Cáp.6

Amor es…

Sus asustadizos ojos color avellana, querían dejar de mirar los acosadores ojos azules de é cuales la estaban atormentando, pero por alguna extraña razón que desconocía… podía, pero a su vez no quería.

En aquella gélida mirada había algo, algo que quería descubrir, algo que fuera de hacerla sentir nerviosa y asustada, la hacía sentir que no era la primera vez que estaban en ese mundo.

Sango: (lo apartó con fuerza) ¡ya suéltame!, sabes perfectamente que la cercanía entre los demonios y los ángeles está prohibida

Miroku: cómo si seguir las reglas del otro mundo, fuera algo que me importará

Sango: a ti quizá no, pero a mí sí. Ya que cuando terminemos con nuestra misión, pretendo volver a donde pertenezco

Miroku: (en susurro) sí es que te lo permito

El día transcurrió de manera ordinaria en la ferretería, sin embargo a la hora del almuerzo; Kagome recordó (al ver a Rin) que Inuyasha había quedado en contarle la historia de Sesshomaru y Rin, pero éste nuevamente se negó.

Kagome: ¡ya pues!, dijiste que me contarías

Inuyasha: lo sé, pero no creo que sea indispensable que lo haga

Kagome: (haciendo puchero) eres malo, ya sabes lo curiosa que soy y aún así me torturas

Inuyasha: (sonrió de lado con cierto tono de malicia) ¿tortura?, el no contarte algo que ansias saber, ¿lo consideras tortura? (la miró con cierto toque de malicia)

Kagome: (tragó duro) ¿po…po…por qué miras así?... me asustas

Inuyasha: (la miró fijo) que no se te olvide que soy parte demonio y hay ciertas cosas que me gustan hacer (sonrió nuevamente con maldad y se concentró en su postre)

Kagome: uhm… (Le arrebató su pudín, puesto que sabía que él lo disfrutaba de sobre manera) en ese caso, yo también usaré mi toque de maldad contigo.

Cuéntame lo quiero saber o esto (el pudín) lo esconderé para que nunca más lo puedas disfrutar

Inuyasha: ya aprendí a hacer las compras, así que puedo conseguir otro (se sentía orgulloso)

Kagome: sí ya sé eso, pero no tienes dinero, por lo que dependes totalmente de mí, para obtener otro

Inuyasha: (se sintió en jacke) eres una manipuladora, podrías ser una buena demonio

Kagome: lo sé, ahora dime lo que quiero saber… o no te lo devolveré

Inuyasha: (suspiró) derrotado por una simple humana… ok… te contaré

Kagome:¡jeh!, ya descubrí tu punto débil, ahora quién torturará a quien

Inuyasha: créeme, no te gustaría en lo absoluto que yo lo hiciera (le arrebató el pudín en un descuido) así que mejor no intentes chantajearme de nuevo o conocerás el lado de mí, que no te va a gustar

Kagome: ¡jolines!, te enseño un poco como funciona el mundo humano y ya te crees el rey del mundo.

¡En fin!, cuéntame de una buena vez por todas la condenada historia

Inuyasha: todo empezó en el año 1347 durante la peste negra.

Sesshomaru que en ese entonces se llamaba Alexander Fettzer, era uno de los mejores médicos especialista en tratar aquel mal; era muy solicitado por la gente rica, pero él sólo los atendía por la grandes ganancias que obtenía de los mismos, para de esa manera poder ayudar a los que menos tenían.

Él era conocido en toda Francia, cómo el… "ángel sanador"

Kagome: ¿por qué te cuesta decir ángel?, lo acabas de decir con un desdén…

Inuyasha: no me interrumpas, si es que deseas saber el resto

Kagome: ok, hoy estás de un humor, nada amigable

Inuyasha: (la miró de lado) no todos los días seré igual, así como tú tienes tus momentos, yo tengo los míos (se tocó la cabeza) el mundo humano está lleno de cosas negativas y me está afectando. Si estuviera en el otro mundo; estaría en el cielo o en el paraíso animal, para quitarme todo este malestar

Kagome: creo que estás… estresado. Lo mejor será que hoy te quedes en casa. Así podremos… no sé, estar tranquilos

Inuyasha: puede que sea bueno. Desde que llegué a este mundo me he estado sintiendo cada vez peor, cosa que no sé cómo explicar

Kagome: descuida, sé cómo te sientes, he tenido días así. Pero, por ahora sigue con tu relato

Inuyasha: un buen día Sesshomaru se hospedó en una posada de la ciudad, y fue entonces cuando conoció a Charlotte de La Rose, a la cual conoces como Rin.

