terquedad te ayuda, el negar o desconocer algo aveces es bueno, te protege. ¿Esto qué es?— señaló el collar en Kagome, percibía una energía en el.

—Inuyasha me lo regaló.

—Es muy especial, con un significado ¿Cierto?

—Por nuestro compromiso.

—Les diré que pueden volver, tu prometido está preocupado.

Kagome respiró profundo para calmarse, no estaba nerviosa por aceptar que un fantasma les perseguía, lo estaba por la posibilidad de estar embarazada, Inuyasha y ella jamás mencionaron el tema de los hijos, no sabía si él quería ser padre, no sabía si ella quería ser madre.

—¿Y bien?— preguntó Inuyasha.

—El fantasma de tu ex es el responsable, la siento cerca, quiere entrar pero por ser un lugar con muchos conjuros de protección, no puede. Se niega a aceptar que murió, está enojada.

—Debes equivocarte, Kikyou no era violenta, ni rencorosa, no lastimaría a alguien, fue muy gentil y siempre quería ayudar a las personas.

Kagome sintió celos, seguía sin creer en fantasmas, pero hipotéticamente, si fuese verdad y con todo lo que ha pasado, Inuyasha debía aceptar la posibilidad de que Kikyou quería lastimarlos, aun así, la defendía.

—Entre más tiempo pase en este mundo es peligroso, se corromperá hasta que no quede rastro de lo que fue en vida. Antes no sabía que murió, ahora sí, su deseo por permanecer a tu lado ha llamado almas oscuras, se está dejando corromper y se vuelve peligrosa.

—¿Cómo puedo detenerla?

—Prepararemos una invocación, pero todos deben estar dispuestos a cooperar— miró a Kagome.

—¿Ahora?— preguntó la chica.

—No, debo conseguir algunas cosas y ayuda, pero eres parte importante, sin ti, no funcionará.

—Mientras no sea algo extraño— ¿Hasta dónde debía apoyar esa locura?

—¿Hay algo para proteger a Kagome?— lo que le preocupaba en ese momento era la seguridad de su novia, no podía seguir dejándola al alcance de Kikyou.

—Ya se lo diste, el collar, no te lo quites— indicó a Kagome—. No te protege de los ataques físicos pero si de una posesión, y Mushin tiene algo más.

—Mientras la uses, la mantendras alejada unos metros de ti— explicaba Mushin al darle una pulsera a Kagome.

—Todos me quieren proteger, ¿Pero qué hay de Inuyasha?

—Kagome tiene razón, también Inuyasha es acosado— concordó Miroku.

—Él va a estar bien, Kikyou no va a lastimarlo— Mushin le restó importancia.

Minutos más tarde, Mushin y Midoriko vieron marchar a sus visitas. Entraron a la casa para comenzar los preparativos del exorcismo, en el ambiente podían sentir la cantidad de almas corruptas que se reunían.

—Mushin, pude ver una premonición pasada, ¿Fue tuya?— dijo Midoriko, esa visión le estaba dando vueltas.

—Les di una advertencia, había algo malo.

—Sí hubiesen hecho caso, las cosas serían más fáciles, pude verlo con claridad.

Kagome e Inuyasha se habían quedado en el mar, cuando Miroku y Sango fueron por hielo, la tormenta iniciaba y saldrían a refugiarse. Llegarían a refugiarse bajo una caseta y al ser empujados por más gente, hubiesen quedado cara a cara, provocando un flechazo.

El siguiente acercamiento vendría en el templo y luego, sus encuentros se volverían constantes. Hasta que un día.

Si sigues pasando más tiempo aquí, tu novia se pondrá celosa— dijo Kagome al estar sentada fuera de su casa, comiendo sandía con Inuyasha.

No tengo, tenía, hace un mes que no.

Lo lamento.

No lo hagas.

¿Por qué fue que terminaron?

Yo, me enamoré de alguien más— Kagome bajó la vista, hasta no hace mucho se dio cuenta que estaba enamorada de Inuyasha—. No sé si me corresponda, pero lo intentaré.

Si te rechaza será una tonta.

¿Serás una tonta?— terminó con Kikyou porque no podía parar de pensar en Kagome, solo quería estar con ella, se sentía feliz a su lado—. ¿Quieres salir conmigo?


