N/A: Voy a poner mi estupida nota aqui ya no quiero dañarles el final con mis estupideces :3 Uhm sólo queria disculparme por la tardanza. Estuve de viaje y esas cosas. Pero aqui está lo prometido :D Espero que lo disfruten. Yo lo disfrute (?)

Por cierto, si alguien sabe quienes son la pareja que Alfred ve en el rio les dare una galletita :3

No olviden dejar review y sus sugerencias y todo eso :3

Besus.


Sabado

Alfred pasó toda la noche haciendo llamadas. Resulta que cuando te pones a contar... el día tiene 24 horas (a Alfred le costó llegar a esta conclusión ya que es difícil contar hasta 24 con los dedos). Era obvio que Arthur no cambiaría la hora por más que le implorara de rodillas, pero Ivan parecía más dispuesto a hacer ajustes.

Así que ahora Alfred se arreglaba cuan rápido podía para llegar a tiempo a su salida con Ivan. Había quedado de acuerdo con él para verse antes de lo previsto. Se acomodó el cabello con las manos y sonrió al espejo antes de salir corriendo por la puerta y echarse una bufanda al cuello. Era una mañana fría.

09:30

Alfred estaba a tiempo. Aunque había tenido que madrugar (y eso es imperdonable en el fin de semana), el bus lo llevaba a buen ritmo hacia su primer destino. Un pequeño café en el centro de Londres. Exhaló, y su propio aliento le empañó los lentes.

Mientras los limpiaba, pensaba en lo afortunado que era por poder estudiar en una ciudad como esta. Sonrió, y al ponerse los lentes se apegó al cristal de la ventana, intentando recordar cada calle y monumento que pasaba. Y aunque pasar toda la mañana turisteando con Ivan lo emocionaba... Poder hablar con Arthur era lo que de verdad lo tenía ansioso. Sobre todo después de ayer... las cosas que le había dicho... Sacudió la cabeza, forzándose a no pensar en eso. Era temprano aún, y lo único que podía preocuparle era si a Ivan le gustarían las hamburguesas tanto como a él.

10:00

Ivan esperaba sentado afuera del café, tamborileando sus dedos sobre la mesa con expresión irritada. No es que fuera impaciente... sólo que... oh, bueno. Sí era impaciente. ¿Y si Alfred decidía no aparecer? No, él no haría eso. Por su propio bien...

Frunció ligeramente el ceño y miró su reloj. Ya habían pasado cinco minutos de la hora. Maldijo despacio en su idioma natal, y deslizó sus dedos sobre las flores del centro de mesa. Observó con deleite como estas ardían en llamas, consumiéndose despacio hasta quedar sólo cenizas.

Oh, bueno. Sólo eran petunias.

Se sacudió con ligereza las cenizas en el preciso instante que la persona que estaba esperando aparecía.

10:10

A Alfred le faltaba el aliento. Había corrido todo el camino desde la estación de bus, esperando que Ivan no se cansara de esperarlo y se fuera. Pero ahí estaba él, sentado a una mesa y sonriendo su usual sonrisa... aquella que era amable y abierta. Alfred se acercó a él, más despacio ahora que el ruso lo había visto y se ajustó la bufanda.

"Buenos días, girasol. Pensé que no vendrías."

Ivan lo saludó una vez se hubo sentado también. Alfred le devolvió el gesto ampliamente, rápidamente pensando como disculparse con él. No había llegado TAN tarde, pero no sabía si los estándares de tiempo americano aplicaban en todo el mundo. Supuso que no.

"Morning, dude." después de eso le explicó su tardanza, aunque su amigo no pareció enfadado en lo más mínimo. Eso era lo que le gustaba de él.

"¿Quieres tomar algo antes de salir?" Ivan ofreció, sacando su billetera de uno de los bolsillos de su largo abrigo. "Yo invito."

¡Comida gratis! Es decir, uh... No. Alfred no se vendería por comida. Había desayunado y aparte no sentía que fuera apropiado que Ivan pagara por él, así que se negó. "Don´t worry. Traje reservas." sonrío, sacando de su propio abrigo dos hamburguesas envueltas y una lata de soda.

