"Un Negocio Arriesgado"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Pareja: Edward Cullen/Bella Swan
Summary: Desesperada por sacar de la cárcel a su padre inocente, Bella acude al único con el suficiente poder para hacerlo: su multimillonario y arrogante jefe Edward Cullen, a quien jamás ha tratado. Para cobrar una herencia bastante importante, Edward necesita una esposa y la necesita ya. En un arrebato de desesperación, lo que surge como un negocio puede convertirse en el arreglo más peligroso de sus vidas.
Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! Aquí les traigo otro capítulo más de este fanfic que por alguna razón divina sigue fluyendo. Debo aclarar que aún cuando este capítulo salió antes de lo que esperaba, que los otros sean iguales y salgan al mismo tiempo será muy difícil, debido a la enorme carga de trabajo y escuela que tengo este semestre. Pero no se preocupen, que siempre que la inspiración llega a mí me dedico a escribir y aquí tienen uno de los resultados. A diferencia del capítulo pasado, hoy les traigo uno más largo y sobre todo entretenido que espero les guste.
Sin nada más que decir, me despido. Enjoy!
Capítulo 6°: Marcando Territorios
~Edward's POV~
Dos semanas después
Soltando un largo suspiro, apagué mi computadora portátil y me recargué en el respaldo de mi silla. A las seis de la tarde de ese viernes ya no había nada que hacer en el trabajo, y mucho por hacer en casa una vez que llegara.
Esa noche sería la cena anual de empresarios y accionistas de Seattle, el primer evento social al que asistiría con Bella como mi esposa. Se lo había dicho casi con una semana de anticipación, y aunque no había dicho nada ni mostrado la más mínima señal de estrés ante ello, sabía que estaba nerviosa.
Yo estaba nervioso.
A casi un mes de mi boda con Bella todo estaba fluyendo a la perfección, y todos mis allegados habían tragado el cuento completo de mi matrimonio. Cuando estábamos en público nos comportábamos como la pareja ideal que debíamos ser, mientras en casa las cosas estaban menos tensas que cuando habían empezado.
Desde aquella plática que habíamos tenido después de que ella preparara esa deliciosa cena, solíamos conversar más a menudo sobre nosotros y menos sobre los temas típicos como la herencia de Eleazar, nuestro falso matrimonio o los progresos de George con el caso de su padre; haciendo que la idea de vivir juntos ya no fuera tan extraña.
La convivencia cuando estábamos solos se había hecho más llevadera y por supuesto, a mí no me desagradaba del todo compartir las pláticas de mi día con mi falsa esposita. Sonreí al recordar la última frase que me había dicho esa noche que habíamos conversado.
Mi falsa y virgen esposita.
No había necesitado más para saberlo. De acuerdo a lo que había visto y experimentado yo mismo en su trato con los hombres en ese ámbito podía decir que era inexperta, pero no me había atrevido a asegurar que era virgen hasta el momento que ella misma lo había dicho. "Tuve algunas, pero ninguna lo suficientemente seria para mí. Digo, ni siquiera...lo que sea. Simplemente no fueron muy significativas"
De nuevo, no pude evitar sonreír al recordarlo. Como es que una mujer de veinticuatro años, tan guapa, inteligente y sobre todo deseable como Bella seguía virgen era un misterio; pero tampoco me sorprendía mucho.
Esa mujer era un estuche de sorpresas, sorpresas que cada vez me gustaban más.
Antes de poder pensar en algo más, el teléfono a mí lado sonó y descolgué aún sonriente.
-Dime Renesmee-
-Quería saber si no se le ofrecía nada más, señor- la voz suave de Renesmee sonaba alegre- Estoy a punto de irme-
-No Renesmee, gracias, puedes irt…- lo pensé mejor- De hecho, hay algo que puedes hacer y que necesito que hagas-
-¿Sí?-
-Llámale a tu mejor amiga cuando llegues a casa- sonreí al pensar en ella- Creo que lo necesita ahora-
Al otro lado de la línea, pude escuchar el gemido entrecortado por la sorpresa seguido de una risita algo cómplice. Renesmee era la que administraba todos mis eventos tantos sociales como personales, y sabía lo de la cena de ésta noche.
-Lo haré señor- otra risita- Buenas noches, y suerte-
Sin responder nada, solté una ligera risa también y colgué el teléfono mientras me levantaba. Era hora de irme a arreglar para la cena, y seguramente Bella ya estaba en casa haciendo precisamente eso y escogiendo el vestido que utilizaría esa noche.
Seguramente también se moría de nervios.
Con ese simple pensamiento en mente, sonreí divertido y me coloqué mi abrigo para salir de mi despacho.
Cuando entré al departamento y dejé mi maletín en la mesita del recibidor, Maggie se acercó para saludarme como de costumbre y tomó el abrigo que comenzaba a quitarme.
-Buenas noches, señor-
-Buenas noches, Maggie- comencé a deshacerme la corbata mientras caminaba hacia la sala- ¿La señora?-
-En su habitación, señor- dijo con una sonrisa- Se encuentra arreglándose para ésta noche-
Sonreí de vuelta. Johnson sabía que Bella tenía una habitación para ella sola, pero hasta ahora Bella había sido lo suficientemente precavida para dejar la cama perfectamente tendida para que nadie sospechara que dormía ahí todas las noches.
-Perfecto- sonreí aún más- Iré a buscarla ¿Arreglaste lo que llevaré ésta noche?-
-Sí señor- asintió con la cabeza- El traje negro, camisa blanca y corbata azul- dijo para asegurar que tenía todo y como única respuesta solo atiné a asentir.
-Gracias Maggie, puedes retirarte- dije mientras comenzaba a subir las escaleras- Es hora de buscar a la señora-
Con aquél simple susurro para mí mismo, subí las escaleras con prisa mientras caminaba por el pasillo de las habitaciones. Ignorando completamente la puerta de mi habitación caminé hasta el final del pasillo donde se encontraba la puerta de Bella y sin molestarme en tocar siquiera la abrí para entrar.
Y aquello fue el peor error que pude haber hecho jamás.
Saliendo del vestidor a mí derecha en ese preciso momento, con los zapatos de tacón que usaría esa noche y vestida solamente en ropa interior, Bella soltó un ligero gritito y me miró con sus ojos abiertos de par en par.
-Ed…Edward!-
No pude reaccionar. Quedándome completamente estático en mi lugar y sin poder moverme un solo centímetro, miré a la mujer que tenía frente a mí completamente sonrojada y mirando en todas direcciones buscando algo.