Sango les dio un cupón a Kagome e Inuyasha para que fuesen a una prueba de pastel, tal vez aun no fijaban fecha, pero nunca estaba demás ir por postres gratis. La prueba fue muy bien, pero ahora no sabían que pastel elegir, ella quería uno frío, con helado; e Inuyasha de pan tradicional de vainilla.

Luego de eso, fueron a comprar chocolates y caramelos, Kagome recorría el local eligiendo sus favoritos. Inuyasha buscaba alguna caja para darle a Sango en agradecimiento, cuando alguien jaló de su playera.

—Inuyasha— el chico volteó y se extrañó al encontrarse con la Kaede.

—¿Qué...

—Debes irte— le interrumpió—. Mi madre está aquí.

Si aquella mujer le veía, se armaría una grande, buscó a Kagome con la mirada, no se podía desaparecer como si nada.

—La distraeré, vete.

—Yo, vine con alguien— ¿Dónde se había metido su novia?—. Distráela— le llamaría a Kagome y le diría que se salió.

Estaba por cruzar la puerta, cuando un niño gritó porque su madre no le quería comprar más dulces, aquello provocó que las personas volteasen en esa dirección, incluida la madre de Kaede.

—Mira que tenemos aquí.

—Buenas tardes señora— saludó cortésmente.

—Siguiendo con tu vida como si nada.

—Mamá, sigamos comprando— Kaede intentó llevarse a su madre pero fue inútil.

—La vida es tan injusta, tu aquí y mi hija no.

—Inuyasha, ya compré los dulces y tenían bolsas de papás, te compré... Lo siento, no quise interrumpir— Kagome no se había dado cuenta que su novio se encontró con alguien, y al parecer no se agradaban mucho.

—¿Y qué tenemos aquí? ¿Tu novia?— examinó a Kagome.

—Mamá, se hace tarde.

—¿No lo ves? Es igual a tu difunta hermana.

¿Esa mujer era la madre de Kikyou? ¿Por qué decía que ella era igual a Kikyou? ¿Hablaría metafóricamente?

Kaede claro que lo notó, por eso quiso llevarse lo más pronto posible a su madre.

—Mamá, imaginas cosas, mi hermana era más alta, pálida y cabello lacio.

—Muchacha, aléjate de él o va a matarte, es un asesino, mató a mi hija.

—¡Mamá!

—¡Ese hombre mató a mi hija!— la gente volteó.

—Se equivoca— defendió Kagome, Inuyasha se había quedado callado.

—Va a matarte también a ti.

—Vámonos, no tienes que escucharla más— jaló a Inuyasha y lo obligó a abandonar el local.

Caminaban rumbo al estacionamiento, Kagome pensaba en algo para levantar el ánimo del chico, no le decía nada, solo caminaban. Pero en lugar de ir al coche, Inuyasha se acercó al área de taxis.

—Deberías ir a tu casa, te pagó el taxi— la cabeza le dolía, el estómago lo sentía revuelto y no sabía cómo le iba a explicar a Kagome todo eso.

—Idiota, nada me va a separar de ti— entrelazó con fuerza sus manos—. ¿Me escuchaste? Nada, te amo.

...

Al llegar al templo, no había nadie, habían salido hacer las compras. Kagome abrió la puerta e Inuyasha se preparó para despedirse.

—Te llamo cuando llegue a mi casa.

—¡Espera! Entra— pidió Kagome al detenerlo.

—Kagome, yo... Necesito irme.

—Solo un momento— Inuyasha aceptó no muy convencido—. Siéntate— le indicó un lugar en el sofá.

—No eres igual a ella— intentó huir de aquella explicación que le debía dar, pero fue inútil.

—No es de eso de lo que quiero hablar— se acomodó cerca del chico y lo tomó de las manos—. Esperaba un mejor momento, pero necesitas saberlo ahora, no te lo había dicho porque ni yo lo sabía— puso las manos de ambos sobre su vientre—. Mejor dicho, no me había percatado.

—¿Segura?— no le hizo falta mucho para comprender el significado de aquella acción.

—Sí, cuando fui por mis resultados, aproveché para hacerme una prueba.

—¿Cuánto tiempo?

—7 semanas, sé que nunca hablamos sobre tener hijos, y siendo honesta tengo miedo, un bebé es mucha responsabilidad y tal vez debimos cuidarnos más, pero estoy feliz de que se esté formando, porque tú eres el padre.

—Te amo— la besó cuando ella terminó de hablar—. Kagome, yo... Te amo tanto, tendremos un bebé, me da igual si fue por accidente, es nuestro bebé.

