Un Vago descubrimiento.

El callejón Diagon estaba desolado, muchas de las tiendas que lo animaban estaban vacías, cada día salía en el profeta que alguno de los propietarios habían sido secuestrados, andar por esas calles con el súbito silencio, temerosos de algún ataque mortífago era desesperanzador. Los ánimos estaban cabizbajos y los colores propios del ambiente de aquel lugar estaban apagados excepto por la tienda de broma de los hermanos Weasley.

Esa tarde de sábado habían ido hasta allá a comprar el contenido de la lista de útiles para su nuevo año de estudio, mientras Sam y Vely compraban sus libros en Floruish & Blotts los demás habían ido a visitar la tienda de bromas de Fred y George, por uno de los ventanales de la tienda la rizada vio los zapatos del trío que salían de la capa de invisibilidad, y mientras la castaña escogía un montón de libros que jamás iba a leer la ojimiel se dispuso a salir y seguirlos, alejada de estos para que no notaran su presencia se fijó en que lo que seguían con tanta discreción era a Malfoy entrando a Borgin & Burkes, que hacía él ahí y sin que querer ser visto fue lo que llamó la atención del cuarteto que lo seguía; Malfoy llevaba unos minutos adentro cuando Vely pasó por delante del trío adentrándose en la tienda, necesitaba por encima de todo averiguar que hacía su primo allí, iba tan elegantemente vestida como la primera vez que Harry la vio, aparentando más edad y viéndose totalmente diferente de la joven que era, pasó haciendo sonar la campanilla.

–¿Conoces a Fenrir Greyback? Es un amigo de la familia pasará a visitarte pronto para asegurarse que le estés dedicando toda la atención a este problema—.

Le decía Malfoy a Borgin mientras Valeria entraba a la tienda llamando la atención de los que ahí estaban. Draco vio a la mujer de arriba a abajo e hizo una mueca de incomodidad, sin embargo sentía que no podía retirar la mirada de ella.

–Buenas tardes señorita Crawford ¿Qué se le ofrece?— preguntó nervioso el hombre, y Draco sintió un vuelco ante esos ojos miel que lo penetraban.

–Tranquilo Borgin, continúa, sólo vine a ver que se me antoja—.

La rizada volteó a ver de reojo unos cráneos encogidos y unos frascos con pociones negras bañadas en polvo, mientras el rubio que había desviado la vista a verla volvió a ver amenazadoramente a Borgin.

—No habrá necesidad señor— dijo retomando la conversación. –¿Quizá quiera llevarlo ahora?—.

—No, por supuesto que no hombre estúpido, ¿Cómo voy a llevar eso por la calle? sólo abstente de venderlo— siseó el rubio, tratando de ignorar a la chica.

—Eso sería algo difícil sería una maravillosa adquisición— afirmó Vely acercándose al rubio y viendo que el objeto más próximo a ellos era un collar, y obviando el armario que reposaba al lado de estos.

—Es un regalo para mi madre— sentenció el ojigris mirándola con recelo y sintiendo en su nariz el aroma que desprendía la chica y le era familiar.

–No debes apreciarla mucho—.

Se separó de ellos y dio una vuelta para ver a su alrededor.

–Ya que es bien conocido que ese collar tiene una maldición. Borgin como se ve que este negocio decae cada vez más, sigo viendo la misma basura de siempre, a acepción claro—.

Miró nuevamente el objeto de conversación.

–Permiso, hasta luego— se despidió haciendo un gesto aristócrata y se marchó, al salir de la tienda hizo una ligera seña al trío que continuaba bajo la capa.

La chica caminó elegantemente hasta salir del Callejón Nocturno y llegar nuevamente a Floruish & Blotts, donde su hermana tenía una discusión armada con el vendedor el cual tenía un libro en la mano y aún así le aseguraba que los dientes de murciélago en conjunto con el veneno de acromántula la harían crecer un poco más, algo que obviamente estaba totalmente fuera de juicio, el trío después de cerciorarse de que Draco saliera de la tienda con las manos vacías alcanzó a la rizada en la tienda quitándose la capa de encima y la vieron con mirada inquisitoria, Harry se acercó lentamente a ella, la tomó suavemente por un brazo y se apartaron unos metros de Ron y Hermione.

—¿Cómo supiste que estábamos ahí?— preguntó Harry casi en un susurro.

—Soy lo bastante observadora, sus pies no me pasaron desapercibidos por debajo de la capa, ya les queda un poco pequeña— contestó secamente la rizada mirando a Ron y Mione que los veían con recelo.

—¿Qué fue lo que viste ahí adentro, qué era lo que quería Malfoy?—.

Siguió Harry con el interrogatorio, al escuchar esto la castaña y el ojiazul se acercaron rápidamente a ellos, necesitaban saber esa respuesta.

