La cita de Bulma, la promesa de Goku

Capitulo 6: Tendiendo trampas.

Que ingenuo fue el príncipe del perecido planeta Saiyajin al creer que ella regresaría humillada a la Tierra, rogando que la devolvieran a su hogar, derrotada. Desde la perspectiva de Bulma, ese hombre además de maltratarla sin razón, la dejó abandonada en un planeta desconocido a manos de un mugroso viejo clon de Muten Roshi. Prácticamente insultaba su inteligencia por creer que ella sería tan inútil, como para permitirle saborear la victoria sin ponerle un par de obstáculos en el camino. ¿Acaso no conocía a su propia mujer?

La peliazul alzó su mano derecha y limpio el sudor que hacia brillar su blanca frente. El ser supremo que la había pedido para una cita aún roncaba con mucosidades bajo su fosa nasal. Respiró profundamente sofocada por el calor y se sorprendió por la resistencia del dios, apreciando la cantidad de ropa divina que este traía, mientras ella sudaba litros, la deidad respiraba con la mayor normalidad posible, lo más probable era que su cuerpo estuviera adaptado a las altas temperaturas o quizá su condición como Dios de dioses le brindaba habilidades especiales.

- Maldito calor… - Musitó la mujer y oyó a sus espaldas un conveniente chapoteo. Sin pensarlo se volteó y caminó unos pasos, para encontrar justo detrás de un ostentoso árbol, un pequeño lago rodeado por piedras. Sonrió y sus ojos brillaron, un pez saltó y provocó nuevamente el chapoteo que capturó su atención en primer lugar. - ¡Que bien! – Dijo acercándose para darse un chapuzón. – Al parecer los dioses escucharon mis suplicas jaja Gracias Kami. – Miró al supremo Kaioh, no podía ser posible que el hubiera hecho eso… ¿O sí? Al voltear notó que seguía sumergido en su sueño, imposible que este le cumpliera su deseo… - Sí, fue Kami… dudo mucho que este dios vele por el bienestar de la humanidad…. Me resulta extraño no haber notado este lago antes. ¿Qué más da? – Retiró sus zapatos de diseñador y se detuvo a pensar. – Lo olvide… no puedo tomar un baño en ropa interior, no con ese viejo mañoso cerca. – Se dijo asqueada, no entraría al agua con el vestido puesto, y no se conformaría con mojar la punta de sus dedos… -Maldición…- Se sentó a la orilla del lago entre un par de rocas y sumergió uno de sus pies, temerosa de la temperatura, pero a gusto la encontró templada, incrementando sus deseos por bañarse. Estaba notoriamente molesta por la situación, a pesar de ser una científica brillante la situación la superaba. Frunció su labio, estaba molesta y cansada, se sentía agotada y hambrienta a pesar de haber comido recientemente. No se extraño al incremento de su apetito, ni siquiera lo notó. La ya familiar avejentada voz del supremo se hizo presente a menos de un metro de distancia.

-¿Por qué esa cara larga? - Bulma volteó y entre la cuantiosa cantidad de arrugas se apreciaba el rostro de una larga noche de fiesta. Luego de la euforia que provoca el exceso de alcohol, llega hasta para las criaturas más superiores, la fatídica resaca.

El ojo derecho de la mujer se volvió turbio, cuando su parpado tembló al encontrarse con que de hecho el veterano podía verse incluso peor de lo que ya lo hacía, cosa que desde un principio no creyó posible.

-Veo que ya despertó. – Dijo Bulma tratando de disimular su repulsión.

El supremo paso la cansada y abultada vista desde los pies desnudos de Bulma hasta el pequeño lago y después al estropajo que llevaba por vestido. Alzó su mano derecha, conteniendo la izquierda aún detrás de su espalda, y señaló el cristalino lago.

-¿Quieres nadar linda? Si es eso no hay problema ¡Adelante! –Exclamó alegre el lujurioso dios.

Los celes ojos de la mujer quedaron a media hasta por el comentario. Una vez más presionó su puño con fuerza y una pequeña vena se marcó en su frente a pesar del botox.