—Me encanta cuando sonríes.

—Tenemos que adelantar la boda o este pequeño hará que no te quede el kimono— no dejaba de pasar sus manos por el vientre de la chica.

—Yo también te amo— dijo con lágrimas, sentía las manos de Inuyasha temblar, la de ella también, por los nervios de emoción.

—Un bebé, nuestro. ¿No se suponía yo iría contigo a tu consulta?

—Lo olvidaste, ya no te recordé y fui sola. Y mi sangre está bien— los moretones no eran porque estuviese enferma.

—Ahora debes ir otras veces ¿Verdad?

—Sí, en dos semanas.

—No olvides recordarme, ¿Tu familia lo sabe?

—No.

—Les diremos juntos.


Kouga e Inuyasha estaban en casa de Miroku, se reunieron para ver los videos de la casa de Inuyasha, se repartirían secciones para terminar pronto. Sango se llevó a las gemelas al centro comercial con Kagome a pasear, por ahora no querían que Kagome se involucrase tanto, a petición de Inuyasha.

Luego de tres horas, Miroku estaba aburrido de ver en los videos a sus amigos caminando por el lugar, Inuyasha ya se desesperaba por no encontrar algo de ayuda, Kouga daba gracias por no ver escenas románticas entre Kagome e Inuyasha.

—¿Viste algo?— preguntó Miroku al ver que Kouga ponía cara de duda.

—No estoy seguro.

—Solo dilo.

—Vean aquí— giró la laptop—. El cuadro se mueve, puede que este mal puesto, pero aquí, el tazón se desliza— admitía que era raro—. Y más adelante, las luces titilan y en la ventana alguien pasa, no es posible porque es del lado de la calle, es un tercer piso y no hay balcón.

—Tienes tus pruebas— dijo Miroku a Inuyasha.

—¿Creen que es un fantasma?— preguntó Kouga con escepticismo.

—¿Que otra cosa? Mira esto— Miroku le mostró el video que grabó Inuyasha.

Kouga quedó sorprendido, lo vio varias veces intentando encontrar una explicación lógica. La sombra en la cocina podía ser de algún mueble, un hilo frente a la cámara, una mancha en el lente. Pero nada de eso tenía lógica a lo que veía.

—Admito que es extraño. Les diré lo que he descubierto respecto a mi sospechoso. Su nombre es Kumo Onigumo, es mi capitán, conoció a Kikyou en una investigación, Kikyou llevaba los registros de unos niños de interés, desde ese momento se hicieron amigos.

Inuyasha comenzó a recordar que al trabajar Kikyou como asistente social, en alguna ocasión le mencionó de unos niños que fueron testigos del asesinato de su mamá, que iba a trabajar con la policía para ayudar a los niños. También recordó que le habló de un policía agradable que era el que llevaba el caso, hasta ese momento se dio cuenta que no sintió ni poquitos celos.

—¡Miroku, llegamos!— se anunció Sango, los chicos aprovecharon para intentar disimular lo que en realidad hacían.

—¡Papá!— gritaron las gemelas.

—Mis niñas ¿Se divirtieron?— habían ido al centro comercial con su madre y Kagome.

—¡Mucho! Nos tomamos foto con Pikachu.

—Kouga, no esperaba que estuvieses aquí— dijo Kagome, hasta donde sabía, Miroku e Inuyasha verían solos el partido de béisbol.

—Lo encontramos en la tienda y lo invitamos— mintió Miroku.

—Inu ¿Todo bien?— preguntó Kagome cuándo vio que el chico veía pasmado el celular.

—Me llegó un audio.

—¿Puedo?— Kouga tomó el celular y reprodujo el mensaje.

"Nos vemos hoy a las siete en el reloj del parque cerca de mi casa".

Sango, Miroku y sobretodo Inuyasha, quedaron asustados era la voz de Kikyou, la reconocieron al instante.

—Tranquilos, puede ser de alguien que imitó la voz— dijo Kouga.

—No, era la de ella— aseguró Inuyasha.

—Mandaré analizar el audio, pudo ser creado de otros mensajes.

—No piensas ir ¿Verdad?— Kagome notó de inmediato las intenciones de Inuyasha.

—Ella tiene razón, solo ignóralo— concordó Kouga.

—Veré de lejos.

—Sí vas, te acompaño — sentenció Kagome.