Aquella noche y para mi verdadero tormento Bella había decidido ponerse tal vez uno de los conjuntos de ropa interior más reveladores y sensuales que tenía en su guardarropa.
Y estaba deliciosa.
Ataviada solamente con un sostén sin tirantes y unas pequeñísimas braguitas de encaje en color violeta, y esos malditos tacones de muerte que hacían sus piernas interminables y condenadamente deliciosas, la miré como si no pudiera creer lo que tenía en frente mientras intentaba recobrar la cordura.
Maldición. Imaginaba que tenía un cuerpo espectacular, pero comprobarlo fue como una fuerte bofetada que me dejó sin aliento.
Sin poder evitarlo y como un reverendo depravado dejé vagar mi mirada por su cuerpo lentamente, sin importarme que lo notara y seguro de que lo haría.
Desde las pantorrillas estilizadas, los delgados y firmes muslos, la suave curva de su cadera cubierta por las bragas, la estrecha cintura y firme y plano vientre adornado por un coqueto ombligo en forma de gota, hasta sus perfectos pechos cubiertos por el sostén, esa mujer era sin duda una diosa convertida en mortal dispuesta a atormentarme de la manera más baja posible.
Con un demonio. Era perfecta.
Y por un instante, solo por un instante, la imaginé tumbada en la cama a su lado, completamente desnuda y jadeante debajo de mí, mientras la hacía mía y la miraba gritar de placer.
Perfecto, ahora quería violarla!
Serénate, Cullen! Me gritó mi conciencia con fuerza, y frustrado, tomé una larga bocanada de aire para tranquilizarme.
Finalmente y después de lo que parecieron minutos eternos, Bella alcanzó su bata de dormir y una vez que se la puso y la anudó a su cintura, subió la cabeza para dirigirme una mirada entre tímida y molesta.
Y finalmente yo salí de mi ensueño.
-¿No te enseñaron a tocar?- comenzó con voz algo chillona y las mejillas rojas, pero pude notar que estaba más avergonzada que enojada- ¿Qué pasa?-
Soltando todo el aire que había retenido en mis pulmones, meneé la cabeza y me obligué a serenarme para hablar.
-Lo siento, debí haberlo hecho- me encogí de hombros, recobrando la compostura- Venía a decirte que te pusieras el vestido azul- miré la cama en donde se encontraba extendido precisamente ese vestido- Pero creo que no era necesario hacerlo-
Frente a mí, con sus mejillas aún rojas y mordiendo su labio inferior, Bella bajó la mirada sin responder absolutamente nada y yo reprimí una maldición.
-Iré a arreglarme, te dejo para que continúes-
-De acuerdo-
Y con aquella simple respuesta, di media vuelta y salí de la habitación dando un ligero portazo. Una vez afuera y completamente solo en el pasillo, tomé otra larga bocanada de precioso aire y me llevé la mano a mi frente hirviendo mientras reprimía un gemido de frustración.
Intentando contener mis ganas de volver a entrar para admirarla de nuevo mientras se deshacía de su bata y terminaba de vestirse. Pero sabía que después de verla así, bastaría con cerrar los ojos para que la imagen de su cuerpo cubierto solo por ropa interior volviera a mi cabeza y me atormentara para siempre.
-Maldición-
Y con aquella simple exclamación, di media vuelta para caminar hasta mi cuarto con esa imagen grabada en mi mente.
~Bella's POV~
Quince minutos después y una vez que me puse el segundo zarcillo en la oreja, me miré de nuevo en el espejo de cuerpo completo y solté un largo suspiro mientras me inspeccionaba.
Para esa ocasión había elegido el vestido azul y con agrado me di cuenta que me quedaba a la perfección. Confeccionado en seda, sin manga en un hombro y por encima de las rodillas, el vestido tipo cocktail era sencillo pero sexy y bastante elegante a la vez. Había decidido recoger mi cabello en un moño algo despreocupado que dejaba caer mechones de cabello por mi cabeza, y como joyas unos simples zarcillos de diamante con una gargantilla de una sola piedra.
El vestido lo había complementado con unas sandalias Manolo Blahnik plateadas de tacón de aguja con cristales que me daban unos centímetros más de altura y un maquillaje en tono natural bastante sencillo.
Solté otro largo suspiro. Estaba lista.
Y ahora tendría que enfrentarme con la mirada profunda e inquisitiva de mi esposo, quien seguramente me esperaba abajo.
De nuevo y sin poder evitarlo, el recuerdo de lo que había pasado momentos atrás me atacó de golpe y sintiendo mis mejillas arder cerré los ojos y tomé una bocanada de aire. Aún recordaba su mirada profunda y oscura recorriéndome de arriba abajo, y sobre todo el calor que había sentido recorrer mi cuerpo mientras él me miraba, como si estuviera en llamas. Y sobre todo, aún recordaba el deseo que tenía de que sus manos hicieran lo mismo que hacían sus ojos, que sus manos me tocaran para sentir su piel sobre la mía. Tocándome. Acariciándome.
-Tonterías!- me recriminé a mi misma y abrí mis ojos- No seas tonta, Bella-
Tomé una larga bocanada de aire y meneando la cabeza para alejar esos pensamientos, me miré al espejo por última vez.
-Aquí vamos, Bella-
Sin mayor preámbulo, di media vuelta para tomar mi pequeñísima cartera a juego y salí de la habitación cerrando la puerta detrás de mí. Una vez al pie de la escalera, me di tiempo de tomar otra bocanada de aire y bajé lentamente los escalones hasta llegar a la planta baja donde Edward me esperaba sentado en el sofá de la sala, con su pierna cruzada y un vaso de brandy entre las manos.
Aguardé en el umbral.
Sintió mi presencia de manera inmediata, y volteando su rostro hacia mí abrió sus ojos de par en par al verme. Satisfecha, lo observé mirarme durante otros instantes que parecieron eternos mientras me estudiaba con mirada profunda. Con una media sonrisa, se levantó lentamente y dejó el vaso en la mesita a su lado para caminar hasta a mí mientras yo contenía el aliento.
Él también estaba arreglado.
Con aquél traje negro, corbata de un azul muy similar al color de mi vestido, camisa blanca y con su cabello peinado despreocupadamente, Edward se veía tan sexy que no pude evitar recorrerlo entero con mi mirada hasta que finalmente quedó frente a mí.
-Estás perfecta- dijo con una media sonrisa, claramente agradado ante lo que veía- ¿Nos vamos ya?-
Saliendo de mi ensueño y volviendo a la realidad, tomé una larga bocanada de aire mientras intentaba controlar mis nervios.
