CAPÍTULO 6

Regina se sentía mareada y molesta, el condenado hombre se había salido con la suya. Echó a perder su cita con Marcelo. Dudaba que incluso fuera una coincidencia el encuentro de esta noche. A fin de cuentas él apareció de pronto en la biblioteca el día de la invitación.

-¡Es mentira que el sistema del portón está descompuesto!- Regina miraba con azoro al tramposo hombre.

-Si-.

-¿Tampoco es coincidencia tu aparición por el centro nocturno, no es verdad?-.

-No-.

-¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué?- Regina no podía esperar a que el hombre aparcara el auto para gritarle toda su frustración.

-Aún no lo sé, pero ando en ello. Prometo que serás la primera en enterarte.- Robin era totalmente sincero, no sabía hasta dónde quería llegar por someter y educar a la joven que no lo dejaba recuperar su controlada vida desde que la había visto por vez primera en su despacho.

Apenas el auto se detuvo la chica bajó para dirigirse de prisa a la puerta de servicio. Intentando ahorrar tiempo, mientras caminaba buscaba en su cartera la tarjeta magnética, pero esta escapó de sus manos a medio camino terminando a los pies de su acosador.

-Permíteme- Robin la levantó presto y sujeto con firmeza el brazo femenino -Acompáñame por favor-.

Regina no sabía para qué preguntaba el déspota hombre, si no dejaba espacio para hacer otra cosa que no fuera su santa voluntad. Prácticamente la llevaba a rastras por el sendero de la puerta principal.

-Pasa-.

-Gracias por traerme y buenas noches- Regina se despidió en cuanto entro al vestíbulo.

-¡Espera!- Robin observaba atento el rostro de la chica al volverse hacia él.

-¿Y ahora?- Necesitaba con urgencia refugiarse en la seguridad de su habitación, lejos de la tentación.

-¿Qué piensas hacer?-.

-¿Con qué?- ¿De qué hablaba este retorcido hombre?

-Con Ríos…-.

-Ya te lo dije en una ocasión. Solo aprovecho las oportunidades.- Regina se movía lentamente hacia atrás, deseosa de poner fin a su tortura.

-Yo puedo ser una mejor oportunidad.- Robin acortaba la distancia que la chica ponía a cada paso.

-No creo que sea buena idea, trabajo para ti- La chica tenía la certeza de que terminaría pagando con lágrimas la oportunidad que él le ofrecía.

-¿Qué pasa bonita? ¿Me tienes miedo?-.

Regina literalmente hablando, se topó con pared y no le quedó más remedio que enfrentar al hombre que ahora como nunca se veía tremendamente varonil. Ese porte sofisticado y salvaje a la vez, esa personalidad forjada con oro, seda y notas musicales y su condición de hombre maduro lo hacían parecer inalcanzable.

-¿Por qué no quiero acostarme contigo? - ¡Claro que sí! - ¡No! Ya te dije que tienes que trabajar más en esto de llevarme a la cama.- Regina sujetaba sus manos firmemente, temía que se le escaparan sin permiso y fueran a dar a la fuerte mandíbula para acariciarla con lujuria y después deslizarse por su cuello hasta perderse entre los escasos vellos de su pecho.

-Y yo digo que las vacas vuelan.- Robin estaba tan cerca de la figura femenina que podía escuchar sus pensamientos ¿O era su mirada tan clara y elocuente?

-Si si si…¿Qué?- La chica supo que estaba descubierta.

-Sabes tan bien como yo que con solo quererlo te llevo a la cama. Los dos lo estamos deseando con el alma.- El impaciente hombre tenía los antebrazos apoyados sobre el muro a los lados de la joven compartiendo su aliento, aspirando su dulce aroma, siendo testigo de cómo a ella poco a poco se le derrumbaban sus débiles defensas al tiempo que crecía su propia excitación -Pero me intriga tu juego… Es algo nuevo y desconocido para mí. Como ya me hiciste la invitación a participar voy a jugar, solo que yo no comparto. Yo acepto tus reglas y tu aceptas las mías-.