Inuyasha sabía que no convencería a Kagome de quedarse, al final, fueron acompañados por Kouga, esperaron una hora extra y nada pasó. Ningún mensaje, foto o audio le fue mandado a Inuyasha.


Kagome debió ir a una plática sobre las Geishas a una universidad a las afueras. Inuyasha la acompañó, no iba a dejar que viajase sola y menos cuando un fantasma la acosaba. Además, ¡Kagome se rehusaba a usar la pulsera dada por Mushin!. De regreso, se hospedaron en un motel, la noche había caído e Inuyasha estaba cansado como para seguir manejando.

Kagome se lavaba la cara en el baño, cuando se miró al espejo, soltó un leve grito. Inuyasha llegó de inmediato.

—¿Qué pasó?

—Ya veo cosas raras, creí... Nada, imaginación mía— se arrepintió en cuanto las palabras salieron de su boca, solo iba a darle más alas a Inuyasha con su locura del fantasma.

—Viste algo, ¿Qué fue?

—Nada, olvídalo.

—Dime— le impidió salir del baño.

—Cuando terminé de lavarme la cara, pensé que había alguien más en el espejo, debió ser el cansancio.

—Nos vamos.

—Exageras las cosas, no vas a conducir de madrugada.

—¿Y ese moretón?— preguntó al ver uno reciente en su cuello.

—No lo sé— se acercó al espejo para verlo mejor, jugaría que hace unos minutos no lo tenía.

—Por favor, no quiero que se repita lo de aquel día.

—Admito que es extraño, pero no puedo creer en fantasmas, siempre hay una explicación lógica.

—¿Cómo cuál?

—Me... Puede que me golpease con... El cinturón del coche me dejó la marca.

—Nos vamos a tu casa— no se lo había hecho ella, ningún moretón aparecía tan rápido.

—¿Y si acepto usar la pulsera de Mushin?— debía ceder, por el bien de los dos.

—No vas a separarte de mí— dijo Inuyasha al ponerle la pulsera —. Las luces se quedan encendidas.


Inuyasha estaba en el comedor con la madre de Kagome y su abuelo, mientras Kagome dormía en su habitación, en toda la noche no pudo dormir bien, las pesadillas la atormentaban. Cuando llegaron al templo, el rostro de sueño y el moretón el en cuello de ella, no pasaron desapercibidos por la familia, pero nadie dijo nada.

—Quiero que sepan que yo jamás lastimaría a Kagome, yo no le he hecho los golpes— dijo Inuyasha, tenía que aclarar las cosas pronto.

—Lo sabemos— el abuelo dejó sorprendido a Inuyasha.

—Hablamos con Mushin— explicó la mujer—. Dijo que fue a tu casa e hizo una limpia, y recientemente le visitaron, nosotros concordamos que va más allá de algo terrenal, mi hija se niega a creerlo, pero lo que la lastima es algo del otro mundo.

—También creo eso, ¿Por qué no la ataca aquí?

—Es un templo— contestó el abuelo—. Le ayudaremos a Midoriko con la invocación, pero para ello, Kagome no deberá dejar el templo.

—Bien, dígame que tengo que hacer.

—Siguiendo la tradición celta del "Samaín", el 31 de octubre, los espíritus tienen libre acceso a este mundo, desde la media noche tendrán más fuerza e irá tomando forma. Ese día deberás hablar con ella, la verás sólida, no puedes flaquear en intentar que siga adelante.

—¿Y si no quiere?

—La exorcizáremos.

—Hagámoslo.


Se le acababa el tiempo, los susurros le decían que debía actuar con más fuerza. Que mañana sería un importante día, podría ir al mundo de los vivos, su presencia iba ser más fuerte e Inuyasha la vería.

Al salir temprano del trabajo, Inuyasha pasó por Kagome, la llevaría a su casa y con el pretexto de la hora, se quedaría con ella. Mañana era el día, 31 de Octubre. El coche se detuvo abruptamente.

—¿Qué pasó?

—No sé, no arranca— bajó del coche, abrió el cofre y salía humo, miró a su alrededor, sentía a Kikyou cerca—. Voy a llamar al seguro— le dijo a Kagome, sacó su celular y no prendió—. Creo me quedé sin batería.

—Yo marco, es extraño juraría que tenía la mitad— al prenderlo se apagó por batería baja—. Tú casa está cerca, podemos llegar caminando.

—También podemos ir a la avenida y tomar el camión— no quería ir donde Kikyou tenía más fuerza.

