Hola.
Gracias por los reviews (uno, en realidad, pero y me entienden), gracias Yenisita1296, espero que llame la atención para bien XD, y no te preocupes, que la inspiración no morirá. Sobre sus sugerencias, las pense y tomé una decisión, pero naturalmente, no la puedo dar a conocer, así que tendrán que seguir leyendo para saber :)
Capitulo 6: Emboscada…
El sol se ponía sobre las colinas que rodeaban la capital cultural de Italia. Los últimos rayos se aferraban a los picos de los edificios más altos en un desesperado intento de no dejar a la ciudad en la penumbra de la noche. El cielo despejado, de un celeste claro en el cenit, mostraba una paleta increíble de rojos y naranjas en el horizonte, sobre las colinas. El viento fresco y las luces de la ciudad se mezclaban con el paisaje natural dotando al valle de una magia increíble.
Pero no todo era hermoso en Florencia. Sobre el majestuoso río Arno, en una de sus orillas, yacía un edificio en ruinas. Sus paredes descoloridas, sus ventanas tapiadas y el olor a moho eran un fenómeno común para los residentes limítrofes. El edificio estaba abandonado, si, pero no deshabitado.
Ese día, precisamente, un par de minutos antes del inicio de este capítulo, un camión blindado con las iniciales del Departamento de Policía y un pelotón de patrullas, habían acordonado la zona alrededor de la estructura. Del camión se bajó un equipo antidisturbios, armados con armas automáticas y explosivos, y equipados con cascos, chalecos y mascaras anti-gas.
El equipo se dividió, posicionándose a cada lado de la puerta, mientras dos más la tumbaban de una patada. Luego de un momento de adrenalina, y al ver que nada más ocurría, el equipo entró en el edificio.
Las maderas crujían bajo sus pisadas, el aire viciado y las paredes con severos daños estructurales, daban la impresión de estar en un mundo diferente. El polvo se arremolinada a su alrededor con el paso del viento y las sombras danzaban cada vez más cerradas contra los hombres. A la orden del líder, todos encendieron sus linternas, de sus trajes y de sus armas, para contrarrestar tan demoniaco baile.
Con pulso firme, llegaron a la escalera. Un peldaño tras otro, el grupo de alrededor de diez hombres escalaron seis pisos, hasta la mitad del edificio.
Según sus ordenes, demasiado exactas quizás, aquellos policías debían entrar, subir hasta el sexto piso y arrestar o eliminar a los habitantes de la cuarta puerta a la derecha.
Cada piso, estaba compuesto por un ancho corredor central flanqueado por cuatro pequeños departamentos, a cada lado. La escalera se encontraba en el extremo opuesto de la puerta de entrada y marcaba el inicio de cada corredor en cada piso. El lado opuesto a las escaleras, estaba provisto de un amplio ventanal que daba una maravillosa vista del río, de la ciudad, y del poniente.
Si en la planta baja, la madera crujía bajos sus pasos, en el sexto piso sus pisadas eran ahogadas por una alfombra, que antaño habría sido roja, hoy de color fucsia gastado. Y sobre esta, obviamente, una segunda alfombra de polvo.
El Equipo finalmente alcanzó su objetivo. La cuarta puerta a la derecha del sexto piso del edificio abandonado junto al río estaba frente a ellos. Todos aspiraron hondo su aire purificado por sus mascaras.
De una violenta patada, el Líder abrió la puerta.
El equipo de policías entró a gran velocidad, en contraste con el sigilo que habían mantenido hasta ese momento.
Como el departamento solo contaba con un baño y una habitación, no les fue difícil darse cuenta de que estaba vacío.
El equipo se miró con desconcierto, una vez que todos estuvieron en la sala.
_ ¿Ahora qué?_ preguntó uno, por fin.
_ Le preguntare a Base, quizá quieran que revisemos los otros pisos_ respondió autoritario el Líder.
Antes de alcanzar su radio, una figura apareció fugazmente por el umbral de la puerta. Fue solo un instante, y es posible que ninguno de los hombres allí lo haya visto realmente, pero si les preguntas todos dirán lo mismo: Un encapuchado cruzó corriendo por el pasillo.
El equipo se puso en alerta. Armas en alto, salieron al pasillo. Estaba desierto.