–Lo que ustedes escucharon un regalo para su madre, un collar, tal vez otra cosa se le daño y quiere repararlo— aseguró cortante mientras los dejaba ahí parados y se adentraba nuevamente a la tienda de libros.

Se disculpó pagó sus nuevos libros de estudio, tomó a Samantha con fuerza por un brazo y la sacó a rastras de la tienda.

–Me tienes harta con tu comportamiento estúpido, estoy cansada de tener que lidiar con tus imprudencias— le reprochó Vely malgeniada a Sam mientras en sus ojos vislumbraba un haz de odio.

Los ojos de la castaña empezaban a cristalizarse mientras el trío las veía con asombro sin a atreverse a pronunciar palabra o siquiera a interrumpirlas. De alguna forma Valeria se había acostumbrado a tratarla con indiferencia y maleficencia, como le enseñó su madre, pero con pequeños y raros gestos siempre le demostró su cariño a esa alocada que la hacía reír de vez en cuando con sus tonterías, pero más allá de esos pequeños momentos donde la sentía como su hermana, la veía como un estorbo, la actitud de la ojiverde la sacaba de quicio, no entendía como podía ser siempre tan infantil e inmadura, como podía tomar todo lo que la rodeaba y transfigurarlo en algo sin sentido, sin pies ni cabeza, como si la vida sólo fuera un juego y no importara más nada en lo absoluto.

Lo que Valeria no entendía es que en la mente y ser de su pequeña hermana esa era la manera más fácil de salir de su cruda realidad, de olvidar todo el mal, los maltratos y la indiferencia que la rodeaba, sumergida en un mundo de fantasías de donde sólo ella era la dueña y nada ni nadie podía perturbarla.

Se desvanecieron y aparecieron en medio de la arena con Samantha hundida en lágrimas, la cuales se perdieron cuando se sumergió en el mar sin importarle que traía la ropa de salir, Vely subió con su semblante endurecido a una de las habitaciones de la casa que no habían sido usadas desde hacía mucho tirando los paquetes que traía y se quedó ahí con la puerta entre abierta atenta a todo lo que pudiera ocurrir, al rato se escuchó el estruendo de la llagada de los Weasley, Harry y Hermione en compañía de dos Aurores, y a Sam que haciendo bromas sobre estos, de repente sintió que unos pasos se acercaban, por suerte en los días de estadía de ellos en su casa había aprendido a conocerles hasta la forma de caminar, se abrió un poco más la puerta haciendo un chirrido incomodo.

—Disculpa ¿Puedo pasar?— preguntó Harry amablemente asomando su cuerpo por la puerta.

Vely se volteó y le regaló media sonrisa, se acercó silenciosamente a este quedando frente a frente en una corta distancia, tomó una de sus manos y dejó en ella unas cartas en papel pergamino que ella anteriormente había estado releyendo.

—Son las cartas le que mandaste a Sirius anteriormente, guardó cada una de ellas—.

Harry tomó las notas y las vio mientras a ella se le inundaban las pupilas.

–Supuse que él quería que te las entregara y también esto—.

Se acercó a una cómoda sacó uno de los cajones y extrajo unas fotos, se veía a Lily y James Potter sentados en una banca cargando a un recién nacido Harry, y parados tras estos Sirius cargando una bebita de un año en compañía de una mujer de cabello negro azabache y ojos miel, otra donde salía Harry volando al ras del suelo en una escoba de juguete, con alrededor de un año, y una con el pequeño dormido en los brazos de su padrino.

–Toma—.

Le extendió unas fotos al ojiverde.

—¿Es tú madre? era muy hermosa— contestó después de inspeccionar las fotos por unos segundos.

—Así es, ese fue el día en que le pidieron a Sirius que fuera tu padrino—.

—¿Por qué le borraste la memoria a los Malfoy y a…?—.

Ahora cambiaba el tema, a Vely se le endurecieron nuevamente sus delicadas facciones. Lo menos quería era tocar esa tema las razones eran únicamente suyas.

—Porque también son mi familia James, y por los momentos no puedo permitir que sepan de mi existencia, mucho menos… Draco—.

—¿Por qué Draco no, qué es lo que sabes de él? porque sé que oculta algo extraño yo no me creo ese cuento de que va arreglar un collar para su madre, todo la vida a sido un vil tirano, ególatra, sin corazón— exclamó Harry exaltado impregnado odio en cada palabra, mientras Vely controlaba una rabia que empezaba a ascender por su cuerpo.

—Calla James—.

Trató de aparentar una quietud que no tenía, pero el ojiverde hizo caso omiso de esas palabras y siguió lanzando improperios para los Malfoy.

–¡CÁLLATE!—.

La ojimiel respiraba cada vez más fuertemente, pero la pelea ya había empezado, ambos se miraban con rencor.