-Sí-
Como única respuesta Edward ensanchó aún más su sonrisa y me ofreció su brazo para caminar hacia las puertas del elevador.
Diez minutos más tarde y con las luces del Seattle nocturno entrando por nuestras ventanas, Edward conducía su Volvo por las calles del centro mientras yo miraba fuera de mi ventana y respiraba el aire de afuera para tranquilizarme. Por supuesto no habíamos mencionado nada del incidente en mi habitación y estaba segura que como él agradecíamos que así fuera.
Después de un camino en agradable silencio nos detuvimos frente a un semáforo y lo miré curiosa.
-¿Por qué manejas tú si tienes chóferes?-
A mí lado, un relajado Edward sonrió de medio lado sin dejar de mirar al frente.
-Me gusta mucho manejar- se encogió de hombros- Tengo chóferes pero ellos se encargan de otras cosas-
-Cómo de llevar a tu falsa esposa al trabajo- sonreí juguetona y Edward me devolvió una mirada traviesa mientras aceleraba.
-Por ejemplo-
-¿Cuándo vas a dejar que yo me lleve mi auto al trabajo?-
-¿No te gustan los chóferes?- Edward me miró con ceño fruncido- Si no te gustan puedo…-
-No, no es eso- meneé mi cabeza y sonreí divertida- Es que me gustaría volver a usar mi auto, Edward. Me gusta manejar también, y me gusta ser…- pensé la palabra- Independiente-
Ante esa simple palabra, Edward pareció entender a la perfección mi punto y me miró con una media sonrisa. Además mi auto era de excelente gusto y muy de acuerdo al "status" de Edward, después de todo tenía buen sueldo.
-Me agrada esa respuesta- Edward volvió su vista al frente sin perder la sonrisa- Pero me temo que tendremos que hablar de eso después-
-¿Por qué?-
-Porque ya llegamos-
Ante esa simple respuesta, mi corazón pareció detenerse y dejé de mirar a Edward para voltear a mirar de nuevo por la ventana del auto. Afuera, las luces de un extenso lobby me llenaron por completo mientras dos valet parking ataviados con elegante uniformes se acercaban a nuestro auto que ahora se había detenido.
Con algo de renuencia, me atreví a mirar más arriba para darme cuenta que estábamos en uno de los hoteles más caros y lujosos de la ciudad y que según tenía entendido contaba con infinidad de salones en los últimos pisos.
A mí lado, la mano de Edward sostuvo la mía y yo lo miré con aliento contenido.
-¿Nerviosa?-
Miré sus profundos ojos verdes y serenos y tomé una larga bocanada de aire para calmarme. Esa mirada me tranquilizaba.
-Algo-
-Lo harás increíble, Bella- me miró con ojos tranquilizadores- Eres una mujer segura e inteligente, además de hermosa. Estarás perfecta-
Y llevando mi mano a sus labios, plantó un suave beso en el dorso de mi mano sin dejar de mirarme y sin poder evitarlo contuve el aliento. Jamás me había dicho algo así, y eso aunado a su mirada intensa fue suficiente para infundirme el valor que necesitaba.
Y para arrancarme un escalofrío de emoción.
Antes de algo más, su puerta se abrió al mismo tiempo que la mía y con ayuda del valet salí del auto para esperar a que mi esposo llegara a mí lado mientras el auto emprendía su marcha al estacionamiento.
Una vez fuera en la cálida noche, miré el enorme hotel frente a mí hasta que Edward estuvo a mi lado y enganchó mi brazo al suyo.
-Bien, aquí vamos-
Y con esa simple frase por parte de Edward, comenzamos a caminar hacia las puertas del hotel. Era hora de la función.
~o~
Por supuesto y tal como había imaginado, el salón elegido para la cena quitaba el aliento.
Escondiendo mi sorpresa en una sonrisa y una faceta de seguridad mientras caminaba del brazo de Edward, miré el lugar en el que nos encontrábamos. Tan grande como el pent-house de Edward y ubicado en el último piso del hotel, el salón era el reflejo de la elegancia y el lujo que dominaba el ambiente de todos los presentes.
Bastante modernista, pintado en colores claros, y con un piso de madera clara, varias mesas con manteles blancos y sillas de excelente gusto se encontraban desperdigadas por todo el lugar mientras en la esquina más lejana una banda de jazz amenizaba el ambiente con música suave.
El techo se adornaba con un montón de molduras elegantes mientras un montón de arañas de cristal colgaban de él y alumbraban el salón. En las paredes, enormes ventanales sin cortinas dejaban apreciar la vista de la ciudad de Seattle mientras, a un lado de la banda, los ventanales más grandes daban a una terraza en donde a media luz se podía apreciar a unas cuantas parejas bailando al ritmo de la música.
Antes de poder seguir admirando algo más, un hombre y una mujer mayores pero muy elegantes nos miraron y comenzaron a acercarse a nosotros con rapidez.
-Bien- el susurro de Edward a mí lado me sacó de mis cavilaciones- Empezamos-
-Miren nada más! Pero si es Edward Cullen quien nos honra con su presencia!-
-Lo mismo digo, Benjamin-
El hombre de cabello negro y tez algo aceitunada llegó hasta nosotros y dándole un fuerte abrazo a Edward, me miró entre curioso y sorprendido y se alejó unos pasos.
-¿Y esta mujer tan hermosa? ¿No la presentas, Cullen?-
Sin poder evitarlo, mis mejillas se encendieron de inmediato ante el halago y miré a la pareja frente a mí sin saber que decir. A mí lado, Edward pasó su mano por mi cintura en un gesto algo posesivo y me miró unos instantes para volver a ver a Benjamin y la que parecía ser su mujer.
-Por supuesto. Benjamin, Tia, ella es Bella, mi esposa- me miró de nuevo- Amor, ellos son Benjamin y Tia, unos viejos amigos y socios míos desde hace tiempo-
Ante esa simple presentación, Benjamin y Tia me miraron atónitos durante unos segundos y saliendo de su ensueño poco después sonrieron de oreja a oreja para después abrazarme.
-Mucho gusto, querida- susurró Tia mientras me tomaba por los hombros- Esperábamos conocerte-
-Muchas gracias- me sonrojé más- El gusto es mío-
A partir de ese momento y como si hubiera llegado al salón una verdadera celebridad, un montón de personas de diferentes mesas comenzó a acercarse a nosotros mientras Edward me presentaba.
