Bueno, pues último capi de este fic.

Se lo dedico a la culpable de que exista (sabes quién eres, y también que te adoro), y espero profundamente que os guste.

Disfrutad!

PD: que este sea el último capi no significa que pueda haber un epílogo... xD


CLARKE (frente al portal de Raven)

Vamoooooooooos.

- ¿Te ayudo? -pregunta Lexa.

- No, no. Lo tengo… lo tengo controlado -le responde, maldiciendo mentalmente a la chica inconsciente en su asiento trasero.

No encuentra las llaves de Raven. No están en ninguno de los bolsillos del cinturón de herramientas que lleva su amiga. Y en los bolsillitos de los shorts no cabe nada.

Le echa una mirada a su amiga; pero, viendo su estado, va a ser que no va a poder despertarla para preguntarle dónde están las llaves… matarile rile rile…

Suspira, frustrada.

- Nada, que no -se queja.

- ¿Las habrá perdido? -pregunta Lexa, desde el asiento del copiloto.

- Puede, o tal vez se las ha olvidado en su casa… -vuelve a suspirar, cerrando con cuidado la puerta de atrás y entrando en el coche por el lado del piloto- Vale, nuevo plan, que duerma en la mía y mañana solucionamos lo de sus llaves. Que duerma en la habitación de invitados, tú puedes dormir en mi cama y yo me pillo el sofá.

Vuelve a poner en marcha el coche, acelerando y poniendo camino a su casa.

- No hace falta que duermas en el sofá -comenta Lexa, a media voz.

Da gracias de no tener la radio puesta, porque no cree que hubiese podido oírla de otra forma.

- Eres invitada, no voy a dejar que duermas en el sofá -indica Clarke.

- No me refería a eso… -deja caer la morena.

¿Acaba de…?

No, imaginaciones suyas, seguro.

¿Verdad?

- No, zombis -murmura Raven, desde el asiento trasero.

Lexa ríe.

- Habla en sueños -le dice Clarke, sonriente tras oír la risa de la morena de ojos verdes.

- Eso lo explica -sonríe Lexa-. Y lo digo en serio… lo de compartir tu cama.

Compartir cama.

Compartir…

Tantas posibilidades.

- Salvo que hayas cambiado de opinión, ¿eh? Entonces puedo dormir en el sofá, o tú. Era sólo porque, bueno, me… me diste tu teléfono y luego, comentaste lo de la cita y he creído que… que podíamos… voy a dejar de hablar.

- Puedes seguir si quieres -dice Clarke, mordiéndose el labio al intentar no reírse.

Gira hacia su calle, cruzándose con otro coche cuyas luces le dejan ver como la tez de la morena está sonrojada.

Que.

Puta.

Monada.

- No, prefiero… prefiero parar ya.

- ¿Seguro?

- Sí -asiente la morena.

- No lo hagas por mi, ¿eh?

Nota como los ojos verdes de su copiloto se clavan en ella, lo cual tan sólo consigue que sonría más.

- Mariposas mutantes -les llega desde el asiento trasero, al tiempo que la rubia aparca frente al chalet en el que vive junto a su madre.

Apaga el motor y, casi al unísono, ambas salen del coche.

- ¿Te ayudo? -pregunta Lexa, aunque abre la puerta trasera de su lado y ayuda a incorporar a Raven antes de que la rubia responda.

- Porfa -responde la rubia, atrayendo hacia ella a su amiga para cargarla- Vamos, Raven, colabora -susurra, sacándola con cuidado del coche.

Una vez fuera, la apoya contra él y cierra el coche.

- Ábreme la puerta -oye a Lexa, antes de ver como la chica vestida de mapache coge en brazos a su inconsciente amiga.

Vale, esa imagen es…

Es…

Quiere que la morena la levante también.

- ¿Clarke?

- ¿Mmm?

- ¿Me abres la puerta?

- Ah, sí -baja la mirada al suelo e, ignorando el calor en sus mejillas, se dirige a la puerta de su casa.

Clarke, céntrate.

.

.

.

.

.

LEXA (en casa de Clarke)

Lexa, céntrate.

Tienes que llevar a la amiga de Clarke hasta la habitación de invitados. Ignora la cara de la rubia cuando te ha visto con ella en brazos, esas pupilas dilatadas, esa expresión que traicionaba sus pensamientos.

Suspira, entrando en la casa de la rubia, y siguiendo a esta por las escaleras.

- ¿Puedes? -le pregunta Clarke.

Asiente.

Sí, puede. Sus abdominales empiezan a quejarse, pero es capaz de esto y más.

- Aquí -le informa Clarke, abriendo una de las puertas.

Entra y, con cuidado, deja a la chica que tiene en brazos en la cama.

- Cuidado con la inteligencia artificial -murmura esta, antes de estirarse en la cama doble cual estrella de mar.

Y ahí la dejan, saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras apagar la luz.

Bueno, pues ahí están.

Las dos.

Solas en el pasillo.

Mirando la moqueta.

Es una moqueta bonita.

- ¿Haces algo el jueves por la noche? -pregunta Clarke.

La mira, alzando una ceja.

- ¿Qué? -medio sonríe la rubia.

- Nada -ríe la morena-, ¿tu habitación?

- La segunda puerta, y no me has respondido.

- No, no lo he hecho -abre la puerta indicada y entra.

El dormitorio está ordenado. Dos librerías a rebosar de libros y recuerdos, un escritorio con pinturas y rotuladores guardados y ordenados por colores, cama doble. Y las paredes, repletas de dibujos.

Las pirámides de Egipto, el Arco del Triunfo, flores, varios insectos… Se acerca a uno de los dibujos, el de un bosque.

- Precioso -susurra.

- Gracias -responde Clarke.

Se gira hacia la rubia, a la que ve con lo que parece su pijama en las manos.

- ¿Son tuyos?

La ve asentir, antes de señalar hacia la puerta.

- Voy a cambiarme, ¿necesitas algo?

Niega, antes de bostezar.

Clarke sonríe.

- Puedes ponerte cómoda, vuelvo ahora.

Asiente, sentándose en la cama.

Es cómoda.

Muy cómoda.

Y el cansancio empieza a hacer mella en ella.

Ah, no, no quiere dormirse todavía. Aún no.

Aún…

- Eh -oye.

- ¿Qué?

- Te has quedado dormida sentada -le dice el léon.

Espera, ¿león?

Sonríe, cogiendo con las manos la capucha del pijama y echándola hacia atrás para poder ver mejor la cara de Clarke.

- No mentías, tu pijama es un león.

La ve sonreír, y nota com la ayuda a tumbarse, metiéndola entre las sábanas.

La almohada huele genial.

- ¿Clarke?

- ¿Sí?

- No me vas a usar, ¿verdad?

Las manos que le colocan las sábanas paran, y una de ellas le aparta el pelo. Vuelve a abrir los ojos, que no sabe cuando ha cerrado, encontrándose con unos ojos azules que le devuelven la mirada, tintados de cierta preocupación, y mucha determinación.

- Nunca.

Lexa asiente.

- El jueves por la noche no tengo planes -sentencia la morena.

Lo último que ve, antes de volver a cerrar los ojos, es la sonrisa amplia de Clarke. Y nota un beso en la frente, momentos antes a abandonarse al sueño.