Siento tanto la demora. Tarde demasiado! Y por los mensajes también discúlpenme si no los conteste.

Les quiero comentar algo. Visiten el Fic: Love of my life escrito por mi amigota Elizabethshane, a quien ayudo ligeramente.

Bueno… disfrutes el capitulo y no olviden dejar comentarios aun y cuando sean negativos.

Autor: Marzelinefilth y Elizabethshane.

Capítulo 6: Feliz Cumpleaños.

Recordaba perfectamente cada detalle de la noche anterior. Esa acción que la llevo a despertar completamente desnuda, con la mano de Sesshomaru descansando sobre su cintura.

"Eres una idiota, Kagome." Susurro molesta consigo misma.

Una cosa era estar dolida porque su novio había terminado con ella, otra muy distinta era que se hubiese acostado con su hermano. Había cometido la mayor estupidez del mundo, y solo rogaba que Sesshomaru no quisiera recordar todo lo que habían vivido en esa noche.

El giro su cuerpo, liberándola de la prisión de sus brazos y esa fue la oportunidad que tuvo para levantarse y vestirse; salir de allí sin ser vista era su mayor prioridad. Lo primero que encontró fue su destrozada tanga en el suelo junto a sus costosas zapatillas, la cual la desecho inmediatamente, se colocó el sostén y, al momento de ponerse el vestido, sintió un dolor recorriendo sus piernas y su espalda.

"El dolor de perder mi mejor tesoro." Pensó enfadada.

Sabía que era absurdo culparlo de todo, pero no estaba dispuesta a culparse a si misma. Él había sido quien la tentó con su mirada, con sus palabras, él era el culpable no ella.

Dispuesta a irse con la vergüenza en su rostro, se giró solo para ver a Sesshomaru con los ojos aun cerrados. Se acercó a él lentamente.

"Te odiare siempre por esto."

Le dio un ligero beso en los labios, se incorporó y salió, sin percatarse de que Sesshomaru se encontraba despierto.

El sol golpeo su cara de lleno cuando comenzó a caminar, los músculos de sus piernas no podían más, tenía que ir a dormir cuanto antes.

"¡¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?!" Grito.

Solo unas cuantas horas antes había terminado con su novio y había sucumbido en los brazos del hombre más egocéntrico del mundo. Daba gracias a Dios que Sesshomaru actuaría como si nada de eso hubiese ocurrido nunca.

Se propondría hacer un gran cambio, donde no volvería a beber, conservar su ropa puesta, y sobre todo, alejarse de todos los Taisho.

"¿Por qué te fuiste tan temprano? Se suponía que desayunaríamos juntos."

La voz del último hombre que deseaba ver se escuchó, desde la ventanilla de la limosina se veía claramente su rostro adornado de una burlona y sínica sonrisa.

Kagome se detuvo en seco. "Vete, Sesshomaru. He decidido ignorarte."

Él se bajó de la limosina y se le acerco. Kagome no retrocedió. "¿Por qué no mejor me ignoras mientras desayunamos? Anoche ese plan parecía hacerte feliz."

La vergüenza comenzó a sonrojarla. "¡No! Como parte de la tradición de mi cumpleaños iré a separar una joya en el mejor lugar para que me lo obsequie..."

"¿Inuyasha?" y su voz sonó burlona. "No creo que le den muchas ganas de felicitarte después de lo de anoche."

"¡Te prohíbo que lo menciones!" Quiso golpearlo pero se resistió. "Nadie sabe que terminamos, y seguirá así hasta que pueda arreglarlo." Se disponía a darse la vuelta y seguir su camino, pero Sesshomaru fue más rápido, la tomo del codo y la hizo girar. Irritándola aun mas "No creo que sigan siendo tan buenos hermanos si él se enterara de que…"

"¿De qué me divertí quitándote la virginidad?" La voz de Sesshomaru fue un sensual susurro.

Kagome sintió los vellos de sus brazos erizarse. "¡De cómo me estas agrediendo!" Quiso mantenerse firme, pero aquellos ojos dorados la estaban doblegando e inconscientemente comenzó a levantar más su rostro. "¡Ninguno mencionara lo que ha ocurrido! ¿Queda claro?"

Eso se escuchó a desesperación. Así que, Sesshomaru jugaría un poco con eso. "No tan claro como escucharte pidiendo mas sexo una y otra vez."

Su boca se abrió ante la sorpresa, el modo en que dijo esas palabras la llevo a recordar nítidamente cuan feliz y completa había estado hacia unas pocas horas. Sintió vergüenza por haberse excitado ante esas palabras. "¡En lo que a mi concierne puedes quedarte con esos recuerdos porque yo no los quiero!" Y con un jalón se soltó. "¡No te quiero en mi fiesta!" Apretó los puños enfadada y camino lo más lejos que podía.

Sesshomaru sonrió. Nadie le impediría estar allí.

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La única invitación que había llegado la tarde anterior había sido para Miroku. Rin miraba atentamente el precioso listón azul que se enlazaba con el sobre decorado en elegante tinta color plata; sin duda, Kagome había gastado una fortuna en aquellas preciosas invitaciones.