El flechazo fue instantáneo o al menos eso fue lo que entendí; ya que desde que sus miradas se cruzaron, ambos se sintieron incontrolablemente atraídos uno hacía al otro.

Fue tal impactó que causo ella en él, que desde ese día decidió mudarse a la posada y establecerse en la ciudad.

Todos los días era lo mismo, él cumplía con su labor de médico y ella con su trabajo de recamarera. Nada parecía fuera de lo normal, pero un buen día la plaga llegó a la posada y rápidamente se fue llevando a todos los que la ocupaban, entre ellos… Rin; Sesshomaru hizo hasta lo imposible para salvarla, pero no lo consiguió y murió en sus brazos, no sin antes jurarse ambos amor eterno, y fue entonces que años después cuando Sesshomaru murió, le insistió a Midoriko que le permitiera volver al lado de su amada, pero hubo un problema

Kagome: (al borde de las lágrimas) ¿cuál?

Inuyasha: el alma de Rin había sido enviada al purgatorio y por ende su mente había sido borrada por completo, sin embargo Sesshomaru, no dejó amilanar y estuvo al pendiente de cada reencarnación de Rin y no fue hasta está era que logró superar todas la pruebas que Midoriko le impuso, para poder estar al lado de su amada nuevamente

Kagome: ¿pruebas?, ¿por qué tuvo que pasar por pruebas?

Inuyasha: un simple ángel no puede ser resucitado con sus recuerdos intactos, pero un arcángel sí, es por ello que para que Sesshomaru pudiese volver a este mundo, tuvo que convertirse en uno, y para ello debió pasar infinidad de pruebas. Tantas que tardó 700 años en lograrlo

Kagome: eso quiere decir que el Sesshomaru que conozco no es un humano, sino ¿un arcángel?

Inuyasha: así es. Él mantiene la misma apariencia de cuando estuvo vivo y renació de una madre humana, pero mantiene la misma alma, esencia y recuerdos de cuando fue Alexander

Kagome: pero Rin, a él no lo recuerda… ¿o sí?

Inuyasha: sí Midoriko, permitió que el regresará es porque sabe que en algún lado del subconsciente de Rin, están albergados los recuerdos que tiene de él, pero si para cuando ella cumpla 23 años, no lo llega a recordar… él morirá y volverá al cielo y nunca más la podrá volver a ver

Kagome: ¡¿qué, por qué?!

Inuyasha: porque él fue enviado a este mundo para cumplir su misión y está acaba cuando Rin cumpla 23, que fue a la edad en que murió

Kagome: ¡entonces tenemos que hacerla recordar! (se dibujo una amplia sonrisa en su rostro y sus ojos brillaron de emoción)

Inuyasha: (se tocó la frente) ¡ay!, es por eso que no quería decirte nada. Sabía que querrías interferir

Kagome: ¿qué, no puedo?

Inuyasha: ¡no, no puedes interferir!

Kagome: me parece u hoy estás algo agresivo

Inuyasha: lo siento, no quise gritarte, es sólo que ya te dije. Adaptarme a este mundo me está causando estragos… no lo sé, es como si mi lado demoniaco se estuviese apoderando de mí y estuviera atropellando las virtudes que me brindó Midoriko

Kagome: (le sobó la espalada) tranquilo, debe ser difícil para tu cuerpo y mente adaptarse a todo lo que estás pasando

Inuyasha: lo siento, creo que desde hace un buen rato que estoy siendo cruel contigo

Kagome: no te preocupes. Los humanos solemos pasar por altibajos, así que es comprensible.

Pero… ¿en verdad no los podemos ayudar?

Inuyasha: no, si lo hacemos; Sesshomaru será llamado en el acto al cielo y ya sabes…

Kagome: sí lo sé. El problema es que le queda poco tiempo, ya que Rin cumplirá 23 años dentro de 1 mes

Inuyasha: él sabrá como conquistarla para ese entonces

Mientras todo ello ocurría…

Sango: ¿qué es lo que le sucede a Inuyasha?, ¿por qué ha estado tan irritable?