—¡¿POR QUÉ TENGO QUE CALLARME CUANDO SABES QUE TODO LO QUE DIGO ES VERDAD?, TÚ MEJOR QUE NADIE DEBE SABER LO SUCIO, LO BAJO Y LO MALDITOS QUE SON, ¿POR QUÉ DEFIENDES TANTO A ESE IDIOTA, REPULSIVO, NARCISISTA DE MIERDA, CON FETICHISMO HACIA EL MAL NACIDO VOLDEMORT?!— escupía el pelinegro sin ton ni son.

—¡PORQUE LO AMO!—.

Sacó toda la rabia y los sentimientos que quedaban dentro de sí.

–Amo a ese maldito narcisista—.

Los ojos de Vely mostraron una profunda tristeza.

–Y no es lo que sepa de él, es lo que él sabe de mí—.

Harry la miraba estupefacto escuchando tal revelación, lo menos que se imaginaba es que ella pudiera tener tales sentimientos por su peor enemigo alguien que quizá ella más que nadie debía odiar.

—Pero… su padre es un mortífago— decía ahora con suavidad, ante las pupilas inundadas de la que tenía en frente. –Lucius Malfoy estaba ahí cuando… cuando murió Sirius, ellos…—.

—No puedes culpar al hijo por los errores del padre—.

Se acercó al rostro del iracundo.

–Sé que es increíble, que después de todo yo pueda sentir algo así… pero, crecí en ese mundo, y sí, me da rabia lo que hacen, odio profundamente sus acciones, pero no puedo evitar sentir lo que siento— sonrió con amargura. —Él… no fue quien lo hizo, no puedo odiarlo por eso… por el contrario lo amo— siguió con voz suave. —Te parecerá insólito o tal vez increíble, pero Draco no tiene los mismos sentimientos que su padre él, sólo es una marioneta de Lucius…—.

—Se me hace difícil entender lo que me dices— declaró desilusionado.

El ser inquebrantable, frío y duro se había ido, ante él se hallaba alguien frágil, tan humana como cualquiera, dejaba salir sus deseos con sólo un gesto defensivo, ya no aparentaba la rudeza falsa que había adquirido con los golpes de la vida, ahora simplemente era Valeria Black dejando a la luz sus verdaderos sentimientos y aún así él no podía entenderlos.

La veía temblorosa frente a él, sollozando sintiéndose culpable de algo que quizá no debía sentir, mientras miraba el piso con la cabeza agachas como pidiendo perdón y aun así sentía que no podía hacerlo, se sentía traicionado por la persona en que ahora estaba intentando volcar toda su atención.

—Te entiendo— susurró ella levantando la vista.

Él sintió que sus aguamiel se le clavaron como un puñal en el alma, extendió su mano y acarició su mejilla tratando de entenderla y supuso que no debía juzgarla, cómo hacerlo si en el corazón no se manda, sus palabras le habían parecido sinceras sus sentimientos reales, no había tenido ninguna pasión similar, pero, no era ciego, sabía que ese tipo de amor abundaba en el mundo, confinados a la desdicha.

—Nos vemos luego— repuso después de un breve silencio y salió de la habitación.

No podía seguir allí en esa alcoba con sus sentimientos encontrados, quería decirle que era una hipócrita que no podía permitirse sentir eso, pero teniéndola allí era lo menos que podía hacer con sus ojos inquisidores buscando perdón, con esa dulce fragilidad desbordando de su cuerpo que decía que ella no era la culpable de sus sentimiento sino, su corazón, con sus labios rosas temblorosos casi a punto de decir, "Sácame el alma, quiero dejar de sentir".

Se fue a su habitación se dio una ducha, se vistió un poco menos elegante que de costumbre, tomó un bolso gamuzado metió un celular y algo de maquillaje, un monedero con dinero muggle, se montó en su automóvil y se marchó.

—¿Qué pasó Harry, por qué peleaban de esa manera?— inquirió Hermione con preocupación esa noche.

—Por lo que oyeron, por Malfoy, ella parece estar enamorada de él— contestó Harry secamente.

Aún no podía creer que su prima pudiera sentir algo tan profundo por alguien tan despreciable.

—Es imposible no puedo aceptarlo— refunfuñó Ron sentado con sus dos amigos alrededor de una fogata, mientras todos los demás cantaban canciones guiadas por el señor Arthur y asaban malvaviscos y salchichas, sin sospechar lo que había pasado con los primos.

Harry se paró dejando atrás la reunión que tenía la familia, desconcertados Hermione y Ron caminaron tras él.

—No entiendo porqué te sientes mal ante el hecho de que ella sienta eso, es muy cercana a ellos ¿No? e hija de una mortífaga — apuntó Hermione tras el ojiverde que en silencio sacaba las fotos y las cartas de su bolsillo y las contemplaba. —Mucho ha hecho con pertenecer a la orden, de alguna forma algún vínculo debía mantener con ellos—.