Como en una película extraña, fui presentada a infinidad de hombres y mujeres que estaba segura no recordaría jamás los nombres de todos. Desde familias amigas de los Cullen hasta hombres de la edad de Edward que no solo eran socios sino también amigos, todos parecían apreciar y respetar a Edward, y por consiguiente, hacían lo mismo con su nueva y radiante esposa a la que presentaba como si fuera la última mujer del planeta.
Por supuesto, yo solo podía quedarme sin palabras al conocer a tanta gente tan importante y reconocida en la sociedad londinense.
Algo agobiada pero sin perder jamás mi expresión de seguridad y faceta de mujer de mundo, conocí a los Volturi, una familia poseedora de una exportadora con quien Edward mantenía una relación de negocios muy fuerte y cuya hija, Jane, pareció odiarme al instante con una sola mirada.
No tardé mucho en descubrir que ella como muchas otras, no podían soportar que fuera la esposa del soltero más codiciado de Seattle.
Y sin poder evitarlo, un sentimiento de orgullo me llenó de inmediato al darme cuenta que, aunque fuera una farsa, frente a todos ellos Edward Cullen era mío.
Después de eso, fui presentada a un grupo de hombres jóvenes entre los que se encontraba Jacob, y una vez que saludé a Demetri, Felix y Corin Volturi finalmente Edward y yo pudimos alejarnos un poco hasta el ventanal abierto para tomar un poco de aire.
A mí lado, Edward tomó mi mano y me miró con ojos comprensivos.
-¿Estás bien?-
-Sí, estoy bien- sonreí y lo miré- Todos han sido muy amables. Bueno…- sonreí aún más al recordar a Jane- Casi todos-
Entendiendo perfectamente a quienes me refería, Edward solo atinó a entornar los ojos y soltar un bufido frustrado. Al parecer estaba acostumbrado a las mujeres que acababa de conocer y que de haber podido me habrían aniquilado con la mirada.
-No les hagas caso- se encogió de hombros sonriente- A mí por lo menos me ha traído muchas ventajas que tu estés aquí. A parte de las obvias-
Como única respuesta, solo atiné a soltar una carcajada que alivió por completo la poca tensión que me quedaba mientras Edward sonreía satisfecho. Tal vez ese era su cometido al alejarme de todos, y lo estaba logrando a la perfección.
-Me alegra ser de ayuda, Señor Cullen-
Frente a mí, Edward solo atinó a sonreír de medio lado mientras miraba a las pocas parejas de la terraza bailar y yo lo imitaba. La música era suave y las parejas bailaban lentamente, y sin poder evitarlo me vi tentada a ser yo la que estuviera ahí bailando. Me encantaba bailar.
Entonces Edward pareció tener una idea y se giró para mirarme, y sintiendo su mirada sobre mí lo miré de igual forma. Y antes de que pudiera decirme algo, una voz a mi espalda nos sacó de nuestro ensueño.
-Buenas noches-
La voz, suave, delicada y algo seductora me hizo girar para quedar frente a una guapísima y despampanante mujer pelirroja; y de manera casi inmediata Edward pasó su brazo por mi cintura y me atrajo a él.
Ataviada con un sexy vestido negro que le cubría solo la mitad de los muslos y con su cabello rizado suelto, parecía otra más de las mujeres que acabábamos de conocer con la única diferencia de que sus ojos centellaban más seguridad. Era sofisticada, guapa, sexy. De mundo.
Y por la mirada que le dirigía a Edward, parecía conocerlo muy bien. Bastante bien.
De manera casi inmediata supe quien era la mujer que teníamos enfrente, sonriéndonos ligeramente. El amarre de Edward alrededor de mi cintura se tensó un poco.
-Buenas noches, Victoria-
~Edward's POV~
Perfecto. Aquello no podía ser más perfecto.
Mientras pensaba aquello con evidente sarcasmo, miré a Victoria quien frente a nosotros, le dedicó a Bella una simple mirada para volver a mirarme con una sonrisa.
-¿No piensas presentarme, Edward?-
-Por supuesto- tomé aire para mirar a Bella- Cariño, ella es Victoria Black, hermana de Jacob- la miré a ella de nuevo- Victoria, ella es Bella Swan- sonreí- Mejor dicho, Bella Cullen, mi esposa-
Las últimas palabras salieron más fuertes que las demás, y mientras me dirigía una simple mirada algo burlona, Victoria se acercó a Bella para darle un simple beso en la mejilla y dirigirle una mirada suave.
-Mucho gusto, Bella-
A mi lado, Bella compuso una sonrisa suave y perfectamente sofisticada que me dejó algo sorprendido pero claramente satisfecho, y mirando a Victoria en su pose de esposa radiante y orgullosa me abrazó por la cintura. Y pude jurar que jamás esa pose le había salido tan bien como en aquél momento.
Una pose que más que mostrar orgullo, parecía mostrar a una mujer dispuesta a defender lo suyo.
Sin poder evitarlo sonreí algo arrogante aún más satisfecho y en aquél momento me sentí orgulloso de la mujer que había elegido como mi esposa. Aunque sea una farsa, me repitió mi conciencia por enésima vez.
-El gusto es mío, Victoria-
Suspiré por lo bajo.
-¿Qué haces aquí, Victoria?-
La pregunta me salió de los labios antes de que pudiera detenerme, y aún cuando intenté hacerla sonar casual, el tono de exasperación fue evidente. Aunque era parte de una de las familias más ricas de Seattle, Victoria jamás asistía a este tipo de eventos y jamás me había acompañado a ninguno cuando estábamos juntos, así que ahora estuviera ahí más que molestarme me confundía.
Y no pude evitar pensar que tal vez la razón por la que estaba ahí era nada más y nada menos para conocer a la mujer que tenía entre mis brazos en esos momentos. ¿O estaría alucinando?
Frente a nosotros, Victoria se encogió de hombros y sonrió aún más.
-Vine a acompañar a mi familia, además soy accionista minoritaria de los Volturi ¿Lo olvidaste?-
-No, por supuesto que no- contesté simplemente y pegué a Bella aún más a mí- Es solo que tú odias este tipo de eventos-
-La gente cambia, Edward- se encogió de hombros y miró a Bella- Además, esta noche no soy yo la de las sorpresas-
Ante aquella simple aseveración que todos entendimos a la perfección, Victoria se cruzó de brazos en un gesto totalmente sofisticado y sin perder esa sonrisa suave y modales amables miró de nuevo a Bella.