—Inuyasha, se hace tarde y va a llover— señaló el cielo.

El chico no se podía decidir qué hacer. La lluvia les alcanzaría antes de llegar a la parada del camión y Kagome no podía enfermar, menos embarazada. Sí iban a su apartamento, también se mojarían pero tenían ropa seca. Podía ser la segunda opción, Kagome tenía su collar y la pulsera, era solo una noche, no bajaría la guardia y al amanecer se irían.

...

Las voces tenían razón, entre más se acercase el 31 de octubre ella era más fuerza. Logró averiar el coche de Inuyasha, y con ello ponía en marcha su plan. Fue a la recámara y se acercó a Inuyasha, se inclinó a susurrarle.

—Inuyasha, levántate, ya es hora— el chico obedeció, se sentó en la cama—. Ponte de pie y ven conmigo, eso es, camina— lo sacaría del apartamento y aquel ser oculto en las sombras, se encargaría de Kagome.

Ese nuevo amigo le dijo que él podía quebrar el alma de Kagome, la debilitaría tanto que no tendría fuerzas para rechazarla y poseerla.

—¿Inuyasha?— Kagome despertó al sentir frío y percatarse que su novio no dormía con ella—. ¿Inu?— observó la recámara, todo estaba muy oscuro, demasiado—. ¿Por qué no prendes la luz?— preguntó al lograr distinguir la silueta de alguien—. No hay luz— dijo luego de intentar prender la lámpara de noche—. ¿Qué haces?— se levantó.

Kikyou pudo escuchar la voz de Kagome, no creyó que despertase tan pronto. Inuyasha apenas se ponía los tenis.

—Toma tu chamarra y salgamos, deprisa.

Inuyasha abría la puerta y cuando corría el pasador, reaccionó. ¿Qué hacía en la puerta? ¿Por qué se iba? ¿Y Kagome? Se giró, topándose con una Kikyou translucida.

—Kikyou.

—Me ves, esperé tanto por esto— quiso tocarlo pero su mano lo atravesó.

—¡Inuyasha!— Kagome gritó con terror.

—Kagome— corrió directo a la recámara, pasando por la figura de Kikyou.

No entendía lo que pasaba, al levantarse e ir donde se suponía estaba Inuyasha, desapareció. Primero pensó que solo había sido imagino suya, como cuando ves a alguien sentado y resulta ser solo una silla o ropa. Tal vez Inuyasha estaba en el baño o en la cocina, fue a la puerta y no abría. La recámara se hizo más fría, las manos y pies se le congelaban. Podía sentir a alguien detrás de ella, su mano se aferró al pomo de la puerta, tenía miedo de voltear, las lágrimas bajaban por su rostro. ¿Y si el acosador de Inuyasha había terminado de cruzar la línea? ¿Y si le hizo algo malo a Inuyasha y ahora iba por ella? Cuando sintió una mano sobre su hombro, la pulsera de protección se rompió.

—¡Kagome! Vamos ábreme— no podía abrir la puerta, la empujó con fuerza, nada servía.

—¡No puedo!

Algo se estrelló con la puerta y Kagome se agachó para protegerse, no veía a su atacante, eso la aterraba. Los cajones de ropa salieron volando y los objetos sobre los muebles, se estrellaban contra las paredes.

—¿Qué pasa? ¡Maldita sea abre!— se sentía tan impotente al no poder entrar y ayudarla—. Kikyou abre la puerta— buscó al fantasma.

—¿Ella es más importante?

—No la lastimes.

—¿Es más importante que yo?

—¿Qué es lo que quieres? Kagome no te ha hecho nada.

—Te apartó de mi lado, por ella es que me olvidaste y no me veías.

—No es verdad.

—¡¿Ella es más importante que yo?!— gritó furiosa.

—¡Sí! Ahora abre la puerta— el fantasma se fue.

—¡Inuyasha! ¡Suéltame! ¡Nooooo!— gritó al ser tomada de un pie y llevada bajo la cama, forcejeó para evitarlo.

—¡Abre la puerta!— logró que la puerta cediese y entró de inmediato, la mitad del cuerpo de Kagome ya estaba bajo la cama—. ¡Déjala!— gritó al tomar a la chica y jalarla hacia él—. Te tengo.

—Hay algo, bajo la cama— su cuerpo temblaba, había visto una figura negra, sintió unos largos y fríos dedos, con uñas tan filosas como navajas.

