6. Conversaciones

El fantasma de un niño vestido de blanco corría en el bosque riendo diciéndome que no podría alcanzarlo, una luna llena iluminaba los arboles, el suelo bajo mis pies, el aullido de un lobo.

Aaron…

Un sonido a la lejanía me saco de mi sueño, el mismo que había tenido las ultimas cuatro noches desde que me había perdido en este endemoniado bosque. Mis ojos se abrieron de golpe enfocándose en el techo momentariamente. Tierra, piedras y algunas raíces a pocos metros de distancia.

Un dolor punzante en mi cabeza me recordó que había bebido quizás mas de lo indicado la noche anterior. Mi deseo por callar mis pensamientos había dominado los de mi conciencia.

"Ugh" fue el primer sonido que salió de mis labios, sintiendo un deje de nauseas invadir mi cuerpo "Remus—creo que hay un terremoto" le dije, mi voz ronca sintiendo como todo a mi alrededor se movía.

Escuche una risa y mi rostro se giro de donde venia.

"Valentina, no te creía una fan del popular Firewhiskey" su voz se escuchaba entretenida, venia desde el baño la puerta estaba abierta y por ella salía Remus Lupin, llevaba puesta una ropa diferente aquella mañana, vaqueros desgastados, una franela azul índigo, secaba su cabello con una toalla. Aun pálido con círculos oscuros bajo sus ojos.

Sentí como mis mejillas se sonrojaban, avergonzada de lo que él debía estar pensando de mi en aquel momento. Me levante lentamente, colgando mis piernas de la litera de arriba donde había pasado la noche. No recordaba como había llegado allí, una botella casi vacía de whiskey descansaba en uno de los banquitos a un lado de la cama.

Presione mis labios antes de tomar aire profundamente.

"No particularmente" dije con voz ronca y cansada "en especial no ahora"

Remus rio un poco, arrugando la nariz a causa del color que su herida le producía cuando sus músculos se contraían después de reír.

"La cantidad que dejaste en la botella diría lo contrario" dijo, a pesar de la condición en la que se encontraba, Remus Lupin parecía estar disfrutando a cada segundo burlarse de mi desdicha.

"Si bueno… anoche parecía como una buena idea, quizás de una buena vez por todas podría dormir sin tener ese sueño" puse mi mano en mi cien tratando de calmar el dolor de cabeza que retumbaba mis pensamientos.

"El mismo que te ha estado despertando todas estas noches?" me pregunto, su voz sonaba preocupada de pronto.

"Si, es solo una pesadilla… nada del otro mundo" dije y con un salto llegue al suelo perdiendo el equilibrio de pronto con el licor aun en mis venas.

"Cuidado" Remus había llegado hacia mi en un abrir y cerrar de ojos, tan rápido que no lo note. Me sostuvo con ambas manos en mi cintura, mis manos sobre su pecho, su respiración chocaba contra mi rostro ahora mas acelerada que minutos antes, sus ojos fijos en los míos… su mirada bajaba por un instante a mis labios y mi estomago dio un vuelco.

Quizás fue mi imaginación después de todo…

Demasiado cerca para poder ignorar el hecho de que cada centímetro de mi ser gritaba el estar mas cerca de él, pero tan rápido como comenzó termino. Remus se alejo de mi como si la sola cercanía lo quemase, carraspeando su garganta mientras caminaba hacia el estante de la comida, sus ojos fugazmente encontrando los míos.

"Tienes hambre?" me pregunto, su voz ahora un poco más lejana, controlada. Yo asentí tratando de ignorar el ambiente incomodo que ahora nos rodeaba, pensando si había imaginado todo, no seria la primera vez.

"Salami seco, galletas de soda, uvas y queso amarillo… que sorpresa" dijo el con un tono sarcástico mientras examinaba los contenidos de la bolsa frente a el, caminando hacia ella con paso lento. Yo le sonreía, era lo mismo que habíamos estado comiendo por cuatro días.

"Solo nos hace falta el vino" comente, consiente de mi jaqueca y el ligero hormigueo que corría aun por mis venas, el me miro con una sonrisa.

"No se si estas en condición de tomar mas licor" se burlo y yo contuve las ganas de sacarle la lengua como una niña pequeña.

Ambos nos sentamos en los banquitos, idénticos a los que estaban en la guarida anterior, el me extendió un ramijo de uvas, unas rebanadas de queso y un paquetico de galletas.