Miroku: es natural. Su lado demoniaco está deseando aflorar.

Estando en el otro mundo, mantener sus poderes era sencillo porque contaba con la protección de los 3 dioses, pero estando en el mundo humano, donde hay tantas energías negativas, inmoralidad, corrupción, destrucción… etc. Su lado puro está luchando con su lado malvado y adivina cuál está ganando

Sango: pero aún conserva su lado animal ¿qué ese no cuenta?

Miroku: créeme que ese es el lado que mejor debe controlar, ya que estando en este mundo, lo que se apoderaría de él, no sería su pureza, sino su instinto salvaje

Sango: ¿salvaje?, pero Inuyasha nunca ha sido agresivo

Miroku: (en tono de reproche) ¡ángel, tenías que ser!, el instinto salvaje, no es propiamente la palabra, sino su instinto de supervivencia, es decir… su instinto de reproducción

Sango: (se sonrojó) pero… pero… él… no… es decir… yo no…

Miroku: (roló los ojos) ¡aish!, si lo que quieres decir, es que él no sería capaz de aparearse con cualquier humana u otra especie, por mero placer, pues sí, sí podría hacerlo y auto sentenciarse al purgatorio

Sango: en ese caso debo impedirlo. No en vano soy su ángel guardián

Miroku: ¿y qué piensas hacer? Darle clases de moral sexual (provocó que se sonrojará) ¡lo vez! Ni siquiera puedes pensar en ello o escuchar la palabra sexo, que entras en shock nervioso

Sango: ¡cállate!... yo sé que… puedo impedir que se auto condene

Miroku: si claro, ya quiero ver ello

Siendo la hora de salida, Kagome e Inuyasha se dirigieron a casa. Ella se encargó de explicarle a la jefa de Inuyasha de que no podría asistir por no encontrarse bien de salud. Lo cual no estaba muy lejos de la verdad puesto que él no tenía buen semblante.

En cuanto llegaron a casa Inuyasha comenzó a quejarse de que todo se movía y sentía que el piso o donde fuere que estaba pisando, se sentía raro.

De pronto sus mejillas cobraron un rojo carmesí y su respiración se volvió agitada, cosa que le extraño puesto que él nunca había sentido algo parecido.

En su desesperación Kagome no sabía bien que hacer, puesto que si se hubiese tratado un humano cualquiera, hubiera apostado que se trataba de un resfriado, pero tratándose de él, no sabía qué hacer.

Inuyasha: (recostado en el sofá cama) lamento mucho ponerte en estos aprietos. Nunca antes mi cuerpo se había comportado así

Kagome: (tomándole la temperatura) estás ardiendo, tienes 42º C, ¡eso es mucho para una persona normal!

Inuyasha: (esbozó una media sonrisa) esa es la temperatura corporal normal de un demonio

Kagome: pero tú no eres uno en estos momentos… ¿o sí?

Inuyasha: no lo sé, ya no sé bien que soy en estos momentos

Kagome: ¿qué puedo hacer para que te sientas mejor?

Inuyasha: quiero algo dulce

Kagome: (alzó una ceja) ¿estás seguro?, ¿qué tal si te hace daño?

Inuyasha: quiero un pudín de chocolate, su sabor se asemeja al majá del cielo y no sé porqué, pero tengo un deseo enorme de comer mucho de eso

Kagome: está bien, iré a la tienda por unos cuantos. No demoraré; lo prometo, por lo que por favor… no empeores

Inuyasha: no puedo saber ello… nunca me he sentido así, por lo que no sé qué pasará conmigo

En el paraíso animal…

Midoriko: (miraba angustiada lo que le estaba pasando a Inuyasha) ¿qué es lo que le ocurre?, ¿por qué se ha puesto así?, ¿qué podemos hacer?

Myoga: lo siento pero no puedo responder a tus preguntas (silbó para llamar a Naraku que se hallaba a unos metros, jugando muy feliz con Doncella)

Midoriko: ¡uish, ese condenado demonio!, ¿cómo puede estar tan feliz jugando con esa cabra, mientras esto está pasando?

Naraku: (cargando a Doncella cual bebé) ¿qué acaso nunca podrás referirte a mí, con más respeto?