—Es más que eso Hermione, ella es mi familia por eso me duele—.

Le entregó las fotos para que las viera.

–Ella es hija de Sirius— concluyó con voz apaciguada.

Ron y Hermione se vieron las caras con desconcierto, sabían que tanto misterio alrededor de ella no era normal, definitivamente ahora todo tenía una explicación ante sus ojos. El ojiverde les contó tal cual como pasaron las cosas, el día que ella había ido al número 4 de Privet Drive, como sacó a Sirius de Azkaban, lo que sentía por el rubio y ciertas cosas que había hecho.

—A diferencia de Sirius y ella, toda esa familia es detestable— replicó Ron con vehemencia.

—Pero ¿Por qué Valeria le borró la memoria a los Malfoy? No entiendo— añadió Hermione con interés sentándose en la arena tras los otros dos después de escuchar el relato de la joven.

—Yo tampoco lo entiendo, es más, no sé porqué lo hizo… Pero, Dumbledore me contó, que su madre era una espía de Voldemort en la Orden del Fénix… Resultó que terminó enamorándose de Sirius y nació Valeria, y fue cuando trató de mantenerla oculta de los demás mortífagos. Voldemort se enteró de que Olsem tenía pensado traicionarlo para irse con Sirius, así que amenazó con matarla, y ella para redimirse persuadió a Peter Pettigrew de unirse a su Lord y a darle el paradero de mis padres, para que se lo hiciera llegar a Voldemort y este los matara… Supongo que Voldemort nunca se enteró de la existencia de esa bebé y ahora que volvió es imperativo que no lo sepa, pues podría matarla, y sacando conjeturas, Voldemort es un ser muy resentido no tolera traiciones, y si se entera de que los Malfoy después de su partida las aceptaron en sus vidas y no hicieron nada para hacerle pagar a Crawford su traición, es capaz de matarlos a ellos también, supongo que es por eso ya que… Ama a Draco—.

Finalizó Harry con resentimiento recostándose de la palmera que tenía tras él.

Valeria llegó a su casa cerca de la una de la madrugada, estaba visiblemente ebria, tal vez la única manera que encontró para dejar de sentir, vio a su alrededor, al parecer sus invitados ya estaban dormidos, a excepción del trío que tenía entablada una conversación sobre ella en la penumbra del salón.

Toda la casa estaba a oscuras, entró a su habitación desvistiéndose a la luz del celular sin molestarse en encender la lámpara, cogió un short y una camiseta y se las puso como pudo, se lanzó boca abajo en su cama, abrazó una almohada y empezó a sollozar.

Sintió que la puerta se abrió, tardó en reaccionar, se quitó el cabello de la cara y se levantó con dificultad para caminar hasta la puerta, "Vely" oyó susurrar a una voz ronca, se acercó tambaleante un poco más a aquel bulto para detallarlo mejor.

–¡¿Draco eres tú?!—.

Vely se lanzó entre sus brazos.

–¿Estás bien?—.

Le revisaba el rostro sin poder distinguirlo, se fue hasta sus labios y lo besó suavemente, él parecía aún más desconcertado, no sabía lo que estaba pasando, tenía aquella chica que adoraba entre sus brazos y la pegó contra su pecho con fervor, sintiendo que un momento como ese no lo tendría jamás.

–No debes estar aquí yo borré tu memoria… ¿Estás bien verdad?–.

Él no pronunciaba palabra tenía miedo de dañar su momento mágico, los ojos de Valeria empezaron a cristalizarse mientras este la tomaba en silencio nuevamente entre sus brazos, sintiéndose querido por la mujer que tanto adoraba, gruesas lágrimas salían ahora de los ojos miel y empezó a temblar en su manos.

Tenues respiraciones inaudibles escuchaban todo detrás de la puerta la cual se abrió de un golpe dejando ver a Hermione y Harry que lo veían con recelo.

–No lastimen a Draco por favor— instó Vely con ebriedad parándose delante de él de forma protectora.

Hermione prendió la luz de la habitación la cual encandiló a la rizada dificultando su visibilidad por unos segundos.

—Ese no es Draco, Vely— arrastró Hermione con resentimiento, la ojimiel volteó a ver al chico y efectivamente no era Draco sino Ron.

La poca luz que entraba por la ventana y el alcohol la ayudaron a imaginarse por un momento que era su rubio deseado.