-¿Firmaremos otro contrato?- El pecho de Regina vibraba por los fuertes latidos de su corazón y su agitada respiración.

-No, sellaremos el pacto con un beso.- "Hablando y actuando" era el lema de Robin. En cuanto posó sus labios sobre los de la chica corrió la sangre caliente por sus venas y fue a parar a su entrepierna -¡Dios! Arderé en los infiernos mientras tanto, bonita- Los labios masculinos volvieron al ataque pero esta vez se quedaron a dar rienda suelta a la furia salvaje por la pasión avasalladora que despertaba la joven en él.

Regina no se molestaría en pelear más esa noche, solo gozaría en los brazos del hombre más bello y peligroso del planeta. La chica se abandonó en su fascinación confiada en la palabra de él, colgándose del fuerte cuello para pegar sus curvas a la torre de músculos y firme piel. Como en una noche mágica iba haciendo realidad sus anhelos. Sus manos pasaron de la nuca al rostro masculino para acariciar la fuerte mandíbula y lentamente bajar por el cuello hasta la cintura. Yendo más lejos levanto la camiseta para hacer contacto con la ardiente piel de la espalda, de los costados, del pecho…

-¡Por Dios! No hagas eso que me olvidaré del pacto y te haré el amor ahora y aquí- Robin sujetó las manos de la joven sobre su cabeza y prosiguió con el beso.

-Robin…- Esta vez le tocó a Regina gemir de placer al sentir la mano masculina hurgar en su cuerpo para descubrir su hombro y abrir camino a los húmedos labios que recorrían su piel desde su rostro hasta la curva de sus senos.

-Esto es una locura ¿Para qué esperar si nos estamos consumiendo de deseo?- Los fuertes brazos levantaron en peso a Regina para llevarla a su habitación.

-¡Detente Robin! Tenemos un…

-¡Sí! ¡Ya se! ¡Ya se! ¡Tenemos un pacto y esto solo era el ridículo sello!- Como niño regañado el hombre puso en pie a la chica y acomodó la tela de su vestido sobre los hombros con rostro frustrado, después apoyo su cabeza frente con frente hasta que su respiración volvió a la normalidad.

Regina no se había equivocado, Robin de Locksley era un hombre de palabra. Estaba descubriendo cosas en el que le gustaban, aparte de las que ya le fascinaban. Como su rostro hermoso, sus ojos y ese cuerpo de locura.

La chica se encontraba de pie pegada al hombre, en perfecta comunión pero no en paz con ella misma, sabía que iba de camino al precipicio si se daba el cambio de jugada. Si peleaban lo podía manejar y resistir. Si él era amable y galante con ella no podría.

-Una hora después-

Regina y Robin se encontraban acostados cada quien en su cama sin poder dormir. El hombre aún con el duchazo de agua fría seguía rumiando su insatisfacción amargamente, sorprendido por sus propias decisiones. ¿Realmente estaba tan aburrido de su predecible vida que quería probar a tontear con una chica con más mañas que años? Todo lo relacionado con ella le hacía mucho ruido como para poder concentrarse en su música que era su mundo. ¿Qué podía perder además de un poco de tiempo y dinero del mucho que tenía acumulado y que ni en una vida de derroche se acabaría? El caso es que Regina le inquietaba más de lo que se podía permitir. Su frescura, espontaneidad, sinceridad, coraje, experiencia y obviamente su belleza, le habían robado la calma. La inversión que hiciera sobre ella valdría la pena con tal de recuperar su paz mental. Tenía once meses para conseguirlo, al cabo de ese tiempo cerraría la casa y volvería a Grecia y a su vida de antes.

.

.

.

.

