Día 6 - Madres primerizas.
- ¡Todos a bordo! – Gritó una voz desconocida a lo lejos y su sonido despertó en ella recuerdos que creía haber olvidado hacía mucho tiempo atrás. La voz volvió a gritar, más fuerte, y su eco recorrió su cerebro de lado a lado - ¡El tren está a punto de partir!
Respiró hondo y casi se sintió como en casa. Las ruedas de los carritos chirriando contra el asfalto, los quejidos de los búhos-gatos que habían sido puestos en jaulas por primera vez, la locomotora escarlata expulsando grandes bocanadas de vapor blanco cada segundo. Todo aquello le recordaba a sí misma hace mucho tiempo, cuando acababa de cumplir once años y ese anden le resultaba tan desconocido como la vida misma.
Recordó con una sonrisa ver los prados convertidos en borrones ante la velocidad del tren, el olor del Lago Negro incrustándose en sus fosas nasales, el roído sombrero gritando «Gryffindor» y los deliciosos platillos del primer banquete.
Sin una carta de Hogwarts en las manos, volver al andén 9 ¾ era parecido a volver a vivir.
- ¡Vamos, Korra! ¡No queremos llegar tarde!
Sonrió y aceleró el paso, flanqueada por padres frenéticos que corrían de un lado a otro sin dejar de reprender a sus hijos que, o se habían quedado dormidos o habían olvidado en casa algún objeto de valor. En teoría ella debería estar haciendo lo mismo, reprendiendo, pero el sonido de aquella voz femenina a sus espaldas la hizo cambiar de parecer.
"Al menos una de nosotras debe estar de su lado" Pensó, deteniéndose en seco, mirando a la niña que trataba de seguir el paso de su madre.
- ¿Empacaste todo lo que necesitarás? – Preguntó la mujer, buscando en lo profundo de su bolso sin fondo cualquier cosa que pudiera serle de utilidad a su hija.
- Si, mamá – Respondió la niña rodando los ojos, como lo había hecho ya más de cuarenta veces; a su madre al parecer no le importó.
- ¿Tu caldero?
- Fue lo primero que empaqué.
- ¿Tus libros?
- Dentro del caldero.
- ¿Tus guantes de piel de dragón?
- Entre alguno de los libros… Creo…
- ¿Tu varita?
- ¡Mamá!
Korra sonrió. Olvidar la varita, eso sí que era nuevo. La escena, aunada al particular golpeteo de los tacones de la mujer, hizo que algo dentro de su estómago le produjera cosquillas. Vio un ligero rubor en el rostro de la pre-adolescente mientras las preguntas de su madre se hacían más insistentes; su cabello era peinado una y otra vez, su túnica era arreglada como si no lo hubiese sido ya diez veces antes y su incomoda corbata era ajustada al punto de casi perder la respiración.
- Te recuerdo, cariño, que yo personalmente le ayude a llenar su baúl – Añadió el Avatar acudiendo al auxilio de la pequeña que hacía rato la miraba suplicante, colocándose a su lado. La otra mujer alzó una delgada ceja negra – Tiene todo lo que necesita y más.
Se dio mentalmente una palmada en la espalda ante el ingenio de su última frase. La mujer, solo al principio, la miró sorprendida, hasta que poco a poco fue recuperando la seguridad.
- ¿Y más? – Retó, extrayendo de su bolso un pequeño objeto alargado - ¿Incluso esto?
"Oh, no" Pensó Korra al reconocer lo que era, tirando todo su orgullo a las vías del tren.
- M-Mi varita.
Yasuko tomó el objeto con admiración, como si no terminara de creer el instinto de la mujer frente a ella; miró hacia abajo, hacia sí misma y, como si su madre siempre hubiera tenido razón, ajustó su propia corbata por décimo cuarta ocasión. Por otro lado, los ojos del Avatar y la mujer se encontraron por primera vez desde que entraron corriendo a la estación de tren.
- 'Y más'
- Cierra la boca.
Si, cosas como esa pasan a menudo cuando compartes la vida con la CEO de la compañía más importante de Ciudad República.
De pronto el sonido de un fuerte silbato perforó sus oídos, incitando a que los padres envolvieran en abrazos asfixiantes a los hijos que hasta hace segundos no dejaban de reprender. Korra pensó en hacerlo también, pero de no podría contener las lágrimas de orgullo que amenazaban con abandonar sus ojos desde el día que la carta había llegado a su hogar hace tan solo un par de meses.
Asami, por otro lado, se arrodilló frente a la pequeña, permitiéndose llorar.
"Siempre tan sentimental" Pensó en silencio, sin perder de vista la escena mientras guardaba una sonrisa para sí.