-Bueno, como creo que tal vez estoy interrumpiendo- miró la pista de baile y luego mi mano en la cintura de Bella- Los dejaré solos. Solo quería saludarte, Edward-
No contesté. ¿Qué rayos podía decirle a Victoria cuando tenía meses sin verla ni hablar con ella?
Durante unos largos segundos que parecieron eternos, los tres nos limitamos a quedarnos callados mientras por encima de mi camisa y debajo de mi saco sentía la mano de Bella tensarse un poco más sobre mí cintura. Al parecer no era el único incómodo.
-En serio es un placer conocerte, Bella- remató mientras nos miraba desde el umbral- Hasta luego-
Y así como había aparecido, desapareció por el umbral para dejarnos completamente solos de nuevo. A mí lado, Bella se alejó de mí un paso y sentí su mirada preocupada en mi rostro.
Era obvio que sabía que Victoria no era un tema del todo olvidado en mi vida, y saber eso me puso aún peor de lo que ya estaba.
-¿Edward?-
-Ven- la tomé de la mano y comencé a caminar- Vamos a bailar-
Y sin mirarla siquiera, la arrastré hasta la pista donde todas las parejas se encontraban bailando al ritmo de la música. Necesitaba aire fresco.
~o~
Dos horas más tarde y después de una deliciosa cena, varias botellas de champagne abiertas, pláticas amenas y risas sinceras, el primer evento social de mi "esposa" estaba yendo a la perfección.
Tal como lo había imaginado todos quedaron encantados con Bella y por supuesto había encajado a la perfección en el lugar, tanto que en poco tiempo se convirtió en el tema de todos los círculos en los que me veía inmerso solo para decirme que no podía haber encontrado una mujer más perfecta para mí.
Con su facilidad de palabra, su belleza, su seguridad, su simpatía, su inteligencia y sobre todo modales tan refinados, Bella causó revuelo entre todos mis socios, conocidos y amigos; quienes en poco tiempo comenzaron a decirme que era afortunado por tenerla a ella como mi esposa.
Eso, aunado a que interpretaba a la perfección su papel de esposa enamorada, terminó por ganar la confianza y aprobación de todos en un santiamén.
Y todo iba a la perfección excepto por un pequeño detalle.
Excepto por ella.
Excepto por esa mujer pelirroja que desde que nos había saludado no me había quitado los ojos de encima.
Desde simples miradas y guiños hasta encuentros "accidentales" en lugares alejados y lejos de la vista de todos, Victoria había hecho todo lo que estaba en su poder para atraer mi atención de cualquier manera posible; y en aquél momento más que confundirme comenzaba a frustrarme.
Conocía a Victoria como la palma de mi mano, y por supuesto, conocía todas sus técnicas de seducción en público pues las había llevado a cabo conmigo de todas las maneras y en todos los lugares posibles. Después de todo era lo que siempre hacía en este tipo de eventos para evitar aburrirnos, y después de un jueguito en público en donde solo buscaba aumentar mi expectación y frustración sexual, llegábamos a casa para hacer el amor toda la noche.
Y ahora, era precisamente lo que buscaba hacer con sus evidentes coqueteos que para este punto estaba seguro hasta Bella había notado.
Y yo por supuesto no podía sentirme más frustrado.
¿Pero qué rayos le pasaba a Victoria?
Desde que terminara conmigo hacía ya dos años, jamás se había comportado de la manera que se comportaba ahora, y para entonces estaba seguro que mi cabeza explotaría intentando averiguar el porque.
-¿Edward?- la voz de la señora Volturi me sacó de mis pensamientos- Edward!-
Y sin más remedio que dejar mis cavilaciones para otro momento, compuse una sonrisa encantadora para volver a escuchar a la parlanchina señora Volturi.
~Bella's POV~
Conteniendo una mueca de fastidio, miré la mesa de bebidas que tenía frente a mí y tomé una copa de champagne para llevármela a la boca.
Habían pasado tres horas desde que mi "prueba de fuego" había empezado y contrario a todo lo que había pensado, ahora no podía estar más satisfecha conmigo misma. Había descubierto que hablar, socializar y sobre todo encajar con este tipo de personas no era tan difícil como creía, y para entonces, me sentía bastante relajada e incluso cómoda en aquél lugar.
Excepto cuando presenciaba el evidente coqueteo entre mi falso esposo y su dichosa ex prometida, que para entonces comenzaba a ser tan intenso que estaba segura no era la única que lo notaba.
Sin poder evitarlo, solté un suspiro por enésima vez en pocos minutos y tomé otro sorbo de mi champagne.
No te incumbe, Bella. Me espetó mi conciencia de nuevo y tuve que darle la razón. Edward y yo en realidad no éramos nada, y lo que hubiera o no entre Victoria y él era algo en lo que no pensaba meterme.
Mientras no fuera muy obvio no tenía porque importarme. ¿Cierto?
Antes de tomar otro sorbo de mi copa, la suave voz de Demetri Volturi me sacó de mi ensueño mientras tomaba una copa a mí lado.
-Hola, Bella. ¿Te molesta si te acompaño con una copa?-
-No, claro que no- sonreí- De hecho algo de compañía me haría bien-
-Perfecto- sonrió aún más y pude ver sus perfectos dientes- Salud, entonces-
-Salud-
Con una sonrisa amable, chocamos nuestras copas y tomamos un sorbo mientras mirábamos en dirección a las mesas. Edward no estaba por ningún lado.
-Entonces, Bella…- la voz de Demetri me sacó de mis cavilaciones- ¿Trabajas para Empresas Cullen?-
-Así es- me sonrojé como cada vez que hablaba del tema- Soy jefa del departamento de Finanzas-
-Debe ser muy extraño para ti…- sonrió aún más- Todo esto-
Sin poder evitarlo, lo miré y compuse una sonrisa suave y sobre todo agradecida. Rubio, de ojos castaños brillantes y sonrisa impresionante, Demetri era uno de los hombres más guapos que había conocido en mi vida, aparte de cierto ojiverde de cabello broncíneo que en esos momentos estaba muy ocupado con los coqueteos de su ex prometida.
-Un poco, pero no importa- me encogí de hombros y miré al frente- Todos han sido muy agradables- y para no fallar mi papel de esposa enamorada, añadí- Y lo hago por Edward-
De nuevo miré a Demetri para darme cuenta que no había dejado de verme y me ofrecía una sincera sonrisa.
-Pues debo decir que Edward es un hombre afortunado, señora Cullen-
Sin saber que responder, me limité a mirarlo mientras sentía mis mejillas arder y tomé otro trago de mi copa con una sonrisa. Y en ese momento, una voz que conocía perfectamente bien se escuchó suave a mi espalda y me tensé de inmediato.