Regina se dio el lujo de despertarse tarde, solo así pudo completar suficientes horas de sueño para enfrentar la ardua tarea que empezaría a partir de mañana…

Eran las cuatro de la tarde cuando la chica bajo a la cocina a prepararse algo de comer porque desfallecía de hambre, con eso de que la noche anterior no ceno y la poca energía que le quedaba la había quemado con la calentura…

-Robin de Locksley ¿Qué voy a hacer contigo?- Regina primero le dio de comer al gato para no terminar siendo ella su comida. Hasta en eso se parecía a su dueño, porque aunque renegara de él, lo había heredado junto con la casa -Ven Tiranos… psh psh psh ¡Anda chico, no te hagas del rogar!-.

Una vez satisfechos y con la cocina limpia de nuevo, los únicos habitantes de la mansión se dirigieron a la biblioteca. Regina quería leer un poco y tomaría prestados unos libros para entretenerse el resto de la tarde. En una pila que aún no clasificaba se encontró "Casino Royale" de Ian Fleming y "Moby Dick" de Herman Melville. Se llevaría ambos para ver con cual empezaba.

La chica leyó ávidamente sucumbiendo a la tentación de empezar ambos libros, uno por su trama detectivesca que le planteaba otra manera de asimilar la vida y gracia de un personaje como James Bond, que se asemejaba mucho a otro famoso pero muy real que le traía las hormonas de cabeza. El otro ejemplar la tentó por sus fantásticas ilustraciones. Después de horas de lectura intensa Regina fue vencida por el sueño tal como se encontraba recostada en la cabecera, abrazada a sus proveedores de sueños con fuerza.
.

.

.

.
Cuando la luz del día le dio en plena cara, la chica despertó confundida y entumida de los brazos sin saber porque. En cosa de segundos recordó la tarde anterior y el por qué tenía sobre su cuerpo dos pesados y polvorientos libros obstaculizando sus movimientos.

-¡Ay Tiranos! Deberías servir para algo más que maullar, comer y dormir- La chica trataba de estirar sus músculos sin que le causara dolor -Espero que el agua caliente me ayude porque no avanzare nada así. ¡Tiranos, di algo por Dios! Mínimo un "¡Lo siento Gina!"- Con una sonrisa dolorosa la chica entro a la ducha.
.

.

-Un momento por favor – Regina miró su reloj extrañada de que alguien tocara a su puerta tan temprano -¡Lola! ¿Pasa algo?- La chica estaba recién salida de la ducha y en paños menores, así que pregunto a través de una pequeña hendija.

-Llegó esto para ti-.

-¿Para mí? ¿De qué se trata? Permíteme un segundo…- La chica corrió a echarse el salto de cama encima para abrir la puerta de par en par y quedarse sin palabras al ver un precioso ramo de rosas rojas frente a ella -¡Gracias Lola!-.

Nunca en su vida Regina había recibido flores, ni tan si quiera una. Eran once rosas rojas a medio abrir, frescas, olorosas. Los ojos cafés buscaron en todas direcciones un recipiente para ponerlas en agua, encontrando solamente un frasco con chocolates que de inmediato vació para meter sus hermosas rosas ahí. Al quitar la envoltura cayó un pequeño sobre que presurosa levanto y abrió para ver su contenido.

-Te veo a mi regreso. R-

-¡Wooooow!- Robin de Locksley ¡Mi Dios griego! Eres poseedor de la caja de Pandora, solo espero que en el fondo aun conserves la esperanza…

.

.

.
Regina ya vestida y calzada se dirigió a la biblioteca con su jarrón improvisado portando su bello ramo de rosas y el corazón y los pies tan ligeros que casi flotaban…

-Buenos días niña. Toqué pero no respondiste. No bajaste a desayunar ¿De pronto eres solar?

-¿Perdón?- Regina estaba tan inmersa en su trabajo que se dio cuenta de la presencia de Mati hasta que la tuvo enfrente -¡Señora Mati! ¿Qué tal estuvo su viaje?-.

-Excelente- La mujer sonreía feliz al recordar -Pude ver a toda mi familia-.

-Me da gusto escucharlo ¿Me decía algo al entrar?- Regina seguía la mirada de Mati que veía con el ceño fruncido el ramo de rosas.

-Que no has desayunado querida ¿Quieres que le diga a Lola que te envié una bandeja con té y pan del que acaba de hornear?-.