—Estoy contigo.

—Sácame de aquí.

Inuyasha la cargó y vio que las piernas de Kagome tenían rasguños, en su rostro tenía sangre de una cortada en su frente.

—¡Kikyou detente!— gritó cuando libros, cojines y otros objetos volaron hacía ellos, la puerta seguía abierta, podían salir.

Al pasar la puerta, Inuyasha fue separado de Kagome y puesto contra la pared, la policía había llegado.

—Queda detenido— dijo el capitán Kumo al esposar a Inuyasha.

—No es lo que creen.

—¡Él no fue!— gritó Kagome, las cosas se veían muy mal.

—¿Entonces quién? No hay nadie más— el capitán enfrentó a la chica.

—No lo sé, pero no fue él.

—Llévenselo.

—¡Es la verdad! Inuyasha no fue quien me lastimó.

—A menos que nos diga quien fue y como logró salir, nos lo llevamos a una celda.

A Inuyasha no le importaba ser detenido si con eso Kagome iba a estar a salvo, pero no era así. Al ser llevado a la patrulla, al otro lado de la calle estaba Kikyou. Vio la hora en el tablero del coche, 00:08, ya era 31 de Octubre. Y lo entendió, Kikyou le puso una trampa, ella averío su coche, les atacó para que los vecinos creyeran que estaba golpeando a Kagome y de esa forma, tener el camino libre para llegar a Kagome. Un oficial subió a la patrulla y se lo llevó.

—¡Kouga!— Kagome corrió donde su amigo cuando lo vio.

—¿Qué pasó? ¿Estás bien?— en cuanto escuchó el llamado de emergencias fue hacía allá, nunca esperó encontrar a Inuyasha siendo subido a una patrulla y a Kagome con golpes y rasguños.

—Necesito que ayudes a Inuyasha.

—¿Te golpeó?

—¡No! ¡Tienes que creerme! ¿Por qué nadie lo hace?— ¿Qué debía hacer? ¿Cómo podía sacar a Inuyasha de la cárcel?

—Okey, veré que puedo hacer, pero debes ir a que te revisen, ¿Kagome?— la chica se había inclinado y sus manos se las llevó a su estómago.

—Mi bebé— sentía dolor en su vientre, ¿Y si por el golpe al caer al suelo lo perdía?

—¡Una ambulancia!— pidió Kouga.

...

Las horas pasaban, ya había amanecido y estaba desesperado por salir de esa celda, tenía que proteger a Kagome de Kikyou. Pero su esperanza de ser exonerado con la ayuda de las cámaras en su casa, murieron cuando Kouga le dijo que fallaron, lo último que grabaron fue a él caminando a la entrada, luego de eso, todo era negro. Para calmarse se repetía que Kagome estaba en el templo, allí ningún espíritu podía lastimaría.

El capitán Kumo no se había vuelto a aparecer, solo dos oficiales que mandó Kouga con comida. El sol se ocultaba cuando el oficial en turno, anunció una visita.

—¿Sesshoumaru?— de todas las personas, era la última que esperaba ver—. ¿Qué haces aquí?

—Padre me mandó, le dijeron lo de la chica. ¿La lastimaste?

—¿También ustedes creen eso?— iba de mal en peor, había puesto de nuevo a su padre en una situación complicada.

—¡¿La lastimaste?!— exigió saber el mayor.

—No.

—¡Mírame!— debía corroborar que no mentía.

—¡Jamás!— contestó con total sinceridad.

—Les escucharon pelear, tú golpeando la puerta y gritándole— eso dijeron los vecinos.

—Porque la puerta no se abría y ella gritaba por ayuda, había cosas rompiéndose y me desesperé, golpee la puerta para tirarla y entrar.

—¿Viste al atacante?

Sí y no, vio a Kikyou, pero no a aquello que atacó a Kagome. ¿Cómo decirle a Sesshoumaru que el atacante fue un fantasma?

—No, me ocupé de sacar a Kagome y no me quedé a averiguarlo.

—La policía no encontró señales de alguien más.

—En los últimos meses he sido acosado por alguien y la policía me toma por loco. Tal vez no me creas, pero Kagome está en peligro, solo quiero protegerla y estando aquí no puedo.

—Abran, nos vámonos— un oficial se acercó y abrió la celda.

—¿Puedo irme?— preguntó Inuyasha incrédulo.