-Con que aquí estabas-
En un abrir y cerrar de ojos estuvo a mí lado y de nuevo sentí su brazo amarrar mi cintura para pegarme a él en un gesto posesivo que no pasó desapercibido para Demetri y mucho menos para mí.
-Te estaba buscando- dijo en un susurro sin dejar de mirarme, y yo solo atiné a abrir mi boca sin saber qué rayos decir. ¿Por qué se sentía tanta tensión en el ambiente?
-Creo que fue mi culpa, Edward- Demetri sonrió y miró a Edward con ojos tranquilos- Lo siento-
-Puedo verlo, Demetri- contestó en un tono que pude darme cuenta escondía un ligero tinte de fastidio.
Entonces me di cuenta que estaba algo enfadado. Enfadado de que estuviera ahí sola con Demetri. Sin poder evitarlo, fruncí el ceño.
¿Entonces, él podía coquetear lo que quisiera con su ex y yo no podía conversar con alguien?
Eso era bastante injusto.
-Si me disculpas, te robaré a mí esposa unos momentos- dijo simplemente, mirándome severo- Con permiso, Demetri-
Y con aquella simple explicación, dio media vuelta conmigo entre sus brazos para caminar en dirección opuesta.
Y entre pláticas, copas y risas, pasó otra larga hora.
Después del evidente ataque de testosterona por parte de mi falso marido frente a Demetri, la situación para esos momentos entre Edward y yo eran tan tensa y diferente a cómo habíamos llegado que para entonces resultaba algo cómica.
Y yo por supuesto aprovechaba la situación.
Aprovechando que esa noche yo era el blanco de todas las conversaciones y el centro de atención en todos los círculos había pasado de un lugar a otro por el salón mientras conversaba con todos, dispuesta a olvidarme de los coqueteos entre Victoria y Edward y logrando por supuesto que la atención de mi esposito pasara de su ex prometida para centrarse en mí.
Si esa era la única manera de lograr que dejara de mirarla, eso es lo que haría. Y lo estaba disfrutando a lo grande.
Por supuesto, Edward había comenzado a comportarse como el esposo celoso y posesivo que por supuesto sería si aquello no fuera una farsa, y como el gran magnate imponente, arrogante y acostumbrado a hacer su voluntad, hacía todo en su poder para dejar en claro que era su esposa.
Pero yo no estaba dispuesta a ceder en sus absurdos berrinches.
Aunque sabía que regresando a casa, tendría que enfrentarme al enojo del imponente Edward Cullen.
No me importaba en lo más mínimo.
Y una hora después, llegó mi gran oportunidad para demostrarle que no era un objeto que podía manejar a su antojo.
En la pista de baile de la terraza la música que se escuchaba era algo más animada y divertida, y parada con mi copa de champagne a un lado de Edward, Jacob, los Volturi y otros más, miraba a las parejas bailar mientras me movía lentamente al ritmo de la canción.
Tenía unas enormes ganas de bailar.
A mí lado y como si me hubiera escuchado, Demetri Volturi apareció de nuevo y me miró sonriente.
-¿Te gustaría bailar, Bella?-
Sin poder evitarlo abrí mis ojos de par en par y lo miré sorprendida. A mí lado pude sentir a Edward tensarse mientras dejaba de conversar con Jacob y no tuve que voltear a verlo para saber que ahora su atención estaba en nosotros.
-¿A mí?-
-Sí, bueno…- se encogió de hombros y sonrió encantador- Llevas buen rato mirando la pista y no has parado de moverte-
Me sonrojé con fuerza unos instantes al darme cuenta que lo había notado y resistí el impulso de mirar a Edward mientras pensaba en lo que Demetri acababa de proponerme. Y entonces, con la mirada intensa de Edward sobre nosotros y Demetri aguardando mi respuesta, sonreí serena y tomé la mano que me ofrecía.
-Me encantaría-
Solo entonces volteé a mirar a mi "marido" quien, con la copa de champagne a punto de quebrarse en el amarre de su mano y con sus ojos abiertos de par en par me miraba con los ojos echando chispas.
-No te importa ¿Verdad cariño?-
Y sin siquiera escuchar respuesta, lo dejé con la palabra en la boca mientras me veía arrastrada a la pista de baile sintiendo la intensa mirada de los ojos verdes detrás de mí.
~Edward's POV~
Sintiendo la sangre hervir en mis venas, miré a la pareja que bailaba a unos metros de mí y tomé una larga bocanada de aire. De pronto me había faltado el aire a pesar de que estábamos al aire libre, y si no hacía eso estaba seguro que explotaría en cualquier instante.
¿Qué rayos creía que estaba haciendo esa mujer?
-Pero que rayos…-
A mí lado, Jacob carraspeó ligeramente y me miró con ojos llenos de advertencia.
-Tranquilo, Edward- dijo sereno mientras miraba en la misma dirección que yo -Déjala bailar. No está haciendo nada malo-
Tensé mi mano aún más sobre mi copa de champagne mientras me la bebía de un solo sorbo y seguía mirando a la pareja frente a mí. Con una gracia y delicadeza increíbles, Bella se movía suavemente al ritmo de la canción mientras Demetri la hacía girar en la pista y la pegaba a él solo lo necesario, no como acostumbraba hacer con todas las demás.
Era obvio el porqué.
Y sin embargo me resultaba casi insoportable verlo.
-¿Que no está haciendo nada malo?- gruñí entre dientes -Pero si está…- cerré mi mano en un puño y tomé aire de nuevo- Coqueteando con el imbécil de Volturi!-
-No está coqueteando, está bailando- dijo con un tono de burla y estuve seguro que entornó los ojos -Además, no creo que puedas reclamarle mucho, tu tampoco has sido un santo ésta noche-
Lo miré de manera fulminante. Sabía a qué se refería, después de todo había estado presente en todas las ocasiones que Victoria me miraba esa noche, y había visto la manera en la que lo hacía.
-Sabes bien que tu hermana fue la que se comportó extraño-
-De todas maneras no hiciste nada por detenerla- se encogió de hombros y tomó de su copa -Así que no creo que tengas derecho a decirle nada a Bella-
-Es mi esposa-
Fui completamente consciente del tono posesivo con el que dije aquello, y sin importarme lo que pudiera pensar miré a Jacob mientras terminaba mi copa y la dejaba en la barra detrás de mí.
