Hola queridos lectores! He vuelto tras unos cuantos días de descanso para seguir con mi pequeño fic :3
Como siempre os digo, aquí tenéis el sexto capítulo de La Ascensión de Shurima y que espero que os guste y disfrutéis de la lectura.
La Ascensión de Shurima 6
Bel'zhun era una de las ciudades con más comercio de toda Shurima. Gentes de todas partes de Valoran se reunían aquí, con el fin de ganar una pequeña fortuna y poder volver a su país como nuevos ricos. Las calles estaban a rebosar de gentes y para Azir era casi imposible pasar entre toda la multitud sin chocarse con alguien. Aun y haber llegado sanos y salvos a la ciudad, Merina no le había vuelto a dirigir la palabra mientras se dirigían a la casa de su jefe.
El lugar donde vivían las pequeñas junto a su padre era una autentica mansión. Esta estaba rodeada de un muro y, al entrar por el gran portón, se podían apreciar los jardines que rodeaban la casa, repletos de exóticas plantas que jamás había visto.
Las tres hermanas corrieron hacia la casa y entraron en ella, buscando a su padre, mientras la pastora guiaba al rebaño hasta su cercado. Azir siguió a la joven, ya que no conocía el lugar. Luego de encerrar a las eca'sul en su sitio llevó al gran ralsiji a su establo para acicalarlo mientras este descansaba. A parte de ellos dos, no había nadie más en el lugar.
-Merina…-Empezó a decir el emperador.-Si he hecho algo que te molestara lo siento, pero creo que tengo el derecho a saber qué es lo que hice mal.-Pidió él, sin que la muchacha respondiera.
-Es por lo que ha pasado en el desierto?-Siguió mientras sacaba sus conclusiones.-Ya te he dicho que no es nada! No tienes que preocupa-
-Que no me preocupe…?-Murmuró ella de pronto mirando al suelo.-Que no me preocupe…?!-Dijo elevando la voz. De pronto se levantó del suelo y se encaró con Azir con los ojos humedecidos y llenos de angustia y rabia.-Lo único que has hecho es complicarme aún más la vida! Esos tipos pertenecen a una de las bandas más sanguinarias de Shurima…si no te encuentran cuando vuelvan a por su venganza irán a por mí! -Tal confesión impacto al emperador, olvidándose de respirar durante unos segundos.
-Yo…solo quería ayudar…-Dijo cabizbajo, rompiendo el silencio que reinaba entre ambos.
-Ayudar…-Respondió ella con ironía.- La última persona que quiso ayudarme está muerta por mi culpa!-Gritó de repente, volviendo a sorprender a Azir. Eso significaba que la misma situación ya había ocurrido antes. El silencio inundó el lugar rápidamente, hasta que Merina se dispuso a volver a hablar.
-…mi padre nos abandonó a mi madre y a mí cuando era muy pequeña…debía tener unos seis años cuando un tipo llamado Rajul se presentó una mañana en nuestra casa junto a sus hombres…llevaba consigo un saco…-Dijo ella mirando al suelo. Por alguna razón, Azir sintió la tristeza que desprendía Merina en ese momento, mientras se acercaba a paso lento hacia donde estaba ella.-…cuando mi madre salió de casa lanzó el saco hacia nosotras...dentro…estaba la cabeza de mi padre…-Siguió ella apretando sus puños y dejando que un mar de lágrimas corriera por sus mejillas.-Al parecer les debía dinero por no-se-que negocio…y nos dijo que ahora debíamos ser nosotras quienes liquidáramos la deuda…recuerdo a mi madre llorando mientras me abrazaba…yo aún era demasiado pequeña para entender que había pasado…pero sabía que debía apoyar a mi madre con todas mis fuerzas…pero eso no bastó…con los años mi madre se volvió loca mientras yo empezaba a realizar mis primeros trabajos…la casa apestaba a alcohol en todo momento…pero…aun así…seguía queriendo a mi madre…y justo cuando parecía que todo estaba tranquilo…ellos volvieron…
-Vaya…menuda hermosura tenemos aquí…-Dijo uno de los secuaces de Rajul mientras sostenía el mentón de una Merina de catorce años.
-Soltadme hijos de puta!-Gritaba ella intentando zafarse de los hombres que la sujetaban.
-Seguro que a Rajul le gustaría tener una nueva esclava personal…-Dijo el enigmático hombre mientras sonreía maliciosamente, relamiéndose los labios.