Lo miró desencajada, sin saber exactamente que sentir, pero más que nada, sentía el dolor de encontrarse una vez más viendo a Draco en otra persona, de no poder aguantar la vida sin él, sin su olor, sin su boca, sin su cariño, de repente sus ojos se ensombrecieron cayendo en cuenta de lo que realmente había pasado, Ron en cierta forma se había aprovechado de su alcoholizada debilidad, lo vio fijamente dibujando en sus labios una sonrisa ominosa, y lo abofeteó con toda la fuerza que tenía dentro de su ser, esa bofetada contenía dolencia, frustración, aborrecimiento, resignación, desahogo todas sus malos sentimientos en aquel golpe, con la persona que menos se los merecía.

—Lárgate de aquí– exigió con voz fantasmal mientras caía al suelo de rodillas.

Harry le hizo una seña a Ron de que se fuera, Hermione lo tomó por un brazo y lo sacó de la habitación mirándolo con decepción.

El ojiverde se acercó a Vely levantándola del piso pero esta se desplomó entre sus brazos, Harry la cargó con delicadeza y la acostó en su cama, la arropó, limpió sus lágrimas, la observó por unos segundos.

—Discúlpame— susurró en su oído y se dispuso a irse.

—¿Por qué?— preguntó aletargada.

Volteó rápidamente sorprendiéndose de que lo fuera escuchado y volvió para acariciar sus cabellos.

—Por lo de esta tarde, no debí reaccionar así y ahora veo que no fue lo mejor, no entendí bien tu sufrimiento—.

Pero para entonces sus razones habían llegado demasiado tarde, ella transitaba por el mundo de los sueños.

Salió al pasillo donde la esperaban Ron y Hermione; el ojiverde agarró al pelirrojo por la camisa y lo pegó contra la pared con fuerza viéndolo amenazadoramente, la castaña se sorprendió pero no hizo nada para defender al chico.

—La próxima vez que vuelvas a hacer algo como eso, soy yo el que te va a partir la cara— amenazó Harry.

Más que amedrentar a su amigo, quería caerse a golpes el mismo, todo había sido su error, la pelea, las lágrimas, la culpa, la ebriedad de la ojimiel, el beso que recibió su amigo, la disección que ahora sentía de sí mismo, definitivamente no lo había hecho bien últimamente, no era así como debía llevar y empezar las cosas.

Ron lo veía trémulo, nunca lo había visto de aquella forma tan amenazadora, era la primera vez que su mejor amigo lo amenazaba de esa manera.

—No… no fue mi intensión de verdad…— empezó a defenderse. –Lo sabes, cuando ella subió las escaleras tambaleándose y se golpeó con el marco de la puerta, te dije que quería saber si estaba bien, y por eso entré a su habitación, pero ella me saltó encima creyendo que yo era Malfoy— tenía la voz temblorosa.

—Y fuiste incapaz de hablar o de sacarla de su sueño, nosotros estábamos tras la puerta, escuchamos lo que te decía y tu jamás le dijiste quien eras, que diantres ibas a lograr con que ella creyera que eras Malfoy, ¿Qué era lo que querías?— le reprochaba Hermione con voz aguda.

–En ese momento yo sólo quise… sentirla entre mis brazos, ella me trató con tanto amor, que no tuve fuerzas para decirle la verdad… y ustedes saben que ella me gusta— respondió Ron con tristeza.

Harry que aún lo tenía agarrado por la camisa lo soltó lentamente, de los ojos de la castaña salieron dos silenciosas lágrimas y se volteó para ocultarlas, los tres se quedaron en silencio por unos segundos, el ojiazul sumergido en su desdicha, el pelinegro incomodo por sus amigos y resentido con él mismo, y Hermione ocultando sus sentimientos ante los presentes.

Escucharon ruidos en una de las habitaciones y salieron de su mutismo.

—De igual forma Ron ese no era la manera… Vamos hablemos allá afuera—.

Harry se encaminó hacia la playa seguido de sus amigos.

—Samantha pero ¿qué haces?— inquirió Hermione al ver a la chica completamente mojada.

—Estaba persiguiendo a un maldito perro— murmuró escurriendo su cabello.

—Pero estás toda empapada—.

Ron la observaba confundido, ¿Por qué iría a perseguir a un perro? Sam negó mostrando su varita.

—Me la había quitado cuando estaba sentada en la playa, y luego se metió al agua y tuve que meterme detrás de él—.

Harry y Ron se sonrojaron cuando Samantha se quitó la camiseta de botones que tenía, la apuntó con la varita y cuando estuvo a punto de secarla Hermione se escandalizó.

—¡No puedes usar magia fuera del colegio!— exclamó, entonces Samantha soltó la prenda, y observó la enorme camiseta de Harry.

—¿Me la prestas? No quiero que mi hermana me acribille por entrar mojada a la casa—.

Harry titubeó y se sacó la camiseta del cuerpo, Samantha se la puso, y esta le quedaba un poco más arriba de las rodillas.

–Usas ropa un poco enorme— comentó.