"¿Iras?" Pregunto emocionada, sabiendo que el contestaría que no, que pasaría toda la noche con su novia Sango.

"Si. Sango me menciono que fuéramos." Dijo simplemente observando la desilusión en el rostro de la pequeña Rin.

"¡Oh!" Ella exclamo. Se abrazó a si misma preocupada.

Miroku camino hacia ella, quien se encontraba sentada en una de las sillas del comedor, y la abrazo cariñosamente. "No te perderás de nada, es solo una fiesta."

"Es la fiesta de cumpleaños de Kagome, para ti es fácil decirlo porque es tu amiga."

Él la soltó y la miro directo a los ojos. "Rin, me preocupa que en verdad tengas en un pedestal a Kagome. Ella no el mejor ejemplo del mundo…"

"Pero es representante de…"

"Si, lo entiendo. La vida de ella es diferente a la tuya. Me gustaría que no solo te fijaras en su ropa o lo bien que luce."

Rin molesta, bufo. "Dejémoslo así, hermano." Y triste se alejó a su habitación.

Derrotado, Miroku miro a su madre que recién llegaba del trabajo. Izayoi se sentó rápidamente en el primer sofá que vio y se quitó enseguida las zapatillas. Y hasta después de ponerse cómoda, volteo a ver a su hijo.

"Hola." Fue lo que dijo.

Miroku avanzo hacia ella y le entrego un mensaje escrito a mano. "Toga Taisho te ha hablado por teléfono. Dijo que quería invitarte a una cena, el día de hoy." Su sonrisa pícara dejaba en claro que no le molestaba en absoluto. "Dijo que te pusieras vestido y zapatillas; y que pasaba por ti a las ocho."

Izayoi sorprendida miro la nota, después al teléfono y al final a su hijo. Era algo muy común en Toga pensar que las personas disponían de su deseo y su tiempo.

"¿Qué me sugieres?" preguntó, mientras Miroku detenía su paso hacia la salida.

Él observo la confusión en sus ojos oscuros. "Creo que si el señor Taisho te está invitando a salir, es porque alguna buena impresión le dejaste la primera vez que te vio." Y siguió su camino.

No podía confesarle la verdad. Haber sido la amante de un hombre que había estado siempre comprometido con una mujer era un perfecto destino para ser juzgada por sus dos hijos. Por un lado, Miroku entendería; sin embargo, Rin podría seguir su ejemplo.

"Maldito Toga." Dijo tomando la decisión más apresurada y sin pensarlo demasiado. Las cosas más planeadas en la vida salían mal, las improvisadas salían mejor. "¿Hola? Toga, hablaba por lo de la invitación a la cena."

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Al entrar a la sala principal lo primero que vio fue la enorme hookah que trasladaba uno de los empleados hacia la mesa central. Lo segundo fue su madre mirando unas telas de color verde y café nacarado ante una de sus empleadas.

"¿Es una pipa para drogas, madre?" pregunto medio incomoda ante la presencia de tanta gente en su casa. Ella solo esperaba encontrar a su madre esperándola con un afectuoso abrazo, no a todo un sequito de profesionales adecuando su casa para una fiesta.

"Es una pipa para hierbas frutales, Kagome. Sin ella no podríamos tener el tema marroquí que deseo." Dijo sonriéndole.

Lo había olvidado. Su madre no le gustaba estar sola en cada cumpleaños que tenía. Así que desde hacía dos años, cada vez que Kagome salía a celebrar, Naomi organizaba una reunión en el departamento.

"¿Por qué tienes que convertir nuestro hogar en un fumadero de opio por mi cumpleaños?"

Naomi soltó una carcajada. "Cariño, no seas pesimista. Tendrás lo mejor para tu fiesta de cumpleaños, así que no tendrás que ver a la bailarina árabe ni escuchar la música."

Kagome rodo los ojos, y hasta ese momento se percató de Sango, quien la esperaba sentada en uno de los sillones que adornaban la casa y de los pocos que no estaban llenos de telas y cosas para la fiesta.

"¡Kagome!" Saludo contenta.

Sin embargo, ella deseaba estar sola. Quería meditar lo que había pasado y llorar a gusto por lo ocurrido en menos de veinticuatro horas.

"Debiste avisar que vendrías Sango."

La castaña la abrazo y le dio un beso en la mejilla. "Solo quería desearte un Feliz cumpleaños, Kagome." Y le entrego una caja envuelta en fino papel azul. "Algo para mi mejor amiga."

Kagome sonrió. Quizás no fuera tan malo tener a Sango haciéndole compañía. La tomo de la mano y juntas subieron a la habitación de la pelinegra. Sango se aventó a la cama suave y confortante de donde ya no se quiso levantar.

Dispuesta a confesarle lo que había ocurrido, hablo: "Yo…"

"Lo hice con Miroku." Dijo sango tapándose la boca con ambas manos y sonrojándose.