-Dígame señor Kaioh Samma… ¿Cómo pretende que lo haga? En caso de que no lo haya notado no traje ningún bañador. –

-Prometo no mirar. – Extrañamente sus ojos tomaron una forma ovalada, y pícara.

-¡Fuera de aquí viejo asqueroso! –

-Que aguafiestas… Si lo que quieres es un bañador lo hubieras pedido. – Inmediatamente cerró los ojos y chasqueó los dedos. Bulma parpadeó y no le retiró la vista. El supremo abrió un ojo inquisidor y esbozó una pequeña sonrisa, casi imperceptible. Al pasar un segundo la peliazul se extrañó, viendo como de su nariz se escurría una gota de sangre. Recordó al anciano Muten y la innumerable cantidad de ocasiones en las que el cerebro se le escurrió por la nariz, probablemente reventado por la cantidad de obscenidades que imaginaba.

La mujer resolvió mirarse a si misma y encontrarse vestida por el diseñador de Baywatch. Por poco azul mirada se desorbita al contemplar tanta humanidad descubierta y se tapó el escote con una mano y con la otra su trasero.

-¿¡Que!? ¿¡Quien diablos le dio permiso de cambiarme la ropa?! –

-Bueno, es lo que tú querías ¿no? Además el escote de tu vestido dejaba más piel a la vista que ese traje de baño. Si lo miras de esa forma te he hecho un favor. – Contestó alzando la frente el alto, defendiendo lo indefendible.

Bulma se ruborizó, era cierto que el escote de su vestido era mucho más revelador, pero al menos ella sola se lo vistió.

-¡Eso no le da derecho a ponerme lo que se le plazca! ¡¿Qué diablos está pensando?! –

-De esta forma puedes meterte al lago ¿No tenías calor hace un momento? –

Y el calor se había incrementado considerablemente!

-¡Bien! – Gritó y con el ceño fruncido y sin darle la espalda al supremo se metió lentamente en el lago, por supuesto sin dejar de cubrir sus partes. Una vez dentro se sumergió hasta los pómulos, dejando a la vista su furiosa mirada. El supremo pasó la mirada a la esfera que aún yacía en el suelo y se acercó a ella.

-Si ya no vas a usar esto me lo llevaré. – Comentó haciéndose con la esfera entre sus arrugadas manos.

-¡No! – Exclamó saliendo rápidamente del agua y tomándola con las dos de ella. – "Con esta esfera puedo ver a Vegeta cuando yo quiera, así sabre que esta planeando y estar preparada." –Pensó estratégicamente. – Yo le haré saber cuando ya no la necesite. –

-¿Aún quieres saber lo que hace tu esposo? – Preguntó casi como si obedeciera a su instinto concentró su energía en el objeto que ambos abrazaban. Bajó la mirada y al igual que la vez antes, comenzando con un paisaje nublado pasando por una vista panorámica a la Capital de Oeste, hasta adentrarse en la habitación conyugal.

He allí el fornido torso de su esposo, agachado con los codos apoyados en sus rodillas. Frente a él, su también poderoso primogénito, empotrado contra la puerta a sus espaldas.

El anciano esforzó la mirada, el aspecto de ese ser le era familiar. –Ese hombre… me resulta-

-¡Sh! -

***

-Trunks… por si no lo notaste tu madre… Bulma…no esta en casa. -

El menor asintió con la cabeza lentamente y acompañó el movimiento por un casi mudo: - Ajá… -

-Bien. – Dijo con firmeza borrando su sonrisa y a pesar de eso el tétrico semblante no parecía desvanecer. – Imagino que has de extrañarla mucho…. ¿NO? –

-¿Eh? Pues… no lo sé, yo –

-¡Eh dicho que la extrañas mucho! ¿¡Verdad!?-

En un segundo e niño se empotró a si mismo contra la puerta a sus espaldas nuevamente.

-¡Sí papá la extraño mucho! – Afirmó y la sonrisa de Vegeta renació en sus labios. Trunks cerró con firmeza los ojos y ladeó la cabeza.