Hermione giró a Harry y a Ron sobre sus ejes cuando la castaña pasó a quitarse el short, hizo la ropa una bola y observó a los tres jóvenes.

—Gracias Harry te la devuelvo mañana—.

Y sin más se adentró a la casa.

—¡Está loca!— exclamó nuevamente Hermione en voz alta, Harry y Ron la observaron escépticos.

—¿Y ahora te das cuenta? Voy a ir a ponerme una camisa—.

Harry se metió en la casa dejando a Ron y a Hermione solos, sin saber de que hablar.

Al día siguiente después del suceso del supuesto Draco aparecido en la habitación, el trío esperaba con impaciencia que Valeria saliera de la penumbra de su cuarto los tres miraban expectantes las escaleras mientras tomaban el desayuno, no querían ni imaginarse como podía estar de histérica la rizada después de lo de esa noche.

La mañana pasó sin más, pero los nervios no se calmaban y ya estaban empezando a dar sospechas, sobre todo a Ginny que no se le escapaba una; a la señora Weasley le tuvieron que explicar que Vely había estado bebiendo y que sería mejor no despertarla, ya que se empeñaba en subir a verla y llevarle el desayuno.

Eran la una de la tarde y estaban todos reunidos en el comedor almorzando cuando escucharon pasos en la escalera, a los segundos frente a ellos apareció Valeria elegantemente vestida, peinada y maquillada, como solía estar la mayoría del tiempo, saludó con un "Buen provecho a todos", se dirigió a la alacena, sacó un frasquito con una poción para la migraña que la estaba matando y se lo tomó, abrió la nevera sacó una pera y empezó comerla despreocupadamente.

–Buenos días hija ¿cómo te sientes?— saludó Molly sirviéndole un vaso de jugo de naranja.

El trío se vio la cara con preocupación y luego fijaron la mirada en su plato como si fuera lo más importante del mundo, menos Harry que la veía desencajado, ni por un momento olvidaría lo de la noche anterior.

–Los muchachos me dijeron que llegaste muy tarde, ¿Es cierto que estabas bebiendo?— inquirió en tono regañón.

Vely la vio con sus ojerosos ojos maquillados y le regaló una amplia pero dificultada sonrisa.

–Así es— admitió, ignorando la mirada de Harry. –Y afortunadamente no me acuerdo de nada, por todo lo que tomé debo haber hecho un gran ridículo—.

Molly la vio escandalizada, pero ella le regaló una despreocupada sonrisa, lo menos que quería admitir la desilusión del día anterior, si podía siquiera por un momento imaginarse que todo estaba bien, lo haría.

Tomó un poco de jugo, se acercó al perchero se colocó su túnica cual digna bruja, caminó a la chimenea y desapareció tras arrojar los polvos Flú. Al parecer todo estaba en calma

Pero algo los sobresaltó, una lechuza entró de repente por la ventana, planeó por encima de sus cabezas y se posó justo delante de Harry soltándole en el plato una carta, Harry la tomó, acarició las plumas del ave y esta se fue ululando tan repentinamente como había llegado.

Harry se paró de la mesa y se alejó de los presentes buscando un poco de privacidad para leer la nota que tenía en sus manos y sabía perfectamente que aquella caligrafía impecable era del profesor Dumbledore.

Querido Harry,

Hay una búsqueda que hemos comenzado, pero se acerca la hora de que seas tú el que la termine, a penas llegues al colegio, te daré clases particulares, y te enseñaré algo que nadie mejor que tú debes conocer.

Es hora de que sepas el motivo de porqué continúa en este tiempo.

Mis cariños, Dumbledore.

Harry releyó la carta incrédulo, no podía creer que el propio Dumbledore el único mago al que le temía Voldemort le daría clases.

xxx

Hermione estaba sentada en un rincón de la sala de estar, a pesar de ser su sexto año, se sentía inútil, sentía que no era importante para ellos después de la llegada de la prima de Harry, ni para ellos, ni para todo lo que se estaba presentando, Voldemort había vuelto, eso era inevitable, se levantó lentamente, se acercó a Harry, se sentó a su lado y lo miró consternada, el chico aún estaba muy triste por la muerte de su padrino, la cual recordaba más desde la llagada de Vely, la que a veces lo veía con resentimiento como culpándolo de su muerte, le sonrió intentando reconfortarlo pero fue en vano.

—Harry todo va a estar bien— dijo la castaña intentando convencerse de que así fuera. Este la miró y la abrazó, ella correspondió y le susurró al oído –Ya lo verás, Valeria te va a ver de mejor manera, y con su apoyo y el nuestro vencerás más fácil a Voldemort—.

Él se separó y la miró a los ojos.

—Eso espero Mione— suspiró el pelinegro levantándose y subiendo a su habitación.