- ¿Segura que estarás bien? – Acarició sus delgados hombros de arriba abajo, infundiéndole ánimos con cada roce, expresando toda la preocupación que guardaba en su interior – Jinora es la directora ahora y es una persona muy comprensiva. Seguro que no le importará si te acompañamos hasta el castillo.
- Mamá…
- ¿Sabes? Korra y yo nos metimos en muchos problemas en nuestra juventud – Prosiguió, ignorando la indignación en el rostro de su hija – Seguro que te gustará conocer algunos de los lugares secretos que descubrimos.
- Mamá.
- Incluso podríamos llevarte a Hogsmeade. Hay una tienda de dulces donde puedes encontrar todas las variedades existentes en el mundo mágico, sé que te encantará…
- Madre.
Se hizo el silencio. Asami abrió los ojos de par en par, mirando a la niña como si fuera uno de esos prototipos que, desafiando todas las posibilidades, funcionan a la primera; de inmediato Korra pudo comprender el porqué. En esos momentos, con su voz decidida, la expresión seria y su cabello negro meciéndose ante el paso de sus manos, Yasuko poseía un porte tan alto y encantador como el de la mujer frente a ella.
- Tu madre solo está preocupada por ti – Los ojos azules de Korra se encontraron con los de la niña, de un ámbar tan puro que asemejaba al oro fundido; el corazón del ser más poderoso del mundo se encendió como la mecha de un cohete – Y sinceramente, yo también lo estoy.
Asami buscó su mano y ella, gustosa, la aceptó, entrelazando sus dedos. Yasuko frunció el ceño.
- No tienen por qué estarlo – Dijo indignada – Ya no soy una niña.
- Eres nuestra hija – La mirada de Yasuko se ablandó, posándose alternadamente sobre los rostros de las mujeres. Korra sintió que las palabras fluían por si solas – Para nosotras, siempre serás nuestro bebé.
De inmediato Asami se puso en pie, manteniendo el agarre de sus manos y acercándose a ella hasta que sus hombros estuvieron en contacto total. Korra se tomó un momento para observarla de soslayo; sabia con seguridad que había cancelado compromisos importantes tanto en el mundo mágico como en el muggle solo para estar ahí, conteniendo las lágrimas mientras su mano libre buscaba la de su hija. Incluso ella, la Avatar convertida en la mejor cazadora de magos tenebrosos, hubiera dado todo con tal de estar en aquel andén.
Había pasado mucho tiempo. Korra y Asami llevaban varios años de relación cuando un grupo de mortífagos decadentes decidió levantarse para tratar de derrocar al Ministerio nuevamente, pero con su líder Amon muerto y el número de sus fuerzas reducido hasta cifras vergonzosas, atrapar al mediocre hombre de la Nación del Fuego que dirigía el movimiento no les había tomado más que un mes de intenso trabajo.
El verdadero problema llegó cuando descubrieron que dejó a merced del mundo a su propia hija, una criatura de no más de dos meses de edad.
"¿Cómo pudo involucrar a una niña en algo como esto?" Pensó Korra la primera vez que ese bulto sin nombre fue depositado en sus brazos durante el rescate de rehenes, acurrucándose en su regazo como si hubiera nacido para ello. El impacto llegó minutos después, cuando se tomó la molestia de apreciar a detalle los rasgos que hicieron que se negara rotundamente a entregarla a un orfanato.
Cuando la locomotora exhaló una columna más grande de humo, Asami se abalanzó hacía adelante, tomando a la niña de once años entre sus brazos. Yasuko, aún con los prejuicios de la adolescencia temprana que impiden rotundamente el abrazar a tus progenitores en público, le correspondió.
Quizá sea por los orígenes de la Nación del Fuego, o quizá como un capricho del destino o de la magia, pero la hija del mortífago era tan parecida a la última heredera de la familia Sato que casi era imposible de creer: la misma mirada gallarda, el semblante serio que desembocaba en un control casi total sobre las cosas a su alrededor, la sonrisa que Korra adoraba. La única diferencia real eran los ojos, el abismo existente entre el ámbar y el verde.
- Cuídate - Susurró su pareja al oído de Yasuko, estrechándola aún más contra su pecho - Te escribiré cada semana.
- No, gracias – Replicó, tratando de liberarse del agarre de hierro – Con las cartas del tío Bolin será suficiente. ¡Aun no subo al Expreso de Hogwarts y ya me llegaron seis!
- Seguro que tendrás espacio para otra más.
El aleteo de los búhos-gato, los pasos apresurados de los padres y las miradas curiosas de sus hijos a través de las ventanas del tren. El puchero de Yasuko solo sirvió para hacerle recordar a la niña que conoció al final de un buen partido de quidditch; a la adolescente que la besó por primera vez; y a la mujer con la que decidió pasar el resto de su vida.