Ella estuvo feliz por Sango. "¿Y te gusto?"

El largo suspiro y la forma en cómo se acomodaba en la cama le dio la respuesta. "Fue lo mejor de mi vida. Solo que tengo miedo de que no funcione."

"En ese caso. no solo basta ser su novia, tienes que volverte su amiga, y lo más importante es que su relación no se reduzca solo al sexo .Deben conocerse más… que trate a tu familia."

Sango sabía a qué se refería. El tratar a su familia se refería a su madre y a su casi suicida hermano.

"No te angusties, él te entenderá." En un acto involuntario la tomo de la mano cariñosamente.

La castaña sonrió. Ver así de relajada a Kagome, le hacía recordad a la chica que era feliz y no había vivido la experiencia de ver a su padre moribundo. "Cuéntame, ¿Qué te obsequiara Inuyasha?"

Ante la mención de su ex novio. Kagome se puso de pie, le dio la espalda a Sango y camino hacia su armario, donde comenzó a entretenerse con la ropa. "Aún no lo sé."

Sango arqueo la ceja. "Ira a tu fiesta, ¿Cierto?"

La pelinegra soltó una risa nerviosa. "Anda presionado con un negocio que su padre tiene con mi madre. Le comente que si quería podíamos celebrar mi cumpleaños después." Y la risita siguió.

Sango se puso de pie y camino lentamente hacia la puerta. "Pasare por ti en la noche."

"De acuerdo" dijo sin siquiera voltear a verla.

"Ey," la llamo queriendo obligarla, sin éxito, a que la mire." Te quiero mucho." Y se fue.

En su soledad, Kagome se dejó caer en su closet. Las lágrimas comenzaron a surgir lentamente por su mejilla. "¡Que hare!" susurro desesperada.

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La música sonaba a todo volumen en sus oídos, mientras su pie se movía rítmicamente con cada cambio del compás de aquella música rock que se escuchaba desde su iPod.

Inuyasha jamás había estado tan tranquilo desde que había tenido relaciones por primera vez con Sango. Se sentía en paz, completamente relajado e incomprensiblemente dichoso.

Haría un listado de las cosas que haría con Kikyo, su mejor amiga, a partir del día siguiente. ¿Y porque no? A partir de ese día podrían ir a cenar unas hamburguesas y ver películas hasta tarde, como solían hacer hacia un tiempo.

Y con la clara idea en la cabeza, mando un rápido mensaje de texto en su celular.

Cuando termino se dio cuenta que su padre lo miraba enfadado desde la puerta del cuarto.

"¿Qué pasa?" pregunto Inuyasha quitándose los auriculares.

"¿Sabes que la madre de Kagome aún no ha firmado los papeles?" pregunto acercándose despacio a su hijo.

El negó. "No."

Toga frunció el ceño. "Deberías preocuparte. Hijo, entiende, esas acciones que ella está vendiendo en unos años serán muy valiosas. Quiero que puedas ser dueño de más cosas de las que te estoy dando."

Inuyasha rodo los ojos fastidiado. "¿A cambio de qué? ¿Qué me case con Kagome?"

"Si es necesario…"

"¡Feh! No lo hare. Papá no la amo."

Toga se cruzó de brazos y miro fijamente a su hijo. Inuyasha se parecía tanto a él, en tantos sentidos… "Hoy es el cumpleaños de esa chica, y le llevaras el anillo de tu madre."

"¡No le voy a proponer matrimonio!" Grito hecho una furia.

Toga, aun tranquilo, dijo: "Solo estamos pidiendo su lealtad, Inuyasha."

"¡¿La suya o la de su madre?!"

Toga levanto la voz. "¡Las cosas no se harán como a ti te plazca! ¿has entendido? ¡No volverás a recibir un centavo de mi hasta que estés comprometido con Kagome!"

Inuyasha sonrió arrogante. "Ayer terminamos."

Toga respiro profundamente. "No me importa si te vas de rodillas todo Tokio para que te perdone. Pero volverás con ella."

"¿Es una amenaza?"

"¡Si!" y con eso salió de la recamara dando un portazo.

Inuyasha apretó los puños enfadado. Azoto con fuerza el iPod contra la pared y aventó lo que estuvo a su alcance. Al paso de las horas, y cuando estaba más tranquilo, tomo su celular, marco unos números y al primer sonido de espera escucho una voz dulce y desesperada.

"¿Inuyasha?"

"Hola. Te hablaba para felicitarte." Escuchar a Kagome le hacía sentir dolor de cabeza. Habría deseado que ella tardara aunque sea dos horas en contestarle. Eso habría hecho Kikyo, que él luchara por ella.

"Estuve marcándote toda la mañana. Solo quería saber cómo estabas." El susurro ensoñador de la chica hicieron que sintiera nauseas.

"Si me di cuenta. Mira, hablaba para comentarte que se me hizo muy apresurada la ruptura. Si quieres te llevo un regalo y hablamos." Dijo secamente y lo más frio que pudo, deseando que ella le dijese que no.