Hermione se hundió en el sofá, poco a poco sus parpados se fueron haciendo más pesados, cayó en un mundo de sueños, donde todo era posible, donde no había guerra y en el mundo mágico reinaba la paz.

Sintió que era zarandeada por alguien, abrió los ojos y vio a Ginny vestida como toda una mujer adulta con ropa de Valeria, llevaba puesto unos pantalones holgados doblados justo debajo de las rodillas, con una blusa de seda con encaje y una chaqueta entallada, y más atrás a Samantha vestida toda de negro y unos anteojos también negros haciéndose pasar por una espía.

—¿Pero qué les pasa?— preguntó Hermione asombrada por el atuendo de las chicas.

—Es hora de relajarnos y hacer de las nuestras— dijo Ginny en casi un susurro, asegurándose de que nadie la escuchara.

—Es cierto, hoy somos dueñas de esto— afirmó Sam enseñando una tarjeta de crédito y las llaves del auto de Vely. –Valeria no está y no creo que venga pronto, nos escaparemos de Molly— rió macabramente.

—¿Pero están locas? No podemos escaparnos, eso no está bien, y Samantha, eso le pertenece a Valeria— reprochó Hermione poniéndose de pie escandalizada.

—No, las llaves del auto son de ella, la tarjeta es mía para casos de emergencias mientras estoy aquí, y estar en el mundo muggle y no salir a disfrutar de sus encantos es un gran pecado del que tengo que salvarme, además como mi hermana me dice: ya soy toda una mujer ¿no? Así que necesito comprarme ropa acorde— apuntó Sam caminando de un lado a otro.

—Pero somos menores de edad— refunfuño Mione.

—Somos brujas Hermione y no hay nada que en el mundo muggle no podamos remediar, además sé perfectamente que sabes conducir, así que sube ponte ropa de Valeria y vámonos que aquí ¡ya!— exclamó la pelirroja encaminándola hacia la habitación.

—Yo me conozco esta isla, la he paseado muchas veces con Valeria es como una ciudad, tiene de todo y no está mal salir a divertirnos, no es justo que vengan y se vayan sin conocerla, así que con tu ayuda les daré un tour— Samantha hablaba sin parar de lo que harían, como lo harían, a donde irían y demás, caminando de un lado a otro mientras Ginny les buscaba algo que las hiciera ver mayor.

Hermione las veía horrorizadas, no tenía idea de lo que harían pero en manos de las decididas imparables no le quedaba más que acompañarlas para cuidar que no se metieran en problemas.

Su paseo era un paseo de locos y Hermione tenía los nervios de punta, cuando iban en el auto las chicas casi se salían por las ventanas para apreciar los grandes edificios y las tiendas, visitaron un museo y comieron en un elegante restaurant, al llegar al centro comercial brincaban de un lado a otro, Ginny se quedaba boquiabierta con lo que veían sus ojos, la cantidad de aparadores con hermosas prendas de vestir, de las cuales Sam le compró algunas y se compró otras a ella misma, y a la pelirroja casi se le cae la quijada cundo entraron a la sala de cine y vieron una película de acción, sin duda alguna el mundo mágico era increíble pero el mundo muggle tenía cosas impresionantes de la cual disfrutar.

Hermione casi a final del paseo terminó relajándose, de una u otra forma una salida con amigas le venía muy bien para olvidarse de todo por un rato, se compró algunas cosas, unos lentes de sol, unas sandalias, algunas blusas, y sin duda alguna la atención de las tres fue llamada por los hermosos latinos que caminaban a su alrededor, de los cuales Ginny se robó algunas miradas y Hermione no se quedó atrás pues con el vestido estrapless que le obligó a usar la pelirroja se veía fenomenal.

Su salida terminó sin más que diversión, y una buena excusa por parte de Sam las salvó a las tres de caer en las fauces coléricas de Molly.

xxx

El primero de septiembre ya todos estaban reunidos en el Gran Comedor, las grandes mesas estaban abarrotadas de alumnos en espera de los próximos integrantes de sus casas, el último niño de primer año se estaba parando del banquillo, era de Ravenclaw.

—Samantha Pain—.

Llamó la profesora McGonagall leyendo el papel pergamino, la chica que esperaba ansiosa casi corrió hacia el banquillo, le quitó el sombrero a la profesora de las manos y se lo puso.

—Atrevida como ninguna, un atisbo de locura, pero muy astuta, extrovertida y perspicaz— decía el sombrero seleccionador.

—Podrías, apresurarte un poquito— pidió la castaña.

Una de las cosas que no le gustaban era que hurgaran en su memoria, el sombrero gruñó un poco y siguió mirando en la mente de la castaña.

—Oye, no veas mis recuerdos ahí hay cosas que no debes ver— instó con vehemencia.

La profesora McGonagall volteó exaltada mirando a la chica con reproche, y Dumbledore la veía divertido aguantando las ganas de reír.