"Como sigue tu herida?" le pregunte mirando el bulto de las vendas que se mostraba en su franela.

"Mejor" me dijo, una de sus manos levanto su franela enseñando las vendas. No estaban manchadas de sangre.

"Antes de salir… quisiera echarle un vistazo" Remus asintió y ambos comimos el resto en silencio. No sabia que hora era, pero sabia que aun era temprano o el no estaría tan tranquilo.

"Si todo sale bien, debemos llegar a el pueblo mágico de Conacua hoy en la tarde" me dijo, tomando un poco de agua.

"Y yo… yo puedo entrar a ese pueblo mágico?" le pregunte luego de un momento de silencio entre ambos. El pareció pensarlo un momento.

"Hay un hechizo que lo resguarda de muggles, en vez de un pequeño pueblo mágico se ve como un campo de basura" explico, yo levante ambas cejas sorprendida "El escudo protector del bosque magino no parece haber hecho ningún efecto en ti… es posible que solo te haga sentir un poco mareada cruzar el escudo"

"Genial, justolo que necesito" dije sarcásticamente.

"De ahí en adelante simplemente tendrás que actuar como si pertenecieses, solo por un momento mientras llegamos a la base de la Orden" me explico, toda esta información era demasiado para mi, en medio de este dolor de cabeza, todo me ponía nerviosa.

"Y de ahí me regresare a mi casa, cierto?" le pregunte, el solo pensamiento de no verlo mas causaba un dolor en mi corazón del cual no estaba lista para admitir, no estaba lista para abandonar a aquel mundo lleno de magia.

"…Es posible…" el pareció dudarlo un minuto tomando aire profundamente "Valentina, no creo que estés segura simplemente regresando sola a Cambridge, creo que es importante de que la orden sepa de tu situación… hay algo que no me termina de cuadrar" termino, yo pestañee confundida.

"A que te refieres?"

"A que es extraño que los Mortifagos hallan simplemente atacado a esas cabañas de la nada, yo estaba por el área y decidí echar un vistazo pues sabia que eran ellos" me explico "no me termina de cuadrar que un Dementor te halla atacado de la nada, que un grupo de cuatro Mortifagos hallan impartido una misión para buscarte"

"Remus, no me estaban buscando a mi…" le dije, pero su expresión hizo que mi corazón se detuviese de pronto "pensé… pensé que era a ti a quien—"

"Ellos no tenia ni idea de que yo estaba por estos lados Valentina, cuando tuvimos el enfrentamiento ayer parecían sorprendidos de verme" Un escalofrió recorrió mi cuerpo con rapidez.

"No entiendo, yo simplemente estaba en el lugar equivocado, estoy segura que no es nada mas" empecé confundida.

El asintió pero su mirada estaba fija en mi.

"Estoy seguro de que tienes razón, de que no es nada… pero quiero estar seguro, tenemos una reunión con la orden en una semana… Dumbledore sabrá que debemos hacer"

"Dumbledore?" mi cabeza daba vuelcos.

"Es el líder de la Orden"

Había algo en mi corazón que sabia que el tenia razón, que algo nunca había cuadrado en mi vida, por alguna razón sentía en aquel momento que estaba en el lugar adecuado, junto a el. Por un momento mi mirada se perdió en un punto indefinido de la pared.

"Sera mejor que nos vallamos… se nos esta haciendo tarde" dijo y yo asentí, distraída, sumergida en mis propios miedos y pensamientos.

Caminamos hacia la puerta, guardando algo de comida en silencio. Remus se paro en el perchero tomando su abrigo y luego de un momento me extendió una de aquellas túnicas extrañas. La tome por un momento confundida, pero luego recordé… tenia que parecer como si perteneciera en aquel mundo mágico, sin mi ropa Muggle delatándome.

Suspire pesadamente, desasiéndome de mi chaqueta, doblándola con cuidado y metiéndola con dificultad en mi mochila. Luego tome aquella prenda que el me extendía, era una túnica larga de terciopelo, color verde grama.

A Pesar de que me quedaba un poco larga, abrazaba las curvas de mi cuerpo, sin sentirse muy apretada ni muy suelta, simplemente cómoda. Levante mi mirada a Remus, sus ojos estaban perdidos en mi cuerpo momentáneamente y mi corazón se acelero al notar que sus mejillas se tornaban ligeramente rosa.

Pero quizás aquello también era mi imaginación.