Su padre volvió a hincarse sobre sus rodillas y en un gesto muy terrestre colocó la palma sobre los cabellos lilas de su hijo. – Supongo que si la extrañas debemos ir por ella. – Trunks abrió los ojos, asombrado asintió nuevamente y perplejo lo observo levantarse. – Pero que quede claro que vamos por ella por que me lo pediste. ¿Entendido? –

-Ajá…-

***

-¿¡Que!? ¡Vegeta viene para acá! –

-Vegeta… Vegeta… ¿¡VEGETA!? – Reaccionó entonces Rou Kaioh - ¿¡Acaso ese es tu esposo!? ¡Dime que es mentira! –

Bulma volteó al hombre como si nada pasara. – Lo es. Mi esposo es Vegeta. ¿Qué no lo sabía? –

Forzó al máximo sus recuerdos entonces. Goku le había pedido que no interfiriera con el uso de las esferas del dragón, lo que a su parecer era un desorden de la naturaleza, como si crear androides asesinos no lo fuera. Luego de eso para convencerlo le ofreció una fotografía ¡Es cierto! ¡Aún no habían saldado esa cuota! –"¿Y luego que sucedió?" – Se preguntó ensimismado, y lo único en lo que podía pensar era en esa hermosa mujer madura en paños menores, tal y como presenciaba en ese instante… pero luego los gritos de un saiyajin lo volvieron a su planeta y frunció el ceño. –Ahora lo recuerdo… - Musito incrédulo. -¡No puedo creer que te haya permitido venir! –

-¿Venir? ¡Ja! ¿Desde cuando tengo que pedirle permiso a él? – Cuestionó cruzada de brazos soltando la esfera.

Los ojos del dios fueron testigo de las quince generaciones que había vivido pasar frente a sus ojos. -¿Viniste en contra de su voluntad? –

-¿¡Por que diablos debería importarme su voluntad!? –

-¿¡POR QUE EL DESGRACIADO PUEDE ARRANCARNOS LA CABEZA CON EL DEDO MEÑIQUE DE SU PIE!? ¿¡Te parece ese suficiente motivo para hacerlo?! – Gritó asustado, fuera de sí.

Bulma retrocedió dos pasos alzando su brazo casi como si se defendiera del ataque de histeria del decrepito Dios.

-Oiga… cálmese, ya verá que—

-¿¡Que qué!? ¡Que moriré lentamente! ¡Que destruirán mi planeta! ¡Ese sanguinario saiyajin es una bestia! ¿Cómo demonios fue que me metí en esto? – De pronto se volteó y acogió su cabeza con las manos, frenético pensando que hizo para merecer tal destino. –Goku… - Murmuró, él era su verdugo.

La brillante científica se volteó, el teatro del dios no era nada por lo que preocuparse, si de algo servía quizá pudiera sacarle provecho. Lo que ahora tenía en mente era que en breve su esposo estaría con ellos y era su deber como mujer restregar en su rostro lo deseada que podía llegar a ser.

-Oye Bulma. -

-¿Si? –

-Uhmm… ¿puedo… hacerte una pregunta? –

-Adelante.-

-¿Vegeta es un hombre… celoso? – Cuestionó preocupado.

Los ojos de la mujer brillaron, tenía una idea en mente y el temor de aquel individuo y los poderes, además de posición jerárquica que poseía le serían extremadamente útiles.

-Pues yo no lo definiría como celoso… - Comenzó posicionando su dedo índice en su barbilla. El dios sintió un alivio interno y lo demostró con un suspiro, sonrió y colocó su mano sobre su pecho, su ritmo cardiaco comenzaba a normalizarse. Bulma sonrió sin que el otro lo notara. – Más bien diría que sufre de celos enfermizos. ¿Por qué pregunta? –

Los ojos del dios corrían de sus orbitas. No podía creer en ese momento que le cediera la vida a ese saiyajin traicionero. – "Aquí yace un querido y apuesto Dios." – Pensó creando diferentes leyendas para su futura lapida.

-Supremo Kaioh. – Llamó la fémina. – Ya que se preocupa tanto por su vida, tengo la forma perfecta para que usted pueda escapar del castigo y salvar su pellejo.

-¿Qué planeas? – Preguntó desconfiado.