"¡Claro! ¡Te veo en mi fiesta!" y colgó.

Que rápido había sido convencerla. Inuyasha se acomodó en el sillón y una migraña terrible le sobrevino a la cabeza. Se imaginaba a la tonta Kagome gritando y brincando por la felicidad de tener a su novio de vuelta.

Necesitaba hablar con alguien, así que marco a su mejor amigo; Miroku no contesto ninguna de las llamadas; tenía que desahogarse urgentemente, buscaría su último recurso.

Avanzo rápido a la habitación de su hermano mayor y abrió sin tocar.

Sesshomaru se encontraba fumando en uno de los sofá mirando una bolsa de regalo, al percatarse de la presencia de Inuyasha quiso guardarla rápidamente; sin embargo, se dio cuenta que esté ni siquiera había notado la presencia del objeto, así que solo lo dejo en el suelo junto al asiento.

"¿Se puede saber qué haces en mi habitación?"

Inuyasha se aventó al sillón y se acostó cómodamente. "Necesitaba hablar con alguien."

"¿Y se puede saber porque pensaste que podías hacerlo conmigo?" Sesshomaru no entendía porque se sentía tan enfadado con su hermano.

Inuyasha bufo: "¡Eres mi última opción!" Y eso pareció haber sido la mejor forma de callarlo, porque Sesshomaru solo siguió fumando. "Padre me obliga a darle el anillo a Kagome."

Sesshomaru siguió fumando, lenta y pausadamente, disfrutando el sabor de aquel cigarro cubano que había conseguido en un viaje de verano. "¿No habían terminado?" pregunto tras una larga pausa.

"Si, pero, espera… ¿Cómo lo supiste?" Pregunto sorprendido sentándose de improviso.

Sesshomaru sonrió de lado. "Tu novia me interrogo sobre ti. Y empezó con el juego de las preguntas, ya sabes como es."

Otra pausa, ahora más larga de parte de Inuyasha.

"Hermano, si quieres mi opinión, solo te diré una cosa." Apago el cigarrillo en el cenicero, se puso en pie y camino hacia Inuyasha, quien solo puso atención a las palabras que diría. "No cedas ante padre."

El menor de los hermanos soltó una carcajada. "¡¿Dónde quedo Sesshomaru?! ¡Siempre decías: Dinero se casa con dinero!" y la risa siguió presente.

Sesshomaru lo miro molesto, lo levanto del brazo y lo saco casi a empujones del cuarto. "Entonces, as lo que se te pegue la gana." Y de un portazo cerró la puerta.

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"¿Es muy ostentoso?"

"¡Mamá te vez grandiosa!" Exclamó Rin mirándola de arriba abajo.

Izayoi estaba nerviosa. La última vez que había usado un vestido tan escotado había sido en su época de preparatoria. La pieza negra recorría sus curvas hasta arriba de la rodilla y mostraba un largo escote en la espalda.

"Gracias, cariño." Dijo dándole un beso en la mejilla. "¿Saldrás hoy?"

Rin enseguida miro el obsequio en sus manos y lo dejo en la mesa. "Aún no se como pedir disculpas."

"No deberías hacerlo. No tienes la culpa que el novio de esa chica no pueda mantener los pantalones puestos, ella lo superara. Todos lo superamos." La sonrisa de Rin emergió. "Eso es pequeña, no me gusta verte preocupada por asuntos que no te pertenecen."

"De cierta forma es mi responsabilidad."

"Tu concéntrate en la escuela y en tu familia."

Rin asintió, sabiendo que tendría que hacer caso omiso a la petición de su madre. "¿Me dirás con quien iras a esa cita?"

Izayoi, quien estaba buscando sus llaves, se quedó tiesa de nervios y miro a su hija. "No es una cita."

"Pero el caballero con quien iras debe ser muy afortunado como para que decidas vestirte de esta forma." La sonrisa traviesa de Rin pedía una confesión. "¿Es un amigo tuyo?"

Izayoi miro sus llaves tiradas cerca de la mesa de estar donde su hija se encontraba sentada, las recogió, y dispuesta a huir de ese interrogatorio solo contesto, sin pensarlo siquiera: "Espero que no sea solo mi amigo."

Rin asombrada, se llevó las manos a la boca por la impresión, y quiso saltar de gusto. Entonces, una voz por el interlocutor se escuchó, una voz muy masculina que detonaba respeto.

"Buenas tardes, Izayoi. Ya estoy aquí con la limosina. ¿Subo?"

"¡Mamá! ¡Ese hombre tiene una voz muy vigorosa!" Asombrada, Rin quiso mirar por la ventana, pero su madre la sujeto por la cintura, y le impidió su propósito.

"No, no, no. Tú te quedas aquí. No quiero que andes espiando quienes son mis citas." Dijo soltándola.

"Pensé que no era una cita." La sonrisa de oreja a oreja de Rin hizo que Izayoi se sonrojara.

"Bueno, yo…"

La joven le dio un beso a su madre. "Prometo no espiarte. Ve y diviértete con tu cita." Y se alejó a su habitación.