Ivan lo miró extrañado, posiblemente preguntándose como era que todo aquello cabía en el abrigo americano. Uhm, tal vez Alfred había dicho algo mal. Uh, tal vez Ivan esperaba que Alfred le brindara algo. Pero antes de que Alfred pudiera decir algo más, el ruso se levantó y de buen ánimo tomó su mano. "Ven, girasol. Hay un lugar que tienes que ver."

Alfred lo siguió entusiasmado, sin oponerse a que tomara su mano, y sin haber notado nunca que su mesa era la única sin flores decorativas.

10:40

Se encontraban en un parque. Y no era que no fuera hermoso, porque lo era, sólo que... a Alfred le pareció que era un lugar más adecuado para una pareja que para un par de amigos. Aun así, el sol calentaba ligeramente su rostro, y la brisa despeinaba sus cabellos. Se sentó en una banca y cerró los ojos un segundo, aspirando el aroma de las flores. Decidió que no hacía frío y guardó su bufanda en un bolso parecido al que Arthur llevaba a clases.

Oh, no de nuevo. Se golpeó la frente cuando se dio cuenta que una vez más se encontraba pensando en Arthur. Arthur Kirkland, la persona que era a la vez maravillosa e intrigante. Que podía destrozarlo en un segundo y a la vez Alfred no podía enojarse. Arthur...

Pero no. Esta era su salida con Ivan. Ya tendría tiempo para Arthur después.

Y hablando de Ivan... ¿dónde estaba?

Miró inquisitivamente de un lado al otro, y entonces lo vio, inclinado sobre unos girasoles. Hmm... ¿Por qué no había visto esos girasoles antes? Ladeó el rostro y pensó en levantarse e ir con su amigo, pero este se le adelantó, acercándose al americano con largas pisadas.

"Traje esto para ti."

Alfred parpadeó un par de veces, un tanto sorprendido por el gesto. Y por 'gesto' se refería al girasol que Ivan le ofrecía. Sin saber muy bien que decir, tomó el girasol entre sus dedos y sonrió en su dirección.

"¿Para mí?" Puso una expresión coqueta, batiendo las pestañas a modo de broma. "Thanks, dude."

Claro que 'thanks, dude' no era la respuesta que Ivan esperaba oír. Pero tenían todo el día por delante.

11:30

De pie frente al Big Ben, Alfred parecía un niño pequeño. Daba saltitos y murmuraba algo sobre escuchar las campanadas. Ivan no lo estaba escuchando realmente... estaba más interesado en observar la curva de sus labios, la ángulo de sus cejas, de sus parpados, el resplandecer de su cabello. Sonrió para si mismo, imaginando todas las cosas que le gustaría hacer con ese americano...

Pero aquellas cosas tendrían que esperar, ya que Alfred era demasiado denso y ni siquiera se daba cuenta de las verdaderas intenciones de Ivan.

Si tan sólo Alfred lo mirara de la forma en que miraba a ese estúpido británico... entrecerró los ojos de sólo pensar en él, pero no tenía sentido pensar en Arthur cuando en este instante tenía a Alfred sólo para él.

Alfred hizo una pregunta e Ivan respondió, acercándose a él por detrás, dejando que sus dedos reposaran brevemente sobre la cintura ajena... Delineó su figura, sabiendo que Alfred estaría demasiado entusiasmado con las campanadas del reloj como para sentir su tacto. Estaba en lo correcto.

12:40

Al medio día aún no decidían a donde querían ir, así que caminaban a paso lento por la calle Fleet. Sí, la calle donde un loco degollaba gente... Sólo por si acaso, Alfred evitó todas las barberías del camino.

En vez de eso, mordisqueaba una de sus hamburguesas mientras discutía con Ivan. Su amigo sugería que fueran a la Torre del Terror, y Alfred sugería que fueran a un lugar menos terrorífico... como un museo o una iglesia.

"Oh, vamos. Toda persona que viene a Londres tiene que visitar la Torre del Terror."

