Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.

Llegamos al capítulo 5, os prometí que lo subiría pronto. Espero que lo disfrutéis al leerlo tanto como yo lo he disfrutado al escribirlo.


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ARCO DE SIARAMINA

CAPÍTULO 5

LA HISTORIA DE ROBIN

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– Mi historia llevará un rato chicos. Os ruego que no la interrumpáis – pidió Robin una vez ella les contó lo mismo que le había dicho a Luffy. Todos sus nakamas cabecearon afirmativamente, indicando a la arqueóloga que podía empezar. Ella soltó un suspiro, miró al fuego, y comenzó a hablar.

En una era ya perdida en el tiempo, en la era de los héroes, donde no existían ni la Marina ni el One Piece, el West Blue estaba formado por cientos de ciudades estado. Una de esas ciudades, Aqueonia, se fue haciendo poco a poco más fuerte, hasta que su rey, llamado Argumenón el Dorado, usuario de la paramecia del oro, conquistó todo el West Blue, creando uno de los mayores Imperios que el mundo ha conocido. Se llamó el Imperio Aqueonio. En una de las islas había un pueblo de bravos guerreros. Todos ellos medían entre dos y tres metros, y usaban mantos del color de la sangre. Su poderoso rey, hermano de Argumenón, y que respondía al nombre de Meluneón, se casó con la mujer más hermosa del North Blue, una joven de pelo plateado y ojos azules. De ella se decía que era tan hermosa que no parecía humana. Incluso la belleza de las sirenas, que vivían con los humanos en algunas islas, empalidecía a su lado. Era tan hermosa que fue considerada el mayor tesoro del West Blue, por delante de cualquier joya, arma o artefacto.

"Pero la joven no era feliz. Ser considerada un tesoro implicaba estar todo el día guardada bajo llave. Oculta al mundo, pues muchos codiciaban esa belleza. Solo en las grandes ocasiones en las que se agasajaba a nobles o reyes venidos de lejanas tierras se la permitía abandonar los muros de su castillo… de su prisión.

"Los príncipes de uno de esos reinos llegaron hasta la ciudad de Lacemonia, en la que los guerreros del manto rojo vivían y entrenaban. Del rey de Lacemonia, usuario de la akuma no mi del hierro, se decía que solo dos personas superaban su habilidad con la espada. Uno de ellos era el más famoso guerrero y aventurero que esa era, o cualquier otra, hubieran conocido. Y el otro, era Héctor, el Justo.

"Héctor era el comandante y el más fuerte guerrero de la ciudad que gobernaba en la primera mitad del Grand Line. La ciudad de Ílyon, hogar de los guerreros del manto azul, más veloces que ningún otro ejército de esa era. Pero sobre todo, era famoso por ser una persona justa, valiente, leal y respetada por todos, fueran amigos o enemigos. Grande era su fama, solo eclipsada por la del gran guerrero del West Blue.

"El respetado príncipe tenía un hermano, llamado Laris. Aunque parecido a su hermano en algunas cosas, en otras eran bien distintos. Y la mayor de todas, fue que cuando Laris conoció a la hermosa Níen, la esposa de Meluneón, quedó prendado totalmente de su belleza, como tantos otros hombres a lo largo del ancho mar. Pero quiso el destino que Níen también se enamorara de Laris, que representaba para ella lo que nunca había podido siquiera soñar. Libertad, sueños… decidir tu propio destino.

"Los príncipes regresaron a su tierra, y sin Héctor saberlo, Níen viajó con Laris. Al llegar a Ílyon, y descurbir la verdad, el príncipe intentó que regresara a su hogar, pero los reyes de Ílyon rechazaron su súplica. El mayor tesoro del mundo ahora estaba en manos de la más poderosa ciudad de la época. No pensaban cederla sin pelear, sobre todo al ver que Laris y ella eran felices y que su pueblo celebrara la llegada de la bella norteña.

"Al llegar a sus oídos la noticia de su absoluta humillación, Meluneón montó en cólera. Reunió a sus guerreros de manto rojo, y rogó a su hermano que le ayudara. Éste vio la oportunidad de coronarse a sí mismo como rey de la primera mitad del Grand Line, y no la dejó escapar. Juntos, él y su hermano reunieron un inmenso ejército y a algunos de los mayores héroes de la época para recuperar lo que ellos consideraban que era el tesoro del West Blue. Entre sus filas estaban algunas de las mayores leyendas de esa era.

"Rho Aias, apodado el Valiente, usuario de la paramecia del Escudo.

"Odiseus, el Astuto, usuario de la zoan del zorro.

"Démefer, apodada la Primavera, usuaria de la logia de las plantas.

"Y el más grande de todos los héroes, comandante de los mantos negros, la unidad de élite más poderosa del West Blue, los Mirmidones… Aquilis, el Inmortal. Nadie supo nunca cuál era su akuma no mi, o si siquiera fue humano. Pero sus hazañas a lo largo de sus aventuras por el ancho mundo, en compañía de sus leales Mirmidones, le habían convertido en la leyenda viva más famosa de los mares. Usaba una katana de color negro y un escudo redondo de bronce. Negra era su armadura, y el casco tenía una cimera de color púrpura en forma de fénix.

"Por su parte, ílyon también reunió a sus ejércitos y a los de sus aliados, y, aunque inferiores en número, confiaban en sus grandes héroes para demostrar al mundo cuál era la ciudad más poderosa de todas.

"Eos, apodado el Luminoso, usuario de la logia de la luz.

"Apolonia, apodada la Protectora, usuaria de la paramecia del bronce.

"Laris, apodado el Hermoso, príncipe de Troya y usuario de la paramecia de la flecha.

"Y el más honorable de todos los héroes, comandante de los mantos azules, la Guardia Real de Ílyon, Héctor, el Justo, usuario de la zoan mitológica de Pegaso. Usaba una katana de color azul, armadura de color blanco y penacho plateado de en forma de caballo alado en el yelmo.