Midoriko: ¡suelta a la cabra y mira lo que está pasando! (gritaba histérica)

Naraku: ¡shhh!, no grites que la vas a despertar (dormía cual bebé entre sus brazos)

Midoriko: ¡dámela! (en cuanto la sostuvo, flashes de imágenes de un hombre parecido a él cargando a la cabra y ella buscando a la misma, se vinieron a su mente y no sólo eso, también se vio asimismo feliz siendo abrazada y amada por aquel hombre)

Naraku: (chasqueando los dedos en frente de ella) Midoriko, Midoriko ¿estás aquí?... ¿qué te sucede?

Midoriko: (sacudió su cabeza y volvió a la realidad) ¿qué, qué, fue lo que me pasó?

Myoga: entraste en una especie de transe en cuanto tocaste a Doncella

Midoriko: yo… yo… no sé qué fue lo que me pasó (tenía la mirada extraviada)

Naraku: ¿para qué fue que me llamaron?, estaba muy feliz jugando con mi adorada (miró a Doncella pastando a unos cuantos metros)

Midoriko: ¿qué es lo que le está pasando a Inuyasha?, ¿por qué se ha puesto así?

Naraku: (lo observó y se sorprendió) pensé que esto no sucedería

Midoriko: qué,¿qué le está pasando?

Naraku: Kagome o alguien de su entorno, inconscientemente debe haber despertado su lado demoniaco, y este está luchando por apoderarse de su cuerpo

Midoriko: ¿y eso como puede haber ocurrido?

Naraku: la función de Inuyasha como demonio era torturar almas despiadadas y es por ello que si alguien, sin importar como o porqué, le hizo recordar el placer que sentía al hacer ello, su parte diabólica luchará por salir y si eso llega a pasar, tengan por seguro que sería como si yo mismo estuviera en el reino humano

Midoriko: ¿cómo podemos impedir que ello ocurra?

Naraku: sólo hay una manera de que su cuerpo encuentre el equilibrio entre el bien y el mal de nuevo, y es haciéndolo sentir querido

Myoga: yo podría volver al mundo humano y pedirle a Sango que lo haga

Naraku: (jalándole los cachetes) nada de eso viejito zorro, ese tipo de asuntos son de mis dominios y por ende, no puedes interferir

Midoriko: ¿entonces quiere decir qué… él deberá hallar la forma de sentirse querido o alguien debe demostrarle cariño… para que se equilibré?

Naraku: ¿qué no fui claro acaso?

Midoriko: ¡uish, demonio estúpido!, ¡deja que sea Myoga que le dé el mensaje a Sango o perderemos al Inuyasha que conocemos!

Naraku: lo siento, pero superar esta prueba es parte del motivo por el que fue enviado a la tierra

Midoriko: ¡qué misión, ni que aes grave partido a la mitad! (¿aes grave?, de dónde conocía ella ese terminó)

Myoga: (sorprendido) ¿qué fue… lo que dijiste? (Naraku también se sorprendió)

Midoriko: lo que quise decires,¡qué no podemos dejarlo así!, sin hacer nada

Naraku: sólo queda esperar que Kagome sepa que hacer por él

Midoriko:en ese caso confiaré en ella

En el apartamento de Kagome…

Inuyasha se retorcía del dolor, no era algo que no conociera ya que en el infierno, era algo natural, pero estando en su versión humana era algo muy difícil de soportar.

Sentía su cuerpo arder de sobremanera y sus instintos animales deportarse, estaba sediento de deseo sexual, era como si ello fuese lo único que importara, era indistinto con quien o con clase de especie tuviera que hacerlo.

Intentaba mantener su mente lúcida y pensar en lo que sucedería si permitía que su lado animal y demoniaco afloraran a la vez.

Debía permanecer consiente, tenía que ante poner las virtudes y moral que Midoriko le había inculcado, ante la malicia y perversidad que Naraku le había hecho conocer, sin embargo a su mente venían una y otra vez las palabras de Myoga: la infancia es la edad apropiada para formar y la juventud es para corromper.

No soportaba el dolor que lo estaba carcomiendo y empezó a gritar descontrolado, su mente estaba perdiendo el control sobre su cuerpo y con la poca lucidez que le quedaba aclamó por la presencia de Sango, la invocó muchas veces, pero ella no se manifestó. Por lo cual se puso furioso, aumentando de esa manera su desesperación ¡por una hembra!