"Uh..., ¿Y si lo discutimos en ese pequeño McDonald´s de ahí?"

Ivan rio con suavidad, tomando su mano... aquello parecía haberse vuelto ya un hábito en él. "¿No tendrás miedo..., o sí?"

"Of course not! Los héroes no tienen miedo, ahahahaha!"

"Perfecto. Entonces vamos a la Torre del Terror."

"Uh, ¿dije que los héroes no tienen miedo? Quise decir que los héroes no tienen miedo a menudo..."

"...Alfred."

"What?"

13:30

Al final, el americano perdió el argumento.

Y así fue como se encontró justo ahora... de pie frente a la terrible Torre del Terror.

Bueno, no era tan terrible. Había un guía y varios visitantes... vendían comida afuera y había una tienda de recuerdos con camisas y esas cosas... Aparte era de día, y todo luce menos terrorífico de día.

El viaje hasta la Torre, que quedaba ligeramente lejos de la ciudad, tomó varios minutos. Casi media hora, de hecho. Alfred sintió una corriente de aire frío, rebuscó en su bolso y volvió a ponerse la bufanda... Miró a Ivan, quien hablaba con un guía.

"Girasol." Ivan se acercó a él sonriente. "¿Vamos?

Como si Alfred tuviera opción.

A pesar de todo, no fue nada mal. Resulta que la Torre había sido usada hace mucho tiempo (eso de recordar fechas no era el fuerte de Alfred) como una prisión. El guía les mostró las habitaciones, llevándolos por pasillos oscuros y escaleras estrechas. Todo habría estado bien de no ser por los equipos de tortura manchados de sangre. Alfred tragó saliva, pero parecía que Ivan estaba en Disneylandia.

Unas dos horas después, Alfred estaba desesperado por salir de ahí.

4:10

Alfred e Ivan comían un helado, apoyados contra el puente de Blackfriars. El clima era otra vez agradable, y echando un rápido vistazo Alfred notó que no eran los únicos ahí. A su derecha una pareja conversaba. Al menos parecía una pareja... La chica era de piel clara, cabello castaño y ojos grises. Un collar de ángel colgaba de su cuello. Su acompañante era un muchacho igual de peculiar... con cabello negro azabache, cicatrices y ojos como el amanecer... Uh, Alfred no sabía de donde sacaba descripciones tan cursis. Miró el Tames una vez más, e ignorando a la pareja que se besaba, suspiró. De repente imaginó que la pareja que se besaba frente al río era una distinta...Ustedes pueden imaginar lo que pensaba.

Entonces la mano de Ivan se posó sobre la propia.

Alfred alzó la mirada, encontrando ojos azules con lavanda. "¿Sucede algo?"

Ivan se mordió el labio, de nerviosismo, tal vez. Alfred no estaba seguro. ¿Por qué estaría su amigo nervioso? Arqueó una ceja, esperando su respuesta.

"Alfred..." Ivan comenzó. "Hay algo que debo decirte..." Alfred observó como el ruso se acercaba un poco más a él, y ahora el que se sintió nervioso fue Alfred.

"Yeah...?"

Ivan asintió, sin quitar los ojos del americano. Su pulgar acariciaba la palma de Alfred. "Da."

Alfred quería apartar la mirada, pero por algún motivo se sentía paralizado, como si los ojos de Ivan poseyeran algún tipo de hechizo que lo hipnotizaba y no le permitía moverse.

Ivan continuó. "Alfred, desde la primera vez que te vi..." tomó aire. Ya que las insinuaciones y sutil coqueteo no resultaba, Ivan decidió que era hora actuar. O hubiera sido hora de actuar de no ser porque el celular de Alfred sonó en ese preciso instante.

Salvado por la campana, Alfred pensó, al fin con libertad para alejarse de Ivan. Miró su celular y sus ojos resplandecieron al ver quien lo llamaba. "¿Hello?"

"Escuchame, git. Sólo llamaba para recordarte que aún tienes que hacer un trabajo conmigo."

"Yeah, I remember," Alfred respondió, seguro de que se encontraba sonriendo como idiota.