Izayoi sonrió y camino hacia el interlocutor. "Espérame, ya bajo."

Y tomando sus llaves avanzo todos los escalones de los cuatro pisos que tenía que bajar, para encontrarse a Toga Taisho afuera del edificio con un gigantesco ramo de rosas rojas. Las rosas eran lo de menos, eso no había llamado su atención, lo que había tenido sus ojos entretenidos era lo maravillosamente apuesto que seguía viendo Toga después de tantos años.

"¿Por qué las rosas?" pregunto ella cuando él se las tendió en sus manos.

"Quiero agradecerte por acompañarme." Dijo con una astuta sonrisa en el rostro.

Izayoi no podía despegar sus ojos de aquellos orbes dorados. "Gracias." Fue lo único que dijo.

El chofer les abrió la puerta de la limosina a los dos. Izayoi no podía dejar de sonreír. Toga no podía dejar de mirarla. Y Rin casi grita de felicidad al ver desde la ventana del departamento al padre de Sesshomaru Taisho regalándole rosas a su madre.

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"¡Kagome!"

El grito de Sango la había sacado de sus pensamientos. Estaba sentada en la barra del bar donde se estaba llevando acabo su fiesta, la música comenzó a escucharse más fuerte de lo que ella recordaba y se percató de toda la gente que la abrazaba para felicitarla. Solo había una cosa en su cabeza en ese momento: La imagen de Sesshomaru desnudo, y la posible posibilidad de que Inuyasha volviera con ella. Bueno, eso eran dos cosas para ser precisos, pero ella negaba que lo primero era un pensamiento.

"Llevas buen rato bebiendo. ¡Levántate a bailar!" grito Sango feliz al ver como Miroku se acercaba.

"¡Felicidades, Kagome!" Grito él debido a la música. Estiro sus brazos y la atrajo en un cálido abrazo.

Si ellos dos hubiesen estado solos, Kagome habría llorado en su hombro, pero no era así. Cuando él la soltó, Kagome pudo notar la mirada llena de celos en el rostro de su amiga.

"Tienes razón, Sango. ¡Hay que bailar!" y los tres comenzaron a moverse con el ritmo de la música electrónica que se escuchaba en todo el lugar.

Por cada minuto que pasaba más gente llegaba a la fiesta. Sin embargo, Kagome seguía con la atención fija en la música. Los dos amigos que tenía y que la estaban acompañando en ese momento lleno de angustia la tomaron de la mano y saltaron al ritmo de cada nota del sintetizador; hasta que Sango exclamo: "¡Mira, Sesshomaru!"

Kagome casi se rompe la espalda al girar su torso solo para ver al mayor de los Taisho entrar y dejar un obsequio junto al montón que estaba destinado para ella. La mirada azul choco contra la dorada en una lucha de poder; y ella lo perdió.

Apresurada se disculpó con la patética excusa de que tal vez Inuyasha había entrado ya, y se alejó lo más rápido que pudo hacia el balcón donde pudo respirar aire fresco que no la mareara. La soledad le cayó bien, y el ver las luces de la cuidad asomándose en cada edificio la hizo sentir cómoda.

Entonces, una voz susurro en su oído acompañada de una suave caricia en la espalda. "Feliz cumpleaños." Y la atrapo entre sus brazos con un suave movimiento, enganchando sus brazos con sus manos para impedir su liberación.

"¡Suéltame!" Exigió, con su voz a punto de dejarse llevar por la respiración de su opresor.

Él solo rio sensualmente. "Déjate llevar. Toda esa tontería de que Inuyasha sigue siendo tuyo parece de mujer desesperada."

Kagome se sintió herida; así que le pagaría con la misma moneda. "Suenas como novio celoso."

Sesshomaru la soltó como si quemara. "Ridiculeces."

A ella le toco reír. "Él aparecerá, él será mi novio otra vez, y cuando eso pase más vale que hagamos como si no hubiese pasado nada." Y la risa se evaporo al final.

"¿Me amenazas? ¿Olvidas quién soy?"

"¡No! ¡Tú lo estas olvidando!" grito ella molesta. Se froto la cara ligeramente con las manos, preocupada porque alguien los fuera a ver discutiendo.

Sesshomaru con rapidez la acorralo contra la pared, le tomo la cara con una mano e impidió con la otra que huyera tan fácil de su control. "Aquí va la verdad, pequeña princesa. ¿Por qué crees que Inuyasha no ha llegado?"

"Él me ama, lo tuyo y lo mío fue solo sexo." Decir aquellas palabras la lastimaban.

Sesshomaru quiso gritarle, pero no lo hizo. Acarició con su mano derecha la suavidad de sus labios y por un momento casi cae en la tentación de besarlos. "Hagamos una apuesta." Dijo mientras la liberaba.

Kagome lo miro curiosa. Sentirse libre le daba frio.

"Si Inuyasha viene y te hace el amor esta noche, juro que hare como si nada hubiese pasado entre tú y yo; nuestra relación será fría y distante como todos creen que siempre lo fue."