—Entonces será… ¡SLYTHERIN!— gritó el sombrero.

—¿Qué? ¡No! ¿Slytherin?— masculló la castaña sintiendo como McGonagall le quitaba el sombrero de la cabeza.

—Bienvenida señorita Pain. Diríjase hacia su mesa por favor—.

La profesora le dio unas palmaditas a la castaña por la espalda, mientras esta suspiraba.

—Sólo son años y años de tradición— murmuró caminando hacía la mesa y sentándose despreocupadamente justo al lado de cierto rubio arrogante.

Todos voltearon a ver aquella chica con aspecto sombrío que se adentraba por el centro del pasillo, Dumbledore la miró como si la conocía desde mucho; Draco que estaba expectante en saber quien era sintió un vuelco en el estómago cuando la vio, no entendía por qué pero sentía ciertas mariposas en el estómago, su corazón se aceleró, sus sentidos se perdieron en la imagen de aquella hermosa y umbría chica de cabellos ensortijados que pasaba delante de sus ojos, sin notar que sus mejillas se sonrojaban sin razón, bajó la mirada y sonrío.

—Estudiantes ella es Valeria Olsem, será su nueva compañera en el séptimo año, bienvenida Valeria, creí que no llegarías—.

Dumbledore saludó con amabilidad mientras la chica le regalaba una tenue sonrisa.

—Lo siento profesor, perdí el tren y tuve que arreglármelas para llagar aquí— se disculpó.

—Oh no, no, lo importante es que llegaste, tranquila, no eres la primera estudiante que llega al colegio en algo que no es el tren—.

Sonrió echándole una mirada a Ron y Harry.

–Ahora pasa al banquillo—.

La chica se acercó al banquillo y la profesora McGonagall le colocó el sombrero seleccionador.

—Impresionante, por tu cuerpo corre la sangre de las casas rivales, valentía y astucia abundan en ti— decía mientras Vely tenía la mirada perdida en el vacío.

—Gryffindor— susurró con voz ominosa.

—Aaaaa Gryffindor, estás decidida, espero tengas mucha suerte, y será… ¡GRYFFINDOR!— gritó el sombrero seleccionador mientras los alumnos de la casa vitoreaban.

Vely caminó hasta la mesa de Gryffindor donde la esperaban Hermione, Ron y Harry con grandes sonrisas en sus rostros, la ojimiel al sentarse vislumbró a un rubio en la lejanía notando que este la observaba, lo vio con confusión, entornó los ojos mientras él la veía inquisitoriamente, Harry le susurró algo en el oído, esta dejó de mirarlo, volteó a ver a Ron y sonrió.

El banquete dio comienzo y Sam se había servido de todo un poco.

—Esto se ve tan delicioso— musitó mientras el rubio volteó a verla despectivamente.

—Todo es delicioso, sí, pero no como para que dejes a todos sin bocado— comentó el rubio.

Draco observó el plato de la chica, este contenía pequeñas cantidades cada cosa que estaba frente a ella, la Samantha volteó a verlo tragando grueso y haciendo una sonrisa forzada.

—Cuando no has comido más que sólo pan con mermelada y vodka, en un mes, todo aquello que se vea delicioso lo comerías—.

El de ojos acerados la miró confundido no entendía la razón de la familiaridad que sentía con la castaña que estaba su lado, pero cuando habló sintió que mucho antes había oído esa voz, aunque nunca en su vida hubiera hablado con esa niña.

—¿Por qué solo comías eso? ¿Acaso tus padres no te alimentan?— inquirió el muchacho tomando un bocado de la ensalada que tenía en su plato, el rostro de la castaña se ensombreció por un segundo.

—Mis padres están muertos—.

Dicho esto la chica carraspeó la garganta levemente incomoda, Draco casi se atarugaba con la hoja de lechuga que estaba comiendo.

—Pero vivo con mi hermana mayor, lo cual es mil veces peor—.

—¿Quién es tu hermana?— preguntó el chico con la curiosidad picándole en el cuerpo.

—La amargada que entró de última al Gran Comedor, se llama Valeria—.

Draco sintió una extraña calidez en su estomago al escuchar el nombre ¿Por qué esas dos hermanas se le hacían tan familiares?

—¿Cómo te llamas?— inquirió el joven.

—Samantha Pain, ¿Y tú?—.

La pregunta tomó por sorpresa al rubio, él creía ser conocido por todos, después de todo era un Malfoy.

—Draco Malfoy—.

—Y ahora mi pregunta es, ¿Por qué te interesa saber algo sobre mí o mi hermana?— indagó la chica mientras se llevaba un trozo de pastel de carne a la boca.

—Curiosidad—.

Y como si nunca hubiesen hablado, Draco le dio la espalda para comenzar a socializar con su grupo de amigos.