"Su fama de primer y segundo guerrero más fuertes, presagiaba acertadamente que el que ganara el duelo, Aquilis, o Héctor, lograría también la victoria para su bando.

"La guerra por el amor de Níen, como la llamaron muchos, empezó sin cuartel. Durante semanas los dos inmensos ejércitos se enfrentaron en lo alto de la Red Line, pero finalmente, Aquilis el Inmortal, los mantos rojos y los Mirmidones forzaron a las huestes de Héctor a replegarse hasta ésta isla en la que nos encontramos. Es decir, hasta la capital, Ílyon. Los mantos rojos, los negros y los azules se enzarzaron en una eterna batalla bajo las murallas de la ciudad, a la que se fueron uniendo todos los demás. Rho Aias murió a manos Héctor en combate singular frente a las puertas de la ciudad. Eos fue aniquilado por Aquiles en las playas de ésta isla. Paris y Meluneón se enfrentaron por decidir quién sería el que se quedara con la mano de la hermosa mujer, en un vano intento por detener la guerra, ya que a esas alturas la guerra seguiría hasta que uno de los dos bandos fuera derrotado. Ambos se hirieron mutuamente de gravedad, pero sobrevivieron a sus heridas.

"Finalmente, los dos grandes héroes se enfrentaron. El duelo fue largo, intenso y nivelado hasta casi su épica y trágica conclusión, y aunque ganó Aquilis, la muerte de Héctor no desmereció a su vida. Ambos héroes se consagraron como los dos más grandes conocidos, y al funeral de Héctor acudieron los dos ejércitos, el de ílyon y el de Aqueonia, prueba absoluta del enorme respeto que todos sentían por el héroe de ílyon. La derrota de su héroe fue seguida de un largo asedio, pero la ciudad, aunque estuvo cerca de la derrota, nunca cayó. Finalmente, Odiseus ideó una forma de superar los inconquistables muros, que resistían gracias a sus guerreros incluso los ataques de los héroes usuarios que aún quedaban con vida, conocidos y anónimos.

"La ciudad era llamada la ciudad de los caballos, nombre al que Héctor siempre hizo justicia debido a su zoan mitológica de Pegaso. Odiseus ordenó fabricar un gran caballo de bronce, en ofrenda a los ilynoicos, y en su interior se ocultaron aquellos aqueonios que podían ocultar su presencia a cualquiera. Después, cuando los confiados ilynoicos introdujeron el caballo en el interior de la ciudad, los aqueonios salieron de su interior y abrieron las puertas de la misma. Gracias a eso, la guerra terminó en victoria para los aqueonios, diez años después de que ésta hubiera empezado. Durante la batalla final, Laris acabó con la vida de Aquilis, vengando la muerte de su hermano Héctor, aunque la leyenda del Inmortal Aquilis siguió existiendo por siempre. Muchos habían muerto en ambos bandos, pero el poema termina contando cómo los supervivientes de Ílyon, auxiliados por Laris y Níen, escaparon de la ciudad gracias a ambos, que se mantuvieron juntos hasta el fin.

Robin se quedó en silencio, habiendo terminado la historia. Para su asombro, Luffy no se había dormido y tenía sus ojos ocultos por el sombrero, como si estuviera preocupado por algo. La peli negra cruzó una mirada con el espadachín, y se lo encontró ligeramente sonrojado, mirándola fijamente como si la viera por primera vez.

– Tssk – dijo al ver que ella le estaba mirando, y se puso en pie mirando hacia todas partes menos hacia ella. Sanji tenía corazones en lugar de ojos desde la mitad de la historia.

– Menuda mujer debió ser esa – murmuraba una y otra vez.

– Podría componer una canción dedicada a esos y esas valientes – comentó Brook observando su violín. A Robin, eso le pareció una idea genial, Brook tenía muchísimo talento para la música, podía hacer cualquier cosa.

– Buaaaaaa bakas, ¡no estoy llorando joder! Buaaaaaaa que historia más triste y súuuuper – lloraba Franky sin parar, hundido ya en un charco hecho por sus propias lágrimas. Usopp y Chopper también se habían secado unas pequeñas lágrimas que les habían brotado al final de la historia.

– Y pensar que ahora estamos en la ciudad en la que se libró toda esa guerra… algún día seré como esos bravos guerreros – afirmó con decisión y una sonrisa nostálgica Usopp.

– ¿Tienes el libro Robin? – preguntó de pronto Luffy.

– ¿¡CÓMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!? – gritaron TODOS los Mugiwaras varones sin excepción, mirando a Luffy como si acabaran de descubrir una especie alienígena.

– Ey, Luffy, ¿estás bien? ¿Te duele algo? – preguntó mientras corría hacia él un muy preocupado Chopper. Pero Luffy se echó el sombrero a la espalda y miró a Robin con los ojos ligeramente brillantes, y no precisamente por un efecto óptico del fuego. Había pocas cosas que Robin odiara más que no poder hacer feliz a Luffy, pero decidió serle sincero.

– El Gobierno Mundial prohibió ese libro, llamado Elíseum, hace muchísimo tiempo Luffy. Es muy muy difícil encontrar una copia – reconoció Robin. Luffy asintió, pensativo.

– ¿Habría alguna forma de conseguirla? – preguntó de nuevo el peli negro, mirando fijamente a los ojos azules de Robin. Ella sonrió ligeramente y asintió.

– Sí… habría una, pero debemos ir al Nuevo Mundo para poder encontrar uno – reconoció Robin, recordando un lugar donde podría haber una copia.

– ¡Yosh! Cuando Nami y Alta se nos unan, y tengamos todo listo, iremos al Nuevo Mundo – afirmó Luffy con su clásica seguridad.

– Luffy… – empezó Sanji mientras daba una profunda calada a su cigarrillo – ¿A qué se debe tanto interés por tu parte en un libro? – preguntó el cocinero. Luffy le miró y luego dirigió su mirada hacia la ciudad que se extendía bajo ellos. Su chaqueta de capitán ondeó ligeramente cuando una ligera brisa comenzó a llegar desde el sur.