"Él vendrá." Dijo insegura.

"Pero, si no viene por ti… pasaras esta noche conmigo." Y la sonrisa sensual e hipnotizaste apareció en su rostro.

"¡No!" dijo molesta.

Sesshomaru tomo su mano, muy cariñosamente. "¿Tanto miedo tienes?"

La inseguridad creció mas en su pecho, y la mirada fría de Sesshomaru parecía desnudarle el alma. Fingiendo tranquilidad, encaro su rostro, "Acepto."

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Toga, pensé que la fiesta no era tan extravagante." Murmuro Izayoi impresionada, viendo bailar a una joven morena sobre una pequeña plataforma circular y a los músicos tocando el sitar.

"Deberías sentirte orgullosa de estar en este lugar. ¿Cuándo fue la última vez que viste a los más importantes de la sociedad de Tokio reunidos en un lugar?"

Izayoi rodo los ojos ante las arrogantes palabras. "¿Se supone que debo darte las gracias?" dijo con ironía.

Él sonrió, burlonamente como solía hacerlo. "Si."

Ella le dio un ligero golpe juguetón en el brazo. Toga solo sonrió más e Izayoi sintió que todo era perfecto, fue entonces cuando la vio, Keiko Kimura, quien portaba un elegantísimo vestido color dorado e iba del brazo de un apuesto joven mucho más joven que ella. "¿Sabes? Creo que me iré. Ha sido una mala idea venir como tu acompañante. No había pensado en que tal vez te genere conflictos con Keiko…"

Pero Toga la interrumpió como siempre solía hacerlo con una mirada. "He terminado con Keiko."

El latir de su corazón se aceleró increíblemente, y sintió que el nudo que llevaba en el estómago desde hacía dos horas desaparecía. "¿Enserio?"

Los ojos dorados puestos fijamente sobre ella contestaban muchas preguntas. Preguntas que esperaba que él se animara a contestar.

"¡Toga Taisho! ¡Que gusto!"

Izayoi solo sintió celos cuando aquella mujer de melena castaña corta abrazaba y besaba en cada mejilla a su cita, que en realidad no era su cita se recordó.

"Querida, Naomi." Dijo con galantería.

Ella se volvió para fijar sus ojos oscuros sobre Izayoi. Pero sonrió. "¿Es tu cita? Qué guapa es Toga."

Toga fijo sus ojos de nuevo en Izayoi y sin esperar más tomo su mano. "Así es. Ella es Izayoi Fujitaka."

"¡Mucho gusto!" le sonrió tiernamente. "Mira quien llego, Keiko Kimura, que ridícula al venir con un hombre que parece su hijo. ¿Me disculpan?" y se alejó con una sonrisa.

Toga e Izayoi voltearon inmediatamente a ver hacia donde Naomi se había ido. Izayoi no perdió ni un minuto la reacción de celos que estaba teniendo Toga al ver a la mujer tomada del brazo de otro, ni su mirada de molestia al ver como ella se acercaba con una sonrisa de coraje al verla tomada del brazo de su ex pareja.

"Buenas noches." Dijo con una sonrisa. Sin embargo, Keiko tenía los dientes apretados a tal punto podían escuchar como rechinaban uno contra otro.

"Buenas noches." La sonrisa del joven era contagiosa, hizo una ligera reverencia, contestada por Izayoi más no por Toga.

"Buenas noches." Murmuro simplemente Toga.

"Les presento a Richard Smith, ellos son Toga Taisho e Izayoi." Los dientes apretados seguían presentes en su sonrisa. Los celos provocaban el no querer mirar siquiera a Izayoi. "Richard es modelo de pasarela, es norteamericano. Busca trabajar para Naomi cuando termine la temporada."

"Excepcional." Comento Izayoi al darse cuenta de la forma en que Toga parecía querer hacer trizas al joven muchacho que solo se intimido con su fiera mirada.

Keiko deseaba querer agarrar el cuello de Izayoi y estrangularla hasta la muerte, pero solo siguió con su sonrisa fingida. "Bueno, me dio gusto saludarlos." Y se dio la vuelta tomando de la mano al asustado joven.

Toga seguía con la mirada a Keiko quien fingía sonreír de felicidad.

"Ahora lo entiendo."

La voz de Izayoi interrumpió la línea del pensamiento homicida que surgía en la mente de Toga. "¿Entiendes que?"

"Solo me trajiste aquí para darle celos a Keiko con la mujer que ella más odia." Izayoi se rio; pero su corazón se escuchó romperse.

Toga no quiso mentir. "Fue eso, y también el hecho que me gusta tu compañía. ¿Estas molesta?"

Ella quiso gritar y darle mil bofetadas en ese momento, pero solo sonrió. Jugaría el mismo juego que todos los ricos hacían, el juego de las mentiras y la hipocresía. "¡No! Me alaga."

Él podía haber dejado de ver a Izayoi muchos años, pero podía saber que ella mentía.

