Después de la platica con el director, no dejó de pensar durante todo el día en el pequeño. En como Steven reaccionaria a esto, en como lo llevaría y como se sentiría ella al no escuchar su confesión de siempre y ver esa cabellera alborotada con esa gran sonrisa dibujada en su rostro.
Tan solo llegar a su casa, aquella joven profesora con rostro triste y mirada caída, se dirigió a su cuarto. Se sentó en la orilla de su cama y después de un largo silencio, comenzó a llorar de repente sin explicación alguna para ella. Obviamente lloraba por el pequeño, pero ella misma se desconcertaba de estar llorando por algo así. Mientras sus lágrimas brotaban en su delicado rostro, no dejó de pensar en como ella misma ahora sobreviviría, además de que se culpaba por pensar en algo como eso.
Todo lo que duró para que el día terminase, lo paso con tristeza y con unas cuantas lagrimas en las mejillas. La pobre joven profesora, al final optó por tener una actitud mejor a la fuerza y fingir que aquello no le importaba del todo. Ajustarse a lo que debía de ajustarse.
Y así resultaron las cosas. Perla la cambiaron de salón, dejo de almorzar con el pequeño y con todo el dolor de su corazón, se dedico a evitarlo y hasta ignorarlo. El pobre Steven no se lo tomó nada bien esto. Al principio creyó que se encontraba triste por algo y decidido como siempre, decidió a animarla. "Animarla con que?" pensó el pequeño, solo para que después se le presentara una idea muy buena, "La haré reír! Así estará animada y podré ver su bella sonrisa de nuevo".
Por lo que, después de la escuela, Steven fue directamente a la librería más cercana que encontró. Fue con una de las empleadas que más le dio confianza del lugar. Una adolescente casi o tal vez una muy joven adulta, tenía una cabellera peculiar teñida de azul y parecía ser amable y confiable a simple vista. Una vez le hablara con vergüenza y timidez al no estar tan acostumbrado a hablar con extraños y le preguntó.
-Disculpe señorita... Me ayudaría a encontrar algún libro de chistes? -preguntó avergonzado y algo temeroso.
La joven empleada miro con curiosidad tal petición y no pudo evitar sonreír al ver el rostro de aquel niño.
-Claro, solo déjame ver -la señorita miro alrededor del local y hablo con tono un poco elevado dirigiéndose a otra de las empleadas la cuál traía lentes -Peridot!.
-No hables tan fuerte, estoy aquí -se quejó la otra que se encontraba ahí.
Se dirigió a donde yacían el pequeño y la joven de cabellera azul. Y al estar parada a un lado de aquellos dos, hablo con cierto tono algo molesto.
-Qué es lo qué pasa Lapis?.
-Tenemos libros de chistes o algo por el estilo?.
-Claro que tenemos. De qué tipo de chistes quieres? -preguntó aquella joven al pequeño.
Steven se quedó unos segundos en silencio, dudaba en contestar, probablemente por la vergüenza o por qué su madre le había dicho que no hablará con extraños, aunque aquí no aplicará eso del todo.
-Y bien pequeño?. Qué es lo que buscas? -hablo en tono delicado Lapis, mientras colocaba su mano suavemente en el hombro de Steven.
-Yo... No lo sé... -dijo nervioso, miro en dirección a sus pequeños pies y después de un corto silencio agregó por fin, a la vez de que sus cachetes estaban ruborizados -Yo solo quiero hacer reír a alguien... Oh tan siquiera hacerla sonreír...
Las dos empleadas se quedaron inertes y en silencio al oír eso, para que después sus mejillas se tornaran un poco rojas y en sus mentes gritaran de lo tierno que se veía aquel niño de cabello despeinado y de rostro Inocente e ingenuo.
Steven ya comenzaba a ponerse nervioso de nuevo al ninguna respuesta de la esas dos, estaba a punto de huir del lugar, pero algo lo detuvo y se quedó ahí mismo. Debía aguantar por su Perla, debía hacerlo por "ella".
-Bueno pues qué tal si no acompañas... -dijo la joven de cabellera azul, mientras todavía seguía con un ligero rubor.
Peridot solo sonrió y Steven siguió a esas dos a una estantería pequeña del lugar, en la cual yacían pequeños libros de comedia. La empleada de los anteojos comenzo a buscar y a recitar los títulos que tenían.
-Bueno tenemos: "Comedia negra (con dobles sentidos)", "Comedia para morirse", "Chistes de doble sentido", "Chistes para sin vergüenzas"... Jesus... - se detuvo al llegar a un libro en específico y hablo -Bueno este no lo podrás leer hasta que crezcas...
-Qué tal este -hablo Lapis, mientras le entregaba un pequeño librito al pequeño.
Steven lo tomo entre sus manos y lo leyó frente aquellas dos.
-"Fabulosos Chistes (Sin Doble sentidos)" -el pequeño miro a las dos empleadas y pregunto curioso -Este es gracioso?.
-Claro que si... Oh eso supongo -contestó de inmediato Lapis.
-Entonces, me lo llevaré!.
Las dos jóvenes sonrieron levemente, Lapis y Peridot, lo llevaron al mostrador. Y en lo que pagaba el pequeño, la joven de cabellera azul le preguntó.
-Y como te llamas pequeño?.
-Me llamo Steven, es un placer, y no soy pequeño!
-Oh lo siento -hablo Lapis mientras sonreía -Igual es un placer Steven, yo soy Lapis y esa cuatro ojos de ahí, es Peridot.
-Huy si, muy graciosa, eso fue lo mejor que se te ocurrió? -preguntó Peridot molesta, a la vez de que guardaba el pequeño libro en una bolsita.
-Y a quien quieres ver sonreír Steven?.
El pequeño se puso rojo como tómate, se quedó en silencio un par de segundos y con gran entusiasmo hablo.
-A una persona muy especial.
-Es tu novia o algo así? -preguntó Peridot con cierto tono gracioso y una leve sonrisa.
-Si. Y en algún momento nos casáremos y seremos muy felices!.
-Suenas muy decidido Steven -dijo Lapis mientras le arrebataba la bolsita a la de anteojos y se la entregaba a Steven con su cambio -Aquí tienes, espero la hagas sonreír con esto Steven -agregó, para que después le sonriera.
-Gracias!, gracias por todo! -agradecio el pequeño esbozando una gran sonrisa.
Steven salió a toda prisa del local y dejó solas a esas dos en aquel lugar. Se quedaron en silencio unos segundos, solo para que Peridot hablara mientras se alejaba del mostrador.
-Qué niño más peculiar no?.
-Si.
-Y pobresillo de el. Ese libro es muy malo. No tiene nada de gracia ninguno de los chistes.
-Ni lo menciones. La mayoría de esos libros son malos, pero ese en especial... Me hace preguntarme cómo le irá.
-Oh si lo sabías?. Entonces, por qué le diste ese si sabias?.
-No lo sé la verdad.
-Bueno, lo más seguro es que no tenga novia y solo quiere conquistar o algo así.
Después de que difiera eso, el silencio abordó el lugar. Lapis se quedó unos segundos en silencio mientras miraba el mostrador de la tienda, solo para que después le hablara de nuevo a su amiga Peridot.
-Sabes?. Algo me dice que volveremos a ver a ese pequeño muy pronto por aquí -dijo a la par de que esbozaba una pequeña sonrisa.