-Que sea café en lugar de té y gracias Señora Mati-.

-Ya va siendo hora que me digas solo Mati ¿No crees?-.

-Me encanta la idea. Gracias de nuevo Mati-.

Regina hizo una parada en sus labores avanzada la tarde para comer y luego regresó de nuevo para preparar el reporte que enviaría por correo electrónico a su jefe. Solo de pensarlo le revoloteaban alas de mariposa en el pecho y en el estómago. Era una sensación extraña, hasta un poco molesta. Tal vez se debiera a que aún no recibía su correo de los valiosos libros para poderlos localizar.

-Seis en punto de la tarde-

-Listo, ahí tienes tus cosas, Tiranocksley, para que te entretengas un poco-

Regina estaba a punto de cerrar su computadora portátil cuando le llego un inbox.

- Hola bonita ¿Qué tal tu día? -

¡Demonios! ¡Era su jefe en total dominio de la tecnología!

- Muy productivo ¿Y el suyo? -

- También, Algo cansado. Aquí ya es la una de la mañana -

- ¿Dónde está? -

- En Italia. Te acabo de enviar la información que te prometí para la búsqueda de los tesoros de la biblioteca -

- Gracias, mañana mismo me abocaré a ello. Yo también le acabo de enviar el reporte del día -

- Excelente. Mañana lo veré porque ahora se me cierran los ojos -

- Ok, que descanse. ¡Ah! ¡Gracias por las rosas! -

- ¿Qué rosas? -

- Las que me envió… -

- Debe haber sido el jardinero. Yo no fui. -

- Entonces lo buscaré para darle un gran beso de agradecimiento. Buenas noches. -

- Descansa. -

Regina se quedó como diez minutos mirando la pantalla de su ordenador con una sonrisa estúpida en el rostro. Luego sus ojos viajaron al ramo de rosas cerciorándose que todo era real.

-¡Ay! ¡Olvidé preguntarle por qué once rosas!-.
.

.

.
-¡Hey perdida! Por fin me marcas-.

-¡Perdón David! Ayer me levanté muy tarde y hoy apenas me voy desocupando. Con decirte que Tiranocksley me está haciendo trabajar horas extras y así será toda la semana. Lo que más me puede es que no avanzaré nada en mis clases.

-A ver, a ver. Siento como que estás metiendo barullo para omitir lo más importante ¿Por qué te levantaste tarde ayer?-.

-¿Porque me acosté tarde?- El mensaje de David era por demás elocuente pero ella no le soltaría prenda.

-Sí, supongo ¿Entonces no piensas hablar?-.

-¡No! No estoy segura que te vaya a gustar lo que escuches…-.

-¿Y crees que no haciéndolo lo hace menos malo?- David escuchó un suspiro del otro lado de la línea- Gina ¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea verdad?-.

-Si-.

-Cambiemos de tema. ¿Quiere decir que en toda la semana no te veré?-.

-No creo poder darme una escapada ¿Pero qué te parece si salimos el sábado?- Regina sabía que su jefe estaría una semana ausente y no pensaba verlo hasta el lunes.

-Pídele permiso a tu ogro para irte a visitar el miércoles saliendo de trabajar, andaré en San José en una sesión de fotografía…-.

-¡Sensacional! El patrón anda fuera así que le pediré permiso a Mati para recibirte en el área prohibida de la casa, el jardín trasero con piscina y todo... Nadie nunca va por ahí… Es una belleza desperdiciada-.

-Excelente, iré preparado con mi tanga nueva.- La voz de David se escuchaba ahogada por la risa.

-¡Si hazlo! Y el último puntapié me lo dará el jefe en el portón.- Regina también reía divertida solo de imaginarse la escena.

La chica se fue a la cama feliz de la vida. No podía estarle yéndole mejor. Con ese último pensamiento y después de aventarse dos horas de buena lectura, cayó en un sueño profundo y reparador.

.

.

.

.