Sango viéndolo sufrir, quiso ir en su auxilio, pero Miroku se lo impidió, sujetándola por atrás y envolviéndola con sus poderosas alas negras, las cuales eran mucho más grande que el menudo cuerpo de ella y tan fuertes como el acero puro.

Miroku: ni intentes, zafarte de mi agarre o te arrepentirás por la eternidad

Sango: ¡suéltame!, ¡que no vez que me necesita!, soy su ángel guardián y es mi deber acudir en su auxilio

Miroku: no te olvides que eres del género femenino, y si te acercas a él, le importará muy poco que seas un ser divino

Sango: pero… yo… debo ayudarlo (agachó la cabeza resignada)

Miroku: deja que él encuentre la manera de controlar su poder; ya que si deseas volver en algún momento al cielo… deja que por esta vez, sea yo quien te proteja (le costó mucho decir ello)

Sango: ¿por qué?... ¿por qué, quieres protegerme?

Miroku: porque tú eres mía y de nadie más

Sango: eso no sonó muy protector, eso sonó más… como posesivo

Miroku: no te confundas conmigo ángel bobo, mi intención es mantenerte libre de cualquier peligro, para que en cuanto sea el momento preciso… hacerte mía, solamente mía

Sango: eso nunca pasará (estaba asustada puesto que estaba en total desventaja, ante su imponente tamaño y poder, pero tampoco se lo dejaría fácil)

Mientras que Inuyasha lo estaba pasando muy mal; Kagome corría a toda prisa de vuelta a su apartamento con el pedido que le había hecho. No sabía si un simple postre lo ayudaría, pero si era lo que deseaba, entonces lo daría.

Ya estaba muy cerca de su destino, cuando de pronto alguien la sostuvo del hombro y detuvo su paso.

Joven: Kagome, ¡cuánto tiempo sin saber de ti cariño!

Kagome: ¿qué es lo que quieres?

Joven: ¡uoh! No, nos vemos desde hace 3 meses y me tratas de ese modo, vaya manera de ser con tu ex novio

Kagome: no estoy para perder el tiempo Bankotsu. Si quieres algo, será en otro momento. Llevo prisa por volver a mi casa

Bankotsu: ahora no tienes tiempo para mí, mientras que antes, lo único que hacías era parecer mi satélite personal

Kagome: (roló los ojos) ¡ya madura!, ¡ok!, las cosas entre nosotros ya terminaron y para mí es como si nunca te hubiera conocido, ahora si no te importa ¡me voy! (corrió lo más rápido que pudo)

Al llegar a su departamento, encontró a Inuyasha tirado sobre el suelo, estremeciéndose en silencio.

Se le acercó y cuidadosamente, lo ayudó a recostarse en el sofá cama.

Inuyasha: Kago… me… aléjate de mí, mientras aún me quede algo de lucidez

Kagome: ¿qué te ocurre?, ¿por qué estás así?

Inuyasha: es mi lado demoniaco… está apoderándose de mi mente y cuerpo, y no sé por cuanto podré seguir luchando para que no aflore

Kagome: te traje lo que me pediste, te lo daré enseguida (en cuanto se alejó unos pasos… sintió que él la sujetaba de la espalda y lamía su cuello de forma… ¿lasciva?) ¿Inu… yasha?... ¿qué… qué… qué se supone que estás haciendo?

Inuyasha: (con la voz ronca y la mirada cargada de lascividad) humana estúpida, creías que cuando me refería a algo dulce, era a esa cosa inútil (miró los pudines y la volteó bruscamente) cuando me refería a algo dulce, me refería a ti… a tu cuerpo)

Kagome: (sonrió tranquila) si crees que me das miedo, te equivocas, ya que sé perfectamente que bajo de esa apariencia tenebrosa y cubierta de deseo, está el noble, amable, inocente y adorable Inuyasha que conozco, así que ni creas que me vas a asustar)

Inuyasha: así que eso crees es lo que piensas ¿eh? (la lanzó con fuerza sobre el sofá cama y se montó sobre ella, dejando caer todo su peso y mirándola con un deseo insostenible) ¿crees que tu mascota esa no te hará nada?, ¡pues te equivocas! (de un muy fuerte tirón le rompió la camiseta y parte del brasier) tú serás mi presa esta noche y te usaré cuanto sea necesario, hasta que esté saciado de ti