-Falsa esposa, Edward. Recuérdalo bien-
-Da igual, no voy a permitir que nos exponga de ninguna manera- y mirándola de nuevo, comencé a caminar lentamente en su dirección -Esa mujer me va a escuchar-
-Edward!- escuché el llamado de Jacob a mis espaldas- Con un demonio…- caminó detrás de mí hasta quedar a mi altura -¿Realmente crees que puedes reclamarle como si fuera de tu propiedad? No puedes hacer eso-
-Obsérvame-
Y con aquella simple aseveración atravesé la pista con paso rápido hasta quedar frente a la pareja que dejó de bailar en cuanto la canción acabó. Por supuesto, las miradas de ambos se posaron en mí y los ojos de Bella se abrieron de par en par.
-Ed…Edward-
-Demetri ¿Te molesta si te robo a mi esposa por unos momentos? Quiero bailar con ella la siguiente pieza-
Sin darle tiempo a contestar, tomé a mi "esposa" por la cintura para pegarla a mí con tanta fuerza que pude sentir sus curvas contra mi cuerpo por encima de la tela, y mirándome con ojos desorbitados Bella contuvo el aliento.
-Toda tuya, Edward- Demetri sonrió con gracia- Con permiso-
Con un simple asentimiento de cabeza, Demetri desapareció de nuestra vista hasta que Bella y yo estuvimos solos en el centro de la pista. Sin soltarla en ningún instante y consciente de su cuerpo pegado al mío de manera casi descarada, comencé a balancearme lentamente al ritmo de una nueva canción hasta que Bella colocó su mano izquierda en mi hombro y su mano derecha tomo la mía para comenzar a bailar.
Maldición, que bien se sentía tenerla en mis brazos.
Sin mirarme, Bella dejó que la guiara por la pista e incapaz de contenerme por un segundo más, tensé el amarre en su cintura y la obligué a mirarme.
-Tenemos que hablar-
Parpadeó repetidamente, fingiendo total inocencia.
-No sé de qué-
-Claro que lo sabes-
-No, no lo sé- se encogió de hombros despreocupada -Como sea, no creo que este sea el lugar indicado para hablar- le sonrió encantadoramente a una pareja que bailaba -La gente nos mira-
Sin poder evitarlo, torcí mi boca en una mueca irónica y solté un ligero sonido de burla. Ahora le preocupaba la gente! Bien, Bella, lo pondría todo mucho más sencillo entonces.
-¿Te preocupa que nos miren? Perfecto- la tomé de la mano para comenzar a caminar fuera de la pista- Vamos-
Y sin darle tiempo a reaccionar la arrastré fuera de la pista para entrar al salón en donde todos los invitados se encontraban muy ocupados charlando en sus círculos para fijarse en nosotros. Detrás de mí y siguiéndome a traspiés mientras mi mano aferraba la suya con fuerza, Bella comenzó a susurrar entre dientes desesperada.
-Edward!- me llamó escandalizada -¿Qué haces?-
Con un simple gruñido que le indicaba que se quedara callada, seguí caminando por el salón hasta llegar a una zona completamente alejada y lejos de la vista de los demás. Necesitaba un lugar para hablar a solas con ella, y no iba a descansar hasta encontrarlo y decirle unas cuantas verdades.
-Edward!- volvió a chillar escandalizada, intentando zafarse de mi amarre- Edward!-
En una esquina alejada, entré a un largo pasillo que llegaba a los baños y seguí caminando hasta detenerme al final del mismo, donde la luz era escasa y un muro nos cubría perfectamente de los curiosos. Completamente solos, alejados y a oscuras en ese lugar, jalé a Bella hasta dejarla pegada a la pared frente a mí y sus enormes ojos café me miraron abiertos de par en par.
-Edward!-
Sin darle tiempo a nada más y creyendo que explotaría en cualquier momento, coloqué mis manos a cada lado de su cabeza y me pegué a ella tanto que nuestros cuerpo se rozaron por encima de la tela.
El contacto me hizo contener una maldición de mero placer y pude sentir el ligero escalofrío que recorrió su piel al sentirme tan cerca.
-¿Se puede saber qué crees que estás haciendo?-
Pregunté entre dientes claramente frustrado, y como si quisiera burlarse de mí o frustrarme aún más, Bella solo atinó a encogerse de hombros completamente inmune a mi evidente enojo y me miró serena.
-¿Yo? Pues estaba bailando con tu amigo hasta que llegaste a interrumpirnos- ladeó la cabeza- Hasta donde sé, no es ningún delito-
Aquella simple respuesta solo pude atinar a soltar un gruñido y acercarme aún más a ella, dejando mi rostro a escasos centímetros de los suyos mientras paseaba mi mirada por su rostro, guiado por una atracción tan fuerte que no entendía y no podía controlar.
Era una atracción intensa. Que rayaba en la desesperación. Casi animal. Y saber qué llevaba debajo de aquél vestido no estaba ayudando para nada.
Sin poder evitarlo, la imagen de ella vestida en ropa interior y tacones llegó a mi mente y reprimí una maldición al darme cuenta de lo cerca que estábamos.
-No juegues conmigo Bella- susurré lentamente- Tal vez deba recordarte que aún cuando sea una mentira, eres mi esposa- dije las últimas dos palabras entre dientes -Y me gustaría que te comportaras como tal-
-Discúlpame Edward- no se inmutó ni bajó la mirada -Pero no soy yo la que se la ha pasado coqueteando con su ex durante toda la noche-
Tenía que admitir que no esperaba aquella respuesta, y con evidente sorpresa la miré con ojos abiertos de par en par.
-¿Lo dices por Victoria?- fruncí el ceño -Pero si yo no…-
-Sinceramente no me importa, Edward- me cortó-Lo que haya entre ustedes dos no es mi problema-
Aquello fue suficiente. Esa mujer en serio se estaba empeñando en sacarme de quicio, y para entonces callarla se había convertido en mi meta principal. Y el método perfecto para hacerlo llegó a mi cabeza en un instante.
-Pero no puedes exigirme que te respete si no he hecho nada malo, y mucho menos cuando tu…-
No la dejé terminar.
Sin darle tiempo a reaccionar, pegué mis labios a los míos en un beso tan fuerte e intenso que me quitó el aliento y a ella la hizo contener la respiración. Sin importarme nada ni nadie, pegué mi cuerpo al suyo hasta aplastarla contra la pared, y como simple respuesta ella soltó un suave quejido que me hizo perder la razón.
Maldición. Sabía delicioso.
Completamente desesperado, tomé sus manos entre una de las mías y las coloqué encima de su cabeza para impedirle moverse, y el contacto de sus senos contra mi pecho fue tan alucinante que nos sacó un ligero gemido a ambos.