-¿Puede traer a alguien a este planeta? –

-Si, no hay problema, pero dime ¿Qué es lo que quieres hacer? –

La mujer esbozó una placida sonrisa. – Perfecto. Quiero que traiga a los peleadores del otro mundo, los más atractivos que encuentre. –

El anciano de piel violácea acarició su barbilla. – Tendré que pedirle ese favor al Gran Kaoih pero no creo que haya inconveniente. - ¿Para que los quieres? –

-Usted solo asegúrese de traerlos y su trasero no será pateado. ¿De acuerdo? –

-De acuerdo… - Contestó molesto. – "Hoy en día no importa si eres el dios de los dioses, cualquiera es chantajeado por una cara bonita." -

Tras un par de llamadas telekineticas a diferentes planetas, finalmente el supremo logro conseguir un par de guerreros dispuestos a colaborar en una "tarea especial" para el Dios. Shin amablemente transportó a los musculosos sujetos de diferentes galaxias hacia el planeta, curioso cuestionó al anciano recibiendo como única respuesta un feroz – No preguntes. – Pidió a la docena de muchachos que se colocaran en fila y lo siguieran encontrando la peliazul quien no escatimó en pedidos… Se encontraba sentada asoleándose en una silla plegable, junto a ella un refresco adornado con una diminuta sombrilla sobre una mesa y a su lado una revista de la Tierra con los mejores chismes de la farándula y consejos de belleza.

-Aquí los tienes. – Exclamó ruboriza por la situación a la que se veía enfrentado.

Bulma levantó las gafas oscuras y posó su mirada en cada uno de los hombres. Usualmente no le atraían tan musculosos pero servirían a su plan.

-Genial. Acérquese supremo. –

El encorvado hombre caminó a su encuentro con los ojos cerrados. - ¿Ahora qué? –

-Diles que deben servirme. –

-¿¡Que!? ¡Pero que mujer tan egocéntrica resultaste ser! –

-¡¿Esta diciéndome que quiere enfrentarse a Vegeta cuando él llegue!? –

-¿Eh? – Titubeó por un segundo. - ¡Oigan todos! ¡Ella es una deidad y deben servirla! ¡Vamos todos! ¡Muévanse! –

El grupo de guerreros estaban totalmente confundidos, lentamente caminaron hacia ella y sirvieron sus caprichos. Muchos se preguntaron que clase de deidad sería y por que jamás escucharon hablar de ella, pero los gritos histéricos del supremo los obligaron a guardarse sus cuestionamientos y pasar de lleno a la tarea encomendada.

Al cabo de unos minutos Bulma estaba siendo abanicada por un fornido sujeto rubio de cabello ondulado, vestido por algo parecido a una toga. Mientras otro de piel más azulada le servía comida a su plato, no sin derramar una gota de sudor de su frente.

No paso mucho tiempo para que apareciera a unos metros su fiel amigo de traje naranja. Bulma casualmente estaba mirando en esa dirección e inmediatamente alzó una mano.

-¡Goku! ¡Aquí! ¡Aquí estoy! – Gritó sonriendo.

El aludido se giró sobre sus talones y devolvió el saludo, caminó a su encuentro y se extrañó por la presencia de los luchadores en ese recinto. Trunks lo acompañó detrás asombrado por el trato que le propiciaban a su madre.

-¿Qué es todo esto Bulma? –

-No le des importancia. – Contestó poniéndose de pie. Colocó las manos en su cadera y subió las gafas a la mitad de su cabeza. - ¿Dónde está? –

-¿He? ¿De que hablas? –

-Vegeta, ¿Dónde está? –

Goku tragó saliva, no se atrevía a contestar esa pregunta a su temperamental amiga.

-Mi papá se quedó en la Tierra. – Se apresuró el más joven robando la atención de la multitud.

Las uñas de Bulma se marcaron en su palma al apretar con tal fuerza su puño. Goku retrocedió unos pasos y nervioso se colocó entre él y la fémina, usando a Trunks como escudo humano. O semi humano.