"Y espero que recuerdes que nuestra reunión es en 30 minutos. Ni un minuto más."

"Uh..." Alfred miró la hora. Dammit! ¿Cómo iba a hacer para llegar donde el brit tan rápido? De cualquier modo, entrar en pánico no ayudaría. "Don´t worry. Estaré ahí."

"Well then... see you."

"See you too, Arthur."

4:30

Arthur...

Ivan hizo puño con la mano, apenas notando como aplastaba el cono de helado que aún no terminaba de saborear. Entrecerró los ojos observando como el americano, su americano, cerraba el celular y corría en su dirección... con una expresión el doble de feliz de la que había tenido en toda la mañana.

"Uh, Ivan. ¿Te importa si me voy ya? Perdí sentido de la hora." Alfred sonrió inocentemente, sin notar la forma en que Ivan lo miraba, o que de sus dedos habían empezado a salir chispas.

¿Qué si me importa? Claro que me importa...

"No es problema, girasol. Yo tengo otras cosas que hacer también."

"Sabía que entenderías." Alfred asintió emocionado, terminando lo último de su helado y acomodándose el bolso. "Fue... uhm, me gustó salir contigo."

Al menos no todo estaba perdido. "Podríamos salir otra vez."

"Sure. Nos vemos." Alfred le guiñó un ojo y empezó a alejarse de ahí. Antes de desaparecer por completo de vista se volteó y preguntó. "¿No tenías algo que decirme?"

Tenía muchas cosas que decirte, pensó. Pero al final negó con la cabeza. "Nada que no te pueda decir el lunes."

Se despidieron de la mano y cuando Alfred ya estaba seguramente lejos, Ivan frunció el ceño. Sería tan fácil... doblegar su voluntad. Un par de palabras, un movimiento de la mano... Pero no. La culpa no era de Alfred.

Observó el río, sereno... Demasiado sereno para su gusto. Habló en un idioma diferente al que algún humano hubiera escuchado jamás, y sonrió cuando olas se empezaron a formar en la superficie. Olas grises e intranquilas.

Mucho mejor.

Observo como el Tames reflejaba su humor, y de sus dedos escaparon chispas.

Arthur aún no aprendía...

Pero ya aprendería. Ivan se encargaría de eso.

4:58

Alfred tomó un taxi. Era la manera más rápida de llegar... sobre todo cuando estaba seguro de que las amenazas del británico eran verdaderas. Se acomodó el cabello, intentando lucir lo más presentable posible y tocó la puerta.

La respuesta fue inmediata, aunque no la que él esperaba.

"No estás a tiempo."

Arthur lo miraba ligeramente ceñudo, usando el suéter verde que a Alfred tanto le gustaba ya que resaltaba sus ojos esmeralda. Por un momento, Alfred se olvidó de responder... estaba teniendo una linda imagen mental de cómo se vería Arthur sin ese suéter... o sin nada en absoluto.

Arthur chasqueó los dedos en su rostro.

"Uh, ¿qué?"

Arthur miró su reloj una vez más. "Dije que no estas a tiempo."

Alfred miró su propio reloj. Eso no podía ser verdad. ¡Era un minuto antes de las cinco! "Son las 4:59." Alfred replicó.

"Estoy seguro de que así es."

Okay. Algo aquí estaba mal. Lo que Arthur acababa de decir no tenía ningún sentido. Notando la obvia y entendible confusión en el rostro de Alfred, Arthur suspiró y abrió la puerta.

"Dije a las cinco... ni un minuto más...-"

Alfred terminó la frase por él. "-...ni un minuto menos." Ahora lo entendía. Aunque seguía sin tener sentido.

"Precisamente." Arthur asintió complacido.

...

"¿Ya puedo pasar?"

"No."

5:00

"Okay, git... Puedes pasar." Arthur se hizo a un lado cuando su reloj dio las cinco en punto. Le indicó al americano que cerrara la puerta y subió corriendo unas escaleras al final del pasillo. En el camino, no miró a Alfred realmente. No sabía ni como mirarlo. Es decir... había dudado que el idiota si quiera viniera. Después de lo que le había dicho el día anterior... era entendible.