La besé con fuerza, con rabia, con desesperación; sin aceptar negativas, sin esperar respuesta. Mis labios moviéndose sobre los suyos de manera desesperada, y cuando se pegó más a mí y soltó un gemido de agrado, supe que había ganado la batalla.
Entonces cedió por completo y se perdió en mis brazos.
Con algo de desesperación, ella comenzó a responderme al beso de la misma forma, sus labios moviéndose junto a los míos hasta que encontraron el ritmo perfecto y se amoldaron en perfecta sintonía. Comenzó a moverse aún pegad a mi cuerpo, restregándose ligeramente contra mí y volviéndome loco al sentir la suave curva de su cadera pegarse a la mía. Entre mi mano, movió sus muñecas desesperada por zafarse y entonces la solté de mi amarre para que sus manos quedaran libres.
Y no perdió ningún segundo. Correspondiendo con la misma fuerza y casi desesperación, sus manos fueron a parar a mi nuca para acariciar mi cabello, desordenándolo por completo entre sus dedos mientras mis manos se anclaban a su cintura y acariciaban ligeramente.
Y entonces llevé mis manos a acariciarla.
Un poco, solo un poco por encima de la tela. Desde la poca piel al inicio de su muslo que quedaba al descubierto por el tajo, pasando por sus caderas y su cintura, mis manos acariciaron su cuerpo mientras lo exploraba y reconocía.
Tocando lo suficiente para satisfacer mi curiosidad y mi desesperación pero no más de lo debido para no ponernos en peligro.
Para no hacer algo estúpido.
Finalmente y después de varios segundos de locura, ambos parecimos reaccionar. Rompí el beso lentamente, y con mi cuerpo aún aplastando el suyo, nuestras respiraciones ajetreadas y nuestros labios a escasos centímetros, bajé la mirada para encontrarme con la suya completamente perdida y confusa.
Finalmente y con nuestros pechos aún subiendo y bajando agitados, encontré la manera de hablar.
-Esto es para que te quede claro que aun cuando sea una farsa, eres mi esposa- tomé aire sin dejar de mirarla- Y que frente a todos, tu eres mía, Bella- respiré sobre su boca- ¿Entendido?-
Como única respuesta, Bella atinó a asentir ligeramente con sus ojos desorbitados y expresión algo vacía y tragó con fuerza.
Entonces supe que era momento de dejarla ir. Casi a regañadientes me alejé de ella para dejarla normalizar su respiración mientras me miraba estática en su lugar, aún pegada a la pared. Y sin darle tiempo a decir algo, la tomé de la mano para salir de ese lugar mientras pensaba en lo que acababa de hacer.
¿Qué rayos había sido eso?
~Bella's POV~
Pasaba de la medianoche cuando salimos de las puertas del ascensor y entramos al pent-house de Edward. Solo la luz del vestíbulo se encontraba encendida, y no había señales de Johnson por ningún lado.
Estábamos solos.
Aquello me puso un poco nerviosa e incapaz de estar muy cerca de Edward en esos momentos, comencé a caminar hacia la sala mientras él me seguía. Soltando un largo suspiro de cansancio, me quité los altos tacones de aguja y una vez fuera de ellos respiré aliviada.
-¿Cansada?-
La pregunta de Edward detrás de mí, hecha en un susurro algo preocupado, me hizo estremecerme ligeramente y finalmente tuve las agallas para dar media vuelta y mirarlo. Sus ojos verdes me miraron profundamente, y el color jade se había convertido en esmeralda en aquella oscuridad que nos embargaba.
Tragué nerviosa.
-Un poco, sí-
Después de aquél casi irreal episodio en el pasillo a un lado de los baños no habíamos intercambiado más de diez oraciones entre nosotros, y ahora con unas cuantas copas de más estaba segura que podría decir algo de lo que me arrepentiría.
El ambiente entre nosotros se había aligerado un poco gracias al alcohol, y habíamos logrado continuar en la fiesta con algo menos de tensión e incluso con algo de risas. Sin embargo, no podía evitar sentirme muy nerviosa al estar junto a él, mucho más cuando estábamos solos.
El recuerdo del beso aún volvía a mi memoria, sacándome escalofríos.
Frente a mí, Edward sonrió de medio lado y apuntó las escaleras con su cabeza.
-Será mejor que vayamos a dormir ahora-
-De acuerdo-
Subimos las escaleras en completo silencio, con mis sentidos algo ofuscados y mi corazón latiendo con fuerza en el trayecto. Con una sonrisa ligera en nuestros rostros, Edward y yo caminamos por el pasillo hasta llegar a la puerta de mi habitación, y una vez ahí, nos detuvimos frente a ella para mirarnos cara a cara.
Aún sonrientes y algo felices por el alcohol, nos miramos largo rato sin decir nada. El ambiente pareció cargarse de nuevo, y estaba segura que podríamos estar horas ahí mientras nos debatíamos que hacer.
En algún momento estuvimos bastante cerca, lo suficiente para que él se inclinara un poco y rozara mi cabeza con su barbilla, y nada pasó.
Entonces, con una sonrisa aún en mi rostro y en un ataque de valentía, me puse de puntitas para plantarle un suave beso en la mejilla.
-Gracias por cuidarme en la fiesta, Edward, me divertí- sonreí alegre- Y por toda mi ropa, es increíble-
No contestó. Se limitó a mirarme con sorpresa para después parpadear repetidamente y yo solo sonreí aún más.
-Buenas noches, Edward-
Y con aquella última despedida, abrí mi puerta sin dejar de sonreírle y entré mientras él me miraba estático desde su lugar.
-Buenas noches, Bella-
Fue lo único que alcancé a escuchar de sus labios antes de cerrar mi puerta y recargarme contra ella, para soltar un largo suspiro de alivio.
¿Qué tal? ¿Qué les pareció nuestro querido Edward y su evidente instinto de posesión? ¿Y Victoria? ¿Resultó tan odiosa como esperábamos?
Antes de irme, quiero agradecer a aquellos que me dejan reviews y decirles que me ayudan mucho a seguir escribiendo! Hoy con las prisas no puedo detenerme a nombrarlos pero saben quienes son :).
Lamento decirles que hoy no hay avance del siguiente capítulo y que probablemente me tarde más en publicarlo (ya que aún no hay nada escrito), pero puedo asegurarles que será igual o más intenso que este ;). Y con esa promesa me despido por hoy mis queridos lectores!