La mujer enterneció la mirada y se agachó a su hijo. – Tu padre te pidió que vinieras ¿No es así Trunks? –

-¡No mamá! ¡Realmente te extrañaba yo—

Bulma se acercó al oído de su pequeño y comenzó a susurrar. – Se muy bien que tienes malas calificaciones en la escuela. Espera a que tu padre se entere de esto, se pondrá furioso por que ¿Aún no se lo dices? ¿No? –

El ritmo cardiaco de Trunks se aceleró, en ese momento no pudo decidir cual de sus dos padres era mejor chantajista que el otro…

-¿Qué quieres que haga mami? – Preguntó sumiso.

-Dile con lujo de detalle lo que has visto aquí. Y yo me encargaré de persuadir a tus profesores de darte una segunda oportunidad, Vegeta no tiene por que enterarse de eso. Ponlo furioso hijo, luego yo me encargaré de él. – Bulma se levantó y regresó a su cómodo asiento. – Y si no lo logras tendrás que lidiar con tus notas. – Concluyó y el de cabellera lila supo exactamente lo que haría. Una descarada escena de inocencia para lograr que su padre parta la Tierra de un azote. Todo sea por eludir el castigo de papi. – Y recuerda no contarle esto a Goku, el lo arruinaría. –

-¡Oye! –

-Si mamá. –

-Bien Bulma, ya es hora de que regreses a la Tierra. –

-Ni de broma. –

-¿¡Que!? ¡Pero... ¡Pero Trunks te extraña! – Se volteó entonces al jovencito. - ¿Verdad? –

-No, ahora ya me siento mejor señor. Ya podemos volver a casa. –

Goku no podía creer lo que escuchaba, e esa altura la idea de quedarse con el supremo era sumamente tentadora. Regresó la mirada a la hermosa mujer de edad madura, en ese instante traía los brazos caídos como un simio y una expresión de sus abiertos ojos desopilante.

-Ya me escuchaste Goku, no volveré. Y al parecer Trunks quiere ir a casa, entonces… Nos vemos. – Concluyó felizmente.

Todo ante la atenta mirada del niño, conocía muy bien el carácter de su padre, si se llegara a enterar de todos los hombre que rodeaban a su joven madre seguramente destruiría una galaxia entera con su ki, además de asesinar a todo hombre a su alrededor. Ya tenía planeado exactamente que decir.

-Ya vete Goku, tanta tensión me ha ocasionado dolor de espalda. –

Un atento muchacho se acercó a la "deidad" -¿Quiere que le de un masaje? – Cuestionó con humildad.

-Por supuesto. – Contestó al momento de guiñarle un ojo.

-Por favor Bulma. – Finalmente recurrió a su último recurso. La suplica. Se postró frente a ella uniendo sus palmas y con una mirada de cachorro solitario en el medio de una tempestad. – Por favor Bulma ¡Vuelve a la Tierra! –

-Ya te dije que no Goku, tú me trajiste aquí así que lidia con las consecuencias. – Seguidamente bebió un sorbo del trajo junto a ella.

-Ya vámonos señor Goku. -

-Ah… - Suspiró - Bueno, si es así, esta bien. Supongo… -

-¡YA DEJA DE DIVAGAR Y VETE DE AQUÍ! ¿¡Que no entiendes que no iré!?

-¡Bien! ¡Bien! ¡Ya me voy! "Vaya, con ese carácter me pregunto como es que ella y Vegeta terminaron enamorándose… Aunque ahora que lo pienso nadie lo sabe… Quiza cuando se tranquilicen las cosas se lo pregunte a Vegeta" – Pensó curioso rascando su frente con un dedo.

Trunks se sujetó de las ropas del saiya nuevamente y este se preparó mentalmente para lo que se vería obligado a soportar en unos minutos. Sin más desaparecieron y el resto continuó con sus labores.

-Bien, ya estoy lista para mi masaje. – Dijo triunfadora con una gran sonrisa.

CONTINUARÁ…

¿Qué puedo decirles a mis queridisimos lectores? Muchisimas gracias por los reviews =) Realmente me alegra que les agraden las locuras que escribo en mi tiempo libre. Nos vemos en el último capitulo del fic! Ahh! Y espero que este haya sido de su agrado ^^ si lo fue o no, tienen la opcion de review, como siempre =) Gracias de nuevo a todos ustedes por leerme. Cuidense lectores!

Atte. Nadeshico.