S:S:SS:S::S:S:S:S:S:S:S:S

El bar donde se quedaron de ver era ideal para una reunión de amigos privada. Inuyasha pidió una hamburguesa y una cerveza, Kikyo pidió lo mismo. Ambos se sonrieron como solían hacer cuando eran más jóvenes y comenzaron a platicar de lo más gracioso que recordaban antes de que se fueran.

"¿Recuerdas cuando fuimos a bailar a ese lugar cerca del centro de Tokio?, donde tu bailaste con esa hermosa chica que no despegaba sus ojos de ti, y que yo baile con ese horrible chico que no paraba de mirarme los senos."

Inuyasha soltó casi el bocado de hamburguesa por la carcajada que había dado. "¡Como no recordarlo! De tan borracho que andaba tire a la chica de la silla cuando intentaba ayudarla a sentarse."

Ambos rieron. "¡Y yo termine golpeando al idiota por querer agarrarme el trasero!"

Las carcajadas sonaron por todo el bar haciendo que más de uno girara la cabeza ante tal escándalo, pero a ellos no les importaba.

"Recuerdo que Kagome estaba muerta de celos cuando le conté lo que había pasado." Menciono aun riendo Inuyasha.

Kikyo se quedó seria, fingiendo beber de su cerveza. "Tu tierna novia."

"Ex novia." Se apresuró a corregir.

Ella lo miro y él sonrió. Kikyo pudo haber gritado de toda la emoción acumulada, esa era su oportunidad, la que los años y el destino habían hecho que esperara.

"Mira, el regalo de cumpleaños de Kagome." Y de su pantalón, saco a pequeña caja.

Kikyo lo tomo y al abrirlo quedo impresionada. "Amigo, esta joya es realmente preciosa." Sonrió de oreja a oreja, pero no por la joya, más bien porque ese anillo jamás estaría en el dedo de Kagome. "Me imagino que no fue idea tuya."

Inuyasha, gruño: "¡Feh! Mi padre quiere que me comprometa con ella, que es mi mejor elección."

"Estoy segura que si Sesshomaru y ella fueran novios, también sería su mejor elección." Y guardo silencio al ver la mirada llena de suspicacia que le arrojo. "Me refiero a que siento que tu padre quiere a Kagome en la familia solo porque tiene dinero."

"Dinero que no ocupamos."

Y ella respondió aún más sabia. "Dinero que no les vendría nada mal." Hizo una pausa al ver que los celos que en algún momento se habían reflejado en los ojos de su amigo habían desaparecido. Tenía que ser más cuidadosa. "Te imaginas lo que suena en la cabeza de Toga la combinación de apellidos: Tiasho-Higurashi. Ambas son demasiado prestigiosas, Inuyasha." Y las palabras mágicas acudieron a sus labios. "Hiciste lo correcto al terminar la relación, no era justo ni para ti ni para ella."

Inuyasha frunció el ceño, meditando un momento. Bebió de su cerveza y mantuvo sus ojos fijos en los castaños de la bella Kikyo. ¿Había pensado bella? ¿Desde cuándo había notado que Kikyo regresaba a Tokio aún más bonita de lo que se había ido? ¿Por qué pensaba eso? Rápidamente cogió otro bocado de hamburguesa y se entretuvo con eso.

"Me dio gusto que te tomaras el tiempo para tus amigos. Amigos de verdad." Y suavemente tomo su mano que se encontraba sobre la mesa.

Inuyasha tomo entre la suya los delicados dedos de Kikyo. "Por cómo empezó el día, creí que sería el peor de todos. Te doy gracias por estar aquí."

Ella no pudo evitar sonrojarse. "Siempre."

Y siguieron con los dedos entrelazados.

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Habían terminado de bailar. Una pieza muy romántica e incómoda. Izayoi esperaba con ansias que su noche de ensueño terminara pronto. No podía realmente estar tranquila con Toga, ya que solo se la pasaba observando como Keiko seguía coqueteando con Richard.

Cuando se sentaron en uno de los cojines diseñados para la fiesta, ella decidió hablar. "¿Sabes qué? Ya me harte. ¿Puedes dejar de mirarla?"

Toga giro su rostro hacia ella con sorpresa. "No la estoy…"

"¡Oh! Claro que sí. Y es muy molesto que le estés dando el poder de verte celoso."

"Solo observaba que ella…"

Izayoi lo interrumpió. "Que ella sale con otro que no eres tú." Ser directa era algo que hacia cuando estaba molesta. "Si quieres ponerla celosa solo hay una cosa que puedes hacer."

Toga bufo de impaciencia. "Y según tus conocimientos románticos, ¿Qué es lo que…?"

La pregunta quedo en el aire. Las palabras se esfumaron. E Izayoi tomo el valor para hacer algo que durante mucho tiempo había deseado, besar con pasión a Toga. Él solo se dejó guiar por los suaves labios de Izayoi, a quien abrazo por la cintura pegándola más a su cuerpo. Izayoi rodeo su cuello con sus delgadas manos y enredo sus dedos en su cabellera blanca, corta, espesa y sedosamente irresistible.