Pero aquí estaba. Estúpido, sonriente, entusiasta y americano como siempre.

Al final de las escaleras se encontraba una especie de recibidor. Pero Arthur siguió de largo, hasta la mesa del comedor donde por fin tomó asiento.

Alfred se sentó frente a él... y Arthur se miró las manos. ¿Qué tenía qué decir ahora? Empezar a hacer el trabajo parecía lo más lógico. Intentando centrarse, empezó a hablar y a lanzar órdenes. De esa manera era más fácil.

"Okay..." empezó. "¿Recuerdas las reglas, no es así? No opinar, no molestar, y ayudar sólo en aquello que yo te pida."

Alfred asintió sin apartar los ojos de él. ¿Siempre se veía así de bien? "Yeah, I remember. Pero... me gustaría hablar sobre algo más antes."

Oh, no. Oh no oh no oh no oh no oh no. Arthur no quería hablar de nada que no fuera trabajo... Pero Alfred parecía tener otras ideas.

5:05

Alfred jugueteó con sus manos, pensando en lo que debía decir. Había tantas cosas que quería decir. Pero estando aquí, frente a Arthur... la persona más hermosa de todas... Alfred sentía su cerebro vacío. "Yo, uh..." ¿Qué acaso no era esto lo que había esperado? Estar a solas con Arthur... hacerle preguntas...

Por algún motivo, estando a solas con Arthur se dio cuenta de que lo que menos quería hacer con él era hacerle preguntas. Se sonrojó ante sus propios pensamientos, e intentó concentrarse.

¿Por qué quería hablar con él en primer lugar? Oh, sí. Por lo que le había dicho ayer. Yeah. Quería preguntarle que había hecho mal, por qué lo odiaba tanto... los golpes en su rostro.

Pero mirándolo ahora, Arthur no parecía odiarlo, y su rostro no mostraba ninguna cicatriz.

"Dude, ¿qué pasó con… ya sabes qué?" Alfred hizo gestos vagos para darle a entender que se refería a su rostro.

"¿Debo repetirte una vez más que no es tu problema?"

Alfred tenía que manejar esto con cuidado. Si no... lo más probable era que Arthur le arrojará algo a la cabeza. "Arthur. ¿Soy tu amigo?"

La pregunta atrapó a Arthur fuera de guardia. ¿Alfred era su amigo? Era difícil saber lo que Alfred era para él. La persona que siempre le seguía los pasos y hacía apariciones tanto en los momentos menos indicados como los más apropiados. La única persona que lo había tratado bien... aparte de Kiku. Pero eso era otra historia. Consideró su respuesta unos instantes. "I guess so."

¡Bien! Eso era un adelanto. Al menos Arthur lo consideraba su amigo... Wait. Si Arthur lo consideraba su amigo, ¿por qué lo había tratado como basura el día anterior? Esta charla iba a ser larga.

"Sí es así, ¿por qué siempre andas evadiéndome? ¿Por qué nunca dejas que te ayude? ¿Por qué parece que me odias?"

"No te odio."

Arthur murmuró aquello tan bajo que Alfred no estaba seguro de haberlo oído o haberlo imaginado. "¿No?"

Arthur se mordió el labio. No quería decir demasiado. No podía decir demasiado. "No, no te odio, Alfred."

"¿Entonces por qué-?"

Arthur sabía lo que Alfred iba a decir, y lo interrumpió antes de que siguiera.

"Cualquier cosa que desees preguntarme puedes hacerlo después de terminar nuestro proyecto."

7:00

Después de aquello, a Alfred no le quedó más que aceptar lo que Arthur decía. Tenían un proyecto que hacer, después de todo. Estaban haciendo un cartel, y Alfred intentaba ser de ayuda... No es como si Arthur le diera muchas oportunidades para eso.

Observó al británico trabajar, y sonrió sin darse cuenta.

Arthur pareció notar esa sonrisa. "¿Qué miras?"

"Nothing." Alfred mintió rápidamente. "¿Te ayudo en algo...?"