Kagome: (no opuso resistencia) adelante, prosigue… toma lo que desees de mí, ya que si cediéndote mi cuerpo, el Inuyasha que conozco y quiero, vuelve, entonces todo estará bien

Inuyasha: (detuvo su proceder) ¿Kagome?... ¿qué ocurre?... ¿qué es lo que estoy haciendo?... ¿te hice daño? (se apartó espantado)

Kagome: (se le acercó calmadamente y acarició su rostro) estoy bien, no me has hecho nada. No sé bien que te está pasando, pero él que estaba en esta habitación, no eras tú (se abrazó a él) por favor no te vuelvas a ir… yo… yo… no quiero perderte

Inuyasha: Kagome… (Acarició su cabello) yo… no sé que me pasó, pero por favor no permitas que te lastime, ya que si eso ocurriera, no me lo perdonaría jamás

Kagome: tú nunca me harás daño, eso lo sé. Lo sé porque tú eres especial y nunca habrá alguien que te reemplace en mi… corazón

Inuyasha: (sentía como un calor muy diferente al que había sentido lo invadía por completo, era una calidez acogedora, reconfortante, se sentía… querido) yo… nunca te dejaré, siempre permaneceré a tu lado si eso es lo que deseas

Kagome: (con los ojos brillosos, conteniendo las ganas de llorar) prométemelo, prométeme que jamás, sin importar el tiempo o el mundo en que nos hallemos… nunca me dejarás

Inuyasha: (la miró fijo y la besó, era el primer beso que daba en todo su vida. Por lo que supo que ella era su destino) no importa en qué mundo terminemos, te prometo que mi alma te seguirá a donde vayas y si debo reencarnar mil veces para estar a tu lado, lo haré hasta hallarte

Kagome: (sonreía entre lágrimas de emoción) y sin importar que pase, te prometo que te recordaré. No importa cuántas vidas nos separen, siempre te mantendré entre mis recuerdos

Miroku al notar que el peligro ya había pasado liberó a Sango y está inconscientemente quiso quedarse aferrada al cuerpo de él.

Sango: (al darse cuenta de su proceder) lo siento… creo que sin querer me había acostumbrado estar entre tus alas

Miroku: sin querer o… ¿realmente te gustó estar cerca mío?

Sango: (apenada, le dio un empujón) ¡nada de eso!... es sólo que la atmosfera de esos dos… me envolvió sin darme cuenta

Miroku: (veía a la feliz pareja que luego de haber superado la crisis, se encontraban felices) ¡juh!, el amor entre una mortal y un ser sobre natural, jamás acaba bien, lo único que están haciendo es condenarse a una muerte segura y… una infinidad de sufrimientos

Sango: ¿por qué dices ello?, ellos están destinados a estar juntos y aunque aún no lo saben, se aman

Miroku: (la miró con indiferencia) el amor es algo te puede llevar a tu propia perdición.

A ellos no les queda mucho de vida y estando en el otro mundo serán separados… para siempre

Sango: el amor es la fuerza más poderosa que existe en todo el universo y puede superar cualquier cosa, por lo que ellos estarán juntos por toda la eternidad

Miroku: (negó con la cabeza) eres demasiado ingenua, el amor es lo peor que le puede pasar a un ser consciente, ya que esté te vuelve vulnerable y débil, te hace perder el juicio, la razón, la voluntad y hasta la vida

Sango: ¡jah!, y lo dices tú que nunca has amado, ¡ay por favor!

Miroku: (la miró con odio) ¡si tan sólo no fueras un ángel estúpido, y albergarás recuerdos de cuando estuviste viva, sabrías de que hablo!

Sango: acaso… ¿tú amaste alguna vez?