A la mañana siguiente Regina amaneció con tan buen humor que se fue a correr por los alrededores de la mansión. Cuando volvió la recibió el hambriento gato, así que antes de su ducha fue directo a la alacena a sacar su lata de comida.

-¡Sabes que aún no puedes entrar, Tiranos! ¡Ya deja de dar guerra!-.

-Buenos días niña ¿Con quién hablas?-.

-Buenos días Mati, hablo con Tiranos-.

-¿Te refieres a Robin o al gato?-.

El par de mujeres rieron a carcajada suelta. Y es que el parecido entre los dos personajes no se podía negar…

-¡Te veo radiante!- Mati se acomodó en una silla de la mesa de la cocina donde comía siempre que Robin se encontraba de viaje. Odiaba comer sola.

-La responsable es esta bella mañana.- Regina realmente se veía hermosa, los ojos le brillaban y una linda sonrisa se había estacionado en su rostro.

-Sí. Todavía recuerdo cuando todo me parecía bello.- Mati sonreía divertida -Siéntate a desayunar querida, que no solo de amor vive el hombre.-.

¿Amor? ¿Quién estaba enamorado?

-Mati ¿Me daría permiso mañana para que me visite mi amigo David en el área de la alberca? Es el amigo del que le he hablado…Prometo que no entraremos a la mansión si eso la hace sentirse menos comprometida.

-Claro que si corazón, que alguien disfrute de esa alberca. Yo ni de loca me meto en ella y Robin prefiere usar la del club.- Mati de pronto se quedó seria y pensativa.

-Gracias, él vendrá pasando las seis y no dejaré que se vaya muy tarde.- Para Regina no pasó desapercibida la tristeza que cruzó como una sombra negra el rostro marchito de la Nana… Quién sabe qué tanto dolor guardaba en su alma.

-Seis en punto de la tarde-

Regina se encontraba frente a su ordenador echa un mazacote de nervios. Tal vez era porque no tenía ninguna novedad sobre los libros traspapelados.

- Hola bonita -

- Buenas tardes señor -

- A estas alturas de las cosas sería bueno que me llamaras por ni nombre ¿No crees? -

- Si tú me lo pides me parece bien -

- Bien… ¿Qué hay de nuevo? -

- Referente a los libros valiosos aún nada, Robin. Es demasiado trabajo el que hay por hacer, demasiados libros en esta habitación, en cualquier parte pueden estar. Te aseguro que me estoy esforzando. -

- Entiendo, no te preocupes ya aparecerán… Por cierto, te acabo de enviar un correo con unos puntos aclaratorios sobre tus dudas -

- Gracias, lo abriré antes de irme a descansar -

- Y ¿Qué has hecho todo el día? ¿No has salido? -

- ¿Lo preguntas en serio? Si me paso la vida metida entre estas cuatro paredes y luego salgo tan cansada que por las noches, literalmente hablando, me arrastro a mi cama. Mati dice que debería traerme mi manta y mi almohada para dormir sobre el escritorio. -

- Mmmm… Se me ocurre un mejor uso para el escritorio. -

¿Cómo era posible que ese demonio lograra excitarla a tantos kilómetros de distancia de ella con solo sus insinuaciones?

- Bueno… Pues sí, muchos usos… -

- Debo despedirme. Mañana tengo un día muy pesado. Voy a Moscú. -

- Que tengas buen viaje, Robin. Buenas noches -

- Buenas noches para ti también, Regina -

La chica abrió el correo de su jefe antes de entrar en el limbo como sucedía después de cada sesión con él.

Las observaciones de Robin eran tan efectivas que casi no le dejaba pendientes para indagar por internet. El hombre era realmente admirable. Fino, culto, rico, guapo, joven y un genio en lo concerniente a la creación de música de orquesta, aunque ella ya había tenido oportunidad de conocer a sus demonios sueltos que lo convertían en un sujeto bruto y salvaje. Un contraste que solo si lo vivías lo podías creer.
.

.

.

.