-Merina…-Se oyó de repente. Una mujer con el pelo negro y algunas canas llamó la atención de los presentes. La mujer se tambaleaba de un lado a otro y apestaba a alcohol.
-Y esta borracha…? Vuelve al bar y déjanos en paz vieja.-Dijo el hombre.
-Madre…-Susurro Merina, cosa que no pasó por alto para ellos, sonriendo de lado al imaginar que iba a pasar.
-Así que…tu madre…-Dijo en voz baja, yendo hacia la mujer. Merina se revolvió intentando escapar, pues temía que le iba a hacer algo.
-Soltadla…ella no tiene nada que ver con esto…solo es una niña…-Pedía la madre casi desesperada.
-Lo se…pero no puedo volver al campamento sin cobrar la deuda…de la forma que sea…-Respondió el hombre a la súplica.-Con dinero…con la esclavitud…-Siguió él girándose a ver a la muchacha, para luego sacar una daga y apuntar al cuello de la mujer, mirándola a los ojos cristalinos.-O…con sangre…
-No…!-Seguía Merina intentando soltarse de los brazos de los secuaces.
-Tú eliges mami…-Siguió mientras retrocedía hasta Merina y la sujetaba con sus brazos.-Que forma de pago prefieres…?-Le preguntó, asegurándose que la joven no forcejeara más.
Por un momento, Merina creyó que su madre elegiría la esclavitud. Hacía tiempo que las dos no hablaban. Solo meras palabras que fingían preocupación por una hija que se desvivía en cuidar a su alcohólica madre. Que más le daba a ella que su pequeña desapareciera de su vida…? La madre miró hacia el suelo, y se dispuso a elegir la opción que creyó mejor para ella.
-…sangre.-Sentenció.
-Que…?-Murmuró Merina, sin creer que prefería morir a seguir con vida.
-Muy bien. Matadla.-Respondió con sencillez.
Dos hombres se acercaron a ella, haciendo que se arrodillara ante toda la gente expectante de la escena. Nadie movió un musculo cuando le pusieron el filo de una espada en la garganta, ni hicieron caso a los llantos de la joven que pedía que la ayudaran.
-Unas últimas palabra antes de morir, vieja?-Rió el que la iba a ejecutar. Lentamente, la mujer levantó la cabeza. Aun llorando, sonreía con felicidad. Por fin iba a terminar su infierno y liberar a su hija de sus cuidados.
-Te quiero…mi niña…espero que ahora puedas ser libre…-Dijo, para que al segundo le cortaran el cuello, derramando toda la sangre por las calles de la ciudad. El cabecilla soltó a Merina para contemplar el dolor que impregnaba la escena mientras todos los demás hombres reían. Para ellos era muy divertido el ejecutar a alguien. Sobre todo porque hacían recordar a todos los presentes quienes eran los que mandaban en el desierto.
Merina corrió hacia el cuerpo de su madre, rezando por que siguiera viva. Mala suerte para la chica, la vida de su madre se había terminado en cuestión de segundos. Sus gritos de dolor invadían todo Bel'zhun. Sin embargo, la cosa no había terminado ahí…
Las lágrimas de Merina no se detenían ante el recuerdo de su madre muerta y Azir no tenía ni idea de cómo consolar el dolor de la joven. Con sus ropas se limpió las lágrimas y, mientras se relajaba, prosiguió con su historia aun sollozando un poco.
-Después de eso…me llevaron como esclava de su líder…prefiero no hablar sobre todo lo que me hicieron hacer…pero no fue nada agradable…tuve suerte que uno de sus secuaces más novatos sintiera lastima por mi…ese chico me ayudó a escapar de aquel lugar con un pellizco de su botín…-Azir no dijo nada, en cierta forma entendía a la chica. También le habían arrebatado a su familia de forma cruel, y quería pagarlo con el culpable a toda costa. La abrazó con delicadeza mientras le acariciaba el pelo de forma casi paternal, siendo correspondido esta gustosamente, necesitaba un abrazo después de dejar salir todo aquello.
En ese instante, recordó a su hijo mayor. Los dos se parecían en cierta forma. Mayores pero pequeños, fuertes pero débiles y en lo que más se parecían era en ese sentimiento de proteger a su familia bajo cualquier circunstancia.