– Esa historia… y éste lugar… me son familiares. Se sienten como… como si estuviera en casa – murmuró el D, con voz emocionada. Robin frunció el ceño, pensando en qué podía ser aquello, pero no se le ocurrió nada – Pero como sea, ¡lo primero es lo primero! Vamos a buscar la piedra y el tesoro, y a volver lo más rápido posible con Nami ¡O nos aumentará la deuda! – gritó el capitán, volviendo a ser el de siempre. Los Mugiwaras sonrieron y se pusieron en pie. Robin archivó sus pensamientos, pero en cuanto tuviera tiempo pensaba buscar la conexión entre Luffy y ese lugar, por inverosímil que pudiera parecer. A sus 28 años, la arqueóloga había visto muchas cosas raras en el mundo, en templos y ruinas, y se tomaba muy en serio la reacción del D.

– Mujer, ten un ojo puesto en el capitán – murmuró Zoro pasando a su lado, que también había tomado buena cuenta de las palabras y sobre todo de la reacción de Luffy. Robin asintió, dejando de lado por una vez sus típicas provocaciones.

Momentos más tarde, los Mugiwara caminaban a paso rápido hacia el palacio. Pasaron junto a la gran estatua del caballo a dos patas, y llegaron hasta la escalinata de acceso al mismo. Ascendieron, y cruzaron un pórtico semi derribado. Caminaron entre los restos del antaño lujoso edificio, hasta que llegaron a un sótano con una escalinata descendente. La exploración comenzaba ahora.

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Nami tenía entre sus manos las esposas de kairoseki. Ella sabía dos cosas del kairoseki: que ese metal, que imitaba el agua del mar, era muy raro, caro y controlado en buena parte por la Marina y el Gobierno Mundial. Y que anulaba los poderes de cualquier usuario de fruta del diablo, por lo que podía usarlas para deshacer el escudo que Altazor había puesto a la habitación si conseguía tocar con él una de las barreras. La navegante dudó por un segundo, al recordar las palabras de Altazor sobre lo peligrosa que era toda esa tripulación, pero si los oficiales y el capitán estaban reunidos en un mismo punto, ella podía aprovechar ese espacio de tiempo para escapar. Si Sadous tenía sus ¿sombras, había dicho Altazor? vigilándola la pillarían en seguida, pero si no las tenía… tendría una oportunidad de escapar. Quería regresar junto a los suyos y escapar de ese maldito barco y sobre todo de esa tripulación. Al fin y al cabo, aunque Altazor hubiese sido amable y respetuoso con ella, seguía teniéndola retenida contra su voluntad.

Nami intentó sacar las esposas de kairoseki de la caja metálica, pero estaban atadas a una gruesa cadena de tela metálica que no permitía alejarlas mucho. No tenía fisuras, ni formas de romperse más allá de por fuerza bruta. Después de usar el ingenio, se le ocurrió una solución. Arrancó los tablones de madera del suelo usando su clima tact, y vio como entre dos grupos de tablones la fina barrera de energía láser cerraba el acceso o la salida, según cómo se mirara. Colocó las esposas después de unos esfuerzos junto a la barrera, que tembló y finalmente se disolvió entera, al estar las seis barreras unidas entre sí.

Abrió la puerta, que estaba diseñada para bloquearse desde el interior del camarote, lo que indicaba que Altazor parecía más preocupado por la seguridad de Nami que por que escapara, y solo se podía abrir desde dentro, y salió al pasillo con el clima tact en mano y con todos sus sentidos alerta. Con el cuidado y el silencio aprendidos de años de "robar" a diferentes grupos de piratas, era una experta en tácticas de infiltración. Después de avanzar por varios pasillos escasos de iluminación hacia lo que creía que sería la popa de la nave, donde las ventanas solían ser más grandes y la permitirían escapar, escuchó voces justo delante de ella, y una única puerta junto a ella en la que podría ocultarse. Rápidamente forzó el cierre y se metió en el interior de la habitación, cerrando con suavidad tras ella justo a tiempo. Estaba en la habitación de alguien importante, a todas luces. El camarote de Altazor era grande, y muy agradable, pero incluso en un barco tan grande que alguien tuviera un camarote como éste era algo ridículo. Dentro de él podrían dormir con comodidad un centenar de personas. Comenzó a recorrerlo mientras observaba todo y se fijó en unos cortinajes. Detrás de ellos había unos grandes ventanales cerrados con persianas metálicas. Al abrirlas, la luz de la luna entró a raudales en la habitación, arrojando suficiente luz como para que la navegante viera con mayor claridad. A sus espaldas había una alargada mesa con un sillón de terciopelo rojo, y por alguna razón los ojos de la navegante repararon en una curiosa muesca en la lisa y bruñida madera de la mesa. Su experto ojo de ladrona la decía que eso era algo relevante. Se acercó y después de toquetear la mesa encontró un botón oculto debajo de la muesca. Al apretarlo, una parte de la mesa se levantó y dejó a la vista un sobre blanco.

– En éste barco los oficiales no se fían ni de su sombra – murmuró Nami, al ver cómo tanto Altazor como el oficial que tuviera ésta habitación ocultaban secretos en sus camarotes. Pero el sobre la llamó poderosamente la atención, y al cogerlo y darla la vuelta se puso pálida. No podía ser cierto lo que sus ojos estaban viendo… simplemente no podía creérselo. Al abrirlo, y leer todo lo que ponía en esa carta, su preocupación sólo fue en aumento.

En ese instante ocurrieron varias cosas a la vez. La puerta se abrió con violencia y varios piratas se abalanzaron sobre ella sin darla casi tiempo a reaccionar. La navegante se repuso del shock de lo que acababa de ver y reaccionó justo a tiempo para golpear con el clima tact al más adelantado de ellos, dar un salto lateral y comenzar a dejar salir nubes eléctricas mientras seguía guardando las distancias. Segundos más tarde los rayos cayeron sobre los atacantes, que no tuvieron tiempo para esquivarlos.