El día miércoles pintó similar a los días anteriores para Regina en lo relacionado a su trabajo, es decir, no encontró ni uno solo de los libros mencionados en la larga lista que le había enviado su jefe. Le preocupaba enormemente la situación, ya que no era ni uno ni dos las piezas perdidas, estaban hablando de cincuentaiséis ejemplares que costaban quién sabe qué tantos cientos o miles de dólares. Aún no se daba tiempo de investigar un poco más sobre ellos, su prioridad era que aparecieran.

-Seis de la tarde en punto-

Regina aguardaba ansiosa que apareciera Robin en escena como las tardes anteriores. Ya había enviado su reporte y no había encontrado nada para ella en su bandeja de entrada.

-¡Conéctate por favor!- La chica esperó por casi treinta minutos y nada…

El timbre del teléfono la sacó de su empecinada espera para recordarle la visita de David que ya la aguardaba afuera.

De camino a la puerta, Regina notaba la ausencia del patrón en todos los aspectos. Cuando él viajaba se le daba permiso al personal para que salieran temprano y fueran a visitar a sus familias, pero la regla al final del día era la misma para todos, regresar a la mansión a dormir.

-Justo iba a avisarte que hay un chico afuera preguntando por ti-.

-Gracias Graciela ¿Vas de salida?- A Regina le parecía simpática la cocinera. Era alegre y conversadora aunque nunca se prestaba a los chismes como hacía el resto de la servidumbre. Lola y ella eran sus compañeras preferidas, sin contar a Mati que se cocinaba aparte.

-Si Regina, muero por ver a mi mamá. Me imagino que no te veré más tarde. Hasta mañana, chica-.
-Hasta mañana. Diviértete-.

-¡David! ¡Estoy feliz de que hayas llegado!- Regina se colgó del cuello del chico como siempre que tardaba en verlo. No verlo un día ya era una eternidad.

-Hola preciosa, que bien se siente ser extrañado- David giraba en brazos a la chica feliz también de verla.

-¡Epa! No seas goloso. Ven, sígueme. Por acá está el acceso al jardín y la alberca- Regina llevaba de la mano a su amigo para que no se le desviara del camino, ya lo conocía de curioso y no quería ocasionar problemas por su causa.

Regina nunca había estado en ese lado de la mansión, solo lo podía ver de lejos desde la biblioteca y se quedaba corta para lo que se había imaginado. Si el paraíso existía estaba en la tierra y en ese lugar.

-¡Wow! Gina, ¡este sitio es genial!-.

-Lo sé, David ¡Es hermoso!- Lo que la chica veía era abundante vegetación y una alberca enorme dividida en dos por un puente de madera cubierto por enredaderas que le daban sombra y color.

Una parte de la piscina era muy profunda y la otra era un chapoteadero de un lado y una tina de hidromasaje del otro. Se veían tumbonas por todo el perímetro y algunas hamacas colgaban bajo las sombras de las abundantes palmeras cocoteras y flores. Muchas flores de todos colores y tamaños. Quien quiera que fuera el jardinero, era un genio. Pues además de las plantas y pastos bien cuidados, estaban la infinidad de arbustos recortados imitando arrecifes de coral.

Una vez que recorrieron el área palmo a palmo, Regina y David se pusieron sus bañadores para lanzarse a la apetecible agua en una tarde que todavía gozaba de los rayos del sol.

-Que delicia es gozar esto después de un día tan caliente y estresante.- David flotaba sobre su espalda visiblemente relajado.

-¿Te tocó lidiar con mucha chica caprichosa hoy?-.

-Solo una, Zelena Dorantes. Hermosa, pero holgazana y malgeniosa.-.

-¡Oh vaya!- El mundo sí que era un pañuelo…

-No tuvo más negocio que estar colgada del teléfono furiosa porque no le respondía las llamadas su galán-.

Seguro David hablaba de Robin sin saber.

-¡Fuera mala vibra! Gina, tengo hambre…- David tenía a la chica en sus brazos y la mecía como a un bebé -¡Regina! No te duermas. - David vengativo, soltó a la Regina para que se hundiera en el agua.

-¡Niño malo! ¡Ahora no te daré de cenar!- Regina feliz como niña lanzaba agua al rostro de su amigo.