"Desde luego. Serías un encanto si me pasas las tijeras."

Alfred asintió sonriente, haciendo lo que el otro le pedía.

Aun tenía cosas que preguntar, cosas de las que hablar... Pero por el momento se contentaba en poder estar con él... sin nadie que pudiera molestarlos. Sin Francis o Gilbert o los profesores. Sin Ivan.

Como si el Cielo lo hubiera oído y lo odiara, una persona apareció por la puerta. Alfred no lo había escuchado entrar, pero por el gruñido de Arthur supuso que no se trataba de nada bueno.

"Scott." Arthur saludó a aquella persona. "¿What are you doing here?"

Scott (ese parecía ser su nombre) se acercó a ambos, sonriendo de lado. "Hermanito, ¿esa es forma de recibirme frente a tus amigos?"

¿Hermanito? Scott y Arthur no tenían nada en común, Mientras Arthur era rubio, Scott era pelirrojo... y tenía cara de ser un hijodeputa aun mayor que Gilbert.

"Yo te saludo como quiero... ¿te importaría dejarnos solos?"

Alfred no sabía si la petición era porque Arthur de verdad quería quedarse a solas con él, o porque realmente no soportaba al pelirrojo.

De cualquier manera, su hermano lo ignoró. "¿No vas a presentarme a tu novio?"

Ambos chicos se sonrojaron a la vez.

"¡No es mi novio!"

Alfred pensó que tal vez era su turno de hablar. "Uhm, hello. Soy Alfred... Es... ¿un placer?"

El pelirrojo lo miró, pero no parecía interesado en saludarlo. De hecho, parecía que lo único que le interesaba era molestar a Arthur. Y lo estaba logrando.

"No te debo explicaciones." Arthur se cruzó de brazos, y luego fingió que recortaba una figura.

Scott rió y se acercó a su hermano. "Como quieras. Voy a salir con mi novia." Aquella última palabra la dijo despacio, inyectándola de veneno. "Diviértete con tu cita, marica."

Arthur se enrojeció de nuevo, aunque esta vez Alfred no sabía si era de vergüenza o de simple y llana furia. La segunda parecía más apropiada.

A penas Scott hubo salido una vez más, Arthur golpeó los puños sobre la mesa. "¿Alfred? ¿Te importaría irte...?" susurró en voz baja sin mirarlo. "Puedo terminar el trabajo solo."

Pero Alfred no pensaba irse. Aunque tampoco estaba seguro de que hacer. Sin esperar a su respuesta, Arthur se levantó de la mesa y fue a tirarse en un sillón, posiblemente esperando a que Alfred se retirara en cualquier segundo. Pero eso no sucedió.

Arthur parecía tener los ojos rojos y gruñó al ver que Alfred seguía ahí. "Get out. No estoy de ánimo."

Alfred, siendo el estúpido que siempre es, hizo todo lo contrario. Se acercó a Arthur y se sentó a su lado en el sofá. "No."

Arthur rodó los ojos. Este no era momento para que Alfred jugara al héroe. "Im asking you kindly."

Alfred se mordió el labio. Cada vez que había estado a solas con Arthur antes lo había arruinado, así que decidió quedarse callado, al menos por el momento.

7:30

Arthur, sin poder resisitir más la tensión y el silencio, habló. "¿Crees que es gracioso? ¿Por eso sigues aquí?"

Alfred parpadeó, sin entender a lo que Arthur se refería. Pero este continuó.

"¿Crees que es gracioso ver como mi hermano se burla de mi? ¿Cómo me hace quedar mal frente a todos? ¿Te divierte ver que incluso en mi familia soy sólo alguien de quien pueden reírse? Al menos en la universidad... no conozco a nadie. No me importa que un extraño me insulte, me moleste, me lastime, pero..." Arthur suspiró. No sabía por qué estaba diciendo esto. Simplemente... en tanta soledad... al menos había alguien que lo escuchaba. Así que siguió hablando. "Tú eres diferente. Tú nunca te has burlado de mí, y eso que sólo me conoces por una semana... Demonios, apenas seis días." No se dio cuenta, pero en algún momento se había reclinado contra Alfred. "Pero ya puedes reírte. Puedes reírte de que mi hermano me odie, al igual que mis compañeros. Puedes reírte de mi... De... de lo que Scott dijo sobre mi. Puedes reírte como todos hacen." Cerró los ojos, sintiendo que si los mantenía abiertos un poco más terminaría llorando.