Al mismo tiempo que ella saltaba, una fuerte explosión que no parecía de un arma, sino más bien de alguna clase de poder, sacudió todo el barco, seguida de un sonido de succión. Y momentos después, se escuchó el silbido de balas de cañón seguidas del chapoteo que indicaba que habían caído al agua, sin dar al barco. Nami se desequilibró y dos nuevos atacantes más rápidos y ágiles que los anteriores la inmovilizaron contra el suelo, mientras un tercero la quitaba el clima tact de las manos y la carta que había cogido.

– ¿Qué hacemos con ella? – preguntó uno de ellos. Nami no se atrevía ni a gritar en ese momento, mientras pensaba desesperadamente en una forma de revertir la situación.

– Ha visto la carta, pero ya da todo igual. El ataque ha empezado. Las órdenes siempre fueron eliminar a todos los Mugiwara en cuanto Altazor hiciera contacto con ellos – dijo el segundo, mientras tironeaba de ella para ponerla en pie.

– Entonces la matamos y fuera. Tenemos que salir del barco rápido, nuestros superiores pueden apañárselas solos – dijo el tercero mientras sacaba una pistola y apuntaba a la nuca de Nami, que al oír el sonido del percutor pensó que había llegado su final. Por alguna razón pensó en Luffy, y deseó con todas sus fuerzas el haberle podido volver a ver, aunque solo fuese una última vez…

– ¡Hatajo de cobardes! – gritó una voz que ella reconoció al instante. Las manos que la sujetaban la soltaron, y Nami giró el rostro a tiempo para ver cómo Altazor había entrado como un vendaval en la habitación y cómo pasó entre los tres atacantes mientras les hacía profundos cortes con su doble Saijo O Wazamono. Los tres sujetos cayeron al suelo gravemente heridos, y Altazor rápidamente evaluó a Nami, mientras volvía la cabeza hacia todas partes muy alterado – ¿Te encuentras bien? ¿No estás herida? – preguntó atropelladamente. Sus palabras fueron seguidas de una tremenda sacudida del barco producto de varias explosiones, que a juzgar por el sonido, habían impactado en la cubierta. Los gritos comenzaron a rasgar el silencio de la noche.

– Gracias… creía que iba a morir – susurró Nami sin salir aún del estado de shock.

– No te preocupes por eso ahora, estás a salvo. Te dije que Sadous vigilaba todo el barco, maldita sea, no debiste haber intentado escapar… pero seguramente yo en tu lugar habría intentado hacer lo mismo – reconoció el peli plateado con un suspiro – Voy a sacarte de este barco y llevarte con tu capitán – decidió Altazor.

– ¿Por qué harías eso por nosotros? ¿Y lo que tú querías? – consiguió preguntar Nami.

– Tener el Poneglyph no va reñido con que tú no puedas ser libre, estoy seguro de que tus nakamas me ayudarán igualmente. Desde el principio pensaba aprovechar la primera oportunidad para llevarte de vuelta con ellos, pero debía seguirles el juego a los oficiales, al menos por unas horas para poder sacarte de aquí sin problemas, o te habrían matado sin dudar… aunque ahora todo eso da igual, la he liado demasiado para llegar aquí a tiempo – contestó Altazor, que se fijó en el sobre que había en el suelo. Su rostro se contrajo en un rictus de odio al ver el símbolo estampado en el papel blanco – ¿De dónde has sacado esto? – susurró sin mover su mirada de ese símbolo.

– Estaba oculto… oculto en la mesa – contestó Nami, que al recordar su contenido se puso rápidamente en pie. Varias nuevas explosiones casi la hacen caer de nuevo al suelo, pero Altazor la aferró de su hombro, impidiendo que se cayera. La navegante comprobó asustada que Altazor empezaba a híper ventilar y a sudar, como si ver ese símbolo le provocara un tremendo dolor. Con movimientos lentos, tomó la carta del suelo y la leyó. Al terminar de leer, sus manos apretaban el papel con tanta fuerza que éste se estaba deshaciendo. Nami se alejó varios pasos al ver como sus ojos de color verde relampagueaban con destellos azules, y como todo su cuerpo se convulsionaba. Finalmente, Altazor se puso en pie, pasó junto a Nami, y de un solo puñetazo destrozó toda la pared. Se giró hacia ella y la agarró sin miramientos con un brazo mientras con el otro hacía aparecer su látigo láser de color azul.

– Voy a sacarte de aquí – murmuró como ido. Sacudió el látigo y gracias a la explosión resultante salieron disparados hacia la playa. Después de un par de sacudidas y maniobras más, aterrizaron en la arena de la playa con suavidad. A sus espaldas, el barco pirata seguía recibiendo impactos de balas de cañón. En la lejanía, tres enormes acorazados con el símbolo del Gobierno Mundial en sus velas se entreveían gracias a la brillante luz de la luna casi llena. Los gritos de los piratas que eran heridos llegaban hasta ellos pese a la distancia. Nami se deshizo del brazo de Altazor y se asustó al no encontrar su clima tact – Toma, lo necesitarás – dijo Altazor mientras se estiraba cuan largo era y le tendía su preciada arma. Nami lo aceptó, agradecida porque el peli plateado lo hubiese recogido.

– ¿Qué vas a hacer ahora? – preguntó después de unos segundos de silencio.

– Te llevaré con tu novio… y luego volveré aquí a destrozar a todos esos perros del Gobierno – contestó Altazor mientras empezaba a caminar por la playa a paso rápido.

– ¡Que no es mi novio! – contestó Nami poniendo los ojos en blanco.