-¡Con que esas tenemos! Ahora verás cómo te va muchachita impertinente ¿Qué nunca te han advertido que no debes hacer enojar a un hombre hambriento?- David tenía a la Regina en sus brazos y amenazaba con lanzarla al agua de nuevo.

-No, nunca me lo habían dicho. Pero ahora que lo sé no me importa.-.

Media hora logró Regina que su glotón amigo contuviera su apetito para darle de cenar la sabrosa variedad de emparedados que le había preparado Grace desde temprano.

Y como todo lo bueno llega a su fin, alrededor de las diez de la noche David partió a su departamento dejándole a Regina un delicioso sabor de boca por una tarde llena de diversión y excelente compañía.
.

.

.

.
El jueves por la mañana amaneció nublado y lluvioso amenazando tormenta, por lo que Regina no pudo salir a trotar a los alrededores, así que se preparó el desayuno y comió en soledad, ya que aún era temprano para Graciela y Mati. En vista de que no tenía nada mejor que hacer, se metió a la biblioteca y encendió su computador para ver las noticias del día y enterarse cómo pintaba el clima para el resto de la semana.

Y sucedió que Regina se enteró del clima y algo más…
-¡Ahora entiendo porque no estuviste conectado ayer, Robin de Locksley! El par de morenas colgadas de tus brazos te lo impidieron- Regina miraba algo más que molesta la pantalla con la figura lejana de las tres personas enfiestadas. Según la comentarista del programa, las mujeres no soltarían a la luminaria por el resto de la noche, lo que quería decir que el infame hombre había "Dormido" con dos ¿Por qué habría de ser diferente? El hecho de que exigiera que la mujer en turno no saliera con nadie mientras estuviera vivo su interés no quería decir que él haría lo mismo.

-¡Bah! ¡Para lo que me importa! Por mi puede dormir con una modelo diferente cada noche por lo que le resta de vida. - La chica se sacudió el cuerpo sacándose el karma negativo, decidida a no pensar más en su promiscuo jefe.

Pero Regina descubrió que era más fácil proponerse algo que lograrlo. En el transcurso del día se descubrió en varias ocasiones inmersa en el recuerdo del atractivo Robin de Locksley. Feliz en su mundo, rodeado de personas como él, sofisticadas, millonarias y famosas. La chica estaba consciente que para su jefe era como el juguete extraño que se había encontrado en el desván, que precisamente por su rareza despertaba su curiosidad, pero solo por un rato. Y acostumbrado a poseer todo lo que consideraba de su propiedad, Robin estaba dispuesto a entrar en su supuesto juego para conseguirla. Ahora no le quedaba más remedio que continuar con la charada y resistir si quería cumplir su propósito de darle una lección al caprichoso hombre.

-Seis de la tarde en punto-

Regina acababa de enviar su reporte cuando apareció en línea su jefe, estaba tentada a ignorarlo, pero luego la pensó bien. Era más fácil jugar con él si lo tenía tan lejos.

- Hola, jefe ¿Cómo va tu gira? -

- Exitosa y agotadora ¿Y tú cómo te encuentras? -

- ¡Mal! Te extraño mucho. La casa es muy aburrida sin ti… -

- Prometo compensarte a mi llegada -

Caíste…

- No veo la hora, Robin. -

- También pienso en ti, Regina -

¡Seguro!

- Planearé algo inolvidable para tu llegada. -

- Excelente. ¿Me puedes dar un adelanto? -

- Si…Veo nuestros cuerpos reposando satisfechos después de compartir un momento inolvidable. -

- Justo lo que estoy deseando, Regina -

- ¡Maravilloso! Estamos conectados. Robin, es muy tarde y debes descansar. Sueña conmigo. -

- Buenas noches, bonita -

Regina se quedó tan satisfecha con su travesura, que durmió como un bebé. Fue hasta la mañana siguiente que cayó en la cuenta de que en ningún momento de la conversación con su jefe, se trató de los famosos libros extraviados.