Sin esperarlo, sintió las manos de Alfred acariciarlo lentamente, bajando por sus hombros a sus brazos. Se inclinó un poco más en su tacto, simplemente... buscando un poco de alivio.

"Arthur, no sé si no lo he hecho claro hasta ahora, pero yo nunca me reiría de ti."

Arthur volteó con ligereza el rostro, lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos. "Why? ¿Por qué no? ¿Por qué... por qué siempre eres tan bueno conmigo?"

Alfred se mordió el labio, observando como una sola lágrima rodaba por la mejilla de Arthur. La secó con un su pulgar, y sintió a Arthur estremecerse ligeramente bajo su roce, aunque podía ser el frío.

"Porque... porque... No lo sé. Tal vez porque eres...especial."

"Estúpido yankee." Arthur cerró los ojos otra vez. Igual que siempre, las palabras del americano no tenían ningún jodido sentido. Sin embargo, su presencia era reconfortante. Odiaba verse tan débil, en especial frente a él. ¿Pero qué podía hacer? Podría gritarle y decirle que se vaya. Podría decirle que lo odiaba como había hecho el día anterior. Pero nada de eso era verdad, y ahora... por fin, bajaba sus guardias y se dejaba envolver por Alfred. En sus brazos.

Wait.

¿Qué estaba haciendo? Miró con nerviosismo hacia la puerta. Sabía que si Scott o alguno de sus hermanos lo encontraba ahora... en la posición en que se encontraba... Le harían la vida miserable por el resto de sus inmortales días. Pero, vamos. ¿Cuán más miserable se la podían hacer?

Aun así, algo no se sentía bien. Apartó las manos del americano y se sentó recto, limpiándose con la manga de su suéter un par de lágrimas.

"I'm sorry... No tenías que ver esto. Pero lo digo en serio, será mejor que te vayas. Puedo terminar esto por mí mismo." Arthur no lo miró. "Ya sabes dónde está la puerta."

7:45

Pero Alfred no había llegado hasta aquí sólo para irse ahora. Escuchó lo que el británico le pedía, pero su cuerpo no reaccionó de la manera que debería. En vez de levantarse y bajar por las escaleras, Alfred por se encontró acercándose al británico. Tomó sus hombros y lo obligó a que mirara en su dirección.

"Arthur..." susurró, sin saber lo que estaba haciendo, lo que estaba por hacer. Si el otro respondió, o intentó resistirse, Alfred no se dio cuenta. Su mirada bajaba de los hermosos ojos esmeralda de Arthur a sus labios... rosados y ligeramente abiertos, de sorpresa quizá.

Sin embargo, lo próximo que Alfred supo fue lo dulce que aquellos labios sabían.

Suspiró, inclinándose sobre Arthur, hasta que este quedó prácticamente recostado en el sofá, y lentamente unió sus labios con los de él. La sensación era... Dios, no había palabras para describir la sensación. Sus labios eran suaves y Alfred se perdía en ellos, con los ojos entreabiertos... pues no quería perderse ni un segundo de lo que sucedía.

Ya no había espacio para preguntas ni reproches ni palabras. Todo era claro... Acarició el cabello del británico, sintiendo su aliento, y simplemente... disfrutando, de algo que había querido hacer desde el primer momento en que posó sus ojos sobre él.

8:00

Arthur no supo que había sucedido o cuando. Tampoco supo cuánto tiempo había pasado desde que los labios ajenos encontraron los propios. El cuerpo de Alfred se sentía tan bien sobre el propio, y mientras suspiraba y cerraba los ojos... Olvidó todo sobre golpes y amenazas, y pensó que ninguna magia se igualaba a esta.