– Lo que tú digas – respondió Altazor sin ganas de replicarla. Se alejaron a paso rápido mientras a sus espaldas, el barco seguía recibiendo impactos hasta que su santabárbara colapsó, y una enorme explosión iluminó toda la playa. Nami contuvo un gemido, lamentando pese a todo la cantidad de gente que podría haber muerto allí. Los acorazados se acercaron hacia la playa que Nami y Altazor iban lentamente dejando atrás, pero al ser tan pesados les llevaría unos cuantos minutos llegar hasta allí. Los dos se alejaron de la playa, en dirección hacia el lago en que los Mugiwara habían dejado el Sunny. Su barco ahora era la única esperanza que les quedaba a todos ellos para salir con vida de esa isla.

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Luffy y los demás no habían escuchado esas explosiones, por desgracia. Y más allá de una cada vez mayor sensación de incomodidad del D, no tenían ni idea de nada de lo que estaba ocurriendo. Estaban demasiado tierra a dentro. Habían descendido por varios grupos de escaleras usando unas linternas muy potentes que Franky llevaba consigo para ver algo en la absoluta oscuridad, y atravesado varios pasillos y habitaciones que en otros tiempos debieron ser almacenes o cuartos de guardia. Finalmente, llegaron hasta una gran puerta rectangular en una habitación de techo alto, con seis columnas laterales a cada lado. Robin apoyó una mano en la puerta mientras estudiaba los símbolos, y en seguida el cansancio se apoderó de ella y se deslizó hasta el suelo. Antes de que pudiera darse de bruces, Zoro saltó hacia ella y detuvo su caída. La alejó de la puerta un par de pasos y en seguida la arqueóloga estuvo repuesta, dedicándole al espadachín una sonrisa de agradecimiento. Zoro desvió la vista incómodo y la soltó, mientras se alejaba con los brazos en jarras.

– Karioseki – dijo Franky, poniendo en palabras los pensamientos de todos.

– A lo mejor puedo echarla abajo – dijo Luffy, llevándose una colleja de Usopp.

– Burro, ¿no recuerdas que es irrompible? – le regañó el francotirador.

– Es verdad shishishishi. Como cuando nos atraparon con humitos en Arabasta – recordó Luffy – ¿Entonces, cómo pasamos? – preguntó el capitán.

– ¡Eso estamos pensando todos! – gritaron Sanji Usopp y Franky con los ojos en blanco.

– Robin, ¿no habías dicho antes no sé qué de una lanza? – sugirió Luffy con el ceño ligeramente fruncido. Robin asintió, y puso más atención en la puerta. Al cabo de unos segundos encontró en el medio de de la puerta un dibujo en relieve que tenía forma de lanza. Señaló hacia ellas, y el resto de la banda se fijó en ella.

– Buen trabajo capitán – sonrió Robin.

– ¿Y yoooo, Robin chwaaaaaaaan? ¿Hice un buen trabajo también? – preguntó Sanji mientras revoloteaba alrededor de la morena.

– Claro que sí, Sanji kun – dijo Robin con una gota en la cabeza pero sin perder la amabilidad que la caracterizaba. El resto prefirió ignorar la danza del revoloteo de Sanji, que cuando Robin dijo eso aumentó de velocidad e intensidad. La arqueóloga volvió a señalar al dibujo de la lanza – Puede que eso sea manipulable.

– Entendido – dijo Zoro, que usó los dibujos en relieve de la puerta para ascender hasta la altura de la lanza. Cuando estuvo allí intentó golpearla con sus espadas, pero no ocurrió nada. Luego comenzó a rebuscar por la lanza, hasta que de casualidad encontró una zona que podía hundirse. El peli verde empujó, y una sección se metió hacia dentro.

La puerta traqueteó y se abrió lentamente, provocando que cayera un montón de polvo acumulado, dejando al otro lado sólo oscuridad. Los Mugiwara se felicitaron unos a otros, y sobre todo a Robin y Luffy, encantados por lo rápido que iba todo.

– Me pregunto cómo Altazor podía saber cómo avanzar aquí dentro – murmuró Robin. Brook, que estaba junto a ella, tomó la palabra.

– Puede que ya hubiera estado aquí antes, pero no pudiera completar todo el recorrido por alguna razón – sugirió el músico. Pero la arqueóloga negó con la cabeza.

– No, no es eso. ¿Has visto la capa de polvo que ha caído cuando se han movido? Esas puertas llevan siglos sin abrirse – contestó.

– A lo mejor tiene un libro de instrucciones shishishishi – sugirió Luffy pasando junto a ellos. Robin abrió los ojos de par en par, al comprender que la simple respuesta de su capitán era EXACTAMENTE lo que debía estar pasando allí. Altazor conocía la forma, pero no había podido llevarla a cabo, y por eso él los había buscado por todo el mar, y al localizarlos, cuando llegaron a esta isla, le había dejado las instrucciones a Robin para que pudieran abrirse camino por las ruinas rápidamente. ¿Cómo podía él saber que iban a pasar junto a esa isla que carecía de campo magnético? ¿Cómo podía él saber cómo abrirse camino, sin haber estado allí nunca? Cada nueva cosa que veían añadía un nuevo misterio a toda aquella aventura. Los pensamientos de Robin se vieron interrumpidos cuando el espadachín cortó una sección de una de las columnas laterales y comenzó a arrastrarla por el suelo para horror de Robin. El resto de sus nakamas cruzaron la puerta siguiendo a Luffy y Franky, que abrían la marcha hacia la oscuridad del pasillo, y Zoro se rezagó un poco colocando en medio del lugar donde se deberían juntar las dos puertas ese fragmento de columna cortada.

– ¿Qué crees que estás haciendo Roronoa? – preguntó Robin con un tono muy amenazador.

– Colocar ésta piedra para que cuando volvamos, no encontremos las puertas cerradas y quedemos atrapados… ¿y desde cuándo me llamas Roronoa mujer? – contestó el peli verde con el ceño fruncido. Pero al girarse, encontró la cara de la peli negra a medio metro de su rostro. Y si eso no le sobresaltó, la cara de cabreo que tenía ella sí le preocupó un poco.

– ¿Y para eso tienes que destruir ruinas de un valor histórico incalculable delante de mis narices? – preguntó ella cabreada. Zoro tragó saliva y desvió la mirada.