—Pagué tu fianza, no te apartas de mi vista, debo traerte para tu audiencia con el juez.

...

Kagome estaba en su recámara, los médicos la mandaron a casa luego de verificar que el feto estaba bien. El dolor que sintió debió ser por el estrés. Su familia le dijo que intentaron ver a Inuyasha pero no les dejaron, Kouga le dijo que estaba bien, que le había mandado comida. Le habían pedido permanecer en su recamara, descansando y cuando hubiesen noticias de Inuyasha, le informarían.

Les escuchó murmurar algo sobre espíritus que pasaban a este mundo y que la invocación se iba a posponer. Honestamente, luego de lo vivido, ella ya no sabía que creer. Fue al baño a lavarse la cara, se la secaba cuando escuchó el viento silbar por entre la ventana, fue a cerrarla y los rayos del sol pintaban de naranja el patio, entonces fue que la vio. En las escaleras del templo estaba una mujer, Kikyou.

...

La noche ya había caído cuando Inuyasha y Sesshoumaru llegaron al templo, a Inuyasha le sorprendió que su hermano aceptase llevarlo al templo, creía que luego de sacarlo del arresto, lo llevaría a un hotel donde lo tendría vigilado.

La madre de Kagome salió corriendo de la casa y abrazó a Inuyasha.

—¡Inuyasha! Que bueno te sacaron, pero no encontramos a Kagome.

—Salió a escondidas— explicó Souta—. Miroku, Sango y Kouga la buscan pero hasta ahora nada.

—El acantilado— murmuró, era el lugar idóneo, donde todo inicio y donde Kikyou quería terminar todo.

—¿Crees que ella se la llevó?— preguntó con miedo la señora Higurashi.

—Sí, voy por ella.

—¿Dónde vas?— Sesshoumaru detuvo a su hermano—. Te dije que no te perdería de vista.

—Tengo que ir a buscar a Kagome, está en peligro.

—¿De quién? Creí que habías dicho que no sabías.

—¡No tengo tiempo para esto!— forcejeó con su hermano.

—¡Entonces dime lo que pasa!

—Sí te digo me tomarás por loco.

—Un fantasma, eso es lo que pasa— intervino una joven que Inuyasha nunca había visto antes—. Puedo sentirlo.

...

Inuyasha subió corriendo la colina hasta el acantilado, se alivió al encontrar a Kagome, estaba dormida en el suelo. La abrazó e intentó despertarla, esperaba que Kikyou aún no tomase posesión de su cuerpo.

—Kagome, despierta.

—Viniste— dijo Kikyou al aparecer delante de ellos.

—¿Qué le hiciste?

—Dormirla, está bien, gracias a ella, pronto estaremos juntos, si me apodero de su cuerpo...

—¡No Kikyou!— le interrumpió—. Kagome no te ha hecho nada, solo la lastimas.

—¿Por qué te reúsas a que vuelva?

—Debes seguir adelante, lamento mucho tu muerte, pero no es bueno que permanezcas aquí.

—Inuyasha ¿Con quién hablas?— preguntó Kagome al ir despertando.

—Si no puedo volver por medio de ella, ven conmigo, yo morí por tu culpa, vida por vida es lo justo.

—Inuyasha, no— la azabache se aferró a la playera del chico, podía ver a Kikyou.

—Si no lo haces, ten en mente esto, jamás los dejaré, siempre estaré en su mente, los atormentaré cada día del resto de su vida, seré esa eterna pesadilla que no se irá nunca. ¿Cómo puedes protegerla de algo que no puedes ver y tocar?

—Y para eso estaré yo— Inuyasha abrazó más a Kagome—. No importa en qué lugar me encuentre, nunca voy a dejar de cuidarlos, de amarlos.

—No lo hagas.

—Van a estar bien— la besó y se puso de pie.

—¡Por favor no! Tendremos un bebé, no puedes hacerle eso— imploró Kagome.

—Un hijo, siempre quise ser madre, tener una niña— el aura de Kikyou cambio a una más tranquila—. ¿Me permites que viva en ti?

—¿Prometes no matarlo?

—Solo quiero tener la vida que me fue arrebatada, no voy a quitarte tus recuerdos, pero aprenderás a vivir conmigo en ti.

—Esta bien.

—¡No!— Inuyasha se plantó frente a Kikyou—. Yo voy contigo pero a ella la dejas en paz.

—Silencio— con un ademan de mano, Inuyasha fue lanzado contra un árbol.