-Tengo que ir a ver a mi jefe…-Respondió Merina, rompiendo el abrazo mientras se secaba los ojos. Azir solo asintió y siguió a la chica hacia dentro de la casa.
Si la mansión ya era imponente por fuera, lo era aún más por dentro. Toda la vivienda estaba decorada con gran equilibrio y no había sala donde el color dorado no estuviera presente. Las risas de las pequeñas les guiaron hasta el salón principal, donde jugaban con su padre alegremente. El padre de las niñas era un hombre mayor, que aparentaba unos cuarenta años. Su piel era algo morena y su pelo ya dejaba ver las primeras canas. Los cuatro siguieron jugando y riendo hasta que notaron la presencia de los que contemplaban la escena.
-Merina! Me alegra volver a verte.-Dijo el padre.-Que tal estas? Se han vuelto a meter en problemas las tres granujillas?-Preguntó mientras abrazaba a sus pequeñas con sus grandes brazos, haciéndolas reír.
-Bueno…no mucho…se han portado más o menos bien.-Respondió ella.
-Me alegro. Y dime…quien es tu amigo?-Volvió a preguntar al notar la presencia de un extraño en la casa.
-Em…b-bueno…-Merina se quedó en silencio, no sabía cómo explicar todo lo que había pasado.
-Creo que debería ser yo quien aclarara la situación.-Dijo de pronto Azir mientras daba un paso adelante. Luego miró a las pequeñas con seriedad. Aquel gesto hizo reaccionar al mercader, entendiendo que sería mejor hablar sin la presencia de las niñas.
-Merina…por qué no te llevas a la niñas a dar un paseo por el jardín…?-Pidió él.
-C-claro…vamos pequeñas.-Dijo retirándose del salón con las menores, dejando a ambos solos.
-Bien, señor desconocido…-Dijo el mercader con expresión seria mientras le ofrecía asiento a su invitado.-Me vais a explicar por qué no parecéis humano…?-Azir rió ante tal pregunta.
-Y no solo eso…-Respondió mientras se sentaba frente a aquel hombre.
Los minutos pasaban lentamente para los dos, hasta que Azir dejó de relatar su historia y los acontecimientos que sucedieron tanto en el oasis como en el desierto, saltándose alguna pequeña parte como la del pozo o los problemas que tuvo con sus hijas una vez le sacaron de allí. El hombre escuchó atentamente todo lo que le contaba aquel extraño, sin cambiar la expresión de su rostro. Una vez finalizó, el mercader se quedó en silencio, pensando en todo aquello que había escuchado. Él era un apasionado de la historia de Shurima y conocía al detalle cada periodo de su historia.
-…si de verdad dices ser quien eres…-Dijo de pronto, mirando al emperador directamente a sus ojos dorados.-Quién fue el responsable de que el gran imperio de Shurima se derrumbara…?-Muy pocos conocían el nombre del culpable, si era de verdad el emperador perdido de Shurima debía saber perfectamente quien era.
-Xerath…mi mano derecha y amigo…-Contestó el con desprecio hacia el nombrado, guardando silencio después de responder a la pregunta. El mercader sonrió, no podía creer tener al Emperador de las Arenas frente a él, para levantarse enérgicamente mientras le hablaba.
-Entonces serás mi invitado de honor! Te hospedaras en la mejor habitación de toda la casa y mis sirvientes estarán a tu disposición en todo momento!-Siguió él mientras no cabía en sí de felicidad.
-Gracias por tu hospitalidad.-Agradeció Azir, para luego ser guiado por un sirviente hasta su habitación. Sin duda era la más lujosa de todas, al igual que la más grande.
La noche cayó rápidamente y, tras el gran banquete en su honor, se fue otra vez a su habitación para descansar del ajetreado día. Poco a poco se quitó la armadura dorada, dejándola en una silla cercana a la gran cama y dejándose puesto solo las ropas. Entonces, se dispuso a ir a dormir, aun sintiéndose solo en aquella habitación. Cerró los ojos lentamente mientras dejaba su mente en blanco.
Mañana iba a ser un día muy largo para todos…
CONTINUARÁ…
Y hasta aquí otro capítulo :3
He tardado más en escribirlo que los otros y aún más en subirlo, lo siento pero estaba algo atascada sobre esta parte de la historia ^^U
Creo que a partir de ahora subiré uno o dos capítulos por semana. Todo eso depende de que mí cabecita trabaje o no xd
Gracias por haber leído y hasta la próxima! :D
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