– Creo que nuestras vidas son más importantes que unas piedras – contestó el peli verde mientras volvía a tragar saliva. Esas palabras en verdad le dolieron a Robin.

– Sabes lo importante que cada una de estas "piedras" es para mí, Roronoa – dijo ella, que se giró y se dispuso a alejarse de él y seguir a sus nakamas. La había decepcionado. Pero antes de que pudiera dar dos pasos, la mano del espadachín la agarró por la muñeca. Robin giró la cabeza para mirarlo, y éste rápidamente la soltó.

– Yo… etto… lo siento – murmuró el peli verde rechinando los dientes por el esfuerzo de disculparse con ella. Robin se tranquilizó y miró al peli verde con una medio sonrisa.

– De acuerdo, espadachín san, te perdono… pero me debes una ahora – contestó la morocha.

– De acuerdo – aceptó el peli verde, confiando en que el momento de devolverle el favor nunca llegara.

– Perfecto. Quiero que hagas algo ahora entonces. Quiero que me llames por mi nombre – dijo ella con un tono de voz provocativo. Zoro la miró mientras alejaba el cuello de ella y apretaba los dientes. Luego empezó a sudar a mares – Espadachín san… – amenazó ella sin perder la sonrisa.

– Me pides mucho – consiguió decir Zoro sin dejar de apretar los dientes. Robin se limitó a alzar una ceja, sin inmutarse – R… o… b… i… n – murmuró Zoro con pausas entre cada letra, como si decirlas le costara la vida.

– Perdón, ¿decías algo? No pude oírte – contestó la arqueóloga.

– Ro… bin – dijo de nuevo Zoro, rojo como un tomate. Pero como la arqueóloga seguía negando con la cabeza, dando a entender que no le oía, Zoro fue subiendo el tono – Ro…bin… Robin… ¡Robin! ¡ROOOBIIIIIIIIIIIIIIIIN! – berreó por último, al borde ya de que le reventara la cabeza por la vergüenza.

– ¿Chicos pasa algo? – gritó Luffy desde la distancia.

– ¿Qué le gritas a mi Robin chwan maldito marimo? ¡Te voy a matar! – decía Sanji, mientras era sujetado del cuello de su camisa negra por un Luffy que se estaba divirtiendo mucho, a juzgar por sus carcajadas.

– Eso está mejor, espadachín san – le felicitó ella mientras se alejaba contorneando las caderas.

– Maldita mujer… no deja de provocarme – rezongó Zoro, siguiéndola.

Después de caminar durante un rato, los Mugiwara comprobaron que el camino se inclinaba hacia abajo ligeramente. Unos minutos más tarde, en la lejanía del túnel, pudieron ver lo que parecía una luz. Luffy se adelantó a los demás y recorrió el último tramo del túnel a la carrera. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, se quedó sin palabras.

Se encontraban en el centro de una enorme, ciclópea, caverna, de aspecto cónico, que se encontraba iluminada por racimos de cristales de color azulado, que parecían casi hielo, y que brotaban del suelo, las paredes, y el techo. Las paredes de la caverna se inclinaban hacia dentro hasta que en el centro se conectaban unas con otras. Luffy estaba en una terraza con hierba de color verde en ella, que sumada a la luz, que casi parecía la que habría en un día de sol en el mundo exterior, le hacía sentir como si estuviera en fuera, y no en una cueva. Todo el lugar estaba salpicado de terrazas redondeadas con esa misma hierba, más elevadas en los extremos de la cueva y más bajas cuanto más se acercaban a su centro. La parte inferior estaba ocupada por cantarinos caminos de agua que recorrían el lugar, y en algunos puntos formaban cascadas. Y lo más raro, era que algunas de esas cascadas, en vez de ser descendentes, eran ascendentes, como si fueran corrientes marinas.

Las terrazas centrales tenían unas columnas desgastadas pero intactas, y la aguda vista del D le permitió ver lo que parecían ser una serie de estatuas dispersas por ellas, y varios montículos llenos de oro y joyas que provocaban destellos debido a la luz. Y justo en la terraza central, había una plataforma. En lo alto de ella, estaba el Poneglyph que iba a permitir que, pronto, Nami volviera a estar junto a él.

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Nami y Altazor siguieron caminando hacia el lugar donde debería estar el Sunny. La navegante no dejaba de estar sorprendida por el cambio de acontecimientos. De repente todo había dado un giro radical; los piratas que la habían capturado estaban muertos en su mayoría, había escapado, Altazor la estaba escoltando de regreso con sus nakamas, y las tropas del Gobierno estaba desembarcando en la isla con tres acorazados de gran tamaño, parecidos que los que la peli naranja había visto en la Buster Call hacía sólo unas semanas. Todo era una locura cada vez mayor, y encima estaba el asunto de la carta… Nami recordó las frases que había leído en la carta.

...

Código de autorización MRL 5475960. Calificación de la orden: Nivel Buster.

Mantened tapadera activa hasta que Altazor D Solaris haga contacto con Monkey D Luffy. Cuando hagan contacto, envíe aviso a Mariejoa. M.A. asumirá el mando de la operación.

Asegúrese de retenerlos hasta la llegada de M.A.

Conserve esta orden intacta y oculta.

Tres acorazados de la Fuerza de Asalto del Gorosei os seguirán siempre a una distancia prudencial.

La Justicia prevalecerá. Firmado: Segunda Oficina del Gorosei.

– Esa carta significaba para ti mucho más que para mí, ¿verdad? ¿A quién iba dirigida? – preguntó ella, pues quería saber la verdad de ese asunto. ¿Solaris era el apellido del peli plateado? ¿Por qué tenía una D en su nombre, igual que Luffy? ¿Qué lo relacionaba con su Luffy? ¿Qué era el Nivel Buster? ¿Quién era M.A? Todas esas preguntas, y algunas más rondaban la confundida cabeza de la peli naranja.