—¡Inuyasha!

—Estará bien, toma— le dio a Kagome una daga con una inscripción—. Di esas palabras y luego has el juramento de sangre.

—Yo, Higurashi Kagome, te permito a ti, Fuji Kikyou, poseer mi cuerpo para que vivas en mí, hago este pacto de sangre que jamás podrá romperse— hizo un corte en su mano, la daga absorbió la sangre y Kikyou se acercó.

—¿Qué pasó?— no pudo entrar al cuerpo de Kagome, la sombra que acompañaba a Kikyou se acercó—. Ya veo, es ese collar, quítatelo ¡Ahora!

—Listo.

—Tíralo lejos y repite de nuevo el juramento.

Kagome hizo lo que le dijo, sus manos temblaron cuando el collar fue a parar lejos, esta vez Kikyou tendría éxito.

— Yo, Higurashi Kagome, te permito a ti, Fuji Kikyou, poseer mi cuerpo para que vivas en mí, hago este pacto de... ¿Inuyasha?— se suponía estaba inconsciente bajo un árbol, ahora estaba frente a ella, sonriéndole.

—Todo es mi culpa, no voy a dejar que te siga lastimando, les amo— besó a Kagome, retrocedió hacía el acantilado, tenía la daga enterrada en su abdomen.

—¡No! ¡Inuyasha!— intentó detenerlo, pero fue muy tarde, ya se había dejado caer al mar.

Kagome se arrodilló en la orilla, el mar estaba picado, oscuro, no veía a Inuyasha.

—Decidió permanecer junto a mí, me sigue amando.

El espíritu de Kikyou también se dejó caer y se evaporó en miles de luces. El cielo tronó y la intensa lluvia cayó.

—¡Kagome!— gritó Kouga al ser el primero en llegar.

—Inuyasha, él...— seguía en shock.

—Ya lo buscan, ven conmigo— lo había visto todo desde la costa.

—No lo veo.

—Ven, está lloviendo.

...

Tres días después, luego de dejar el hospital, Kagome estaba en la estación de policía, siendo interrogada por el capitán Kumo y su compañero el sargento Byakuya. Los guardacostas no encontraron el cuerpo de Inuyasha y como la ropa de ella se había ensuciado con su sangre, querían su versión.

—¿Van a cooperar y decirnos dónde está?— preguntó el capitán Kumo.

—¡Ya se los dije! Cayó al mar, Kouga lo vio.

—Ya hablamos con el detective, pero dada su relación con él, no podemos fiarnos, mentiría por usted, hasta el mejor caería por una linda mujer. Otra pregunta ¿Por qué tenía la sangre de él en su ropa?

Kagome no contestó, ¿Cómo explicarles lo qué paso?

—Ya les dijimos que fueron atacados por el acosador— habló Sesshoumaru, su padre lo había mandado como abogado para Kagome—. Inuyasha al defender a su novia fue herido. Los dos cayeron por el risco.

—Este otro sujeto ¿Lo reconociste?— Kagome negó.

—Entonces, dices que este supuesto acosador te secuestro y llevó al lugar donde fue encontrada la ex de tu novio. Inuyasha te encontró, peleo con este tipo misterioso y los dos cayeron por el mar— recapituló Byakuya.

—Si.

—¿Cómo llegó su sangre a tu ropa?

—Fue apuñalado, me protegió, fue por eso.

—Sí te quiso lastimar y fue defensa propia, eres libre— dijo el capitán.

—Suficiente, Kagome, vámonos.

Kagome siguió a Sesshoumaru, no dejaba de pensar en Inuyasha, en que aún lo consideraban culpable, en que no volvería a verlo nunca más. Se sacrificó para que ella pudiese vivir en paz, por el bebé de ambos.


28/12/2017

Todavía no vayan por la brea y fuego, queda un capítulo más para el fin.

Como leyeron, los moretones si los causaba Kikyou. ¡Vaya que se apreció Kikyou frente a Inuyasha!

Yo también creo eso "Hay que temerle más a los vivos, que a los muertos". Tengo mis dos lados, el escéptico (un 90%) y el que cree que hay otras cosas que van más allá de nuestro entendimiento.

Esta sombra que acompaña a Kikyou, no es Naraku, son todos los sentimientos negativos de aquellas almas que no pueden encontrar el descanso, y Kikyou la atrajo.

Creo que es todo por ahora, les espero en el final.