Miroku: ¡olvídalo!, eres demasiado estúpida como para comprenderlo

Sango: obvio no sabes que es ello, por eso eres un amargado (se cruzó de brazos y le dio la espalda)

Miroku: (hirviendo en cólera, le dio la vuelta, la sujetó fuertemente y la besó con furia contenida) no vuelvas retarme o la próxima vez, no será sólo un beso (la soltó)

Sango: (lo miraba desconcertada) ¿qué… es lo que me acabas de hacer?... ¡tú… tú, cómo te atreviste! (tocó sus ya no castos labios con 2 de sus dedos)

Miroku: si lo que te preocupa es ya no poder entrar al cielo, porque ya no eres totalmente pura, descuida, que eso no ocurrirá (se envolvió en un fuego azul y desapareció)

En el paraíso animal…

Naraku: (zarandeaba enérgicamentea Myoga) ¡no se lo menciones a Midoriko o me revivirá por pedazos!

Myoga: (mientras era zarandeado) descuidaaa…, nooodirééé…naaa…daaa..

Además no creo que la seguridad de su hermana sea lo que más le importe en estos momentos, sino lo que debe estar pasando por su mente

Naraku: al parecer, ha recordado parte de su pasado y en cuanto lo recuerde por completo es posible que terminé odiándome por toda la eternidad

Myoga: o amándote… después de todo, te volviste quien eres, por vengarla

Naraku: (suspiró pesadamente) sin importar cuantos milenios transcurra, no he podido dar con el verdadero responsable de su muerte. El recuerdo de verla morir cruelmente en mis brazos… es algo que me ha atormenta hasta ahora. Y hasta que no encuentre al culpable, me seguirá atormentado

Myoga: lamento no poder ayudarte, pero para dar con el responsable tendríamos que investigar alma por alma desde que la humanidad existe, ya que el autor pudo haberse encontrado en su 2da, 3era, o 4ta vida, además de haber pasado por el purgatorio y haber sido revivido nuevamente

Naraku: lo sé, sé todo ello, así como también sé que me auto sentencié a ser el dios del infierno por haber exterminado a ¾ partes de la humanidad en aquel entonces, intentando hallar el culpable (se sentó abatido sobre el verde pasto y para su sorpresa Doncella se le acercó a lamerle la mano como reconfortándolo) ¡hey pequeña, no hagas eso que me haces cosquillas! (le acarició el lomo) y pensar que la historia entre Midoriko y yo, empezó debido a ti (sonrió con cierta aflicción)

Midoriko: ¡¿Qué es aquello de nuestra historia juntos?!

Myoga: ¡no te sentí venir!, ¿hace cuanto que estás por acá?

Midoriko: ¡respóndeme Naraku!, ¡¿qué es aquello que acabas de decir, acerca de nosotros?!

Naraku: (la miró, inexpresivo) si deseas saberlo, busca en tus recuerdos, o visita el templo de los recuerdos de Totosai. Yo no puedo, ni debo, y tampoco quiero ¡decirte nada! (era la primera vez que le gritaba)

Myoga: Naraku, entenderás que por tu forma de hablarle…

Naraku: sí, sí, lo sé, debo marcharme de acá… bla, bla, bla (se puso de pie, haciendo a un lado a Doncella la cual balaba para que no la dejará) lo siento amor mío, pero no podremos volver a vernos (se dirigió al filo del paraíso para regresar al infierno y Doncella lo mordió en la parte baja de una de sus alas, para impedírselo)

Midoriko: quédate, es obvio que Doncella está intentando retenerte. La que se va soy yo (pasó de su lado y emprendió el vuelo, al cielo)

Naraku: (acariciando la cabeza de Doncella) chica mala, sabes en el lío que me meterás si ella lo descubre todo (lucía melancólico, lo cual era extremadamente raro en él)

Myoga: (le palmeó el hombro) ya, ya, muchacho. Si ella lo descubre, te ayudaré a explicarle el porqué lo hiciste

Naraku: no me consueles viejito, que no estoy deprimido… sólo estoy un poco cansado de cargar con estos recuerdos por milenios

Dicen que después de la tormenta viene la calma, y eso era precisamente lo que estaba ocurriendo a la mañana siguiente en el apartamento de Kagome.

Eran cerca de las 9:00 a.m. e Inuyasha estaba intranquilo, puesto que ya era más que tarde para ir a trabajar y Kagome seguía encerrada en su habitación durmiendo o al menos eso suponía él; ya que no sabía que podía estar haciendo encerrada entre esas 4 paredes.

Inuyasha: (golpeando a la puerta de la habitación) Kagome, Kagome, despierta, se ha hecho tarde para ir a trabajar… Kagome, Kagome (la puerta se abrió y vio a una despeinada, soñolienta y desaliñada Kagome) ¡¿estás bien?! ¡Luces terrible!