Izayoi se separó, quedando con la satisfacción de ver a Toga Taisho aun con los ojos cerrados ansiando más.

Y cuando Toga por fin pudo poner los pies sobre la tierra, se dio cuenta que Keiko estaba mirándolos con la boca abierta.

"Le tomara veinte minutos venir a buscarte." Dijo ella bebiéndose todo el contenido de su copa de vino.

Toga fijo sus ojos en la abundante cabellera negra de Izayoi, e inesperadamente llevo su mano hasta posarla sobre el delgado cuello femenino. Ella aun con los labios llenos de vino, sintió sobre los suyos los cálidos de él.

Otra vez, otro beso. Caliente, abrumador, sensual, erótico recorriendo y despertando todos los sentimientos que estaban dormidos durante casi veinte años.

"Espera." Murmuro separándose. "No debí venir." La respiración entrecortada y las pupilas dilatadas pedían más.

"¿No deseas que te bese?" Susurro contra sus labios.

Ella negó, sabiendo que era una mentira. "En estas circunstancias no lo deseo." Él la soltó enseguida. "Gracias por invitarme." Dijo dándole un ligero beso en la mejilla como despedida.

Se levantó despacio de los cojines, pero Toga le tomo la mano tiernamente.

"Ella y tu volverán, lo sé de sobra."

Entonces, él la dejo ir por segunda vez en su vida.

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El reloj ya marcaba la media noche, era hora de que se cantara el famoso Happy Birthday. Vio acercarse a Sango y a Miroku con un sequito de sus compañeros y en las manos un enorme pastel con sus iniciales gravado.

El canto comenzó y todos comenzaron a aplaudir y a gritar emocionados que Kagome apagara las velitas. Dieciocho velas habías sido puestas en aquel hermoso pastel, pero ella se negó siquiera a soplar una.

"¿Qué sucede?" pregunto Sango.

"Vamos, Kagome. Sopla." Ahora, Miroku hablo.

Ella giro su rostro hasta toparse con los ojos dorados de Sesshomaru, lentamente se levantó y se giró hacia la salida.

Sango corrió tras ella y la detuvo antes de que subiera al elevador.

"Dime que sucede" dijo mientras la abrazaba.

"Mi deseo de cumpleaños era que Inuyasha estuviera aquí, pero rompimos y ahora sé que no se volverá realidad, que él no volverá." Y se soltó de los brazos de su amiga para entrar en el elevador "¡Me ire a casa! ¡Necesito estar sola!" dijo mientras las primeras lagrimas caían de sus ojos. Su único destino era su suave cama y su acogedora almohada donde podría llorar toda la eternidad.

Al llegar al primer piso lo que vio fue a un muy agitado Sesshomaru quien se acomodaba su finísima ropa. La agitación de haber corrido escaleras abajo lo mantuvo sin aliento.

Al verlo Kagome corrió a abrazarlo y no lo soltó. Se sujetó fuertemente de su cuello y él la cargo; sin importar el cansancio la saco del edificio, la subió a la limosina donde le acomodo su vestido negro con delicadeza, Se sentó junto a ella y acaricio suavemente su cabello.

Cuando llegaron al hogar de Kagome, ya no quedaba rastro de la fiesta que había tenido la madre de ella. Así que Sesshomaru la subió con cuidado hasta su habitación y la deposito en la cama, donde se acostó a su lado.

Entonces, Kagome pudo mirarlo directamente a los ojos, no con dureza ni con enfado, simplemente con dulzura. "Gracias." Susurro.

"Ya que es tu cumpleaños, quiero que abras tu obsequio." Susurro él incorporándose, dentro del bolsillo de su saco había metido una cajita de alguna joyería.

Kagome se sentó. Ella sabía de donde era esa joya, había visitado ese lugar hacia unas horas y había separado una hermosa pieza delgada llena de diamantes; se suponía que Inuyasha debia habérsela dado, pero no era asi..

Impresionada, se quedó sin habla cuando Sesshomaru coloco la joya suavemente sobre su cuello. Ella solo pudo observar el reflejo sensual de los dos en el espejo de su habitación.

"Algo tan hermoso debe lucir algo que sea digno de su belleza." Menciono. Acomodándole el collar con delicadeza.

Sus ojos azules se adentraron en los fríos de Sesshomaru durante tiempo indefinible; y sin que ella deseara frenar los deseos que en su mente chocaban con los de culpabilidad… se abalanzo hacia él y lo beso de forma apasionada.

Kagome se olvidó de Inuyasha, él no estaba allí, jamás estaba. Se centró en besar, tocar y hacer el amor con quien nunca la había abandonado, quien no la había engañado con la persona a quien ella mas queria, con quien le había enseñado que el sexo era maravilloso. Porque cuando Sesshomaru la penetro su corazón latió como loco queriendo escapar de su pecho y cuando los dos llegaron al orgasmo, ella lo sujeto con fuerza para jamás dejarlo ir.

Porque para los dos el sexo era real, el amor no;

Para los dos era más fácil seguir mintiéndose.