Altazor soltó un largo suspiro y, pese a la situación, se quedó parado mientras daba grandes bocanadas de aire, intentando mantenerse calmado.

– A Sadous… el camarote en el que entraste, era el suyo – respondió con sencillez.

– ¿Cómo puede un pirata trabajar directamente para el Gorosei? Es imposible – murmuró Nami. Altazor sonrió con tristeza.

– Conforme os hagáis más poderosos y viajéis por la Grand Line, descubriréis lo podrido que está este mundo. Cuanto más arriba, más podrido, siendo el extremo más absoluto el Gorosei, el máximo poder mundial desde el que cinco miserables genocidas juegan a ser dioses. Ese símbolo, como bien sabéis todos vosotros, es el del Gobierno Mundial. Si obtienen beneficio, ellos están dispuestos a colaborar con quien sea… pero dudo que Sadous sea un pirata, no usarían a alguien así para una misión aparentemente tan importante como es cazarme a mí y al hijo de Dragón – dijo Altazor mientras se ajustaba el peto protector que seguía llevando, y revisaba sus botas de metal. Después, reanudó la marcha mientras seguía hablando a Nami – Sadous es a todas luces un miembro del Cipher Pol, el servicio secreto del Gobierno. Cuando estábamos en la reunión, su cara cambió por un breve segundo, y miró justo hacia el lugar donde tenía su camarote. Me di cuenta al instante de que lo que tenía era miedo, y en seguida até cabos al sentir con mi Haki que ya no estabas en mi camarote. Me di cuenta de que a Sadous le preocupaba mucho algo, algo que tú podías descubrir en su camarote, o que ya habías descubierto… sobre todo sabiendo la fama de experta ladrona que tienes. Luego, sentí cómo unas cuantas personas se dirigían hacia ese camarote con intenciones asesinas, asique tuve que tomar una decisión. Decidí olvidarme de mi plan y salvar tu vida. Además, le había dado mi palabra a tu capitán de que te mantendría a salvo. Usé mi fruta para provocar una enorme explosión y mandar disparados hacia la proa a los dos oficiales y al capitán, que no pudieron reaccionar a tiempo a mi movimiento, y luego los encerré en una barrera triple de escudos láser para ganar tiempo… y el resto, ya lo conoces – Nami asintió, señalando que había comprendido todo.

– Hay una cosa que quería comentarte sobre Sadous… creo que él te ha engañado con su habilidad – empezó a decir Nami, que no supo si continuar. Altazor la lanzó una mirada extrañada y aminoró un poco el paso.

– Explícate, por favor – la animó él.

– Hace sólo una semana estuvimos en un barco llamado Thriller Bark. El capitán de ese barco era Gecko Moria, uno de los Ouka Shichibukai. Ese idiota tenía la Kage Kage no mi, la fruta de las sombras… y no existen dos Akuma no mi del mismo tipo, al menos que se sepa – explicó Nami. Altazor se detuvo mientras se rascaba el mentón pensativo.

– Le he visto usar sombras que adquieren materialidad y que brotan de su cuerpo para atrapar a sus compañeros cuando le molestaban, y también usar sombras afiladas en sus puntas para herir a otros piratas con los que nos cruzamos hace poco tiempo. O existe otra Akuma no mi parecida a esa que visteis de Moria… o su poder tiene otra explicación que desconocemos – concluyó el peli plateado. Nami estuvo de acuerdo, no había otra explicación. Los dos siguieron caminando y al rebasar una cuesta, se encontraron frente a frente con el lago en el que estaba el Sunny Go, iluminado por la luna.

– Parece un buen barco, me fijé en ello cuando me subí por la tarde. Me… me gustó – reconoció Altazor mientras se acercaban, como si le costara mucho esfuerzo decir que algo le gustara.

– Es el mejor barco del mundo – afirmó Nami, contenta de volver a ver a su nakama de madera – Tengo una idea para llegar más rápido hasta mis nakamas. Dentro del barco Franky, el que tenía tanga, guarda algunos vehículos de transporte, y Usopp, el de la nariz larga, tiene varios diales de viento aún sin usar – dijo Nami, que ya tenía una idea en su cabeza.

– ¿Dial de viento? – preguntó Altazor que parecía no entender.

– Lo vas a comprender en seguida… ¿con tu habilidad puedes juntar cosas y que se queden sujetas? – preguntó Nami.

– Sí. De hecho el escudo que puse antes era uno destructivo a propósito, para que si intentaban atacarte salieran heridos… pero puedo hacer escudos láser que no desintegren ni quemen, y puedo hacer cuerdas láser para atar cosas o gente – informó Altazor sin entender aún lo que planeaba la navegante.

– Vale, espera aquí – dijo ella mientras subía corriendo al barco anclado junto a la costa del lago. Durante algunos minutos, Altazor sólo escuchó golpes dentro del barco y mucho ajetreo, aunque casi toda su atención se centraba en vigilar los alrededores para no ser sorprendidos. Y por otra parte, también estaba planeando cómo hundir esos tres acorazados del Gobierno.

La compuerta lateral del Sunny se abrió y Nami sacó la cabeza por ella.

– ¡Échame una mano o te cargo de deudas! – gritó la peli naranja, que estaba empezando a confiar en Altazor. Altazor se acercó sin entender, y sacó sin ningún esfuerzo tres cosas. La primera era una especie de moto acuática de color rojo y blanco. La segunda eran dos turbinas de color plateado conectadas mediante una plataforma, y la tercera, era una especie de compartimento de color rojo en forma de huevo partido por la mitad a lo largo, con varios bancos en su interior y con capacidad para por lo menos cinco personas. Bajo la dirección de Nami, Altazor acopló el compartimento entre medias de las dos turbinas, unió la moto al compartimento mediante cuerdas láser, y aseguró todo para que no se separa usando los poderes de su Akuma no mi. Mientras tanto, Nami usó unos cables para conectar el motor de la moto a las turbinas, y luego colocó en dichas turbinas los diales de viento. Colocó varios diales más en la parte inferior de la plataforma, y el último lo colocó en el morro de la moto de agua. Luego, la navegante se subió al asiento de la moto y se puso una chaqueta de cuero negro ajustada, un casco y unas gafas de aviadora. Movió la palanca y puso en marcha el vehículo, haciendo que las dos turbinas se activaran. Altazor saltó a un lado, sorprendido, y comprobó como lo que la navegante había llamado diales eran en realidad motores de aire que convertían el improvisado vehículo en un aerodeslizador. Y por cómo rugía, debía ser tremendamente rápido.