Dos filas, cada una pegada a cada pared, apuntando hacia la escalera. El Líder se acercó a esta última. Sin basilar, se asomó por el agujero. Nada. Cuando el hombre dio la orden de relajarse, empezó la emboscada.
El primer golpe vino de atrás. De la puerta enfrente a la habitación que habían registrado, salió corriendo un encapuchado que embistió al policía más cercano. Los otros voltearon, y cuando se preparaban para disparar, un segundo encapuchado salió del tercer departamento del lado derecho. Este, con sus hojas ocultas, degolló a dos policías cercanos. Finalmente, el tercer ataque vino desde el primer departamento. De este salió un tercer asesino que golpeo al Líder, desenvainó sus hojas ocultas y clavó una en el estomago de un enemigo. La segunda hoja desvió el golpe que un uniformado intento darle con la parte trasera del arma. Hábilmente se la arrebató de las manos y lo acribillo a disparos. Luego disparó sobre los cuatro restantes. Mató a tres antes de terminar el cargador. El pasillo quedo solo, únicamente habitado por el encapuchado y el policía. Este, tembloroso, mantenía su arma en alto. La luz diurna había abandonado la ciudad hacía ya un rato y en su lugar se filtraba por el ventanal la blanquecina luz eléctrica de los faroles de la calle, que dibujaba en el suelo un cuadro blanco perfecto, recortado por el marco de la ventana, y la figura del hombre, claro.
_ ¡No te muevas!_ gritó con pánico en la voz.
El Asesino no respondió.
_ ¡Déjame pasar!
Nada.
_ ¡Si no te dispararé!
…
_ ¡Hablo enserio! ¿¡Me oyes!?_ Casi rogaba_ ¡Déjame pasar!
Un grito se le escapó de los labios cuando, sobre la luz entrante se recortaron dos sombras más a su lado, y supo que era el fin cuando sintió el frio metal hundirse en su espalda.
_ Lo siento…_ susurró una voz femenina en su oído, antes de morir.
Cuando todos los policías estuvieron muertos, Francis, Tina y Mario se reunieron con los Asesinos en el pasillo.
_ Bien hecho_ felicitó este último.
_ Gracias_ Alex se quitó la capucha.
_ ¿Ahora qué?_ Pregunto Alessandro, jadeante por la pelea.
_ Mentor…_ llamó desde la ventana la tercera Asesina.
Los seis se asomaron. Entre todas las patrullas, lograron identificar a Venny.
_ Está aquí_ murmuró Mario con una ligera sonrisa.
_ Si nos encargamos de él ahora, será más fácil para ellos abandonar la ciudad_ dijo la Asesina.
_Tienes razón, bien pensado Carla.
Sonrió. Así era ella. Solo un día habían estado con ellos y a Alex ya le parecía que podría adivinar cada pensamiento suyo. Quería desesperadamente siempre recibir cumplidos, quizá por un problema de autoestima, pensó Alex. Sea como fuese, aquella muchacha de cabellos negros y ojos cafés, no iba nunca a defraudar a su maestro de turno. Eso la hacía una aliada potencial, o una enemiga peligrosa, dependiendo del bando.
_ Andando_ ordenó el Maestro_ Todavía tenemos que salir de aquí.
Afuera, bajo el abrigo nocturno, los policías iban y venían como hormigas asustadas. El único que permanecía quieto era Venny, quien solo movía sus pulmones para respirar y su corazón para bombear sangre. Su mirada estaba fija en la entrada, sus oídos alerta y su piel más pálida de lo normal.
_ ¿Alguna novedad?_ le pregunto a su compañero, Tommy, casi en un susurro.
_ Nada_ respondió_ El equipo no responde, y no sabemos si fueron ellos los que dispararon, y mucho menos a quien.
El hombre asintió. Tommy vio una gota de sudor recorrerle la sien.
_ ¿Qué hacemos?_ le preguntó con la voz algo temblorosa.
_ Manden a todos.
_ ¿A todos, jefe?
Este se dio vuelta. Sus ojos, antes un oasis de paz, ahora despedían chispas, su aliento echaba fuego y sus venas se marcaron por todo el rostro. Tomándolo por la solapa de su chaqueta, incluso levantándolo unos pocos milímetros de suelo, gritó:
_ ¡A TODOS!