Kagome: (con los ojos semi cerrados y bostezando) debo enseñarte los días de la semana (se tambaleaba del sueño) hoy es sábado, y los sábados sólo trabajo (bostezó) por la noche por lo que duermo hasta tarde

Inuyasha: ¿estás segura que estás bien?... te ves terrible (la miraba extrañado)

Kagome: ¡uish, perro bruto!, ¡estoy bien!, ¡es sólo que me acabas de sacar de la cama y cortado mi sueño!, ¡déjame seguir durmiendo y no me molestes hasta el medio día! (le cerró la puerta en la cara)

Inuyasha: pero Kagome… tengo hambre

Kagome: (entre abrió la puerta y le dio dinero) ve al café de enfrente y pide un desayuno vegano (él no comía ningún tipo de carne, ni de procedencia animal)

Inuyasha: está bien, pero… ¿estarás bien en mi ausencia?... porque te ves mal

Kagome: (salió de su habitación, lo empujó hasta la salida del apartamento, lo dejó en medio del corredor y…) estoy bien, sólo quiero seguir durmiendo (le dio un beso en la mejilla) te veo luego (se metió de nuevo al apartamento)

Inuyasha se sentía extraño con aquella muestra de cariño por parte de ella. Sentir sus labios sobre su mejilla, le había encantado. No tanto como sentir sus labios con los suyos, pero igual estaba encantado, al punto de ruborizarse de la emoción.

En algún rincón del otro mundo…

Unas enormes puertas doradas, finamente decoradas, se abrían lentamente dando pase a su visitante, y una voz profunda se dejaba escuchar.

Bienvenida seas al templo de los recuerdos, ¿a qué debo el honor de tu visita diosa del bien?

Midoriko: Totosai… deseo que me permitas tener acceso a los recuerdos de cuando estuve viva

Totosai: (se manifestó ante ella) como diosa que eres, sabes que si te doy acceso a tus recuerdos, podrías perderte entre ellos y jamás volver al cielo o si hallas alguno que te atormente, lo mantendrás en tu mente por el resto de la eternidad sin poder hallar la paz

Midoriko: sé a lo que conlleva indagar en los recuerdos de cuando estuve viva y se los peligros a los que me puedo enfrentar, pero hay algo que debo saber

Totosai: dime que es específicamente lo que deseas saber y yo te los podre narrar tan vívidamente como si los estuviera viviendo de nuevo

Midoriko: en ese caso… quiero saber ¿qué hubo entre Naraku y yo?

Totosai: uhm… entre el señor de los infiernos y tú… ¿estás segura de querer saber la verdad? Los resultados te podrían sorprender en demasía

Midoriko: estoy segura. Quiero tomar el riesgo y saber ¿Qué hubo entre nosotros?

Totosai: muy bien Midoriko, te narraré todo lo que pasó, pero antes de empezar… ¿quieres saber todo con respecto ustedes, hasta el día de tu muerte o hasta después de la misma?

Midoriko: quiero saberlo todo, todo hasta el momento en que ambos nos volvimos dioses

Totosai: muy bien, empecemos.

Cierra tus ojos y deja que sea mi voz la que te guié al momento de cuando la historia de ustedes empezó.

Año 280 a.c…

En una hermosa pradera, junto a un riachuelo.

Se encontraba un joven romano recogiendo agua en uno de sus cantaros, cuando de pronto ante él apareció una juguetona cabra, y éste la tomó entre sus brazos.

-Hola amiguita ¿qué haces por acá?, ¿acaso te has perdido?

-Doncella, Doncella ¿dónde te has metido?- escuchaba la melodiosa voz de una joven.

-Parece que alguien te llama, ¿será tu ama?, señorita, señorita- gritaba para que lo hallara.

En ello una hermosa mujer apareció frente a sus ojos; robándole hasta el aliento -¡Doncella!- exclamó ella, al verla en brazos de aquel sujeto. –gracias, por cuidarla. Llevaba días buscándola.

-No tienes nada que agradecer hermosa ninfa –la joven sonrió- no soy una ninfa, soy sola una aldeana; mi nombre es Midoriko y ¿el suyo señor?

-Naraku.