– Ya veo lo que querías hacer – comprendió Altazor con una pequeña sonrisa. Rápidamente, esa sonrisa se transformó en una mayor y luego comenzó a reír, con una risa agradable muy distinta a su tono de voz habitualmente cauteloso – Joder, ¿todos sois así en vuestra banda? ¿O los hay más locos? – preguntó dejando de reír pero manteniendo la sonrisa. Nami sonrió también.

– Yo soy de las tranquilas – contestó Nami.

. – No encajaría bien en un barco así – reconoció Altazor mientras terminaba de revisar con la vista que sus cuerdas láser estaban bien atadas.

– Luffy te ha invitado a unirte, asique tú decides. Y creo que tenía razón, te has juntado con la gente que no debías pero en el fondo no eres una mala persona – afirmó Nami con seguridad. La navegante aún no confiaba totalmente en él aún, pero quería ser amable. Lo que no esperaba fue que él desviara la mirada y apretara los labios en una mueca que cualquier sabría interpretar como culpabilidad.

– Tu novio no sabe las cosas que he tenido que hacer… sólo sería un peligro para todos vosotros – contestó Altazor. Era la tercera vez que Nami tenía que escuchar de ese tipo que Luffy era su novio, y ya estaba harta. ¿En serio lo parecían Luffy y ella? Tampoco creía que fuese algo malo serlo, de hecho a veces la gustaría… ¿pero qué estaba pensando?

De pronto, Altazor giró ciento ochenta grados y extendió sus brazos hacia ambos costados.

– ¡Daburu Shīrudo! – (escudo doble) gritó, y dos pantallas azules se formaron en torno a ambos. Un instante después, decenas de sombras se estrellaron contra el escudo de la derecha agujereándolo, y cientos de cosas que parecían pequeños y afilados pinchos se estrellaron contra el escudo de la izquierda. Los dos ataques ofensivos y el defensivo se anularon, deshaciéndose y provocando una corriente de aire que obligó a Nami a agarrarse del manillar de la moto

– Buen Haki, Altazor – comentó una voz femenina. De detrás de una sombra salió Elia, la oficial rubia del barco pirata.

– ¿Sorprendidos, verdad? – añadió la voz masculina de Sadous. Nami y Altazor giraron el cuello y vieron como salía… ¡del agua del lago!

– Quien creía que era usuario no lo era, y la que creía que no era usuaria sí que lo era... enhorabuena, es la segunda vez que conseguís engañarme, activos del Chiper Pol. No habrá una tercera – escuchó Nami decir a Altazor, mientras veía como éste se preparaba para pelear – Nami, a lo mejor podría derrotarlos a los dos a la vez… aunque lo dudo. Pero pronto llegarán las tropas del Gobierno Mundial. Lo único que puedo hacer es ganar tiempo, ve a buscar a Luffy y los demás. Si queremos sobrevivir… – susurró Altazor.

– Tendremos que confiar los unos en los otros… ¿podrás resistir mucho tiempo? – completó la frase Nami. La pregunta la hizo sabiendo la respuesta.

– No lo creo. Lo rápido que llegues con tus nakamas es mi esperanza – Altazor saltó junto a ella y la entregó un pequeño trozo de papel. Nami comprobó que era la Vivre Card de Ace, y la cogió como si fuera un tesoro, ya que sabía lo importante que Ace era para Luffy, y ese papel era prácticamente una parte suya – Ésta es la Vivre Card de alguien muy poderoso, puedo sentirlo. Estaba en el mugiwara de tu capitán… cogí un trozo en previsión de que algo como esto ocurriera. Ve con ellos, y por favor, no hagáis que me arrepienta de confiar por primera vez en años en alguien – dijo por último, y Nami vio como se lanzaba a toda velocidad contra Sadous. La batalla acababa de empezar.

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Espero que la historia adaptada al mundo de One Piece de la Ilíada os haya gustado, y espero haberla adaptado bien. Por otro lado, ¡menudo giro que ha tenido la trama en éste capítulo! ¿No? Estamos llegando al ecuador de éste primer arco, y todavía nos quedan muchas sorpresas por conocer. Las preguntas que podáis estar haciéndoos se irán aclarando poco a poco. Y sí, Nami va con chupa (chaqueta) de cuero y gafas de aviadora... de motera, vamos. Estoy deseando escribir la parte del viaje en ese improvisado y potente vehículo.

Si alguien adivina quién es M.A., que me lo diga, a ver si alguno lo conseguís jejeje. Os daré una pequeña pista, es alguien muy conocido en el mundo de One Piece, tanto por los personajes como por nosotros los que seguimos la historia, y, lógicamente, es un enemigo. Al final fueron dos pistas ^^

Y una aclaración: parece claro que Sadous y Elia son miembros de un Chiper Pol, aún no sabemos de cual, por lo que sus recompensas de 90 y 120 millones respectivamente pierden totalmente su valor. Al igual que Oda, yo baso la recompensa en la peligrosidad, y aunque se relaciona levemente con la fuerza de aquél a quien se refiere, no es algo que defina exactamente dicha fuerza. Un enemigo con una recompensa de 500 millones que lleva 20 años saqueando y matando no tiene por qué ser más fuerte que uno de 200 millones que lleva un año con esa recompensa, lo que pasa es que es mayor porque lleva más tiempo activo y hace más maldades.

Sin más, me despido. El próximo capítulo tardará más tiempo, ya que mañana se vuelve a la rutina. Feliz semana a todos!