Todo en aquella pequeña le recordaba a sí misma, al colegio y a Asami.
- Ya va siendo hora de abordar el tren - Recordó con una voz ronca a causa de los recuerdos inoportunos y el enorme nudo que se formaba en su garganta - No creo que sea buena idea el que te pierdas tu primer día.
- Tienes razón - Con un poco de renuencia, Asami Sato, la CEO de Industrias Futuro, depositó un pequeño beso en la frente de su hija, a la vez que acariciaba una de sus mejillas con suavidad - Te veremos pronto.
- No tienes por qué hacer tanto drama, iré a casa para navidad.
Asami asintió, resignada pero sonriente. Luego de aquella eternidad, Yasuko miró directamente a su segunda madre, a Korra, quién observaba la escena con las manos en sus bolsillos, sin hablar.
- ¿No estés muy callada para ser tú?
- ¿No estás cuestionando mucho a tus mayores?
- Quizá lo esté.
- ¿Y por ello me dejarás esperando todo el día?
Entonces, sin necesidad de pensarlo mucho, los brazos de la niña se cerraron alrededor de su cintura y Korra recibió el impacto lo mejor que pudo; el camino había sido difícil, se habían enfrentado a prejuicios que ni en el mundo mágico parecían cercanos a desaparecer, pero habían llegado muy lejos. Su hija, su pequeña partiría a Hogwarts por primera vez.
- Escribe a tu madre de vez en cuando - Pidió a oídos de Yasuko, en un volumen tan bajo que solo era audible para ambas - En verdad está muy preocupada por ti.
- Lo haré - Aceptó, estrechando el abrazo de su madre - Pero prométeme que no será necesario escribirle todos los días.
- No te preocupes - Korra sonrió -Aunque no estoy segura que podré con ella por siempre.
Los alumnos se apresuraron a subir a sus respectivos vagones. Korra, que aún se aferraba fuertemente a su hija, se separó de ella poco a poco.
- Es el momento.
Asami acudió a su lado cuando Yasuko entró al vagón, encontrando inmediatamente un compartimiento vacío por el que podría externar a sus madres la única preocupación que cruzaba por sus mentes.
- ¿A qué casa creen que pertenezca?
Las dos adultas compartieron una mirada extraña, buscando la respuesta en los ojos de la otra mientras la niña se mecía de atrás hacia adelante sobre sus talones; mientras Korra hacía una extraña mueca de desagrado, Asami fue la primera en hablar.
- Es tu deber descubrirlo, cielo.
-Así es - Afirmó la Avatar, lanzando hacía el vagón un paquete de ranas de chocolate que Yasuko atrapó con facilidad -Aunque sabes de lo que hemos estado hablando: si entras a Slytherin no habrá comida de ningún tipo para ti en navidad.
- ¡Mamá!
Aquello fue lo último que dijeron antes de que la locomotora iniciara su andar, rugiendo a toda máquina mientras se alejaba entre gritos y despedidas; a su lado, Asami estaba temblando.
- Cuando recibí mi carta - Comenzó la ingeniera sin darle tiempo a su pareja para hablar, limpiando con cuidado las lágrimas que abandonaron sus ojos - Mi padre no se molestó en venir conmigo a la estación. No sé si realmente estaba muy ocupado con la compañía como decía o si tenía en mente el regreso de Lord Amon desde aquel entonces, pero fue muy doloroso.
- Los niños con padres preocupados, los niños con padres estrictos o molestos, los niños con padres indiferentes – Miró a Asami a los ojos, sonriendo de lado – Y luego estábamos nosotras.
- Yasuko nos tiene a nosotras, a tus padres. No quiero que pase por lo que yo pasé – Asami limpió sus propias lágrimas nuevamente - No sabes lo feliz que estoy de estar aquí. Contigo. Con ella.
- ¿Estas orgullosa?
- Más que orgullosa. Perdí todo una vez, pero ahora por fin siento que lo he recuperado.
Se besaron, y el sabor de sus labios era el mismo que el de hace muchos años. Sintieron a través de la otra el calor de una familia; a través del amor que estaba destinado a perdurar por lo que esperaban fuera lo más cercano a una eternidad.
- Te amo - Murmuró Asami contra sus labios, y Korra se sintió como el ser más feliz de la tierra.
Notas: Un poco tarde pero aquí esta, el penúltimo oneshot. Normalmente no soy del tipo de persona que escribe esta temática, pero debo decir que lo disfrute esta vez, creo que me conmovió tratar de ver la situación desde la perspectiva de Asami.
En fin, aún queda un día. Muchas gracias por leer.
